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105 años de la proclamación de la República del Rif: el PNR celebra su Vi Conferencia internacional de Bruselas

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Bruselas | PNR

Bruselas (ECS).- La capital belga, Bruselas, acogió el sábado por la tarde la VI Conferencia internacional dedicada a abordar la cuestión rifeña desde sus dimensiones histórica, política, jurídica y de derechos humanos, con la participación de diplomáticos, políticos, defensores de los derechos humanos, analistas y expertos jurídicos procedentes de varios países europeos e internacionales. El encuentro coincidió con una serie de movilizaciones organizadas por el Partido Nacional Rifeño en la capital belga con el objetivo de volver a plantear sus reivindicaciones en el ámbito internacional.

Koldo Salazar reivindica el Rif y reclama a España una respuesta firme ante las presiones de Marruecos

El seminario contó con la presencia de varias personalidades que abordaron la cuestión rifeña desde diferentes perspectivas, entre ellas Marcos García, el Embajador de Venezuela en Bélgica y Luxemburgo, así como Pedro Pinto Leite, secretario general de la Plataforma Internacional de Juristas por Timor Oriental. También participaron los analistas Carlos Sánchez y Carlos Paz, el experto Koldo Salazar y la analista política María Isabel Valero. También estuvo presente una delegación saharaui encabezada por Nayem Chiaa, segundo de la representación del Polisario en Francia.

Las intervenciones y los debates abordaron los antecedentes históricos de la cuestión rifeña y su evolución política, además de los aspectos jurídicos y relacionados con los derechos humanos vinculados a ella, en un intento de presentar el asunto ante un público europeo e internacional que trascienda el marco local y regional.

La organización de la Conferencia anual se enmarca en una movilización política y mediática más amplia del Partido Nacional Rifeño dentro del espacio europeo, ya que el partido pretende mantener la cuestión rifeña presente en los debates políticos, intelectuales y jurídicos internacionales, así como exponer su visión sobre la situación política del Rif y su futuro.

105 años de la proclamación de la República del Rif

La celebración de esa conferencia coincidió el sábado con la organización de una marcha en Bruselas, en la que participaron centenares de simpatizantes del Partido Nacional Rifeño. Durante la manifestación, los participantes exhibieron reivindicaciones relacionadas con el derecho a la autodeterminación, la libertad y la independencia, mientras el partido reiteraba en su discurso político su exigencia de poner fin a la ocupación marroquí de la región del Rif.

Según el corresponsal de ECSaharaui, que ha abordado la actividad del partido en Bruselas, el acto contó con la presencia de representantes y diplomáticos de varios países, además de expertos en Derecho y analistas políticos, entre ellos Pedro Pinto Leite, Koldo Salazar, Carlos Paz, Carlos Sánchez y María Isabel.

Las movilizaciones celebradas esta semana en Bruselas adquirieron una dimensión simbólica para los organizadores por coincidir con el 105.º aniversario de la proclamación de la República del Rif en 1921, una etapa histórica vinculada al liderazgo de Abdelkrim el Jatabi en la resistencia rifeña contra la presencia colonial española y francesa en el norte de Marruecos durante la década de 1920.

Los estudios históricos recientes señalan que la experiencia de la República del Rif durante la década de 1920 trascendió el marco militar local, ya que sus dirigentes intentaron plantear su causa en foros internacionales, incluida la Sociedad de Naciones, y establecieron contactos con movimientos anticoloniales de diferentes regiones.

Sin embargo, el debate histórico sobre la República del Rif de la década de 1920 difiere del proyecto político contemporáneo planteado por el Partido Nacional Rifeño. Esta distinción resulta importante a la hora de abordar el asunto, especialmente porque el movimiento actual ofrece una lectura política contemporánea de aquella experiencia histórica y reclama recuperar la independencia del Rif, mientras que la República de Abdelkrim el Jatabi pertenece a un contexto histórico completamente diferente. Un análisis publicado recientemente ha abordado esta separación entre ambas experiencias y señala que el Partido Nacional Rifeño presenta un proyecto político contemporáneo basado en el legado histórico de la República del Rif.

La celebración de estas actividades en Bruselas refleja la continuidad del traslado de la cuestión rifeña a los espacios de debate político europeo, especialmente debido a la existencia de una comunidad rifeña en varios países europeos y a la vinculación de parte de la actividad política del partido con el espacio europeo.

Asimismo, la participación de personalidades procedentes de ámbitos diplomáticos, jurídicos, mediáticos e intelectuales otorga a las actividades organizadas en Bruselas un carácter multidimensional, que combina la recuperación de la memoria histórica, el planteamiento de reivindicaciones políticas y el análisis de la cuestión desde la perspectiva del Derecho internacional y de los derechos de los pueblos.

En este contexto, destaca específicamente la participación de Marcos García por tratarse de una presencia diplomática oficial. Estas movilizaciones se producen en un momento en el que el Partido Nacional Rifeño intenta ampliar el conocimiento de sus reivindicaciones más allá de la región del Rif mediante la organización de congresos, seminarios y manifestaciones en Europa, con el objetivo de transformar la cuestión de un asunto de carácter histórico y regional en un tema de debate ante personalidades, instituciones y círculos políticos e intelectuales internacionales.

De este modo, Bruselas se convirtió el sábado en escenario de dos acontecimientos simultáneos: una Conferencia política e intelectual y una manifestación popular, ambos centrados en la cuestión rifeña y en las reivindicaciones del Partido Nacional Rifeño, con motivo del 105.º aniversario de la proclamación de la República del Rif.

Koldo Salazar reivindica el Rif y reclama a España una respuesta firme ante las presiones de Marruecos

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El analista sostiene que la soberanía española sobre Ceuta, Melilla y Canarias «no es negociable» y vincula las actuales tensiones con Rabat con la situación del Rif y el Sáhara Occidental

Bruselas (ECS).- El analista internacional Koldo Salazar ha defendido una posición de firmeza ante las reivindicaciones territoriales que Marruecos mantiene sobre Ceuta, Melilla y Canarias y ha reclamado una relación bilateral con Rabat basada en el «respeto mutuo». En un discurso pronunciado ante la Sexta Conferencia del Partido Nacional Rifeño, celebrada este sábado en Bruselas, Salazar situó la soberanía española sobre estos territorios como una cuestión no susceptible de negociación y vinculó las tensiones en el norte de África con la situación política y territorial del Rif y del Sáhara Occidental.

El Parlamento Europeo reprende al régimen marroquí por el uso de la migración como instrumento de presión contra España

Salazar afirmó que España se encuentra ante un escenario en el que su soberanía es cuestionada «de manera directa o mediante tácticas de presión híbrida» y sostuvo que las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, así como Canarias, forman parte de las realidades territoriales que España debe defender. En su intervención, reclamó que los países vecinos respeten «el derecho internacional y la realidad histórica» de las plazas españolas en el norte de África.

El analista puso además el foco en lo que calificó como utilización de la migración como «arma de chantaje», junto a las tensiones sobre las aguas territoriales y la estabilidad de la frontera sur española. A su juicio, estos elementos forman parte de un escenario de presión que requiere una respuesta firme por parte de España.

«España no es una potencia colonial que busca expandirse; España es un Estado soberano», sostuvo Salazar, quien añadió que Madrid debe exigir a Rabat el respeto de las fronteras y de la soberanía española. En este contexto, afirmó que la determinación para proteger «cada metro de suelo español» es, según sus palabras, «inquebrantable».

El Rif como elemento central del discurso

Una parte sustancial de la intervención estuvo dedicada al Rif. Salazar cuestionó la política del régimen marroquí hacia esta región y estableció un paralelismo entre las reivindicaciones territoriales de Rabat hacia España y la situación de las comunidades rifeñas.

«El Rif es la prueba viviente de las contradicciones de quienes nos acusan», afirmó. En su discurso sostuvo que existe una «política de negación» hacia la identidad rifeña y cuestionó que Marruecos reivindique determinados territorios mientras, según su interpretación, limita las aspiraciones políticas y culturales de los rifeños.

Salazar extendió esta argumentación al conflicto del Sáhara Occidental y a las relaciones de Marruecos con otros países del Magreb. En concreto, mencionó las tensiones con Argelia y las reivindicaciones territoriales que atribuyó a Rabat respecto al denominado «Sáhara Oriental», además de referencias a Mauritania, Mali y Senegal.

