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12 abril 2024

La crisis diplomática entre Malí y Argel amenaza con desestabilizar aún más la región del Sahel

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  • Argel y Bamako comparten una frontera de 1.376 kilómetros, lo que la convierte en una de las fronteras más largas del continente africano.

    El jefe de la Junta militar golpista en Malí abre crisis diplomáticas con sus vecinos árabes, Argelia y Mauritania.

    Por Lehbib Abdelhay

    Madrid (ECS).- Argelia es una potencia en África y tiene la capacidad de influir en sus vecinos directos por los vínculos históricos, la cultura, la religión y los lazos familiares. Argel ha reforzado en los últimos meses su presencia militar en la frontera con Malí, donde aviones malienses están atacando posiciones de los grupos rebeldes. Los diferentes grupos tuareg, contra los cuales Mali está actualmente en conflicto armado tras quebrantar el Acuerdo de Paz de Argel, controlan fácilmente el norte del país y lo utilizan como base de retaguardia.

    Por tanto, el retorno a las relaciones normales entre Malí y Argelia es crucial para la región. Algunos en Mali creen que Rusia, que cada vez gana más terreno en el Sahel, podría servir de mediadora entre ambos países.

    Argelia es el segundo país, después de Mauritania, que tiene la frontera más larga con Mali. Argel es el patrocinador de todas las negociaciones y de todos los acuerdos firmados entre Malí y los rebeldes y, por tanto es un actor clave en la resolución de la crisis en el norte de Malí.

    Hoy los golpistas de Bamako están a punto de distanciarse tanto de Argel como de su otro vecino Mauritania, por no decir romper las relaciones bilaterales, con Argelia, a la que reprochan su proximidad a los rebeldes, o incluso enemigos de Malí. La actitud considerada poco diplomática por los militares malienses después de que Argel invitara el pasado 9 de diciembre a varios líderes de los grupos rebeldes y haber dialogado con ellos sin el conocimiento de las autoridades malienses, provocó la ira de Assimi Goita, que inmediatamente convocó al embajador de Argelia en Mali y, recíprocamente, Argel hizo lo mismo antes de llamar a consulta a sus respectivos embajadores.

    Es sin duda reprobable la actitud unilateralista de la junta militar de Malí en el tratamiento de la cuestión de la región de Azawad, pero es igualmente peligroso romper diplomáticamente con Argel, que lejos de ser el gran amigo de los golpistas, es considerado un socio estratégico esencial para la resolución a largo plazo de la crisis en Malí.

    ¿No deberían las autoridades malienses elegir la mejor opción para Malí, el de mantener relaciones diplomáticas con Argelia?

    Malí, al encontrarse en una encrucijada, necesita el apoyo de sus vecinos con quienes comparte parte de su historia, religión, cultura y su geografía

    Argelia es uno de los dos grandes países que comparten largas fronteras con Mali, por lo que comparte algunas de sus preocupaciones, especialmente las relacionadas con la seguridad y la estabilidad regional. En medio de una rebelión armada predominantemente tuareg en el contexto de una reivindicación territorial desde 1963, Malí es objeto de toda la atención y, a menudo, de todas las críticas por sus posiciones y, a menudo, por sus muy limitadas opciones políticas.

    Después de que Argelia recibiera en su territorio a los miembros del CSP-PSD firmantes del Acuerdo de Paz vigente, las autoridades de Bamako decidieron convocar al embajador argelino para protestar contra esta actitud que califican de «subversiva y hostil». Según fuentes de seguridad desde Bamako, lo que habría irritado más a las autoridades de transición en Mali es, sin duda, la alfombra roja tendida en Argel al imán maliense Mahmoud Dicko. Este clérigo, crítico con las autoridades golpistas en Bamako, es calificado de no partidario de la transición, por no decir enemigo. Estos dos actos provocaron una gran ira entre las autoridades de Bamako, que se apresuraron a transmitirlo con palabras poco diplomáticas a las autoridades argelinas.

    Argelia ha apoyado desde principios a la integridad territorial, a la soberanía y unidad nacional de Malí. En 2015 se firmó, en Argel, un acuerdo de paz entre Malí y los grupos rebeldes. Malí decidió en Agosto pasado romper, unilateralmente, ese Acuerdo.

    Argel por su parte siempre ha dejsdo claro que todas sus acciones tienen como único objetivo; promover la paz, la seguridad y la estabilidad en Malí. La pregunta que hay que plantear es si las tres partes interesadas en el Acuerdo para la Paz y la Reconciliación todavía están dispuestas a colaborar. Existe tal falta de confianza entre los actores que el futuro de este acuerdo está seriamente amenazado por los actos hostiles de la Junta militar golpista que gobierna Mali. Y, sin embargo, las dos partes (Los Grupos Rebeldes y Bamako) dicen respetar ese acuerdo de Argel. Así que sólo por el Acuerdo y si todos los interesados aspiran a la paz y la unidad, están condenados a caminar juntos para evitar que la crisis de seguridad tenga repercusiones regionales o incluso internacionales.

    Argelia es un socio estratégico e incluso esencial para resolver la crisis en el norte de Malí

    Argelia comparte casi 1.400 kilómetros de frontera con Mali, y desde el principio del conflicto de Azawad, las autoridades argelinas estaban presentes en todos los procesos de negociación que llevaron a la firma de los distintos acuerdos para establecer la paz y la unidad de Mali.

    En última instancia, los vínculos, ya sean históricos, políticos, diplomáticos o culturales, son tan fuertes entre Malí y Argelia que ciertamente evitarán una ruptura diplomática con consecuencias desastrosas para Malí e incluso para la subregión africana del Sahel.

    La Junta militar de Bamako ha abierto también una crisis con Mauritania

    A principios de noviembre, justo durante el asedio militar a la ciudad norteña de Kidal, cuna de los grupos rebeldes, el ministro de Asuntos Exteriores de Mauritania, Mohamed Uld Marzuk, realizó una visita relámpago a Bamako como Enviado Especial del presidente Mohamed Cheikh Ould Gazwani para mediar con el fin se llegar a un acuerdo de paz entre Malí y los grupos de Azawad, según una fuente diplomática en declaraciones a ECSAHARAUI. Bamako, según la misma fuente, rechazó tajantemente la propuesta de Nuakchot e incluso rehusa entablar un diálogo con los grupos rebeldes, con el fin de llegar a un acuerdo de paz entre las dos partes.

    Aprovechando la desatada crisis por el jefe de la Junta militar golpista en Malí, un Marruecos aislado emprendió lo que llamó «iniciativa estratégica» con su política de impulsar y favorecer el acceso de los países del Sahel al océano Atlántico, e invitó a los ministros de asuntos exteriores de Malí, Niger, Burkina Faso y Chad. Los tres primeros viven un aislamiento a causa de los golpistas que gobiernan estas naciones Africanas. Por su parte Mauritania vetó a esa reunión, celebrada la semana pasada en Marrakech.

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