back to top
14.1 C
Madrid
11 febrero 2026
Inicio Blog Página 26

¿Cancelará Ryanair sus vuelos al Sáhara Occidental con aviones semivacíos?

0

Solo se vendió uno de cada diez asientos entre Lanzarote y Dajla, antes conocida como Villa Cisneros.

   El intento de Ryanair de abrir mercado en el Sáhara Occidental no ha tenido el éxito esperado. Según datos de Aena, el factor de ocupación promedio en los vuelos a Dajla, Sáhara Occidental ocupado, durante los primeros siete meses de operación fue de tan solo el 38%.

   Las dos rutas que lanzó la aerolínea irlandesa, desde Madrid y Lanzarote, han mostrado un rendimiento muy desigual, pero en general muestran un balance muy bajo en comparación con el factor de ocupación promedio global del 94%.

Ryanair pone en marcha dos nuevas conexiones aéreas entre España y el Sáhara Occidental ocupado

   Julio fue el mes de mayor demanda de viajes, coincidiendo con la temporada alta de verano, hasta que Aena publicó sus datos de agosto. Aun así, el mejor en lo que va de año, solo el 47% del total de asientos disponibles entre los dos aeropuertos españoles y Dajla estaban ocupados. Abril, coincidiendo con la Semana Santa, también registró una mejora, aunque no la suficiente como para mejorar el promedio general.

   La ruta a Barajas tuvo el rendimiento menos negativo. La tasa de ocupación alcanzó el 77% en julio, en comparación con el 63% en mayo y junio, y el 76% en abril. Incluso en los primeros meses, cuando el mercado aún estaba en sus inicios, las cifras fueron relativamente mejores que las de Lanzarote, donde la ocupación rondaba el 40%.

FEDISSAH condena la expulsión de dos activistas y un periodista españoles del Sáhara Occidental

   En Canarias, la situación es completamente diferente. Los aviones despegan con una ocupación media de al menos 10 plazas, y solo una de cada diez se vende. En julio, en pleno verano, solo se vendió el 17% de las plazas en esta ruta. En junio, la cifra descendió al 12% y en marzo, alcanzó un mínimo del 9%.

   El mejor rendimiento en lo que va de año se registró en abril, con un 19,5%, cifra que aún está lejos de alcanzar algún nivel de rentabilidad. La aerolínea canaria Binter, que opera vuelos a Dajla ocupado desde Gran Canaria durante todo el año, registra una ocupación media del 41%.

   El contraste es evidente: Ryanair presume de una estrategia basada en la optimización de la utilización de las aeronaves y la reducción de costes. Sin embargo, mantiene estas rutas, que operan a menos de la mitad de su ocupación, incluso tras cerrar sus bases en aeropuertos regionales españoles, obteniendo resultados mucho mejores, atribuyéndose a sus tarifas más elevadas.

   La decisión de Ryanair de mantener estas rutas no se basa únicamente en la rentabilidad directa. En los últimos años, la compañía ha forjado una estrecha relación con el régimen de Marruecos, con 14 aviones propios, operando en 13 aeropuertos y ofreciendo más de 1.000 vuelos semanales. Su inversión en el país supera los 1.400 millones de dólares.

   El establecimiento de esta ruta ha sido aclamado por el régimen marroquí como un paso en su plan para desarrollar el turismo en la región, considerando la ciudad parte de su territorio, a pesar de las demandas de independencia de los saharauis.

Francia, Marruecos y el regreso de Euráfrica: el Sáhara Occidental como moneda de cambio

0

El medio internacional Progressive International publicó el 28 de agosto de 2025 un extenso análisis firmado por Abdelkader Abderrahmane bajo el título “Eurafrique reloaded” (enlace al artículo original). El texto sostiene que la decisión de Emmanuel Macron de reconocer en octubre de 2024 la supuesta soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental debe entenderse dentro de una estrategia histórica de larga duración: el proyecto Euráfrica, concebido tras la Segunda Guerra Mundial para garantizar la influencia geopolítica francesa y europea a través del control de los recursos y territorios africanos.

   El artículo recuerda que la visita de Macron a Rabat, rodeada de fasto y ceremonial junto a Mohamed VI, estuvo precedida de un gesto calculado: la cesión política al majzén al reconocer una ocupación ilegal condenada por la ONU y rechazada por el Tribunal Internacional de Justicia. Para Progressive International, ese “regalo saharaui” no fue un acto aislado, sino la llave de una reconfiguración estratégica francesa en África, después del fracaso de su intervención militar en el Sahel.

   El autor subraya que Euráfrica nunca desapareció, sino que fue diseñada como una visión a muy largo plazo, articulada sobre “paciencia, estrategia, adaptación y frialdad”. Desde los años 50, teóricos como Anton Zischka defendían que el futuro de Europa pasaba por anclar su poder en las riberas norte y sur del Mediterráneo, apoyándose en los recursos energéticos y materias primas africanas. Marruecos y Níger ya aparecían entonces como piezas clave de este engranaje.

  El texto recuerda cómo, tras la caída de Gadafi en 2011 —considerada por los estrategas franceses como un obstáculo para su control del Sahe —, Marruecos intentó tomar el liderazgo de la Comunidad de Estados Sahelo-Saharianos (CEN-SAD), celebrando incluso una reunión ministerial en Rabat. Desde entonces, Mohamed VI se ha presentado como el socio ideal para garantizar la proyección francesa en África, especialmente en el área saharo-saheliana.

   El análisis conecta esta estrategia con la alianza Marruecos–Israel, respaldada por Francia. Igual que Washington encomendó a Netanyahu la presión sobre Irán (“leave it to Bibi”), París delega en Mohamed VI su retorno al Sahel: “Leave the Sahel to Mohammed VI!”. Con el reconocimiento francés, Rabat gana legitimidad para presentarse como potencia regional capaz de abrir a países sin salida al mar, como Malí, una vía hacia el Atlántico a través del Sáhara ocupado.

