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21 julio 2026
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Crisis y desgaste en el Frente POLISARIO: un nuevo congreso bajo escrutinio

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Madrid (ECS).- El progresivo declive de su legitimidad se refleja en la falta de mecanismos de alternancia política, la concentración del poder en un reducido grupo de dirigentes históricos prácticamente intocables y en la creciente desconexión entre el movimiento de liberación y su base social.

Brahim Ghali encara la reválida de su liderazgo en un momento decisivo para la causa saharaui

Durante décadas —más de 40 años—, los saharauis hemos soportado en silencio, con paciencia y buena fe, las decisiones inconsistentes y la actitud de nuestros líderes, pero hemos constatado con frustración que no aprenden de sus errores. La dirección del Frente POLISARIO se encuentra atrapada en una situación tan compleja que definir una estrategia resulta imposible y prever escenarios futuros es irreal debido a la incapacidad, desorientación y falta de preparación de quienes permanecen en sus cargos, ya transformados en un medio de subsistencia más que en una posición política en representación de su pueblo.

Aunque la coyuntura actual es en parte consecuencia de la colisión de dos fuerzas dominantes —el Derecho Internacional y la Realpolitik—, las decisiones erróneas nos han alejado de la independencia y debilitado políticamente hasta niveles críticos.

El alto el fuego de 1991 marcó el fin de un ciclo y el inicio de una crisis lenta pero imparable. Se cometieron tres errores estratégicos: aceptar un alto el fuego en un contexto favorable a los saharauis, aceptar el referéndum como solución para una ocupación militar otorgando a Marruecos un ilegítimo derecho de disputa cuestionable y, finalmente, no retomar la lucha armada una vez vencido el plazo prometido para el referéndum que no se llevó a cabo. Marruecos y la ONU incumplieron sus compromisos, y el Frente POLISARIO no reaccionó, lo que fue percibido como debilidad y originó un estancamiento que aún persiste.

La guerra olvidada que sigue activa en el Sáhara Occidental

Desde su fundación el 10 de mayo de 1973, el Frente POLISARIO nunca había enfrentado una crisis de representatividad e institucional de esta magnitud. Ni durante los años más duros de la represión marroquí, ni ante los complots políticos, se puso en riesgo tanto el futuro del pueblo saharaui como lo ha logrado ahora la mala gestión de sus líderes. Cincuenta años después, con la misma dirigencia en el poder, el Frente POLISARIO ha perdido gran parte de su credibilidad, capacidad de movilización e influencia política, tanto dentro de la sociedad saharaui como en la comunidad internacional.

Hoy es evidente que el movimiento ha desaprovechado muchas de las conquistas alcanzadas en décadas anteriores. La ausencia de un programa político claro, de una hoja de ruta definida y la incapacidad de renovación agrava la situación, evidenciando quiénes son responsables de esta decadencia. Solo falta averiguar si esta cadena de errores o dejadez llevada a cabo por esta caterva de responsables políticos es voluntaria.

XVI Congreso del POLISARIO: la confirmación de la crisis

El XVI Congreso, celebrado en enero de 2023, el primero durante la segunda guerra, fue miserablemente aprovechado y presentado como un acto de unidad nacional frente a Marruecos. Sin embargo, muchos saharauis se sintieron abandonados tras sus resultados. La historia de los congresos del Frente POLISARIO muestra un patrón: se promete un cambio durante el evento y luego, conseguido el puesto, se actúa de manera opuesta. En este último congreso, todos esperaban un giro decisivo, pero la realidad fue resignación y decepción para cientos de familias saharauis, tanto en los campamentos como en la diáspora. Por ello, la actual capacidad de influencia del Polisario es prácticamente nula entre los saharauis dondequiera que se encuentren, nadie confía en una dirigencia inamovible e ineficaz acumuladora de fracasos.

Tras la publicación de las listas del nuevo gobierno, el »cambio» se limitó a la repetición de los mismos líderes de la vieja guardia y a la reposición de »amiguetes» en puestos políticos siguiendo la misma estrategia; blindar la continuidad del »sistema polisario» sin ningún beneficio u avance para el sufrido pueblo al que representan.

El Congreso plantea problemas fundamentales: su periodicidad y el sistema de elección del Secretariado Nacional. Celebrarlo cada cuatro años carece de sentido práctico en un conflicto prolongado; períodos más cortos permitirían evaluar políticas, corregir errores y destituir responsables incompetentes. Por otro lado, el sistema de elección favorece a los miembros de la vieja guardia, perpetuando la endogamia política y bloqueando reformas, como así de hecho sucede.

Factores de riesgo

  • Fragilidad institucional: la falta de reformas ha provocado parálisis en la toma de decisiones. El Secretariado Nacional opera bajo lógicas corporativas, comprometiendo la legitimidad del movimiento y bloqueando la renovación de liderazgo.

  • Erosión del capital social: promesas incumplidas y ausencia de resultados generan desafección política, aumentando la distancia entre dirigentes y población y debilitando la cohesión nacional.

  • Captura institucional: la estructura interna actual parece diseñada para proteger intereses de quienes buscan mantener el statu quo, limitando la capacidad del Frente POLISARIO de adaptarse a nuevos retos geopolíticos.

  • Crisis de legitimidad: aunque la causa nacional sigue siendo legítima, la permanencia de líderes obsoletos sin una estrategia clara reduce la influencia internacional y amenaza con aislar a la RASD frente a la narrativa marroquí.

¿Hacia dónde va el Frente POLISARIO?

Ninguno de los líderes actuales encarna la renovación que la sociedad saharaui necesita. Se repiten los mismos nombres y rostros, agotando la ya maltrecha confianza pública y frenando cualquier aspiración o ilusión de cambio real. La dirigencia debe aprovechar su coraje, experiencia y resiliencia para recuperar la iniciativa política y garantizar que sus decisiones beneficien al pueblo que representa. Retroceder de la primera línea de la política y dedicarse exclusivamente al asesoramiento dada su trayectoria en los entresijos del conflicto sería un retiro digno y serviría a los intereses de su país y pueblo.

