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31 marzo 2026
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El cinturón golpista ha convertido el Sahel en el epicentro del terrorismo yihadista global; están en las puertas de Bamako

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Lehbib Abdelhay, experto en temas de seguridad en el Sahel


El pasado 16 de septiembre se cumplían dos años de la creación de la Alianza de Estados en el Sahel (AES) compuesta por Mali, Burkina Faso y Níger, tres países en los que se ha creado un auténtico triángulo de violencia yihadista, crisis e inestabilidad a raíz de la creciente presencia e influencia de organizaciones terroristas asentadas en sus territorios, especialmente en el área de Liptako Gourma, norte de Mali (Azawad) y la frontera de Mali con Mauritania.

   La confederación AES, lejos de haber conseguido éxitos en sus operaciones antiterroristas desde su creación, ha provocado una profunda reestructuración de los compromisos de seguridad previamente adquiridos y ha forzado a países vecinos a revisar sus estrategias a la hora de crear presión e invertir esfuerzos que satisfagan sus intereses geoestratégicos. Países como Níger, Mali o Chad han roto lazos con sus socios occidentales tradicionales como Francia, Estados Unidos y la Unión Europea, rellenando el vacío de cooperación y las estructuras de seguridad con países como Rusia, China o Turquía. Otras potencias regionales, como Argelia, Nigeria o Costa de Marfil, también se encuentran inmersas en la reedición de unas nuevas dinámicas de poder vis a vis los países de la AES que les ayuden a salvaguardar su seguridad y prevenir los focos de amenazas que asolan en su vecindario. A Occidente le sobran cada vez menos las amistades en África Occidental, buscando cumplir con las expectativas de los pocos socios preferentes que les quedan (como Mauritania o Senegal) para contrarrestar un posible acercamiento de Rusia y otros actores.

El Ejército de Argelia derriba un dron turco AKINCI cerca de la frontera con Mali

    Por su parte, la actividad terrorista en la zona no ha hecho más que aumentar en los últimos meses. La coalición Jama’a Nusrat ul-Islam wa al-Muslimin (JNIM), afiliada a Al Qaeda, ha demostrado ostentar una presencia y poder incuestionables desde el norte de Mali hasta el sur de Burkina Faso, e incluso en el Golfo de Guinea, especialmente en Togo y en Benín. El Estado Islámico en el Sahel, muy activo en su zona de operaciones (flanco oriental maliense, en Ménaka, y Níger, en Tillaberi), también se encuentra fortaleciendo su propia marca convertida desde 2022 en una wilaya más de Estado Islámico, con grandes éxitos tanto mediáticos como operativos. Su nueva estrategia es el secuestro de ciudadanos occidentales y los no occidentales.

    Los ataques yihadistas de grupos como Al Qaeda (JNIM) o Estado Islámico (tanto en el Sahel como en lago Chad a través de ISWAP) están poniendo contra las cuerdas a unos regímenes militares que únicamente buscan preservar su poder y control del estado a cualquier coste, manteniendo así unos regímenes que han llegado la mayor parte de ellos a través de un golpe de estado, el último de ellos Níger en julio de 2023. Sin embargo, la imposibilidad de disminuir las dinámicas del terrorismo regional está poniendo en peligro la popularidad de estos sistemas de gobierno, lo que frecuentemente está desembocando en intentos de golpe de Estado que buscan socavar el actual régimen e instaurar una nueva autoridad.

Estos son los grupos terroristas que operan en el Sahel

    Mientras los intentos de tomar el poder fallan en su cometido, las juntas militares están optando por emplear tácticas más coercitivas, incluyendo detenciones, arrestos arbitrarios, violaciones a los derechos más básicos y castigos ejemplarizantes, en un desesperado intento de acallar las voces que ponen en duda la verdadera efectividad de los gobiernos militares afincados en el poder.

La sociedad civil, atrapada entre el fuego cruzado de grupos yihadistas y fuerzas de seguridad, enfrenta un panorama de inseguridad agravado por múltiples factores.

    No solo sufre la violencia yihadista, sino también los abusos de las fuerzas estatales, la rampante y depredadora economía criminal, que no hace más que crecer con el paso de los años y de la que cada vez más sectores de la población dependen, y los conflictos interétnicos, que juegan un papel crucial en la dinámica de los conflictos locales. Este entorno se ve agravado por los impactos del cambio climático: inundaciones, sequías y la desertificación empujan a las comunidades a migrar en busca de tierras más fértiles, aunque esto signifique someterse al control de grupos islamistas o de milicias tribales en conflicto.

    El Sahel se ha convertido en un nuevo espacio de competición geopolítica multinivel, por lo que atraviesa uno de sus momentos más críticos a su seguridad. Los focos de conflicto son numerosos y las partes que intervienen, lejos de proporcionar la protección necesaria, están inmersos en sus propias agendas e intereses, dejando a la población local sumida en una de las crisis humanitarias más graves y extensas geográficamente a las que ha podido hacer frente.

El Sahel se ha convertido en “el epicentro del terrorismo global”

   El último informe mensual del Centro Estratégico, Defensa y Seguridad (CEDyS), un observatorio que monitorea el crecimiento de la influencia de los grupos yihadistas y su modelo operativo en la región del Sahel y Norte de África, destaca un aumento considerables de la actividad terrorista en los países de la región durante el mes de octubre, lo que refleja una clara expansión de la agenda de estas organizaciones extremistas hasta llegar a las puertas de Bamako, capital de Mali.

Tensión y asfixia económica: el avance del terrorismo en el Sahel durante octubre

El panorama del terrorismo en la región del Sahel durante el mes de octubre refleja una dinámica de asfixia económica y expansión territorial de los grupos yihadistas.

