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Marruecos se rearma en plena ofensiva en el Sáhara Occidental: ha aumentado un 12% sus importaciones de armas 

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Marruecos centra su estrategia militar en la superioridad aérea, los drones y el control marítimo mientras impulsa una industria de defensa propia

Madrid (ECS).— Marruecos ha intensificado durante la última década su proceso de rearme con un incremento del 12% en las importaciones de armamento respecto al periodo iniciado en 2016, según los últimos datos difundidos recientemente por SIPRI, organismo internacional de Estocolmo especializado en defensa y seguridad. El refuerzo de las capacidades militares del reino alauí responde a una estrategia de largo alcance que busca una posición regional en el norte de África y aumentar su capacidad de disuasión.

La política de defensa impulsada por Rabat se apoya en tres grandes ejes estratégicos: la superioridad aérea, el desarrollo de sistemas de drones y guerra electrónica, y el fortalecimiento de su presencia naval en el Atlántico y el Mediterráneo.

Fuentes especializadas señalan que Marruecos ha destinado una parte significativa de su presupuesto militar a la modernización de su fuerza aérea mediante la adquisición de cazas, sistemas de defensa antiaérea israelíes y nuevas capacidades de vigilancia y mando. En paralelo, el país ha apostado por la incorporación de drones de reconocimiento y combate, así como por tecnologías vinculadas a la ciberseguridad y la inteligencia militar.

El ámbito marítimo constituye otro de los pilares de la estrategia marroquí

Las autoridades marroquíes buscan reforzar la vigilancia costera y la protección de rutas comerciales y áreas estratégicas tanto en el Atlántico como en el Mediterráneo occidental. Para ello, Rabat ha acelerado la modernización de su marina y la adquisición de nuevos sistemas de patrulla y vigilancia.

En SIPRI interpretan este proceso como parte de una dinámica regional marcada por la competencia estratégica entre Marruecos y Argelia, dos países que mantienen tensiones políticas y diplomáticas desde hace décadas. El incremento del gasto militar en ambos Estados ha generado preocupación en algunos sectores internacionales ante el riesgo de una carrera armamentística en el Magreb.

Al mismo tiempo, Marruecos trata de reducir su dependencia exterior mediante el desarrollo de una industria nacional de defensa. En los últimos años, Rabat ha firmado acuerdos de cooperación tecnológica y militar con socios internacionales como Estados Unidos, Israel y Turquía, con el objetivo de impulsar capacidades de producción local y transferencia tecnológica. Argelia por su parte ya lleva años produciendo sus propias armas.

Expertos en seguridad consideran que esta evolución refleja una transformación más amplia del modelo de defensa marroquí, cada vez más orientado hacia tecnologías avanzadas, sistemas no tripulados y capacidades de respuesta rápida.

Aunque el régimen marroquí defiende estas inversiones como necesarias para garantizar la estabilidad y la seguridad nacional, el aumento del gasto militar continúa siendo objeto de debate en una región donde persisten importantes desafíos económicos y sociales.

Sáhara Occidental: la propuesta marroquí, la cascada de reconocimientos y la Resolución 2797

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Análisis | Crisis y conflictos | Edición Lehbib Abdelhay

Madrid (ECS).— Los conflictos territoriales rara vez persisten durante más de medio siglo sin razones estructurales más profundas que la mera soberanía. Cuando un conflicto sobrevive a administraciones coloniales, alianzas de la Guerra Fría y varias generaciones de marcos diplomáticos, suele significar que la geografía de los recursos subyacentes, el posicionamiento estratégico y la competencia entre grandes potencias son demasiado valiosos como para que alguna de las partes ceda. El Sáhara Occidental encaja perfectamente en esta descripción. Su longevidad no es una falta de imaginación, sino un reflejo de lo mucho que está en juego.

La visita de EE.UU a El Guerguerat cuestiona la neutralidad de Washington en las negociaciones sobre el Sáhara Occidental

La continúa presión estadounidense sobre el Frente POLISARIO, que se concretó recientemente en una reunión diplomática de alto nivel, constituye el último capítulo de un conflicto que lleva décadas transformando la geopolítica del norte de África. Sin embargo, para comprender por qué Washington ejerce presión ahora —y por qué la respuesta del POLISARIO es más matizada que antes— es necesario examinar la compleja red de intereses contrapuestos que subyace a la diplomacia.

El Conflicto del Sáhara Occidental; un poco de historia

El Sáhara Occidental ocupa aproximadamente 266.000 kilómetros cuadrados de territorio desértico bañado por el Atlántico, en el extremo noroccidental del continente africano. Según el derecho internacional, sigue clasificado como territorio no autónomo pendiente de descolonización, lo que significa que su estatus político definitivo nunca se ha resuelto formalmente. Marruecos ocupa aproximadamente el 80% del territorio, mientras que el Frente Polisario controla una estrecha franja al este del muro que divide el territorio, colindante con Argelia y Mauritania.

La República Árabe Saharaui Democrática (RASD), proclamada el 27 de febrero de 1976 como el gobierno legítimo del territorio, está reconocida actualmente por 46 Estados miembros de la ONU y es miembro de pleno derecho de la Unión Africana; sin embargo, sigue sin ser reconocida por Estados Unidos ni por la gran mayoría de los gobiernos occidentales. Esta paradoja de doble legitimidad es la razón principal por la que fracasan todos los marcos de solución propuestos: la autodeterminación y la integridad territorial son irreconciliables desde el punto de vista legal y político en este contexto.

La dimensión de los recursos naturales 

La importancia estratégica del Sáhara Occidental va mucho más allá del simbolismo. Diversos intereses superpuestos en materia de recursos hacen que el control del territorio sea una cuestión económica de gran trascendencia:

  • Reservas de fosfato: La mina Bou Craa, ubicada en el Sáhara Occidental, territorio controlado por Marruecos, es uno de los mayores yacimientos de fosfato del mundo. Los fosfatos son la materia prima fundamental para los fertilizantes nitrogenados, lo que significa que quien controle Bou Craa tendrá una influencia considerable sobre las cadenas de suministro de producción alimentaria a nivel mundial. Marruecos ya controla aproximadamente el 70 % de las reservas mundiales conocidas de fosfato, incluyendo el Sáhara Occidental en sus cálculos territoriales, una concentración sin parangón en ninguna otra categoría de minerales críticos. Esta dinámica refleja fielmente las tendencias generales de desarrollo de proyectos de fosfato que se siguen de cerca a nivel internacional.

  • Derechos de pesca: La costa atlántica alberga los caladeros más productivos del mundo. El acceso a estas aguas ha sido objeto de polémicos acuerdos entre la UE y Marruecos, que han enfrentado desafíos legales precisamente debido al estatus controvertido del territorio.

