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Nacionalidad saharaui: las claves del texto que llegará al Pleno del Congreso

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Por Carlos C. García / NO TE OLVIDES DEL SÁHARA OCCIDENTAL

Madrid (ECS).- La proposición de ley sobre la nacionalidad española para los saharauis afrontará después del verano una de sus fases decisivas. El Dictamen aprobado por la Comisión de Justicia, publicado oficialmente el 7 de agosto, será la base sobre la que deberá pronunciarse el Pleno del Congreso.

El texto establece una vía extraordinaria para conceder la nacionalidad española por carta de naturaleza a los saharauis nacidos en el Sáhara Occidental antes del 29 de septiembre de 1977, incluso aunque no residan legalmente en España. Para acreditar esa condición podrán utilizarse documentos como el antiguo DNI español, certificados de nacimiento, libros de familia, documentación de la Administración española y, valorados conjuntamente, certificados escolares, pensiones, permisos de conducir o documentación médica.



La propuesta contempla también a los descendientes en primer grado. Los hijos de quienes obtengan la nacionalidad mediante esta vía dispondrían de cinco años desde la inscripción de la nacionalidad de cualquiera de sus progenitores para ejercer su derecho de opción. Las solicitudes podrían presentarse durante tres años desde la entrada en vigor de la ley, ampliables durante un año más.

La propuesta contempla también a los descendientes en primer grado. Los hijos de quienes obtengan la nacionalidad mediante esta vía dispondrían de cinco años desde la inscripción de la nacionalidad.

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El dictamen introduce además una modificación permanente del Código Civil: los saharauis podrían solicitar la nacionalidad española después de dos años de residencia legal en España. Esta vía es diferente de la carta de naturaleza, que permitiría acceder a la nacionalidad sin residencia previa a quienes reúnan las condiciones históricas establecidas por la proposición.

Pero el texto todavía no es una ley. El Partido Popular mantiene para el debate en el Pleno varias enmiendas que pretenden, entre otros cambios, eliminar precisamente la carta de naturaleza y centrar la iniciativa en la reducción a dos años del periodo de residencia. Por eso la votación que tendrá lugar tras la apertura del nuevo periodo de sesiones será determinante para conocer el alcance final de la norma.

NO TE OLVIDES DEL SÁHARA OCCIDENTAL ha analizado el dictamen completo, los documentos admitidos, los plazos, la situación de los descendientes y las enmiendas que todavía pueden modificarlo en el Pleno.

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Nuevos testimonios arrojan luz sobre el asesinato de Basiri durante la etapa colonial española

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Por Carlos C. García / NO TE OLVIDES DEL SÁHARA OCCIDENTAL

Madrid (ECS).- Una nueva investigación sobre la desaparición de Mohamed Sidi Brahim Basiri, una de las figuras fundamentales del nacionalismo saharaui, aporta nuevos elementos sobre lo ocurrido después de su detención por las autoridades españolas tras la represión del Grito de Zemla, el 17 de junio de 1970.

El trabajo, recogido por la revista Historia y Vida y basado en la investigación de la historiadora Gemma Esteban Dorronzoro, incorpora testimonios que permiten reconstruir con mayor precisión las últimas horas conocidas de Basiri bajo custodia española. Detenido después de la protesta de Zemla, nunca volvió a aparecer y su cuerpo tampoco ha sido localizado.



Los nuevos testimonios refuerzan la tesis de que Basiri permaneció bajo control de las autoridades coloniales españolas después de su detención y aportan nuevos elementos sobre su posible asesinato y posterior desaparición. La investigación vuelve así sobre una cuestión que durante décadas ha permanecido rodeada de silencios, versiones contradictorias y ausencia de una explicación oficial convincente.

Más de medio siglo después, su desaparición continúa siendo una de las grandes deudas pendientes de España con el pueblo saharaui. El caso no puede separarse de la represión ejercida por la administración colonial española contra quienes comenzaban a reclamar el derecho del Sáhara Occidental a decidir su futuro.

El portal por saharaui NO TE OLVIDES DEL SÁHARA OCCIDENTAL ha analizado la nueva investigación, sus testimonios y lo que aporta al conocimiento de uno de los episodios más oscuros de la historia colonial española en el territorio.


Leer el artículo completo en NO TE OLVIDES DEL SÁHARA OCCIDENTAL.


El exdirector del CNI reclama control de las fronteras y una respuesta firme ante Marruecos

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Dezcallar ha considerado que, más allá de la polémica entre los ministros de Defensa e Interior sobre la información que recibió el Gobierno, «lo importante son dos cosas: asegurar el control de las fronteras de Ceuta y devolver la normalidad a la ciudad».

ECSaharaui | Rtve

Madrid (ECS).— El exdirector del CNI y exembajador en Marruecos, Jorge Dezcallar, ha advertido de que, si los servicios de inteligencia habían informado del riesgo y no se habían tomado medidas, «sería muy grave», pero también ha señalado que sería igualmente grave que esa información no hubiera llegado a los responsables.

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Jorge Dezcallar ha defendido que se convoque la Comisión de Secretos Oficiales para aclarar lo ocurrido y ha recordado que «que estas cosas te pasen una vez, bueno, pues puede suceder; que pasen dos no es admisible».

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Sobre Marruecos, Dezcallar ha sostenido que España tiene «muchísimas» bazas para defender sus intereses y ha cuestionado la política de “apaciguamiento permanente” con Rabat. Aunque ha defendido mantener una relación de respeto y cooperación con el país vecino, ha reclamado actuar «con firmeza cuando hace falta» y ha advertido de que Marruecos «no va a ceder nunca» en su reivindicación de Ceuta y Melilla.

También ha considerado que el rey Felipe VI debería haber acudido a Ceuta para trasladar el apoyo de España a sus ciudadanos, y ha criticado la gestión de la crisis, al entender que «se ha tardado 26 días en nombrar un mando único» y que Europa ha contemplado «con cierto asombro» la lentitud y el caos de la respuesta.

Jerez, base de retaguardia de un ensayo de un misil israelí-estadounidense en Marruecos

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Por @anaqtella

Madrid (ECS) — Un misil de crucero israelí se probó por primera vez en el sur de Marruecos entre el 3 y el 7 de agosto de 2026. Se llama Anthe, lo fabrica la empresa israelí-estadounidense Covenant Industries y está concebido para costar poco: munición de crucero barata, de la que se dispara en cantidad. La prueba se hizo en el Africa Multidomain Training and Experimentation Center (AMTEC), un campo cercano a Tan-Tan, y la adelantaron varios medios; el diario israelí Haaretz la publicó el 12 de agosto. Eso ya se sabía. Lo que no se sabía es cómo llegaron los misiles hasta allí y quién los manejó. Los aviones lo cuentan, aunque quisieran no contarlo.

