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31 marzo 2026
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Bruselas da su visto bueno para un nuevo acuerdo pesquero con Rabat, pese al contencioso del Sáhara Occidental

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Bruselas (ECS).— Los embajadores de los Estados miembros ante la Unión Europea dieron luz verde este miércoles a la Comisión Europea para iniciar nuevas negociaciones con Marruecos con vistas a un acuerdo de pesca, en un intento de salir del bloqueo jurídico y político provocado por la anulación del anterior acuerdo por la justicia europea.

En 2024, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) invalidó los acuerdos agrícola y pesquero entre la UE y Marruecos al considerar que vulneraban el derecho al consentimiento del pueblo del Sáhara Occidental, territorio pendiente de descolonización según el derecho internacional. La sentencia confirmó que Marruecos no tiene soberanía ni mandato legal sobre el territorio saharaui ni sobre sus recursos naturales.

Tras este revés judicial, la Comisión Europea optó a finales de 2025 por revisar el acuerdo agrícola para tratar de ajustarlo al fallo del Tribunal. En el ámbito pesquero, sin embargo, el Ejecutivo comunitario ha elegido una vía más drástica: solicitar un mandato para negociar un acuerdo completamente nuevo con Rabat, pese a que el núcleo del problema —la explotación de los recursos del Sáhara Occidental sin el consentimiento de su pueblo— sigue sin resolverse.

Los Veintisiete autorizaron así a la Comisión a entablar conversaciones tanto sobre un acuerdo marco de asociación para una pesca supuestamente sostenible como sobre un protocolo de aplicación que permitiría el acceso de buques europeos a las denominadas “aguas marroquíes”. El anterior protocolo expiró en 2023, lo que supuso la paralización total de la flota europea en estas zonas.

Antes de su expiración, la dependencia de la UE de estas aguas era especialmente elevada. Según un informe europeo, más del 90% de las capturas realizadas en el marco del acuerdo anulado procedían de las aguas del Sáhara Occidental, un dato que reforzó los recursos judiciales impulsados en defensa de los derechos del pueblo saharaui y que acabaron llevando a la anulación del acuerdo.

Desde el sector pesquero europeo, el anuncio ha sido recibido con expectación. Europêche, principal lobby de los armadores europeos, ha reclamado una reanudación rápida del diálogo con Rabat para poner fin al actual bloqueo. La organización sostiene que un nuevo acuerdo es clave en un contexto de reducción de alternativas, debido tanto a las crecientes restricciones en aguas europeas como a prácticas pesqueras consideradas insostenibles en varios países terceros.

Sin embargo, organizaciones saharauis y defensores del derecho internacional recuerdan que cualquier nuevo acuerdo que incluya las aguas del Sáhara Occidental sin el consentimiento expreso de su pueblo y de su representante legítimo, el Frente Polisario, volvería a vulnerar el derecho internacional y estaría abocado a nuevos recursos ante la justicia europea.

Sáhara Occidental | Mohamed Bani, 15 años en prisión y cadena perpetua con confesiones bajo tortura

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Alfonso Lafarga.-  Contramutis

Lleva más de quince años en cárceles marroquís y está condenado a cadena perpetua. El saharaui Mohamed Bani, de 56 años, es una de las víctimas de la represión del régimen marroquí tras el desmantelamiento, en noviembre de 2010, del campamento de protesta pacífica de Gdeim Izik, recuerda la Asociación de Familiares de Presos y Desaparecidos saharauis (AFAPREDESA).

Gdeim Izik simboliza, según la ONG de Derechos Humanos, la resistencia saharaui contra la discriminación y la ocupación de su tierra por Marruecos, que invadió el territorio tras el abandono-entrega de España a finales de 1975.

A 12 kilómetros de El Aaiún, capital del Sáhara Occidental, se reunieron más de 20.000 personas en lo que se conoció como Campamento de la Dignidad y que el filósofo norteamericano Noam Chomsky consideró precursor de la Primavera Árabe. Su violento desmantelamiento por las fuerzas marroquíes el 8 de noviembre de 2010 “provocó enfrentamientos, la detención de cientos de personas y la muerte de varios saharauis”, indica la Asociación.

Marruecos impide el acceso al Sáhara Occidental a una diputada canaria y a un consejero del Cabildo de Gran Canaria

Mohamed Bani, casado y padre de cinco hijos, llevó una vida familiar en El Aaiún, ciudad marcada por un prolongado conflicto y un clima de represión; Dice la ONG que fue uno de los pocos saharauis que consiguió un empleo estable, a pesar de la discriminación sistemática del ocupante marroquí. Detenido ese 8 de noviembre, fue torturado y recluido en secreto en la sede de la Gendarmería Real antes de ser trasladado a Rabat para ser juzgado por un tribunal militar.

AFAPREDESA afirma que el caso de Mohamed Bani “constituye uno de los ejemplos más graves y prolongados de la represión de Marruecos contra la población saharaui en el Sáhara Occidental ocupado”.

La organización indica que su detención se produjo en un contexto de “estado de sitio no declarado, marcado por detenciones masivas, torturas y desapariciones temporales”. Fue juzgado inicialmente por un tribunal militar, pese a su condición de civil y a que los hechos se produjeron en un territorio pendiente de descolonización, lo que vulnera “el derecho internacional humanitario y los Derechos Humanos”, puntualiza la ONG saharaui..

La condena dictada en 2013 por la jurisdicción militar fue posteriormente confirmada en 2017 por tribunales civiles marroquíes sin corregir las irregularidades de fondo. Tanto Human Rights Watch como Amnistía Internacional concluyeron que los juicios se basaron esencialmente en confesiones obtenidas bajo tortura, en violación del artículo 15 de la Convención contra la Tortura, y denunciaron la ausencia de pruebas materiales sólidas: “fueron procesos judiciales ampliamente cuestionados por su ilegalidad y falta de garantías”.

En un dictamen, el Comité de NNUU contra la Tortura reconoce queMohamed Bani fue víctima de tortura, malos tratos y confesiones arrancadas bajo coacción durante su detención y juicio en Marruecos. Concluye que el proceso judicial careció de las más elementales garantías y que Marruecos violó flagrantemente la Convención contra la Tortura, en vigor desde 1993.