  El artículo cita al historiador maliense Doulaye Konaté: “Quien controla Malí controla África Occidental, si no toda África”. De ahí que el control del Sáhara Occidental y del acceso atlántico forme parte de la nueva ecuación geopolítica, que no es un simple capricho diplomático, sino un pilar de la supervivencia de la hegemonía francesa y europea frente a la influencia creciente de China, Rusia y el bloque BRICS+.

  En palabras del pensador argelino Malek Bennabi, recordadas en el artículo: “El colonialismo siempre encontrará a alguien dispuesto a entregarle las llaves de la fortaleza a cambio de dinero para corromper su conciencia”. Para Progressive International, esa frase refleja la lógica del Euráfrica renovado un proyecto que se sostiene en la corrupción de élites locales, la represión política y la manipulación cultural para consolidar la dependencia africana.

   El análisis concluye advirtiendo que la independencia política africana no ha sido acompañada de una liberación ideológica. Como recuerda Achille Mbembe, “África sigue siendo el laboratorio de una globalización despiadada”. Mientras las élites del continente no comprendan que la raíz del fracaso está en esta sumisión estructural, seguirán siendo vulnerables a la intrusión extranjera.

   En definitiva, el artículo de Progressive International sitúa la cesión de Macron a Marruecos en el marco de un proyecto imperial de larga duración. La “reconquista” del África saheliana por parte de Francia no se hace ya con tropas en Bamako o Uagadugú, sino delegando en el majzén y en Mohamed VI la tarea de abrir la puerta del continente a los intereses europeos y de Israel, utilizando el Sáhara Occidental ocupado como moneda de cambio.

Análisis de la PLATAFORMA “No te olvides del Sáhara Occidental” a partir del artículo de Abdelkader Abderrahmane publicado en Africa is a Country (Agosto 2025).

El pescado del Sáhara Occidental sigue llegando a Europa pese a los dictámenes judiciales

0

Por Ana Stella


El Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) ha dejado claro en varias sentencias —2016, 2018, 2021 y la última en octubre de 2024— que los acuerdos de comercio y pesca entre la UE y Marruecos no pueden aplicarse al Sáhara Occidental sin el consentimiento expreso del pueblo saharaui. El fallo de 2024 fue particularmente contundente: cualquier producto procedente de ese territorio debía se etiquetado como “Sáhara Occidental” y no como “Marruecos”. Sin embargo, la práctica demuestra que el comercio continúa y que los mercados europeos siguen recibiendo pescado, marisco y derivados procedentes de la costa atlántica saharaui bajo la etiqueta de “producto marroquí”.

Mecanismo de ocultación y exportación

   La clave está en el sistema de transporte y etiquetado. La mayor parte de las capturas y de la producción acuícola se concentran en Dajla y El Aaiún, donde operan factorías de congelación, procesado y producción de harina y aceite de pescado. El producto se transporta a puertos marroquíes como Agadir o Tan Tan, desde donde se exporta oficialmente como marroquí.

  La Comisión Europea, pese a las sentencias, ha mantenido en sus listas oficiales de establecimientos exportadores a empresas radicadas en el Sáhara Occidental. Bruselas justifica esta decisión alegando que se trata de actividades que “benefician a la población local”, un argumento que ha sido desmentido por numerosas organizaciones internacionales de derechos humanos y de recursos naturales.

Principales receptores en Europa

Alemania:

   El puerto de Bremen es uno de los puntos neurálgicos. Entre 2017 y 2018 llegaron más de 22 000 toneladas de harina de pescado del Sáhara Occidental, con un valor estimado de 23 millones de euros. La empresa Köster Marine Proteins (KMP) gestiona la mayor terminal europea de harina de pescado, que redistribuye el producto hacia la industria alimentaria y la acuicultura en el continente.

España:

   El mercado español es clave, no solo como importador, sino también como plataforma de distribución. Varias compañías gallegas y canarias participan en este comercio. Mercadona, a través de proveedores como Profand, Unión Martín o Frigoríficos Camariñas, comercializa pulpo procedente de Dajla en sus supermercados, etiquetado como marroquí. En 2022, la UE importó 40 044 toneladas de pulpo con origen declarado en Marruecos, por un valor de 470 millones de euros. De ese volumen, España recibió más de 26 000 toneladas, seguida de Italia con 12 700 y Grecia con 525.

Países Bajos y Noruega:

   Se documentaron exportaciones de aceite de pescado hacia Róterdam en 2019. La empresa francesa Olvea fue señalada como posible destinataria, aunque no confirmó su implicación. Hasta 2010, la noruega GC Rieber había importado regularmente productos del Sáhara Occidental.

  La pesca en el Sáhara Occidental no es un asunto menor. Según la FAO, las aguas frente a Dajla y El Aaiún son de las más ricas del Atlántico, con caladeros de gran valor económico. Para Marruecos, representan una fuente vital de ingresos, tanto por la explotación directa como por los acuerdos con terceros países.

  La UE depende de Marruecos no solo en el terreno pesquero. La cooperación en materia migratoria, la seguridad en el Sahel y el suministro energético convierten a Rabat en socio estratégico. Esa dependencia explica por qué Bruselas adopta una interpretación flexible de las sentencias del TJUE. En la práctica, prevalece la política sobre la legalidad.

  Organizaciones como Western Sahara Resource Watch (WSRW) o el Observatorio de Derechos Humanos y Empresas (ODHE) denuncian que este comercio constituye una forma de expolio de recursos naturales en un territorio pendiente de descolonización, contraria a la Carta de Naciones Unidas. Naciones Unidas ha reiterado que el Sáhara Occidental sigue siendo un territorio no autónomo cuya población tiene derecho a la autodeterminación.