«España no será el saco de boxeo»

El discurso elevó el tono al abordar las relaciones bilaterales. Salazar afirmó que España no pretende «desestabilizar a nadie», pero advirtió de que tampoco aceptará convertirse, en sus palabras, en «el saco de boxeo de aspiraciones expansionistas».

El analista y periodista español reclamó una relación de vecindad sustentada en el respeto mutuo y sostuvo que ese principio debe aplicarse en ambas direcciones. «El respeto es una calle de doble sentido», afirmó antes de volver a situar Ceuta, Melilla y Canarias en el centro de su intervención.

En paralelo, Salazar reivindicó la dimensión histórica de la cuestión rifeña y aludió a la salida española del Protectorado y a la figura de Abdelkrim Jatabi. Según su discurso, la historia del Rif debe formar parte de cualquier análisis sobre la actual realidad política del norte de África.

Críticas a la política española en el norte de África

Salazar también dirigió parte de sus críticas hacia España. Consideró que existe una «olvidada por España» aspiración del pueblo rifeño y reclamó revisar las consecuencias de la presencia y posterior salida española de África.

En el tramo final de su intervención vinculó esta cuestión con el Sáhara Occidental y con el sufrimiento de las poblaciones indígenas rifeña y saharaui, reclamando abordar los efectos históricos de la política española en la región.

El discurso concluyó con una defensa explícita de la soberanía española y un rechazo a cualquier forma de presión o coacción. «España estará siempre abierta al diálogo, pero no a la capitulación con nadie», afirmó Salazar, antes de insistir en que la soberanía española debe ser respetada.

«El tiempo de las medias tintas ha terminado», sostuvo el analista, quien cerró su intervención defendiendo que la dignidad y la soberanía de España no deben quedar supeditadas a intereses comerciales o de seguridad.

El Parlamento Europeo reprende al régimen marroquí por el uso de la migración como instrumento de presión contra España

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Bruselas (ECS). — El Parlamento Europeo condenó enérgicamente el uso de la migración masiva por parte del régimen marroquí como instrumento de presión y chantaje político contra España, después de que más de 80.000 marroquíes cruzaran hacia Ceuta en el plazo de dos días y 141 personas murieran al intentar llegar a la ciudad a nado.

La resolución calificó lo ocurrido en la ciudad autónoma como un «ataque híbrido» y una violación de las fronteras y de la soberanía españolas, y responsabilizó al régimen marroquí de la supuesta falta deliberada de control de sus fronteras y de la prevención de la tragedia.

El uso de miles de jóvenes y menores como instrumentos en un conflicto político constituye, según el texto, un comportamiento peligroso y deshumanizador, que demostraría la disposición del régimen marroquí a poner en riesgo la vida de sus propios ciudadanos y la seguridad de un Estado vecino con el objetivo de obtener beneficios políticos.

El Parlamento Europeo instó asimismo a Marruecos a asumir sus responsabilidades y a cooperar en el control de las fronteras y en la devolución de los migrantes, al tiempo que advirtió de la posibilidad de suspender las ayudas europeas y reclamar la devolución de fondos si se constatara una falta de cooperación.

Marruecos consolida su alianza militar con Israel con más de 1.900 millones de dólares en contratos de defensa

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Rabat ha convertido a Israel en uno de sus principales suministradores de tecnología militar avanzada, desde sistemas de defensa aérea y artillería de precisión hasta municiones merodeadoras, guerra electrónica y satélites de reconocimiento

Madrid (ECS) — La cooperación militar entre Marruecos e Israel ha entrado en una nueva fase. Cinco años después del restablecimiento de las relaciones diplomáticas, Rabat y Tel Aviv han pasado de cerrar operaciones puntuales de adquisición de armamento a desarrollar una relación estratégica que abarca defensa aérea, artillería de largo alcance, drones, guerra electrónica, inteligencia y capacidades espaciales.

El último paso se produjo el 5 de enero de 2026, cuando representantes de ambos países firmaron en Tel Aviv el Plan de Trabajo Militar Bilateral para 2026, durante la tercera reunión del Comité Militar Conjunto. El documento establece el marco de cooperación militar para este año y confirma la voluntad de ambos Gobiernos de profundizar sus relaciones en materia de defensa.

El plan, sin embargo, no constituye por sí mismo un contrato de armamento ni lleva asociada públicamente una cifra económica. Su importancia reside en que institucionaliza una cooperación que en los últimos años se ha traducido en contratos valorados en más de 1.900 millones de dólares, tomando únicamente aquellas operaciones cuya cuantía ha sido publicada o estimada por fuentes solventes.

El gran salto: dos satélites Ofek-13 por unos 1.000 millones de dólares

La operación de mayor envergadura conocida es el acuerdo alcanzado en 2024 entre Marruecos e Israel Aerospace Industries (IAI) para la adquisición de dos satélites de reconocimiento Ofek-13, en una operación estimada en aproximadamente 1.000 millones de dólares.

La operación supone un salto cualitativo para las Fuerzas Armadas Reales de Marruecos. El Ofek-13 es un sistema de reconocimiento espacial destinado a proporcionar imágenes de alta resolución para inteligencia, vigilancia y reconocimiento.

Según las informaciones disponibles, la entrega del sistema se desarrollará durante varios años. La operación convirtió a Marruecos en uno de los clientes internacionales más importantes de IAI y constituye el mayor acuerdo de defensa conocido entre ambos países desde la normalización de sus relaciones.

La adquisición tiene además una dimensión estratégica evidente: permite a Rabat reforzar sus capacidades propias de obtención de inteligencia desde el espacio, reduciendo su dependencia de información procedente de terceros países.

Barak MX: el escudo antiaéreo israelí para Marruecos

Antes del salto espacial, Rabat ya había apostado por Israel para reforzar uno de los principales puntos débiles de sus Fuerzas Armadas: la defensa aérea.

En febrero de 2022, Marruecos cerró con IAI un contrato estimado inicialmente en 500 millones de dólares para adquirir el sistema Barak MX. Las primeras entregas comenzaron en 2023 y el despliegue del sistema ha continuado posteriormente.

El Barak MX proporciona defensa frente a aeronaves, drones y diferentes tipos de misiles y constituye una pieza central de la arquitectura de defensa aérea que Marruecos está construyendo.

En enero de 2026, informaciones procedentes de Israel señalaron que Marruecos había completado el despliegue del sistema adquirido a IAI.

La operación resulta especialmente relevante por su carácter complementario con otras adquisiciones marroquíes: Rabat está construyendo una arquitectura en la que los sensores, los sistemas de mando y control y los interceptores trabajan de forma integrada.

El volumen económico conocido

Si nos limitamos exclusivamente a contratos israelíes con una valoración publicada y razonablemente documentada, tenemos aproximadamente:

Año Contrato Empresa Valor aproximado
2021 Harop IAI 22 M$
2021 Skylock Dome Israel No publicado
2022 Barak MX IAI 500-560 M$
2022 EW/SIGINT Alinet Elbit 70 M$
2022/23 PULS Elbit 150 M$
2024 Ofek-13 ×2 IAI 1.000 M$
2025 ATMOS 2000 ×36 Elbit 175-230 M$
2025 SPY-X / fábrica BlueBird/IAI No publicado
2026 Plan militar bilateral Gobiernos Sin cifra publicada

Elbit entra en la artillería marroquí

La segunda gran empresa israelí que ha penetrado en el mercado marroquí es Elbit Systems.

En 2025, Marruecos seleccionó el ATMOS 2000, un obús autopropulsado de 155 mm montado sobre plataforma de ruedas. El contrato contempla 36 sistemas y ha sido valorado en torno a 150-175 millones de dólares/euros según la fuente y el alcance atribuido al paquete.

El ATMOS permite emplear munición de 155 mm y alcanzar distancias superiores a los 40 kilómetros, proporcionando a las Fuerzas Armadas Reales una capacidad de artillería móvil y de largo alcance.

La elección israelí supone además un revés para la industria francesa, ya que Marruecos había adquirido previamente sistemas CAESAR y posteriormente optó por el producto de Elbit para nuevas capacidades de artillería.

PULS: cohetes de precisión y capacidad de ataque en profundidad

Elbit también ha proporcionado a Marruecos el sistema PULS (Precise and Universal Launching System), una plataforma de lanzamiento múltiple capaz de emplear diferentes familias de cohetes y misiles.

La operación se cifra en torno a 150 millones de dólares. Las entregas se completaron durante 2026, mientras Marruecos ha realizado pruebas con municiones asociadas al sistema.

