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Tertsch, Marruecos y el Sáhara: una controvertida coincidencia de discursos que vuelve a poner el foco sobre la influencia marroquí en España

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Madrid (ECS). – Un eurodiputado de VOX plantea reconocer la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental a cambio de garantías sobre Ceuta y Melilla, mientras perfiles próximos al relato marroquí amplifican sus palabras. La propuesta contrasta con el discurso de firmeza que el propio Tertsch había mantenido frente a Rabat y abre interrogantes sobre la evolución de la posición de determinados sectores de la derecha española.

La polémica ha vuelto a situar en el centro del debate la relación entre España, Marruecos y el Sáhara Occidental. El eurodiputado de VOX Hermann Tertsch ha planteado públicamente una fórmula que supone un importante giro respecto al tradicional discurso español sobre el conflicto: aceptar el reconocimiento del Sáhara Occidental como territorio marroquí a cambio de que Rabat respete la soberanía española sobre Ceuta y Melilla.

La propuesta resulta especialmente llamativa por proceder de un dirigente de una formación que ha convertido la defensa de la soberanía nacional de España y la reivindicación de una política de firmeza frente a Marruecos en uno de sus argumentos habituales.

El planteamiento de Tertsch introduce, en esencia, un intercambio geopolítico: España asumiría la posición marroquí sobre el Sáhara y, a cambio, Marruecos debería comprometerse con el reconocimiento de la españolidad de las ciudades autónomas.

Pero la cuestión plantea una pregunta fundamental: ¿qué garantías tendría España de que un compromiso de Rabat sobre Ceuta y Melilla sería permanente y jurídicamente vinculante?

VOX cuestiona la soberanía de España sobre Ceuta y Melilla y plantea una nueva vía vinculada al Sáhara Occidental que satisfaga Marruecos

Del discurso de firmeza a una posible cesión diplomática

La posición resulta aún más llamativa si se compara con declaraciones anteriores del propio Tertsch.

En junio de 2024, el entonces candidato de VOX defendía que Marruecos debía respetar mucho más a España y reclamaba un Gobierno que defendiera los intereses españoles en Ceuta, Melilla, Canarias y Andalucía. Tertsch afirmaba entonces que Rabat actuaba lógicamente en función de sus propios intereses y que España necesitaba un Ejecutivo «firme, patriota y sólido» para conseguir que Marruecos la respetara.

Dos años después, la fórmula planteada por el eurodiputado supone un cambio sustancial de enfoque.

Ya no se trataría únicamente de exigir a Marruecos respeto a las fronteras españolas, sino de ofrecer una modificación de la posición española sobre uno de los principales objetivos estratégicos de Rabat.

El Sáhara Occidental constituye desde hace décadas una pieza central de la política exterior marroquí. Marruecos considera el territorio parte de su soberanía, mientras el Frente Polisario reivindica la independencia saharaui. Naciones Unidas mantiene el proceso de descolonización abierto y la solución definitiva continúa pendiente.

La cuestión de las cuentas que amplifican el mensaje marroquí. La polémica se produce además en un contexto especialmente sensible: la creciente batalla propagandística en redes sociales alrededor de Marruecos, Ceuta, Melilla y el Sáhara.

En las últimas horas han circulado publicaciones que presentan las declaraciones de Tertsch como una supuesta confirmación de que España debería reconocer el Sáhara como marroquí a cambio de garantías sobre Ceuta y Melilla. Algunas de estas publicaciones han sido difundidas o amplificadas por perfiles que habitualmente defienden posiciones favorables a Marruecos.

Resulta legítimo analizar qué narrativas difunden, qué actores amplifican sus mensajes y qué intereses políticos coinciden con ellas. Y el contexto merece atención.

En los últimos meses se ha documentado una intensa actividad de desinformación relacionada con Ceuta y Marruecos. La reciente crisis fronteriza ha llevado incluso a la Comisión Europea a establecer mecanismos de coordinación con plataformas como Meta y TikTok para combatir contenidos que incitaban a nuevos intentos de entrada irregular en Ceuta. El episodio demuestra hasta qué punto las redes sociales se han convertido en un escenario de confrontación política y geopolítica entre España y Marruecos.

La influencia marroquí no se limita al ámbito estrictamente diplomático. El control del relato internacional sobre el Sáhara constituye desde hace años una prioridad de Rabat.

Reporteros Sin Fronteras ha señalado problemas relacionados con la desinformación y el entorno mediático en Marruecos y el Sáhara Occidental.

También existen investigaciones y denuncias sobre campañas destinadas a promover la posición marroquí en Europa y, particularmente, sobre la utilización de redes sociales para difundir narrativas favorables a Rabat.

