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22 mayo 2026

Emiratos Árabes Unidos representa un grave riesgo para la seguridad y la estabilidad en África (Mapa de influencia)

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Madrid (ECS) .- El Instituto Alemán de Asuntos Internacionales y de Seguridad (SWP) publicó un informe político de alto impacto en el que documenta, según afirma, la transformación de Emiratos Árabes Unidos en una de las principales potencias desestabilizadoras del continente africano.

El informe revela una estrategia emiratí sistemática basada en la gestión de conflictos armados, el apoyo a redes paralelas y actores locales aliados, así como la utilización de puertos en el Cuerno de África y África Occidental para debilitar la autoridad de los Estados centrales y crear un modelo de “Estado dentro del Estado”.

El informe identifica cuatro principales escenarios geográficos de intervención emiratí. El primero es Sudán, donde, según el informe, Abu Dabi habría intentado debilitar al ejército y desmantelar las instituciones oficiales en beneficio de una facción armada.

En Libia, el informe sostiene que Emiratos ha contribuido a consolidar la división militar y política entre el este y el oeste del país, obstaculizando la formación de un gobierno unificado.

Respecto a Etiopía, el texto señala una implicación destinada a alterar los equilibrios de poder en los conflictos internos mediante apoyo tecnológico al Gobierno.

En Somalia, el informe acusa a Emiratos de socavar la soberanía nacional al marginar a Mogadiscio y establecer relaciones directas con regiones separatistas o semiautónomas como Puntlandia y Somalilandia.

Así está el mapa de influencia de Emiratos Árabes Unidos, un proyecto de hegemonía regional gestionado desde las sombras

Un mapa elaborado por el Centro de Análisis Geopolítico de ECSaharaui, basándose en el informe de SWP, revela lo que muchos observadores consideran un ambicioso proyecto de expansión de la influencia de Emiratos Árabes Unidos (EAU) en África y Oriente Medio. Lejos de tratarse de una simple red de inversiones o alianzas estratégicas, el documento expone una arquitectura de poder basada en presencia militar, control de infraestructuras portuarias y gestión indirecta de conflictos armados.

Según esta lectura, EAU ha construido, en las últimas dos décadas, una red de influencia que se extiende desde el Golfo Pérsico hasta el océano Atlántico, combinando inversiones económicos, de seguridad y de intervención política.

Presencia militar: la proyección del poder duro

Uno de los pilares centrales de esta estrategia es la dimensión militar. En Libia, Emiratos Árabes Unidos ha sido señalado por su apoyo directo —militar y logístico— a las fuerzas del mariscal Jalifa Haftar, con presencia en Bengasi, Tobruk y la base aérea de Al-Jufra. Libia ha funcionado como plataforma para extender la influencia emiratí hacia otras zonas inestables, como Darfur en Sudán, Chad y el Sahel africano, contribuyendo a la prolongación del conflicto libio y al debilitamiento de las instituciones estatales.

En el Cuerno de África, la antigua base emiratí en Assab, Eritrea, desempeñó un papel clave durante la guerra de Yemen, antes de ser abandonada tras consolidarse el control estratégico del estrecho de Bab el-Mandeb.

En Chad, la base aérea de Um Jaras aparece como un punto de apoyo logístico para operaciones regionales, mientras que en la República Centroafricana se ha planteado la creación de una instalación logística vinculada a un conflicto interno particularmente violento.

Puertos estratégicos: el eje del poder económico

La segunda columna del proyecto emiratí es el control de puertos y rutas marítimas a través de la empresa DP World. Desde Casablanca, en Marruecos, hasta Mombasa, en Kenia, pasando por Alejandría y Puerto Said en Egipto, Puerto Sudán, Berbera y Bosaso en Somalia, la red portuaria emiratí cubre algunos de los puntos más sensibles del comercio internacional.

Especial atención merece Bab el-Mandeb, uno de los pasos marítimos más importantes del mundo, donde la isla de Mayún se ha convertido en un enclave estratégico. Para los expertos, estos puertos no cumplen únicamente funciones comerciales, sino que operan como herramientas de presión política y de influencia en materia de seguridad regional.

Más allá de las bases visibles, el mapa demuestra una estrategia de penetración menos explícita en países como Malí, Níger y Burkina Faso, mediante contratos de entrenamiento, financión directa, suministro de equipos y cooperación en seguridad, en una región marcada por el terrorismo yihadista y la inestabilidad política.

En Etiopía, Emiratos habría desempeñado un papel indirecto en el conflicto de Tigray y mantiene negociaciones para asegurar acceso al mar Rojo. En el sur del continente, Tanzania y Mozambique (especialmente la región de Cabo Delgado) figuran como escenarios de contratos de seguridad bajo el argumento de la lucha contra el terrorismo.