Una de las municiones empleadas por el PULS es el EXTRA, un misil guiado de precisión. Marruecos realizó pruebas del sistema, demostrando su interés por disponer de una capacidad de fuegos de precisión a larga distancia.

La combinación ATMOS + PULS proporciona a Rabat dos capacidades diferentes pero complementarias: artillería convencional de 155 mm y lanzamiento de cohetes y misiles guiados.

Guerra electrónica e inteligencia de señales

La cooperación israelí no se limita al armamento convencional.

Marruecos también ha adquirido capacidades israelíes de guerra electrónica e inteligencia de señales, en operaciones vinculadas a Elbit Systems y sus soluciones de inteligencia electrónica.

Entre ellas figura Alinet, un sistema destinado a proporcionar capacidades avanzadas de inteligencia electrónica y explotación de señales. Las operaciones relacionadas con este ámbito han sido valoradas en aproximadamente 70 millones de dólares.

Este componente resulta especialmente significativo porque la modernización marroquí no se está desarrollando únicamente alrededor de plataformas y municiones. Rabat está incorporando también sensores y capacidades destinadas a detectar, identificar e interpretar las emisiones electromagnéticas de potenciales adversarios.

Harop: las municiones merodeadoras

La cooperación militar arrancó con sistemas más pequeños pero igualmente significativos.

En 2021, IAI estuvo vinculada a una operación de aproximadamente 22 millones de dólares relacionada con la adquisición por Marruecos de municiones merodeadoras Harop.

Estos sistemas combinan las características de un dron y un misil: pueden permanecer durante un periodo determinado sobre una zona de operaciones, localizar un objetivo y posteriormente atacarlo directamente.

El Harop permitió a Marruecos incorporar una nueva categoría de armamento de precisión y ataque de oportunidad.

Drones y fabricación dentro de Marruecos

Otro de los elementos que diferencia la relación con Israel es el intento de pasar de la simple importación de material a la producción local.

Empresas israelíes vinculadas a IAI han participado en proyectos relacionados con UAV y municiones merodeadoras destinados al mercado marroquí.

Entre los sistemas asociados a esta cooperación aparecen las familias WanderB y ThunderB, además de proyectos relacionados con el SPY-X.

BlueBird Aero Systems, compañía participada por IAI, ha desarrollado además actividad industrial en Marruecos vinculada a la fabricación de sistemas no tripulados. El objetivo estratégico es claro: que Marruecos no sea únicamente comprador de tecnología israelí, sino también plataforma de producción.

En este caso, las cifras económicas y el número total de unidades producidas localmente no han sido publicados de manera suficientemente precisa, por lo que no deben incorporarse al cálculo de los contratos conocidos.

Skylock Dome: defensa frente a los drones

La lista incluye asimismo el sistema Skylock Dome, diseñado para detectar y neutralizar drones.

Marruecos adquirió este tipo de tecnología israelí en el marco de su creciente preocupación por las amenazas procedentes de UAV, especialmente después de que los drones se hayan convertido en uno de los principales elementos de la guerra moderna.

El importe del contrato no se ha hecho público, por lo que tampoco forma parte del subtotal económico conocido.

Una alianza que ya no se limita a comprar armas

La evolución de los últimos cinco años permite observar un cambio sustancial en la naturaleza de la cooperación. En una primera fase, Marruecos adquirió municiones merodeadoras, sistemas antidron y capacidades electrónicas.

Posteriormente, Rabat incorporó defensa aérea Barak MX y artillería/cohetería PULS.

La siguiente fase elevó la relación a capacidades estratégicas con la adquisición de dos satélites Ofek-13 por unos 1.000 millones de dólares. Y en paralelo se ha abierto una cuarta vía: la producción de tecnología militar israelí en territorio marroquí.

El resultado es una relación que abarca prácticamente todo el ciclo de las operaciones militares modernas: detectar, identificar, obtener inteligencia, proteger las fuerzas propias y atacar objetivos a distancia.

Más de 1.900 millones de dólares en contratos conocidos

Si se suman únicamente las operaciones para las que existe una valoración económica publicada o documentada, el volumen supera los 1.900 millones de dólares.

La mayor parte corresponde a los dos satélites Ofek-13, con aproximadamente 1.000 millones de dólares, seguidos del Barak MX, con unos 500 millones, PULS, con unos 150 millones, ATMOS 2000, con una valoración situada aproximadamente entre 150 y 175 millones, y las operaciones de guerra electrónica y Harop.

A esa cantidad habría que añadir los programas cuyo importe no ha sido divulgado: sistemas antidron, UAV, municiones, infraestructura, mantenimiento, formación y los proyectos de producción local.

Por ello, los 1.900 millones no representan el valor total de la cooperación militar entre ambos países, sino únicamente el volumen que puede reconstruirse con cifras públicas.

Una relación estratégica en expansión

La firma del Plan de Trabajo Militar para 2026 confirma que la cooperación no se ha detenido después de las grandes adquisiciones.

Marruecos e Israel han establecido un mecanismo permanente de cooperación militar mediante el Comité Militar Conjunto, mientras Rabat continúa incorporando tecnología procedente de la industria israelí.

El resultado es una de las transformaciones más importantes experimentadas por las Fuerzas Armadas Reales en las últimas décadas: Marruecos está combinando material estadounidense y europeo con una creciente cartera de sistemas israelíes, al tiempo que intenta desarrollar una industria nacional capaz de fabricar parte de ese equipamiento.

La cuestión ya no es, por tanto, qué armas israelíes está comprando Marruecos, sino hasta dónde llegará la integración entre ambos complejos militares.

Con el Ofek-13 en el ámbito espacial, el Barak MX en defensa aérea, el PULS y el ATMOS en fuegos terrestres, los sistemas de guerra electrónica en inteligencia y los proyectos de UAV y municiones merodeadoras en producción, la relación entre Rabat y Tel Aviv ha dejado de ser una sucesión de contratos aislados para convertirse en una asociación militar de carácter estratégico.

El Frente POLISARIO vuelve a golpear el muro marroquí mientras se acelera la militarización del Sáhara Occidental

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El Ejército Popular de Liberación Saharaui reivindica nuevos ataques con cohetes y morteros contra posiciones marroquíes en un conflicto que Rabat intenta mantener fuera de la agenda internacional

Por Ahmed Zain

Madrid (ECS) — El conflicto del Sáhara Occidental continúa activo pese al silencio que rodea buena parte de sus operaciones militares. El Ejército Popular de Liberación Saharaui (ELPS) difundió este miércoles imágenes de nuevos ataques contra posiciones militares marroquíes desplegadas a lo largo del muro que divide el territorio saharaui.

Las imágenes muestran lanzamientos de cohetes desde vehículos ligeros y el empleo de morteros contra posiciones fortificadas. El Ministerio de Defensa de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) situó las operaciones en el sector de Um Dreiga, en la zona de Galab Al-Kamoun, y aseguró que los ataques provocaron daños y pérdidas entre las fuerzas marroquíes.

El alcance real de los daños no ha podido ser anunciado. Tampoco se han difundido imágenes concluyentes de impactos o bajas. Pero el episodio vuelve a poner de manifiesto una realidad que permanece fuera de buena parte de la agenda internacional: el alto el fuego de 1991 dejó de ser efectivo en noviembre de 2020 y desde entonces existe nuevamente una guerra entre Marruecos y el Frente Polisario.

Una guerra de desgaste frente a un ejército tecnológicamente superior

La estrategia saharaui se apoya fundamentalmente en ataques de hostigamiento contra posiciones militares, puestos avanzados y sectores del dispositivo defensivo marroquí.

Frente a ellos se encuentra una estructura militar considerablemente superior en medios convencionales. Marruecos dispone de una fuerza aérea moderna, artillería de largo alcance, drones israelíes, sistemas de vigilancia y una creciente arquitectura de defensa aérea respaldada por Washington y Tel Aviv.

«El desequilibrio tecnológico no significa, sin embargo, que el conflicto haya desaparecido.»

El Ejército saharaui mantiene una capacidad de ataque suficiente para conservar abierta la presión sobre las posiciones desplegadas junto al muro, obligando a Rabat a mantener efectivos, sensores, artillería y sistemas de vigilancia a lo largo de cientos de kilómetros de territorio desértico.

