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23 mayo 2026
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El Washington Post duda que la autonomía para el Sáhara Occidental sea lo que Marruecos realmente desea

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Marruecos, ¿realmente desea la autonomía para el Sáhara Occidental?

Washington (ECS).- ¿Y si Marruecos no buscara en realidad la autonomía para el Sáhara Occidental? La cuestión, que puede parecer improbable dado el empeño del reino en presentarla como la única base posible para una solución al conflicto, ha sido planteada por el diario estadounidense The Washington Post, que sugiere que es el propio Marruecos quien estaría bloqueando esa opción.

En un análisis publicado esta semana, el periódico se pregunta si la imposición del plan autonómico supondría “el fin de la crisis o el inicio de otra en Marruecos”.

La propuesta olvidada que garantizaba la paz: el plan del Frente POLISARIO de 2007, la única arquitectura viable para un Magreb estable y soberano

El Consejo de Seguridad de la ONU aprobó el pasado 31 de octubre una resolución en la que se menciona por primera vez la autonomía “bajo soberanía marroquí”, que podría representar “la solución más viable” al conflicto. Rabat celebró el texto como una victoria diplomática y un paso hacia el fin del contencioso. Sin embargo, The Washington Post duda de que la autonomía sea realmente el objetivo final de Marruecos. “Tras este aparente avance diplomático se cierne un riesgo que Rabat teme desde hace tiempo: el efecto dominó en otras regiones del reino”, indica el diario norteamericano, en referencia a zonas como el Rif.

Esta región del norte fue escenario entre 2016 y 2017 de un movimiento de protesta, conocido como el Hirak del Rif, que reclamaba más desarrollo y el fin de la desigualdad. El movimiento fue reprimido por las autoridades marroquíes. Las aspiraciones autonomistas o independentistas en el Rif se remontan a hace un siglo, cuando Abdelkrim El Khattabi intentó crear la efímera República del Rif tras su derrota ante las fuerzas españolas y francesas apoyadas por la monarquía marroquí.

El Partido Nacionalista del Rif (PNR) mantiene esa reivindicación. “Si Marruecos concede autonomía a una región en disputa, ¿por qué no al Rif? Nuestras demandas son las mismas: dignidad, igualdad y control de los recursos”, declaró al Washington Post un activista rifeño residente en Europa.

Temor a un “efecto bumerán”

Según el diario estadounidense, analistas consultados sostienen que “el palacio real teme precisamente ese efecto bumerán”. El medio recuerda que el plan de autonomía, presentado en 2007, sigue sin aplicación práctica: no se han celebrado elecciones locales ni se ha producido una verdadera transferencia de competencias. Fuentes citadas explican esta situación por el hecho de que Rabat “no quiere crear un modelo que pueda replicarse en otras regiones”.

Peligros de autonomía en la descolonización de África

“Marruecos juega a dos bandas: presenta la autonomía como solución internacional, pero la bloquea en la práctica para evitar que otras regiones, en particular el Rif o el Souss, exijan lo mismo”, afirmó un diplomático europeo consultado por el periódico.

Incluso el Frente Polisario calificó la última resolución del Consejo de Seguridad como un “regalo envenenado” de Estados Unidos a Marruecos. La organización, reconocida por la ONU como representante legítima del pueblo saharaui, rechaza el plan de autonomía y mantiene su exigencia de celebrar un referéndum de autodeterminación.

Por ahora, el principal efecto de la resolución parece haber sido reavivar las aspiraciones autonomistas en otras zonas del país. “En los callejones de Alhucemas o Nador, algunos ya susurran: si el Sáhara obtiene autonomía, ¿por qué nosotros no?”, concluye The Washington Post.

Soberanía, seguridad y equilibrio en el Magreb

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Por Ana Stella 

El Sáhara Occidental es el centro de gravedad que determina el equilibrio de poder en el Magreb. No es una cuestión simbólica ni un conflicto lejano: es el factor que define quién controla el Estrecho, quién influye en la seguridad del Mediterráneo occidental y quién puede condicionar a España en su frontera sur.

Desde el punto de vista jurídico, la situación es clara:

– Naciones Unidas no reconoce soberanía marroquí sobre el Sáhara.

– La Corte Internacional de Justicia afirmó que no existen vínculos de soberanía territorial entre Marruecos y el territorio.

– La MINURSO sigue desplegada porque la descolonización no ha concluido.

De Mistura resalta «interés de la comunidad internacional» en la resolución del conflicto del Sáhara Occidental

 Marruecos conoce este límite legal y, por eso, no basa su estrategia en el derecho, sino en la fabricación de hechos consumados mediante alianzas militares, diplomáticas y económicas que generen la impresión de irreversibilidad. Su objetivo es convertir una ocupación ilegal en una realidad políticamente aceptada.

Los Acuerdos de Abraham: territorialidad a cambio de reconocimiento

La adhesión de Marruecos a los Acuerdos de Abraham en 2020 no fue un movimiento ideológico. Fue una transacción:

– Marruecos normaliza relaciones con Israel.

– Estados Unidos reconoce políticamente la supuesta “marroquinidad” del Sáhara.

– Este reconocimiento no tiene validez jurídica internacional.

Pero sí tiene efectos prácticos:

– Refuerza la narrativa interna de “victoria”.

– Proporciona cobertura diplomática.

– Abre acceso a cooperación militar de alto nivel.

– La cooperación es operativa, no simbólica:

– Drones israelíes desplegados en el muro.

– Sistemas ISR integrados en el desierto.

– Entrenamiento militar conjunto en escenarios áridos.

Tánger, nodo estratégico del Estrecho, ha pasado a ser una pieza de interés para Washington y Tel Aviv. Esto impacta directamente la soberanía española en el Mediterráneo occidental.