  El resultado es una contradicción evidente: los tribunales europeos anulan acuerdos que afectan al Sáhara Occidental, pero las instituciones comunitarias siguen permitiendo que los productos lleguen a los mercados. Los consumidores europeos compran pescado y marisco sin saber que proceden de un territorio ocupado, y las empresas importadoras consolidan un modelo de negocio que ignora deliberadamente las sentencias judiciales y el derecho internacional.

  La explotación de los recursos marinos saharauis se convierte así en un pilar económico que consolida la presencia de Marruecos en el territorio, al tiempo que priva al pueblo saharaui de participar en la gestión y el beneficio de sus propias riquezas.

   El caso de la pesca en el Sáhara Occidental ilustra la brecha entre el discurso y la práctica de la Unión Europea. En teoría, Bruselas se declara defensora del derecho internacional y del principio de autodeterminación. En la práctica, prioriza sus intereses estratégicos y permite que Marruecos utilice el comercio pesquero como instrumento para afianzar su ocupación.

  El pescado saharaui sigue llegando a Europa, disfrazado de marroquí, con la complicidad de importadores, distribuidores y autoridades comunitarias. La legalidad internacional queda relegada, mientras el pueblo saharaui continúa marginado y sin voz en la gestión de los recursos que legítimamente le pertenecen.

La alianza entre la tecnología israelí y la “expertise” marroquí para controlar el Mediterráneo

0

Por Ahmed Omar


Lo que para muchos aún parece una teoría conspirativa, está ya documentado en medios israelíes. El Times of Israel, en un artículo titulado “From Casablanca to the Abraham Accords” escrito por Jose Lev Álvarez Gomez —un académico israelí con formación en neurociencia, medicina, economía aplicada, geoestrategia internacional, terrorismo yihadista e inteligencia militar, además de haber servido en unidades especiales del ejército israelí—, expone la profundidad de la cooperación secreta entre los servicios de inteligencia de Marruecos e Israel.

   Según este análisis, que se fundamenta en hechos históricos y en documentación verificada, lo que comenzó en los años sesenta con operaciones encubiertas y favores políticos ha evolucionado en un sistema estructurado que combina el poderío tecnológico israelí (radares, satélites, ciberespionaje, sistemas de interceptación) con la capacidad marroquí de penetración en redes políticas europeas mediante sobornos, chantajes y maniobras diplomáticas de presión.

Israel acelera la venta de armas a Marruecos

   El Times of Israel recuerda que Marruecos facilitó ya en 1965 que el Mossad espiara la cumbre árabe de Casablanca, y que décadas después ha convertido esa relación en un puente que le permite acceder a recursos militares y de inteligencia israelíes. De ahí derivan los escándalos recientes: desde el espionaje a líderes europeos a través del software Pegasus hasta la trama de corrupción conocida como “Morocco Gate” en el Parlamento Europeo. Todo ello muestra que no hablamos de episodios aislados, sino de una estrategia de largo plazo que busca consolidar un control sobre la política europea a través de herramientas invisibles pero devastadoras.

   El artículo enfatiza además que Marruecos da por garantizado su dominio en el norte de África y el Sahel. Los recientes casos de espionaje en Níger y Malí, atribuidos a redes marroquíes con apoyo tecnológico israelí, confirman la proyección de esta alianza hacia regiones donde Europa tiene intereses vitales en materia de seguridad y recursos. Aunque no se conoce el grado de penetración en Túnez, Libia o Egipto, el patrón es claro: Rabat actúa con la audacia de quien se siente respaldado por un socio tecnológico y militar de primer nivel.

   España constituye el ejemplo más visible de esta estrategia. El Times of Israel señala que la relación con Madrid no puede entenderse únicamente en clave diplomática: el giro de la política española hacia el apoyo a la propuesta marroquí sobre el Sáhara Occidental —rompiendo con décadas de postura neutral— es indicativo de hasta qué punto la presión combinada de espionaje y chantaje ha dado resultados. España aparece ya no como un vecino incómodo, sino como un país sometido al dispositivo conjunto Casablanca–Tel Aviv.

   Lo que está en marcha, como advierte el propio medio israelí, es una reconfiguración del Mediterráneo bajo la égida de una alianza que no se limita a defenderse de amenazas externas, sino que persigue controlar la información, condicionar las decisiones políticas y asegurar ventajas estratégicas frente a Europa. El Mediterráneo, según esta lectura, no se gobierna ya solo desde Bruselas, Madrid o París, sino desde un eje invisible que une a Marruecos e Israel en un proyecto de control regional sin precedentes.

El presidente saharaui realiza una visita oficial a Argelia para la Feria Comercial Intraafricana 2025

0

   Argelia, 3 de septiembre de 2025 – El ministro de Comercio Exterior y Promoción de las Exportaciones de Argelia, Kamel Rezig, recibió el 2 de septiembre en el Salón de Honor del Aeropuerto Internacional Houari Boumediene al presidente de la República Saharaui (RASD), Brahim Ghali, que llegó a Argelia para participar en el Intra-Africano Feria comercial 2025 (IATF).

Durante El recibimiento del presidente saharaui en Argelia por el ministro de economía.

   El evento, que tendrá lugar del 4 al 10 de septiembre de 2025, es la cita económica y comercial más importantes del continente africano, con el objetivo de fortalecer la cooperación económica, el intercambio de experiencias y el desarrollo de las exportaciones entre los Estados miembros de la Unión Africana.