La guerra se ha convertido así en un enfrentamiento asimétrico: Marruecos apuesta por la superioridad tecnológica y el control territorial; el Polisario, por la movilidad, el conocimiento del terreno y una estrategia de desgaste destinada a impedir que la ocupación quede convertida en un hecho consumado sin contestación militar.

El muro marroquí, eje de la confrontación

El dispositivo marroquí constituye la principal infraestructura militar del conflicto.

La barrera defensiva, acompañada de campos de minas, posiciones fortificadas, radares y unidades militares de 120.000 soldados, atraviesa el Sáhara Occidental y separa las zonas bajo ocupación marroquí de aquellas situadas al este del muro y bajo control del Polisario.

Para Rabat, constituye la columna vertebral de su ocupación militar sobre el territorio. Para el Polisario, representa el símbolo material de una división que mantiene separado al pueblo saharaui y consolida una situación territorial que el Frente Polisario considera resultado de una ocupación.

Por ello, los ataques contra sectores del muro poseen también una dimensión política: pretenden demostrar que la cuestión saharaui no ha quedado resuelta mediante el control militar del territorio.

La respuesta marroquí se apoya cada vez más en drones israelíes

La evolución del conflicto ha coincidido con una profunda transformación de las capacidades militares marroquíes. Rabat ha incorporado en los últimos años una creciente flota de drones de vigilancia y ataque, junto a municiones de precisión y sistemas destinados a localizar objetivos a grandes distancias.

Esta transformación ha alterado las condiciones de la guerra en el desierto.

Las Fuerzas Armadas Reales pueden emplear UAV para realizar vigilancia persistente sobre amplias extensiones del territorio y ejecutar ataques contra objetivos detectados lejos de las principales posiciones militares.

El resultado es una guerra en la que la tecnología desempeña un papel cada vez más determinante y en la que las fuerzas saharauis afrontan una capacidad de vigilancia y ataque muy superior a la disponible durante las primeras décadas del conflicto.

Israel, nuevo proveedor estratégico de Rabat. Washington refuerza el eje militar con Marruecos

La transformación militar marroquí tiene además un componente que resulta imposible ignorar: Israel se ha convertido en uno de los principales proveedores de tecnología militar avanzada de Marruecos.

Desde el restablecimiento de las relaciones entre Rabat y Tel Aviv, ambos han multiplicado su cooperación en materia de defensa.

Marruecos ha adquirido sistemas israelíes de defensa aérea, guerra electrónica, artillería, municiones merodeadoras, drones y capacidades de inteligencia. Entre las operaciones más relevantes se encuentra la adquisición de dos satélites de reconocimiento Ofek-13, en un acuerdo valorado en torno a 1.000 millones de dólares.

A ello se suma el sistema de defensa aérea Barak MX, los lanzadores múltiples PULS, sistemas de artillería ATMOS 2000, capacidades de guerra electrónica y diferentes familias de UAV y municiones merodeadoras.

La cooperación ha entrado además en una nueva fase con proyectos de fabricación de drones y sistemas militares israelíes dentro de territorio marroquí. Para el Polisario, esta evolución supone un cambio cualitativo en las capacidades del adversario al que se enfrenta.

El otro gran actor exterior es Estados Unidos.

Washington considera a Marruecos un socio estratégico en el norte de África y ha mantenido una intensa cooperación militar con las Fuerzas Armadas Reales.

La relación incluye ejercicios conjuntos, formación, interoperabilidad y suministro de equipamiento militar estadounidense.

La posición política estadounidense respecto al Sáhara Occidental constituye además uno de los elementos centrales del nuevo equilibrio regional.

El respaldo de Washington a la posición marroquí ha reforzado diplomáticamente a Rabat al mismo tiempo que Marruecos incrementaba sus capacidades militares.

De esta manera, el conflicto saharaui ya no puede analizarse únicamente como una confrontación entre Marruecos y el Frente Polisario. La modernización militar marroquí se encuentra integrada en una red estratégica mucho más amplia, en la que Washington aporta respaldo político y cooperación militar e Israel proporciona algunas de las tecnologías más avanzadas incorporadas recientemente por Rabat.

Un arsenal saharaui mucho más limitado

El ELPS mantiene, por el contrario, un arsenal basado en buena medida en sistemas analógicos y material adquirido o capturado de las tropas marroquíes durante décadas de conflicto.

Entre los sistemas asociados a sus capacidades figuran lanzacohetes múltiples BM-21 Grad, morteros, artillería y diferentes vehículos blindados. Las fuerzas saharauis han utilizado tradicionalmente la movilidad como uno de sus principales instrumentos para compensar su inferioridad tecnológica.

Los ataques rápidos, el empleo de vehículos ligeros y el lanzamiento de cohetes desde posiciones móviles permiten reducir la exposición de sus unidades ante la superioridad aérea marroquí.

La dimensión internacional de una guerra olvidada

La persistencia de los combates contrasta con el escaso espacio que ocupa actualmente el conflicto en la agenda internacional.

La misión de Naciones Unidas para el referéndum del Sáhara Occidental, MINURSO, continúa desplegada, pero el proceso político permanece bloqueado y el referéndum de autodeterminación previsto en el marco del proceso de paz nunca llegó a celebrarse.

Mientras tanto, la situación territorial se ha consolidado sobre el terreno.

Marruecos mantiene su ocupación de la mayor parte del territorio del Sáhara Occidental y ha impulsado inversiones, infraestructuras y proyectos económicos en las zonas bajo su ocupación militar. Mientras tanto, el Frente Polisario sostiene que esas iniciativas no pueden alterar el estatuto jurídico del territorio ni sustituir el derecho de los saharauis a decidir su futuro.

La cuestión económica se entrelaza así con la militar. Los recursos naturales, las infraestructuras, los proyectos energéticos y la posición geográfica del Sáhara Occidental han adquirido una importancia creciente para Marruecos y para sus socios internacionales.

Seis años después, el conflicto continúa

Los ataques reivindicados esta semana no representan por sí solos un cambio estratégico en el equilibrio militar.

Pero sí constituyen una señal política y militar: el Frente Polisario continúa considerando abierto el conflicto y pretende demostrar que el control territorial marroquí no equivale al final de la resistencia saharaui.

La diferencia entre ambos contendientes es evidente.

Marruecos dispone de una maquinaria militar cada vez más israelizada, respaldada por Estados Unidos y reforzada mediante una estrecha cooperación tecnológica con Tel Aviv. El Polisario cuenta con muchos menos recursos y desarrolla una guerra esencialmente asimétrica, apoyada en ataques de hostigamiento y desgaste. En ese contexto, cada lanzamiento contra el muro tiene un valor que supera su efecto estrictamente militar.

Es el mensaje de un pueblo olvidado que pretende impedir que el conflicto desaparezca definitivamente de la agenda internacional.

La guerra de baja intensidad continuará. Y mientras continúe el bloqueo político, cada nuevo ataque saharaui contra el muro será también un recordatorio de que el conflicto del Sáhara Occidental está lejos de haber terminado.

Cuando el derecho internacional se convierte en moneda de cambio

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Hay algo más peligroso para el orden internacional que violar sus reglas: ponerles precio.

Por Ahmed Omar

Madrid (ECS) — Durante décadas, Estados Unidos construyó buena parte de su poder no solamente sobre portaaviones, dólares y alianzas militares, sino sobre algo mucho más sofisticado: un sistema internacional basado en normas. Un mundo en el que las fronteras no debían modificarse mediante la fuerza; los pueblos tenían derecho a la libre determinación; los tratados obligaban; las Naciones Unidas otorgaban legitimidad; y el derecho internacional debía situarse, al menos en principio, por encima de las conveniencias coyunturales de los Estados.

Ese sistema nunca fue perfecto. Nunca estuvo libre de selectividad. Pero precisamente porque las grandes potencias también necesitaban invocarlo, conservaba un valor fundamental: incluso el poder sentía la necesidad de justificarse ante la norma; el problema comienza cuando ya ni siquiera se intenta disimular la transacción.

El Sáhara Occidental ofrece hoy un ejemplo particularmente inquietante, desde 1963 permanece inscrito por Naciones Unidas como Territorio No Autónomo. Su proceso de descolonización no ha sido concluido. Ninguna declaración bilateral puede borrar ese dato institucional, del mismo modo que ningún acuerdo entre terceros puede ejercer por el pueblo del territorio el derecho que le corresponde.