  • Potencial de hidrocarburos: Si bien no se ha producido ninguna extracción comercial importante, la exploración en alta mar ha identificado posibles depósitos de hidrocarburos a lo largo de la plataforma atlántica, lo que añade una dimensión energética a largo plazo a la disputa.

  • Posicionamiento marítimo: El frente atlántico del territorio proporciona una profundidad estratégica para cualquier potencia que busque proyectar influencia a través de las rutas comerciales transatlánticas y los accesos al Estrecho de Gibraltar.

El Sáhara Occidental se sitúa en la intersección de la seguridad alimentaria, la estrategia marítima atlántica y la concentración de minerales críticos. No se trata únicamente de una disputa colonial heredada que espera una resolución administrativa, sino de una competencia activa por la ventaja geopolítica en uno de los territorios fronterizos con mayor densidad de recursos del mundo. 

PSOE y Sumar desbloquean la ley para conceder la nacionalidad a saharauis nacidos en el Sáhara Occidental antes de 1976

El Plan de autonomía y la cascada de reconocimientos 

Marruecos formalizó su postura por primera vez en 2007 al proponer un plan de autonomía limitada bajo su propia soberanía como alternativa a la independencia total exigida por la RASD. Durante años, esta propuesta recibió un reconocimiento cortés, pero escaso respaldo activo por parte de las potencias occidentales. Esto cambió decisivamente en diciembre de 2020.

La decisión del gobierno de Trump de reconocer formalmente, en 2020, la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental representó una redefinición fundamental del panorama diplomático. Este reconocimiento no se produjo de forma aislada, sino que formó parte del marco de los Acuerdos de Abraham, en los que Marruecos acordó normalizar sus relaciones con Israel a cambio del reconocimiento estadounidense de su reivindicación territorial. Esta transacción sentó un precedente: el reconocimiento de la soberanía como moneda de cambio diplomática.

La cascada de acontecimientos que siguió transformó el mapa de alineación internacional:

País Posición sobre el Sáhara Occidental Año del cambio
Estados Unidos Reconocimiento formal de la soberanía marroquí 2020
Israel Normalización con Marruecos, alineación implícita 2020
España Respaldado el plan de autonomía como la base más seria y creíble. 2022
Francia El presidente Macron describió el plan de autonomía como la única base para un acuerdo. 2024
Rusia Señaló su apoyo condicional si resulta aceptable para todos los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU. 2025

La respuesta de Argelia al realineamiento de Francia y España fue inmediata y contundente. Argel retiró a su embajador de París y Madrid y suspendió la cooperación en la deportación de ciudadanos argelinos desde territorio francés, una medida bilateral crucial dada la magnitud de la comunidad argelina en Francia. Esta decisión evidenció hasta qué punto el respaldo francés afectó los cálculos estratégicos de Argelia.

Resolución 2797 del Consejo de Seguridad de la ONU

La Resolución 2797 se cita con frecuencia como el pilar de la actual iniciativa diplomática. Respalda una solución política negociada y toma como referencia la propuesta de autonomía de Marruecos como marco para el diálogo. Sin embargo, cabe destacar varias distinciones importantes:

  • La resolución no reconoce formalmente la soberanía marroquí sobre el territorio.

  • No anula el principio fundamental de autodeterminación de la ONU para los territorios no autónomos.

  • Esto confiere legitimidad institucional al enfoque de autonomía como marco inicial para las conversaciones.

  • La diferencia entre «hacer referencia» y «respaldar» una propuesta tiene un peso significativo en la interpretación diplomática.

Presión de Estados Unidos: La escalada diplomática de mayo y junio de 2026

A principios de junio, el enviado personal del secretario general de la ONU para el Sáhara Occidental, Staffan de Mistura, visitó los campamentos de refugiados y se reunió con las autoridades saharauis. En esta gira, el líder del Frente POLISARIO no se reunió con el emisario de la ONU, pero si se despidió de él. Dos días después, De Mistura voló hasta Oslo y se reunió con Massad Boulos, el africanista de Trump encargado de las negociaciones sobre el Sáhara Occidental. Tras esa reunión, Boulos elogió públicamente «la respuesta constructiva del Frente POLISARIO» y recordó, en la misma comunicación, que Trump quiere una solución rápida y definitiva.

En mayo de 2026, el asesor presidencial estadounidense para asuntos árabes y africanos, Massad Boulos, se reunió directamente con el embajador de Argelia en Washington, Sabri Boukadoum. El encuentro se presentó públicamente como un reconocimiento a la participación constructiva de Argelia en el proceso de la ONU, al tiempo que transmitía el claro mensaje de Washington de que había llegado el momento de una resolución definitiva, basada en el marco establecido por la Resolución 2797.

El lenguaje diplomático empleado —en concreto, elogiando la implicación de Argelia— constituye una técnica deliberada de diplomacia coercitiva. En lugar de ejercer presión pública que generaría costes políticos internos, Washington optó por un enfoque diseñado para ofrecer una vía de diálogo que permite salvar los intereses. Además, esta estrategia refleja la dinámica más amplia de la guerra comercial entre Estados Unidos y China, donde Washington busca cada vez más consolidar su influencia diplomática en múltiples escenarios simultáneamente.

El enfoque estadounidense ante el estancamiento del Sáhara Occidental se desarrolla en dos líneas paralelas:

Vía 1: Consolidación de la ocupación marroquí

  • Mantener el reconocimiento de soberanía de 2020 como política establecida de Estados Unidos.

  • Coordinar la alineación europea para crear un consenso multilateral.

  • Presentar el plan de autonomía de Marruecos como el único marco de solución prácticamente viable.

Vía 2: Atraer a Argelia hacia el proceso de negociación

  • Evitar la humillación pública que obligaría a Argel a adoptar una postura defensiva.

  • Presentar la participación argelina como coherente con los marcos de la ONU, en lugar de como una capitulación.

  • Explorar si un acercamiento más amplio entre Marruecos y Argelia podría estructurarse como un dividendo de estabilidad regional, dada la importancia de ambos países para la cooperación antiterrorista en el Sahel y la seguridad energética europea.

¿Por qué Argelia no puede cambiar su posición?

La resistencia de Argelia a cualquier marco que legitime la soberanía marroquí no es simplemente una muestra de obstinación diplomática, sino que está estructuralmente arraigada en su identidad política:

  • El movimiento de independencia argelino fue en sí mismo una prolongada lucha anticolonial, lo que convirtió la solidaridad con las causas de la autodeterminación en un compromiso ideológico fundamental.