La regeneración es indispensable y se apoya en dos pilares: la prevalencia de la juventud de la población y el acceso creciente a la educación y formación profesional, que permitirían una transición política basada en el mérito, capacidad y experiencia. Sin estas reformas, la legitimidad de los líderes continuará debilitándose, la legítima causa saharaui seguirá perdiendo fuerza y Marruecos acabará por imponer el hecho consumado.

La pregunta que queda es clara: ¿Cómo podrá el Frente POLISARIO lograr avances políticos o militares si su principal recurso, la sociedad saharaui, se encuentra fragmentada y desmovilizada? Perder esta conexión significaría desperdiciar los logros acumulados y el potencial de la causa que representa.

Brahim Ghali encara la reválida de su liderazgo en un momento decisivo para la causa saharaui

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Madrid (ECS).- Brahim Ghali, histórico líder y uno de los fundadores del Frente Polisario, se presentará en el próximo Congreso del movimiento para optar a un cuarto mandato como secretario general y presidente de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD). Según fuentes del movimiento de liberación saharaui, el próximo Congreso tendrá lugar para principio de 2027.

XVI Congreso del POLISARIO, la gota que colmó el vaso

Ghali, considerado una de las figuras más influyentes y de línea más dura dentro del liderazgo saharaui, obtuvo en el XVI Congreso del Frente Polisario, celebrado en 2023, el 69 % de los votos emitidos por los 2.097 congresistas reunidos durante diez días en el campamento de refugiados de Dajla, el más alejado de los asentamientos saharauis ubicados en la región argelina de Tinduf. En aquella cita, recibió 1.253 votos a favor, mientras que su rival, Bachir Mustafá Sayed, obtuvo 563 apoyos. Por el momento, no está claro si Sayed volverá a disputar el liderazgo a Ghali. Durante los últimos meses, Ghali ha nombrado a Bachir como presidente del Parlamento saharaui y principal interlocutor político en relación con las negociaciones con Marruecos.

En los últimos años, el conflicto del Sáhara Occidental ha experimentado importantes transformaciones políticas y militares. Sin embargo, la cuestión saharaui continúa enfrentándose a una situación compleja debido al prolongado estancamiento del proceso de paz impulsado por las Naciones Unidas, cuyo objetivo es alcanzar una solución definitiva que garantice el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación. Por ello, numerosos observadores consideran que el principal desafío interno para Ghali durante un eventual cuarto mandato seguirá siendo la falta de avances en el proceso político.

Durante sus tres mandatos al frente del Frente Polisario, Ghali ha liderado una etapa marcada por la reanudación de la guerra contra Marruecos tras la ruptura del alto el fuego en 2020, el fortalecimiento de la actividad diplomática de la RASD en diversos foros internacionales y la consolidación de su presencia política en África y América Latina.

La perpetuidad «imprudente» del Frente POLISARIO

Durante la clausura del XVI Congreso del Frente Popular para la Liberación de Saguia el Hamra y Río de Oro (Polisario), Ghali defendió la posibilidad de alcanzar una solución negociada al conflicto y aseguró que los saharauis «nunca han cerrado la puerta a las negociaciones ni a una solución política y pacífica». No obstante, sostuvo que «la otra parte no comparte esa misma disposición».

Respecto al conflicto armado, Ghali reconoció entonces la existencia de un desequilibrio de fuerzas entre el Frente Polisario y Marruecos, y prometió el uso de armas adecuadas contra el Ejército de ocupación marroquí. «Somos un movimiento de liberación nacional que se enfrenta a un ejército equipado con importantes medios militares», afirmó, al tiempo que prometió adaptar la estrategia militar saharaui a las nuevas circunstancias sobre el terreno.

Más de seis años después de la reanudación de la guerra y tres años después de aquellas declaraciones, sectores críticos dentro de los campamentos cuestionan los resultados obtenidos sobre el terreno. Diversas fuentes saharauis denuncian que los ataques con drones marroquíes continúan causando bajas entre combatientes y civiles, mientras persisten las dificultades para dotar al Ejército de Liberación Popular Saharaui de medios suficientes para alterar el equilibrio militar existente.

El Frente Polisario fue fundado en 1973 con el objetivo de poner fin a la presencia colonial española en el Sáhara Occidental. Tras la retirada de España en 1975 y la posterior ocupación del territorio por Marruecos y Mauritania, el conflicto se prolongó durante décadas y continúa sin una solución definitiva.

En el plano exterior, Ghali ha mantenido una posición firme frente a Marruecos, especialmente en relación con la guerra en curso y con unas negociaciones que permanecen bloqueadas. Desde la perspectiva saharaui, el estancamiento responde tanto a la posición de Rabat como a los cambios en el contexto internacional y al respaldo que Marruecos ha logrado recabar de varios actores internacionales en los últimos años.

El POLISARIO apostó desde sus inicios por la ley como base de la gestión pública, afirma Bachir Mustafá Sayed

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SPS


CHAHID EL HAFED-. El presidente del Consejo Nacional, Bachir Mustafá Seyed, afirmó que la construcción de instituciones y la gestión de la sociedad requieren de un sistema judicial claro y eficaz.

Así lo expresó durante su intervención al inicio de la conferencia sobre “La experiencia judicial en el Estado Saharaui”, impartida por el ministro de Justicia, Mohamed Mbarek Sidi, con la asistencia de los miembros del Consejo Nacional.

Añadió que el interés por el derecho nunca ha sido solo teórico, sino que siempre ha estado vinculado a la necesidad de conectar los conceptos jurídicos con su aplicación práctica, proyectándolos sobre la realidad de la sociedad y de las instituciones, lo que contribuye a proteger los derechos, regular las relaciones y asumir responsabilidades.

