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21 julio 2026
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Recelo y cansancio frente al liderazgo del POLISARIO por comportamientos imprudentes y dañinos

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La mayoría de la sociedad saharaui —especialmente el sector juvenil— combina un sentimiento de apatía y cansancio profundo, sumado a una desconfianza plena hacia la dirigencia debido a comportamientos irresponsables atribuibles a casi todos los dirigentes del Frente POLISARIO.

Madrid (ECS).— Las causas y perspectivas fueron diversas, los intentos se han reiterado, y cada vez que las ilusiones se ven truncadas y las aspiraciones se desvanecen, surgen nuevas iniciativas que no hacen sino volver a fracasar por los mismos motivos: mala gestión, errores de apreciación, estrategias improvisadas y el deficiente proceder de determinados responsables oportunistas, que no dudan en instrumentalizar una lucha existencial para acaparar beneficios sin control alguno y sin escrúpulos éticos ni morales. Como resultado, obstruyen procesos y apuestan conscientemente por el fracaso.

Frente Polisario: Cuando la tradición se convierte en traición

Con el transcurso de los años, este proceder inadecuado en la cúpula del movimiento de liberación saharaui (Frente POLISARIO) ha debilitado notablemente la cohesión interna y es responsable directo del clima de abandono y desesperanza imperantes, vaciando de contenido político e ideológico a la parte más numerosa de la población: la juventud saharaui, otrora bien formada y motivada hacia la conclusión del conflicto al ser parte ineludible y necesaria de la solución.

Ciertamente, y sin lugar a dudas, debemos admitir con pesar que la mayoría de los jóvenes, especialmente las generaciones más recientes, se han construido internamente una imagen nítida nefasta de lo que es el liderazgo del Frente POLISARIO -conocido popularmente como »Al-quiada»-, conformada por algunas de las causas que nos han conducido a la situación actual. Entre las más destacadas figuran actitudes inmaduras y visiones reduccionistas practicadas por las autoridades, que generaron recelos entre los jóvenes a la hora de implicarse en los asuntos públicos, debilitando su sentimiento patriótico y empujándolos a centrarse exclusivamente en sí mismos olvidando el bienestar colectivo. Esto los llevó a buscar por todos los medios sus propios intereses y su sustento personal, abandonando así el rearme ideológico juvenil que caracterizó históricamente al movimiento de liberación saharaui.

Desde finales del siglo XX y comienzos del XXI, varias generaciones de saharauis —con contadas excepciones— fueron marginadas políticamente como consecuencia de esa reticencia inducida y del desinterés forzado por la vida pública, así como por su inclinación hacia la salvación individual. Como resultado de esta mezcla de indiferencia y agotamiento, se produjo una ruptura en la confianza hacia el liderazgo debido a las actuaciones irresponsables de unos y otros, contradiciendo la imagen ejemplar que deberían encarnar como referentes y modelos a seguir, propios de un cuadro político que carga con la enorme responsabilidad de liberar a su país, más aún en un momento tan decisivo como el actual marcado por una guerra sin avances, y un enemigo que hace su ocupación cada vez más irreversible.

Sin embargo, un breve balance histórico pone de manifiesto que esta desviación del ideal revolucionario, posiblemente espontánea e involuntaria, tuvo su punto de partida con el alto el fuego de 1991, que trajo consigo una confusión en las prioridades, intensas disputas internas y una alarmante falta de conciencia y comprensión de la realidad por parte de la ciudadanía, especialmente entre los militares que vivieron con pasmosidad la orden de alto el fuego. Su pasividad en los asuntos públicos, el abandono de sus deberes y la aceptación del hecho consumado, sumados a una mentalidad materialista y arcaica se intensificaron y solidificaron en las décadas pasadas ante la ausencia de un poder fiscalizador y su poca conciencia democrática.

Crisis y desgaste en el Frente POLISARIO: un nuevo congreso bajo escrutinio

El conflicto saharaui se mueve, pero no en la dirección correcta, por lo tanto, no puede esperarse un resultado distinto cuando una parte significativa del liderazgo de la vieja guardia se muestra obsesionada con el poder, incluso dispuesta a sacrificarlo todo por conservarlo, incluso algunos exhibiendo una indiferencia sorprendente ante la consecución de objetivos ya que ello significaría el fin del estancamiento del conflicto. A ello se suman excesos verbales de altos responsables que proporcionan munición mediática al adversario, campañas de descrédito injustificadas motivadas por un tribalismo ciego, así como la aparición de conflictos basados en acusaciones y condenas, en particular los intentos de desacreditar a líderes históricos que lucharon y se sacrificaron por la causa nacional, fruto de la incapacidad de separar ámbitos y de olvidar que todos trabajan por un objetivo común.

El vacío resultante de esta situación ha propiciado el surgimiento de una toma de conciencia juvenil mal orientada, como reflejan algunas manifestaciones recientes: el auge del egoísmo acompañado del intento de reducir responsabilidades y de hallar soluciones a los problemas del Estado saharaui priorizando demandas sociales inmediatas por encima del objetivo sagrado de la independencia. Esta concienciación distorsionada se alimenta de un individualismo extremo, ya que muchas de estas preocupaciones se perciben únicamente desde una óptica personal. Lamentablemente, la mayoría se movilizó con determinación en favor de sus propios intereses, relegando a un segundo plano la lucha de la que emanan todas las demás: la lucha por la soberanía y la independencia de la República Saharaui. Otros, en cambio, actuaron movidos por la ambición de alcanzar determinadas posiciones, aun a costa de perder toda dignidad y credibilidad. Es necesario reconocer que la imagen negativa proyectada por nuestros dirigentes ha calado en un sector juvenil que no duda en utilizar la lucha de su pueblo como trampolín profesional en un mundo donde todo se mercantiliza.

Más allá del papel que corresponde a los jóvenes, puede afirmarse que existe un consenso general —independientemente de las inclinaciones políticas y de las distintas visiones sobre la gestión del conflicto— en que, en un momento como el actual, la función primordial de todo nuestro pueblo debe ser evitar tropiezos y enfrentamientos internos que fracturen la unidad, tan necesaria en esta etapa. No obstante, también se teme que, si la situación continúa como se ha descrito —un escenario altamente probable—, el problema se extenderá y las diferencias se multiplicarán, generando el terreno propicio para la rebeldía y la desobediencia. Esto podría desviarnos del único camino capaz de resolver nuestros problemas: la lucha contra la ocupación marroquí, causa principal de nuestra dolorosa realidad como pueblo.

En el contexto político actual, que apunta a una conspiración para imponer la autonomía marroquí en nuestro territorio, no estamos en condiciones de permitir conflictos internos mientras libramos una guerra multidimensional contra nuestro enemigo común. La realidad exige con urgencia, tanto a los dirigentes como a la sociedad, unificar pensamiento y esfuerzos para hacer frente a los nuevos desafíos de una guerra asimétrica que se desarrolla en un mundo cambiante y que obliga a replantear diversos ámbitos de lucha, teniendo en cuenta la naturaleza de las amenazas emergentes en los campos político, mediático, de inteligencia y cibernético.