  • El Frente Polisario se construyó en parte con apoyo material y político argelino, lo que significa que abandonar su causa requeriría reconocer un cambio fundamental en la política exterior.

  • Se estima que entre 100.000 y 170.000 refugiados saharauis viven en los campamentos de Tinduf, en el suroeste de Argelia, lo que crea un entramado humanitario y político interno que no puede resolverse únicamente mediante un reposicionamiento diplomático.

El escudo diplomático ruso se está fragmentando

Durante décadas, Argelia contó con el poder de veto ruso en el Consejo de Seguridad de la ONU como un respaldo fiable contra las resoluciones que pudieran legitimar la soberanía marroquí. Esa garantía estructural se ha debilitado considerablemente.

En una reunión informativa de 2025, el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, indicó que Moscú podría apoyar el plan de autonomía de Marruecos con la condición de que lograra el consenso de todos los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU. El planteamiento condicional es importante: Rusia no ha abandonado a Argelia, pero ha dado a entender que su apoyo es negociable, no incondicional.

Este cambio refleja casi con toda seguridad la reorientación geopolítica de Rusia tras su aislamiento internacional después de la invasión de Ucrania en 2022. Mantener relaciones a ambos lados de la división Marruecos-Argelia beneficia los intereses rusos en el norte de África en un momento en que Moscú dispone de recursos diplomáticos limitados para destinar a causas que ya no generan beneficios estratégicos.

Para Argelia, incluso una Rusia que adopta una postura cautelosa representa un socio fundamentalmente menos fiable que la protección diplomática automática de la que gozaba anteriormente. El respaldo multilateral que permitió a Argel resistir la presión occidental durante décadas ahora muestra fisuras visibles. En consecuencia, estos cambios en la geopolítica minera están influyendo cada vez más en cómo los territorios en disputa ricos en recursos atraen la atención mundial.

La escalada militar del Frente Polisario pretende, presumiblemente, demostrar que el conflicto no puede resolverse pacíficamente mediante la diplomacia alineada con Occidente. Sin embargo, en la práctica, cada ataque consolida la simpatía occidental hacia la postura de Marruecos y proporciona a los funcionarios europeos y estadounidenses una justificación adicional para presentar el plan de autonomía como un compromiso que preserva la estabilidad. La paradoja de la escalada es real: la acción militar del Polisario, destinada a forzar la situación, podría estar acelerando precisamente el consenso internacional que busca impedir.

Mapa de alineación tal como está actualmente:

Alimentación externa Alineamiento de Marruecos Alineamiento de Argelia
Estados Unidos Fuerte (reconocimiento de 2020) Compromiso diplomático únicamente
Francia Fuerte (respaldo de Macron para 2024) Actualmente tenso
España Cambio de moderado a fuerte (cambio de 2022) Neutral
Rusia Condicional/Cobertura Históricamente fuerte, ahora se está debilitando.
China Compromiso económico neutral Compromiso económico
Unión Africana Dividido Apoya la autodeterminación

Marruecos e Israel, la alianza «Okupa» que estrangula al Sáhara Occidental ocupado

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La derrota de la causa saharaui equivaldría a la legitimación de este nuevo orden colonial disfrazado de modernidad. Y su defensa, por el contrario, mantiene viva la posibilidad de un Magreb libre de injerencias, fiel a su historia de liberación y soberanía.

Por Victoria G. Corera

    Madrid (ECS).- El conflicto del Sáhara Occidental no puede entenderse hoy sin considerar el nuevo mapa de alianzas que está redibujando el equilibrio de fuerzas en el norte de África. Lo que antes parecía una disputa regional entre Rabat y el Frente Polisario bajo la supervisión pasiva de Naciones Unidas, se ha transformado en una pieza central de una estrategia geopolítica de mayor alcance, donde actores externos —en especial Israel— desempeñan un papel clave. La causa saharaui ya no es solo una cuestión de descolonización; es un campo de prueba de un nuevo modelo de ocupación sofisticada, que combina diplomacia, tecnología, economía y guerra híbrida.

    Las similitudes con otros escenarios de ocupación no son casuales. Basta con observar lo que ocurre en Gaza y en el Sáhara Occidental para entender que se trata de una misma lógica aplicada en contextos diferentes: la ocupación prolongada, la negación de los derechos nacionales y el intento sistemático de borrar la memoria de un pueblo. En Gaza, Israel destruyó barrios enteros y corta el acceso al agua; en el Sáhara Occidental, Marruecos levanta proyectos turísticos y vende recursos saharauis al extranjero. En ambos casos, el objetivo último es impedir el retorno, disolver la identidad nacional y transformar la ocupación en normalidad aceptada.

«Olvidar al Sáhara Occidental sería derribar la primera ficha de dominó de un proceso que podría extenderse más allá de sus fronteras, arrastrando con él la esencia misma del derecho de los pueblos a decidir su futuro»

    El paralelismo va más allá de la táctica: también alcanza la estrategia. Marruecos persigue un viejo sueño imperial —el del Gran Marruecos, que incluiría no solo el Sáhara Occidental sino territorios argelinos y mauritanos— que recuerda inevitablemente a las fantasías del «Gran Israel» bíblico. Y esta aspiración ya no es una mera ambición solitaria: Rabat cuenta con el respaldo explícito de Israel, con quien ha sellado una alianza abierta que transforma a Marruecos en el relevo israelí y occidental en el Magreb. La monarquía marroquí ya no es simplemente una potencia regional: se ha integrado en una coalición colonial que redefine los equilibrios de África del Norte.

    Esta alianza va mucho más allá de acuerdos diplomáticos superficiales. Israel se ha convertido en el principal proveedor de tecnología militar avanzada para Marruecos, incluyendo drones de ataque, sistemas de vigilancia, inteligencia artificial aplicada al control poblacional y ciberespionaje a través del software Pegasus. La firma de cooperación en defensa entre Rabat y Tel Aviv en 2021 marcó un punto de inflexión: por primera vez un país árabe aceptaba públicamente una integración militar tan profunda con Israel, rompiendo todos los tabúes regionales.

   Pero no es solo cuestión de armas: Israel también participa en megaproyectos de infraestructuras, agricultura en zonas ocupadas, seguridad cibernética para la represión interna y el control de las poblaciones saharauis. Las empresas israelíes comienzan a invertir en el desarrollo de las zonas costeras saharauis con la vista puesta en la explotación de fosfatos, pesca y energía solar, intentando convertir la ocupación en un negocio rentable para las potencias extranjeras. Así, como en Palestina, el territorio ocupado se transforma en laboratorio de nuevas formas de colonialismo económico y tecnológico.