El presidente del Consejo Nacional señaló que abordar los aspectos teóricos del derecho y comprender sus normas fundamentales constituye una base para mejorar el desempeño institucional y reforzar la cultura de respeto a la ley dentro de la sociedad.

Esta conferencia se enmarca en el programa formativo del período de sesiones de primavera del Consejo Nacional, que incluye una serie de conferencias destinadas a ampliar los conocimientos y fortalecer las capacidades de los miembros del Consejo para ejercer sus funciones de control de la mejor manera posible.

Sáhara Occidental | El mundial de kitesurf de Dajla lleva el nombre del príncipe marroquí

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Por Ana Stella


Madrid (ECS).- Cada octubre, la bahía de Dajla (la antigua Villa Cisneros, ocupada por Marruecos desde 1979) acoge un mundial de kitesurf que lleva el nombre del heredero al trono marroquí. El «Prince Moulay El Hassan GKA Kite-Surf World Tour Dakhla» se celebra bajo el Alto Patrocinio de Mohamed VI y bajo la égida de la federación internacional World Sailing. La 15ª edición tuvo lugar del 6 al 12 de octubre de 2025. El Ministerio de Juventud y Deportes marroquí lo patrocina desde la primera. Y los propios organizadores no se molestan en disimular: presentan el certamen como una herramienta para promocionar «el destino Dajla/Marruecos».

¿Cancelará Ryanair sus vuelos al Sáhara Occidental con aviones semivacíos?

El kitesurf, las dunas y el marisco no son un fin, son el maquillaje. Detrás hay una política de Estado para convertir un territorio ocupado y pendiente de descolonización, según la ONU, en un escaparate turístico que normalice la ocupación ante la opinión pública europea. El número de visitantes al Sáhara Occidental bajo control marroquí pasó de 490.297 en 2019 a 743.133 en 2025, según datos del propio Ministerio de Turismo de la potencia ocupante.

El campeonato lo monta Dakhla Attitude, uno de los mayores complejos de kitesurf de la laguna, levantado en territorio ocupado. Lo creó Rachid Roussafi, presentado en el sector como el pionero que «descubrió» el spot y abrió el primer campamento de la zona. Hoy ese mismo complejo opera como centro oficial de la marca alemana de kitesurf Duotone (Duotone Pro Center).

Los establecimientos de lujo de la bahía pertenecen, en buena parte, a la élite económica ligada al palacio marroquí. El más conocido, La Crique, está vinculado al empresario Idris Sanoussi, primo de la embajadora de Marruecos en Madrid. Son negocios que operan sobre recursos que el Tribunal de Justicia de la Unión Europea ha reconocido que pertenecen al pueblo saharaui, no a Rabat.

Denuncian foro económico franco-marroquí celebrado en el Sáhara Occidental ocupado

La maquinaria de creadores de contenido que acompaña a esta ofensiva ya fue documentada a comienzos de 2025 por El Independiente (en el trabajo de Sara S. Bas y Francisco Carrión) y, más tarde, por Rubén Pulido en Epoch Times. Ambos describieron los viajes pagados por la Oficina Nacional de Turismo de Marruecos, las invitaciones a youtubers e instagramers españoles y la coartada repetida de los participantes («vamos por turismo, no a hacer política»). No hace falta repetirlo, basta con saber que existe y que sigue funcionando.

Lo que esos viajes ocultan se entiende mejor mirando lo que le pasa a quien intenta ir por su cuenta. Rama Jutglar, youtuber de viajes granadino conocido por su canal Ramilla de Aventura, quiso llegar a El Aaiún y a Dajla en febrero de 2025 para conocer la realidad del pueblo saharaui. La policía marroquí de paisano le impidió bajar del autobús con un aviso: sabían que no iba como turista. Cuando intentó volar a Dajla vía Casablanca, le retiraron el pasaporte durante doce horas y le obligaron a comprar de su bolsillo un billete de vuelta a España para recuperarlo.

El mismo trato han recibido otros periodistas porque la regla es que quien viene a promocionar entra con alfombra roja; quien viene a mirar, sale deportado. Es la misma profesión, el mismo destino y dos tratos opuestos, y esa diferencia es la confesión involuntaria de lo que Marruecos no quiere que se vea.

El blanqueo no termina en las redes de los influencers. Está incrustado en la infraestructura del viaje. Una investigación de la BBC constató que Expedia, Booking y Trivago sitúan los hoteles del Sáhara Occidental como ubicados en Marruecos. Airbnb rectificó el año pasado y retiró esa referencia tras la presión de las campañas de solidaridad, lo que demuestra que cambiar el rótulo es posible cuando hay voluntad.

Las aerolíneas marcan la misma línea divisoria. Ryanair presentó Dajla como «el decimotercer aeropuerto de su red marroquí» al abrir en enero de 2025 sus rutas desde Madrid y Lanzarote. Transavia France amplió sus conexiones en alianza estratégica con la oficina de turismo marroquí, y turoperadores como FRAM o Bourse des Voyages ya venden la ciudad en catálogo como Marruecos. Frente a todos ellos, una excepción significativa: Binter Canarias, que vuela a Dajla y El Aaiún, se refiere a la zona como Sáhara Occidental.

TVE lo vuelve a hacer: incluye el Sáhara Occidental ocupado en Marruecos

«No vamos por política»

En Dajla, mientras los campamentos de kitesurf sirven cócteles a 35 kilómetros del centro, la población saharaui vive bajo vigilancia permanente, detenciones y un apagón informativo que impide que su voz salga al exterior. Esa es la letra pequeña que no aparece en ningún catálogo. El deporte, las marcas y los influencers que cantan las maravillas de la «perla del sur» no están vendiendo unas vacaciones baratas. Están vendiendo la idea de que la ocupación ya es un paisaje normal. Y no lo es.

El atentado contra el aeropuerto de Niamey evidencia la lucha por la hegemonía yihadista en el Sahel

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JNIM, la rama saheliana de Al Qaeda, reivindicó este viernes la autoría del ataque suicida llevado a cabo en la madrugada del jueves contra el Aeropuerto Internacional de Niamey, en la capital de Níger.