Estados Unidos y el control del Estrecho

La activación de la Hoja de Ruta 2020–2030 y la implicación de AFRICOM consolidan el bloque EE. UU.–Marruecos. Para Washington, Rabat cumple tres funciones:

1. Controlar el Estrecho en un contexto de rivalidad global.

2. Proyectarse hacia el Sahel, donde actores como Rusia y grupos armados están ganando espacio.

3. Equilibrar a Argelia, aliada estratégica de Rusia e Irán.

Para Marruecos, esta alianza supone:

– Escudo diplomático occidental.

– Modernización acelerada del armamento.

– Legitimación indirecta de la ocupación del Sáhara.

– La legalidad no cambia. La correlación de fuerzas, sí.

Turquía y Emiratos: influencia sin bandera

La instalación de Baykar / Atlas Defense en Ben Slimane no supone autonomía militar marroquí, sino dependencia tecnológica:

Software turco.

Comunicaciones turcas.

Sensores turcos.

Marruecos opera plataformas, pero no controla sus claves internas.

Turquía gana influencia militar en el Magreb y el Sahel.

Por su parte, Emiratos Árabes Unidos no busca territorio:

busca infraestructura y corredores logísticos.

Gobierna mediante apalancamiento, no ocupación.

Argelia contrapone este escenario con:

– Autonomía energética y militar.

– Alianza con Rusia.

– Defensa firme del derecho de autodeterminación saharaui.

– El resultado no es negociación.

– Es equilibrio estratégico.

La economía marroquí: expansión sin autonomía

La ampliación de Renault hasta 2030 se presenta como industrialización.

Pero la gobernanza sigue estando fuera de Marruecos:

Decisiones estratégicas en París.

Tecnología europea.

Marruecos ensambla, no diseña ni controla.

Incluso el futuro eléctrico depende de minerales, baterías y energía que Rabat no produce.

Existe crecimiento.

No existe soberanía industrial.

Renovación de la misión de la ONU para referéndum en el Sáhara Occidental un año más

La frontera como herramienta de presión

España no controla su frontera sur; la gestiona. Quien controla los flujos es Marruecos.

Dos rutas son decisivas:

1. Mediterráneo Occidental → Ceuta, Melilla, Península.

2. Atlántica → Canarias (la más mortal del mundo).

El cruce en parapente hacia Ceuta resume la relación: España abre la puerta. Marruecos decide si se toca el timbre.

El túnel del Estrecho: riesgo de dependencia estructural

El proyecto Tarifa–Tánger (8.500 millones) se presenta como integración. Pero sin soberanía fronteriza real, no sería integración. Sería subordinación física.

No solo transportaría mercancías. Transportaría presión demográfica y capacidad de condicionamiento interno.

El Magreb no es un escenario externo para España.

Es el espacio donde se decide su soberanía, su seguridad y su posición en el Mediterráneo.

Ahí convergen:

La disputa territorial del Sáhara.

El despliegue militar de EE. UU. e Israel en Tánger.

La proyección turca y emiratí.

La autonomía estratégica argelina.

La presión migratoria constante sobre territorios españoles.

La cuestión no es si España puede actuar. Tiene legitimidad histórica, capacidad política y medios.

La verdadera pregunta es:

¿España ejercerá su soberanía, o seguirá reduciéndose a administrarla en los papeles?

El tiempo para decidir se está acortando. La geopolítica no espera.

La Marcha Verde: la rendición de un Estado y la traición a un pueblo que confió en España

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Por Ana Stella


Cada aniversario de la Marcha Verde devuelve a la memoria uno de los episodios más deshonrosos de la historia contemporánea española. El Sáhara Occidental no fue una colonia tardía ni un territorio ajeno a nuestra vida nacional: fue administrado como una provincia, con ayuntamientos, representantes en las Cortes, documentación española y una población que compartía idioma, escuelas, cultura y en muchos casos servicio militar. El compromiso del Estado era claro: culminar el proceso de descolonización mediante un referéndum de autodeterminación reconocido y supervisado por Naciones Unidas. El pueblo saharaui confió en esa palabra.

En 1974, España informó oficialmente a la ONU que organizaría ese referéndum. El censo fue elaborado con presencia internacional y la administración civil se preparó para la transición democrática del territorio. El coronel Luis Rodríguez de Viguri, secretario general del Gobierno del Sáhara, lo expresó sin ambigüedad: “Yo fui al Sáhara en 1974 con el mandato expreso de preparar al pueblo saharaui para la independencia.”

Pero mientras España avanzaba hacia una salida ordenada, Marruecos percibió un riesgo: un referéndum libre confirmaría que la voluntad mayoritaria era la independencia. Por eso el rey Hassan II llevó el caso al Tribunal Internacional de Justicia intentando obtener un título territorial. El TIJ, sin embargo, dictaminó el 16 de octubre de 1975 que no existía soberanía marroquí ni mauritana sobre el Sáhara Occidental. Solo reconoció vínculos de lealtad de carácter religioso que no constituyen reclamación territorial.

La conclusión era inequívoca: el Sáhara Occidental era un territorio pendiente de descolonización basado en la voluntad de su pueblo.

Sin embargo, el mismo día del dictamen, Hassan II anunció la Marcha Verde, presentándola como si el Tribunal hubiera legitimado sus aspiraciones. Fue una operación política cuidadosamente construida para ofrecer la imagen de una conquista inevitable. Pero la Marcha Verde no llegó a entrar realmente en el Sáhara. La frontera se mantuvo cerrada. España había minado las rutas y dado órdenes claras: si se cruzaba la línea, se abriría fuego. Marruecos lo sabía. No arriesgó el paso.