   El Sáhara Occidental es, en este esquema, un paso intermedio, no un fin. Un trampolín para una estrategia de reposicionamiento geopolítico que tiene como objetivo final a Argelia, país que encarna una visión opuesta: la de la soberanía nacional, la resistencia al neocolonialismo y la defensa del derecho de los pueblos a decidir su destino. Lo que se juega en el Sáhara no es solo la suerte del pueblo saharaui, sino la continuidad o el fin del orden poscolonial africano. Como advirtió John Bolton, una renuncia en esta cuestión abriría la puerta al derrumbe de todo el principio de autodeterminación que sustenta el derecho internacional en África.

   La comunidad internacional, en su mayor parte, prefiere ignorar estas conexiones. Pero Argelia, que ha sido históricamente un faro de la lucha anticolonial, no puede permitirse este lujo. El conflicto saharaui afecta de manera directa a su seguridad, su frontera y su visión de un Magreb soberano. La absorción del Sáhara Occidental y el sometimiento de Gaza son eslabones de una misma cadena: la de un nuevo colonialismo tecnológico, económico y militar que amenaza con redefinir la región.

   Por ello, la cuestión del Sáhara Occidental ya no puede ser abordada únicamente como un tema de descolonización pendiente. Es un frente de resistencia ideológica. La derrota de la causa saharaui equivaldría a la legitimación de este nuevo orden colonial disfrazado de modernidad. Y su defensa, por el contrario, mantiene viva la posibilidad de un Magreb libre de injerencias, fiel a su historia de liberación y soberanía.

   De Gaza al Sáhara Occidental se dibuja un mismo proyecto de ocupación y expansión que desafía abiertamente el derecho internacional y los principios universales de autodeterminación. Olvidar una de estas luchas es debilitar la otra; defenderlas juntas es la única manera de frenar este nuevo colonialismo disfrazado de modernidad.

 


NOTA: Este artículo se publicó originalmente en la plataforma «No Te Olvides del Sáhara Occidental (de la sociedad civil española). Se ha convertido en magazine visible de noticias del Sáhara Occidental.

PSOE y Sumar desbloquean la ley para conceder la nacionalidad a saharauis nacidos en el Sáhara Occidental antes de 1976

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🔴 ÚLTIMA HORA | PSOE y Sumar desbloquean la ley de nacionalidad saharaui a los nacidos antes de 1976

Madrid (ECS).- El PSOE y Sumar han desbloqueado en el Congreso la tramitación de la proposición de ley que plantea conceder la nacionalidad española a las personas nacidas en el Sáhara Occidental antes de 1976, cuando el territorio dejó de estar bajo administración española.

La ponencia de la Comisión de Justicia ha sido convocada para el próximo martes a las 16:00 horas, con lo que la iniciativa entra en su fase final antes de su posible debate y votación en el Pleno, que podría celebrarse el 23 de julio, aunque esta fecha aún no está confirmada.

La propuesta, registrada por Sumar en 2024, había permanecido bloqueada tras el rechazo inicial del PSOE a su admisión a trámite. Según fuentes parlamentarias, las negociaciones entre ambos grupos han permitido desbloquear la iniciativa.

El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, expresó esta semana su apoyo a la medida y aseguró que no existe ningún bloqueo por parte del Gobierno para su aprobación. 

Mientras tanto, representantes de Sumar, según informó el diario Público, habían criticado en las últimas semanas la paralización del proyecto y la habían vinculado a las relaciones de España con Marruecos.

El Frente POLISARIO matiza su respuesta respecto a la propuesta marroquí sobre el Sáhara Occidental

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El fosfato, el Atlántico y el vacío de poder: por qué el Sáhara Occidental es el conflicto más trascendental del norte de África

Análisis | Crisis y conflictos | Edición Lehbib Abdelhay

Madrid (ECS).— Los conflictos territoriales rara vez persisten durante más de medio siglo sin razones estructurales más profundas que la mera soberanía. Cuando un conflicto sobrevive a administraciones coloniales, alianzas de la Guerra Fría y varias generaciones de marcos diplomáticos, suele significar que la geografía de los recursos subyacentes, el posicionamiento estratégico y la competencia entre grandes potencias son demasiado valiosos como para que alguna de las partes ceda. El Sáhara Occidental encaja perfectamente en esta descripción. Su longevidad no es una falta de imaginación, sino un reflejo de lo mucho que está en juego.

La continúa presión estadounidense sobre el Frente POLISARIO, que se concretó recientemente en una reunión diplomática de alto nivel, constituye el último capítulo de un conflicto que lleva décadas transformando la geopolítica del norte de África. Sin embargo, para comprender por qué Washington ejerce presión ahora —y por qué la respuesta del POLISARIO es más matizada que antes— es necesario examinar la compleja red de intereses contrapuestos que subyace a la diplomacia.

El Conflicto del Sáhara Occidental; un poco de historia

El Sáhara Occidental ocupa aproximadamente 266.000 kilómetros cuadrados de territorio desértico bañado por el Atlántico, en el extremo noroccidental del continente africano. Según el derecho internacional, sigue clasificado como territorio no autónomo pendiente de descolonización, lo que significa que su estatus político definitivo nunca se ha resuelto formalmente. Marruecos ocupa aproximadamente el 80% del territorio, mientras que el Frente Polisario controla una estrecha franja al este del muro que divide el territorio, colindante con Argelia y Mauritania.

La República Árabe Saharaui Democrática (RASD), proclamada el 27 de febrero de 1976 como el gobierno legítimo del territorio, está reconocida actualmente por 46 Estados miembros de la ONU y es miembro de pleno derecho de la Unión Africana; sin embargo, sigue sin ser reconocida por Estados Unidos ni por la gran mayoría de los gobiernos occidentales. Esta paradoja de doble legitimidad es la razón principal por la que fracasan todos los marcos de solución propuestos: la autodeterminación y la integridad territorial son irreconciliables desde el punto de vista legal y político en este contexto.

La dimensión de los recursos naturales 

La importancia estratégica del Sáhara Occidental va mucho más allá del simbolismo. Diversos intereses superpuestos en materia de recursos hacen que el control del territorio sea una cuestión económica de gran trascendencia:

  • Reservas de fosfato: La mina Bou Craa, ubicada en el Sáhara Occidental, territorio controlado por Marruecos, es uno de los mayores yacimientos de fosfato del mundo. Los fosfatos son la materia prima fundamental para los fertilizantes nitrogenados, lo que significa que quien controle Bou Craa tendrá una influencia considerable sobre las cadenas de suministro de producción alimentaria a nivel mundial. Marruecos ya controla aproximadamente el 70 % de las reservas mundiales conocidas de fosfato, incluyendo el Sáhara Occidental en sus cálculos territoriales, una concentración sin parangón en ninguna otra categoría de minerales críticos. Esta dinámica refleja fielmente las tendencias generales de desarrollo de proyectos de fosfato que se siguen de cerca a nivel internacional.