   La presencia del Presidente Ghali es un testimonio del compromiso de RASD de consolidar su integración en el contexto económico africano y promover el potencial del pueblo saharaui en los sectores del comercio y la manufactura, a pesar de las difíciles condiciones de empleo y exilio.

Crítica para fortalecer: reflexiones urgentes tras los dos opiniones de ECSAHARAUI acerca del liderazgo actual del POLISARIO

0

Por Victoria G. Corera | Opinión


   ECSAHARAUI ha publicado hoy dos artículos titulados Desconfianza y hartazgo hacia el liderazgo actual del POLISARIO debido a ‘conductas irresponsables y perjudiciales’” y XVI Congreso del POLISARIO, la gota que colmó el vaso. En ambos se lanza una mirada crítica a la actuación reciente de los órganos rectores del Frente POLISARIO y de sus líderes. Lo que presento aquí es una reflexión desde el movimiento solidario con el pueblo saharaui, no desde dentro del “mundo saharaui”. ECSAHARAUI vive el día a día, 24 horas, en esa realidad interna, mientras que quienes observamos desde fuera —implicados, ocupados y preocupados por la causa saharaui— lo hacemos con una visión inevitablemente parcial y limitada. Precisamente por ello, creo necesario detenerme en lo que se plantea: no como ejercicio de censura, sino como un intento de comprender y acompañar, con espíritu crítico pero constructivo.

   Los dos editoriales comparten un diagnóstico severo: el liderazgo actual del Frente Polisario estaría atravesado por un deterioro de legitimidad, la ausencia de mecanismos de alternancia política y una creciente desconexión con la juventud. A eso se añade la percepción de que el XVI Congreso del POLISARIO, celebrado en 2023, representó una oportunidad perdida para corregir esos déficits y que, en lugar de propiciar la regeneración esperada, consolidó la continuidad de la vieja guardia. Ahora bien, estos textos no cuestionan la legitimidad de la causa ni el papel histórico del Polisario como movimiento de liberación y gobierno de la RASD; lo que critican es su eficacia actual para resistir a un adversario como Marruecos, que invierte enormes recursos en lobby, diplomacia, propaganda y guerra jurídica. Desde esa perspectiva, la crítica no es gratuita: busca obligar al movimiento a un ejercicio de rendición de cuentas, apertura a nuevas generaciones y revisión estratégica que refuerce, en lugar de debilitar, la causa nacional.

Desconfianza y hartazgo hacia el liderazgo del POLISARIO debido a «conductas irresponsables y perjudiciales»

   El argumento sobre la brecha generacional resulta especialmente revelador. En los campamentos, en los territorios ocupados y en la diáspora existe una juventud formada, con experiencia internacional, que no siempre encuentra cauces de participación política. Cuando los mismos nombres se repiten durante décadas en el Secretariado Nacional o en el Consejo de Ministros, lo que se erosiona no es solo la credibilidad, sino también la capacidad de innovación y de movilización. La falta de un “plan de transición” ordenado provoca frustración y, en ocasiones, desafección. Esta preocupación no es un ataque externo: es la constatación de que sin renovación no hay eficacia, y sin eficacia no hay capacidad de sostener el pulso frente a un ocupante que sí adapta su discurso, multiplica su propaganda y explota las debilidades internas del adversario.

   La crítica histórica al alto el fuego de 1991 forma parte del mismo debate. Los artículos sostienen que aceptar aquel acuerdo sin un plan de contingencia, supeditar la reanudación de la lucha a un referéndum que nunca se celebró y prolongar la espera sin una hoja de ruta clara constituyó un error estratégico. Es cierto que este juicio es a posteriori y que las constricciones de aquel momento fueron enormes. Sin embargo, más allá de la polémica sobre si fue un error o una necesidad, la lección es clara: toda organización que quiera sobrevivir necesita una cultura de aprendizaje y revisión crítica de sus decisiones. No se trata de culpar a quienes negociaron entonces, sino de exigir que hoy existan mecanismos para evaluar la eficacia de cada estrategia, corregir desvíos y comunicar de forma transparente a la sociedad los cambios de rumbo.

   El segundo editorial sitúa al XVI Congreso como un “punto de inflexión fallido”. Se prometió cambio, se reclamó un “golpe en la mesa” y lo que se percibió fue más continuidad. Esa frustración no es un detalle: debilita la confianza en la organización y erosiona la capacidad de influencia internacional. En un momento en que Marruecos consigue proyectar con éxito su narrativa en capitales influyentes, la pérdida de credibilidad interna del Polisario se traduce en desventaja externa. La crítica aquí es funcional: sin cohesión interna no hay fuerza externa, y sin credibilidad ante el propio pueblo no hay capacidad de interpelar a terceros.

   Los editoriales hablan también de captura institucionalparálisis decisoria y endogamia política. Son expresiones duras, pero describen un riesgo real: cuando la continuidad de personas se convierte en continuidad de métodos, y cuando los incentivos internos castigan el disenso y premian la inercia, la organización pierde adaptabilidad. En el caso saharaui, ese déficit de adaptabilidad se paga en dos frentes. Dentro, porque desalienta a jóvenes y cuadros preparados que no encuentran espacios de responsabilidad. Fuera, porque limita la eficacia del Polisario en un ecosistema internacional hipercompetitivo donde la causa marroquí gana terreno en medios, parlamentos y foros multilaterales.

   Ahora bien, como observadora solidaria creo importante añadir dos matices. El primero: la crítica sería más contundente si se apoyara en datos verificables —encuestas de opinión, auditorías de desempeño, cronogramas incumplidos— que permitan sostener con pruebas lo que hoy se plantea en términos generales. El segundo: el énfasis casi exclusivo en las carencias internas corre el riesgo de invisibilizar el entorno coercitivo en el que se desenvuelve el movimiento saharaui, marcado por la ocupación, la represión en los territorios ocupados, la fatiga internacional y la asimetría de recursos. Si se olvida ese contexto, la crítica puede ser instrumentalizada por Marruecos para deslegitimar al Polisario. Por eso, el desafío es doble: reconocer los déficits internos sin dar munición al enemigo.