Tertsch propone entregar el Sáhara Occidental a Marruecos a cambio de que Rabat respete Ceuta y Melilla, mientras VOX guarda silencio

Una paradoja dentro de VOX

Existe una contradicción política difícil de ignorar. VOX ha construido una parte importante de su discurso sobre la defensa de la soberanía española y la oposición a cualquier reivindicación marroquí sobre Ceuta y Melilla. La propuesta de Tertsch introduce una fórmula completamente diferente: aceptar una de las principales reivindicaciones territoriales de Marruecos a cambio de obtener garantías sobre las ciudades españolas. La cuestión, por tanto, no afecta únicamente al Sáhara. Afecta también a la propia coherencia de la política exterior que VOX pretende defender.

¿O supone aceptar de facto que Marruecos tiene capacidad para intercambiar cuestiones territoriales y obtener de España una concesión sobre el Sáhara? Son preguntas que VOX debería responder públicamente.

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La propuesta de VOX sobre la soberanía española de Ceuta y Melilla ha encontrado una rápida difusión mediática en Marruecos

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Cuentas ligadas al régimen de Marruecos amplifica la propuesta de Tertsch de reconocer el Sáhara a cambio de Ceuta y Melilla

Madrid (ECS) — Morocco Intel, un perfil de X que se presenta como medio digital sobre el norte de África y que figura públicamente con ubicación en Agdal (Marruecos), ha difundido las declaraciones del eurodiputado de VOX Hermann Tertsch como una noticia de última hora. El mensaje plantea reconocer oficialmente la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental a cambio de que Rabat reconozca la españolidad de Ceuta y Melilla.

VOX cuestiona la soberanía de España sobre Ceuta y Melilla y plantea una nueva vía vinculada al Sáhara Occidental que satisfaga Marruecos

La propuesta de Hermann Tertsch sobre el futuro del Sáhara Occidental ha encontrado una rápida difusión en espacios digitales próximos a las tesis de Marruecos. Una de las cuentas que ha dado mayor visibilidad al planteamiento es Morocco Intel (@MoroccoIntel), que en una publicación difundida en X presenta las declaraciones del eurodiputado de VOX bajo la etiqueta «#FLASH».

En la publicación, cuya captura acompaña esta información, la cuenta señala que Tertsch habría pedido al gobierno de España «ir más allá del apoyo al plan de autonomía» marroquí para reconocer oficialmente la marroquinidad del Sáhara, a cambio de que Marruecos renuncie a sus reivindicaciones sobre Ceuta y Melilla.

La propia publicación reproduce además el argumento atribuido a Tertsch de que, a cambio del reconocimiento español de la posición marroquí sobre el Sáhara, Rabat debería reconocer «la independencia indiscutible de Ceuta y Melilla» y proclamar su respeto a la integridad territorial española.

El mensaje añade una advertencia: si Marruecos no aceptara ese planteamiento, España debería revisar «la totalidad de sus relaciones», desde el comercio hasta el tránsito de vehículos y mercancías marroquíes, así como los acuerdos bilaterales.

La relevancia de la publicación no está únicamente en que una cuenta marroquí reproduzca unas declaraciones de un político español. Está también en la forma en que las presenta.

Tertsch propone entregar el Sáhara Occidental a Marruecos a cambio de que Rabat respete Ceuta y Melilla, mientras VOX guarda silencio

«Morocco Intel» no cuestiona la propuesta de Tertsch ni la presenta como una posición polémica dentro de España. La difunde como una noticia de última hora y subraya precisamente el aspecto que más interesa estratégicamente a Rabat: el posible reconocimiento español de la «marroquinidad» del Sáhara.

La publicación convierte así una propuesta formulada por un eurodiputado de VOX en un mensaje de interés para la audiencia favorable a la posición marroquí. Y existe un elemento añadido: la cuenta lleva tiempo defendiendo una narrativa en la que Ceuta y Melilla aparecen como territorios cuya soberanía reclama Marruecos.

La fórmula propuesta por Tertsch introduce, por tanto, un elemento novedoso: vincular directamente el Sáhara con Ceuta y Melilla en una negociación política con Rabat.

Un planteamiento que choca con el discurso oficial de VOX

La propuesta adquiere una dimensión especial por proceder de Hermann Tertsch, dirigente de VOX, una formación que ha mantenido tradicionalmente una posición de firmeza frente a las reivindicaciones territoriales de Marruecos.

De hecho, la contradicción puede comprobarse en documentos oficiales de las Cortes.

En marzo de 2026, durante el debate de una iniciativa de VOX para la defensa de la soberanía española en Ceuta y Melilla, el diputado de la formación destacó que ambas ciudades son españolas desde el punto de vista histórico y jurídico y denunció expresamente «la obstinación de Marruecos respecto a la reclamación de ambas ciudades como propias».

La propia proposición no de ley de VOX presentada en el Congreso sostiene que Ceuta y Melilla son españolas y recoge sus respectivos títulos históricos de soberanía.

La cuestión que plantea ahora Tertsch es diferente: aceptar la reivindicación marroquí sobre el Sáhara a cambio de que Marruecos reconozca la soberanía española sobre Ceuta y Melilla.