Esto no implica desmerecer al liderazgo. Los dirigentes de la primera generación, o generación fundadora, fueron quienes impulsaron y protegieron el surgimiento de la segunda y la tercera generación dentro de nuestro movimiento de liberación y de nuestra organización política. Por ello, pese a todo, siguen siendo relevantes y necesarios por su experiencia y su profundo conocimiento de las complejidades del conflicto y de las etapas superadas por nuestro pueblo. Esta cualidad debería motivarlos a liderar la fase actual, marcada por la proliferación de nuevas amenazas contra la causa nacional y por la ausencia de una orientación política clara, requerida por dos razones fundamentales: en primer lugar, porque esta tarea, que recae exclusivamente en ellos, constituye una de sus responsabilidades históricas esenciales; y en segundo lugar, porque la mayoría de los actuales dirigentes fueron producto del cumplimiento riguroso de esta misión. En consecuencia, todos los líderes deberían coincidir en la necesidad de dar paso a la juventud en esta delicada etapa de nuestra historia nacional, por su papel central en la unidad del pueblo y en la construcción del Estado.

Para estar a la altura del reto, se requieren mecanismos y marcos legales que garanticen la modernización y reforma del sistema político sobre la base de la cualificación, el desempeño demostrado y los objetivos alcanzados; así como el rearme ideológico de la juventud mediante programas de sensibilización y el fomento de su participación política efectiva, ya sea a través de cursos, seminarios o formación especializada en el marco de una rehabilitación política integral. Esto les permitirá comprender la realidad de los acontecimientos, mantenerse informados sobre el entorno y la actuación de sus responsables —incluidos los altos cargos— y establecer vínculos con otros jóvenes que posean las capacidades y habilidades necesarias para ejercer una influencia real al servicio de los intereses nacionales en los distintos ámbitos mencionados. No aprovechar la elevada formación de los jóvenes saharauis de la diáspora en múltiples disciplinas equivale a renunciar a la vanguardia juvenil, un error de proporciones históricas, al igual que ignorar a quienes se han beneficiado de becas y programas de intercambio internacional promovidos por el propio gobierno saharaui, contradiciendo la esencia misma de dichos acuerdos educativos.

La concienciación política debe construirse sobre el consenso y subrayar que no se limita a actividades culturales, protestas esporádicas o acciones solidarias y humanitarias. Debe trascender esas expresiones y traducirse en acciones verdaderamente decisivas, capaces de generar cambios políticos positivos.

Por tanto, si nuestras intenciones y nuestra voluntad de reformar, avanzar y emprender un nuevo rumbo son sinceras, debemos asumir colectivamente —líderes y ciudadanía— la necesidad de abordar la realidad con sabiduría, inteligencia y audacia, adoptando decisiones históricas y valientes acordes con la etapa del retorno a la guerra. Es imprescindible exigir ceses y destituciones de responsables en los distintos órganos del movimiento y del Estado saharaui, atendiendo a criterios de eficacia y eficiencia; tener el valor de asumir los errores cometidos, rendir cuentas y ofrecer disculpas a un pueblo digno y sufrido. Del mismo modo que la guerra brinda a la comunidad internacional la oportunidad de corregir sus errores pasados con el Sáhara Occidental, una parte significativa del liderazgo saharaui debe considerar retirarse antes de que sea demasiado tarde y la situación se vuelva en su contra, facilitando el ascenso de nuevos dirigentes capaces y racionales, que antepongan el interés nacional del pueblo saharaui a cualquier otra consideración, tal como establece la Constitución saharaui, y que sirvan de ejemplo a las nuevas generaciones y de orgullo para la sociedad en su conjunto. Todos los observadores del conflicto esperan con esperanza este relevo generacional, que genera grandes expectativas y responde a una de las demandas más reiteradas: la renovación de la imagen del Frente POLISARIO, profundamente arraigada en el imaginario colectivo.

Finalmente, es necesario subrayar que no existe una fórmula mágica ni un atajo para la liberación sin una voluntad sincera, firme y sostenida de los líderes y del pueblo en su conjunto, especialmente de las nuevas generaciones, para acortar el camino hacia la victoria. La voluntad, la perseverancia y la paciencia son factores capaces de alcanzar lo deseado. El problema no radica en lo que se ha logrado, sino en que seguimos avanzando sin rumbo, de manera errática, en un vacío estéril: la causa se mueve, pero no en la dirección adecuada. Transformar la situación comienza por transformar las mentes afectadas por el engaño sistemático, la vanidad, la ostentación y el sentimiento de superioridad basado en jerarquías o tribalismos. Cada uno de nosotros debe pensar y actuar como ciudadano de un país militarmente ocupado, y no como un mero espectador.

Marruecos se rearma en plena ofensiva en el Sáhara Occidental: ha aumentado un 12% sus importaciones de armas 

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Marruecos centra su estrategia militar en la superioridad aérea, los drones y el control marítimo mientras impulsa una industria de defensa propia

Madrid (ECS).— Marruecos ha intensificado durante la última década su proceso de rearme con un incremento del 12% en las importaciones de armamento respecto al periodo iniciado en 2016, según los últimos datos difundidos recientemente por SIPRI, organismo internacional de Estocolmo especializado en defensa y seguridad. El refuerzo de las capacidades militares del reino alauí responde a una estrategia de largo alcance que busca una posición regional en el norte de África y aumentar su capacidad de disuasión.

La política de defensa impulsada por Rabat se apoya en tres grandes ejes estratégicos: la superioridad aérea, el desarrollo de sistemas de drones y guerra electrónica, y el fortalecimiento de su presencia naval en el Atlántico y el Mediterráneo.

Fuentes especializadas señalan que Marruecos ha destinado una parte significativa de su presupuesto militar a la modernización de su fuerza aérea mediante la adquisición de cazas, sistemas de defensa antiaérea israelíes y nuevas capacidades de vigilancia y mando. En paralelo, el país ha apostado por la incorporación de drones de reconocimiento y combate, así como por tecnologías vinculadas a la ciberseguridad y la inteligencia militar.

El ámbito marítimo constituye otro de los pilares de la estrategia marroquí

Las autoridades marroquíes buscan reforzar la vigilancia costera y la protección de rutas comerciales y áreas estratégicas tanto en el Atlántico como en el Mediterráneo occidental. Para ello, Rabat ha acelerado la modernización de su marina y la adquisición de nuevos sistemas de patrulla y vigilancia.

En SIPRI interpretan este proceso como parte de una dinámica regional marcada por la competencia estratégica entre Marruecos y Argelia, dos países que mantienen tensiones políticas y diplomáticas desde hace décadas. El incremento del gasto militar en ambos Estados ha generado preocupación en algunos sectores internacionales ante el riesgo de una carrera armamentística en el Magreb.

Al mismo tiempo, Marruecos trata de reducir su dependencia exterior mediante el desarrollo de una industria nacional de defensa. En los últimos años, Rabat ha firmado acuerdos de cooperación tecnológica y militar con socios internacionales como Estados Unidos, Israel y Turquía, con el objetivo de impulsar capacidades de producción local y transferencia tecnológica. Argelia por su parte ya lleva años produciendo sus propias armas.

Expertos en seguridad consideran que esta evolución refleja una transformación más amplia del modelo de defensa marroquí, cada vez más orientado hacia tecnologías avanzadas, sistemas no tripulados y capacidades de respuesta rápida.

Aunque el régimen marroquí defiende estas inversiones como necesarias para garantizar la estabilidad y la seguridad nacional, el aumento del gasto militar continúa siendo objeto de debate en una región donde persisten importantes desafíos económicos y sociales.

Sáhara Occidental: la propuesta marroquí, la cascada de reconocimientos y la Resolución 2797

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Análisis | Crisis y conflictos | Edición Lehbib Abdelhay

Madrid (ECS).— Los conflictos territoriales rara vez persisten durante más de medio siglo sin razones estructurales más profundas que la mera soberanía. Cuando un conflicto sobrevive a administraciones coloniales, alianzas de la Guerra Fría y varias generaciones de marcos diplomáticos, suele significar que la geografía de los recursos subyacentes, el posicionamiento estratégico y la competencia entre grandes potencias son demasiado valiosos como para que alguna de las partes ceda. El Sáhara Occidental encaja perfectamente en esta descripción. Su longevidad no es una falta de imaginación, sino un reflejo de lo mucho que está en juego.