El Comité recordó que la prohibición de la tortura es absoluta y que ningún Estado puede ampararse en circunstancias excepcionales para justificarla. Y en consecuencia, exigió a Marruecos la liberación inmediata de Mohamed Bani, la garantía de su acceso a atención médica y psicológica adecuada, y la apertura de investigaciones serias para juzgar a los responsables de estas violaciones.

La decisión, que fue adoptada durante el 79º período de sesiones del Comité contra la Tortura, también instó al régimen marroquí a reformar su marco legal y judicial para impedir que vuelvan a utilizarse confesiones obtenidas bajo tortura en procedimientos judiciales.

AFAPREDESA denuncia que pese a las decisiones claras del Grupo de Trabajo sobre la Detención Arbitraria de Naciones Unidas y del Comité contra la Tortura, que declararon ilegal la detención, Mohamed Bani continúa encarcelado en 2026, en la prisión de Aït Melloul 2, a más de 750 kilómetros de su lugar de origen y de su familia, en contravención de la Cuarta Convención de Ginebra.

AFAPREDESA ha recogido “denuncias persistentes de negligencia médica deliberada, aislamiento, discriminación racial y represalias contra los presos políticos saharauis del grupo de Gdeim Izik, prácticas que han motivado reiteradas huelgas de hambre como forma de protesta”.

La Asociación de Familiares de Presos y Desaparecidos saharauis resalta que el caso de Mohamed Bani, “lejos de ser excepcional, simboliza la persistencia de una política de castigo y disuasión contra quienes defienden pacíficamente el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación”, un territorio cuya ocupación fue calificada ya en 1979 como ilegal por la Asamblea General de la ONU.

Lo sitúa en un marco más amplio de violaciones cometidas durante y después del asalto a Gdeim Izik. Entre ellas figuran la muerte del joven saharaui con nacionalidad española Baby Hamadi Buyema, enterrado sin el consentimiento de su familia, y el asesinato del menor Najem El Garhi ould Feydel Souidi, abatido por el ejército marroquí cuando se dirigía al campamento.

Estos hechos fueron denunciados ante instancias internacionales y la Audiencia Nacional española, “que en una resolución histórica reafirmó la responsabilidad de España como potencia administrante del Sáhara Occidental”, concluye AFAPREDESA.

Marruecos modifica la estructura demográfica y económica del Sáhara Occidental ocupado

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Contramutis.-

Marruecos realiza prácticas para modificar la estructura demográfica y económica de los territorios del Sáhara Occidental que invadió a finales de 1975 con el consentimiento de España, que no procedió a su descolonización como estableció la ONU.

Para ello, el ocupante marroquí fomenta el asentamiento de colonos y facilita su control sobre la tierra y los recursos, a costa del desplazamiento de los saharauis y del despojo de sus derechos y de sus medios de subsistencia, según ha denunciado la Asociación Saharaui de Víctimas de Graves Violaciones de los Derechos Humanos cometidas por Marruecos (ASVDH).

En un comunicado, la ASVDH condena la política de Marruecos en la parte ocupada del Sáhara Occidental, “basada en la confiscación de tierras saharauis y en la privación del pueblo saharaui de sus derechos históricos y legales sobre ellas, en flagrante violación de los Derechos Humanos y del derecho internacional”.

Sáhara Occidental | Mohamed Bani, 15 años en prisión y cadena perpetua con confesiones bajo tortura

La ASVDH denuncia que la ocupación marroquí “recurre al despojo de los legítimos propietarios saharauis de sus tierras y recursos en el marco de una realidad de ocupación impuesta sobre los territorios ocupados, basada en una lógica colonial que somete la tierra a procedimientos administrativos y jurídicos impuestos por la fuerza, utilizados para excluir a la población autóctona y permitir que sus empresas y los colonos introducidos en el territorio ocupado se apropien de tierras que no les pertenecen”.

La asociación señala que “esta política sistemática se ha convertido en un instrumento de expolio y de legitimación de la apropiación, mediante la ignorancia deliberada del derecho y de las normas internacionales, y la imposición de leyes y procedimientos administrativos carentes de toda legitimidad jurídica o internacional, en clara violación del derecho de propiedad, del derecho internacional humanitario y del derecho internacional de los derechos humanos”.

La ASVDH considera que estas prácticas tienen como objetivo “modificar la estructura demográfica y económica del territorio ocupado, fomentando el asentamiento de colonos y facilitando su control sobre la tierra y los recursos, a costa del desplazamiento de los saharauis y del despojo de sus derechos y de sus medios de subsistencia”, lo que constituye “una grave vulneración de los derechos de la población indígena y del derecho inalienable del pueblo saharaui a su tierra, a sus recursos, a la autodeterminación y a la libertad”.

La organización hace un llamamiento a los organismos internacionales y a los mecanismos de las Naciones Unidas competentes en materia de Derechos Humanos para que intervengan de manera urgente y pongan fin a la política de confiscación de tierras saharauis en el Sáhara Occidental.

Insiste en que la imposición de una “política de hechos consumados mediante leyes politizadas o procedimientos administrativos” no modificará el estatuto jurídico del territorio ni la legitimidad de la causa saharaui, subrayando que la tierra “seguirá siendo el núcleo del conflicto y una de las manifestaciones más evidentes de las violaciones continuadas contra el pueblo saharaui”.

Marruecos impide el acceso al Sáhara Occidental a una diputada canaria y a un consejero del Cabildo de Gran Canaria

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Alfonso Lafarga.- Contramutis

Las autoridades de ocupación marroquíes han impedido entrar en El Aaiún, capital del Sáhara Occidental, a una delegación institucional y política procedente de Canarias que iba realizar una misión de observación de la situación de los Derechos Humanos del pueblo saharaui.

La delegación la componían la diputada de Podemos en el Congreso Noemí Santana Perera, el consejero de Cooperación Institucional y Solidaridad Internacional del Cabildo de Gran Canaria, CarmeloRamírez, y el secretario de Comunicación de Podemos Canarias, Fernando Ruiz Pérez.