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La tarde del 3 de agosto, dos reactores privados bajaban sobre Tan-Tan. Eran dos Hawker 800XP de Arrow Aviation, un operador israelí con base en Tel Aviv. No transportaban armas. Traían al personal técnico, la gente que iba a operar el ensayo.

Ninguno de los dos había volado directo desde Israel. Los reactores de este tipo dejan un plan de vuelo, y un plan de vuelo con Tel Aviv en el origen y Tan-Tan en el destino es exactamente lo que se quería evitar. Así que fragmentaron el trayecto. Uno hizo escala técnica en Cerdeña a la ida y en Malta a la vuelta. El otro paró también en Cerdeña de camino y, al regresar, en Malta y en la isla griega de Mykonos. Cada aterrizaje intermedio corta el rastro y reinicia el registro, de modo que en los papeles no queda una línea recta entre Israel y Marruecos, sino una sucesión de tramos sueltos. No es una técnica nueva. En los vuelos hacia Marruecos se venía usando desde antes de los Acuerdos de Abraham.

Los misiles viajaron aparte, en un avión mucho más grande y mucho menos discreto. Un Antonov An-12 de matrícula ucraniana, operado por Motor Sich Airlines. Su recorrido es el que más dice. Salió de Tel Aviv el 3 de agosto y se reseteó en Palermo. El 4 llegó a Tan-Tan y, ese mismo día, en lugar de quedarse, despegó de nuevo y puso rumbo al norte.



Cruzó el estrecho de Gibraltar, subió por la provincia de Cádiz y tomó tierra en el Aeropuerto de Jerez de la Frontera. Se quedó estacionado los días del ejercicio. El 8 de agosto volvió a Tan-Tan. Entre el 9 y el 11 regresó a Israel con escala en Italia.

El avión que aterrizó en suelo español no era israelí: era el carguero ucraniano. Su carga, los misiles Anthe, iba a Marruecos, no a Israel. El Gobierno de Pedro Sánchez consolidó por real decreto-ley el embargo de armas a Israel el 23 de septiembre de 2025, convalidado por el Congreso el 8 de octubre. La norma prohíbe tres cosas: exportar material de defensa con destino a Israel, importarlo con origen en Israel y permitir que material militar dirigido a Israel transite por territorio español. Un avión ucraniano que traslada armamento israelí hacia Marruecos no encaja en ninguno de los tres supuestos. El decreto no llega hasta aquí.

Lo que sí queda a la vista es otra cosa. La logística de un ensayo de misiles israelí en Marruecos se apoyó en un aeropuerto español, con los servicios de tierra atendiendo a la aeronave que servía a ese programa, en el mismo momento en que el Ejecutivo presenta su política hacia Israel como una ruptura. Pero el embargo, tal como está escrito, deja fuera el uso del territorio español como retaguardia de material israelí destinado a terceros países. Qué llevaba exactamente el Antonov cuando tocó la pista de Jerez es algo que la traza no dice.

Los dos Hawker que trajeron al personal tampoco son aviones cualquiera, ya que los dos arrastran un historial en operaciones sensibles israelíes.

Uno de ellos aterrizó en Lubiana en diciembre de 2025. Según la investigación de un medio esloveno, llegó el 22 de diciembre con al menos cuatro pasajeros, y las autoridades del país identificaron después a varios como operativos de Black Cube, la firma de inteligencia privada israelí fundada por exoficiales de los servicios de seguridad. Entre ellos, el consejero delegado, Dan Zorella, y el general retirado Giora Eiland, que dirigió el Consejo de Seguridad Nacional israelí. La inteligencia eslovena, la SOVA, situó al grupo dentro de una operación de recolección de información y grabaciones encubiertas, parte de una campaña de interferencia extranjera antes de las elecciones parlamentarias de marzo de 2026. Según esa misma fuente, representantes de Black Cube habían viajado al país al menos cuatro veces en los meses previos, y uno de los encuentros se produjo cerca de la sede del SDS, el partido de Janez Janša.

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El otro tiene su propio pasado. Según el medio sudanés Al-Nilin, el 2 de febrero de 2023 llevó una delegación de Tel Aviv a Jartum en plena negociación de los Acuerdos de Abraham. La traza de aquel día confirma la salida desde el espacio aéreo israelí. Al cruzar al espacio egipcio, cerca del estrecho de Tirán, el transpondedor se apagó. A partir de ahí, en los registros abiertos, el avión deja de existir.

Por lo que, las aeronaves que la inteligencia privada israelí ha empleado para operar en Europa, y que la diplomacia secreta usó para tender la normalización con Sudán, son las que dieron servicio a una prueba de armamento israelí en suelo marroquí. El lugar elegido para esa prueba, el AMTEC de Tan-Tan, está en el sur de Marruecos, al norte del Sáhara Occidental.


Marruecos admite la autenticidad de los datos de Jabaroot, pero niega que procedan de un ciberataque

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Rabat reconoce que la información difundida sobre unos 70.000 agentes y funcionarios de inteligencia es real, pero sostiene que fue extraída de bases de datos de compañías de seguros y organismos de cobertura sanitaria y social europeos

Madrid (ECS).— El aparato de seguridad marroquí ha reaccionado oficialmente a la filtración reivindicada por el grupo de hackers Jabaroot. En un comunicado publicado este miércoles, 27 de agosto de 2026, el núcleo formado por la Dirección General de la Seguridad Nacional (DGSN) y la Dirección General de Vigilancia del Territorio (DGST) niega de forma categórica que sus sistemas informáticos o sus bases de datos hayan sido pirateados.

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Sin embargo, el comunicado contiene un elemento especialmente relevante: Rabat no cuestiona la autenticidad de los datos difundidos por Jabaroot. La explicación ofrecida por las autoridades marroquíes se centra, por tanto, no en negar que la información sea real, sino en negar que haya sido obtenida mediante una intrusión en los sistemas de seguridad del Estado.

Jabaroot había difundido entre el 24 y el 25 de agosto información relativa a unos 70.000 agentes y espías. Entre los datos publicados figurarían nombres, números de identificación profesional, referencias de documentos de identidad, datos bancarios, fechas de nacimiento y de incorporación al servicio. El grupo de hackers presentó esta información como perteneciente a personas que están trabajando en distintos puntos de Europa para los servicios de inteligencia marroquíes.



La publicación estuvo acompañada de un ultimátum y de amenazas de nuevas revelaciones. Entre ellas, Jabaroot apuntó a posibles informaciones relacionadas con agentes que habrían participado en el episodio de la llegada de cerca de 72.000 marroquíes a Ceuta a finales de julio.

Marruecos dice que los datos son antiguos

La versión oficial marroquí introduce otro elemento significativo: los datos difundidos no serían recientes, un dato conocido por los expertos después de investigar a fondo el contenido archivo. 

Las comprobaciones realizadas por ECSaharaui ya apuntaban en esa dirección. Según este medio, buena parte de la información publicada corresponde a registros actuales y confirma que las personas identificadas están desplegadas por Europa, como sostiene Jabaroot.