La visita de EE.UU a El Guerguerat cuestiona la neutralidad de Washington en las negociaciones sobre el Sáhara Occidental

La continúa presión estadounidense sobre el Frente POLISARIO, que se concretó recientemente en una reunión diplomática de alto nivel, constituye el último capítulo de un conflicto que lleva décadas transformando la geopolítica del norte de África. Sin embargo, para comprender por qué Washington ejerce presión ahora —y por qué la respuesta del POLISARIO es más matizada que antes— es necesario examinar la compleja red de intereses contrapuestos que subyace a la diplomacia.

El Conflicto del Sáhara Occidental; un poco de historia

El Sáhara Occidental ocupa aproximadamente 266.000 kilómetros cuadrados de territorio desértico bañado por el Atlántico, en el extremo noroccidental del continente africano. Según el derecho internacional, sigue clasificado como territorio no autónomo pendiente de descolonización, lo que significa que su estatus político definitivo nunca se ha resuelto formalmente. Marruecos ocupa aproximadamente el 80% del territorio, mientras que el Frente Polisario controla una estrecha franja al este del muro que divide el territorio, colindante con Argelia y Mauritania.

La República Árabe Saharaui Democrática (RASD), proclamada el 27 de febrero de 1976 como el gobierno legítimo del territorio, está reconocida actualmente por 46 Estados miembros de la ONU y es miembro de pleno derecho de la Unión Africana; sin embargo, sigue sin ser reconocida por Estados Unidos ni por la gran mayoría de los gobiernos occidentales. Esta paradoja de doble legitimidad es la razón principal por la que fracasan todos los marcos de solución propuestos: la autodeterminación y la integridad territorial son irreconciliables desde el punto de vista legal y político en este contexto.

La dimensión de los recursos naturales 

La importancia estratégica del Sáhara Occidental va mucho más allá del simbolismo. Diversos intereses superpuestos en materia de recursos hacen que el control del territorio sea una cuestión económica de gran trascendencia:

  • Reservas de fosfato: La mina Bou Craa, ubicada en el Sáhara Occidental, territorio controlado por Marruecos, es uno de los mayores yacimientos de fosfato del mundo. Los fosfatos son la materia prima fundamental para los fertilizantes nitrogenados, lo que significa que quien controle Bou Craa tendrá una influencia considerable sobre las cadenas de suministro de producción alimentaria a nivel mundial. Marruecos ya controla aproximadamente el 70 % de las reservas mundiales conocidas de fosfato, incluyendo el Sáhara Occidental en sus cálculos territoriales, una concentración sin parangón en ninguna otra categoría de minerales críticos. Esta dinámica refleja fielmente las tendencias generales de desarrollo de proyectos de fosfato que se siguen de cerca a nivel internacional.

  • Derechos de pesca: La costa atlántica alberga los caladeros más productivos del mundo. El acceso a estas aguas ha sido objeto de polémicos acuerdos entre la UE y Marruecos, que han enfrentado desafíos legales precisamente debido al estatus controvertido del territorio.

  • Potencial de hidrocarburos: Si bien no se ha producido ninguna extracción comercial importante, la exploración en alta mar ha identificado posibles depósitos de hidrocarburos a lo largo de la plataforma atlántica, lo que añade una dimensión energética a largo plazo a la disputa.

  • Posicionamiento marítimo: El frente atlántico del territorio proporciona una profundidad estratégica para cualquier potencia que busque proyectar influencia a través de las rutas comerciales transatlánticas y los accesos al Estrecho de Gibraltar.

El Sáhara Occidental se sitúa en la intersección de la seguridad alimentaria, la estrategia marítima atlántica y la concentración de minerales críticos. No se trata únicamente de una disputa colonial heredada que espera una resolución administrativa, sino de una competencia activa por la ventaja geopolítica en uno de los territorios fronterizos con mayor densidad de recursos del mundo. 

PSOE y Sumar desbloquean la ley para conceder la nacionalidad a saharauis nacidos en el Sáhara Occidental antes de 1976

El Plan de autonomía y la cascada de reconocimientos 

Marruecos formalizó su postura por primera vez en 2007 al proponer un plan de autonomía limitada bajo su propia soberanía como alternativa a la independencia total exigida por la RASD. Durante años, esta propuesta recibió un reconocimiento cortés, pero escaso respaldo activo por parte de las potencias occidentales. Esto cambió decisivamente en diciembre de 2020.

La decisión del gobierno de Trump de reconocer formalmente, en 2020, la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental representó una redefinición fundamental del panorama diplomático. Este reconocimiento no se produjo de forma aislada, sino que formó parte del marco de los Acuerdos de Abraham, en los que Marruecos acordó normalizar sus relaciones con Israel a cambio del reconocimiento estadounidense de su reivindicación territorial. Esta transacción sentó un precedente: el reconocimiento de la soberanía como moneda de cambio diplomática.

La cascada de acontecimientos que siguió transformó el mapa de alineación internacional:

País Posición sobre el Sáhara Occidental Año del cambio
Estados Unidos Reconocimiento formal de la soberanía marroquí 2020
Israel Normalización con Marruecos, alineación implícita 2020
España Respaldado el plan de autonomía como la base más seria y creíble. 2022
Francia El presidente Macron describió el plan de autonomía como la única base para un acuerdo. 2024
Rusia Señaló su apoyo condicional si resulta aceptable para todos los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU. 2025

La respuesta de Argelia al realineamiento de Francia y España fue inmediata y contundente. Argel retiró a su embajador de París y Madrid y suspendió la cooperación en la deportación de ciudadanos argelinos desde territorio francés, una medida bilateral crucial dada la magnitud de la comunidad argelina en Francia. Esta decisión evidenció hasta qué punto el respaldo francés afectó los cálculos estratégicos de Argelia.

Resolución 2797 del Consejo de Seguridad de la ONU

La Resolución 2797 se cita con frecuencia como el pilar de la actual iniciativa diplomática. Respalda una solución política negociada y toma como referencia la propuesta de autonomía de Marruecos como marco para el diálogo. Sin embargo, cabe destacar varias distinciones importantes:

  • La resolución no reconoce formalmente la soberanía marroquí sobre el territorio.

  • No anula el principio fundamental de autodeterminación de la ONU para los territorios no autónomos.

  • Esto confiere legitimidad institucional al enfoque de autonomía como marco inicial para las conversaciones.

  • La diferencia entre «hacer referencia» y «respaldar» una propuesta tiene un peso significativo en la interpretación diplomática.

Presión de Estados Unidos: La escalada diplomática de mayo y junio de 2026

A principios de junio, el enviado personal del secretario general de la ONU para el Sáhara Occidental, Staffan de Mistura, visitó los campamentos de refugiados y se reunió con las autoridades saharauis. En esta gira, el líder del Frente POLISARIO no se reunió con el emisario de la ONU, pero si se despidió de él. Dos días después, De Mistura voló hasta Oslo y se reunió con Massad Boulos, el africanista de Trump encargado de las negociaciones sobre el Sáhara Occidental. Tras esa reunión, Boulos elogió públicamente «la respuesta constructiva del Frente POLISARIO» y recordó, en la misma comunicación, que Trump quiere una solución rápida y definitiva.