En Mali, la coalición Jama’at Nusrat al-Islam wal-Muslimin (JNIM) ha consolidado su influencia mediante estrategias de bloqueo que exponen las debilidades del Estado y socavan la legitimidad del gobierno militar. La crisis del combustible, agravada en las últimas semanas, ha paralizado gran parte de la economía y profundizado las divisiones internas.

Inicialmente concentrado en las zonas de Kayes y Nioro, el cerco se extendió hacia las principales rutas comerciales, como el eje Kayes–Bamako (a través de Senegal y Mauritania) y Sikasso–Bamako (conectado con Costa de Marfil). Según fuentes locales, más de 230 camiones cisterna han sido destruidos desde el inicio de lo que en la práctica se ha convertido en un bloqueo total del suministro de combustible.

Las operaciones del JNIM —que incluyen emboscadas, artefactos explosivos, incendios provocados y extorsión— no solo han interrumpido el transporte de hidrocarburos, obligando a las empresas privadas a retirarse, sino que también han afectado importaciones esenciales de energía, minerales y alimentos.

Dado que la mayor parte del comercio exterior maliense transita por las rutas occidentales, el objetivo de los insurgentes parece claro: mostrar la vulnerabilidad del régimen y erosionar la confianza popular en el consejo militar. Aunque algunas fuentes estiman que la caída del gobierno podría producirse en tres a cinco meses, los analistas consideran improbable la instauración de un califato islámico en Mali, por limitaciones logísticas, operativas e ideológicas. Sin embargo, varios observadores advierten que solo un milagro podría salvar al gobierno, que ya habría iniciado canales de negociación discretos con el JNIM.

La crisis se agrava por la creciente inestabilidad interna y las tensiones dentro de las fuerzas armadas, que amenazan con fracturar el aparato militar

En el plano diplomático, las relaciones entre Mali y Argelia se han mantenido tensas durante el periodo analizado. Paralelamente, el consejo militar maliense ha reavivado fricciones con Mauritania, a través de provocaciones en la franja fronteriza común. En esa “crisis silenciosa”, fuerzas de seguridad de ambos países han detenido a ciudadanos acusados de simpatizar con el otro bando, una situación que podría poner en riesgo a minorías étnicas en ambos países.

En un contexto más amplio, JNIM continúa su expansión hacia el oeste, acercándose peligrosamente a Mauritania y Senegal, lo que ha llevado al Ejército mauritano a declarar internamente un estado de máxima alerta. El ministro de Defensa mauritano y varios altos mandos se encuentran desde hace semanas en el este del país, supervisando la preparación de las tropas y monitorizando de cerca el tenso escenario de seguridad en la vecina Mali.

El Washington Post duda que la autonomía para el Sáhara Occidental sea lo que Marruecos realmente desea

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Marruecos, ¿realmente desea la autonomía para el Sáhara Occidental?

Washington (ECS).- ¿Y si Marruecos no buscara en realidad la autonomía para el Sáhara Occidental? La cuestión, que puede parecer improbable dado el empeño del reino en presentarla como la única base posible para una solución al conflicto, ha sido planteada por el diario estadounidense The Washington Post, que sugiere que es el propio Marruecos quien estaría bloqueando esa opción.

En un análisis publicado esta semana, el periódico se pregunta si la imposición del plan autonómico supondría “el fin de la crisis o el inicio de otra en Marruecos”.

La propuesta olvidada que garantizaba la paz: el plan del Frente POLISARIO de 2007, la única arquitectura viable para un Magreb estable y soberano

El Consejo de Seguridad de la ONU aprobó el pasado 31 de octubre una resolución en la que se menciona por primera vez la autonomía “bajo soberanía marroquí”, que podría representar “la solución más viable” al conflicto. Rabat celebró el texto como una victoria diplomática y un paso hacia el fin del contencioso. Sin embargo, The Washington Post duda de que la autonomía sea realmente el objetivo final de Marruecos. “Tras este aparente avance diplomático se cierne un riesgo que Rabat teme desde hace tiempo: el efecto dominó en otras regiones del reino”, indica el diario norteamericano, en referencia a zonas como el Rif.

Esta región del norte fue escenario entre 2016 y 2017 de un movimiento de protesta, conocido como el Hirak del Rif, que reclamaba más desarrollo y el fin de la desigualdad. El movimiento fue reprimido por las autoridades marroquíes. Las aspiraciones autonomistas o independentistas en el Rif se remontan a hace un siglo, cuando Abdelkrim El Khattabi intentó crear la efímera República del Rif tras su derrota ante las fuerzas españolas y francesas apoyadas por la monarquía marroquí.

El Partido Nacionalista del Rif (PNR) mantiene esa reivindicación. “Si Marruecos concede autonomía a una región en disputa, ¿por qué no al Rif? Nuestras demandas son las mismas: dignidad, igualdad y control de los recursos”, declaró al Washington Post un activista rifeño residente en Europa.

Temor a un “efecto bumerán”

Según el diario estadounidense, analistas consultados sostienen que “el palacio real teme precisamente ese efecto bumerán”. El medio recuerda que el plan de autonomía, presentado en 2007, sigue sin aplicación práctica: no se han celebrado elecciones locales ni se ha producido una verdadera transferencia de competencias. Fuentes citadas explican esta situación por el hecho de que Rabat “no quiere crear un modelo que pueda replicarse en otras regiones”.

Peligros de autonomía en la descolonización de África

“Marruecos juega a dos bandas: presenta la autonomía como solución internacional, pero la bloquea en la práctica para evitar que otras regiones, en particular el Rif o el Souss, exijan lo mismo”, afirmó un diplomático europeo consultado por el periódico.

Incluso el Frente Polisario calificó la última resolución del Consejo de Seguridad como un “regalo envenenado” de Estados Unidos a Marruecos. La organización, reconocida por la ONU como representante legítima del pueblo saharaui, rechaza el plan de autonomía y mantiene su exigencia de celebrar un referéndum de autodeterminación.