El propio comunicado de la DGSN-DGST alega que se trata de datos antiguos, alejando así la hipótesis de que la filtración sea consecuencia de una reciente penetración de los sistemas informáticos de los servicios de seguridad marroquíes.

La cuestión que plantea ahora Rabat es, por tanto, distinta: si los datos son auténticos, pero no fueron sustraídos de los sistemas de la DGSN o la DGST, ¿de dónde proceden?

Rabat apunta a compañías de seguros y organismos de cobertura social

La respuesta ofrecida por las autoridades marroquíes apunta hacia terceros. Según el comunicado, la información personal difundida recientemente procedería de bases de datos y sistemas de información gestionados por compañías de seguros y organismos de cobertura sanitaria y social. Marruecos no identifica, sin embargo, a las entidades concretas a las que atribuye el almacenamiento de esos datos.



Esta explicación resulta particularmente relevante porque supone reconocer, de facto, que la información difundida por Jabaroot corresponde a datos personales reales de ciudadanos vinculados al aparato de seguridad marroquí.

Rabat sostiene así que no ha existido una intrusión en sus sistemas y desplaza el foco hacia las bases de datos de entidades externas. El comunicado no precisa si esas compañías u organismos se encuentran en Marruecos o en otros países europeos, ni explica cómo habría llegado Jabaroot a disponer de esa información. 

El aparato de seguridad marroquí también intenta, en vano, desacreditar parte del material que ha acompañado a la filtración. En particular, advierte sobre la circulación de fotografías que califica de «fabricadas» y que, según Rabat, estarían siendo presentadas engañosamente como imágenes de agentes pertenecientes a distintos servicios de seguridad.

Cinco «diplomáticos» de la embajada de Marruecos en Madrid aparecen en el archivo filtrado por los ‘hackers’ de Jabaroot

La respuesta oficial marroquí establece, por tanto, una distinción clara entre los datos personales y determinados materiales gráficos y documentales difundidos por Jabaroot. Mientras Rabat reconoce que los primeros son auténticos, rechaza que su origen esté en un hackeo de los sistemas de la DGSN-DGST y considera falsificados parte de los documentos y fotografías utilizados por el grupo para respaldar sus acusaciones. Jabaroot, por tanto, reaccionará.

La versión oficial no identifica, por ahora, a las entidades concretas que habrían conservado esa información ni explica cómo llegó posteriormente a manos de Jabaroot.

Once miembros de los Consulados marroquíes en España también aparecen en el listado de espías

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Los ‘hackers’ de Jabaroot señalan a once representantes consulares y apuntan a posibles vínculos con los servicios de inteligencia marroquíes

Madrid (ECS) — El listado de 70.381 marroquíes que, según Jabaroot, trabajarían para los servicios de espionaje del país magrebí continúa generando nuevos nombres. A los cinco integrantes de la Embajada marroquí en Madrid incluidos en el Excel difundido por el grupo de hackers Jabaroot —‘Poderío’, en árabe— se suman ahora otros once vicecónsules destinados en diferentes puntos de España. Según se ha podido comprobar de ese archivo, el cruce entre los nombres incluidos en el documento y la relación oficial del cuerpo consular acreditado en España sitúa a estos representantes en varios consulados.

¿Quién es Jabaroot? El perfil técnico del actor que ha puesto en jaque a la inteligencia marroquí

Marruecos dispone de una docena de consulados generales distribuidos por la península y los territorios insulares: Algeciras, Almería, Barcelona, Bilbao, Gerona, Las Palmas, Madrid, Murcia, Palma de Mallorca, Sevilla, Tarragona y Valencia.

De acuerdo con la información recogida en la filtración, las demarcaciones donde figuran más cónsules adjuntos relacionados con las agencias de inteligencia marroquíes son Algeciras, Barcelona, Las Palmas y Murcia, con dos nombres en cada caso.

En Algeciras aparece Ouassim Raissouni, número dos del consulado tras Abdellah Bidoud. Raissouni acaba de cumplir cinco años destinado en este enclave estratégico, especialmente relevante durante cada verano por la Operación Paso del Estrecho. Junto a él figura Younes Slimani, que ocupa el puesto de vicecónsul desde diciembre del año pasado.

Barcelona, Bilbao y Las Palmas, entre los consulados señalados

En Barcelona, el archivo de Jabaroot recoge los nombres de Mohamed Azel Arab Ben Said y Mourad Raoui. El primero habría sido reclutado en 2007, mientras que el segundo habría sido captado por los servicios de inteligencia del país vecino en 2013, siempre según se aprecia en el archivo de Jabaroot recibido por el diario The Objetcive.



El consulado marroquí en la Ciudad Condal está dirigido por Nezha Attahar y se encuentra entre las representaciones más activas en redes sociales. El pasado 1 de agosto celebró una recepción con motivo de su fiesta nacional, a la que acudió como principal invitado el alcalde de Barcelona, Jaume Collboni.

Por su parte, en Las Palmas de Gran Canaria figuran Mohammed Laangry y Hamid Laslaa. En Murcia, los nombres que aparecen vinculados en la filtración son Mohamed El Ghayam y Bouchaib Haddar.

A estos ocho representantes se añaden Sidi Abil El Amrani, destinado en Almería; Mohamed Lakbir, en Bilbao; y Adil Tahri, en Sevilla. En total, son once los cónsules adjuntos marroquíes citados en el documento difundido este martes a través de un canal de Telegram.

En Madrid, donde Marruecos dispone de una decena de vicecónsules, ninguno aparece incluido entre los 70.381 supuestos espías y confidentes a sueldo de Rabat. Hay que recordar que el archivo de Jabaroot no es reciente.

Cinco «diplomáticos» de la embajada de Marruecos en Madrid aparecen en el archivo filtrado por los ‘hackers’ de Jabaroot

Cinco nombres dentro de la Embajada marroquí en Madrid

La situación cambia en el organigrama de la Embajada marroquí en la capital española. Allí sí aparecen cinco nombres que, según el listado de Jabaroot, serían integrantes de los servicios secretos, lo que representaría el 15% del total de los acreditados.

Los empleados señalados son Adil El Alami, Khalid Lahsaini, Tarik Sabil, Thami Belcaid y Al Amir al Alam. Todos ellos cuentan con la protección y el estatus derivados de su condición de representantes diplomáticos.

Además, la filtración incorpora los nombres de Jamal Zerhouni y Khouzaim El Hassani. En la embajada aparecen, respectivamente, un Jamil Zerhouni que ocupa el puesto de consejero y un Houssam El Hassani como tercer secretario.

Adil El Alami es quien ocupa la posición más relevante dentro de este grupo en la representación diplomática marroquí. Formalmente ejerce como número tres, solo por detrás de la embajadora Karima Benyaich y del encargado de negocios o número dos, Khalid Atlassi.