En mayo de 2026, el asesor presidencial estadounidense para asuntos árabes y africanos, Massad Boulos, se reunió directamente con el embajador de Argelia en Washington, Sabri Boukadoum. El encuentro se presentó públicamente como un reconocimiento a la participación constructiva de Argelia en el proceso de la ONU, al tiempo que transmitía el claro mensaje de Washington de que había llegado el momento de una resolución definitiva, basada en el marco establecido por la Resolución 2797.

El lenguaje diplomático empleado —en concreto, elogiando la implicación de Argelia— constituye una técnica deliberada de diplomacia coercitiva. En lugar de ejercer presión pública que generaría costes políticos internos, Washington optó por un enfoque diseñado para ofrecer una vía de diálogo que permite salvar los intereses. Además, esta estrategia refleja la dinámica más amplia de la guerra comercial entre Estados Unidos y China, donde Washington busca cada vez más consolidar su influencia diplomática en múltiples escenarios simultáneamente.

El enfoque estadounidense ante el estancamiento del Sáhara Occidental se desarrolla en dos líneas paralelas:

Vía 1: Consolidación de la ocupación marroquí

  • Mantener el reconocimiento de soberanía de 2020 como política establecida de Estados Unidos.

  • Coordinar la alineación europea para crear un consenso multilateral.

  • Presentar el plan de autonomía de Marruecos como el único marco de solución prácticamente viable.

Vía 2: Atraer a Argelia hacia el proceso de negociación

  • Evitar la humillación pública que obligaría a Argel a adoptar una postura defensiva.

  • Presentar la participación argelina como coherente con los marcos de la ONU, en lugar de como una capitulación.

  • Explorar si un acercamiento más amplio entre Marruecos y Argelia podría estructurarse como un dividendo de estabilidad regional, dada la importancia de ambos países para la cooperación antiterrorista en el Sahel y la seguridad energética europea.

¿Por qué Argelia no puede cambiar su posición?

La resistencia de Argelia a cualquier marco que legitime la soberanía marroquí no es simplemente una muestra de obstinación diplomática, sino que está estructuralmente arraigada en su identidad política:

  • El movimiento de independencia argelino fue en sí mismo una prolongada lucha anticolonial, lo que convirtió la solidaridad con las causas de la autodeterminación en un compromiso ideológico fundamental.

  • El Frente Polisario se construyó en parte con apoyo material y político argelino, lo que significa que abandonar su causa requeriría reconocer un cambio fundamental en la política exterior.

  • Se estima que entre 100.000 y 170.000 refugiados saharauis viven en los campamentos de Tinduf, en el suroeste de Argelia, lo que crea un entramado humanitario y político interno que no puede resolverse únicamente mediante un reposicionamiento diplomático.

El escudo diplomático ruso se está fragmentando

Durante décadas, Argelia contó con el poder de veto ruso en el Consejo de Seguridad de la ONU como un respaldo fiable contra las resoluciones que pudieran legitimar la soberanía marroquí. Esa garantía estructural se ha debilitado considerablemente.

En una reunión informativa de 2025, el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, indicó que Moscú podría apoyar el plan de autonomía de Marruecos con la condición de que lograra el consenso de todos los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU. El planteamiento condicional es importante: Rusia no ha abandonado a Argelia, pero ha dado a entender que su apoyo es negociable, no incondicional.

Este cambio refleja casi con toda seguridad la reorientación geopolítica de Rusia tras su aislamiento internacional después de la invasión de Ucrania en 2022. Mantener relaciones a ambos lados de la división Marruecos-Argelia beneficia los intereses rusos en el norte de África en un momento en que Moscú dispone de recursos diplomáticos limitados para destinar a causas que ya no generan beneficios estratégicos.

Para Argelia, incluso una Rusia que adopta una postura cautelosa representa un socio fundamentalmente menos fiable que la protección diplomática automática de la que gozaba anteriormente. El respaldo multilateral que permitió a Argel resistir la presión occidental durante décadas ahora muestra fisuras visibles. En consecuencia, estos cambios en la geopolítica minera están influyendo cada vez más en cómo los territorios en disputa ricos en recursos atraen la atención mundial.

La escalada militar del Frente Polisario pretende, presumiblemente, demostrar que el conflicto no puede resolverse pacíficamente mediante la diplomacia alineada con Occidente. Sin embargo, en la práctica, cada ataque consolida la simpatía occidental hacia la postura de Marruecos y proporciona a los funcionarios europeos y estadounidenses una justificación adicional para presentar el plan de autonomía como un compromiso que preserva la estabilidad. La paradoja de la escalada es real: la acción militar del Polisario, destinada a forzar la situación, podría estar acelerando precisamente el consenso internacional que busca impedir.

Mapa de alineación tal como está actualmente:

Alimentación externa Alineamiento de Marruecos Alineamiento de Argelia
Estados Unidos Fuerte (reconocimiento de 2020) Compromiso diplomático únicamente
Francia Fuerte (respaldo de Macron para 2024) Actualmente tenso
España Cambio de moderado a fuerte (cambio de 2022) Neutral
Rusia Condicional/Cobertura Históricamente fuerte, ahora se está debilitando.
China Compromiso económico neutral Compromiso económico
Unión Africana Dividido Apoya la autodeterminación

Marruecos e Israel, la alianza «Okupa» que estrangula al Sáhara Occidental ocupado

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La derrota de la causa saharaui equivaldría a la legitimación de este nuevo orden colonial disfrazado de modernidad. Y su defensa, por el contrario, mantiene viva la posibilidad de un Magreb libre de injerencias, fiel a su historia de liberación y soberanía.

Por Victoria G. Corera

    Madrid (ECS).- El conflicto del Sáhara Occidental no puede entenderse hoy sin considerar el nuevo mapa de alianzas que está redibujando el equilibrio de fuerzas en el norte de África. Lo que antes parecía una disputa regional entre Rabat y el Frente Polisario bajo la supervisión pasiva de Naciones Unidas, se ha transformado en una pieza central de una estrategia geopolítica de mayor alcance, donde actores externos —en especial Israel— desempeñan un papel clave. La causa saharaui ya no es solo una cuestión de descolonización; es un campo de prueba de un nuevo modelo de ocupación sofisticada, que combina diplomacia, tecnología, economía y guerra híbrida.

    Las similitudes con otros escenarios de ocupación no son casuales. Basta con observar lo que ocurre en Gaza y en el Sáhara Occidental para entender que se trata de una misma lógica aplicada en contextos diferentes: la ocupación prolongada, la negación de los derechos nacionales y el intento sistemático de borrar la memoria de un pueblo. En Gaza, Israel destruyó barrios enteros y corta el acceso al agua; en el Sáhara Occidental, Marruecos levanta proyectos turísticos y vende recursos saharauis al extranjero. En ambos casos, el objetivo último es impedir el retorno, disolver la identidad nacional y transformar la ocupación en normalidad aceptada.

«Olvidar al Sáhara Occidental sería derribar la primera ficha de dominó de un proceso que podría extenderse más allá de sus fronteras, arrastrando con él la esencia misma del derecho de los pueblos a decidir su futuro»

    El paralelismo va más allá de la táctica: también alcanza la estrategia. Marruecos persigue un viejo sueño imperial —el del Gran Marruecos, que incluiría no solo el Sáhara Occidental sino territorios argelinos y mauritanos— que recuerda inevitablemente a las fantasías del «Gran Israel» bíblico. Y esta aspiración ya no es una mera ambición solitaria: Rabat cuenta con el respaldo explícito de Israel, con quien ha sellado una alianza abierta que transforma a Marruecos en el relevo israelí y occidental en el Magreb. La monarquía marroquí ya no es simplemente una potencia regional: se ha integrado en una coalición colonial que redefine los equilibrios de África del Norte.