La imagen de cientos de miles de civiles avanzando hacia el desierto fue un acto teatral y calculado, no una ocupación territorial. Rodríguez de Viguri reveló un detalle casi borrado de la memoria colectiva: “En la cabecera de la Marcha Verde ondeaban banderas estadounidenses.”

Un golpe silenciado para Marruecos en la ONU: Argelia gana terreno en la cuestión del Sáhara Occidental

La maniobra fue diplomática, psicológica y mediática: forzar a un Estado debilitado por la agonía de Franco, por divisiones internas en el Ejército y por la incertidumbre de la Transición, a retirarse sin conflicto armado. La entrada efectiva en el territorio no la hicieron los civiles de la Marcha Verde, sino las tropas marroquíes, días después, respaldadas por la firma de los Acuerdos Tripartitos de Madrid del 14 de noviembre de 1975. Esos acuerdos, como recordó en 2002 el asesor jurídico de la ONU, no transfirieron soberanía, porque España no podía ceder lo que no le pertenecía. La soberanía seguía sin determinar. La descolonización quedó interrumpida. Y el pueblo saharaui quedó expuesto.

La retirada española no fue una derrota militar. Fue una decisión política. Así lo dijo Antonio Carro, ministro de la Presidencia, en 1978: “No ocurrió lo peor. Tampoco diré que lo mejor. Fue lo menos malo.” Ese “menos malo” significó la dispersión de un pueblo entero. Significó bombardeos sobre columnas de refugiados en Um Dreiga y Tifariti. Significó el inicio de una guerra de dieciséis años. Y significó el nacimiento de los campamentos de Tinduf, donde más de 200.000 saharauis viven desde entonces.

Mientras tanto, en la otra orilla, algunos oficiales españoles fueron condecorados por Marruecos después de la entrega. Rodríguez de Viguri lo resumió con amargura: “Que yo sepa, nadie las ha devuelto.”

Desde entonces, casi nada ha cambiado en lo esencial. La ONU sigue considerando el Sáhara Occidental un territorio no autónomo. España sigue siendo potencia administradora de iure.

Marruecos es una potencia ocupante. Los tribunales europeos han reiterado entre 2016 y 2021 que el Sáhara no forma parte de Marruecos y que cualquier actividad económica en el territorio requiere el consentimiento del pueblo saharaui, representado internacionalmente por el Frente Polisario.

No hay ambigüedad legal. No hay vacío jurídico. No hay olvido posible.

La descolonización no se ha completado. Y el mecanismo sigue siendo el mismo que en 1974: el referéndum con opción de independencia. La Marcha Verde no fue una victoria de Marruecos. Fue la capitulación de un Estado que no estuvo a la altura de su palabra y de su responsabilidad. Fue la traición a un pueblo que confió en España porque España le había pedido confianza.

La historia no puede borrarse. Pero sus consecuencias sí pueden corregirse. España no debe mirar al pasado con culpa, sino al presente con responsabilidad. Se trata de derecho, de memoria y de honor. Y el honor, cuando se pierde, solo puede recuperarse cumpliendo la palabra.

De Mistura resalta «interés de la comunidad internacional» en la resolución del conflicto del Sáhara Occidental

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Nueva York (ECS) – ONU


Stefan de Mistura, Enviado Personal del Secretario General de las Naciones Unidas para el Sáhara Occidental, interviene desde Bruselas después de la adopción de la Resolución 2797. Explica que esta resolución es importante porque muestra una energía renovada de la comunidad internacional para intentar avanzar en la resolución del conflicto que dura cinco décadas.

La ONU renueva el mandato, Marruecos renueva la propaganda

Aclara que la resolución no impone una solución. Solo marca un marco de negociación. Señala que Marruecos deberá presentar una versión actualizada de su plan de autonomía, y que el Frente Polisario y otros actores también podrán presentar propuestas. Subraya que negociar no significa aceptar, y que la clave será la participación en las conversaciones.

Concluye destacando la extensión del mandato de la MINURSO hasta 2026, lo que permite mantener un entorno estable mientras se desarrolla la fase de negociación. Indica que, a partir de ahora, comienza el trabajo real y que será necesario compromiso constante de todas las partes.

Idea clave; Hay negociación, no decisión. La solución no está definida. La autonomía marroquí es una propuesta, no un resultado. El proceso sigue en manos de la ONU y el conflicto permanece abierto.

La ONU renueva el mandato, Marruecos renueva la propaganda

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Por Ana Stella


La aprobación de la Resolución 2797 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas sobre el Sáhara Occidental, el 30 de octubre de 2025, ha sido presentada por Marruecos y parte de la prensa internacional como una confirmación de su plan de autonomía. Sin embargo, el texto adoptado no reconoce soberanía alguna sobre el territorio, ni avala el proyecto marroquí, ni altera el estatus jurídico del Sáhara Occidental, que continúa siendo un territorio pendiente de descolonización. El análisis de las fuentes diplomáticas junto con las reacciones oficiales saharauis, revela un escenario de continuidad política maquillada de avance, donde la ambigüedad lingüística se ha convertido en herramienta para perpetuar el bloqueo.

1. Un texto ambiguo presentado como victoria

La Resolución 2797 renueva el mandato de la MINURSO hasta octubre de 2026 y reitera el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación. Sin embargo, evita toda referencia a mecanismos, plazos o compromisos verificables que garanticen la celebración del referéndum acordado en 1991. La inclusión de la “propuesta de autonomía” marroquí se limita a una mención formal como “base para la negociación”, junto con la del Frente POLISARIO. En términos jurídicos, no constituye aprobación, reconocimiento ni modificación del estatus internacional del territorio.