Por ahora, el principal efecto de la resolución parece haber sido reavivar las aspiraciones autonomistas en otras zonas del país. “En los callejones de Alhucemas o Nador, algunos ya susurran: si el Sáhara obtiene autonomía, ¿por qué nosotros no?”, concluye The Washington Post.

Soberanía, seguridad y equilibrio en el Magreb

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Por Ana Stella 

El Sáhara Occidental es el centro de gravedad que determina el equilibrio de poder en el Magreb. No es una cuestión simbólica ni un conflicto lejano: es el factor que define quién controla el Estrecho, quién influye en la seguridad del Mediterráneo occidental y quién puede condicionar a España en su frontera sur.

Desde el punto de vista jurídico, la situación es clara:

– Naciones Unidas no reconoce soberanía marroquí sobre el Sáhara.

– La Corte Internacional de Justicia afirmó que no existen vínculos de soberanía territorial entre Marruecos y el territorio.

– La MINURSO sigue desplegada porque la descolonización no ha concluido.

De Mistura resalta «interés de la comunidad internacional» en la resolución del conflicto del Sáhara Occidental

 Marruecos conoce este límite legal y, por eso, no basa su estrategia en el derecho, sino en la fabricación de hechos consumados mediante alianzas militares, diplomáticas y económicas que generen la impresión de irreversibilidad. Su objetivo es convertir una ocupación ilegal en una realidad políticamente aceptada.

Los Acuerdos de Abraham: territorialidad a cambio de reconocimiento

La adhesión de Marruecos a los Acuerdos de Abraham en 2020 no fue un movimiento ideológico. Fue una transacción:

– Marruecos normaliza relaciones con Israel.

– Estados Unidos reconoce políticamente la supuesta “marroquinidad” del Sáhara.

– Este reconocimiento no tiene validez jurídica internacional.

Pero sí tiene efectos prácticos:

– Refuerza la narrativa interna de “victoria”.

– Proporciona cobertura diplomática.

– Abre acceso a cooperación militar de alto nivel.

– La cooperación es operativa, no simbólica:

– Drones israelíes desplegados en el muro.

– Sistemas ISR integrados en el desierto.

– Entrenamiento militar conjunto en escenarios áridos.

Tánger, nodo estratégico del Estrecho, ha pasado a ser una pieza de interés para Washington y Tel Aviv. Esto impacta directamente la soberanía española en el Mediterráneo occidental.

Estados Unidos y el control del Estrecho

La activación de la Hoja de Ruta 2020–2030 y la implicación de AFRICOM consolidan el bloque EE. UU.–Marruecos. Para Washington, Rabat cumple tres funciones:

1. Controlar el Estrecho en un contexto de rivalidad global.

2. Proyectarse hacia el Sahel, donde actores como Rusia y grupos armados están ganando espacio.

3. Equilibrar a Argelia, aliada estratégica de Rusia e Irán.

Para Marruecos, esta alianza supone:

– Escudo diplomático occidental.

– Modernización acelerada del armamento.

– Legitimación indirecta de la ocupación del Sáhara.

– La legalidad no cambia. La correlación de fuerzas, sí.

Turquía y Emiratos: influencia sin bandera

La instalación de Baykar / Atlas Defense en Ben Slimane no supone autonomía militar marroquí, sino dependencia tecnológica:

Software turco.

Comunicaciones turcas.

Sensores turcos.

Marruecos opera plataformas, pero no controla sus claves internas.

Turquía gana influencia militar en el Magreb y el Sahel.

Por su parte, Emiratos Árabes Unidos no busca territorio:

busca infraestructura y corredores logísticos.

Gobierna mediante apalancamiento, no ocupación.

Argelia contrapone este escenario con:

– Autonomía energética y militar.

– Alianza con Rusia.

– Defensa firme del derecho de autodeterminación saharaui.

– El resultado no es negociación.

– Es equilibrio estratégico.

La economía marroquí: expansión sin autonomía

La ampliación de Renault hasta 2030 se presenta como industrialización.

Pero la gobernanza sigue estando fuera de Marruecos:

Decisiones estratégicas en París.

Tecnología europea.

Marruecos ensambla, no diseña ni controla.

Incluso el futuro eléctrico depende de minerales, baterías y energía que Rabat no produce.

Existe crecimiento.

No existe soberanía industrial.

Renovación de la misión de la ONU para referéndum en el Sáhara Occidental un año más

La frontera como herramienta de presión

España no controla su frontera sur; la gestiona. Quien controla los flujos es Marruecos.

Dos rutas son decisivas:

1. Mediterráneo Occidental → Ceuta, Melilla, Península.

2. Atlántica → Canarias (la más mortal del mundo).

El cruce en parapente hacia Ceuta resume la relación: España abre la puerta. Marruecos decide si se toca el timbre.

El túnel del Estrecho: riesgo de dependencia estructural

El proyecto Tarifa–Tánger (8.500 millones) se presenta como integración. Pero sin soberanía fronteriza real, no sería integración. Sería subordinación física.

No solo transportaría mercancías. Transportaría presión demográfica y capacidad de condicionamiento interno.

El Magreb no es un escenario externo para España.

Es el espacio donde se decide su soberanía, su seguridad y su posición en el Mediterráneo.

Ahí convergen:

La disputa territorial del Sáhara.

El despliegue militar de EE. UU. e Israel en Tánger.

La proyección turca y emiratí.

La autonomía estratégica argelina.

La presión migratoria constante sobre territorios españoles.

La cuestión no es si España puede actuar. Tiene legitimidad histórica, capacidad política y medios.

La verdadera pregunta es:

¿España ejercerá su soberanía, o seguirá reduciéndose a administrarla en los papeles?

El tiempo para decidir se está acortando. La geopolítica no espera.