    Esta alianza va mucho más allá de acuerdos diplomáticos superficiales. Israel se ha convertido en el principal proveedor de tecnología militar avanzada para Marruecos, incluyendo drones de ataque, sistemas de vigilancia, inteligencia artificial aplicada al control poblacional y ciberespionaje a través del software Pegasus. La firma de cooperación en defensa entre Rabat y Tel Aviv en 2021 marcó un punto de inflexión: por primera vez un país árabe aceptaba públicamente una integración militar tan profunda con Israel, rompiendo todos los tabúes regionales.

   Pero no es solo cuestión de armas: Israel también participa en megaproyectos de infraestructuras, agricultura en zonas ocupadas, seguridad cibernética para la represión interna y el control de las poblaciones saharauis. Las empresas israelíes comienzan a invertir en el desarrollo de las zonas costeras saharauis con la vista puesta en la explotación de fosfatos, pesca y energía solar, intentando convertir la ocupación en un negocio rentable para las potencias extranjeras. Así, como en Palestina, el territorio ocupado se transforma en laboratorio de nuevas formas de colonialismo económico y tecnológico.

   El Sáhara Occidental es, en este esquema, un paso intermedio, no un fin. Un trampolín para una estrategia de reposicionamiento geopolítico que tiene como objetivo final a Argelia, país que encarna una visión opuesta: la de la soberanía nacional, la resistencia al neocolonialismo y la defensa del derecho de los pueblos a decidir su destino. Lo que se juega en el Sáhara no es solo la suerte del pueblo saharaui, sino la continuidad o el fin del orden poscolonial africano. Como advirtió John Bolton, una renuncia en esta cuestión abriría la puerta al derrumbe de todo el principio de autodeterminación que sustenta el derecho internacional en África.

   La comunidad internacional, en su mayor parte, prefiere ignorar estas conexiones. Pero Argelia, que ha sido históricamente un faro de la lucha anticolonial, no puede permitirse este lujo. El conflicto saharaui afecta de manera directa a su seguridad, su frontera y su visión de un Magreb soberano. La absorción del Sáhara Occidental y el sometimiento de Gaza son eslabones de una misma cadena: la de un nuevo colonialismo tecnológico, económico y militar que amenaza con redefinir la región.

   Por ello, la cuestión del Sáhara Occidental ya no puede ser abordada únicamente como un tema de descolonización pendiente. Es un frente de resistencia ideológica. La derrota de la causa saharaui equivaldría a la legitimación de este nuevo orden colonial disfrazado de modernidad. Y su defensa, por el contrario, mantiene viva la posibilidad de un Magreb libre de injerencias, fiel a su historia de liberación y soberanía.

   De Gaza al Sáhara Occidental se dibuja un mismo proyecto de ocupación y expansión que desafía abiertamente el derecho internacional y los principios universales de autodeterminación. Olvidar una de estas luchas es debilitar la otra; defenderlas juntas es la única manera de frenar este nuevo colonialismo disfrazado de modernidad.

 


NOTA: Este artículo se publicó originalmente en la plataforma «No Te Olvides del Sáhara Occidental (de la sociedad civil española). Se ha convertido en magazine visible de noticias del Sáhara Occidental.

PSOE y Sumar desbloquean la ley para conceder la nacionalidad a saharauis nacidos en el Sáhara Occidental antes de 1976

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🔴 ÚLTIMA HORA | PSOE y Sumar desbloquean la ley de nacionalidad saharaui a los nacidos antes de 1976

Madrid (ECS).- El PSOE y Sumar han desbloqueado en el Congreso la tramitación de la proposición de ley que plantea conceder la nacionalidad española a las personas nacidas en el Sáhara Occidental antes de 1976, cuando el territorio dejó de estar bajo administración española.

La ponencia de la Comisión de Justicia ha sido convocada para el próximo martes a las 16:00 horas, con lo que la iniciativa entra en su fase final antes de su posible debate y votación en el Pleno, que podría celebrarse el 23 de julio, aunque esta fecha aún no está confirmada.

La propuesta, registrada por Sumar en 2024, había permanecido bloqueada tras el rechazo inicial del PSOE a su admisión a trámite. Según fuentes parlamentarias, las negociaciones entre ambos grupos han permitido desbloquear la iniciativa.

El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, expresó esta semana su apoyo a la medida y aseguró que no existe ningún bloqueo por parte del Gobierno para su aprobación. 

Mientras tanto, representantes de Sumar, según informó el diario Público, habían criticado en las últimas semanas la paralización del proyecto y la habían vinculado a las relaciones de España con Marruecos.

El Frente POLISARIO matiza su respuesta respecto a la propuesta marroquí sobre el Sáhara Occidental

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El fosfato, el Atlántico y el vacío de poder: por qué el Sáhara Occidental es el conflicto más trascendental del norte de África

Análisis | Crisis y conflictos | Edición Lehbib Abdelhay

Madrid (ECS).— Los conflictos territoriales rara vez persisten durante más de medio siglo sin razones estructurales más profundas que la mera soberanía. Cuando un conflicto sobrevive a administraciones coloniales, alianzas de la Guerra Fría y varias generaciones de marcos diplomáticos, suele significar que la geografía de los recursos subyacentes, el posicionamiento estratégico y la competencia entre grandes potencias son demasiado valiosos como para que alguna de las partes ceda. El Sáhara Occidental encaja perfectamente en esta descripción. Su longevidad no es una falta de imaginación, sino un reflejo de lo mucho que está en juego.

La continúa presión estadounidense sobre el Frente POLISARIO, que se concretó recientemente en una reunión diplomática de alto nivel, constituye el último capítulo de un conflicto que lleva décadas transformando la geopolítica del norte de África. Sin embargo, para comprender por qué Washington ejerce presión ahora —y por qué la respuesta del POLISARIO es más matizada que antes— es necesario examinar la compleja red de intereses contrapuestos que subyace a la diplomacia.

El Conflicto del Sáhara Occidental; un poco de historia

El Sáhara Occidental ocupa aproximadamente 266.000 kilómetros cuadrados de territorio desértico bañado por el Atlántico, en el extremo noroccidental del continente africano. Según el derecho internacional, sigue clasificado como territorio no autónomo pendiente de descolonización, lo que significa que su estatus político definitivo nunca se ha resuelto formalmente. Marruecos ocupa aproximadamente el 80% del territorio, mientras que el Frente Polisario controla una estrecha franja al este del muro que divide el territorio, colindante con Argelia y Mauritania.

La República Árabe Saharaui Democrática (RASD), proclamada el 27 de febrero de 1976 como el gobierno legítimo del territorio, está reconocida actualmente por 46 Estados miembros de la ONU y es miembro de pleno derecho de la Unión Africana; sin embargo, sigue sin ser reconocida por Estados Unidos ni por la gran mayoría de los gobiernos occidentales. Esta paradoja de doble legitimidad es la razón principal por la que fracasan todos los marcos de solución propuestos: la autodeterminación y la integridad territorial son irreconciliables desde el punto de vista legal y político en este contexto.