Un agente de seguridad marroquí se colocó en la entrada del avión e impidió a la delegación descender, a pesar de la protesta de Carmelo Ramírez, presidente de la Federación Estatal de Instituciones Solidarias con el Pueblo Saharaui (FEDISSAH), que dijo al agente que no podía estar allí por tratarse de suelo español, como ya había manifestado el comandante de la compañía aérea.

Según han denunciado los propios afectados, el agente de seguridad marroquí, que dijo que los viajeros eran personas no gratas, bloqueó su desembarco, obligándoles a regresar e impidiendo los objetivos de la visita: mantener encuentros con activistas saharauis, conocer de primera mano y documentar la situación de los Derechos Humanos en los territorios del Sáhara Occidental que ocupa Marruecos desde finales de 1975 tras ser abandonados y entregados por España

Carmelo Ramírez calificó la actuación de las autoridades marroquíes como “ilegal” y denunció que Marruecos “no tiene soberanía sobre el Sáhara Occidental, que ocupa por la fuerza. En declaraciones realizadas en el propio avión, Ramírez señaló que impedir la entrada a observadores internacionales evidencia el carácter represivo del control marroquí sobre el territorio y se preguntó cómo trata Marruecos a la población saharaui si actúa de ese modo con representantes públicos extranjeros.

En un comunicado conjunto, la delegación canaria calificó la expulsión como “un acto inaceptable de represión y de bloqueo a la labor pacífica de observación”, denunciando que Marruecos mantiene en los territorios ocupados “un régimen de impunidad” marcado por detenciones arbitrarias, torturas, desapariciones forzadas, juicios sin garantías y la persecución sistemática de activistas y defensores de derechos humanos saharauis. A su juicio, el veto a esta misión responde a una estrategia deliberada para silenciar a la población saharaui y ocultar la represión que se ejerce sobre ella.

No es un hecho aislado

Desde Canarias, las organizaciones y fuerzas políticas implicadas han condenado enérgicamente la expulsión y han recordado que no se trata de un hecho aislado, sino de una práctica reiterada por parte de Marruecos para impedir el acceso de delegaciones, observadores y organizaciones solidarias al Sáhara Occidental. Subrayan que este tipo de actuaciones ponen de manifiesto la gravedad de la situación sobre el terreno y la vulneración continuada de los derechos más fundamentales del pueblo saharaui.

Podemos Canarias ha denunciado, además, que esta actuación se enmarca en la ocupación ilegal y el expolio de los recursos naturales del Sáhara Occidental, señalando también la responsabilidad política de las alianzas internacionales que permiten a Marruecos mantener el control del territorio sin supervisión efectiva. La formación recuerda que Naciones Unidas reconoce al Frente Polisario como representante legítimo del pueblo saharaui y que el derecho a la autodeterminación sigue pendiente de materializarse a través de un referéndum bloqueado desde hace décadas.

Tanto Carmelo Ramírez como Noemí Santana han reafirmado su compromiso con la defensa de los Derechos Humanos, la solidaridad con el pueblo saharaui y su derecho inalienable a la autodeterminación, reconocido por el Derecho Internacional. Asimismo, han exigido el fin de la ocupación del Sáhara Occidental, la liberación inmediata de los presos políticos saharauis y el cumplimiento de las resoluciones de Naciones Unidas que amparan una solución justa y conforme a la legalidad internacional.

Marruecos no quiere  testigos

Impedir la presencia de testigos de lo que ocurre en la excolonia española ocupada es una constante del régimen marroquí, que no permite la entrada o expulsa a políticos, periodistas, abogados e integrantes de ONG de Derechos Humanos para que no conozcan de primera mano la represión sufre y  denuncia la población saharaui.

Según la Liga para la Protección de los Presos Saharauis en las Cárceles Marroquíes (LPPS) y la Asociación Francesa de Amistad y Solidaridad con los Pueblos de África (AFASPA), Marruecos ha expulsado desde 2014 del Sáhara Occidental ocupado a 329 observadores internacionales, entre ellos parlamentarios, defensores de los Derechos Humanos y periodistas, procedentes de 21 países.

Durante 2025, las autoridades de ocupación expulsaron a 27 observadores internacionales, entre integrantes de parlamentos, integrantes de organizaciones de defensa de los DDHH y periodistas procedentes de España, 20 al menos, Estados Unidos y Portugal, en el marco del bloqueo impuesto a las Zonas Ocupadas del Sahara Occidental.

En los últimos años, Marruecos ha expulsado o prohibido la entrada en las zonas ocupadas a siete ONG internacionales de DDHH, como Human Rights Watch, Amnistía Internacional, Nonviolence, Novact o la Fundación Carter, con el fin de impedirles constatar las graves violaciones de los DDHH cometidos contra el pueblo saharaui y el saqueo de los recursos naturales, afirman la LPPS y AFASPA, que señalan que el régimen marroquí prohibió por noveno año consecutivo al Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos el acceso a los territorios saharauis ocupados.

La actuación de las autoridades marroquís  no es reprobada por el Gobierno de España, ni por su presidente, Pedro Sánchez, ni por el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, que se mantienen en silencio, como en todo lo referente al Sáhara Occidental, a pesar de que España sigue siendo la potencia administradora  “de iure” del territorio de la que fue su provincia número 53.

El Sáhara Occidental ante la traición del derecho: entre la ocupación, el silencio y la manipulación diplomática

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Por Ana Stella


Cincuenta años después del inicio de su tragedia moderna, el Sáhara Occidental continúa siendo un territorio secuestrado entre el cálculo político, la hipocresía internacional y la inercia colonial. Lo que debía resolverse mediante un referéndum de autodeterminación se ha transformado en un proceso de absorción de facto por parte de Marruecos, sostenido por alianzas militares, intereses económicos y la pasividad de quienes un día se comprometieron a garantizar la descolonización.

Militarización del territorio ocupado

  El desierto saharaui se ha convertido en un laboratorio de guerra. Marruecos ha desplegado en los territorios ocupados nuevas armas de fabricación extranjera, entre ellas drones kamikaze de tecnología israelí, ensayados sobre suelo saharaui. La ocupación no se limita ya al control policial o administrativo: se ha militarizado cada kilómetro de arena.