  • Derechos de pesca: La costa atlántica alberga los caladeros más productivos del mundo. El acceso a estas aguas ha sido objeto de polémicos acuerdos entre la UE y Marruecos, que han enfrentado desafíos legales precisamente debido al estatus controvertido del territorio.

  • Potencial de hidrocarburos: Si bien no se ha producido ninguna extracción comercial importante, la exploración en alta mar ha identificado posibles depósitos de hidrocarburos a lo largo de la plataforma atlántica, lo que añade una dimensión energética a largo plazo a la disputa.

  • Posicionamiento marítimo: El frente atlántico del territorio proporciona una profundidad estratégica para cualquier potencia que busque proyectar influencia a través de las rutas comerciales transatlánticas y los accesos al Estrecho de Gibraltar.

El Sáhara Occidental se sitúa en la intersección de la seguridad alimentaria, la estrategia marítima atlántica y la concentración de minerales críticos. No se trata únicamente de una disputa colonial heredada que espera una resolución administrativa, sino de una competencia activa por la ventaja geopolítica en uno de los territorios fronterizos con mayor densidad de recursos del mundo. 

El Plan de autonomía y la cascada de reconocimientos 

Marruecos formalizó su postura por primera vez en 2007 al proponer un plan de autonomía limitada bajo su propia soberanía como alternativa a la independencia total exigida por la RASD. Durante años, esta propuesta recibió un reconocimiento cortés, pero escaso respaldo activo por parte de las potencias occidentales. Esto cambió decisivamente en diciembre de 2020.

La decisión del gobierno de Trump de reconocer formalmente, en 2020, la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental representó una redefinición fundamental del panorama diplomático. Este reconocimiento no se produjo de forma aislada, sino que formó parte del marco de los Acuerdos de Abraham, en los que Marruecos acordó normalizar sus relaciones con Israel a cambio del reconocimiento estadounidense de su reivindicación territorial. Esta transacción sentó un precedente: el reconocimiento de la soberanía como moneda de cambio diplomática.

La cascada de acontecimientos que siguió transformó el mapa de alineación internacional:

País Posición sobre el Sáhara Occidental Año del cambio
Estados Unidos Reconocimiento formal de la soberanía marroquí 2020
Israel Normalización con Marruecos, alineación implícita 2020
España Respaldado el plan de autonomía como la base más seria y creíble. 2022
Francia El presidente Macron describió el plan de autonomía como la única base para un acuerdo. 2024
Rusia Señaló su apoyo condicional si resulta aceptable para todos los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU. 2025

La respuesta de Argelia al realineamiento de Francia y España fue inmediata y contundente. Argel retiró a su embajador de París y Madrid y suspendió la cooperación en la deportación de ciudadanos argelinos desde territorio francés, una medida bilateral crucial dada la magnitud de la comunidad argelina en Francia. Esta decisión evidenció hasta qué punto el respaldo francés afectó los cálculos estratégicos de Argelia.

Resolución 2797 del Consejo de Seguridad de la ONU

La Resolución 2797 se cita con frecuencia como el pilar de la actual iniciativa diplomática. Respalda una solución política negociada y toma como referencia la propuesta de autonomía de Marruecos como marco para el diálogo. Sin embargo, cabe destacar varias distinciones importantes:

  • La resolución no reconoce formalmente la soberanía marroquí sobre el territorio.

  • No anula el principio fundamental de autodeterminación de la ONU para los territorios no autónomos.

  • Esto confiere legitimidad institucional al enfoque de autonomía como marco inicial para las conversaciones.

  • La diferencia entre «hacer referencia» y «respaldar» una propuesta tiene un peso significativo en la interpretación diplomática.

Presión de Estados Unidos: La escalada diplomática de mayo y junio de 2026

A principios de junio, el enviado personal del secretario general de la ONU para el Sáhara Occidental, Staffan de Mistura, visitó los campamentos de refugiados y se reunió con las autoridades saharauis. En esta gira, el líder del Frente POLISARIO no se reunió con el emisario de la ONU, pero si se despidió de él. Dos días después, De Mistura voló hasta Oslo y se reunió con Massad Boulos, el africanista de Trump encargado de las negociaciones sobre el Sáhara Occidental. Tras esa reunión, Boulos elogió públicamente «la respuesta constructiva del Frente POLISARIO» y recordó, en la misma comunicación, que Trump quiere una solución rápida y definitiva.

En mayo de 2026, el asesor presidencial estadounidense para asuntos árabes y africanos, Massad Boulos, se reunió directamente con el embajador de Argelia en Washington, Sabri Boukadoum. El encuentro se presentó públicamente como un reconocimiento a la participación constructiva de Argelia en el proceso de la ONU, al tiempo que transmitía el claro mensaje de Washington de que había llegado el momento de una resolución definitiva, basada en el marco establecido por la Resolución 2797.

El lenguaje diplomático empleado —en concreto, elogiando la implicación de Argelia— constituye una técnica deliberada de diplomacia coercitiva. En lugar de ejercer presión pública que generaría costes políticos internos, Washington optó por un enfoque diseñado para ofrecer una vía de diálogo que permite salvar los intereses. Además, esta estrategia refleja la dinámica más amplia de la guerra comercial entre Estados Unidos y China, donde Washington busca cada vez más consolidar su influencia diplomática en múltiples escenarios simultáneamente.

El enfoque estadounidense ante el estancamiento del Sáhara Occidental se desarrolla en dos líneas paralelas:

Vía 1: Consolidación de la ocupación marroquí

  • Mantener el reconocimiento de soberanía de 2020 como política establecida de Estados Unidos.

  • Coordinar la alineación europea para crear un consenso multilateral.

  • Presentar el plan de autonomía de Marruecos como el único marco de solución prácticamente viable.

Vía 2: Atraer a Argelia hacia el proceso de negociación

  • Evitar la humillación pública que obligaría a Argel a adoptar una postura defensiva.

  • Presentar la participación argelina como coherente con los marcos de la ONU, en lugar de como una capitulación.

  • Explorar si un acercamiento más amplio entre Marruecos y Argelia podría estructurarse como un dividendo de estabilidad regional, dada la importancia de ambos países para la cooperación antiterrorista en el Sahel y la seguridad energética europea.

¿Por qué Argelia no puede cambiar su posición?