Junto con una extensa red de afiliados del Estado Islámico (EI) que se extiende desde África occidental hasta África central y oriental, otros grupos como Jama’at Nusrat al-Islam wal-Muslimin (JNIM) operan bajo la franquicia de Al-Qaeda, luchan por la influencia en el Sahel.

Por Lehbib Abdelhay


Madrid (ECS)—, El Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes (JNIM), la filial de Al Qaeda en el Sahel, reivindicó la autoría del ataque suicida contra el Aeropuerto Internacional Diori Hamani y la base aérea adyacente en la capital de Níger, Niamey, ocurrido el jueves 18 de junio. Según las autoridades nigerinas, el ataque dejó un saldo de 11 miembros de las fuerzas de seguridad y dos civiles muertos, mientras que 22 yihadistas fueron abatidos.

Ataque armado contra el aeropuerto internacional de Niamey, en Níger

El ataque se produce menos de seis meses después de otro gran ataque contra el mismo aeropuerto, ocurrido en enero de 2026 y reivindicado por Estado Islámico (ISIS), lo que pone de relieve la creciente competencia entre ambas organizaciones yihadistas en la región del Sahel.

«Níger ya no es un escenario exclusivo de una sola organización»

El ataque contra el aeropuerto de Niamey envía un mensaje claro por parte de Jama’at Nusrat al-Islam wal-Muslimin (JNIM): el grupo mantiene la capacidad de alcanzar los objetivos más sensibles del país y no está dispuesto a dejar el terreno libre a Estado Islámico, que había reivindicado el ataque anterior contra la misma instalación.

Con este ataque, la rama saheliana de Al Qaeda, busca trasladar a Níger su ventaja estratégica en Malí. Durante los dos últimos años, JNIM ha consolidado su presencia en amplias zonas de Malí, especialmente en el centro y el norte del país, ampliando tanto su influencia militar como social. El ataque en Niamey sugiere un intento de proyectar ese peso estratégico hacia el frente nigerino.

Mientras tanto, la rama en el Sahel del Estado Islámico intenta evitar que JNIM monopolice Malí. A pesar de la ventaja de JNIM en gran parte del territorio maliense, Estado Islámico ha intensificado sus actividades en el este de Malí, especialmente en la región de Ménaka y en el área del triángulo fronterizo de Liptako Gourma. Asimismo, ha tratado de aprovechar los acontecimientos posteriores a los ataques del 25 de abril para recuperar y ampliar su área de influencia.

Mandos del Ejército de Malí desertan y se unen al Frente de Liberación de Azawad

Burkina Faso sigue siendo el principal escenario de confrontación entre JNIM y ISIS-Sahel

Mientras JNIM mantiene una posición dominante en amplias zonas de Malí y Estado Islámico conserva una presencia significativa en algunas áreas orientales y fronterizas, Burkina Faso continúa siendo uno de los principales campos de competencia entre ambas organizaciones por el control territorial, el reclutamiento y las rutas comerciales.

La batalla ya no es solo territorial, sino también simbólica. Cada gran atentado lleva consigo un mensaje que trasciende los beneficios militares inmediatos. Estado Islámico busca demostrar que sigue siendo un actor central en el Sahel, mientras que JNIM intenta consolidar su imagen como la organización yihadista más influyente y extendida de la región.

En definitiva, el ataque contra el aeropuerto de Niamey no solo refleja el deterioro de la situación de seguridad en Níger, sino que también evidencia una nueva etapa en la rivalidad entre Estado Islámico y JNIM. Ambas organizaciones terroristas buscan impedir que la otra monopolice los principales escenarios de conflicto en Malí, Níger y Burkina Faso, al tiempo que intentan consolidarse como el actor con mayor capacidad para influir en la evolución de la seguridad regional.

Nuevos ataques terroristas en la región de Tillabéri, Níger

La madrugada del 18 de junio, la entrada principal del aeropuerto internacional Diori Hamani de Niamey fue atacada, lo que provocó el despliegue de las Fuerzas Armadas Nigerinas (FAN) para reforzar la seguridad en la capital. El balance de víctimas fue de 34 personas, tanto entre las fuerzas nigerinas como entre los atacantes, quienes se replegaron hacia el barrio de Route Tchanga.

De forma simultánea, el EIS atacó posiciones de milicias progubernamentales en el pueblo de Tassia, al sureste de Téra. El ataque dejó alrededor de una decena de muertos entre los milicianos.

El 17 de junio, la misma región de Tillabéri fue escenario de ataques coordinados contra bases militares de las FAN y de la Guardia Nacional en Banibangou e Inates. Los atacantes utilizaron varios vehículos cargados con explosivos y, según las informaciones disponibles, ambas localidades quedaron bajo control del EIS.

Ese mismo día, el grupo lanzó además una ofensiva contra posiciones del JNIM en el estado de Kebbi, en la zona fronteriza que conecta el noroeste de Nigeria, el norte de Benín y el este de Níger. Los enfrentamientos dejaron varias decenas de muertos y heridos entre los combatientes del JNIM.

La demostración de capacidad ofensiva del EIS representa un desafío importante para las estrategias de lucha contra el terrorismo de las fuerzas armadas de la Alianza de Estados del Sahel (AES), que buscan contener la expansión de los grupos yihadistas en la zona de las tres fronteras.

Una eventual toma de Ménaka, en Malí, sería especialmente preocupante para las Fuerzas Armadas Malienses (FAMa), que podrían verse obligadas a abrir un nuevo frente de combate en un contexto ya marcado por una fuerte presión de los grupos armados. ECS.

Mandos del Ejército de Malí desertan y se unen al Frente de Liberación de Azawad

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Bamako, 18 jun (ECS).- El norte de Malí, conocido comúnmente como Azawad, vive una rápida evolución militar y política tras conocerse el pasado lunes la deserción de varios mandos del Ejército maliense, entre ellos el comandante Sidi Ag Daoud, quien habría anunciado su reincorporación al Frente de Liberación de Azawad (FLA).