Pese a ello, Marruecos ha promovido la idea de una “autonomía aprobada”, transformando un texto diplomático neutro en instrumento propagandístico para uso interno. Esta operación comunicativa reproduce un patrón recurrente: la apropiación del lenguaje de la ONU para justificar un control territorial que sigue siendo ilegal bajo el derecho internacional.

2. El papel de los Estados y la fragmentación diplomática

Las reacciones de los Estados miembros reflejan el desgaste del proceso. Rusia y China se abstuvieron, cuestionando la falta de transparencia en la redacción del borrador estadounidense. Argelia, que mantiene su posición como principal apoyo político del Frente POLISARIO, reiteró que el Sáhara Occidental es el último territorio colonial de África y que el derecho a la autodeterminación es innegociable.

Varios países europeos —entre ellos Dinamarca— dejaron constancia de que su voto favorable no implica reconocimiento de soberanía marroquí.

En el plano regional, el presidente saharaui Brahim Gali subrayó que “los factores decisivos en la resolución del conflicto siguen siendo el pueblo saharaui y su Ejército de Liberación”, recordando que sin voluntad política real, ninguna resolución logrará alterar la realidad sobre el terreno.

3. Los foros internacionales y la persistencia jurídica

El Noveno Foro Europeo de Solidaridad con el Pueblo Saharaui, celebrado en Viena, reafirmó la ilegalidad de los acuerdos comerciales entre la Unión Europea y Marruecos que incluyen al Sáhara Occidental, recordando las reiteradas sentencias del Tribunal de Justicia de la UE. El foro denunció además el uso del lenguaje diplomático como herramienta de erosión del principio de autodeterminación.

Por su parte, el Ministerio de Asuntos Exteriores saharaui reconoció los esfuerzos de Argelia y de los países que defendieron una redacción equilibrada, señalando que, aunque el texto final no cumple las expectativas del Frente POLISARIO, mantiene la vigencia del derecho internacional frente a las pretensiones de anexión.

4. La represión en los territorios ocupados

La realidad sobre el terreno continúa siendo incompatible con la retórica diplomática.

Organizaciones saharauis documentan detenciones arbitrarias, torturas y persecución de periodistas que intentan informar desde El Aaiún o Smara. Estas denuncias refuerzan la percepción de que la MINURSO —privada de mandato para supervisar los derechos humanos— se ha convertido en un instrumento de contención más que de protección.

Mientras el Consejo de Seguridad debate la terminología de las resoluciones, en el Sáhara ocupado se mantiene un régimen de represión que desmiente cualquier avance político real.

5. Diplomacia de mantenimiento: la estabilidad como sustituto de la justicia

La Resolución 2797 se inscribe en la tendencia de los últimos años: priorizar la “estabilidad regional” sobre el cumplimiento del derecho internacional. El Consejo de Seguridad actúa más como gestor del statu quo que como garante del proceso de descolonización. La ambigüedad calculada del texto permite a cada actor presentar su propia lectura. Para Marruecos, simboliza el respaldo de la comunidad internacional; para el Frente POLISARIO, la confirmación de que la autodeterminación sigue reconocida. En la práctica, sin embargo, el conflicto se mantiene congelado.

La Resolución 2797 no aprueba la autonomía marroquí, no concede soberanía y no introduce ningún cambio estructural en el proceso político. Su principal efecto es prolongar la apariencia de diálogo mientras el territorio sigue bajo ocupación y la población saharaui continúa privada de su derecho a decidir.

Desde una perspectiva jurídica y política, se trata de una resolución de mantenimiento, no de solución. El Consejo de Seguridad preserva el equilibrio diplomático, pero a costa de la credibilidad del propio sistema multilateral. Mientras tanto, el pueblo saharaui —el único sujeto legítimo de autodeterminación— mantiene su resistencia, convencido de que ninguna maniobra lingüística puede sustituir la justicia histórica pendiente.

La Resolución camaleónica

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Por HAMUDI B

Opinión

Madrid (ECS).— La Resolución 2797 del Consejo de Seguridad de la ONU nace marcada por un evidente sesgo estadounidense, arrogante y alejado de la historia y el contexto del conflicto saharaui. Al alinearse con la postura francesa —empeñada en difundir información sesgada y manipular los hechos sobre el terreno—, la administración norteamericana ha contribuido a consolidar una visión parcial y complaciente con los intereses de Marruecos.

  Sin embargo, el Pueblo Saharaui, liderado por su único y legítimo representante, el Frente Polisario —reconocido nuevamente en el propio texto de la resolución—, ha demostrado a la camarilla que domina el Consejo que nada a contracorriente. Una vez más, este pueblo luchador ha recordado al mundo que su causa cuenta históricamente con aliados firmes y comprometidos.

Una resolución a medida

  La aprobación de esta resolución puede leerse como una victoria simbólica para el Pueblo Saharaui, que ha resistido con determinación frente a las maniobras diplomáticas de las grandes potencias. La propuesta estadounidense fue modificada hasta en tres ocasiones antes de su inclusión final, tras un proceso de negociación donde pesaron más los intereses geoestratégicos y capitalistas que el compromiso con la justicia y la autodeterminación.

  El resultado es una resolución camaleónica: cambia de color según el ángulo desde el que se mire, adoptando la forma que conviene a cada una de las partes implicadas en el conflicto.

Retos para ambas partes

  La próxima etapa será decisiva. El Pueblo Saharaui deberá actuar con sabiduría y paciencia frente a los nuevos vientos “trumpistas”, que previsiblemente intensificarán el apoyo a Marruecos y su política de negación de derechos.