Y, sin embargo, en diciembre de 2020, Washington convirtió precisamente esa cuestión en una pieza de una negociación geopolítica: Estados Unidos reconoció la soberanía reivindicada por Marruecos sobre el Sáhara Occidental en el contexto de la normalización de relaciones entre Marruecos e Israel.

Seis años después, la arquitectura de aquella transacción no solamente sobrevive: se profundiza.

El 16 de septiembre de 2026, en Nueva York, Estados Unidos, Marruecos e Israel volvieron a reunirse bajo ese mismo marco. Marruecos e Israel acordaron elevar sus relaciones diplomáticas al nivel de embajadas, ampliar vuelos, inversiones y cooperación en tecnología, seguridad y otros sectores. Al mismo tiempo, Washington e Israel reafirmaron el reconocimiento de la soberanía marroquí sobre todo el Sáhara Occidental y calificaron la propuesta marroquí de autonomía como la “única base” para una solución, añadiendo que cualquier otra vía es “inaceptable”.

Aquí está el verdadero problema, no se trata únicamente del Sáhara Occidental, se trata de qué ocurre con el derecho internacional cuando los derechos de un pueblo pueden incorporarse al precio de una transacción entre otros Estados.

Marruecos ofrece normalización y cooperación estratégica con Israel, ese ultimo profundiza una relación diplomática, económica y de seguridad importante en el norte de África, Estados Unidos consolida la arquitectura de los Acuerdos de Abraham. Cada Estado obtiene algo.

Pero hay una cuarta parte cuya voluntad no puede negociarse entre tres capitales: el pueblo al que pertenece el derecho de libre determinación.

Ésa es la frontera que separa diplomacia de disposición sobre derechos ajenos.

Y es precisamente aquí donde aparece uno de los dobles estándares más difíciles de explicar.

Washington ha dedicado enormes recursos diplomáticos, económicos y militares a defender en otros escenarios que la soberanía y el estatuto de un territorio no pueden determinarse simplemente mediante hechos consumados, superioridad militar o reconocimiento de terceros. Ha invocado la Carta de Naciones Unidas como fundamento del orden internacional y ha exigido a competidores y adversarios respetar principios que considera indispensables para la estabilidad mundial.

Pero un principio que cambia según el aliado deja progresivamente de parecer un principio.

Si la integridad territorial es inviolable en un lugar pero negociable en otro; si la libre determinación es un derecho cuando coincide con nuestros intereses pero un obstáculo cuando los contradice; si la Carta de Naciones Unidas sirve para condenar a nuestros adversarios pero puede reinterpretarse cuando incomoda a nuestros socios, entonces el mensaje que reciben las demás potencias no es que existe un “orden basado en reglas”.

El mensaje es mucho más peligroso: las reglas dependen de quién tenga suficiente poder para interpretarlas.

Y ese precedente no pertenece exclusivamente a Estados Unidos.

Mañana China podrá invocarlo. Rusia podrá invocarlo. Cualquier potencia regional podrá preguntarle a Washington por qué aquello que considera inadmisible cuando lo hace un adversario se vuelve pragmatismo diplomático cuando lo hace un aliado.

Ahí reside la paradoja: Estados Unidos puede obtener una victoria táctica y, al mismo tiempo, erosionar una fuente mucho más profunda de su propio poder.

Porque el orden internacional posterior a 1945 no benefició a Washington a pesar de sus reglas. Washington fue uno de sus mayores beneficiarios precisamente porque existían esas reglas.

Instituciones internacionales, alianzas, mercados abiertos, previsibilidad jurídica y confianza en un determinado sistema permitieron a Estados Unidos ejercer una influencia que ninguna capacidad militar habría podido producir por sí sola.

Desgastar esa arquitectura para obtener ventajas diplomáticas inmediatas puede resultar extraordinariamente caro.

El caso del Sáhara Occidental contiene además una contradicción institucional especialmente incómoda.

Estados Unidos no es un observador cualquiera del expediente. Es el penholder en el Consejo de Seguridad: el Estado que tradicionalmente toma la iniciativa en la elaboración de los proyectos de resolución sobre el Sáhara Occidental.

Y aquí surge una pregunta que Washington debería poder responder.

¿Cómo puede el Estado encargado de poner sobre la mesa el primer texto para una decisión colectiva del Consejo declarar simultáneamente, fuera de él, que existe una sola solución aceptable y que cualquier otra vía es “inaceptable”?

La Resolución 2797 no llegó tan lejos. Conservó referencias a una solución final mutuamente aceptable y a la libre determinación del pueblo del Sáhara Occidental. De hecho, documentación presentada posteriormente ante Naciones Unidas señala que formulaciones estadounidenses más restrictivas del borrador inicial  -incluida la pretensión de convertir la propuesta marroquí en el “único marco”- no sobrevivieron a las negociaciones.

Eso importa.

Porque existe una diferencia fundamental entre tener una posición nacional y utilizar una posición privilegiada dentro de una institución internacional para intentar convertir esa preferencia nacional en norma colectiva.

La entidad sionista plantea otra paradoja, un Estado cuya diplomacia insiste en que su seguridad, sus fronteras y sus derechos deben ser protegidos por el derecho internacional participa al mismo tiempo en una declaración que pretende predeterminar el destino político de otro territorio pendiente de descolonización.

Nada de esto significa que el ocupante Marroquí, Israel o Estados Unidos no puedan defender sus «intereses«. Todos los Estados lo hacen

El problema comienza cuando el interés pretende vestirse de derecho, y la transacción geopolítica intenta producir consecuencias que solamente deberían derivar de procesos jurídicamente legítimos.

Porque entonces el daño supera ampliamente al Sáhara Occidental.

Cada excepción oportunista reduce el coste de la siguiente excepción.

Cada doble estándar ofrece un argumento al próximo Estado que decida ignorar una resolución, ocupar un territorio, imponer un hecho consumado o declarar que su propia interpretación del derecho internacional constituye la única realidad posible.

Occidente suele preguntarse por qué una parte creciente del mundo escucha con escepticismo sus apelaciones al “orden internacional basado en reglas”.

Quizá parte de la respuesta sea extraordinariamente sencilla: los Estados recuerdan las reglas que Occidente exige a sus adversarios y observan las excepciones que concede a sus aliados.

No hace falta destruir Naciones Unidas para destruir progresivamente su autoridad. Basta con mantener sus edificios, celebrar sus reuniones, citar solemnemente su Carta y después decidir que determinados derechos pueden negociarse en otra habitación cuando existe suficiente interés estratégico para hacerlo.

El derecho internacional no desaparece de golpe.

Primero se vuelve selectivo.

Después negociable.

Después transaccional.

Y finalmente irrelevante.

Entonces cada potencia comienza a construir su propia legalidad alrededor de su propia fuerza.

Estados Unidos puede pensar que está fortaleciendo aliados, Israel que está ampliando su espacio estratégico y Marruecos que está consolidando «reconocimiento internacional«. Cada uno puede obtener beneficios concretos de esta arquitectura.

Pero hay una pregunta mucho mayor que todos ellos deberían hacerse: ¿qué sucede cuando otros Estados aprendan exactamente la misma lección?

Cuando cada potencia decida qué ocupación reconocer, qué frontera reinterpretar, qué principio suspender y qué derecho de un pueblo intercambiar a cambio de una ventaja estratégica, ya no habrá un orden internacional que administrar.

Habrá mercados de poder.

Y en esos mercados nadie posee para siempre el monopolio de la fuerza.

Quizá ésa sea la ironía más amarga de nuestro tiempo: quienes creen estar ganando mediante la erosión selectiva de las reglas pueden estar construyendo el mundo en el que un día esas mismas reglas ya no podrán protegerlos.

Entonces Estados Unidos habrá ganado una transacción. Israel habrá ganado otra. Marruecos habrá conseguido un «reconocimiento» más.

Pero el verdadero vencedor será otro.

El caos.

Sáhara Occidental | El Congreso aprobará hoy ley para nacionalizar saharauis

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Carlos Cristóbal – Equipo «NO TE OLVIDES DEL SÁHARA OCCIDENTAL»

Madrid (ECS) — La proposición sobre nacionalidad para los saharauis llega hoy 10 de septiembre al Pleno del Congreso con una mayoría favorable suficiente para superar la votación, pero también con posiciones que han cambiado durante una tramitación de año y medio. El PSOE ha confirmado finalmente su apoyo, Sumar y buena parte de los grupos que sostuvieron el dictamen mantienen el sí, Vox continúa en contra y el PP llega a la víspera sin despejar definitivamente su voto. Junts, que se abstuvo en Comisión, completa el mapa de las posiciones que habrá que observar en el hemiciclo.