  Esta estrategia persigue tres objetivos: consolidar la soberanía de facto, disuadir al Frente Polisario y proyectar poder regional. La militarización del Sáhara Occidental convierte un territorio pendiente de autodeterminación en un campo de pruebas donde se entierra, con cada explosión, la promesa de un referéndum libre.

Paz regional sin justicia

  En paralelo, se habla de un inminente acuerdo de paz entre Marruecos y Argelia, anunciado bajo el pretexto de estabilizar el Magreb. Sin embargo, esa “paz” corre el riesgo de ser una paz sin justicia. Si se construye al margen del pueblo saharaui, no será más que una tregua entre potencias que consolidará el statu quo de la ocupación.

  Argelia, históricamente defensora del derecho de autodeterminación, podría verse empujada a aceptar un pacto que debilite su posición tradicional. Estados Unidos y otras potencias impulsan esa reconciliación con fines geoestratégicos: aislar al movimiento saharaui y rifeño, reforzar los corredores energéticos y garantizar estabilidad artificial a cambio de silencio.

  La historia demuestra que toda paz impuesta sin reparación acaba convertida en preludio de nuevos conflictos.

La diplomacia del borrado

  En el seno de la ONU se gesta un intento de reformular la cuestión del Sáhara Occidental. El nuevo borrador del proyecto de resolución del Consejo de Seguridad pretende reducir el mandato de la MINURSO y redefinir el conflicto como una “disputa regional” en lugar de un proceso de descolonización. En esa reconfiguración semántica se esconde la trampa: al eliminar la palabra “autodeterminación”, se elimina también al sujeto político saharaui.

  El plan de autonomía marroquí, promovido con insistencia, se presenta como solución “realista”. En realidad, equivale a legalizar la ocupación, anulando el derecho a decidir que consagra la Carta de las Naciones Unidas. Se quiere cerrar el expediente sin escuchar a los colonizados.

  La diplomacia contemporánea se ha vuelto el arte de borrar con elegancia lo que no conviene.

España y el silencio cómplice

España, potencia administradora, asiste al drama con la serenidad del que prefiere no mirar. El gobierno evita cualquier mención directa al Sáhara Occidental, incluso cuando se le pregunta por su responsabilidad histórica. En la esfera mediática, los territorios ocupados aparecen en mapas, reportajes o programas turísticos como parte integral de Marruecos.

  No se trata de un error cartográfico, sino de una operación política: borrar el conflicto de la conciencia colectiva española. Esa omisión, más que neutralidad, es complicidad. Un país que abandonó su responsabilidad en 1975 no puede pretender hoy que el asunto no le incumbe.

Marruecos y la diplomacia del poder

El reino alauí ha perfeccionado una política de influencia sostenida en tres pilares:

1. Militarización tecnológica, apoyada por socios israelíes y norteamericanos.

2. Legitimación diplomática, a través de acuerdos bilaterales que sustituyen el derecho por el pragmatismo.

3. Control informativo, orientado a presentar la ocupación como “integración territorial”.

  El resultado es una ocupación moderna, disfrazada de progreso y cooperación, respaldada por la complacencia de Occidente. Marruecos ya no necesita justificar su presencia en el Sáhara: la normaliza mediante hechos consumados y un relato cuidadosamente diseñado.

Rusia, equilibrio y límites

  Mientras tanto, Rusia mantiene una postura ambigua pero coherente con la legalidad internacional: reconoce las resoluciones de la ONU y el principio de autodeterminación, pero evita confrontar abiertamente a Rabat. Moscú se sitúa en una posición de equilibrio, ofreciendo respaldo diplomático al proceso onusiano y oponiéndose a soluciones unilaterales. Su actitud contrasta con la de las potencias occidentales, que privilegian la estabilidad aparente sobre la justicia real.

Los saharauis: resistencia y memoria

  Entre la propaganda y el silencio, el pueblo saharaui sigue existiendo. En los campamentos de refugiados, en la diáspora, en las ciudades ocupadas. Cada aniversario de la Unidad Nacional recuerda que la identidad saharaui no se borra con mapas ni con tratados. Medio siglo de resistencia ha demostrado que ningún muro puede encerrar una causa justa.

  Su lucha no es solo política, sino moral: la de un pueblo que exige el cumplimiento de una promesa que la comunidad internacional firmó y después traicionó.

  El Sáhara Occidental es hoy un espejo de la degradación del orden internacional. Se habla de paz mientras se entierra el derecho; se invoca la estabilidad mientras se legitima la injusticia. Marruecos ha logrado imponer una ocupación sofisticada, amparada por los intereses de las grandes potencias y por el silencio de España.

  Pero los principios no prescriben. Ninguna ocupación, por moderna que sea, puede borrar la evidencia de un pueblo que no ha sido consultado sobre su destino. La justicia internacional no se mide por la fuerza de los tratados, sino por la fidelidad a los compromisos fundacionales: soberanía, autodeterminación y dignidad.

  Mientras esos valores sigan pendientes, el conflicto del Sáhara Occidental no habrá terminado.

Marruecos y el Frente Polisario volverán al diálogo bajo la presión de Trump

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Madrid (ECS).— Según fuentes diplomáticas exclusivas a ECSaharaui, el Frente Polisario ha preparado su delegación negociadora. Una fuente del movimiento saharaui indicó que la composición de dicha delegación es la siguiente: Mohamed Salem Ould Salek (jefe de la delegación negociadora), Mohamed Yeslem Beisat, ministro de Asuntos Exteriores saharaui, Sidi Mohamed Omar, representante del Frente Polisario en Nueva York (jefe técnico), además de Fatma Mehdi, ministra de Cooperación de la RASD, y Mouloud Said, representante del Frente Polisario en Washington.



   Se espera que se celebre una reunión preparatoria de las negociaciones a finales de este mes. La reunión tendrá lugar en Estados Unidos, con la participación de los ministros de Asuntos Exteriores de Argelia, Mauritania, Marruecos y el Polisario. ECSaharaui se puso en contacto con el ministro de Asuntos Exteriores saharaui, quien ignoró el tema y se negó a hacer comentarios; sin embargo, fuentes diplomáticas en Nueva York informaron que el responsable de la diplomacia del Frente Polisario, Mohamed Salem Ould Salek, presidirá la delegación negociadora.