  Por su parte, Marruecos enfrenta una encrucijada: a las crisis internas —como las disputas por la sucesión del trono y el creciente descontento popular— se suma ahora la obligación de presentar un proyecto detallado de su llamada “autonomía fantasma”.

  El Frente Polisario, en cambio, ya ha presentado una propuesta concreta y coherente con las recomendaciones de la resolución. Si Marruecos no cumple con la misma exigencia, arrastrará a sus aliados al descrédito.

La posición de Argelia y la hipocresía del Consejo de Seguridad 

  Argelia, al abstenerse en la votación, ha ejercido una suerte de veto simbólico, marcando distancia frente a lo que considera una farsa diplomática. Así, no se verá involucrada en los debates o reuniones derivadas de las recomendaciones de la Resolución 2797.

  No cabe duda de que la élite dominante del Consejo de Seguridad actúa con el único fin de proteger a Marruecos y salvaguardar sus intereses estratégicos en la región. Pero como reza la sabiduría popular saharaui: “quien no está contigo, no te sostendrá”.

La lucha continúa

  Esta no es la primera resolución ni será la última mientras el Pueblo Saharaui no obtenga justicia plena ni el goce de sus derechos legítimos. Somos los hijos de esta tierra y seguiremos defendiendo, luchando y resistiendo mientras existan la arena y la roca.

  Ayer fuimos ocupados bajo la protección de las mismas potencias internacionales que hoy amparan a Marruecos. Pese a las duras condiciones y la escasez de medios, jamás lograron ocupar nuestras mentes ni doblegar nuestro espíritu.

  Hoy, con un Estado reconocido dentro de la Unión Africana, con embajadas y representaciones internacionales, y con un movimiento de solidaridad global sin precedentes, es imposible que Marruecos logre aquello con lo que alguna vez soñó.

Lectura de la última resolución adoptada por el Consejo de Seguridad de la ONU sobre el Sáhara Occidental, bajo el número (S/2025/2797)

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Por: Ali Ibrahim Mohamed

París (ECS). – El Consejo de Seguridad adoptó el viernes 31 de octubre de 2025 una nueva resolución sobre el Sáhara Occidental, bajo el número (S/2025/2797), la cual fue objeto de intensas negociaciones durante más de tres semanas. Su versión inicial sufrió al menos tres modificaciones lingüísticas y políticas tras las consultas mantenidas entre los miembros del Consejo. Dado que el Consejo no se centró en avanzar hacia su papel principal —alcanzar una solución definitiva conforme a sus normas reglamentarias y al derecho internacional—, puede considerarse que el resultado alcanzado busca principalmente satisfacer a ambas partes del conflicto, el Frente POLISARIO y Marruecos.

Esto se hace más evidente esta vez que en ocasiones anteriores, especialmente en algunos párrafos. Por ejemplo, el tercer párrafo del preámbulo dice:

“Reafirmando su compromiso de ayudar a las partes a alcanzar una solución política justa, duradera y mutuamente aceptable basada en el acuerdo conforme a los principios y propósitos de la Carta de las Naciones Unidas, incluido el principio de la libre determinación, y señalando el papel y las responsabilidades de las partes a este respecto.”

Aquí, el Consejo inclina la balanza hacia la posición del Frente POLISARIO y las demandas que éste ha reiterado desde el inicio del proceso político bajo los auspicios de la ONU. Pero en el párrafo siguiente dice:

“Tomando nota, en este contexto, del apoyo expresado por numerosos Estados miembros a la propuesta marroquí de autonomía, presentada el 11 de abril de 2007 al Secretario General, como base para una solución justa, duradera y mutuamente aceptable del conflicto; y afirmando que una autonomía genuina bajo soberanía marroquí podría constituir la solución más viable.”

Con esta expresión, el Consejo de Seguridad vuelve a equilibrar la balanza hacia la posición de Marruecos. De esta manera, el Consejo otorga un punto a cada parte en la parte del preámbulo, que normalmente refleja las opiniones del Consejo de Seguridad o del “Penholder” (el país redactor) sobre los desarrollos relacionados con el tema tratado.

En el quinto párrafo del preámbulo, se lee:

“Acogiendo con beneplácito la iniciativa del Enviado Personal de reunir a las partes para aprovechar el impulso existente y esta oportunidad sin precedentes para lograr una paz duradera; e instando a brindar pleno apoyo a las negociaciones y a participar en ellas de buena fe.”

Aquí, el Consejo de Seguridad reafirma su apoyo a los esfuerzos de la ONU en las negociaciones que se prevén, sin especificar su naturaleza. El objetivo sigue siendo alcanzar una paz duradera, sin señalar el modo o la forma para lograrla, dejando así la puerta abierta a cualquier solución que pueda surgir de las negociaciones. El preámbulo concluye otorgando un punto a cada parte y al mediador de la ONU, mostrando que el Consejo de Seguridad mantiene una posición equidistante entre los dos bandos, además de manifestar su interés en los esfuerzos del enviado del Secretario General.

En cuanto a las disposiciones operativas, la resolución dice:

“Alienta enérgicamente a los donantes a proporcionar fondos adicionales y a registrar a los refugiados.”

Así, el Consejo respalda, por un lado, los llamamientos del Frente Polisario a través de la Media Luna Roja Saharaui (apoyando la resistencia del pueblo saharaui en los campamentos de refugiados), y por otro, las demandas de Marruecos de registrar a los refugiados. En otras palabras, concede dos puntos adicionales, uno a cada parte.

En el párrafo operativo 1, se establece:

“Decide prorrogar el mandato de la Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental (MINURSO) hasta el 31 de octubre de 2026.”

Esto responde a la solicitud del Secretario General de la ONU contenida en su informe al Consejo (S/2025/612).