El uso de conflictos como herramienta estratégica

En Sudán, particularmente en Darfur, se denuncia un apoyo indirecto canalizado a través de Libia, vinculado a redes de mercenarios y al comercio de oro. En Yemen, Emiratos ha respaldado milicias locales, debilitando la autoridad central y consolidando su control sobre costas e islas estratégicas.

Según esta información, el patrón se repite: debilitamiento del Estado, fortalecimiento de actores armados aliados y, finalmente, capacidad de influir en las decisiones políticas clave.

Aunque Argelia no aparece como punto directo de influencia en el mapa, su posición geográfica la sitúa en el centro del tablero. Rodeada por Libia al este, el Sahel al sur y el Mediterráneo al norte, el país es considerado como un objetivo indirecto de los emiratíes. Su rechazo a la presencia de bases militares extranjeras y su énfasis en la soberanía nacional convierten a Argelia en un obstáculo para este proyecto, lo que explicaría la presión ejercida sobre su entorno regional saheliano más que sobre su territorio.

Lo que este mapa pone de relieve es una visión crítica del papel de Emiratos Árabes Unidos en África y Oriente Medio: un proyecto de reconfiguración regional apoyado en el capital financiero, el control de infraestructuras estratégicas, la fuerza militar y actores no estatales. Sus defensores lo presentan como una estrategia de estabilidad y desarrollo; sus detractores, como una forma de hegemonía que ignora la soberanía de los Estados y agrava los conflictos existentes.

El debate, lejos de cerrarse, continúa creciendo a medida que la influencia emiratí se expande y sus efectos se hacen cada vez más visibles en el tablero geopolítico regional. Este mapa no representa un análisis académico neutral, sino que revela claramente un amplio proyecto de influencia emiratí basado en la influencia, el control de los puertos y la gestión de conflictos por encargo (guerra proxy), desde el Golfo hasta el Atlántico.

Lo que está ocurriendo no es “inversión” ni “asociaciones”, sino un control gradual de los ejes clave de la geopolítica en África y Oriente Medio. Un proyecto para reconfigurar África y el mundo árabe mediante el dinero, los puertos, las armas y los mercenarios, sin considerar las consecuencias ni respetar la soberanía de los Estados ni la estabilidad de los pueblos.

Las bases y apoyo militar (influencia dura)

Libia; Bengasi – Tobruk – Al-Jufra; Apoyo militar y logístico directo a las fuerzas del general Jalifa Haftar. Uso del este de Libia como base de intervención en Darfur (Sudán), Chad y la región del Sahel.

Eritrea – Base de Assab (anteriormente); Base militar emiratí utilizada en la guerra de Yemen, antes de ser abandonada tras consolidar la influencia en Bab el-Mandeb.

Chad: Base aérea de Um Jaras. Punto de apoyo estratégico para operaciones militares regionales.

República Centroafricana: Propuesta de creación de una instalación logística. Apoyo a actores armados en un conflicto interno sangriento.

Cooperación en seguridad y tecnología (sistemas de vigilancia fronteriza)

Segundo: los puertos… la nueva ocupación económica. A través de la empresa DP World, Emiratos Árabes Unidos se ha convertido en un actor geopolítico:

Marruecos: Casablanca (conexión atlántica)

Egipto: Alejandría – Puerto Said (eje de defensa y energía)

Siria: Puerto de Tartús (contratos de operación)

Sudán: Puerto Sudán

Yibuti: Doraleh (conflicto)

Somalia / Somalilandia: Berbera – Bosaso

Kenia: Mombasa

Yemen: Adén – Al-Mokha

Bab el-Mandeb: Isla Mayún (cuello de botella estratégico global)

Los puertos aquí no son solo para el comercio, sino herramientas de presión política y de seguridad.

Tercero: acuerdos de seguridad e interferencia

Malí – Níger – Burkina Faso; Entrenamiento, equipamiento y contratos de seguridad.

Intervención en una región afectada por terrorismo yihadista y los golpes de Estado.

Etiopía; Intervención indirecta en el conflicto de Tigray. Negociaciones para acceder al mar Rojo.

Tanzania – Mozambique (Cabo Delgado); Contratos de seguridad bajo el pretexto de “lucha contra el terrorismo”.

Cuarto: apoyo a conflictos armados

Sudán (Darfur); Apoyo indirecto a través de Libia. Vinculación con el oro y el uso de mercenarios para apoyar a las Fuerzas De Apoyo Rápido (rebeldes en Sudán).

Yemen; Apoyo a milicias locales. Desmantelamiento del poder central. Control de costas e islas. Aquí Arabia Saudí tuvo que intervenir militarmente ya que la interferencia emiratí afecta a su seguridad.

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