Según informaciones difundidas por fuentes azawadíes, la salida de Ag Daoud se enmarca en una serie de deserciones registradas durante las últimas semanas en las regiones de Gao y Menaka, un hecho que evidenciaría tensiones internas en las filas de las Fuerzas Armadas de Malí (FAMa) y entre algunos de sus aliados en el norte.

En la región de Gao, las fuentes locales citan entre los desertores al coronel Dafi Ag Mendouli, al teniente Moussa Ag Aboubacar y al ayudante jefe Anani Ag Ghissa, todos ellos considerados mandos con dilatada experiencia operativa en la zona.

Por su parte, en Menaka, el jefe militar Sidi Ag Mohamed habría abandonado las filas gubernamentales junto al comandante Ousamata Ag Selli Ag Moukhmer y un grupo de 14 combatientes armados. De acuerdo con la misma información, ocho de ellos pertenecían al Ejército maliense y seis al Movimiento para la Salvación de Azawad (MSA), organización aliada de las autoridades de Bamako dirigida por Moussa Ag Acharatoumane.

Fuentes en Azawad consultadas por este medio consideran que la coincidencia de estas deserciones podría indicar una coordinación previa entre los oficiales implicados y el Frente de Liberación de Azawad, lo que supondría un revés para la estrategia militar del régimen militar maliense en el norte del país.

Entre las posibles consecuencias de estos acontecimientos destacan el deterioro de la moral de las tropas desplegadas en la región, el fortalecimiento operativo del FLA gracias a la incorporación de nuevos combatientes y cuadros con experiencia militar, así como un eventual debilitamiento de las alianzas locales que respaldan a la junta golpista de Bamako en Gao y Menaka.

Estas informaciones no han sido confirmadas oficialmente por las autoridades malienses ni por fuentes independientes, y se producen en un contexto de persistente inestabilidad y conflicto armado en el norte de Malí.

Las recientes deserciones sitúan a la junta militar maliense ante el desafío de contener posibles fracturas internas en sus fuerzas de seguridad, mientras los grupos armados buscan reforzar su posición sobre el terreno y aumentar su influencia política y militar en la región de Azawad. ECS.

Ataque armado contra el aeropuerto internacional de Niamey, en Níger

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Niamey, 18 de junio de 2026 (ECS),— Se escucharon explosiones y disparos continuos durante la madrugada de este jueves en los alrededores del aeropuerto internacional Diori Hamani de la capital de Níger, Niamey, en lo que una fuente de seguridad describió como un “ataque organizado” contra la instalación, según informó la agencia Reuters.

Las primeras explosiones comenzaron alrededor de las 06:00 hora local (05:00 GMT), y los disparos continuaron de forma intermitente durante aproximadamente dos horas. Un residente confirmó haber escuchado los primeros disparos mientras realizaba la oración del amanecer, señalando que los sonidos procedían de la entrada del aeropuerto.

Según la información disponible, los atacantes lograron penetrar el perímetro de seguridad del aeropuerto, mientras que las fuerzas de defensa y seguridad de Níger acordonaron rápidamente toda la zona y declararon el estado de máxima alerta.

Este sería el segundo ataque de este tipo contra el mismo aeropuerto en pocos meses; en enero pasado, yihadistas vinculados al grupo Estado Islámico en el Sahel atacaron el aeropuerto y asumieron la responsabilidad del ataque. La ofensiva fue repelida entonces con la participación de combatientes rusos y dejó cuatro soldados heridos, además de daños en aeronaves civiles y drones de ataque, según la agencia Associated Press.

Cabe recordar que el aeropuerto internacional de Niamey se encuentra junto a la base aérea 101, cuartel principal del mando operativo de las fuerzas conjuntas de los países del Sahel (AES), lo que lo convierte en un objetivo estratégico de gran importancia.

Hasta el momento de la elaboración de esta noticia, las autoridades de Níger no habían emitido ningún comunicado oficial sobre el balance de víctimas ni sobre la identidad de los atacantes, mientras las fuerzas de seguridad continúan con las operaciones de rastreo en la zona.

La guerra olvidada que sigue activa en el Sáhara Occidental

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Por Ana Q.tella


Madrid (ECS).— El pasado 7 de junio de 2026 murió un militar de 37 años en el desierto, al este del muro que parte en dos el Sáhara Occidental. Se llamaba Lehbib Mohamed Abdelaziz, mandaba la Primera Brigada de Reserva del Ejército de Liberación Popular Saharaui y era miembro del Secretariado Nacional del Frente Polisario. Lo mató un dron mientras dirigía operaciones contra posiciones marroquíes. Con él murieron otros dos combatientes. Marruecos no ha confirmado nada; se atribuye el ataque a un aparato de las Fuerzas Armadas marroquíes. La Presidencia saharaui decretó tres días de luto.

Lehbib Mohamed Abdelaziz; el joven comandante militar caído en combate defendiendo el Sáhara Occidental

El aparato que lo mató era, con toda probabilidad, de fabricación israelí. Y eso es, en realidad, la clave de todo lo demás: explica por qué hay una guerra, por qué se ha recrudecido, quién la sostiene y por qué a tanta gente le conviene no decir que existe.

Lehbib era hijo de Mohamed Abdelaziz, uno de los fundadores del Frente Polisario en 1973, secretario general desde 1976 y presidente de la República Árabe Saharaui Democrática desde 1982 hasta su muerte en 2016. El apellido es la razón por la que su muerte haya salido en los periódicos. Pero lo que hay que contar también es que hay una guerra, que tiene una causa concreta, que mata hombres todos los años, y que hay mucho interés en que nada de eso se diga en voz alta.