En el párrafo operativo 2, la resolución dice:

“Expresa su pleno apoyo al Secretario General y a su Enviado Personal para facilitar y llevar a cabo negociaciones sobre la base de la propuesta marroquí de autonomía, con el objetivo de lograr una solución justa, duradera y mutuamente aceptable del conflicto, de conformidad con la Carta de las Naciones Unidas, y acoge con beneplácito cualquier propuesta constructiva de ambas partes en respuesta a la propuesta de autonomía.”

Aquí pueden observarse varios puntos:

  1. El Consejo apoya negociaciones sobre la base de la propuesta marroquí de autonomía, pero también un “acuerdo conforme a la Carta de la ONU”, lo que muestra que los términos “negociaciones” y “solución” no son equivalentes: las negociaciones son un medio, mientras que la solución es un fin. La redacción, por tanto, debilita el peso político y jurídico de la propuesta marroquí.

  2. La parte final del párrafo, al “acoger con beneplácito cualquier propuesta constructiva de ambas partes”, elimina la exclusividad de la propuesta marroquí, abriendo la puerta a otras iniciativas, como la propuesta ampliada del Frente Polisario presentada el 20 de octubre de 2025 (documento S/2025/664), que podría considerarse en futuras negociaciones.

En el párrafo operativo 3, se introduce un elemento jurídico más explícito:

“Exhorta a las partes a participar en estas discusiones sin condiciones previas, sobre la base de la propuesta marroquí de autonomía, con el objetivo de alcanzar una solución política final y mutuamente aceptable que garantice el derecho a la autodeterminación del pueblo del Sáhara Occidental, reconociendo que una autonomía genuina podría representar la opción más realizable, e invita a las partes a presentar ideas que apoyen una solución final mutuamente aceptable.”

Aquí surgen varias observaciones: el Consejo “reconoce” que la autonomía podría ser la opción más viable, pero jurídicamente un reconocimiento de esa naturaleza debería basarse en pruebas materiales o provenir de una de las partes, no del árbitro (el Consejo). Además, el uso del término “podría representar” implica una posibilidad, no una certeza, lo que resta fuerza al planteamiento marroquí.

En el párrafo operativo 4, el Consejo concede nuevamente protagonismo al Enviado Personal y a la Secretaría General:

“Insta a los Estados miembros a proporcionar la asistencia y el apoyo adecuados a estas negociaciones y a los esfuerzos del Enviado Personal.”

Este punto reafirma el respaldo al trabajo del Enviado y del Secretario General sin imponer objetivos o métodos específicos, dejando abierta la posibilidad de diversos resultados bajo los auspicios de la ONU.

En el plano procedimental, la resolución reitera:

“Solicita al Secretario General que informe al Consejo de Seguridad periódicamente y cuando lo considere oportuno durante el mandato, y que presente, dentro de los seis meses posteriores a la renovación del mandato, una revisión estratégica sobre el futuro de la misión, teniendo en cuenta los resultados de las negociaciones.”

Y en el párrafo 6, mantiene la cuestión del Sáhara Occidental “en examen” dentro del Consejo, lo que refuta las afirmaciones marroquíes de que el tema ya habría sido cerrado por la ONU.


Conclusión

Es importante recordar tres puntos clave:

  1. El Capítulo VI en el que se trata la cuestión saharaui dentro del Consejo de Seguridad implica que las resoluciones no son de cumplimiento obligatorio para las partes. No son vinculante.

  2. Se observa una evolución en el enfoque del Consejo, que ha pasado de impulsar una solución a limitarse a equilibrar entre las partes y mantener el statu quo.

  3. Las modificaciones introducidas en dos ocasiones a la versión inicial —que favorecía claramente la posición marroquí— lograron finalmente situar al Consejo en una posición más equilibrada, aunque con un matiz: vincular la propuesta marroquí a la aprobación del pueblo saharaui mediante un referéndum de autodeterminación, lo que la hace difícil de aplicar. Además, la apertura a nuevas propuestas brinda al Frente Polisario una oportunidad futura si logra mantener el impulso actual.

Un golpe silenciado para Marruecos en la ONU: Argelia gana terreno en la cuestión del Sáhara Occidental

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Por Ana Stella 

Madrid (ECS). — La última votación del Consejo de Seguridad sobre el Sáhara Occidental ha dejado al descubierto una realidad que muchos medios intentan maquillar. Mientras Marruecos celebraba lo que presentó como una “gran victoria diplomática”, el resultado real fue muy distinto: el texto aprobado supone un revés político para Rabat y un triunfo discreto para Argelia y el Frente Polisario.

No fue una victoria, fue un aviso

El régimen marroquí esperaba que el borrador estadounidense se aprobara sin cambios. Tenían todo preparado: comunicados, discursos y celebraciones. Pero Argelia, con el apoyo de varios países, logró introducir enmiendas clave que devolvieron al texto algo esencial: la mención explícita al derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación y la ampliación del mandato de la MINURSO para preparar el terreno hacia un referéndum.

Lo que Marruecos vendió como éxito fue, en realidad, una corrección forzada de su narrativa.

El discurso del rey, preparado para otro escenario

Apenas diez minutos después de conocerse la votación, el rey marroquí apareció con un discurso solemne. Era evidente que el texto estaba escrito de antemano para anunciar una victoria. Ante el resultado inesperado, el mensaje se adaptó sobre la marcha para fingir normalidad y mantener la imagen de control interno, justo cuando el país vive tensiones sociales por las protestas del movimiento Z 212.