Según los datos difundidos por Jabaroot, El Alami nació el 16 de diciembre de 1980 y se incorporó a los servicios secretos marroquíes en 2007. El documento sitúa estos hechos después de sus estudios en la Facultad de Sciences Politiques de París y coincidiendo con su traslado a México, donde habría preparado su doctorado en Economía Internacional en la Universidad Nacional Autónoma.

En el caso de Khalid Lahsaini, situado en el número cinco del escalafón de la Embajada marroquí en Madrid, la edad que le atribuye Jabaroot también coincide con la que aparenta en una intervención realizada en 2017 en el Foro Económico de Berlín. La filtración señala que nació el 4 de julio de 1984.



En aquel momento ejercía como ministro consejero, después de haber pasado por la Embajada marroquí en Suecia y por diferentes destinos anteriores en la región de Oriente Próximo.

Sabil, Belcaid y Al Amir al Alam: ingreso en 2007

Tarik Sabil, Thami Belcaid y Al Amir al Alam comparten, de acuerdo con la información filtrada, un mismo año de incorporación al servicio de inteligencia marroquí: 2007.

Sabil nació en diciembre de 1971 y figura como agregado de la embajada desde 2016. Esta trayectoria lo convierte en el segundo miembro con mayor antigüedad dentro de la legación diplomática, únicamente por detrás de Yassire Oukara, responsable de la consejería de Asuntos Económicos desde 2014.

Thami Belcaid, un viejo comisario conocido

Thami Belcaid ya era conocido por la Policía española. Su función oficial dentro de la embajada es la de agregado de Interior, debido a su condición de comisario.

El listado de Jabaroot no aporta su fecha de nacimiento, aunque lo identifica como un veterano integrante de la Dirección General de la Seguridad Nacional (DGSN), una de las dos ramas de la inteligencia marroquí.

Belcaid está acreditado ante las autoridades españolas desde septiembre de 2021. Sin embargo, ya había desempeñado anteriormente funciones como agregado durante el primer Gobierno de Mariano Rajoy.

En 2012, Thami Belcaid apareció en la delegación marroquí que visitó la Escuela de Policía de Ávila. Al Amin al Alam, último consejero en incorporarse a Madrid

El último de los nombres destacados es Al Amin al Alam. Según la información de Jabaroot, nació en 1977 y entró en los servicios de inteligencia marroquíes en 2007, cuando tenía 30 años. Asimismo, figura como el último de los consejeros en incorporarse a la Embajada de Marruecos en Madrid. Su llegada se habría producido concretamente el pasado 2 de febrero.

Según los datos difundidos por los hackers, Al Amin al Alam estaría desarrollando sus primeros trabajos de campo como agente secreto.

¿Quién es Jabaroot? El perfil técnico del actor que ha puesto en jaque a la inteligencia marroquí

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Las investigaciones de distintas compañías de ciberseguridad europeas apuntan a un operador con un profundo conocimiento de las estructuras de seguridad de Marruecos, actividad previa bajo otros alias y un posible acceso privilegiado a sistemas internos.

Por Lehbib Abdelhay


Madrid, 26 de agosto de 2026.— Detrás del hacker Jabaroot, cuyo significado en árabe hace referencia al poder o la autoridad, se encuentra uno de los actores más enigmáticos de la escena de ciberinteligencia vinculada a Marruecos. Su identidad no ha sido confirmada públicamente, pero el análisis de su actividad digital, sus anteriores operaciones y el tipo de información a la que había tenido acceso está permitiendo construir un perfil técnico cada vez más definido.

Cinco «diplomáticos» de la embajada de Marruecos en Madrid aparecen en el archivo filtrado por los ‘hackers’ de Jabaroot

Jabaroot no presenta, al menos por el momento, las características de un grupo de ciberdelincuencia convencional, según fuentes de ciberseguridad europeas. La naturaleza de los datos obtenidos, el conocimiento demostrado sobre organismos de seguridad marroquíes y la capacidad para acceder a documentación interna han llevado a diferentes investigadores a considerar la hipótesis de que detrás del alias pueda encontrarse un único operador con conocimiento previo de los sistemas y estructuras comprometidas.

Cabe recordar las principales incógnitas de la investigación, según Le Monde, es cómo Jabaroot había conseguido acceder a información perteneciente a organismos como la Dirección General de Supervisión del Territorio (DGST) y la Dirección General de Seguridad Nacional (DGSN).

El volumen y la naturaleza de los datos atribuidos al grupo de hackers sugieren un conocimiento que va más allá de la explotación puntual de una vulnerabilidad. Los investigadores analizan la posibilidad de que el operador dispusiera de conocimiento interno, credenciales privilegiadas o información previa sobre la arquitectura tecnológica y organizativa de los sistemas afectados.

En ciberinteligencia, este tipo de indicadores resulta especialmente relevante. La capacidad de identificar dónde se encuentra la información de mayor valor, cómo está estructurada y qué sistemas permiten acceder a ella puede reducir significativamente el tiempo necesario para realizar una intrusión y aumentar la capacidad de extracción sin generar alertas inmediatas.

De Jabaroot a 3N16M4

Una de las líneas de investigación más relevantes parte del análisis de la identidad digital utilizada por el actor.

La compañía francesa CybelAngel había identificado conexiones entre Jabaroot y otro identificador, 3N16M4, utilizado en diferentes entornos digitales y plataformas relacionadas con programación y ciberseguridad.

El análisis de estos perfiles permite estudiar la denominada digital footprint del operador: reutilización de nombres de usuario, patrones de actividad, plataformas utilizadas, cronología de publicaciones y posibles coincidencias entre diferentes identidades digitales.

3N16M4 había participado, además, en competiciones Capture The Flag (CTF), entornos utilizados habitualmente para poner a prueba conocimientos de seguridad informática mediante desafíos de explotación, criptografía, análisis de vulnerabilidades, ingeniería inversa y otras disciplinas técnicas.

La participación en este tipo de actividades no permite identificar por sí misma a una persona, pero puede proporcionar indicadores útiles para establecer un perfil de capacidades técnicas y patrones operativos.

Telegram cierra el canal de los hackers Jabaroot tras la identificación de 70.000 espías marroquíes

Según los servicios de inteligencia europeos, se trata de «lobo solitario»

Los análisis realizados por diferentes compañías de ciberseguridad europeas han convergido en una hipótesis especialmente relevante: Jabaroot no es una estructura organizada, sino un operador individual con un elevado grado de especialización, según información de Le Monde.

Esta posibilidad explicaría, según los investigadores, la utilización consistente de un alias, la continuidad de determinadas operaciones y el conocimiento específico demostrado sobre las estructuras de seguridad marroquíes.

La investigación de la española Navakintelligence ha señalado que el nivel de penetración atribuido al actor sería difícil de explicar únicamente mediante técnicas externas y oportunistas, planteando la posibilidad de que existiera algún tipo de acceso o conocimiento privilegiado anterior.