XVI Congreso del POLISARIO, la gota que colmó el vaso

   Enlazar estos editoriales con otro publicado en ECSaharaui, “Los peligros de la autonomía y la amenaza del expansionismo marroquí”, permite ver el cuadro completo. Si la autonomía es, como allí se sostiene, una anexión encubierta que repite el error histórico de Eritrea y amenaza con abrir una fase de expansionismo marroquí en toda la región, entonces el Polisario necesita estar en las mejores condiciones para resistirla. Y esas condiciones no se miden solo en legitimidad jurídica, que es incuestionable, sino también en legitimidad por desempeño. La crítica, entendida así, no busca debilitar al movimiento de liberación, sino obligarlo a modernizar sus mecanismos de elección, abrir paso a la juventud, institucionalizar la evaluación de políticas y reforzar la rendición de cuentas.

   La experiencia de los dirigentes históricos no debe ser desechada. Sería un error pretender una ruptura total con quienes fundaron y sostuvieron el movimiento durante décadas. Su memoria y conocimiento de los entresijos del conflicto son activos valiosos. Lo disfuncional es convertir ese legado en derecho adquirido a permanecer indefinidamente en el poder. El reto no es eliminar la experiencia, sino integrarla en un relevo ordenado regulado por criterios claros de mérito, capacidad y resultados. Solo así se honrará el pasado sin hipotecar el futuro.

   En conclusión, las críticas publicadas por ECSaharaui son duras, pero están justificadas en lo esencial: piden alternancia, profesionalización, rendición de cuentas y estrategia. Para que sean plenamente productivas deben apoyarse en datos concretos y traducirse en hojas de ruta verificables que permitan medir avances y corregir errores. Si se convierten en agenda de reformas, no debilitarán al Frente Polisario; lo relegitimarán por eficacia y lo colocarán en mejores condiciones para frenar la imposición de la autonomía, disputar el relato internacional y sostener la resistencia en el tiempo.

   Como movimiento solidario, nuestra responsabilidad es escuchar estas voces no con ánimo de injerencia, sino de acompañamiento. Porque la justicia de la causa saharaui no merece quedar empañada por déficits de gestión que sí están en manos del propio movimiento corregir. ECSaharaui, con su mirada de dentro, plantea preguntas incómodas. Nosotros, desde fuera, debemos leerlas con humildad y con un compromiso firme: seguir apoyando al pueblo saharaui en su derecho a la autodeterminación, y desear que las reformas necesarias fortalezcan, no erosionen, la dignidad de una lucha que sigue siendo ejemplar.

El presidente de Uruguay recibe al enviado personal de Brahim Ghali

0

SPS | ECS


   Montevideo (Uruguay).- El Presidente de Uruguay, Sr. Yamandú Orsi, recibió este martes al enviado personal del Presidente saharaui, Mohamed Salem Ould Salek, Ministro de Estado para Asuntos Diplomáticos, quien le entregó un mensaje escrito de su homólogo saharaui, Sr. Brahim Ghali.

Durante la reunión entre el presidente de Uruguay y la delegación saharaui encabezada por Uld Salek, Ministro de Estado u asesor político del Frente POLISARIO.

   En la reunión se acordó la situación regional e internacional y otros temas de interés común.

  Cabe señalar que la República Saharaui y la República de Uruguay mantienen relaciones diplomáticas desde hace 20 años.

   En este contexto, el presidente Brahim Ghali asistió a la ceremonia de investidura del presidente Yamandú Orsi después de su victoria en las elecciones presidenciales del 1 de marzo de 2025.

   A la reunión, celebrada hoy en la sede presidencial en Montevideo, asistieron el canciller Mario Lubetkin y el embajador saharaui Chaibani Abbas.

Los peligros de la autonomía y la amenaza del expansionismo marroquí

0

Por Alien Habib Kentaoui


Sobre el Sáhara Occidental resurge últimamente toda una plétora de opiniones de académicos, de expertos y de diplomáticos en cancillerías occidentales, y un tropel de visitas a la región. Cada cual a su manera enardecido por un deseo de “solucionar” el conflicto.

   Todos ven en su prolongación una grave deriva incontrolable hacia una conflagración de mayores proporciones. Unos, preocupados por la banalización del derecho internacional, claman el respeto al derecho legítimo del pueblo saharaui. Y otros, casi en llantos culpables, pregonan que el conflicto se ha prolongado durante décadas y que es hora de poner fin de inmediato al enquistamiento de este conflicto. Estos últimos, de sentimientos tan altruistas como evanescentes, alegan que el deseo del pueblo saharaui es todavía inescrutable. Y, entre todas las opciones posibles para respetar su deseo, optan por la más inoportuna, la menos creíble, la menos democrática y la menos realista.

No obstante, no solo insinúan, sino que repiten hasta la saciedad, que la autonomía, propuesta vacua e inoportuna, es la mejor opción que satisface las aspiraciones del pueblo saharaui. Algunos con más ardor añaden el adjetivo “la más” para distinguirse por encima del resto.

Tantos lamentos por una falta de solución del conflicto y tantos esfuerzos desplegados en la búsqueda de opciones de solución y aun así se ignora lo que sí se aceptó como la solución más democrática, más justa y más aceptable. Es curioso el esfuerzo frenético de enterrar la opción del referéndum, la única opción que gozó de la aceptación del Frente Polisario, del reino de Marruecos y de la unanimidad del Consejo de Seguridad.