Evadir al Polisario, apuntar a Argelia

Uno de los gestos más comentados fue el llamado del monarca a dialogar con Argelia, ignorando al Frente Polisario, que la ONU reconoce como parte legítima del conflicto. Fue una forma de esquivar el reconocimiento político de los saharauis y de intentar encuadrar el problema como un asunto bilateral. Pero el Consejo de Seguridad fue claro: las partes son Marruecos y el Polisario, y no hay margen para reinterpretar esa realidad.

Argelia, la que jugó con inteligencia

La estrategia argelina fue sutil pero efectiva. Al conseguir que se modificara el texto y luego abstenerse en la votación, Argelia evitó que Marruecos la usara como enemigo directo. Su abstención no significó desinterés, sino una jugada calculada: dejar claro que su papel es el de mediadora y garante, no el de parte enfrentada. De este modo, Argelia se coloca en el centro del tablero, lista para supervisar cualquier negociación futura y respaldar lo que el pueblo saharaui decida libremente.

El equilibrio empieza a cambiar

En los medios oficiales marroquíes abundan las palabras “victoria” y “respaldo internacional”, pero el texto final dice otra cosa. Por primera vez en años, se refuerza la vía de la autodeterminación y se abre paso a una lectura más fiel al derecho internacional. Marruecos, por tanto, tendrá que sentarse a negociar con quienes llama “separatistas”, porque el Consejo de Seguridad ya no respalda su pretensión de que el tema esté cerrado.

Lo que ocurrió en Nueva York fue un cambio de tono en el conflicto. Marruecos apostó por la propaganda, pero la ONU le recordó que el Sáhara Occidental sigue siendo un territorio pendiente de descolonización. Argelia salió fortalecida, el Frente Polisario recuperó legitimidad, y el equilibrio de fuerzas vuelve poco a poco a inclinarse hacia la justicia y el derecho del pueblo saharaui a decidir su futuro.

Gali subraya que los factores decisivos en la resolución del conflicto del Sáhara Occidental son “el pueblo saharaui y el Ejército de Liberación”

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Argel, (ECS).— El presidente de la República Árabe Saharaui Democrática y secretario general del Frente Polisario, Brahim Gali, afirmó este sábado que el movimiento no será parte de ninguna negociación que no respete el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación, principio que considera innegociable.

El mandatario subrayó que cualquier iniciativa destinada a resolver el conflicto del Sáhara Occidental debe basarse en el respeto al derecho internacional y a las resoluciones de las Naciones Unidas, que reconocen el derecho del pueblo saharaui a decidir libremente su futuro. El Frente Polisario, movimiento de liberación saharaui, mantiene desde hace décadas su reivindicación de independencia del territorio del Sáhara Occidental, ocupado en gran parte por Marruecos desde 1975.

Según informó la agencia de noticias saharaui (SPS), Gali expresó durante un encuentro con cuadros del Frente y del Estado la disposición de la parte saharaui a cooperar de manera constructiva con el proceso de paz, aunque advirtió que las iniciativas unilaterales “solo contribuirán a agravar el conflicto y a poner en peligro la estabilidad de la región”.

El mandatario destacó que la última resolución del Consejo de Seguridad de la ONU menciona expresamente al pueblo del Sáhara Occidental, al Frente Polisario y al principio de autodeterminación, además de mantener las resoluciones anteriores sobre el conflicto y prorrogar el mandato de la misión de la ONU para el referéndum (MINURSO).

Gali subrayó que los factores decisivos en la resolución del conflicto son “el pueblo saharaui y el Ejército de Liberación”, a quienes instó a hacer frente a “las maniobras del enemigo marroquí”, al que acusó de contar con el apoyo de “miembros influyentes del Consejo de Seguridad” y de recurrir a la “normalización” como último recurso político.

El presidente saharaui calificó de “tendencioso” el reciente discurso del rey de Marruecos, Mohamed VI, y afirmó que el régimen alauí “sigue engañando al pueblo marroquí”, como hizo —dijo— durante la consulta de la Corte Internacional de Justicia en 1975. A su juicio, Rabat “intenta exportar sus crisis internas y cubrirlas con resoluciones internacionales que nunca le han sido favorables”.

Gali añadió que el discurso del monarca fue grabado antes de la publicación de la última resolución del Consejo de Seguridad y que “solo citó una pequeña parte del texto, ignorando el resto de su contenido”.

La farsa de la “autonomía aprobada”: lo que la ONU realmente ha dicho sobre el Sáhara Occidental

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Por Ana Stella | Madrid 

1. Lo que el texto de la resolución dice — y lo que no

La resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (CSNU) número 2797 (2025) no aprueba la autonomía. Renueva por un año el mandato de la MINURSO, la misión encargada de supervisar el referéndum de autodeterminación del pueblo saharaui, hasta octubre de 2026.

El texto “reafirma su compromiso de ayudar a las partes a lograr una solución política justa, duradera y mutuamente aceptable, conforme a los principios y propósitos de la Carta de las Naciones Unidas, que incluye el derecho de autodeterminación del pueblo del Sáhara Occidental”.

Renovación de la misión de la ONU para referéndum en el Sáhara Occidental un año más

Se invita a las partes a “negociar sin condiciones previas tomando como base la propuesta de autonomía de Marruecos”. Esta fórmula diplomática no supone aprobación alguna: sólo indica que la propuesta marroquí puede discutirse entre otras.

No hay ninguna frase que elimine el referéndum ni que reconozca la soberanía marroquí. Lo que se ha votado es una renovación técnica, con un lenguaje similar al de los últimos diecisiete años.

2. Historia del plan de autonomía y su repetición

Marruecos presentó su “plan de autonomía” en 2007. Desde entonces, todas las resoluciones lo mencionan con matices, comenzando por la S/RES/1754 (2007), que “toma nota de la propuesta marroquí, considerada seria y creíble”.