La Marcha Verde: la rendición de un Estado y la traición a un pueblo que confió en España

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Por Ana Stella


Cada aniversario de la Marcha Verde devuelve a la memoria uno de los episodios más deshonrosos de la historia contemporánea española. El Sáhara Occidental no fue una colonia tardía ni un territorio ajeno a nuestra vida nacional: fue administrado como una provincia, con ayuntamientos, representantes en las Cortes, documentación española y una población que compartía idioma, escuelas, cultura y en muchos casos servicio militar. El compromiso del Estado era claro: culminar el proceso de descolonización mediante un referéndum de autodeterminación reconocido y supervisado por Naciones Unidas. El pueblo saharaui confió en esa palabra.

En 1974, España informó oficialmente a la ONU que organizaría ese referéndum. El censo fue elaborado con presencia internacional y la administración civil se preparó para la transición democrática del territorio. El coronel Luis Rodríguez de Viguri, secretario general del Gobierno del Sáhara, lo expresó sin ambigüedad: “Yo fui al Sáhara en 1974 con el mandato expreso de preparar al pueblo saharaui para la independencia.”

Pero mientras España avanzaba hacia una salida ordenada, Marruecos percibió un riesgo: un referéndum libre confirmaría que la voluntad mayoritaria era la independencia. Por eso el rey Hassan II llevó el caso al Tribunal Internacional de Justicia intentando obtener un título territorial. El TIJ, sin embargo, dictaminó el 16 de octubre de 1975 que no existía soberanía marroquí ni mauritana sobre el Sáhara Occidental. Solo reconoció vínculos de lealtad de carácter religioso que no constituyen reclamación territorial.

La conclusión era inequívoca: el Sáhara Occidental era un territorio pendiente de descolonización basado en la voluntad de su pueblo.

Sin embargo, el mismo día del dictamen, Hassan II anunció la Marcha Verde, presentándola como si el Tribunal hubiera legitimado sus aspiraciones. Fue una operación política cuidadosamente construida para ofrecer la imagen de una conquista inevitable. Pero la Marcha Verde no llegó a entrar realmente en el Sáhara. La frontera se mantuvo cerrada. España había minado las rutas y dado órdenes claras: si se cruzaba la línea, se abriría fuego. Marruecos lo sabía. No arriesgó el paso.

La imagen de cientos de miles de civiles avanzando hacia el desierto fue un acto teatral y calculado, no una ocupación territorial. Rodríguez de Viguri reveló un detalle casi borrado de la memoria colectiva: “En la cabecera de la Marcha Verde ondeaban banderas estadounidenses.”

Un golpe silenciado para Marruecos en la ONU: Argelia gana terreno en la cuestión del Sáhara Occidental

La maniobra fue diplomática, psicológica y mediática: forzar a un Estado debilitado por la agonía de Franco, por divisiones internas en el Ejército y por la incertidumbre de la Transición, a retirarse sin conflicto armado. La entrada efectiva en el territorio no la hicieron los civiles de la Marcha Verde, sino las tropas marroquíes, días después, respaldadas por la firma de los Acuerdos Tripartitos de Madrid del 14 de noviembre de 1975. Esos acuerdos, como recordó en 2002 el asesor jurídico de la ONU, no transfirieron soberanía, porque España no podía ceder lo que no le pertenecía. La soberanía seguía sin determinar. La descolonización quedó interrumpida. Y el pueblo saharaui quedó expuesto.

La retirada española no fue una derrota militar. Fue una decisión política. Así lo dijo Antonio Carro, ministro de la Presidencia, en 1978: “No ocurrió lo peor. Tampoco diré que lo mejor. Fue lo menos malo.” Ese “menos malo” significó la dispersión de un pueblo entero. Significó bombardeos sobre columnas de refugiados en Um Dreiga y Tifariti. Significó el inicio de una guerra de dieciséis años. Y significó el nacimiento de los campamentos de Tinduf, donde más de 200.000 saharauis viven desde entonces.

Mientras tanto, en la otra orilla, algunos oficiales españoles fueron condecorados por Marruecos después de la entrega. Rodríguez de Viguri lo resumió con amargura: “Que yo sepa, nadie las ha devuelto.”

Desde entonces, casi nada ha cambiado en lo esencial. La ONU sigue considerando el Sáhara Occidental un territorio no autónomo. España sigue siendo potencia administradora de iure.

Marruecos es una potencia ocupante. Los tribunales europeos han reiterado entre 2016 y 2021 que el Sáhara no forma parte de Marruecos y que cualquier actividad económica en el territorio requiere el consentimiento del pueblo saharaui, representado internacionalmente por el Frente Polisario.

No hay ambigüedad legal. No hay vacío jurídico. No hay olvido posible.

La descolonización no se ha completado. Y el mecanismo sigue siendo el mismo que en 1974: el referéndum con opción de independencia. La Marcha Verde no fue una victoria de Marruecos. Fue la capitulación de un Estado que no estuvo a la altura de su palabra y de su responsabilidad. Fue la traición a un pueblo que confió en España porque España le había pedido confianza.

La historia no puede borrarse. Pero sus consecuencias sí pueden corregirse. España no debe mirar al pasado con culpa, sino al presente con responsabilidad. Se trata de derecho, de memoria y de honor. Y el honor, cuando se pierde, solo puede recuperarse cumpliendo la palabra.

De Mistura resalta «interés de la comunidad internacional» en la resolución del conflicto del Sáhara Occidental

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Nueva York (ECS) – ONU


Stefan de Mistura, Enviado Personal del Secretario General de las Naciones Unidas para el Sáhara Occidental, interviene desde Bruselas después de la adopción de la Resolución 2797. Explica que esta resolución es importante porque muestra una energía renovada de la comunidad internacional para intentar avanzar en la resolución del conflicto que dura cinco décadas.