De confirmarse, este elemento modificaría sustancialmente la interpretación del caso: Jabaroot no habría tenido que descubrir desde cero la arquitectura de sus objetivos, sino que podría haber partido de un conocimiento adquirido previamente.

¿Un antiguo miembro de los servicios marroquíes?

Una de las hipótesis más llamativas apunta a que el operador podría haber tenido una relación profesional previa con los servicios de inteligencia de Marruecos.

Las investigaciones conocidas han planteado la posibilidad de que Jabaroot sea un especialista con formación en sistemas de información que posteriormente abandonó Marruecos y continuó desarrollando su actividad desde Europa.

Algunas pesquisas sitúan su actividad en Alemania y han identificado elementos que apuntarían hacia un perfil de origen norteafricano. Sin embargo, estos datos no constituyen por sí mismos una identificación definitiva.

La hipótesis del antiguo miembro de los servicios de inteligencia resulta especialmente relevante porque permitiría explicar una de las características más difíciles de reproducir mediante una intrusión convencional: el conocimiento contextual de los objetivos.

Conocer qué organismo controla una determinada información, qué unidades intervienen en una operación, cómo se relacionan las diferentes estructuras y dónde pueden encontrarse determinados documentos puede tener tanto valor como la propia capacidad técnica para acceder a los sistemas.

Grupo de hackers amenaza con publicar los archivos de Pegasus relacionados con Sánchez tras destapar los datos de 70.000 espías marroquíes

  • Jabaroot tampoco habría aparecido por primera vez con la actual exposición de información.

Jabaroot ha sido relacionado anteriormente con la extracción y publicación de datos pertenecientes a organismos marroquíes, incluidos registros vinculados a la seguridad social y documentación relacionada con personal del entorno de la Casa Real.

La sucesión de incidentes constituye uno de los elementos que los investigadores utilizan para analizar si existe una campaña continuada.

Desde una perspectiva de análisis de amenazas, la repetición de operaciones contra objetivos relacionados puede permitir identificar TTPs —tácticas, técnicas y procedimientos—, patrones de infraestructura, hábitos de publicación y posibles cambios en las capacidades del operador.

Una huella digital cuidadosamente gestionada

Otro elemento característico del caso es la utilización de diferentes identidades digitales.

La relación entre Jabaroot y 3N16M4, si finalmente se confirma, permitiría reconstruir una parte de la trayectoria digital del operador. El uso de alias independientes es habitual entre actores que intentan separar su actividad pública de sus operaciones, aunque la reutilización de identificadores, horarios, infraestructura o patrones lingüísticos puede terminar generando puntos de correlación.

La atribución moderna combina precisamente estos elementos con información técnica procedente de infraestructura, dominios, direcciones IP, registros públicos, repositorios de código, plataformas sociales y otras fuentes de inteligencia.

En este caso, los investigadores estarían intentando determinar si las diferentes identidades analizadas corresponden efectivamente a un mismo operador.

Un espía todavía sin nombre

A pesar de las investigaciones realizadas, Jabaroot continúa siendo un alias y no una identidad confirmada.

Las conexiones con 3N16M4, la posible ubicación en Alemania, el supuesto origen norteafricano y la hipótesis de una vinculación profesional anterior con los servicios marroquíes forman parte de un conjunto de indicios que indican de que se trata de un espía desertor.

Un mapa que no es inocente: Orange lleva a una autopista española la cartografía del “Gran Marruecos”

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La publicidad de la operadora, instalada en la AP-7, representa el Sáhara Occidental dentro de Marruecos y, según las denuncias difundidas, también integra Ceuta y Melilla. El episodio reabre el debate sobre la normalización de las reivindicaciones territoriales de Rabat y sobre la responsabilidad de las grandes empresas ante conflictos internacionales

Madrid (ECS) — Una valla publicitaria de Orange instalada en la AP-7, en dirección Elche-Valencia, ha provocado una fuerte controversia política y social al utilizar una representación cartográfica de Marruecos que incorpora el Sáhara Occidental y, según las denuncias difundidas en redes sociales, presenta también Ceuta y Melilla dentro del territorio marroquí. El anuncio promociona servicios de telefonía para quienes viajan a Marruecos y utiliza el lema “Explore Morocco with unlimited data, with Orange network”.

Lo que podría parecer a primera vista un simple recurso gráfico de una campaña comercial adquiere otra dimensión cuando se observa el contexto político en el que aparece. Los mapas no son neutrales cuando representan territorios sometidos a conflictos de soberanía, ocupación o descolonización. Una frontera que desaparece de una imagen publicitaria puede terminar funcionando como una forma de normalización de una determinada reivindicación territorial. Y en este caso la cuestión resulta especialmente sensible.

El Sáhara Occidental no es Marruecos

La controversia tiene como uno de sus principales elementos el tratamiento cartográfico del Sáhara Occidental como si formara parte integrante de Marruecos.

El representante del Frente POLISARIO en España, Abdulah Arabi, ha presentado una queja ante Orange y ha reclamado la retirada o sustitución del anuncio. Arabi sostiene que la representación del Sáhara Occidental como territorio marroquí contradice el Derecho Internacional y recuerda que el Tribunal de Justicia de la Unión Europea ha insistido en la separación jurídica entre Marruecos y el territorio saharaui.

No se trata, por tanto, de una discusión puramente estética sobre cómo dibujar un mapa.

El Sáhara Occidental continúa siendo un territorio pendiente de descolonización y su estatus no puede transformarse mediante una campaña publicitaria. Precisamente por ello, presentar el territorio como una prolongación cartográfica de Marruecos contribuye —consciente o inconscientemente— a trasladar al espacio cotidiano una narrativa política que es objeto de una disputa internacional.

Para el movimiento nacional saharaui, el problema es aún mayor: cada representación que borra la separación entre el Sáhara Occidental y Marruecos contribuye a invisibilizar al pueblo saharaui y su reivindicación del derecho a la autodeterminación.

Y aparece también Ceuta y Melilla dentro de Marruecos

La polémica adquiere una dimensión todavía más delicada cuando la representación utilizada incluye Ceuta y Melilla dentro de la silueta marroquí.

Ambas ciudades forman parte de España y de la Unión Europea. Marruecos, sin embargo, mantiene históricamente reivindicaciones sobre su soberanía.

Por eso, incorporar las dos ciudades a una representación gráfica del territorio marroquí no puede contemplarse de la misma manera que una simple simplificación cartográfica de un mapa turístico. En un contexto de tensiones políticas entre Madrid y Rabat, la imagen puede ser interpretada como la reproducción de una determinada concepción territorial: la del llamado “Gran Marruecos”.

La propia Orange mantiene establecimientos comerciales tanto en Ceuta como en Melilla, según consta en su buscador oficial de tiendas.

La contradicción resulta evidente: una empresa que comercializa sus servicios en ciudades españolas cuya soberanía es reivindicada por Marruecos aparece asociada, a través de una campaña publicitaria, a una representación cartográfica que suscita precisamente esa controversia.

¿Un simple error o algo más?