Esa mención no significa respaldo legal. Simplemente reconoce que existe una propuesta sobre la mesa. En la misma resolución, y en todas las posteriores, se reafirma el derecho a la autodeterminación.

Por tanto, que la ONU cite en 2025 la autonomía no es novedad: forma parte de una fórmula diplomática repetida cada año desde hace casi dos décadas.

3. Por qué 2025 es más favorable al pueblo saharaui — pero sólo relativamente

Por primera vez desde 2018, el texto incluye de forma explícita la palabra “autodeterminación”, y no sólo “libre determinación” o “solución política”.

Se amplía el mandato completo de la MINURSO por un año y se ordena una revisión estratégica a seis meses, lo que puede reabrir debates sobre la supervisión del alto el fuego y la vigilancia de los derechos humanos.

Esto refleja la presión de países como Rusia, Mozambique o Argelia, que insistieron en mantener viva la referencia al derecho del pueblo saharaui a decidir su futuro.

Sin embargo, la mejora es limitada. El lenguaje de la ONU sigue siendo ambiguo y no compromete a celebrar un referéndum inmediato.

4. Por qué la idea de la “autonomía aprobada” es una falsedad

Llamar “autonomía aprobada” a lo votado es desinformación pura. El texto no otorga soberanía a Marruecos, no transforma el estatus del territorio y no impone la autonomía como único marco.

El CSNU no tiene poder para imponer una solución política unilateral. Su mandato consiste en mediar, no en reconocer anexiones. El pueblo saharaui sigue siendo el único titular legítimo del derecho a la autodeterminación, reconocido por la ONU desde 1963 y reafirmado por la Corte Internacional de Justicia en 1975.

La confusión proviene de que muchos medios y gobiernos no distinguen entre “mencionar” una propuesta y “aprobar” una solución.

Lo que la ONU realmente decidió sobre el Sáhara Occidental: la verdad tras la Resolución 2797

5. Votaciones, abstenciones y ausencias: la realidad detrás del voto

La resolución 2797 fue adoptada con 11 votos a favor, 3 abstenciones (Rusia, China y Pakistán) y la no participación de Argelia.

Rusia justificó su abstención señalando que el borrador “favorece una de las partes” y “diluye el principio de autodeterminación”.

China mantuvo su posición habitual de no alinearse con ningún bloque, recordando que “toda solución debe basarse en el consenso y en el derecho internacional”.

Pakistán, que históricamente ha apoyado los procesos de descolonización, consideró que el texto “no refleja con equilibrio las legítimas aspiraciones del pueblo saharaui”.

Argelia, parte observadora esencial del proceso, no participó como protesta ante la redacción del texto, que considera sesgada hacia Rabat.

El borrador filtrado y las enmiendas

Días antes de la votación, se filtró un borrador estadounidense (S/2025/692, de 30 de octubre) con un lenguaje mucho más favorable a Marruecos: eliminaba la referencia directa a la “autodeterminación”, mantenía cuatro menciones explícitas al plan de autonomía como “solución más factible”, y omitía cualquier alusión al referéndum o al papel de Argelia.

Tras intensas negociaciones, el bloque de países críticos (Rusia, Mozambique, Argelia, Pakistán y China) forzó enmiendas que reintrodujeron la referencia al derecho de autodeterminación, sustituyeron “la única solución realista” por “una posible base de negociación” y suavizaron la exaltación del plan marroquí.

Por eso estos países, aunque mantuvieron abstenciones, consideraron el texto final “menos desequilibrado” que el borrador original. De no haberse modificado, Rusia había anunciado veto directo.

En años anteriores (2023, 2024) el patrón fue idéntico: Estados Unidos redacta un borrador inclinado hacia Rabat, los miembros del Consejo lo matizan, y el texto final conserva la ambigüedad habitual.

El problema es que muchos que hoy celebran o repiten titulares ni siquiera han leído las resoluciones previas. Si lo hicieran, verían que no hay novedad alguna: la ONU repite el mismo guion año tras año.

6. El papel vergonzoso de la prensa española y las celebraciones marroquíes

Medios como El País, EFE o La Vanguardia han publicado titulares que parecen dictados por el Ministerio de Exteriores marroquí: “La ONU avala el plan de autonomía de Marruecos”. Ni un solo periodista ha explicado que el Sáhara Occidental sigue siendo un territorio pendiente de descolonización, y que España sigue siendo potencia administradora de iure, según las Naciones Unidas.

La prensa española actúa como amplificador del Majzén, repitiendo un lenguaje político que ignora el derecho internacional. Informa con entusiasmo sobre una “victoria diplomática marroquí” mientras oculta que la resolución no contiene ni una palabra de soberanía.

Y mientras tanto, en Rabat y en El Aaiún ocupado, Marruecos celebra con fuegos artificiales, desfiles y banderas algo que no ha ganado: una mención repetida que carece de efecto legal. Celebran humo. Banderas sobre papel mojado.

7. Lo que hay realmente

El Consejo de Seguridad no ha cambiado de postura desde 2007:

– La autonomía marroquí sigue siendo una propuesta, no una decisión.

– La autodeterminación saharaui sigue siendo un derecho inalienable.

– El referéndum sigue pendiente y la MINURSO continúa con su mandato.

El problema no es la resolución, sino la ignorancia general sobre lo que se ha votado. Cada año se aprueba lo mismo, pero la prensa lo vende como un giro histórico, y los marroquíes lo celebran como anexión consumada.

Nada cambia. El único hecho firme es que el pueblo saharaui sigue esperando que el derecho internacional se cumpla, mientras la ONU reitera, una vez más, la misma resolución con distinto número y el mundo finge que algo ha cambiado.