La dimensión de los recursos naturales 

La importancia estratégica del Sáhara Occidental va mucho más allá del simbolismo. Diversos intereses superpuestos en materia de recursos hacen que el control del territorio sea una cuestión económica de gran trascendencia:

  • Reservas de fosfato: La mina Bou Craa, ubicada en el Sáhara Occidental, territorio controlado por Marruecos, es uno de los mayores yacimientos de fosfato del mundo. Los fosfatos son la materia prima fundamental para los fertilizantes nitrogenados, lo que significa que quien controle Bou Craa tendrá una influencia considerable sobre las cadenas de suministro de producción alimentaria a nivel mundial. Marruecos ya controla aproximadamente el 70 % de las reservas mundiales conocidas de fosfato, incluyendo el Sáhara Occidental en sus cálculos territoriales, una concentración sin parangón en ninguna otra categoría de minerales críticos. Esta dinámica refleja fielmente las tendencias generales de desarrollo de proyectos de fosfato que se siguen de cerca a nivel internacional.

  • Derechos de pesca: La costa atlántica alberga los caladeros más productivos del mundo. El acceso a estas aguas ha sido objeto de polémicos acuerdos entre la UE y Marruecos, que han enfrentado desafíos legales precisamente debido al estatus controvertido del territorio.

  • Potencial de hidrocarburos: Si bien no se ha producido ninguna extracción comercial importante, la exploración en alta mar ha identificado posibles depósitos de hidrocarburos a lo largo de la plataforma atlántica, lo que añade una dimensión energética a largo plazo a la disputa.

  • Posicionamiento marítimo: El frente atlántico del territorio proporciona una profundidad estratégica para cualquier potencia que busque proyectar influencia a través de las rutas comerciales transatlánticas y los accesos al Estrecho de Gibraltar.

El Sáhara Occidental se sitúa en la intersección de la seguridad alimentaria, la estrategia marítima atlántica y la concentración de minerales críticos. No se trata únicamente de una disputa colonial heredada que espera una resolución administrativa, sino de una competencia activa por la ventaja geopolítica en uno de los territorios fronterizos con mayor densidad de recursos del mundo. 

El Plan de autonomía y la cascada de reconocimientos 

Marruecos formalizó su postura por primera vez en 2007 al proponer un plan de autonomía limitada bajo su propia soberanía como alternativa a la independencia total exigida por la RASD. Durante años, esta propuesta recibió un reconocimiento cortés, pero escaso respaldo activo por parte de las potencias occidentales. Esto cambió decisivamente en diciembre de 2020.

La decisión del gobierno de Trump de reconocer formalmente, en 2020, la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental representó una redefinición fundamental del panorama diplomático. Este reconocimiento no se produjo de forma aislada, sino que formó parte del marco de los Acuerdos de Abraham, en los que Marruecos acordó normalizar sus relaciones con Israel a cambio del reconocimiento estadounidense de su reivindicación territorial. Esta transacción sentó un precedente: el reconocimiento de la soberanía como moneda de cambio diplomática.

La cascada de acontecimientos que siguió transformó el mapa de alineación internacional:

País Posición sobre el Sáhara Occidental Año del cambio
Estados Unidos Reconocimiento formal de la soberanía marroquí 2020
Israel Normalización con Marruecos, alineación implícita 2020
España Respaldado el plan de autonomía como la base más seria y creíble. 2022
Francia El presidente Macron describió el plan de autonomía como la única base para un acuerdo. 2024
Rusia Señaló su apoyo condicional si resulta aceptable para todos los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU. 2025

La respuesta de Argelia al realineamiento de Francia y España fue inmediata y contundente. Argel retiró a su embajador de París y Madrid y suspendió la cooperación en la deportación de ciudadanos argelinos desde territorio francés, una medida bilateral crucial dada la magnitud de la comunidad argelina en Francia. Esta decisión evidenció hasta qué punto el respaldo francés afectó los cálculos estratégicos de Argelia.

Resolución 2797 del Consejo de Seguridad de la ONU

La Resolución 2797 se cita con frecuencia como el pilar de la actual iniciativa diplomática. Respalda una solución política negociada y toma como referencia la propuesta de autonomía de Marruecos como marco para el diálogo. Sin embargo, cabe destacar varias distinciones importantes:

  • La resolución no reconoce formalmente la soberanía marroquí sobre el territorio.

  • No anula el principio fundamental de autodeterminación de la ONU para los territorios no autónomos.

  • Esto confiere legitimidad institucional al enfoque de autonomía como marco inicial para las conversaciones.

  • La diferencia entre «hacer referencia» y «respaldar» una propuesta tiene un peso significativo en la interpretación diplomática.

Presión de Estados Unidos: La escalada diplomática de mayo y junio de 2026

A principios de junio, el enviado personal del secretario general de la ONU para el Sáhara Occidental, Staffan de Mistura, visitó los campamentos de refugiados y se reunió con las autoridades saharauis. En esta gira, el líder del Frente POLISARIO no se reunió con el emisario de la ONU, pero si se despidió de él. Dos días después, De Mistura voló hasta Oslo y se reunió con Massad Boulos, el africanista de Trump encargado de las negociaciones sobre el Sáhara Occidental. Tras esa reunión, Boulos elogió públicamente «la respuesta constructiva del Frente POLISARIO» y recordó, en la misma comunicación, que Trump quiere una solución rápida y definitiva.

En mayo de 2026, el asesor presidencial estadounidense para asuntos árabes y africanos, Massad Boulos, se reunió directamente con el embajador de Argelia en Washington, Sabri Boukadoum. El encuentro se presentó públicamente como un reconocimiento a la participación constructiva de Argelia en el proceso de la ONU, al tiempo que transmitía el claro mensaje de Washington de que había llegado el momento de una resolución definitiva, basada en el marco establecido por la Resolución 2797.

El lenguaje diplomático empleado —en concreto, elogiando la implicación de Argelia— constituye una técnica deliberada de diplomacia coercitiva. En lugar de ejercer presión pública que generaría costes políticos internos, Washington optó por un enfoque diseñado para ofrecer una vía de diálogo que permite salvar los intereses. Además, esta estrategia refleja la dinámica más amplia de la guerra comercial entre Estados Unidos y China, donde Washington busca cada vez más consolidar su influencia diplomática en múltiples escenarios simultáneamente.

El enfoque estadounidense ante el estancamiento del Sáhara Occidental se desarrolla en dos líneas paralelas:

Vía 1: Consolidación de la ocupación marroquí

  • Mantener el reconocimiento de soberanía de 2020 como política establecida de Estados Unidos.

  • Coordinar la alineación europea para crear un consenso multilateral.

  • Presentar el plan de autonomía de Marruecos como el único marco de solución prácticamente viable.

Vía 2: Atraer a Argelia hacia el proceso de negociación

  • Evitar la humillación pública que obligaría a Argel a adoptar una postura defensiva.

  • Presentar la participación argelina como coherente con los marcos de la ONU, en lugar de como una capitulación.

  • Explorar si un acercamiento más amplio entre Marruecos y Argelia podría estructurarse como un dividendo de estabilidad regional, dada la importancia de ambos países para la cooperación antiterrorista en el Sahel y la seguridad energética europea.

¿Por qué Argelia no puede cambiar su posición?

La resistencia de Argelia a cualquier marco que legitime la soberanía marroquí no es simplemente una muestra de obstinación diplomática, sino que está estructuralmente arraigada en su identidad política:

  • El movimiento de independencia argelino fue en sí mismo una prolongada lucha anticolonial, lo que convirtió la solidaridad con las causas de la autodeterminación en un compromiso ideológico fundamental.

  • El Frente Polisario se construyó en parte con apoyo material y político argelino, lo que significa que abandonar su causa requeriría reconocer un cambio fundamental en la política exterior.