La resistencia de Argelia a cualquier marco que legitime la soberanía marroquí no es simplemente una muestra de obstinación diplomática, sino que está estructuralmente arraigada en su identidad política:

  • El movimiento de independencia argelino fue en sí mismo una prolongada lucha anticolonial, lo que convirtió la solidaridad con las causas de la autodeterminación en un compromiso ideológico fundamental.

  • El Frente Polisario se construyó en parte con apoyo material y político argelino, lo que significa que abandonar su causa requeriría reconocer un cambio fundamental en la política exterior.

  • Se estima que entre 100.000 y 170.000 refugiados saharauis viven en los campamentos de Tinduf, en el suroeste de Argelia, lo que crea un entramado humanitario y político interno que no puede resolverse únicamente mediante un reposicionamiento diplomático.

  • El escudo diplomático ruso se está fragmentando
  • Durante décadas, Argelia contó con el poder de veto ruso en el Consejo de Seguridad de la ONU como un respaldo fiable contra las resoluciones que pudieran legitimar la soberanía marroquí. Esa garantía estructural se ha debilitado considerablemente.

En una reunión informativa de 2025, el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, indicó que Moscú podría apoyar el plan de autonomía de Marruecos con la condición de que lograra el consenso de todos los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU. El planteamiento condicional es importante: Rusia no ha abandonado a Argelia, pero ha dado a entender que su apoyo es negociable, no incondicional.

Este cambio refleja casi con toda seguridad la reorientación geopolítica de Rusia tras su aislamiento internacional después de la invasión de Ucrania en 2022. Mantener relaciones a ambos lados de la división Marruecos-Argelia beneficia los intereses rusos en el norte de África en un momento en que Moscú dispone de recursos diplomáticos limitados para destinar a causas que ya no generan beneficios estratégicos.

Para Argelia, incluso una Rusia que adopta una postura cautelosa representa un socio fundamentalmente menos fiable que la protección diplomática automática de la que gozaba anteriormente. El respaldo multilateral que permitió a Argel resistir la presión occidental durante décadas ahora muestra fisuras visibles. En consecuencia, estos cambios en la geopolítica minera están influyendo cada vez más en cómo los territorios en disputa ricos en recursos atraen la atención mundial.

La escalada militar del Frente Polisario pretende, presumiblemente, demostrar que el conflicto no puede resolverse pacíficamente mediante la diplomacia alineada con Occidente. Sin embargo, en la práctica, cada ataque consolida la simpatía occidental hacia la postura de Marruecos y proporciona a los funcionarios europeos y estadounidenses una justificación adicional para presentar el plan de autonomía como un compromiso que preserva la estabilidad. La paradoja de la escalada es real: la acción militar del Polisario, destinada a forzar la situación, podría estar acelerando precisamente el consenso internacional que busca impedir.

Mapa de alineación tal como está actualmente:

Alimentación externa Alineamiento de Marruecos Alineamiento de Argelia
Estados Unidos Fuerte (reconocimiento de 2020) Compromiso diplomático únicamente
Francia Fuerte (respaldo de Macron para 2024) Actualmente tenso
España Cambio de moderado a fuerte (cambio de 2022) Neutral
Rusia Condicional/Cobertura Históricamente fuerte, ahora se está debilitando.
China Compromiso económico neutral Compromiso económico
Unión Africana Dividido Apoya la autodeterminación

Sáhara Occidental, Azawad y las transformaciones en el Sahel: Malí ante sus contradicciones regionales

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París (ECS) — Los grandes espacios desérticos africanos conservan una memoria histórica que durante décadas ha sido ignorada por las cancillerías occidentales. El Sáhara Occidental no es un vacío territorial, como tampoco lo es el Azawad. Son regiones habitadas desde hace siglos, con identidades propias, rutas históricas, culturas y aspiraciones políticas que no pueden reducirse a simples disputas diplomáticas.

Hoy, Malí, Argelia y Marruecos se encuentran en una compleja dinámica regional donde la cuestión saharaui representa mucho más que una diferencia bilateral. En el fondo se plantea un debate esencial: cómo equilibrar la soberanía de los Estados con el derecho de los pueblos a decidir su futuro.

I. Malí y el giro diplomático sobre el Sáhara Occidental

La retirada de Malí del reconocimiento de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) constituye un cambio político relevante en el escenario del Sahel, Según un análisis de Mamadou Ismaïla Konaté, abogado de los colegios de abogados de Malí y París y ex Ministro de Justicia de de Malí. «Durante décadas, numerosos países africanos apoyaron la causa saharaui en el marco del movimiento anticolonial y del principio de autodeterminación de los pueblos», recuerda el ex ministro maliense.

La admisión de la RASD en la antigua Organización de la Unidad Africana en 1982 reflejó una etapa marcada por la solidaridad con los movimientos de liberación nacional. Sin embargo, con el regreso de Marruecos a la Unión Africana en 2017, Rabat desarrolló una intensa estrategia diplomática basada en cooperación económica, inversiones e influencia regional.

El nuevo posicionamiento de la junta militar de Bamako se interpreta en varios sectores como un alejamiento de la histórica solidaridad africana con el pueblo saharaui y como una aproximación a la posición marroquí. Esta decisión ha generado preocupación entre los defensores del derecho del Sáhara Occidental a un proceso de autodeterminación reconocido internacionalmente.

II. El Azawad: una cuestión que sigue abierta

El norte de Malí, conocido como Azawad, continúa siendo una región marcada por profundas tensiones históricas. Las comunidades tuareg y árabes han mantenido durante décadas una relación compleja con el poder central de Bamako, marcada por demandas de mayor autonomía, desarrollo y reconocimiento político.

Las rebeliones de 1963, 1990, 2006 y la crisis de 2012 evidenciaron la fragilidad de la integración territorial maliense. Los Acuerdos de Argel de 2015 buscaron establecer una vía política basada en la descentralización y la participación local, aunque su aplicación ha quedado incompleta.

La realidad del Azawad exige reconocer la diversidad de sus pueblos y evitar interpretaciones exclusivamente militares. La estabilidad del Sahel dependerá de soluciones políticas que respeten las identidades locales y garanticen derechos fundamentales.

III. Argelia y la defensa del equilibrio regional

Argelia, con una extensa frontera con Malí de mas de 1.300, ha desempeñado históricamente un papel central en la mediación saheliana. Su posición respecto al Sáhara Occidental se basa en la defensa del principio de autodeterminación y en su rechazo a cualquier solución que considere una imposición unilateral. Desde esta perspectiva, el acercamiento de Malí a las tesis marroquíes sobre el Sáhara Occidental ha sido percibido en Argel como un movimiento contrario a los equilibrios regionales y a la tradición diplomática argelina de apoyo a los movimientos de liberación.