El Congreso de los Diputados llega al 10 de septiembre con una mayoría suficiente para sacar adelante la proposición de ley sobre nacionalidad saharaui, pero la fotografía política que acompañará a la votación tiene más interés que una simple suma de votos. El camino recorrido desde que la Cámara aceptó tramitar la iniciativa en febrero de 2025 ha obligado a casi todos los grupos a fijar posición sobre una cuestión que España arrastra desde su retirada del Sáhara Occidental y ha provocado movimientos significativos, especialmente en el PSOE y el Partido Popular.

El texto que se someterá al Pleno ya no es tampoco aquel que comenzó su recorrido parlamentario. La Comisión de Justicia incorporó modificaciones importantes, entre ellas la ampliación hasta el 29 de septiembre de 1977 de la fecha de nacimiento para acogerse a la carta de naturaleza, la inclusión de los descendientes de primer grado y la reducción a dos años de residencia para el acceso de los saharauis a la nacionalidad por esa vía ordinaria. Como explicábamos en la primera parte de este análisis, esas modificaciones permiten hablar de una norma considerablemente más amplia que la proposición original.

Pero este jueves ya no será el momento de las negociaciones discretas. Cada grupo tendrá que votar.

Sumar llega al Pleno después de haber empujado la ley durante toda la legislatura

Sumar no ofrece ninguna incógnita. La proposición nació de su grupo parlamentario y ha sido una de las iniciativas que con mayor constancia ha impulsado Tesh Sidi, que durante los últimos meses ha tratado de ampliar el respaldo más allá de los grupos que ya garantizan la aprobación.

En vísperas del Pleno, esa presión se ha dirigido especialmente al Partido Popular. Sumar considera insuficiente una nueva abstención y ha pedido públicamente al PP que transforme en un voto favorable el movimiento que ya realizó en julio, cuando dejó atrás su rechazo en ponencia y permitió con su abstención que el dictamen saliera de la Comisión de Justicia.

Para los promotores, la nacionalidad no pretende sustituir la cuestión política de fondo del Sáhara Occidental ni su derecho a la autodeterminación. La iniciativa se presenta como una respuesta española a las consecuencias jurídicas que dejó la retirada del territorio y a la situación de una población que había estado sometida durante décadas a la administración de España.

El PSOE culmina su cambio y confirma el sí

La posición socialista es probablemente la que mejor permite medir cuánto ha cambiado el escenario desde el comienzo de la tramitación. El PSOE se opuso en febrero de 2025 a que la proposición comenzara siquiera su recorrido parlamentario. Meses después fue modificando su posición hasta participar en el acuerdo que permitió aprobar el dictamen en la Comisión de Justicia.

La incógnita que todavía podía existir quedó despejada este 8 de septiembre. El portavoz socialista en el Congreso, Patxi López, confirmó que su grupo votará a favor y quiso además desvincular expresamente la decisión de la reacción que pueda producir en Rabat, defendiendo la autonomía del Parlamento español para decidir sobre la nacionalidad.

El giro tiene importancia porque convierte en mayoría holgada lo que inicialmente fue una iniciativa aprobada para su tramitación contra el criterio del principal partido del Gobierno. También coloca al PSOE ante una cuestión especialmente sensible después del cambio de posición de Pedro Sánchez sobre el Sáhara Occidental en marzo de 2022.

ERC, EH Bildu, PNV, Podemos y BNG: un apoyo construido durante la tramitación

Alrededor de Sumar y del nuevo sí socialista se encuentra un conjunto de grupos que han venido defendiendo la iniciativa durante su recorrido parlamentario.

ERC ha presentado la medida como una reparación que llega tarde y ha insistido en separar el acceso a la nacionalidad del derecho del pueblo saharaui a decidir su futuro. EH Bildu ha mantenido una posición semejante, defendiendo que España debe responder a las consecuencias de su pasado colonial sin convertir la nacionalidad en sustituto de la autodeterminación.

El PNV también ha situado la iniciativa dentro de una responsabilidad histórica española y ha respaldado el avance del texto. Podemos ha mantenido un apoyo inequívoco y ha aprovechado la proximidad de la votación para cuestionar la posición del PP, mientras el BNG ha sostenido desde la toma en consideración su respaldo a una propuesta que vincula igualmente con la deuda histórica de España con el Sáhara Occidental.

No todos estos grupos han realizado en las últimas horas un nuevo anuncio formal de voto. Conviene distinguirlo. Pero sus intervenciones y sus votos durante la tramitación permiten situarlos dentro del bloque favorable que ha hecho posible que la proposición llegue hasta el Pleno.

El PP apunta a repetir la abstención, aunque evita cerrar oficialmente el voto

El Partido Popular llega al Pleno como una de las posiciones que más ha variado durante la tramitación. Votó a favor de tomar en consideración la proposición en febrero, rechazó el texto de la ponencia en junio y se abstuvo finalmente en la Comisión de Justicia. Este miércoles, la portavoz parlamentaria, Ester Muñoz, ha apuntado a que el grupo podría mantener esa abstención, aunque ha evitado confirmar formalmente el sentido del voto antes del debate.

El PP mantiene además vivas para el Pleno ocho enmiendas y sostiene que comparte la necesidad de facilitar la nacionalidad española a los saharauis que la perdieron, pero rechaza que se haga mediante la carta de naturaleza y defiende otras vías. Muñoz ha reconocido expresamente que España tiene «una deuda con el pueblo saharaui», al tiempo que insiste en sus objeciones al procedimiento escogido.

Junts: favorable al fondo, pero hasta ahora en la abstención

La posición de Junts requiere también algún matiz. Su grupo se abstuvo en la Comisión de Justicia, aunque su intervención no expresó un rechazo al objetivo de la proposición. Las reservas se concentraron especialmente en la tramitación y en determinados aspectos jurídicos de la norma.

Por eso no resulta correcto incluir a Junts dentro del bloque contrario, pero tampoco dar por hecho que votará favorablemente este jueves. A falta de una confirmación definitiva, la referencia más sólida sigue siendo su abstención en Comisión.

Su voto tendrá menos capacidad para decidir el destino de la proposición que para mostrar hasta dónde ha conseguido ampliarse el consenso político alrededor de ella.

Vox mantiene el rechazo

En el extremo contrario no existe esa incertidumbre. Vox fue el único grupo que votó contra el dictamen en la Comisión de Justicia y ha mantenido sus objeciones tanto al procedimiento elegido para conceder la nacionalidad como a los requisitos establecidos para acreditarla.

En Comisión, el texto fue aprobado por 19 votos a favor, 3 en contra y 15 abstenciones. Los tres votos negativos correspondieron a Vox. Nada de lo conocido desde entonces permite pensar en un cambio de posición antes del Pleno.

Una mayoría suficiente y un PP que apunta a la abstención

La proposición llega al 10 de septiembre con una mayoría favorable que, salvo un cambio político inesperado, debería permitir su aprobación en el Congreso. PSOE y Sumar, junto con ERC, EH Bildu, PNV, Podemos, BNG y otros apoyos que han acompañado el texto durante su tramitación, proporcionan un respaldo previsiblemente suficiente. La cuestión ya no está tanto en si la ley superará el Pleno como en comprobar con qué amplitud lo hace.

La principal novedad de las últimas horas está en el Partido Popular. Después de haber votado a favor de la toma en consideración, rechazar posteriormente el texto de la ponencia y abstenerse en la Comisión de Justicia, la formación apunta ahora a mantener esa abstención en el Pleno. Ester Muñoz ha deslizado esa posibilidad, aunque sin cerrar formalmente el voto antes del debate. El PP mantiene además vivas sus enmiendas y continúa rechazando la fórmula de la carta de naturaleza escogida en la proposición.

Junts sigue siendo la posición más abierta. El grupo ha mostrado su acuerdo con el objetivo de reparación que persigue la iniciativa, pero se abstuvo en Comisión por sus reservas sobre el procedimiento y la tramitación. Habrá que comprobar si esas objeciones siguen pesando más que su respaldo al fondo de la ley cuando llegue el momento de votar.

El resultado permitirá además comparar la fotografía del 10 de septiembre con aquella con la que comenzó el recorrido. El 25 de febrero de 2025, la toma en consideración salió adelante por 195 votos a favor, 116 en contra y 33 abstenciones. Año y medio después, el Congreso votará un texto diferente y con unas posiciones políticas que también han cambiado.