  • Se estima que entre 100.000 y 170.000 refugiados saharauis viven en los campamentos de Tinduf, en el suroeste de Argelia, lo que crea un entramado humanitario y político interno que no puede resolverse únicamente mediante un reposicionamiento diplomático.

  • El escudo diplomático ruso se está fragmentando
  • Durante décadas, Argelia contó con el poder de veto ruso en el Consejo de Seguridad de la ONU como un respaldo fiable contra las resoluciones que pudieran legitimar la soberanía marroquí. Esa garantía estructural se ha debilitado considerablemente.

En una reunión informativa de 2025, el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, indicó que Moscú podría apoyar el plan de autonomía de Marruecos con la condición de que lograra el consenso de todos los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU. El planteamiento condicional es importante: Rusia no ha abandonado a Argelia, pero ha dado a entender que su apoyo es negociable, no incondicional.

Este cambio refleja casi con toda seguridad la reorientación geopolítica de Rusia tras su aislamiento internacional después de la invasión de Ucrania en 2022. Mantener relaciones a ambos lados de la división Marruecos-Argelia beneficia los intereses rusos en el norte de África en un momento en que Moscú dispone de recursos diplomáticos limitados para destinar a causas que ya no generan beneficios estratégicos.

Para Argelia, incluso una Rusia que adopta una postura cautelosa representa un socio fundamentalmente menos fiable que la protección diplomática automática de la que gozaba anteriormente. El respaldo multilateral que permitió a Argel resistir la presión occidental durante décadas ahora muestra fisuras visibles. En consecuencia, estos cambios en la geopolítica minera están influyendo cada vez más en cómo los territorios en disputa ricos en recursos atraen la atención mundial.

La escalada militar del Frente Polisario pretende, presumiblemente, demostrar que el conflicto no puede resolverse pacíficamente mediante la diplomacia alineada con Occidente. Sin embargo, en la práctica, cada ataque consolida la simpatía occidental hacia la postura de Marruecos y proporciona a los funcionarios europeos y estadounidenses una justificación adicional para presentar el plan de autonomía como un compromiso que preserva la estabilidad. La paradoja de la escalada es real: la acción militar del Polisario, destinada a forzar la situación, podría estar acelerando precisamente el consenso internacional que busca impedir.

Mapa de alineación tal como está actualmente:

Alimentación externa Alineamiento de Marruecos Alineamiento de Argelia
Estados Unidos Fuerte (reconocimiento de 2020) Compromiso diplomático únicamente
Francia Fuerte (respaldo de Macron para 2024) Actualmente tenso
España Cambio de moderado a fuerte (cambio de 2022) Neutral
Rusia Condicional/Cobertura Históricamente fuerte, ahora se está debilitando.
China Compromiso económico neutral Compromiso económico
Unión Africana Dividido Apoya la autodeterminación

Sáhara Occidental, Azawad y las transformaciones en el Sahel: Malí ante sus contradicciones regionales

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París (ECS) — Los grandes espacios desérticos africanos conservan una memoria histórica que durante décadas ha sido ignorada por las cancillerías occidentales. El Sáhara Occidental no es un vacío territorial, como tampoco lo es el Azawad. Son regiones habitadas desde hace siglos, con identidades propias, rutas históricas, culturas y aspiraciones políticas que no pueden reducirse a simples disputas diplomáticas.

Hoy, Malí, Argelia y Marruecos se encuentran en una compleja dinámica regional donde la cuestión saharaui representa mucho más que una diferencia bilateral. En el fondo se plantea un debate esencial: cómo equilibrar la soberanía de los Estados con el derecho de los pueblos a decidir su futuro.

I. Malí y el giro diplomático sobre el Sáhara Occidental

La retirada de Malí del reconocimiento de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) constituye un cambio político relevante en el escenario del Sahel, Según un análisis de Mamadou Ismaïla Konaté, abogado de los colegios de abogados de Malí y París y ex Ministro de Justicia de de Malí. «Durante décadas, numerosos países africanos apoyaron la causa saharaui en el marco del movimiento anticolonial y del principio de autodeterminación de los pueblos», recuerda el ex ministro maliense.

La admisión de la RASD en la antigua Organización de la Unidad Africana en 1982 reflejó una etapa marcada por la solidaridad con los movimientos de liberación nacional. Sin embargo, con el regreso de Marruecos a la Unión Africana en 2017, Rabat desarrolló una intensa estrategia diplomática basada en cooperación económica, inversiones e influencia regional.

El nuevo posicionamiento de la junta militar de Bamako se interpreta en varios sectores como un alejamiento de la histórica solidaridad africana con el pueblo saharaui y como una aproximación a la posición marroquí. Esta decisión ha generado preocupación entre los defensores del derecho del Sáhara Occidental a un proceso de autodeterminación reconocido internacionalmente.

II. El Azawad: una cuestión que sigue abierta

El norte de Malí, conocido como Azawad, continúa siendo una región marcada por profundas tensiones históricas. Las comunidades tuareg y árabes han mantenido durante décadas una relación compleja con el poder central de Bamako, marcada por demandas de mayor autonomía, desarrollo y reconocimiento político.

Las rebeliones de 1963, 1990, 2006 y la crisis de 2012 evidenciaron la fragilidad de la integración territorial maliense. Los Acuerdos de Argel de 2015 buscaron establecer una vía política basada en la descentralización y la participación local, aunque su aplicación ha quedado incompleta.

La realidad del Azawad exige reconocer la diversidad de sus pueblos y evitar interpretaciones exclusivamente militares. La estabilidad del Sahel dependerá de soluciones políticas que respeten las identidades locales y garanticen derechos fundamentales.

III. Argelia y la defensa del equilibrio regional

Argelia, con una extensa frontera con Malí de mas de 1.300, ha desempeñado históricamente un papel central en la mediación saheliana. Su posición respecto al Sáhara Occidental se basa en la defensa del principio de autodeterminación y en su rechazo a cualquier solución que considere una imposición unilateral. Desde esta perspectiva, el acercamiento de Malí a las tesis marroquíes sobre el Sáhara Occidental ha sido percibido en Argel como un movimiento contrario a los equilibrios regionales y a la tradición diplomática argelina de apoyo a los movimientos de liberación.

La expansión de la influencia marroquí en África subsahariana mediante acuerdos económicos y políticos ha incrementado la rivalidad estratégica entre Rabat y Argel, convirtiendo la cuestión saharaui en un elemento central de la geopolítica africana.

IV. Malí, el Sáhara Occidental y el riesgo de una política regional desequilibrada

El reconocimiento de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental por parte de algunos actores regionales plantea un debate sobre la coherencia de los principios africanos respecto a la descolonización y la autodeterminación.

Desde la perspectiva saharaui, la postura de Malí representa un giro hostil hacia una causa histórica defendida durante décadas por todos los países africanos. El Frente POLISARIO considera que este cambio puede debilitar los esfuerzos internacionales para alcanzar una solución justa y aceptada por todas las partes.

Al mismo tiempo, cualquier gestión de los conflictos regionales debe evitar la instrumentalización política y priorizar la estabilidad, el diálogo y el respeto al derecho internacional.

África continúa enfrentando una tensión entre el principio de integridad territorial y el derecho de los pueblos a decidir su futuro. Los casos del Sáhara Occidental, Sudán del Sur u otros conflictos muestran la necesidad de una doctrina común que permita abordar estas cuestiones con criterios claros.

Una verdadera política africana de soberanía debe integrar la estabilidad de los Estados, pero también el respeto a las aspiraciones legítimas de los pueblos.