Aquí conviene distinguir entre hechos y especulaciones. No existe, por el momento, una explicación pública de Orange que permita determinar si el mapa fue escogido deliberadamente, si procede de una fuente cartográfica utilizada habitualmente para campañas dirigidas al mercado marroquí o si se trata de un error de diseño o supervisión.

Lo que sí está documentado es la existencia de la valla, las críticas que ha provocado y la reclamación formal presentada por la representación del Frente POLISARIO en España. Medios que han informado sobre el caso señalan que Orange no había ofrecido públicamente explicaciones sobre la polémica en el momento de sus publicaciones.

Precisamente por eso, la compañía debería explicar qué criterios cartográficos utilizó para elaborar el anuncio.

Porque una multinacional de telecomunicaciones no está obligada a tomar partido en un conflicto territorial. Pero sí tiene la responsabilidad de evitar que su publicidad convierta una reivindicación política en una imagen aparentemente objetiva.

La normalización silenciosa del “Gran Marruecos”

El episodio también plantea una cuestión más profunda: cómo determinadas reivindicaciones territoriales pueden acabar normalizándose mediante imágenes, mapas, productos culturales, publicidad o contenidos digitales.

El denominado proyecto del “Gran Marruecos” ha sido utilizado históricamente por sectores del nacionalismo marroquí para reivindicar territorios más allá de las actuales fronteras internacionales del país. En esa visión, el Sáhara Occidental aparece incorporado al territorio marroquí y las reivindicaciones sobre Ceuta y Melilla ocupan igualmente un lugar relevante.

Desde una perspectiva crítica con ese expansionismo, el problema no reside únicamente en una valla publicitaria concreta. El problema aparece cuando una reivindicación territorial controvertida deja de aparecer como reivindicación y comienza a representarse como una realidad geográfica indiscutible.

Ahí es donde un mapa puede dejar de ser simplemente un mapa. El Sáhara no puede desaparecer del mapa

Para el pueblo saharaui, la cuestión tiene una importancia que va mucho más allá de una disputa diplomática entre España y Marruecos.

Durante décadas, los saharauis han reclamado el reconocimiento de su derecho a decidir su futuro. La representación del Sáhara Occidental como parte de Marruecos elimina precisamente el elemento central de esa reivindicación: la existencia de un territorio y de un pueblo con una cuestión de autodeterminación todavía pendiente.

El Tribunal de Justicia de la Unión Europea volvió a subrayar en 2024 la necesidad de distinguir jurídicamente el territorio del Sáhara Occidental de Marruecos al pronunciarse sobre los acuerdos entre la UE y Rabat. El representante del POLISARIO ha utilizado precisamente esa jurisprudencia como argumento para reclamar a Orange la retirada del anuncio.

Por eso, desde una perspectiva favorable a los derechos del pueblo saharaui, el mensaje es claro: el Sáhara Occidental no puede ser borrado del mapa para facilitar una imagen comercial de Marruecos.

España tampoco puede mirar hacia otro lado

El caso interpela igualmente a España. El ejecutivo de Sánchez mantiene una relación estratégica con Marruecos en ámbitos como seguridad, comercio, inmigración y cooperación. Pero esa relación no debería traducirse en la aceptación silenciosa de representaciones territoriales que incorporen a España dentro de las fronteras que reivindica otro Estado.

La cuestión se vuelve todavía más delicada cuando las reivindicaciones sobre Ceuta y Melilla y la cuestión del Sáhara Occidental aparecen visualmente unidas en una misma representación cartográfica.

Una cosa es mantener relaciones diplomáticas con Rabat. Otra muy distinta es permitir que las reivindicaciones territoriales marroquíes se conviertan en una imagen cotidiana asumida como normal dentro del propio territorio español.

La pelota está en el tejado de Orange. La compañía telefónica debería explicar qué mapa ha utilizado, por qué lo ha utilizado y, si se ha producido un error, corregirlo públicamente.

El pueblo saharaui lleva décadas reclamando que su territorio y su derecho a decidir su futuro no sean borrados. En una época de guerra de narrativas, quizá una de las formas más elementales de solidaridad sea precisamente esa: no permitir que desaparezca del mapa.

Argelia y Malí: cuando la geografía vence a la ruptura

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Por Hussein Lensari

De una ruptura que duró 14 meses a una esperada visita histórica: ¿cómo han reconstruido ambos países sus puentes?

Madrid (ECS) — A lo largo de más de 1.300 kilómetros de frontera común, las relaciones entre Argelia y Malí han sido durante años un ejemplo de vecindad compleja, marcada por un legado histórico entrelazado y por intereses de seguridad que se cruzan. Sin embargo, lo ocurrido entre estos dos países vecinos durante los últimos dos años no fue simplemente una disputa pasajera dentro de una larga trayectoria de cooperación, sino un peligroso desplazamiento que amenazó con convertir a dos socios estratégicos en acérrimos adversarios.

El Sahel se ha convertido en “el epicentro del terrorismo global”. La amenaza es real

Hoy, la brújula de las relaciones vuelve a apuntar hacia su dirección natural, con la cautela propia de unas heridas que aún no han cicatrizado del todo y con la esperanza depositada en la esperada visita oficial del presidente de transición de Malí, Assimi Goïta, a Argelia.

La ruptura, que alcanzó su punto culminante en abril de 2025, no surgió de un momento aislado, sino que fue la culminación de una escalada que había comenzado meses antes.

La decisión de las autoridades malienses de poner fin al «Acuerdo de Paz y Reconciliación», surgido del proceso de Argel y firmado en la capital argelina en 2015, supuso un duro golpe para un proceso político que Argelia había patrocinado durante años. En los círculos diplomáticos argelinos se consideró un retroceso respecto de los compromisos asumidos por Bamako y un desperdicio de años de esfuerzos.

Pero la chispa que convirtió la disputa en una crisis abierta fue el incidente del derribo de un dron maliense que penetró en el espacio aéreo argelino en abril de 2025, seguido de medidas de escalada recíprocas, entre ellas la llamada a consultas de los embajadores y el cierre de los espacios aéreos por ambas partes. Las relaciones entre los dos países entraron así en uno de los períodos de mayor enfriamiento diplomático de la historia reciente de la región.

Lo llamativo de esta crisis es que no quedó confinada a los pasillos diplomáticos, sino que llegó a los foros internacionales y al discurso político público. Abdullah Maïga, entonces ministro del Interior y portavoz del Gobierno, fue uno de los principales responsables de las duras críticas dirigidas contra Argelia. Hoy, sin embargo, como primer ministro, es precisamente él quien lleva el mensaje de reconciliación al palacio presidencial de Argel.

Señales de distensión: ¿pragmatismo o necesidad?