   Por otra parte, según otras fuentes, Marruecos, hasta el pasado 8 de enero, no tenía ningún plan al respecto, en un momento en que países como Francia y Estados Unidos alientan a Rabat a presentar su propuesta «ampliada» de autonomía.

Avances diplomáticos: el Frente POLISARIO y Marruecos se alistan para una reunión clave

Política exterior ausente: La desorientación de la diplomacia saharaui en el panorama internacional (I)

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EDITORIAL


Madrid (ECS).— Los ciudadanos saharauis tenemos derecho a saber lo que ha hecho el principal ministerio del gobierno del Frente POLISARIO desde la firma del alto el fuego; El Ministerio de Asuntos Exteriores, que se mantuvo personificado negligentemente durante casi cuatro décadas, y que debería haber sido el pilar para proyectar y fortalecer la legitimidad internacional de un Estado ocupado aún no reconocido por la ONU, ha perdido funciones orgánicas esenciales y le escasean otras sensibles. Al valorar aspectos relacionados con la política exterior que son decisivos para la independencia del pueblo saharaui, el estado actual refleja un serio retroceso en el posicionamiento internacional del movimiento de liberación así como el desmoronamiento del reconocimiento estatal, que se acentúa cada vez más debido a la permanencia de una dirigencia inamovible, que parece entender y aceptar la diplomacia como un archivo de comunicados, fotos protocolares y una vanidosa presencia en foros donde no influye nada.

Desconfianza y hartazgo hacia el liderazgo del POLISARIO debido a «conductas irresponsables y perjudiciales»

Bloqueado por cuestiones tribales y sin renovarse, el MAE saharaui presenta claros indicios de una diplomacia esencialmente inexistente; predecible, simbólica, sin planificación ni incidencia real sobre el terreno, destacando la improvisación y el autoelogio, lo que urge la necesidad de una refundación diplomática integral, de lo contrario, la legítima causa saharaui quedará arrinconada por la fuerza bruta y el asedio diplomático de Marruecos junto a la indiferencia de la comunidad internacional.

Aunque en política los resultados nunca son absolutos, cabe preguntarse si es normal no tener jamás un resultado positivo. Lo que alguna vez fue una diplomacia activa, militante, reconocida y admirada por decenas de países en Europa, África y América Latina, hoy ha quedado reducido a un Ministerio descontrolado, desorientado y completamente desarticulado, sin tareas concretas, quedándose anclado en rutinas tales como programar caravanas, gestionar estancias veraniegas, repescar comunicados oficiales, sin innovación ni proyección diplomática pese al «estado de guerra».

Siendo prerrogativa del presidente, la política exterior saharaui en los últimos 30 años ha sido moldeada, en primer lugar, por el incumplimiento marroquí del Acuerdo de Paz de 1991 y, en segundo lugar, la incapacidad para conseguir más reconocimientos o, al menos, detener la sangría de retiradas.

Los intentos de influir en la posición de actores clave como por ejemplo España y Francia mediante la interacción con la sociedad civil fracasaron al no haber sido instrumentalizados políticamente por no saber salir del marco de ayuda humanitaria, lo que también explica su incapacidad por décadas en estructurar, reunir y mantener un frente de presión diplomático sostenido en África, Europa, Asia o en las Américas.

Dominados por una política de apariencias, pretenden transformar la mera participación en eventos multilaterales (por ejemplo; fotos en actos públicos con dirigentes o altos cargos políticos) en logros diplomáticos sustanciales, ignorando, deliberada o inadvertidamente, que ésa política de apariencias solo contribuye al autoengaño institucional y a la parálisis mortal en la que está hundido el Frente POLISARIO.

Pese a su falta de transparencia y nula rendición de cuentas, y es que tres décadas después, la inoperancia diplomática queda reflejada en una realidad bastante alarmante marcada por: Pérdida de aliados estratégicos; Desmoronamiento del reconocimiento internacional; Debilitamiento en organismos internacionales clave para el conflicto; Fracaso en la gestión diplomática de la Segunda Guerra; Caos en la gestión de la Diáspora, las Embajadas y representaciones en el exterior; Obstaculización y dilación de la reforma del cuerpo diplomático así como su estructura, funciones, discurso y narrativa, impidiendo adaptarse a la diplomacia moderna.

Pérdida de Aliados Estratégicos y Desmoronamiento del Reconocimiento Internacional


En un garrafal error táctico, el apoyo se basó en gran medida en abordar las oleadas de gobiernos de izquierda entre los años 1980 hasta el 2000. Tras la caída de la URSS, el acercamiento entre Argel y Rabat, y el cambio de panorama político global y nacional, muchos reconocimientos se evaporaron sin alternativa diplomática al quedar la lucha desafortunadamente vinculada a una ideología. En tanto es así, los reconocimientos diplomáticos experimentaron un fuerte declive en los últimos treinta años; de más de 80 países que le reconocían en la década de los 80-90 a apenas unos 36 en 2025.

A lo largo de los años 2000 y especialmente en la década de 2020, una serie de países retiraron su reconocimiento a la RASD bajo presión económica y diplomática de Marruecos y sus aliados, especialmente en África y América Latina. Los más de 87 reconocimientos que alguna vez se lograron no se tradujeron en alianzas estables, inversiones ni apoyo sostenido. No se logró capitalizar esos reconocimientos ni protegerlos. La diplomacia del Frente POLISARIO ha sido incapaz de revertir esta estampida diplomática, ni de anticipar los giros de posición de países como España Portugal, Panamá, Perú, República Dominicana y los países del Sahel.

Esta pasividad refleja no solo un agotamiento de recursos, sino una falta de visión estratégica para construir alianzas más allá del marco de solidaridad ideológica del siglo XX. Destituir al canciller por defecto de las últimas cuatro décadas por otro prominente miembro de la vieja guardia sin obtener beneficio o revitalización diplomática alguna, demuestra que tales gestos no fueron motivados por una genuina voluntad política para satisfacer las aspiraciones de cambio, sino más bien otras razones ajenas a la diplomacia, pues los resultados sobre el terreno son y siguen siendo inexistentes.