En conclusión, Malí conoce las consecuencias de la fragmentación y de las crisis internas. Sin embargo, su nuevo giro sobre el Sáhara Occidental abre un debate profundo sobre la coherencia de sus decisiones políticas.

El futuro del Sahel no dependerá únicamente de alianzas diplomáticas, sino de la capacidad de construir paz, justicia y desarrollo. Para ello será necesario respetar la historia de los pueblos, evitar decisiones impuestas desde intereses externos y mantener vivo el principio de que ninguna solución duradera puede ignorar las aspiraciones legítimas de las poblaciones afectadas.

El Sáhara Occidental, como el Azawad, seguirá siendo una cuestión central para comprender el futuro político de la región del Sahel.

Nace «alianza de demócratas» contra los regímenes militares de Mali, Níger y Burkina Faso

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AFP

Madrid (ECS).— En este contexto, un grupo de ciudadanos malienses, burkineses y nigerinos que viven en el exilio anunció la creación de la Alianza de Demócratas del Sahel (ADS), un movimiento que pretende defender las libertades públicas y trabajar por el retorno al orden constitucional en estos países gobernados por regímenes militares.

La región del Sahel atraviesa una grave crisis política, marcada por una sucesión de golpes de Estado entre 2020 y 2022 que llevaron al poder a juntas militares en Mali, Burkina Faso (en la imagen) y Níger.

Los tres países, que se enfrentan a la violencia de grupos yihadistas vinculados a Al Qaeda y al Estado Islámico, son acusados regularmente de restringir las libertades civiles y reprimir las voces disidentes en nombre de la lucha contra el yihadismo.

«La ADS nació del deseo de los demócratas malienses, burkineses y nigerinos de no aceptar el destino, de no permitir que nuestros países se derrumben», explicó a la AFP la Dra. Mayra Djibrine, presidenta del colectivo en el exilio en París.

Según la Sra. Djibrine, la ADS fue creada en Bruselas por unas cincuenta personas: miembros de la sociedad civil, figuras políticas y líderes de opinión que viven principalmente en Europa y África.

«No podemos permitir que personas que simplemente tienen armas se levanten un día y se apropien de la voluntad del pueblo, tomando como rehenes a países enteros», declaró la presidenta de la ADS.

El grupo afirma querer alentar a los socios de las juntas del Sahel a ejercer presión para lograr la organización de elecciones por parte de las autoridades militares, el respeto de los derechos humanos y la liberación de los presos políticos en los tres países.

El movimiento, que lanzó oficialmente sus actividades el 9 de mayo en Bruselas, también tiene la intención de iniciar una campaña de captación de miembros.

La visita de EE.UU a El Guerguerat cuestiona la neutralidad de Washington en las negociaciones sobre el Sáhara Occidental

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El Guerguerat: un nuevo gesto de EE. UU. hacia Marruecos que reabre el debate sobre el fracaso de la mediación

El Aaiún ocupado (ECS) —, La presencia de una delegación de la misión diplomática de EEUU en Marruecos en la brecha ilegal de El Guerguerat, al sur del Sáhara Occidental ocupado, es interpretada como una legitimación de la ocupación, mientras aumenta la presión sobre Estados Unidos por su papel en las negociaciones entre Marruecos y el Frente Polisario.

La visita, por primera vez, de una delegación de la misión estadounidense en Marruecos a la brech ilegal de El Guerguerat, entre el Sáhara Occidental ocupado y Mauritania, ha generado críticas entre quienes consideran que este tipo de movimientos consolidan la ocupación marroquí en el Sáhara Occidental antes de una solución política definitiva.

Según la comunicación difundida por la representación diplomática estadounidense, el desplazamiento tenía como objetivo reforzar la cooperación en materia de seguridad fronteriza, lucha contra el tráfico de personas y drogas, así como mejorar la coordinación entre instituciones. Sin embargo, para el Frente Polisario, la elección del lugar de la visita tiene una fuerte carga política, al tratarse de una zona situada en el territorio del Sáhara Occidental, cuya soberanía sigue siendo objeto de una descolonización inconclusa.

La iniciativa vuelve a poner en el centro del debate el papel de la administración Trump en el proceso de negociación entre Marruecos y el Frente Polisario. Washington ha intentado posicionarse como un actor capaz de facilitar una salida diplomática al conflicto, pero sus movimientos recientes son interpretados como una muestra del fracaso de una mediación que no ha conseguido acercar las posiciones de las partes.

Desde los saharauis, cualquier cooperación internacional que se desarrolle sin abordar previamente la cuestión de la autodeterminación supone un desequilibrio en el proceso político y un alejamiento de las resoluciones internacionales que reclaman una solución negociada.

La visita a El Guerguerat refleja así una contradicción en la política estadounidense: mientras defiende la necesidad de una solución diplomática, sus actuaciones sobre el terreno son vistas por una parte del conflicto como un respaldo a la posición marroquí. Para los saharauis, este episodio confirma las dificultades de Washington para ejercer una mediación percibida como neutral entre Marruecos y el Frente Polisario.

A décadas del inicio del conflicto, el Sáhara Occidental continúa siendo una de las principales disputas pendientes de resolución, y cada gesto diplomático o institucional en la zona vuelve a convertirse en un elemento de tensión entre las partes.

Massad Boulos, próximo embajador de EE.UU. en Emiratos: una designación que refleja el fracaso en encontrar una solución al Sáhara Occidental

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Madrid (ECS),— Según la prensa estadounidense, Masad Boulos, asesor del presidente estadounidense Donald Trump para Oriente Medio y África, además de suegro del mandatario, estaría cerca de asumir el cargo de embajador de Estados Unidos en Emiratos Árabes Unidos.

La posible designación llega en un momento significativo que, según diversas lecturas, pone de relieve la falta de avances concretos de Boulos en el conflicto del Sáhara Occidental, una cuestión compleja que formó parte de los asuntos regionales bajo su supervisión, junto con las crisis de Libia y Sudán, sin que hasta el momento se hayan registrado resultados relevantes sobre el terreno.

Los últimos movimientos de Boulos, interesado en consolidar su perfil diplomático y superar la imagen asociada a su trayectoria como empresario tras largos años dedicado al sector de la maquinaria y los camiones en Nigeria, reflejan amplias ambiciones políticas que se han enfrentado a las realidades de la diplomacia internacional. Inicialmente aspiraba a dirigir la misión diplomática estadounidense en Arabia Saudí, pero el rechazo de esa opción habría llevado a reorientar sus expectativas hacia la embajada de Estados Unidos en Abu Dabi.

Aunque ambos puestos se encuentran actualmente vacantes, analistas consideran que la embajada en Riad posee una mayor sensibilidad y peso estratégico que la representación diplomática en Abu Dabi. En este sentido, el giro hacia la opción emiratí es interpretado por algunos observadores como una señal del retroceso de sus aspiraciones diplomáticas tras la falta de avances en la gestión de expedientes regionales complejos, especialmente el del Sáhara Occidental.

En este contexto, algunos analistas sostienen que la imagen política de Boulos en Washington continúa vinculada principalmente a su condición de padre del esposo de Tiffany Trump, más que a una trayectoria propia en la gestión de crisis internacionales.

Las interpretaciones predominantes apuntan a que, si finalmente se confirma oficialmente su nombramiento en Emiratos Árabes Unidos, su llegada al cargo estará basada en gran medida en sus estrechos vínculos familiares con el presidente Donald Trump y en su influencia dentro del círculo cercano de la Casa Blanca, más que en logros diplomáticos comprobados o éxitos previos en la negociación de acuerdos regionales.