No es un brote de violencia sin sentido. Es una descolonización inacabada. En junio de 1974, el Gobierno español comunicó a la ONU que organizaría un referéndum de autodeterminación en el Sáhara Occidental en un plazo de seis meses. Se redactó un estatuto y se empezó el censo. El coronel Luis Rodríguez de Viguri, encargado de prepararlo, dijo años después que fue al Sáhara con el mandato de preparar al pueblo saharaui para la independencia.

Ese referéndum asustaba a Marruecos, porque el Frente Polisario tenía el respaldo mayoritario de la población y la consulta podía hacerle perder el territorio. Hassan II ideó una maniobra para bloquearlo: llevó el caso al Tribunal Internacional de Justicia. El dictamen de La Haya, en octubre de 1975, no le dio la razón: reconoció algunos vínculos de lealtad religiosa entre tribus saharauis y el sultán, pero ningún lazo de soberanía territorial que impidiera la autodeterminación. Hassan II ignoró el dictamen y lanzó la Marcha Verde el 6 de noviembre de 1975. España, con Franco agonizando, firmó pocos días después los Acuerdos Tripartitos de Madrid y entregó la administración temporal del territorio a Marruecos y Mauritania en lugar de completar la descolonización. Empezó la ocupación y empezó la guerra.

El Frente Polisario declara tres días de luto tras la caída, en combate, de un líder militar en un ataque de Marruecos

Fue una guerra brutal desde el principio. Entre el 19 y el 21 de febrero de 1976, la aviación marroquí bombardeó con napalm el campamento de refugiados de Um Draiga (entre otros puntos), lleno de civiles desplazados de El Aaiún, Dajla y Smara, sin presencia militar. Murieron decenas de personas, entre ellas niños. Cuatro décadas más tarde, en 2015, la Audiencia Nacional española dictó auto de procesamiento por genocidio contra once altos cargos marroquíes por aquellos bombardeos, las armas prohibidas, las desapariciones y las torturas. Marruecos nunca lo ha reconocido, y casi toda la comunidad internacional ha preferido callar.

La guerra duró hasta 1991. Terminó con un alto el fuego firmado en septiembre de ese año bajo supervisión de la ONU. En realidad no fue paz, fue una pausa con una promesa. Naciones Unidas creó una misión para administrar esa pausa y cumplir la promesa. La Misión de Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental, MINURSO. Su razón de ser era organizar la consulta en la que los saharauis decidieran su futuro.

Ese referéndum no se ha celebrado nunca. Se atascó casi de inmediato en una pelea sobre quién tenía derecho a votar (en particular, si contaban los colonos marroquíes instalados en el territorio), y ahí lleva más de tres décadas. La pausa de 1991 se rompió el 13 de noviembre de 2020, cuando el ejército marroquí entró en la zona desmilitarizada de Guerguerat para desalojar a saharauis que bloqueaban la carretera hacia Mauritania. El Polisario dio por roto el alto el fuego y reanudó la lucha armada. Desde entonces hay guerra otra vez. De baja intensidad, librada a lo largo del muro, pero guerra.

La MINURSO sigue ahí, treinta y cinco años después, sin haber hecho aquello para lo que nació. Cada otoño, el Consejo de Seguridad renueva su mandato un año más. La última renovación, la resolución 2797, se aprobó el 31 de octubre de 2025.

La guerra se recrudeció desde 2020 porque Marruecos pasó a tener una superioridad tecnológica que antes no tenía: drones. Y esos drones son israelíes.

En diciembre de 2020, el presidente estadounidense Donald Trump reconoció la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental a cambio de que Marruecos normalizara sus relaciones con Israel, dentro de los llamados Acuerdos de Abraham. Fue un trueque: el territorio saharaui a cambio de una embajada israelí. En 2023, Israel dio el segundo paso y reconoció también la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental, mediante una carta de Netanyahu al rey Mohamed VI. Argelia condenó la decisión como una violación flagrante del derecho internacional y una «complicidad de dos ocupantes» (en referencia a Marruecos sobre el Sáhara e Israel sobre Palestina).

A partir de ahí, el armamento fluyó. Marruecos compró a Israel drones de reconocimiento y ataque (Hermes 900 y Hermes 450, de Elbit Systems, y munición merodeadora Harop, de Israel Aerospace Industries), con planes de fabricarlos bajo licencia en suelo marroquí. Una investigación del diario francés L’Humanité, difundida por Middle East Eye, documentó que Marruecos usó drones Hermes lanzados desde la base aérea de Smara para matar a civiles en el Sáhara.

Sáhara Occidental: el bloqueo político refuerza la posición del Polisario mientras De Mistura retoma contactos en Tinduf

En marzo de 2024 Marruecos e Israel lograron juntos que el informe anual de derechos humanos del Parlamento Europeo eliminara las referencias a las violaciones en Palestina y en el Sáhara Occidental. La enmienda salió adelante con 386 eurodiputados y con la colaboración del grupo socialista y del eurodiputado español Nacho Sánchez Amor, ponente del informe.

En toda guerra mueren combatientes. En esta también, año tras año, desde 2020.

Lehbib no es el primer comandante saharaui que un dron marroquí mata mientras dirige ataques contra el muro. En abril de 2021 murió cerca de Tifariti el jefe de la gendarmería del Polisario, Eddah Al-Bendir, en un ataque con drones. El 1 de septiembre de 2023 murió Abba Ali Hamudi, comandante de la Sexta Región Militar y miembro del Secretariado Nacional, junto a otros tres combatientes, en un bombardeo de drones cerca de Mahbes. El 7 de junio de 2026 ha muerto Lehbib Mohamed Abdelaziz, del Secretariado Nacional y entre medias una cantidad indeterminada de combatientes sin nombre.

Conviene preguntarse a quién incomoda decir que existe una guerra y que en ella mueren hombres. Incomoda a quien ha decidido que el Sáhara Occidental es un asunto cerrado y prefiere tratar cada muerto como un incidente aislado. Incomoda a los gobiernos que han apostado por Marruecos y necesitan que esto parezca un trámite diplomático cuando es una ocupación militar disputada por las armas, con tecnología israelí, en un territorio que la ONU sigue considerando pendiente de descolonización.