En todos los continentes la diplomacia saharaui vive un rampante estado regresivo, incluso en aquellas plazas que antaño eran pro-saharauis. No existe esfuerzo visible por consolidar o reconquistar apoyos diplomáticos clave, pues la mayoría de los países que renegaron lo hicieron sin una respuesta eficaz desde la RASD. Al carecer ésta de una política de retención o recuperación de aliados, su reconocimiento internacional está hoy reducido a un bloque residual de países mayoritariamente con escaso peso geopolítico, lo que debilita cualquier intento de presionar a Marruecos en organismos multilaterales, exponiéndose a su vez a seguir perdiendo parte de ellos dada su escasa influencia y fragilidad política.

Mientras Marruecos sigue imponiendo el hecho consumado estableciendo presencia extranjera y de sus aliados en el territorio ocupado para seguir implicando a terceros en su ocupación, no existe intención alguna en contrarrestar las inversiones económicas o la ilegal apertura de consulados en las ciudades saharauis, que, tristemente ya casi igualan en cifra a los reconocimientos internacionales de la RASD. La realidad es que la gestión diplomática ha sido tan paupérrima que hemos regresado a niveles de reconocimiento de los años 1976-1977 aunque con el mismo de grupo de líderes.

La necesidad de una audaz revisión y reestructuración de la diplomacia del Frente POLISARIO

Personificación del Ministerio y fracaso en la renovación de la estructura diplomática


La longeva permanencia de un Ministro de Asuntos Exteriores de la RASD durante casi 40 años reafirma la rigidez y renuencia del Frente POLISARIO a reformarse aun cuando supone un serio peligro para el proyecto nacional, y por otro lado, explica las fallas estructurales del Ministerio, ya que aún sigue reinando el (legado) estado de estancamiento y ostentación diplomática que caracterizó parte de su periodo.

La cuarentenal etapa de quien fuera canciller saharaui, si bien con éxitos puntuales, ha ocasionado un deterioro generalizado y acelerado de la posición diplomática del movimiento; Su periodo estuvo marcado, internamente, por la ausencia de liderazgo efectivo, carencias ministeriales vitales, falta de transparencia y rendición de cuentas así como la incapacidad para renovar el cuerpo diplomático con cuadros técnicos. Y externamente, fracasó en adaptar la diplomacia saharaui al nuevo orden mundial post Guerra Fría, incapacidad en mantener antiguos aliados y apoyos, debilitó el poder blando saharaui al no adecuarse al auge de las diplomacias digitales, económicas y culturales del siglo XXI, y una ineficiente gestión diplomática de la segunda guerra de liberación al no reorientar la Cancillería a las prioridades de guerra, contrastando radicalmente con su actitud durante la primera guerra.

La postura de la comunidad internacional varió, de apoyar con firmeza desde 1991 la celebración de un referéndum de autodeterminación acordado por las partes, a abrazar progresivamente el plan de autonomía marroquí como ‘‘única solución viable’’. Al no reposicionar la causa saharaui en la agenda internacional en los años decisivos, dejó el frente diplomático degradado, por lo que su desempeño estos treinta años pasados ha ido en declive hasta resultar en el estancamiento internacional del conflicto con simples reacciones simbólicas (comunicados) frente a duros reveses diplomáticos. Su destitución en 2023 no respondió a una necesidad de reforma sino a un tardío agotamiento político, dejando como legado un retroceso tangible aún no reparado, pues aún no existen contramedidas de choque para revitalizar la diplomacia saharaui y recuperar músculo diplomático tras haber pasado dos titulares por el cargo.

En situación de guerra, la Cancillería de cualquier país enfrenta un contexto crítico en el que sus funciones tradicionales deben intensificarse pasando a adquirir un carácter crítico. Teniendo en cuenta que lucha en una guerra asimétrica, estas funciones adquieren de manera añadida un significado existencial.

Si la finalidad la ofensiva es la de ganar la batalla diplomática a Marruecos aprovechando la justicia de nuestro lado, la realidad nos deja claro que la elaboración, planificación y ejecución de dicha ofensiva debió hacerse de otra manera, comenzando en primer lugar con que el personal designado para llevar a efecto dicha ofensiva, no pareció haberse elegido atendiendo a los objetivos de la ofensiva diplomática. El Ministerio de Exteriores saharaui y la política exterior del Frente POLISARIO no solo fallan en sus objetivos, sino que también fallan en ser una política profesional y estructurada.

No existe una jerarquía ministerial, en consecuencia no hay una cadena de mando donde se respeten las relaciones de autoridad entre los distintos niveles, pues los consejeros y asesores presidenciales siguen fagocitando las tareas del canciller generando una especie de intrusismo. Los embajadores, representantes y delegados saharauis continúan operando en diversos países libremente como diplomáticos de la vieja escuela, sin mecanismos visibles de control, evaluación ni rendición de cuentas pese a celebrarse anualmente la Conferencia de Exteriores, aunque éste año se sustituyó por reuniones informativas por cada continente, aún así las acciones diplomáticas del Frente POLISARIO son inexistentes salvo en Europa, África y Latinoamérica.

Por lo tanto, no se logrará ningún avance u objetivo con la actual concepción y estructuración del Ministerio de Asuntos Exteriores saharaui, que, siendo el más financiado, sorprende su carácter rudimentario; No existe, por ejemplo, un equipo de profesionales que conforme un Departamento de Prospectiva y Estrategia que se dedique a la elaboración de ideas, estrategias y programas de acción para cada continente y/o región. Carece dicho Ministerio de una Academia de Formación específicamente en los intereses saharauis y en cómo usar la causa saharaui como palanca diplomática, para así facilitar la renovación de personal formado y experimentado. Carece de un Departamento de Información que se encargue de la recopilación de inteligencia diplomática y estado de opinión de los países clave y potenciales aliados para desarrollar estrategias de penetración precisas. Carece también, dicho Ministerio, de una oficina central de elaboración, ejecución, seguimiento y modificación de la estrategia diplomática, de modo que se puedan guiar políticas exteriores eficaces.

Por lo tanto, si no revitaliza y redefine urgentemente su cuerpo, estructura, sus roles y su discurso, la cancillería saharaui continuará siendo un ministerio hueco sin capacidad operativa real.