La ONU renueva el mandato, Marruecos renueva la propaganda

Aclara que la resolución no impone una solución. Solo marca un marco de negociación. Señala que Marruecos deberá presentar una versión actualizada de su plan de autonomía, y que el Frente Polisario y otros actores también podrán presentar propuestas. Subraya que negociar no significa aceptar, y que la clave será la participación en las conversaciones.

Concluye destacando la extensión del mandato de la MINURSO hasta 2026, lo que permite mantener un entorno estable mientras se desarrolla la fase de negociación. Indica que, a partir de ahora, comienza el trabajo real y que será necesario compromiso constante de todas las partes.

Idea clave; Hay negociación, no decisión. La solución no está definida. La autonomía marroquí es una propuesta, no un resultado. El proceso sigue en manos de la ONU y el conflicto permanece abierto.

La ONU renueva el mandato, Marruecos renueva la propaganda

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Por Ana Stella


La aprobación de la Resolución 2797 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas sobre el Sáhara Occidental, el 30 de octubre de 2025, ha sido presentada por Marruecos y parte de la prensa internacional como una confirmación de su plan de autonomía. Sin embargo, el texto adoptado no reconoce soberanía alguna sobre el territorio, ni avala el proyecto marroquí, ni altera el estatus jurídico del Sáhara Occidental, que continúa siendo un territorio pendiente de descolonización. El análisis de las fuentes diplomáticas junto con las reacciones oficiales saharauis, revela un escenario de continuidad política maquillada de avance, donde la ambigüedad lingüística se ha convertido en herramienta para perpetuar el bloqueo.

1. Un texto ambiguo presentado como victoria

La Resolución 2797 renueva el mandato de la MINURSO hasta octubre de 2026 y reitera el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación. Sin embargo, evita toda referencia a mecanismos, plazos o compromisos verificables que garanticen la celebración del referéndum acordado en 1991. La inclusión de la “propuesta de autonomía” marroquí se limita a una mención formal como “base para la negociación”, junto con la del Frente POLISARIO. En términos jurídicos, no constituye aprobación, reconocimiento ni modificación del estatus internacional del territorio.

Pese a ello, Marruecos ha promovido la idea de una “autonomía aprobada”, transformando un texto diplomático neutro en instrumento propagandístico para uso interno. Esta operación comunicativa reproduce un patrón recurrente: la apropiación del lenguaje de la ONU para justificar un control territorial que sigue siendo ilegal bajo el derecho internacional.

2. El papel de los Estados y la fragmentación diplomática

Las reacciones de los Estados miembros reflejan el desgaste del proceso. Rusia y China se abstuvieron, cuestionando la falta de transparencia en la redacción del borrador estadounidense. Argelia, que mantiene su posición como principal apoyo político del Frente POLISARIO, reiteró que el Sáhara Occidental es el último territorio colonial de África y que el derecho a la autodeterminación es innegociable.

Varios países europeos —entre ellos Dinamarca— dejaron constancia de que su voto favorable no implica reconocimiento de soberanía marroquí.

En el plano regional, el presidente saharaui Brahim Gali subrayó que “los factores decisivos en la resolución del conflicto siguen siendo el pueblo saharaui y su Ejército de Liberación”, recordando que sin voluntad política real, ninguna resolución logrará alterar la realidad sobre el terreno.

3. Los foros internacionales y la persistencia jurídica

El Noveno Foro Europeo de Solidaridad con el Pueblo Saharaui, celebrado en Viena, reafirmó la ilegalidad de los acuerdos comerciales entre la Unión Europea y Marruecos que incluyen al Sáhara Occidental, recordando las reiteradas sentencias del Tribunal de Justicia de la UE. El foro denunció además el uso del lenguaje diplomático como herramienta de erosión del principio de autodeterminación.

Por su parte, el Ministerio de Asuntos Exteriores saharaui reconoció los esfuerzos de Argelia y de los países que defendieron una redacción equilibrada, señalando que, aunque el texto final no cumple las expectativas del Frente POLISARIO, mantiene la vigencia del derecho internacional frente a las pretensiones de anexión.

4. La represión en los territorios ocupados

La realidad sobre el terreno continúa siendo incompatible con la retórica diplomática.

Organizaciones saharauis documentan detenciones arbitrarias, torturas y persecución de periodistas que intentan informar desde El Aaiún o Smara. Estas denuncias refuerzan la percepción de que la MINURSO —privada de mandato para supervisar los derechos humanos— se ha convertido en un instrumento de contención más que de protección.

Mientras el Consejo de Seguridad debate la terminología de las resoluciones, en el Sáhara ocupado se mantiene un régimen de represión que desmiente cualquier avance político real.

5. Diplomacia de mantenimiento: la estabilidad como sustituto de la justicia

La Resolución 2797 se inscribe en la tendencia de los últimos años: priorizar la “estabilidad regional” sobre el cumplimiento del derecho internacional. El Consejo de Seguridad actúa más como gestor del statu quo que como garante del proceso de descolonización. La ambigüedad calculada del texto permite a cada actor presentar su propia lectura. Para Marruecos, simboliza el respaldo de la comunidad internacional; para el Frente POLISARIO, la confirmación de que la autodeterminación sigue reconocida. En la práctica, sin embargo, el conflicto se mantiene congelado.

La Resolución 2797 no aprueba la autonomía marroquí, no concede soberanía y no introduce ningún cambio estructural en el proceso político. Su principal efecto es prolongar la apariencia de diálogo mientras el territorio sigue bajo ocupación y la población saharaui continúa privada de su derecho a decidir.

Desde una perspectiva jurídica y política, se trata de una resolución de mantenimiento, no de solución. El Consejo de Seguridad preserva el equilibrio diplomático, pero a costa de la credibilidad del propio sistema multilateral. Mientras tanto, el pueblo saharaui —el único sujeto legítimo de autodeterminación— mantiene su resistencia, convencido de que ninguna maniobra lingüística puede sustituir la justicia histórica pendiente.