El 5 de mayo de 2026, el Polisario lanzó tres proyectiles contra bases militares marroquíes cerca de Smara. No hubo muertos ni daños materiales. En cuestión de días condenaron el ataque España, la Unión Europea, Estados Unidos, Francia, Bélgica, la República Checa, Liberia, Emiratos Árabes Unidos, Jordania, Kuwait, Arabia Saudí y Qatar. Varios lo llamaron «ataque terrorista». Casi todos ataron la condena al respaldo del plan de autonomía marroquí.
Un mes después, un dron mata a un comandante saharaui y a dos combatientes más. Silencio. Ninguno de esos gobiernos ha dicho una palabra. Mismo conflicto, mismo tipo de acto (fuego contra objetivos militares), trato opuesto. Tres proyectiles sin víctimas merecieron una condena; tres muertos no merecen una línea.

El caso de España es el más difícil de justificar. Fue la potencia colonial y sigue siendo, en derecho, la potencia administradora del territorio según la ONU: le corresponde la responsabilidad jurídica de una descolonización que nunca completó. En marzo de 2022, el Gobierno de Pedro Sánchez abandonó cuatro décadas de neutralidad y respaldó por carta el plan de autonomía marroquí. Desde entonces condena los ataques saharauis y calla ante los marroquíes. Tras la muerte de Lehbib, el delegado del Polisario en España, Abdulah Arabi, denunció los «dobles estándares» del Gobierno y su silencio.

La Unión Europea no está mejor situada. El 4 de octubre de 2024, el Tribunal de Justicia de la UE anuló los acuerdos comerciales y pesqueros entre la Unión y Marruecos en lo que afectaba al Sáhara Occidental, porque se habían firmado sin el consentimiento del pueblo saharaui, vulnerando el derecho de autodeterminación. La Comisión sigue buscando la forma de mantener esos acuerdos pese a la sentencia de su propio tribunal. Bruselas condena cohetes que no matan a nadie y desobedece a sus jueces para seguir pescando en aguas ocupadas.

Atacar objetivos militares en una guerra es un acto de guerra, no un crimen, lo haga quien lo haga. Si se acepta que esto es una guerra (y lo es) lo que escandaliza no es que Marruecos haya matado a un militar enemigo. Es el silencio selectivo y la negación de que la guerra existe.
Pero es que además, los muertos civiles no son simétricos ya que los drones marroquíes han matado civiles. Amnistía Internacional recogió la muerte de dos mauritanos y cuatro malienses en ataques con drones, y anotó que Marruecos los justificó como lucha contra el contrabando (lo que admite que no eran combatientes) y que no hubo investigación independiente. The Intercept entrevistó al testigo de un ataque contra un pastor que llevaba agua en su todoterreno. Adala UK documentó con nombres la muerte de dos civiles mauritanos en mayo de 2025. Las cifras totales están entre ochenta y cien muertos y heridos desde 2020.

Hablamos de drones de precisión que eligen vehículos civiles, uno a uno, lejos del combate.

Hay una guerra en el Sáhara Occidental. Empezó porque una descolonización quedó a medias en 1975 y porque una promesa de referéndum lleva más de treinta años sin cumplirse. Naciones Unidas mantiene una misión que hoy sirve para administrar la espera, no para terminarla. Marruecos sostiene su ventaja con drones israelíes, en un trueque que cambió un territorio ocupado por una embajada. En esa espera mueren hombres cuyos nombres casi nunca conocemos, y los gobiernos que se apresuran a condenar a un bando cuando dispara sin matar enmudecen cuando el otro mata.

No hace falta tomar partido para ver el problema. Basta con negarse a la mentira cómoda de que aquí no pasa nada. Pasa que hay una guerra, que tiene una causa, que la libran armas israelíes, que produce muertos, y que a demasiada gente le conviene no decirlo.

El POLISARIO no descarta que el caso Pegasus influyera en el giro de Sánchez sobre el Sáhara Occidental

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CHAHID HAFED (ECS) — El secretario general del Frente Polisario y presidente de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), Brahim Gali, ha acusado al Gobierno español de haber abandonado su histórica posición sobre el Sáhara Occidental y de mantener una política exterior que, a su juicio, favorece los intereses de Marruecos en detrimento de los derechos del pueblo saharaui.

En declaraciones recogidas por ABC, Gali lamenta especialmente el silencio de Madrid tras la muerte de Lehbib Abdelaziz y otros miembros del Polisario en un ataque de Marruecos. Según el dirigente saharaui, la falta de reacción evidencia una política de “doble rasero” en la defensa de los derechos humanos y del derecho internacional.

El líder saharaui sostiene que el pueblo del Sáhara Occidental continúa sufriendo una situación de ocupación y reclama la aplicación efectiva de las resoluciones internacionales que reconocen su derecho a la autodeterminación. En su opinión, el cambio de postura impulsado por Pedro Sánchez en 2022 supuso una ruptura con la legalidad internacional y con las responsabilidades históricas de España como potencia administradora del territorio.

Gali considera además que la posición del Ejecutivo español ha debilitado su credibilidad internacional al mostrar, según afirma, criterios diferentes ante conflictos comparables. También señala que España ha quedado apartada de cualquier papel relevante en una eventual negociación al alinearse con la propuesta marroquí para el territorio.

Respecto a las causas del giro diplomático, el dirigente del Polisario apunta a la posible influencia del caso Pegasus, aunque reconoce que las motivaciones reales solo las conoce el propio Gobierno español.

El responsable saharaui denuncia igualmente las políticas marroquíes en los territorios ocupados, incluyendo restricciones a la libertad de expresión y cambios demográficos que, según Gali, buscan alterar el equilibrio poblacional de cara a una futura consulta sobre el estatus del territorio.