¿En qué consiste el plan de autonomía marroquí para el Sáhara Occidental que ahora apoya Sánchez?

La experiencia histórica del continente africano revela que la descolonización no es la anexión y que la descolonización no es la autonomía.

En este entusiasmo reavivado últimamente se eclipsa también la propuesta del Frente Polisario presentada al Secretario General de las Naciones Unidas y al presidente del Consejero de Seguridad el 10 de abril del 2007, antes de conocerse la propuesta marroquí de autonomía. En todo este barullo se ha dejado al descubierto las intenciones reales de varios de los diferentes voceros y emisarios, y no es de extrañar que haya levantado ampollas, suscitado sospechas y motivado un legítimo cuestionamiento en varios círculos en la región y en especial dentro de la sociedad saharaui.

La experiencia histórica del continente africano revela que la descolonización no es la anexión y que la descolonización no es la autonomía. En el contexto del proceso de la descolonización de África el derecho a la autodeterminación se identifica pura y simplemente con el concepto de independencia y el nacimiento de una nueva nación. Por más que se la quiere desviar de esta tradición, la cuestión del Sáhara Occidental no puede ser enfocada sino dentro de este contexto. Ya en 1975 el intento de forzar otra perspectiva precipitó la catástrofe que mantiene a toda la región del Magreb en un estado de constante zozobra.

Eritrea, el conejillo de indias

En 1950, y antes de la creación de la Organización para la Unidad Africana (OUA 1963), precursora de la Unión Africana (AU 2002), se intentó imponer el concepto de autonomía como forma de descolonización. Eritrea fue el conejillo de indias para ese arriesgado experimento en un momento crucial en la lucha de liberación de África. El resultado fue un estrepitoso fracaso y un coste indecible en sufrimientos y tragedias para el continente africano.

El 2 de diciembre de 1950 las Naciones Unidas adoptaron la aciaga resolución 390 (V) que privó al pueblo de Eritrea de su legítimo derecho a un estado libre e independiente. En su lugar se impuso una autonomía dentro del imperio de Etiopía como una vía a la descolonización de Eritrea. Y pese a las garantías del Consejo de Seguridad, la amplitud de la autonomía y de la presencia de los observadores internacionales, en poco tiempo la autonomía de Eritrea se transformó en pura anexión por la gracia de su majestad el emperador Haile Selassie de Etiopía. El emperador se consideraba sombra del creador en la tierra. Sus proclamas y sus edictos eran sagrados. La ley y los convenios no podían ser trabas a su potestad.

  • Hoy de nuevo en el Sáhara Occidental se intenta repetir la misma fórmula por medio de componendas o acuerdos consensuados con la potencia ocupante

Sin embargo, nada pudo evitar el veredicto de la historia. La prolongación del conflicto, la soberbia de su majestad y la ciega apuesta por alianzas extranjeras terminaron con un desgaste mortal de Etiopía y el derrocamiento del emperador Haile Selassie y al régimen que le sustituyó. Finalmente, después de 42 años de descalabro regional y 30 años de guerra, la ONU, arrepentida, admite su mea culpa y vuelve a la casilla de salida. En 1992 crea la UNOVER (Misión Observadora de las Naciones Unidas para Verificar el Referéndum en Eritrea), celebrado un año después, y así se remedia un agravio impuesto por alianzas coyunturales en detrimento de la legalidad, en contra de la voluntad del pueblo de Eritrea y del espíritu de la descolonización en África.

El ensayo con Eritrea fue una amarga experiencia, saldado por una de las guerras más cruentas en la historia del continente, hambrunas, éxodos y una crónica desestabilización en el cuerno de África que hasta nuestros días sigue atormentando y moldeando el futuro de la región. Pero finalmente prevaleció lo inevitable: la independencia de Eritrea de Etiopía a pesar de los múltiples lazos históricos, lingüísticos y culturales.

El Sáhara como nuevo experimento

Hoy de nuevo en el Sáhara Occidental se intenta repetir la misma fórmula por medio de componendas o acuerdos consensuados con la potencia ocupante, ignorando la voluntad del pueblo saharaui. La fórmula de la “autonomía” es un experimentó ya fallido por la historia y la experiencia e incompatible con el espíritu de la descolonización de África. Esta fórmula que se intentó imponer a Eritrea hoy resurge para forzar y legitimar la ocupación del Sáhara Occidental, como si no entendieran que este diseño sólo puede conducir a los mismos efectos adversos y perniciosos ya experimentados en el Cuerno de África. Faltaría también el elemento esencial: el consentimiento y la voluntad del pueblo saharaui, como ayer también se ignoró el consentimiento y la voluntad del pueblo de Eritrea.

No en balde, los padres fundadores de la Organización de la Unidad Africana tenían razón: en el contexto histórico de África, solo el respeto al derecho a la autodeterminación como norma imperativa del derecho internacional puede garantizar la estabilidad del continente. De ahí la carta constitutiva de la OUA, y recientemente de la UA, en la que se contextualiza esa norma para reafirmar el principio de la intangibilidad de las fronteras heredadas del periodo colonial. El principio Uti possidetis juris, infringido por la invasión marroquí, se consagra como dogma para evitar la balcanización del continente. Principio también adoptado en América Latina después de la independencia para prevenir conflictos producidos por las reivindicaciones y contra reivindicaciones.