La Resolución camaleónica

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Por HAMUDI B

Opinión

Madrid (ECS).— La Resolución 2797 del Consejo de Seguridad de la ONU nace marcada por un evidente sesgo estadounidense, arrogante y alejado de la historia y el contexto del conflicto saharaui. Al alinearse con la postura francesa —empeñada en difundir información sesgada y manipular los hechos sobre el terreno—, la administración norteamericana ha contribuido a consolidar una visión parcial y complaciente con los intereses de Marruecos.

  Sin embargo, el Pueblo Saharaui, liderado por su único y legítimo representante, el Frente Polisario —reconocido nuevamente en el propio texto de la resolución—, ha demostrado a la camarilla que domina el Consejo que nada a contracorriente. Una vez más, este pueblo luchador ha recordado al mundo que su causa cuenta históricamente con aliados firmes y comprometidos.

Una resolución a medida

  La aprobación de esta resolución puede leerse como una victoria simbólica para el Pueblo Saharaui, que ha resistido con determinación frente a las maniobras diplomáticas de las grandes potencias. La propuesta estadounidense fue modificada hasta en tres ocasiones antes de su inclusión final, tras un proceso de negociación donde pesaron más los intereses geoestratégicos y capitalistas que el compromiso con la justicia y la autodeterminación.

  El resultado es una resolución camaleónica: cambia de color según el ángulo desde el que se mire, adoptando la forma que conviene a cada una de las partes implicadas en el conflicto.

Retos para ambas partes

  La próxima etapa será decisiva. El Pueblo Saharaui deberá actuar con sabiduría y paciencia frente a los nuevos vientos “trumpistas”, que previsiblemente intensificarán el apoyo a Marruecos y su política de negación de derechos.

  Por su parte, Marruecos enfrenta una encrucijada: a las crisis internas —como las disputas por la sucesión del trono y el creciente descontento popular— se suma ahora la obligación de presentar un proyecto detallado de su llamada “autonomía fantasma”.

  El Frente Polisario, en cambio, ya ha presentado una propuesta concreta y coherente con las recomendaciones de la resolución. Si Marruecos no cumple con la misma exigencia, arrastrará a sus aliados al descrédito.

La posición de Argelia y la hipocresía del Consejo de Seguridad 

  Argelia, al abstenerse en la votación, ha ejercido una suerte de veto simbólico, marcando distancia frente a lo que considera una farsa diplomática. Así, no se verá involucrada en los debates o reuniones derivadas de las recomendaciones de la Resolución 2797.

  No cabe duda de que la élite dominante del Consejo de Seguridad actúa con el único fin de proteger a Marruecos y salvaguardar sus intereses estratégicos en la región. Pero como reza la sabiduría popular saharaui: “quien no está contigo, no te sostendrá”.

La lucha continúa

  Esta no es la primera resolución ni será la última mientras el Pueblo Saharaui no obtenga justicia plena ni el goce de sus derechos legítimos. Somos los hijos de esta tierra y seguiremos defendiendo, luchando y resistiendo mientras existan la arena y la roca.

  Ayer fuimos ocupados bajo la protección de las mismas potencias internacionales que hoy amparan a Marruecos. Pese a las duras condiciones y la escasez de medios, jamás lograron ocupar nuestras mentes ni doblegar nuestro espíritu.

  Hoy, con un Estado reconocido dentro de la Unión Africana, con embajadas y representaciones internacionales, y con un movimiento de solidaridad global sin precedentes, es imposible que Marruecos logre aquello con lo que alguna vez soñó.

Lectura de la última resolución adoptada por el Consejo de Seguridad de la ONU sobre el Sáhara Occidental, bajo el número (S/2025/2797)

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Por: Ali Ibrahim Mohamed

París (ECS). – El Consejo de Seguridad adoptó el viernes 31 de octubre de 2025 una nueva resolución sobre el Sáhara Occidental, bajo el número (S/2025/2797), la cual fue objeto de intensas negociaciones durante más de tres semanas. Su versión inicial sufrió al menos tres modificaciones lingüísticas y políticas tras las consultas mantenidas entre los miembros del Consejo. Dado que el Consejo no se centró en avanzar hacia su papel principal —alcanzar una solución definitiva conforme a sus normas reglamentarias y al derecho internacional—, puede considerarse que el resultado alcanzado busca principalmente satisfacer a ambas partes del conflicto, el Frente POLISARIO y Marruecos.

Esto se hace más evidente esta vez que en ocasiones anteriores, especialmente en algunos párrafos. Por ejemplo, el tercer párrafo del preámbulo dice:

“Reafirmando su compromiso de ayudar a las partes a alcanzar una solución política justa, duradera y mutuamente aceptable basada en el acuerdo conforme a los principios y propósitos de la Carta de las Naciones Unidas, incluido el principio de la libre determinación, y señalando el papel y las responsabilidades de las partes a este respecto.”

Aquí, el Consejo inclina la balanza hacia la posición del Frente POLISARIO y las demandas que éste ha reiterado desde el inicio del proceso político bajo los auspicios de la ONU. Pero en el párrafo siguiente dice:

“Tomando nota, en este contexto, del apoyo expresado por numerosos Estados miembros a la propuesta marroquí de autonomía, presentada el 11 de abril de 2007 al Secretario General, como base para una solución justa, duradera y mutuamente aceptable del conflicto; y afirmando que una autonomía genuina bajo soberanía marroquí podría constituir la solución más viable.”

Con esta expresión, el Consejo de Seguridad vuelve a equilibrar la balanza hacia la posición de Marruecos. De esta manera, el Consejo otorga un punto a cada parte en la parte del preámbulo, que normalmente refleja las opiniones del Consejo de Seguridad o del “Penholder” (el país redactor) sobre los desarrollos relacionados con el tema tratado.