Pese a las críticas dirigidas al Ejecutivo español, Gali distingue entre la actuación del Gobierno y la solidaridad mostrada por amplios sectores de la sociedad española. Destaca el trabajo de asociaciones y programas de cooperación que continúan apoyando a los refugiados saharauis en los campamentos.

La situación humanitaria en estos campamentos, añade, atraviesa un momento especialmente difícil debido a la reducción de la ayuda internacional. Aun así, considera que representan un símbolo de resistencia y de defensa de la identidad nacional saharaui.

Frente a quienes cuestionan la capacidad del Frente Polisario para ofrecer perspectivas de futuro a las nuevas generaciones, Gali sostiene que el principal obstáculo sigue siendo la ocupación del territorio y la falta de una solución política que permita al pueblo saharaui decidir libremente su destino.

Sáhara Occidental | De Mistura y el enviado de Trump se reúnen en Oslo tras el paso del mediador por el POLISARIO

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Por Ana Stella 

Madrid (ECS), — La diplomacia sobre el Sáhara Occidental se movió esta semana en dos escenarios. Primero en los campamentos de refugiados saharauis de Tinduf, donde el enviado personal del secretario general de la ONU, Staffan de Mistura, cerró el 8 de junio una visita de dos días. Después en Oslo, donde se vio con Massad Boulos, el asesor de Donald Trump para asuntos árabes y africanos que conduce el proceso impulsado por Washington. El encuentro se celebró en el marco del Foro de Oslo y lo acompañó la diplomacia noruega.

Según el representante del Frente POLISARIO ante la ONU y coordinador con la MINURSO, Dr. Sidi Mohamed Omar, el enviado mantuvo encuentros con organizaciones de mujeres, de jóvenes y de derechos humanos, con miembros del Consejo Consultivo y con el ministro de Asuntos Exteriores saharaui, Mohamed Yeslem Beissat, en la sede de su ministerio. La ronda se cerró con consultas con la dirección saharaui.

El contenido fue un análisis del estado del proceso de paz auspiciado por la ONU y de sus perspectivas a la luz de las conversaciones celebradas a comienzos de este año bajo los auspicios conjuntos de Naciones Unidas y Estados Unidos. La elección de los interlocutores (mujeres, jóvenes, sociedad civil9 sitúa a estos actores en primer plano de cara a la próxima Asamblea General y recuerda que detrás del expediente hay un pueblo, no solo una mesa de negociación.

Los saharauis no renuncian al referéndum

La posición saharaui combina dos elementos. El primero es la disposición a negociar: el Frente Polisario sigue sentado a la mesa y respalda los esfuerzos de la ONU. El segundo es la línea que no se mueve: cualquier solución pasa por el derecho del pueblo saharaui a decidir su futuro mediante una consulta libre.

El canciller Beissat lo expresó en abril, en una entrevista en los campamentos: el Polisario está dispuesto a debatir cualquier propuesta y cualquier escenario que conduzca a una solución mutuamente aceptable dentro de la legalidad internacional, e incluso a que el plan de autonomía marroquí figure como una de las opciones sometidas al pueblo saharaui, pero nunca como la única ni como una fórmula impuesta de antemano. Esa es la diferencia de fondo con Rabat: el Polisario acepta poner todas las opciones sobre la mesa porque confía en que el pueblo saharaui elija; Marruecos exige que sólo haya una y que no se vote.

La reunión de Oslo y el papel de Noruega

Boulos habló de una «valiosa discusión en el Foro de Oslo sobre el Sáhara Occidental» y sobre la importancia de una diplomacia sostenida para resolver la disputa. El viceministro de Asuntos Exteriores de Noruega, Andreas Motzfeldt Kravik, escribió que había sido un placer intercambiar opiniones con Boulos y con el enviado de la ONU, y reivindicó el papel de su país en la facilitación del diálogo y otros esfuerzos de paz en el mundo.

Boulos cambia el vocabulario

En sus dos mensajes sobre el encuentro, Boulos repitió la fórmula de la Resolución 2797 (una solución política justa, duradera y mutuamente aceptable) y añadió que, en palabras del presidente Trump, las discusiones de buena fe deben celebrarse «sin demora».

El detalle relevante es lo que Boulos no dijo. En sus intervenciones de los últimos meses había repetido la fórmula de una «autonomía genuina bajo soberanía marroquí» como base de cualquier acuerdo; lo hizo, en sus propias palabras en X, tras reunirse en abril con el jefe de la MINURSO, Alexander Ivanko. En ninguno de los dos mensajes sobre Oslo mencionó la autonomía: se limitó al lenguaje de la propia resolución, la misma expresión que usa la ONU y que no prejuzga el resultado.

La gira de junio se enmarca en el mandato que el Consejo de Seguridad otorgó al enviado mediante la Resolución 2797, aprobada el 31 de octubre de 2025, que prorrogó la MINURSO un año. Esa resolución toma el plan de autonomía marroquí como base para las negociaciones, pero mantiene como objetivo una solución justa, duradera y mutuamente aceptable que prevea la autodeterminación del pueblo saharaui. Sidi Mohamed Omar había anunciado días antes que De Mistura preparaba una nueva gira regional.

El proceso, impulsado por la administración Trump desde comienzos de 2026, está estancado. Hubo una primera reunión en Madrid, en la embajada estadounidense, a comienzos de febrero (revelada por el periodista español Ignacio Cembrero), y otra ronda en Washington los días 23 y 24 de ese mes, con Marruecos, Argelia, Mauritania y el Frente Polisario. Las posiciones de fondo no se han movido: Rabat ofrece autonomía bajo su soberanía y descarta el referéndum; el Polisario reclama la consulta de autodeterminación que la ONU prometió en 1991 y que nunca se celebró.

De Mistura informará de sus contactos al Consejo de Seguridad antes del próximo debate sobre el futuro de la MINURSO, cuyo mandato vence el 31 de octubre. La cuestión de fondo es si estas reuniones servirán para algo mientras Marruecos mantenga su negativa a que el pueblo saharaui vote.