El 10 de julio de 2026, Argelia y Malí anunciaron por separado el regreso de sus respectivos embajadores a sus puestos y la reapertura de sus espacios aéreos a los vuelos entre ambos países. En un comunicado, el Gobierno maliense señaló que la decisión se producía «en el marco de la reactivación de las relaciones de cooperación y amistad entre Malí y Argelia». Por su parte, el Ministerio de Asuntos Exteriores argelino confirmó que el presidente Abdelmadjid Tebboune había ordenado el regreso del embajador «con el fin de restablecer las relaciones argelino-malienses en su trayectoria histórica y natural».

Sin embargo, detrás de las fórmulas diplomáticas de cortesía había cálculos más profundos. Argelia, que mantuvo abierto el tono de su discurso político a cualquier interacción positiva con Bamako durante toda la crisis, no aprovechó la dramática situación de seguridad que atravesaba Malí. Esta postura transmitió a las autoridades de Mali un mensaje tranquilizador: Argelia no tenía intención alguna de desestabilizar el país y sus diferencias con Bamako no llegaban al punto de amenazar la seguridad de su vecino.

Por su parte, Malí era consciente de que prolongar el conflicto con un país clave como Argelia podía acelerar su deriva política y de seguridad. Las sacudidas que sufrió el país en materia de seguridad, tanto en la capital, Bamako, como en las regiones del norte —Azawad—, llevaron a las autoridades a revisar sus posiciones. Mantener el enfrentamiento con un vecino con el que comparte más de 1.300 kilómetros de frontera contradecía las inevitables realidades de la geopolítica.

En este contexto, resultó significativo que el presidente argelino Abdelmadjid Tebboune se esforzara en señalar que el presidente de transición, el general Assimi Goïta, no había pronunciado discursos ofensivos contra Argelia. Era una señal del deseo argelino de reconstruir la relación sobre la base del respeto mutuo y no de una lógica de subordinación.

Sáhara Occidental, Azawad y las transformaciones en el Sahel: Malí ante sus contradicciones regionales

La visita de Maïga: diplomacia de mensajes cruzados

En la mañana del 24 de agosto de 2026, el avión del primer ministro maliense, Abdullah Maïga, aterrizó en el aeropuerto internacional Houari Boumediene de Argel, al frente de una delegación de alto nivel integrada por el ministro de Asuntos Exteriores y el director de los servicios de inteligencia. Fue recibido por su homólogo argelino, Sifi Ghrieb, acompañado por el ministro de Estado y ministro de Asuntos Exteriores, Ahmed Attaf, y por el ministro de Energía, Mohamed Arkab, en una recepción que reflejaba la importancia de la visita y sus dimensiones estratégicas.

Pero la etapa más importante tuvo lugar en el Palacio Presidencial, donde el presidente Abdelmadjid Tebboune recibió al jefe del Gobierno maliense. Maïga llevaba consigo una carta del presidente de transición, Assimi Goïta, en la que expresaba su agradecimiento por la invitación que Tebboune le había extendido para realizar una visita oficial a Argelia, considerándola «una muestra de afecto y estima hacia su persona, así como hacia el hermano pueblo maliense».

En un desarrollo diplomático de gran importancia, Maïga anunció que Goïta «había expresado su aceptación de realizar una visita oficial a Argelia», cuyo calendario será fijado posteriormente a través de los canales diplomáticos habituales. Si finalmente se produce, esta visita supondrá la culminación del proceso de reconciliación y una confirmación de la voluntad de ambos países de construir relaciones sólidas al más alto nivel.

Las declaraciones de Maïga no fueron simples cortesías protocolarias, sino que contenían profundos mensajes políticos. Afirmó que «Argelia y Malí comparten, al mismo tiempo, la geografía», citando una declaración del presidente Tebboune según la cual «no podemos cambiar nuestra realidad geográfica ni marcharnos lejos». Estas palabras resumen la nueva filosofía de las relaciones entre ambos países: aceptar la geografía como una realidad inevitable de la que no se puede escapar y convertirla en una base para la cooperación en lugar de una fuente de tensión.

Maïga tampoco dudó en invocar la historia compartida, considerando que esta «constituye un patrimonio y un punto de partida para emprender el camino hacia la modernidad y el progreso».

Entre bastidores: los cálculos de ambas partes

Detrás de este aparente acercamiento se mueven cálculos complejos. Desde la perspectiva argelina, la apertura hacia Malí no era una opción táctica, sino estratégica. Argelia, que durante la crisis trabajó para reforzar sus relaciones con otros países vecinos —especialmente Níger, cuyo presidente, Abdourahamane Tchiani, visitó Argelia—, estaba enviando indirectamente a Bamako el mensaje de que sus opciones diplomáticas seguían abiertas y de que el aislamiento no beneficiaba a nadie.

Además, la recuperación de las relaciones con Malí encaja en el deseo de Argelia de reajustar su influencia en la región del Sahel, ante el temor de que el vacío diplomático facilite la expansión de otras potencias regionales o internacionales. En los últimos años, el Sahel se ha convertido en un escenario de creciente competencia regional e internacional, y Argelia, como potencia regional, no quiere permanecer ausente de un espacio que forma parte de su posición histórica y geográfica.

Desde la perspectiva maliense, el regreso a Argelia era una necesidad de seguridad y geográfica antes que una opción política. Malí, que afronta enormes desafíos de seguridad, no puede permitirse mantener la hostilidad con su vecino del norte, con el que comparte más de 1.300 kilómetros de frontera en una zona donde operan grupos armados. Asimismo, la continuidad de la ruptura significaba perder a un socio estratégico en ámbitos vitales, desde la energía y la seguridad hasta las infraestructuras.

Perspectivas para la próxima etapa

La esperada visita del presidente Assimi Goïta a Argelia representa una etapa política decisiva para consolidar la reconciliación al más alto nivel. Se espera que las conversaciones aborden cuestiones sensibles en materia de seguridad y economía, especialmente la reactivación de la cooperación en el sector de los hidrocarburos y la finalización del proyecto de la Carretera Transahariana, que atraviesa Malí.

Sin embargo, superar oficialmente la ruptura no significa necesariamente que hayan desaparecido todos los puntos de desacuerdo. Argelia aspira a recuperar su papel como mediador activo en la región de Azawad, en el norte de Malí, más de dos años después de la suspensión del Acuerdo de Paz de Argel. Esta aspiración podría chocar con unas posiciones malienses que siguen siendo cautelosas respecto a cualquier papel directo de Argelia en los asuntos internos del país.

Quizá la frase de Maïga durante su discurso en el Palacio de El Mouradia —«Quiero recordar la posición de Su Excelencia el presidente Abdelmadjid Tebboune, pues creo que volvió a confirmar que Argelia nunca intervendrá en los asuntos internos de nuestro país»— no fuera simplemente una aclaración diplomática, sino también un mensaje dirigido al interior de Malí, concretamente a quienes critican su cambio de discurso después de su anterior enfrentamiento con Argelia en Naciones Unidas.