Avances diplomáticos: el Frente POLISARIO y Marruecos se alistan para una reunión clave

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Madrid (ECS).— Las recientes declaraciones de Massad Boulos, asesor principal de Estados Unidos, lejos de constituir un cambio sustancial y equilibrado en el enfoque internacional del conflicto del Sáhara Occidental, reflejan una insistencia en fórmulas políticas que se apartan del marco jurídico internacional y del derecho inalienable del pueblo saharaui a la autodeterminación.

Presentar la actual dinámica como resultado de una “asociación profunda y una cooperación continua” entre Washington y Rabat confirma una preocupante tendencia: el tratamiento del conflicto saharaui desde una lógica de alianzas estratégicas, en detrimento de los principios fundacionales de Naciones Unidas y de las resoluciones que reconocen al Sáhara Occidental como un territorio no autónomo pendiente de descolonización.

Negociaciones entre el Frente POLISARIO y Marruecos ¿un nuevo capítulo para el Sáhara Occidental?

¿Negociaciones a la vista? 

Según fuentes exclusivas, el Frente POLISARIO ha preparado su delegación negociadora. A finales de este mes se espera una reunión preparatoria de las negociaciones. La reunión se celebrará en EE. UU., con la participación de los ministros de Asuntos Exteriores de Argelia, Mauritania, el Frente POLISARIO y Marruecos. Este medio consultó al ministro de Exteriores saharaui, quien declinó responder; no obstante, el responsable de la diplomacia del Frente POLISARIO, Mohamed Salem Uld Salek, será el jefe de dicha delegación negociadora, según fuentes diplomáticas en Nueva York. 

Por otra parte, hasta el pasado 8 de enero Marruecos no tenía ningún plan al respecto. Países como Francia y Estados Unidos alientan a Rabat a presentar su propuesta «ampliada» de autonomía.

La resolución 2797: continuidad del «statu quo», no solución política

La resolución 2797 del Consejo de Seguridad, adoptada el 31 de octubre pasado, no representa un punto de inflexión político, sino una prórroga técnica del mandato de la Misión de Naciones Unidas para el Referéndum en el Sáhara Occidental (MINURSO), cuyo objetivo esencial sigue siendo la organización de un referéndum de autodeterminación libre y justo.

Si bien el texto menciona la propuesta marroquí de autonomía, esta referencia no altera el marco legal del conflicto ni sustituye el derecho del pueblo saharaui a decidir su futuro. La opción del referéndum sigue siendo el único mecanismo legítimo y conforme al derecho internacional para resolver un proceso de descolonización inconcluso.

La insistencia en implicar a Argelia como “parte” del conflicto ignora deliberadamente su posición constante como país vecino, observador y firme defensor de la legalidad internacional en el territorio, así como su apoyo histórico al derecho de los pueblos a la autodeterminación, sin ambiciones territoriales ni intereses ocultos.

Argelia: coherencia diplomática y compromiso con la legalidad internacional

Contrariamente a las acusaciones de “negación” o “aislamiento”, la postura argelina se caracteriza por su coherencia y constancia. Argel ha reiterado que no puede sustituir al pueblo saharaui ni negociar en su nombre, y ha instado de manera sistemática a la reactivación de un proceso político serio que conduzca al ejercicio efectivo de la autodeterminación.

Las divergencias entre declaraciones externas y comunicados oficiales no reflejan vacilación diplomática, sino una voluntad clara de evitar ambigüedades y de reafirmar una posición basada en el respeto estricto del derecho internacional y de las resoluciones de la ONU.

El Frente Polisario: representante legítimo del pueblo saharaui

Intentar diluir el conflicto en una supuesta “tercera vía” promovida por grupos marginales no reconocidos internacionalmente supone un desvío del núcleo del problema. El Frente Polisario sigue siendo, según Naciones Unidas, el representante legítimo del pueblo saharaui y el interlocutor válido en cualquier proceso de negociación.

Las iniciativas paralelas que cuestionan esta legitimidad no hacen sino fragmentar la representación saharaui y retrasar una solución justa, al tiempo que desvían la atención de la causa central: la celebración de un referéndum de autodeterminación bajo supervisión internacional.

Gali subraya que los factores decisivos en la resolución del conflicto del Sáhara Occidental son “el pueblo saharaui y el Ejército de Liberación”

La paz regional pasa por la justicia, no por la imposición

La estabilidad en el Magreb no puede construirse sobre soluciones impuestas ni sobre el sacrificio de los derechos de un pueblo. La experiencia demuestra que la paz duradera solo es posible cuando se respetan la legalidad internacional, la voluntad popular y los principios de justicia. Argelia ha defendido siempre que la resolución del conflicto del Sáhara Occidental es una condición indispensable para la integración magrebí, la cooperación regional y la respuesta colectiva a los desafíos de seguridad y desarrollo.

Las declaraciones de Boulos evidencian que parte de la comunidad internacional busca gestionar el conflicto desde el pragmatismo político, en lugar de resolverlo conforme al derecho internacional. Sin embargo, el Sáhara Occidental no es un conflicto territorial clásico, sino una cuestión de descolonización que exige una solución clara y definitiva.

Tras más de cinco décadas de espera, el pueblo saharaui sigue reclamando lo mismo: que se le permita decidir libremente su futuro. «Mientras ese derecho no sea respetado, cualquier iniciativa alternativa seguirá siendo percibida como un intento de perpetuar el statu quo», advirtió el líder del Polisario Brahim Ghali recientemente.

Geopolítica: ¿Un ataque estadounidense inminente contra Irán?

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Madrid (ECS).— Hace poco, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump dirigió mensajes directos a los manifestantes en Irán, instándolos a tomar el control de las instituciones; Advirtió de que cualquiera que mate a los manifestantes pagará un precio muy alto y exigió a los manifestantes documentar los nombres y exigir responsabilidades a los implicados en los asesinatos.

También anunció la cancelación de todas sus reuniones con responsables iraníes hasta que se detenga lo que calificó de «matanza absurda». Cerró con una declaración llamativa: «La ayuda está en camino».

Cuando Trump fue preguntado en Fox News sobre su afirmación de que «la ayuda para Irán está en camino» y sobre la naturaleza concreta de dicha ayuda, la respuesta del mandatario estadounidense fue breve y enigmática: «Lo siento… tendrán que descubrirlo ustedes mismos».