El pueblo saharaui quiere seguir la votación de cerca

La expectación no se limita al interior del Congreso. Organizaciones saharauis y colectivos solidarios han preparado iniciativas para acompañar una jornada que consideran histórica, incluidos desplazamientos organizados desde diferentes lugares de España.

De manera separada, se ha difundido también una convocatoria dirigida a saharauis y personas vinculadas a la causa para solicitar acceso al Congreso como público invitado y seguir presencialmente la sesión. El Pleno comenzará a las 9:00 horas y la previsión comunicada a quienes están gestionando ese acceso sitúa la votación aproximadamente a las 16:30.

No son la misma convocatoria y conviene distinguirlas: una cosa son las movilizaciones y desplazamientos organizados hacia Madrid y otra la gestión de plazas para asistir al Pleno desde el espacio reservado al público.

Después de un recorrido parlamentario largo y no pocas veces incierto, el 10 de septiembre pondrá nombres, grupos y votos a una decisión que afecta directamente a miles de saharauis. El resultado no supondrá todavía la entrada en vigor de la ley —quedará el trámite del Senado—, pero sí dejará fijada la posición del Congreso ante una de las consecuencias que siguen abiertas medio siglo después de la retirada española del Sáhara Occidental.

El POLISARIO reclama a España que asuma su responsabilidad jurídica, histórica y moral en la descolonización del Sáhara Occidental

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SPS

El Secretariado Nacional del Frente POLISARIO ha cerrado su décima sesión ordinaria con un comunicado en el que vuelve a situar a España entre los actores con responsabilidades pendientes en el Sáhara Occidental. El texto reclama al Gobierno español que asuma su “responsabilidad jurídica, histórica y moral” en la culminación del proceso de descolonización y pide a la Unión Europea y a otros Estados que se abstengan de cualquier actuación que contribuya a sostener la ocupación marroquí o vulnere los derechos del pueblo saharaui sobre su territorio, sus aguas y su espacio aéreo.

La reunión, celebrada los días 3 y 4 de septiembre bajo la presidencia de Brahim Ghali, analizó la situación política, diplomática, militar e institucional de la causa saharaui. El comunicado reafirma la unidad del pueblo saharaui en torno al Frente POLISARIO y su decisión de mantener la reivindicación de la autodeterminación y la independencia, rechazando cualquier fórmula que, a juicio de la organización, pretenda convertir la ocupación marroquí en un hecho consumado.

En relación con el proceso político auspiciado por Naciones Unidas, el Secretariado Nacional afirma que la parte saharaui mantiene su disposición a contribuir al éxito de los esfuerzos internacionales, pero insiste en que cualquier solución debe garantizar el derecho del pueblo saharaui a decidir su futuro mediante un proceso libre, transparente y democrático. El comunicado rechaza expresamente las fórmulas que busquen legitimar la ocupación o limitar las aspiraciones saharauis a la libertad, la independencia y la soberanía sobre el conjunto del territorio.

El órgano dirigente del POLISARIO dedica también una parte importante de su declaración a la situación en los territorios ocupados. Denuncia violaciones de derechos humanos, represión, detenciones, torturas, confiscación de tierras y restricciones al acceso de observadores internacionales y medios de comunicación. Reclama además la liberación de los presos políticos saharauis, con una referencia especial al grupo de Gdeim Izik.

En el plano africano, el Secretariado Nacional pide a la Unión Africana que intensifique sus esfuerzos para alcanzar una solución al conflicto entre la República Saharaui y Marruecos, ambos miembros de la organización continental, sobre la base de su Acta Constitutiva y de las resoluciones de la propia UA. El comunicado vuelve a definir el Sáhara Occidental como una cuestión de descolonización pendiente y recuerda que permanece inscrito en la agenda de Naciones Unidas desde 1963.

La declaración expresa asimismo su agradecimiento a Argelia por su apoyo al derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación y destaca las relaciones de cooperación y buena vecindad con Mauritania. También reconoce el respaldo de los movimientos de solidaridad y de los Estados que continúan apoyando la causa saharaui.

El comunicado concluye con un llamamiento a reforzar la unidad y la movilización interna y rinde homenaje a Lahbib Mohamed Abdelaziz y a otros combatientes muertos recientemente, vinculando el balance político de la sesión con el contexto militar que continúa abierto sobre el terreno.

Sáhara Occidental | Qué se habló —y cómo se dijo— ayer del pueblo saharaui en el Congreso

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Por Carlos García | NoTeOlvides

Madrid (ECS).- La comparecencia de Pedro Sánchez sobre la crisis de Ceuta acabó convirtiéndose también en un amplio debate sobre el Sáhara Occidental. Durante varias horas se habló del pueblo saharaui, de autodeterminación, derecho internacional, ocupación, Frente POLISARIO y del giro español de 2022. Cuando el presidente respondió, sin embargo, utilizó un vocabulario muy distinto: autonomía dentro de Marruecos, solución política, conflicto, zona y ayuda humanitaria.

El Sáhara Occidental no figuraba como asunto principal de la comparecencia celebrada ayer en el Congreso de los Diputados. Pedro Sánchez había acudido a la Cámara para explicar la crisis de Ceuta y la actuación de su Gobierno, pero las relaciones con Marruecos fueron ocupando inevitablemente el debate y, con ellas, apareció una cuestión que atraviesa desde hace décadas la política exterior española: el Sáhara Occidental. No fue una referencia aislada. Distintos grupos recurrieron a lo sucedido con el pueblo saharaui para cuestionar la política seguida hacia Rabat y, especialmente, el giro adoptado por el Gobierno español en 2022. Un debate que ya se anticipaba antes de comenzar la sesión, cuando advertíamos que Marruecos y el Sáhara Occidental volverían inevitablemente al Congreso.

Aina Vidal, de Sumar, introdujo uno de los argumentos que después volvería a aparecer en otras intervenciones. Tras afirmar que la política de “apaciguamiento” con Marruecos había fracasado, recordó al presidente que ya se lo habían advertido cuando el Gobierno, según sus palabras, “abandonó al pueblo saharaui”. Su reproche no se limitó a relacionar aquel giro con la actual crisis bilateral. Planteó una cuestión de fondo: los derechos de un pueblo no pueden intercambiarse por una supuesta tranquilidad diplomática y, por ello, defendió la necesidad de recuperar el derecho internacional también cuando se habla del pueblo saharaui.

Gabriel Rufián abordó la misma cuestión desde una perspectiva más política. “Con el Sáhara ustedes entregaron su credibilidad”, reprochó al Ejecutivo, vinculando aquella decisión con una política diplomática hacia Marruecos que, a su juicio, no había producido los resultados prometidos. EH Bildu fue todavía más explícito: su portavoz acusó al Gobierno de haber abandonado al pueblo saharaui y renunciado a la defensa de su derecho a la autodeterminación para contentar a Marruecos. Después de lo sucedido en Ceuta, sostuvo, había llegado el momento de revisar esa relación y “rectificar” el error cometido con el Sáhara.

El PNV incorporó además la cuestión saharaui a un recorrido histórico por las difíciles relaciones entre España y Marruecos. Maribel Vaquero recordó la Marcha Verde, la crisis migratoria de 2021, Perejil y la hospitalización en España del líder del Frente POLISARIO, episodios que presentó como parte de una relación bilateral marcada periódicamente por la presión y las crisis. Más adelante volvió sobre el cambio español respecto al Sáhara Occidental para preguntarse qué reclama ahora Marruecos y si el precio exigido por controlar la frontera ha aumentado.

Desde Podemos, Ione Belarra habló de las “ansias expansionistas de Marruecos” sobre el Sáhara Occidental y las relacionó con las reivindicaciones marroquíes sobre Ceuta, Melilla y Canarias. Néstor Rego, del BNG, utilizó probablemente la formulación más rotunda de toda la sesión al describir a Marruecos como un Estado imperialista que ocupa y coloniza ilegalmente el Sáhara Occidental, impidiendo que el pueblo saharaui pueda vivir en paz y libertad en su propio territorio. De una manera u otra, el Sáhara había dejado de ser un asunto secundario del debate mucho antes de que Pedro Sánchez decidiera responder directamente sobre él.