Maïga, un político de discurso populista, quiso transmitir a sus seguidores que no había renunciado a los principios de soberanía nacional y que su acercamiento a Argelia no significaba aceptar ningún tipo de tutela, sino adoptar una posición táctica impuesta por la geografía y los intereses comunes.

Entre unos y otros, el expediente de la reconciliación en Malí y la mediación destinada a poner fin a los enfrentamientos entre el Gobierno de Bamako y los movimientos de Azawad sigue siendo probablemente el principal asunto que podría impedir el cierre definitivo de la página del conflicto entre Argelia y Malí.

Argelia, que patrocinó el acuerdo de 2015 durante años, considera que la solución sostenible pasa por recuperar el espíritu de aquel acuerdo y activar sus disposiciones, defendiendo que el diálogo y la paz son el único camino para poner fin a la crisis en el norte de Malí.

Por el contrario, el Gobierno maliense considera que la situación sobre el terreno ha cambiado radicalmente. Intenta resolver la cuestión mediante la vía militar y sostiene que cualquier nuevo acuerdo debe surgir desde el interior del país y estar exclusivamente bajo el patrocinio del Estado maliense, sin tutela exterior directa. Esta postura refleja una enorme sensibilidad ante cualquier papel argelino que pueda interpretarse como una injerencia en los asuntos internos.

No obstante, podrían aparecer señales de acercamiento mediante una fórmula de consenso que combine ambas posiciones: recuperar las disposiciones del Acuerdo de Argel como referencia fundamental, pero hacerlo mediante negociaciones internas malienses bajo la supervisión de Bamako y con asistencia argelina y africana en calidad de garantes.

Esta fórmula podría constituir un punto intermedio capaz de preservar el papel histórico de Argelia como mediador y, al mismo tiempo, responder a la exigencia de Bamako de mantener las riendas de sus asuntos internos. Esto podría allanar el camino hacia un acuerdo global que permita reconstruir la confianza entre ambas partes y convertir la reconciliación nacional en Malí en un puente para el acercamiento regional, en lugar de una fuente de enfrentamiento.

Por supuesto, esto también podría chocar con la voluntad del Frente de Liberación de Azawad, que responsabiliza al Gobierno de Goïta de lo sucedido tras su decisión de poner fin a los acuerdos y compromisos, así como de recurrir a una fuerza extranjera para imponer la situación mediante la guerra.

Aun así, lo conseguido hasta ahora constituye una transformación importante. Desde una ruptura que duró 14 meses, pasando por el regreso de los embajadores y la reapertura del espacio aéreo, hasta la visita del primer ministro y la esperada visita presidencial, parece que ambos países han elegido el camino del diálogo frente al de la escalada.

La lección de la geografía

Esta crisis deja varias lecciones. La primera es que la geografía es una realidad inevitable de la que no se puede escapar, como señaló sabiamente el presidente Tebboune. La segunda es que el diálogo, por larga que sea la ruptura, sigue siendo la opción más racional en las relaciones entre países vecinos. Y la tercera es que los intereses comunes, si ambas partes saben identificarlos adecuadamente, pueden transformarse de una fuente de competencia en una base para la cooperación.

Siguen abiertas las preguntas sobre la capacidad de ambas partes para superar las profundas raíces del conflicto, pese a los obstáculos. Pero lo que parece claro es que la geografía, la historia y los intereses compartidos constituyen factores de presión positiva que empujan hacia la consolidación de este proceso y hacia la recuperación de las relaciones bilaterales en su cauce natural. Porque, al fin y al cabo, Argelia y Malí no podían elegir a sus vecinos, pero sí pueden elegir cómo vivir juntos.

Bélgica bloquea el tránsito de armamento estadounidense destinado a Marruecos por el riesgo de implicación en un conflicto regional

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Madrid (ECS) — Las autoridades de Flandes han rechazado la autorización para el tránsito por territorio belga de un cargamento de material militar procedente de Estados Unidos y destinado a Marruecos, cuyo valor declarado asciende a más de 81 millones de euros.

La decisión, según la prensa belga, adquiere especial relevancia por el contexto de tensión que persiste en el Sáhara Occidental, territorio cuyo estatus continúa pendiente de una solución legítima bajo el marco de Naciones Unidas y donde el conflicto entre Marruecos y el Frente Polisario sigue condicionando la seguridad del noroeste de África.

Según la documentación oficial, el envío estaba compuesto por vehículos y componentes militares incluidos en las categorías de la Lista Militar Común de la Unión Europea. Las Reales Fuerzas Armadas Marroquíes figuraban como usuario final, mientras que Estados Unidos aparecía como país de origen del material bélico.

La Autoridad Flamenca de Control de Bienes Estratégicos consideró que el equipamiento podía ser empleado en un conflicto armado y calificó al usuario final como parte implicada en un conflicto armado regional. Sobre esa base, rechazó la autorización correspondiente al conjunto del cargamento.

Bélgica bloquea el tránsito de armamento estadounidense destinado a Marruecos por el riesgo de implicación en un conflicto regional

El Sáhara Occidental, en el centro de la cuestión

La decisión de Bélgica se produce en un escenario regional especialmente sensible. Marruecos ocupa la mayor parte del territorio del Sáhara Occidental y defiende su soberanía sobre él, mientras que el Frente Polisario reclama la autodeterminación del pueblo saharaui y cuenta con el respaldo de Argelia, la ONU y la Unión Africana.

La ocupación marroquí constituye uno de los principales focos de tensión del Magreb y ha contribuido a deteriorar profundamente las relaciones entre España, Marruecos y Argelia.

Una cuestión que también afecta a España. El conflicto mantiene asimismo una dimensión particular para España, antigua potencia administradora del Sáhara Occidental y país con estrechos vínculos históricos, sociales y económicos tanto con el Magreb como con la cuestión saharaui.

La posición española sobre el territorio ha experimentado cambios importantes en los últimos años, generando un intenso debate político interno y entre los actores regionales. Para la ONU y los tribunales europeos, la cuestión fundamental continúa siendo el derecho de los saharauis a decidir su futuro político.

Marruecos y sus tensiones regionales

El bloqueo del cargamento vuelve a poner de relieve las implicaciones internacionales de la política militar marroquí. El expansionismo marroquí, el conflicto del Sáhara Occidental y las diferentes disputas diplomáticas que afectan a sus relaciones con otros países europeos del entorno han convertido a Marruecos en uno de los principales actores de la competencia estratégica en el Magreb.

En este contexto, la decisión adoptada por las autoridades flamencas no constituye únicamente una cuestión administrativa relacionada con el tránsito de material militar. También refleja la preocupación existente en Europa por el posible impacto que determinados suministros de armamento pueden tener sobre la seguridad y la estabilidad regional.

La negativa belga, fundamentada en su legislación sobre comercio de armas y en las normas europeas aplicables a las transferencias de material militar, supone así un nuevo ejemplo de cómo el conflicto del Sáhara Occidental y la rivalidad magrebí pueden tener consecuencias que trascienden las fronteras del norte de África.