En el quinto párrafo del preámbulo, se lee:

“Acogiendo con beneplácito la iniciativa del Enviado Personal de reunir a las partes para aprovechar el impulso existente y esta oportunidad sin precedentes para lograr una paz duradera; e instando a brindar pleno apoyo a las negociaciones y a participar en ellas de buena fe.”

Aquí, el Consejo de Seguridad reafirma su apoyo a los esfuerzos de la ONU en las negociaciones que se prevén, sin especificar su naturaleza. El objetivo sigue siendo alcanzar una paz duradera, sin señalar el modo o la forma para lograrla, dejando así la puerta abierta a cualquier solución que pueda surgir de las negociaciones. El preámbulo concluye otorgando un punto a cada parte y al mediador de la ONU, mostrando que el Consejo de Seguridad mantiene una posición equidistante entre los dos bandos, además de manifestar su interés en los esfuerzos del enviado del Secretario General.

En cuanto a las disposiciones operativas, la resolución dice:

“Alienta enérgicamente a los donantes a proporcionar fondos adicionales y a registrar a los refugiados.”

Así, el Consejo respalda, por un lado, los llamamientos del Frente Polisario a través de la Media Luna Roja Saharaui (apoyando la resistencia del pueblo saharaui en los campamentos de refugiados), y por otro, las demandas de Marruecos de registrar a los refugiados. En otras palabras, concede dos puntos adicionales, uno a cada parte.

En el párrafo operativo 1, se establece:

“Decide prorrogar el mandato de la Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental (MINURSO) hasta el 31 de octubre de 2026.”

Esto responde a la solicitud del Secretario General de la ONU contenida en su informe al Consejo (S/2025/612).

En el párrafo operativo 2, la resolución dice:

“Expresa su pleno apoyo al Secretario General y a su Enviado Personal para facilitar y llevar a cabo negociaciones sobre la base de la propuesta marroquí de autonomía, con el objetivo de lograr una solución justa, duradera y mutuamente aceptable del conflicto, de conformidad con la Carta de las Naciones Unidas, y acoge con beneplácito cualquier propuesta constructiva de ambas partes en respuesta a la propuesta de autonomía.”

Aquí pueden observarse varios puntos:

  1. El Consejo apoya negociaciones sobre la base de la propuesta marroquí de autonomía, pero también un “acuerdo conforme a la Carta de la ONU”, lo que muestra que los términos “negociaciones” y “solución” no son equivalentes: las negociaciones son un medio, mientras que la solución es un fin. La redacción, por tanto, debilita el peso político y jurídico de la propuesta marroquí.

  2. La parte final del párrafo, al “acoger con beneplácito cualquier propuesta constructiva de ambas partes”, elimina la exclusividad de la propuesta marroquí, abriendo la puerta a otras iniciativas, como la propuesta ampliada del Frente Polisario presentada el 20 de octubre de 2025 (documento S/2025/664), que podría considerarse en futuras negociaciones.

En el párrafo operativo 3, se introduce un elemento jurídico más explícito:

“Exhorta a las partes a participar en estas discusiones sin condiciones previas, sobre la base de la propuesta marroquí de autonomía, con el objetivo de alcanzar una solución política final y mutuamente aceptable que garantice el derecho a la autodeterminación del pueblo del Sáhara Occidental, reconociendo que una autonomía genuina podría representar la opción más realizable, e invita a las partes a presentar ideas que apoyen una solución final mutuamente aceptable.”

Aquí surgen varias observaciones: el Consejo “reconoce” que la autonomía podría ser la opción más viable, pero jurídicamente un reconocimiento de esa naturaleza debería basarse en pruebas materiales o provenir de una de las partes, no del árbitro (el Consejo). Además, el uso del término “podría representar” implica una posibilidad, no una certeza, lo que resta fuerza al planteamiento marroquí.

En el párrafo operativo 4, el Consejo concede nuevamente protagonismo al Enviado Personal y a la Secretaría General:

“Insta a los Estados miembros a proporcionar la asistencia y el apoyo adecuados a estas negociaciones y a los esfuerzos del Enviado Personal.”

Este punto reafirma el respaldo al trabajo del Enviado y del Secretario General sin imponer objetivos o métodos específicos, dejando abierta la posibilidad de diversos resultados bajo los auspicios de la ONU.

En el plano procedimental, la resolución reitera:

“Solicita al Secretario General que informe al Consejo de Seguridad periódicamente y cuando lo considere oportuno durante el mandato, y que presente, dentro de los seis meses posteriores a la renovación del mandato, una revisión estratégica sobre el futuro de la misión, teniendo en cuenta los resultados de las negociaciones.”

Y en el párrafo 6, mantiene la cuestión del Sáhara Occidental “en examen” dentro del Consejo, lo que refuta las afirmaciones marroquíes de que el tema ya habría sido cerrado por la ONU.


Conclusión

Es importante recordar tres puntos clave:

  1. El Capítulo VI en el que se trata la cuestión saharaui dentro del Consejo de Seguridad implica que las resoluciones no son de cumplimiento obligatorio para las partes. No son vinculante.

  2. Se observa una evolución en el enfoque del Consejo, que ha pasado de impulsar una solución a limitarse a equilibrar entre las partes y mantener el statu quo.

  3. Las modificaciones introducidas en dos ocasiones a la versión inicial —que favorecía claramente la posición marroquí— lograron finalmente situar al Consejo en una posición más equilibrada, aunque con un matiz: vincular la propuesta marroquí a la aprobación del pueblo saharaui mediante un referéndum de autodeterminación, lo que la hace difícil de aplicar. Además, la apertura a nuevas propuestas brinda al Frente Polisario una oportunidad futura si logra mantener el impulso actual.