¿Ataque inminente?

Sin entrar en un análisis profundo, hay dos elementos que llamaron la atención y que no pueden ser ignorados. El primero es que el escenario militar, hasta el momento, carece de indicadores de peso: no hay grandes portaaviones en movimiento, ni puentes logísticos en construcción, ni concentraciones significativas de equipamiento estratégico estadounidense en Oriente Medio. Si existiera la intención de imponer una guerra contra Irán, estas señales habrían aparecido con antelación, incluso teniendo en cuenta la presencia de grandes bases estadounidenses en Catar —la base de Al Udeid— y en otros países vecinos.

El segundo es que el ruido mediático de las últimas cuarenta y ocho horas procede, en su mayoría, de cuentas israelíes o estadounidenses vinculadas al lobby sionista (AIPAC) en Washington, o de figuras pertenecientes a los halcones republicanos que viven de la necesidad de derrocar al régimen de los mulás en Teherán, como el senador Lindsey Graham.

A partir de ello, lo más probable es que Washington apueste por el frente interno iraní, y en particular por los manifestantes, para provocar una desestabilización interna que preceda a cualquier decisión de recurrir a la fuerza. Mantener la ambigüedad es una parte esencial del estilo de Donald Trump, que utiliza la imprevisibilidad de sus acciones como un arma psicológica, no solo contra los adversarios, sino incluso contra los aliados.

No obstante, el escenario más peligroso, según Axios, sigue siendo posible: que el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu logre, una vez más, arrastrar a Trump a un ataque militar contra Teherán. Este escenario no es hipotético; es exactamente lo que ocurrió en la guerra de los 12 días pasados.

Netanyahu inició la escalada y los bombardeos contra sistemas de defensa dentro del territorio iraní a través de agentes del Mosad, pero tras recuperar el régimen iraní el aliento y llegar Netanyahu a un punto de incapacidad para continuar en solitario, la Administración Trump se vio obligada a intervenir. Posteriormente, y con cierta habilidad política, Trump se apresuró a declarar el ataque como «definitivo», ya que no podía dejar sola a Israel y, al mismo tiempo, no deseaba deslizarse hacia una guerra regional a gran escala con Teherán para satisfacer los impulsos militares de Netanyahu.

Hoy, el mismo escenario podría repetirse, pero en un contexto mucho más inestable. El propio Trump parece carecer de una decisión firme desde la salida al público de los archivos de Epstein sobre delitos sexuales y explotación de menores, y de la enorme presión sobre su Administración para desviar la atención de la opinión pública estadounidense de escándalos morales de gran calado. En este contexto, todo se vuelve permisible para distraer al público: desde el secuestro de un jefe de Estado, como ocurrió en Venezuela, hasta el anuncio sin tapujos del saqueo de su petróleo, sin preocuparse por la viabilidad de ese crudo o la rentabilidad de invertir en él.

El temor es que el asunto iraní sea gestionado esta noche con la misma lógica: la política de distracción a cualquier precio, incluso si conduce a una aventura imprudente para cambiar el régimen en Teherán.

Aquí la pregunta ya no es si Washington desea la guerra con Teherán o un intento de golpe y cambio de régimen, sino hasta qué punto puede llegar el caos cuando las crisis internas se convierten en combustible de la decisión exterior. Y, más importante aún, hasta dónde puede llegar “Bibi” Netanyahu para explotar esta carta en su propio beneficio, especialmente cuando han circulado informes que señalan que Jeffrey Epstein era, en sí mismo, un agente del Mosad israelí.

Groenlandia, Cuba, México e Irán en alerta máxima por inminente ataque de EE.UU

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Madrid (ECS).- Estados Unidos vuelve a encender todas las alarmas. Donald Trump reactiva su retórica más agresiva y el tablero geopolítico entra nuevamente en zona de riesgo. El “amenazómetro” marca rojo intenso: Groenlandia, Cuba, México e Irán aparecen como focos críticos. El mensaje es claro: lo que no se logre mediante negociación, podría imponerse por la fuerza.


🔴 GROENLANDIA | CONTROL “POR LAS BUENAS O POR LAS MALAS”
Primera señal de alerta. Trump afirma sin matices que Estados Unidos obtendrá Groenlandia “de una forma u otra”. Aunque insiste en una vía diplomática, deja abierta la opción coercitiva.

Washington justifica la presión alegando que, si no actúa, China o Rusia ocuparán el espacio estratégico. Para abordar la crisis, este miércoles se celebrará una reunión clave en Washington con Dinamarca, en un encuentro trilateral cargado de tensión y alto impacto político.


🔴 CUBA | BLOQUEO FINANCIERO Y ENERGÉTICO
Segunda alarma activada. Trump endurece el pulso contra La Habana: ni nuevos fondos ni suministro de petróleo venezolano. Exige un acuerdo inmediato con EE. UU., advirtiendo que la economía cubana se encuentra al límite.

El presidente Miguel Díaz-Canel respondió que Cuba no amenaza, pero no renuncia a defenderse. La presión también repercute directamente en Venezuela, principal sostén energético de la isla.


🔴 MÉXICO | AMENAZA TERRESTRE EN PAUSA
Tercer foco de riesgo. Trump llegó a mencionar una posible incursión por tierra. Tras una conversación con la presidenta Claudia Sheinbaum, la opción militar queda descartada por ahora.

Sin embargo, la Casa Blanca subraya que la desescalada es temporal y que ninguna alternativa queda excluida a medio plazo.


🔴 IRÁN | ESCENARIO DE ATAQUE DIRECTO
Cuarta y más grave sirena. Trump asegura que Irán ha cruzado múltiples líneas rojas. Aunque Teherán ha buscado abrir negociaciones, Washington no descarta una acción preventiva inmediata.

El núcleo duro de seguridad nacional —con Marco Rubio, el secretario de Guerra Pete Hegseth y el jefe del Estado Mayor Conjunto, Dan Caine— evaluó posibles respuestas: ciberataques, sanciones severas y bombardeos aéreos limitados. Los secretarios de Estado y Defensa definirán los próximos movimientos.