La expansión de la influencia marroquí en África subsahariana mediante acuerdos económicos y políticos ha incrementado la rivalidad estratégica entre Rabat y Argel, convirtiendo la cuestión saharaui en un elemento central de la geopolítica africana.

IV. Malí, el Sáhara Occidental y el riesgo de una política regional desequilibrada

El reconocimiento de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental por parte de algunos actores regionales plantea un debate sobre la coherencia de los principios africanos respecto a la descolonización y la autodeterminación.

Desde la perspectiva saharaui, la postura de Malí representa un giro hostil hacia una causa histórica defendida durante décadas por todos los países africanos. El Frente POLISARIO considera que este cambio puede debilitar los esfuerzos internacionales para alcanzar una solución justa y aceptada por todas las partes.

Al mismo tiempo, cualquier gestión de los conflictos regionales debe evitar la instrumentalización política y priorizar la estabilidad, el diálogo y el respeto al derecho internacional.

África continúa enfrentando una tensión entre el principio de integridad territorial y el derecho de los pueblos a decidir su futuro. Los casos del Sáhara Occidental, Sudán del Sur u otros conflictos muestran la necesidad de una doctrina común que permita abordar estas cuestiones con criterios claros.

Una verdadera política africana de soberanía debe integrar la estabilidad de los Estados, pero también el respeto a las aspiraciones legítimas de los pueblos.

En conclusión, Malí conoce las consecuencias de la fragmentación y de las crisis internas. Sin embargo, su nuevo giro sobre el Sáhara Occidental abre un debate profundo sobre la coherencia de sus decisiones políticas.

El futuro del Sahel no dependerá únicamente de alianzas diplomáticas, sino de la capacidad de construir paz, justicia y desarrollo. Para ello será necesario respetar la historia de los pueblos, evitar decisiones impuestas desde intereses externos y mantener vivo el principio de que ninguna solución duradera puede ignorar las aspiraciones legítimas de las poblaciones afectadas.

El Sáhara Occidental, como el Azawad, seguirá siendo una cuestión central para comprender el futuro político de la región del Sahel.

Nace «alianza de demócratas» contra los regímenes militares de Mali, Níger y Burkina Faso

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AFP

Madrid (ECS).— En este contexto, un grupo de ciudadanos malienses, burkineses y nigerinos que viven en el exilio anunció la creación de la Alianza de Demócratas del Sahel (ADS), un movimiento que pretende defender las libertades públicas y trabajar por el retorno al orden constitucional en estos países gobernados por regímenes militares.

La región del Sahel atraviesa una grave crisis política, marcada por una sucesión de golpes de Estado entre 2020 y 2022 que llevaron al poder a juntas militares en Mali, Burkina Faso (en la imagen) y Níger.

Los tres países, que se enfrentan a la violencia de grupos yihadistas vinculados a Al Qaeda y al Estado Islámico, son acusados regularmente de restringir las libertades civiles y reprimir las voces disidentes en nombre de la lucha contra el yihadismo.

«La ADS nació del deseo de los demócratas malienses, burkineses y nigerinos de no aceptar el destino, de no permitir que nuestros países se derrumben», explicó a la AFP la Dra. Mayra Djibrine, presidenta del colectivo en el exilio en París.

Según la Sra. Djibrine, la ADS fue creada en Bruselas por unas cincuenta personas: miembros de la sociedad civil, figuras políticas y líderes de opinión que viven principalmente en Europa y África.

«No podemos permitir que personas que simplemente tienen armas se levanten un día y se apropien de la voluntad del pueblo, tomando como rehenes a países enteros», declaró la presidenta de la ADS.

El grupo afirma querer alentar a los socios de las juntas del Sahel a ejercer presión para lograr la organización de elecciones por parte de las autoridades militares, el respeto de los derechos humanos y la liberación de los presos políticos en los tres países.

El movimiento, que lanzó oficialmente sus actividades el 9 de mayo en Bruselas, también tiene la intención de iniciar una campaña de captación de miembros.

La visita de EE.UU a El Guerguerat cuestiona la neutralidad de Washington en las negociaciones sobre el Sáhara Occidental

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El Guerguerat: un nuevo gesto de EE. UU. hacia Marruecos que reabre el debate sobre el fracaso de la mediación

El Aaiún ocupado (ECS) —, La presencia de una delegación de la misión diplomática de EEUU en Marruecos en la brecha ilegal de El Guerguerat, al sur del Sáhara Occidental ocupado, es interpretada como una legitimación de la ocupación, mientras aumenta la presión sobre Estados Unidos por su papel en las negociaciones entre Marruecos y el Frente Polisario.

La visita, por primera vez, de una delegación de la misión estadounidense en Marruecos a la brech ilegal de El Guerguerat, entre el Sáhara Occidental ocupado y Mauritania, ha generado críticas entre quienes consideran que este tipo de movimientos consolidan la ocupación marroquí en el Sáhara Occidental antes de una solución política definitiva.

Según la comunicación difundida por la representación diplomática estadounidense, el desplazamiento tenía como objetivo reforzar la cooperación en materia de seguridad fronteriza, lucha contra el tráfico de personas y drogas, así como mejorar la coordinación entre instituciones. Sin embargo, para el Frente Polisario, la elección del lugar de la visita tiene una fuerte carga política, al tratarse de una zona situada en el territorio del Sáhara Occidental, cuya soberanía sigue siendo objeto de una descolonización inconclusa.

La iniciativa vuelve a poner en el centro del debate el papel de la administración Trump en el proceso de negociación entre Marruecos y el Frente Polisario. Washington ha intentado posicionarse como un actor capaz de facilitar una salida diplomática al conflicto, pero sus movimientos recientes son interpretados como una muestra del fracaso de una mediación que no ha conseguido acercar las posiciones de las partes.

Desde los saharauis, cualquier cooperación internacional que se desarrolle sin abordar previamente la cuestión de la autodeterminación supone un desequilibrio en el proceso político y un alejamiento de las resoluciones internacionales que reclaman una solución negociada.

La visita a El Guerguerat refleja así una contradicción en la política estadounidense: mientras defiende la necesidad de una solución diplomática, sus actuaciones sobre el terreno son vistas por una parte del conflicto como un respaldo a la posición marroquí. Para los saharauis, este episodio confirma las dificultades de Washington para ejercer una mediación percibida como neutral entre Marruecos y el Frente Polisario.

A décadas del inicio del conflicto, el Sáhara Occidental continúa siendo una de las principales disputas pendientes de resolución, y cada gesto diplomático o institucional en la zona vuelve a convertirse en un elemento de tensión entre las partes.