Un golpe silenciado para Marruecos en la ONU: Argelia gana terreno en la cuestión del Sáhara Occidental

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Por Ana Stella 

Madrid (ECS). — La última votación del Consejo de Seguridad sobre el Sáhara Occidental ha dejado al descubierto una realidad que muchos medios intentan maquillar. Mientras Marruecos celebraba lo que presentó como una “gran victoria diplomática”, el resultado real fue muy distinto: el texto aprobado supone un revés político para Rabat y un triunfo discreto para Argelia y el Frente Polisario.

No fue una victoria, fue un aviso

El régimen marroquí esperaba que el borrador estadounidense se aprobara sin cambios. Tenían todo preparado: comunicados, discursos y celebraciones. Pero Argelia, con el apoyo de varios países, logró introducir enmiendas clave que devolvieron al texto algo esencial: la mención explícita al derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación y la ampliación del mandato de la MINURSO para preparar el terreno hacia un referéndum.

Lo que Marruecos vendió como éxito fue, en realidad, una corrección forzada de su narrativa.

El discurso del rey, preparado para otro escenario

Apenas diez minutos después de conocerse la votación, el rey marroquí apareció con un discurso solemne. Era evidente que el texto estaba escrito de antemano para anunciar una victoria. Ante el resultado inesperado, el mensaje se adaptó sobre la marcha para fingir normalidad y mantener la imagen de control interno, justo cuando el país vive tensiones sociales por las protestas del movimiento Z 212.

Evadir al Polisario, apuntar a Argelia

Uno de los gestos más comentados fue el llamado del monarca a dialogar con Argelia, ignorando al Frente Polisario, que la ONU reconoce como parte legítima del conflicto. Fue una forma de esquivar el reconocimiento político de los saharauis y de intentar encuadrar el problema como un asunto bilateral. Pero el Consejo de Seguridad fue claro: las partes son Marruecos y el Polisario, y no hay margen para reinterpretar esa realidad.

Argelia, la que jugó con inteligencia

La estrategia argelina fue sutil pero efectiva. Al conseguir que se modificara el texto y luego abstenerse en la votación, Argelia evitó que Marruecos la usara como enemigo directo. Su abstención no significó desinterés, sino una jugada calculada: dejar claro que su papel es el de mediadora y garante, no el de parte enfrentada. De este modo, Argelia se coloca en el centro del tablero, lista para supervisar cualquier negociación futura y respaldar lo que el pueblo saharaui decida libremente.

El equilibrio empieza a cambiar

En los medios oficiales marroquíes abundan las palabras “victoria” y “respaldo internacional”, pero el texto final dice otra cosa. Por primera vez en años, se refuerza la vía de la autodeterminación y se abre paso a una lectura más fiel al derecho internacional. Marruecos, por tanto, tendrá que sentarse a negociar con quienes llama “separatistas”, porque el Consejo de Seguridad ya no respalda su pretensión de que el tema esté cerrado.

Lo que ocurrió en Nueva York fue un cambio de tono en el conflicto. Marruecos apostó por la propaganda, pero la ONU le recordó que el Sáhara Occidental sigue siendo un territorio pendiente de descolonización. Argelia salió fortalecida, el Frente Polisario recuperó legitimidad, y el equilibrio de fuerzas vuelve poco a poco a inclinarse hacia la justicia y el derecho del pueblo saharaui a decidir su futuro.

Gali subraya que los factores decisivos en la resolución del conflicto del Sáhara Occidental son “el pueblo saharaui y el Ejército de Liberación”

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Argel, (ECS).— El presidente de la República Árabe Saharaui Democrática y secretario general del Frente Polisario, Brahim Gali, afirmó este sábado que el movimiento no será parte de ninguna negociación que no respete el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación, principio que considera innegociable.

El mandatario subrayó que cualquier iniciativa destinada a resolver el conflicto del Sáhara Occidental debe basarse en el respeto al derecho internacional y a las resoluciones de las Naciones Unidas, que reconocen el derecho del pueblo saharaui a decidir libremente su futuro. El Frente Polisario, movimiento de liberación saharaui, mantiene desde hace décadas su reivindicación de independencia del territorio del Sáhara Occidental, ocupado en gran parte por Marruecos desde 1975.

Según informó la agencia de noticias saharaui (SPS), Gali expresó durante un encuentro con cuadros del Frente y del Estado la disposición de la parte saharaui a cooperar de manera constructiva con el proceso de paz, aunque advirtió que las iniciativas unilaterales “solo contribuirán a agravar el conflicto y a poner en peligro la estabilidad de la región”.

El mandatario destacó que la última resolución del Consejo de Seguridad de la ONU menciona expresamente al pueblo del Sáhara Occidental, al Frente Polisario y al principio de autodeterminación, además de mantener las resoluciones anteriores sobre el conflicto y prorrogar el mandato de la misión de la ONU para el referéndum (MINURSO).

Gali subrayó que los factores decisivos en la resolución del conflicto son “el pueblo saharaui y el Ejército de Liberación”, a quienes instó a hacer frente a “las maniobras del enemigo marroquí”, al que acusó de contar con el apoyo de “miembros influyentes del Consejo de Seguridad” y de recurrir a la “normalización” como último recurso político.

El presidente saharaui calificó de “tendencioso” el reciente discurso del rey de Marruecos, Mohamed VI, y afirmó que el régimen alauí “sigue engañando al pueblo marroquí”, como hizo —dijo— durante la consulta de la Corte Internacional de Justicia en 1975. A su juicio, Rabat “intenta exportar sus crisis internas y cubrirlas con resoluciones internacionales que nunca le han sido favorables”.

Gali añadió que el discurso del monarca fue grabado antes de la publicación de la última resolución del Consejo de Seguridad y que “solo citó una pequeña parte del texto, ignorando el resto de su contenido”.