En lo que concierne al Sáhara Occidental, en 1982 la Organización de la Unidad Africana finalmente zanjó con la interpretación de esta doctrina al reconocer a la República Saharaui como estado de pleno derecho dentro de la organización. Reconocimiento considerado como la legítima expresión del derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación en estricta interpretación de la doctrina establecida en la carta constitutiva de la OUA. Pero no antes de agotar todas las posibilidades de mediación para que Marruecos respete y acepte ese principio cardinal con el cual la OUA identifica su propia existencia. La oposición por parte de Marruecos de toda mediación y de toda solución que no sea el hecho consumado precipitó el histórico reconocimiento. Un modelo a seguir, cuya desestimación por las Naciones Unidas es causa de todo el enredo y fracasos de esta organización al encarar la descolonización del Sáhara Occidental.

Imponer una autonomía al pueblo saharaui en contra de su voluntad equivaldría a imponer una guerra permanente en la región. Es una insensatez inconcebible. ¿Se ignora el desastroso intento de imponer una autonomía de Eritrea dentro de la Etiopía imperial, bajo el gobierno del emperador Haile Selassie?

Desgraciadamente, poco se ha aprendido de la turbulenta historia del proceso de descolonización de África.

Desgraciadamente, poco se ha aprendido de la turbulenta historia del proceso de descolonización de África. Más de tres décadas de guerra desgarradora en el Cuerno de África son más que suficientes para entender que la imposición de autonomías en el contexto de descolonización de África es una aberración política y jurídica. Se ve que, de entonces a hoy, poco se ha aprendido y se sigue interpretando de forma caprichosa la autonomía para encubrir una anexión. Tanto para la Etiopía del emperador Haile Selassie, como para el actual reino de Marruecos, el incumplimiento de las obligaciones contraídas es la norma, los discursos y edictos de sus soberanos trascienden cualquier decisión del gobierno, del parlamento y por supuesto a la legalidad internacional.

Las promesas incumplidas no auguran el respeto de ningún compromiso futuro. Ya prometió Hasan II respetar el resultado de un referéndum y “que Marruecos sería el primer país en abrir una embajada en un Sahara independiente si así lo decidieran las urnas”. Pronto la promesa se transformó en que solo es válido un referéndum que confirmase la soberanía marroquí. Hoy Marruecos reniega de todo lo relacionado con un referéndum y se encasilla en la propuesta de autonomía como la única solución.

La autonomía por muy ataviada de elogios no deja de ser una mera anexión. Es atar al pueblo saharaui al yugo de otra sociedad subyugada. Una injusticia que supondría simplemente el método más fácil de la imposición y legalización del hecho consumado colonial. Sería “la solución final” de la cuestión saharaui. Esta es la solución que se le ofrece al pueblo saharaui y a la región. Nada puede revestir de legalidad a una flagrante violación del principio de la intangibilidad de las fronteras heredadas de la época colonial.

El Gran Marruecos: el expansionismo insaciable como amenaza

Sin rodeos y en pocas palabras, la autonomía es una capitulación que consiste en:

 – Desmantelar la resistencia saharaui e imponer y legitimar una ocupación. Lo que no se ha podido imponer por la fuerza o por la diplomacia durante medio siglo.

 – Desvirtuar el significado del derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui, tan enraizado en la doctrina de las Naciones Unidas y la Unión Africana, y el abandono de todo lo relativo a la descolonización de la cuestión saharaui.

 – Desmantelar todos los logros diplomáticos del pueblo saharaui a través del cierre de sus embajadas y representaciones en el mundo.

 – Desmantelamiento de su retaguardia en las zonas liberadas y en los campamentos de refugiados.

 – Convertir al ejército saharaui en apéndice de la policía local para garantizar la imposición de la autonomía en el territorio.

 – Utilizar la experiencia gestora de la administración saharaui para la recolección de basura y otras faenas superfluas en un territorio ocupado.

La segunda fase del expansionismo marroquí comenzaría después de la hipotética imposición de la autonomía en el Sáhara Occidental. Parece claro que los proponentes de la autonomía ignoran por completo lo que depararía a la región una imposición de la autonomía marroquí en el Sáhara Occidental. Sería el comienzo de una segunda fase del expansionismo en toda la región.

En esta confrontación existencial en la que el pueblo saharaui enfrenta en solitario el peso de la agresión, merece todo el apoyo mancomunado de todos sus vecinos para repeler al expansionismo. Apoyo incluso de aquellos que erróneamente creen que se sienten protegidos por una excepcionalidad, inmunes al expansionismo marroquí, y apuestan peligrosamente por el concepto de la autonomía como solución. La salvación de todos los vecinos de Marruecos seria colectiva, de lo contrario, todos sucumbiríamos uno a uno bajo las garras de su expansionismo.

Abandonar al pueblo saharaui a su suerte, además de una grave aquiescencia de la adquisición de territorios por el uso de la fuerza, abriría también las puertas de par en par de una región tan codiciada por un expansionismo agresivo, ebrio por el apoyo de alianzas que solo incitan a la aventura.

La indiferencia en estos momentos ante esta situación equivaldría a una herida mortal auto infligida y lo que ha estado siempre latente comenzaría a aflorar: la resistencia saharaui determinaría, sin duda, el futuro de toda la región.

 

NOTA: Alien Habib Kentaui, es un diplomático saharaui de carrera, ex embajador de la República Saharaui ante la Organización de la Unión Africana. Artículo publicado originalmente en SPS, Agencia Oficial Saharaui de Noticias.

Los presos marroquís en Bélgica como moneda de cambio para que Bruselas reconozca la ocupación del Sáhara Occidental

0

Las maniobras diplomáticas de Marruecos no conocen límites: ahora, según revela Africa Intelligence, el Majzén intenta convertir a los presos marroquíes en Bélgica en moneda de cambio para lograr que Bruselas reconozca su ilegal ocupación del Sáhara Occidental. Un chantaje político que reduce el derecho inalienable del pueblo saharaui a una simple transacción, y que muestra hasta qué punto Rabat es capaz de manipular alianzas, presionar a partidos y corromper principios para perpetuar su colonización.