Massad Boulos, próximo embajador de EE.UU. en Emiratos: una designación que refleja el fracaso en encontrar una solución al Sáhara Occidental

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Madrid (ECS),— Según la prensa estadounidense, Masad Boulos, asesor del presidente estadounidense Donald Trump para Oriente Medio y África, además de suegro del mandatario, estaría cerca de asumir el cargo de embajador de Estados Unidos en Emiratos Árabes Unidos.

La posible designación llega en un momento significativo que, según diversas lecturas, pone de relieve la falta de avances concretos de Boulos en el conflicto del Sáhara Occidental, una cuestión compleja que formó parte de los asuntos regionales bajo su supervisión, junto con las crisis de Libia y Sudán, sin que hasta el momento se hayan registrado resultados relevantes sobre el terreno.

Los últimos movimientos de Boulos, interesado en consolidar su perfil diplomático y superar la imagen asociada a su trayectoria como empresario tras largos años dedicado al sector de la maquinaria y los camiones en Nigeria, reflejan amplias ambiciones políticas que se han enfrentado a las realidades de la diplomacia internacional. Inicialmente aspiraba a dirigir la misión diplomática estadounidense en Arabia Saudí, pero el rechazo de esa opción habría llevado a reorientar sus expectativas hacia la embajada de Estados Unidos en Abu Dabi.

Aunque ambos puestos se encuentran actualmente vacantes, analistas consideran que la embajada en Riad posee una mayor sensibilidad y peso estratégico que la representación diplomática en Abu Dabi. En este sentido, el giro hacia la opción emiratí es interpretado por algunos observadores como una señal del retroceso de sus aspiraciones diplomáticas tras la falta de avances en la gestión de expedientes regionales complejos, especialmente el del Sáhara Occidental.

En este contexto, algunos analistas sostienen que la imagen política de Boulos en Washington continúa vinculada principalmente a su condición de padre del esposo de Tiffany Trump, más que a una trayectoria propia en la gestión de crisis internacionales.

Las interpretaciones predominantes apuntan a que, si finalmente se confirma oficialmente su nombramiento en Emiratos Árabes Unidos, su llegada al cargo estará basada en gran medida en sus estrechos vínculos familiares con el presidente Donald Trump y en su influencia dentro del círculo cercano de la Casa Blanca, más que en logros diplomáticos comprobados o éxitos previos en la negociación de acuerdos regionales.

¿En qué consiste la «ofensiva diplomática» de Marruecos en América Latina contra el Frente POLISARIO?

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Marruecos intensifica su ofensiva diplomática en América Latina frente a un Frente Polisario abocado en el fracaso estratégico

Madrid (ECS).- La diplomacia marroquí ha intensificado sus esfuerzos para penetrar en los tradicionales espacios de influencia del Frente Polisario en América Latina, una región donde la República Saharaui mantiene una red consolidada de apoyos políticos históricos. Esta estrategia se basa en la activación de la «diplomacia del cheque», el aprovechamiento de vínculos entre partidos de izquierda marroquíes y sus homólogos latinoamericanos, así como en la firma de acuerdos de cooperación económica y de seguridad. Israel desempeña un papel clave en esta operación.

La cuestión central es si esta estrategia permitirá a Rabat erosionar el apoyo histórico de la región al derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación. En los últimos años, Marruecos ha otorgado una importancia creciente a sus relaciones geopolíticas con América Latina, especialmente en lo relativo a las posiciones de estos países respecto al Sáhara Occidental, territorio considerado por Naciones Unidas como un caso de descolonización pendiente.

En este escenario, la diplomacia marroquí libra una intensa batalla política y mediática contra el Frente Polisario, que defiende el derecho del pueblo saharaui a la independencia y cuenta con apoyos significativos en la región.

Las relaciones entre Marruecos y los países latinoamericanos fluctúan en función de sus orientaciones políticas internas. Los gobiernos de derecha tienden a alinearse con la posición marroquí sobre la denominada “integridad territorial”, mientras que los gobiernos de izquierda mantienen una postura más cercana al principio de autodeterminación de los pueblos.

Estrategia de penetración diplomática

La diplomacia marroquí ha desarrollado una estrategia activa para reforzar su presencia en lo que tradicionalmente ha sido un espacio de apoyo al Frente Polisario en América Latina.

Esta estrategia combina diplomacia estatal, acuerdos bilaterales de cooperación y la movilización de redes políticas y económicas. Rabat ha apostado además por acuerdos en materia de seguridad, economía y comercio para fortalecer su influencia en ese continente.

Recientemente, Marruecos firmó con Brasil un acuerdo de cooperación centrado en la lucha contra el narcotráfico, el terrorismo, la trata de personas, el blanqueo de capitales, la delincuencia organizada y la ciberdelincuencia. Asimismo, Rabat ha reforzado sus vínculos con Argentina y Uruguay mediante visitas parlamentarias y el fortalecimiento del diálogo institucional.

El pasado mes de enero, Rabat se habría involucrado, a través de Israel, en una operación impulsada por Argentina y Tel Aviv con el objetivo de influir en la evolución política de varios países latinoamericanos, entre ellos Cuba, Venezuela, Colombia, Nicaragua y Bolivia. Según fuentes exclusivas, esta iniciativa tendría como finalidad favorecer la llegada al poder de gobiernos afines a los intereses de sus promotores y reforzar alianzas estratégicas en la región.

De acuerdo con estas informaciones, el plan estaría vinculado a los denominados «Acuerdos de Isaac», un marco de cooperación política y estratégica cuyo alcance y contenido no han sido plenamente esclarecidos ni confirmados. Sus defensores sostienen que dichos acuerdos buscan fortalecer la cooperación internacional entre determinados gobiernos, mientras que sus críticos los interpretan como un instrumento de influencia geopolítica en América Latina.

En este contexto, Israel y varios países de América Latina avanzan en la implementación de estos acuerdos, una iniciativa promovida por el presidente de Argentina, Javier Milei que busca fortalecer la cooperación en tecnología, innovación, seguridad y desarrollo.

El papel del Frente Polisario en la región

La presencia del Frente Polisario en América Latina se ha visto históricamente reforzada por vínculos ideológicos con partidos de izquierda y movimientos antiimperialistas. Según este análisis, el caso de Chile marcó un punto de inflexión al retirar su reconocimiento a la República Árabe Saharaui Democrática, lo que abrió la puerta a un cambio progresivo de posiciones en la región.

Sin embargo, desde la perspectiva del derecho internacional y de los principios de descolonización, el Frente Polisario se limita y reitera que estos cambios no alteran la naturaleza jurídica del conflicto, reconocido por Naciones Unidas como un proceso de autodeterminación aún no concluido.