Y ahí aparece una de las claves más interesantes de la sesión. Minutos antes de referirse al Sáhara Occidental, Sánchez había defendido que España no mantiene con Marruecos una política de “apaciguamiento”, sino una política de “buena vecindad”. Explicó que esa relación tiene “líneas rojas” perfectamente definidas y citó expresamente la integridad territorial de España y la soberanía nacional sobre Ceuta y Melilla. El lenguaje fue claro, político y jurídico. Apenas unos segundos después, cuando pasó a hablar del Sáhara Occidental, el marco cambió por completo.

El presidente recordó entonces la existencia de una resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y afirmó que los principales países europeos habían avalado la propuesta de “autonomía del Sáhara Occidental dentro de Marruecos”. Presentó la política española como parte del esfuerzo de Europa y de la comunidad internacional para encontrar una “solución política” a un conflicto que lleva “más de 50 años o 50 años enquistado”. Finalmente justificó esa posición por el deseo de “ayudar a una zona, en este caso al Sáhara Occidental”, y recordó la ayuda humanitaria que España continúa aportando.

La diferencia con lo que se había escuchado durante las horas anteriores resulta difícil de ignorar. En las intervenciones de varios grupos habían aparecido expresiones como pueblo saharaui, autodeterminación, derecho internacional, ocupación o Frente POLISARIO. Sánchez, al explicar la política de su Gobierno, no utilizó ninguna de ellas. Su relato sí contenía el nombre del territorio, una propuesta de autonomía, la referencia a Marruecos, una solución política, un conflicto de cincuenta años y la ayuda humanitaria española, pero el sujeto político sobre el que gira todo el proceso de descolonización —el pueblo saharaui— desapareció de su formulación.

No es una simple cuestión de palabras. El vocabulario elegido delimita también el problema que se presenta ante la opinión pública. Hablar de un “conflicto” que necesita una “solución política” permite dejar en segundo plano quién debe ejercer un derecho. Hablar de una “zona” que recibe ayuda humanitaria transforma fácilmente a una población con derechos políticos en destinataria de asistencia. Y hablar de “autonomía dentro de Marruecos” sin mencionar al mismo tiempo la libre determinación conduce a una lectura muy distinta de la que se obtiene cuando el sujeto de la frase vuelve a ser el pueblo saharaui.

Ese pasaje de la intervención presidencial lo analizamos ayer en detalle en Sánchez habla por fin del Sáhara Occidental: eso sí, sin pueblo saharaui ni libre determinación.

La sesión todavía dejó otra referencia que adquiere especial relevancia a pocos días del 10 de septiembre. La fecha ya está marcada: el Congreso debatirá y votará el 10 de septiembre la proposición de ley sobre nacionalidad saharaui, antes de que el texto continúe, si supera el Pleno, hacia el Senado.

En su réplica a Vox, Enrique Santiago recordó que ese partido había votado en julio contra la proposición relativa a la nacionalidad de los saharauis y, acto seguido, afirmó que Sumar considera que el giro español sobre el Sáhara “ha sido un fracaso” porque no ha producido la normalización prometida de las relaciones con Marruecos. El próximo jueves esa proposición volverá al Pleno, de manera que el Sáhara Occidental regresará al Congreso apenas una semana después de la comparecencia de Sánchez.

También Vox recurrió al Sáhara para acusar al Gobierno de haberlo “entregado” a Marruecos, una afirmación a la que Santiago respondió precisamente recordando su voto sobre la nacionalidad saharaui. Y Rufián volvió sobre el asunto en su segunda intervención, esta vez con una acusación durísima contra Mohamed VI y su familia por lo ocurrido con el “pueblo del Sáhara”.

Lo ocurrido ayer permite, por tanto, ir bastante más allá de la intervención presidencial que analizábamos inicialmente. El Sáhara Occidental estuvo presente en el Congreso y el pueblo saharaui también. Se habló de su derecho a la autodeterminación, de la ocupación, de la responsabilidad española, del Frente POLISARIO y del fracaso o no de una política diseñada precisamente para estabilizar las relaciones con Marruecos.

Lo verdaderamente significativo es que, después de escuchar todo ese vocabulario durante varias horas, cuando Pedro Sánchez explicó qué entiende su Gobierno por una solución para el Sáhara Occidental, el pueblo saharaui dejó de aparecer en el relato. El territorio permaneció. Marruecos permaneció. La autonomía permaneció. La ayuda humanitaria permaneció. Quien desapareció de la explicación presidencial fue precisamente el pueblo al que corresponde decidir su futuro.

Hablar del Sáhara Occidental sin hablar del pueblo saharaui 4 de septiembre de 2026

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Por Carlos García | NoTeOlvide

Madrid (ECS).- Pedro Sánchez habló por fin del Sáhara Occidental en el Congreso, pero lo hizo con un lenguaje en el que desaparecieron el pueblo saharaui y la libre determinación. La misma jornada dejó otras dos contradicciones: vuelos europeos que tratan Dajla y El Aaiún como destinos marroquíes y más de 400 saharauis que continúan desaparecidos. Tres noticias distintas que vuelven a recordar quién queda fuera cuando se habla del Sáhara Occidental.

Sánchez descarta a Marruecos en la crisis de Ceuta y apunta a redes vinculadas con Rusia e Israel

Pedro Sánchez habló ayer por fin del Sáhara Occidental en el Congreso, y probablemente lo más revelador de su intervención no fue lo que dijo, sino el lenguaje que eligió para decirlo. Después de defender frente a Marruecos la soberanía española sobre Ceuta y Melilla y hablar de “líneas rojas”, al llegar al Sáhara Occidental dejó la improvisación, bajó la mirada y leyó una respuesta preparada. En ella aparecieron la autonomía “dentro de Marruecos”, Naciones Unidas, Europa, una “solución política” para un conflicto de cincuenta años y la ayuda humanitaria española. No aparecieron ni el pueblo saharaui ni la libre determinación.

No es una ausencia menor. Sánchez utilizó la Resolución 2797 del Consejo de Seguridad como respaldo de la posición española, pero presentó únicamente la parte que encaja con la lectura marroquí: el nuevo peso concedido a la propuesta de autonomía. Dejó fuera que la misma resolución sigue hablando expresamente de la “libre determinación del pueblo del Sáhara Occidental”. La autonomía está en la resolución y hoy ocupa un lugar central, pero también sigue estando el pueblo que debe decidir su futuro.

Esa distancia entre el derecho y la realidad práctica no aparece solamente en el discurso español. La vimos también ayer con los vuelos europeos a Dajla y El Aaiún. Bruselas reconoce que el acuerdo aéreo entre la Unión Europea y Marruecos no se aplica al Sáhara Occidental porque se trata de un territorio separado y distinto. Sin embargo, las conexiones continúan operándose y promocionándose como si aterrizar en Dajla significara simplemente viajar a Marruecos. Una vez más, lo que jurídicamente permanece diferenciado termina diluyéndose en los hechos consumados.

¿Qué dice el informe policial sobre Ceuta? No fue espontáneo, hubo planificación y «guiado activo» marroquí

Y mientras la diplomacia discute sobre fórmulas, autonomía y soluciones “factibles”, hay una realidad que no debería desaparecer detrás de las palabras. Más de 400 saharauis continúan desaparecidos, según recuerda CONTRAMUTIS a partir de las reclamaciones de la Comisión Nacional Saharaui de Derechos Humanos. Entre ellos sigue estando Basiri, detenido por las autoridades españolas en 1970 y desaparecido desde entonces. Medio siglo después, la cuestión saharaui no puede reducirse a encontrar una fórmula que resulte cómoda en las relaciones entre Estados.

Quizá esa sea la lectura que nos deja la jornada: cuando el pueblo saharaui desaparece del lenguaje político, resulta mucho más fácil convertir el Sáhara Occidental en una simple cuestión de autonomía, inversiones, vuelos o ayuda humanitaria. Pero el pueblo sigue ahí. Y también continúa pendiente el derecho que Naciones Unidas sigue reconociéndole.

Lecturas destacadas:

  • Sánchez habla por fin del Sáhara Occidental: eso sí, sin pueblo saharaui ni libre determinación — Leer en NOTEOLVIDES

  • Si el Sáhara Occidental no es Marruecos para la Unión Europea, ¿por qué lo es cuando aterriza un avión en Dajla o El Aaiún? — Leer en NOTEOLVIDES

  • CONTRAMUTIS | Más de 400 saharauis continúan desaparecidos mientras persisten las denuncias de violaciones de derechos humanos — Leer en EL OBSERVADOR SAHARAUI