Francia maniobra para modificar el inútil plan de autonomía marroquí tras el fracaso diplomático en el Sáhara Occidental

   Un artículo de Africa Intelligence (28 de agosto de 2025) ha revelado las maniobras vergonzosas del régimen marroquí para obtener el apoyo oficial de Bélgica a su llamado plan de “autonomía” —es decir, a la ocupación ilegal del Sáhara Occidental. Bajo la excusa de una supuesta cooperación judicial, Rabat intenta imponer un trueque inmoral: la extradición de presos marroquíes encarcelados en Bélgica a cambio del reconocimiento de una soberanía marroquí que jamás ha sido reconocida por el derecho internacional.

El trueque de prisioneros contra un pueblo colonizado

   Rabat lleva décadas utilizando todos los resortes —diplomáticos, financieros, mediáticos— para legitimar su ocupación. Ahora convierte a los presos marroquíes en Bélgica en una moneda de cambio. Cerca de un millar de detenidos con nacionalidad marroquí, de una población carcelaria total de 13.000, son el eje de esta negociación: devolverlos al Marruecos del Majzén a cambio de un alineamiento político belga.

   Ya no se trata solo de gestionar la sobrepoblación de cárceles en Bélgica, sino de utilizar vidas humanas como mercancía en un chantaje político que niega el derecho de un pueblo a existir libremente.

Los peones del Majzén en Bruselas

   El Movimiento Reformador (MR, derecha liberal) se sitúa en el centro de este engranaje. Su presidente, Georges-Louis Bouchez, y el diputado belgo-marroquí Amin El Boujdaini viajaron en mayo de 2025 a Rabat para reunirse con el ministro de Justicia, Abdellatif Ouahbi, preparando el terreno para que la coalición gubernamental belga —conocida como Arizona— lleve al Parlamento un texto reconociendo la supuesta soberanía marroquí.

   Ya en enero, Bernard Quintin, entonces ministro de Exteriores interino, había calificado la propuesta marroquí de “muy buena base”, repitiendo estas palabras en julio durante la fiesta del Trono organizada por la embajada marroquí en Bruselas. Declaraciones que contradicen las obligaciones internacionales de Bélgica y demuestran hasta qué punto algunos responsables están dispuestos a servir a los intereses del Majzén.

Una diáspora utilizada como herramienta

    Con más de 700.000 belgas de origen marroquí, alrededor del 6 % de la población, el factor electoral pesa en las decisiones. Varios partidos temen perder apoyo si se enfrentan a Rabat y, por ello, están dispuestos a traicionar la Carta de las Naciones Unidas y el derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui.

   No es la diáspora en sí, sino su instrumentalización: el Majzén la utiliza como palanca de presión política, dividiendo y manipulando para legitimar una ocupación colonial.

Peligros de autonomía en la descolonización de África. Caso del Sáhara Occidental

La ambigüedad del Partido Socialista

   El Partido Socialista (PS) francófono, a través de su portavoz Ahmed Laaouej, se ha mostrado favorable al plan marroquí, condicionándolo a cuestiones ligadas a los presos belgo-marroquíes. Pero el trasfondo sigue siendo el mismo: atar la cuestión del Sáhara Occidental a un intercambio de prisioneros. Una operación que reduce un conflicto de descolonización reconocido por la ONU a una transacción política de corto alcance.

Un voto pospuesto, pero no descartado

   El debate estaba previsto para septiembre en el Parlamento federal, pero las divisiones internas de la coalición Arizona —especialmente sobre Gaza y Palestina— lo han retrasado. Este aplazamiento ofrece un respiro, pero el riesgo sigue ahí: Rabat espera obtener el apoyo de Bruselas antes de finales de 2025, para presentarlo como un triunfo en el próximo examen del Consejo de Seguridad de la ONU sobre la MINURSO.


El Sáhara Occidental no se negocia 

   Lo que este episodio demuestra es la verdadera naturaleza del régimen marroquí: usar a las personas como moneda de cambio, manipular a la diáspora, corromper a las élites, todo para perpetuar una ocupación condenada por la legalidad internacional.

  Bélgica, como miembro de la Unión Europea y firmante de la Carta de la ONU, tiene una responsabilidad clara: rechazar cualquier intento de legitimar la ocupación marroquí y defender sin ambigüedades el derecho inalienable del pueblo saharaui a la autodeterminación y la independencia.

  El Sáhara Occidental no está en venta ni puede ser intercambiado en una negociación oscura. Ningún cálculo electoral o partidista puede borrar esta verdad. (Comentario de «No te olvides del SAHARA OCCIDENTAL»)

Sáhara Occidental. Ejército saharaui golpea bases marroquíes: aumentan las tensiones

0

Se intensifica el conflicto en el Sáhara Occidental. Unidades del Ejército de Liberación del Pueblo Saharaui (ELPS) lanzaron un ataque sorpresa contra las fuerzas de ocupación marroquíes, apuntando a sus bases y trincheras en el sector de Guelta. Según una declaración del Ministerio de Defensa Saharaui, la acción militar habría resultado en la pérdida de vidas humanas y arsenal de guerra.

   La declaración especifica que los bombardeos, llevados a cabo por unidades terrestres, se centraron específicamente en la zona de Chirk Sadra. La operación es parte de las continuas acciones militares del Ejército Saharaui, destinadas a golpear las posiciones de las fuerzas de ocupación marroquíes a lo largo del muro de la vergüenza.

   Ataques como el informado ponen de relieve la determinación del Ejército saharaui de mantener una alta presión militar para avanzar en sus propias reclamaciones territoriales y políticas, en el contexto de un enfrentamiento diplomático que ha durado durante décadas.