Se trataría, por tanto, de utilizar dos conflictos territoriales como elementos de una misma negociación.

Juan Carlos I planteó a EE.UU. fórmulas para Ceuta y Melilla y contempló la posibilidad de ceder Melilla a Marruecos

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Madrid.— Un documento diplomático estadounidense desclasificado y difundido por WikiLeaks recoge una conversación de 1979 en la que el rey Juan Carlos I habría planteado posibles fórmulas para resolver el futuro de Ceuta y Melilla, en el marco de las relaciones entre España y Marruecos.

Según el cable diplomático, el monarca contempló la posibilidad de ceder Melilla a Marruecos, mientras que para Ceuta se estudiaría algún tipo de estatuto internacional. La referencia aparece en el contexto de una conversación mantenida con el senador estadounidense Edmund Muskie y el embajador de Estados Unidos en España, Terence Todman.

Consultar el documento aquí 

El documento no demuestra, sin embargo, que Juan Carlos I hubiera alcanzado un acuerdo con Marruecos para entregar las dos ciudades a cambio de conservar el trono. Esa afirmación sería más contundente que lo que permite acreditar la documentación disponible. Lo que sí refleja el cable es que, pocos años después de la muerte de Franco, se llegaron a discutir en ámbitos diplomáticos posibles fórmulas que afectaban directamente al futuro de las dos ciudades españolas.

El Sáhara Occidental, en el trasfondo

La cuestión de Ceuta y Melilla no puede desligarse del contexto de las relaciones hispano-marroquíes de aquellos años. Apenas cuatro años antes de la conversación recogida en el cable, España había abandonado el Sáhara Occidental después de la presión ejercida por Marruecos y la Marcha Verde de noviembre de 1975.

La retirada española se produjo mediante los Acuerdos de Madrid, firmados el 14 de noviembre de 1975. España puso fin a su presencia colonial y el territorio quedó posteriormente bajo ocupación marroquí y mauritana, aunque los acuerdos no supusieron una transferencia de soberanía reconocida internacionalmente.

La crisis del Sáhara se desarrolló además durante los últimos días del franquismo y coincidió con el momento en que Juan Carlos ejercía temporalmente las funciones de jefe del Estado. Marruecos tenía entonces un enorme interés estratégico en el territorio y, al mismo tiempo, mantenía reivindicaciones históricas sobre Ceuta y Melilla.

Documentos diplomáticos estadounidenses de la época reflejan precisamente que Hassan II había moderado temporalmente sus reivindicaciones sobre las dos ciudades españolas, en un contexto en el que Rabat estaba concentrado en el Sáhara y en mantener una relación favorable con la nueva monarquía española.

Una reivindicación que Marruecos nunca abandonó

Marruecos considera Ceuta y Melilla territorios pendientes de descolonización y reclama su incorporación a su soberanía. España, por el contrario, sostiene que ambas ciudades forman parte integral del territorio español.

La documentación estadounidense resulta relevante porque permite observar cómo, en los primeros años de la monarquía, la cuestión territorial era contemplada desde perspectivas que hoy resultarían políticamente extraordinarias.

La referencia a una posible cesión de Melilla y a un régimen internacional para Ceuta no constituye por sí sola una prueba de que existiera una negociación formal con Marruecos. Pero sí aporta un elemento documental para analizar cómo determinados responsables españoles y estadounidenses contemplaban entonces el futuro de las dos ciudades.

Del Sáhara a Ceuta y Melilla

La secuencia histórica resulta especialmente significativa: en 1975 España abandonó el Sáhara Occidental; en los años posteriores Marruecos consolidó su presencia en gran parte del territorio; y en 1979 aparecen documentos estadounidenses que recogen conversaciones sobre posibles fórmulas para Ceuta y Melilla.

Establecer una relación causal directa entre ambos acontecimientos exigiría pruebas adicionales. Lo que sí puede afirmarse es que formaban parte de un mismo problema geopolítico: la redefinición de las relaciones entre España y Marruecos tras el final del franquismo y las reivindicaciones territoriales de Rabat.

Los documentos desclasificados no permiten concluir que Juan Carlos I entregara el Sáhara para asegurarse el trono ni que existiera un pacto secreto por Ceuta y Melilla. Pero sí permiten abrir una cuestión histórica de mayor alcance: qué papel desempeñaron las reivindicaciones marroquíes sobre el Sáhara, Ceuta y Melilla en las relaciones entre la monarquía española y Hassan II durante los primeros años de la Transición.

Dirigente de VOX cuestiona la soberanía de España sobre Ceuta y Melilla y plantea una nueva vía vinculada al Sáhara Occidental que satisfaga Marruecos

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  • La cuestión adquiere todavía mayor relevancia porque, hasta el momento, no consta una desautorización pública de VOX a las declaraciones de Hermann Tertsch

Madrid (ECS) — El eurodiputado de VOX Hermann Tertsch ha planteado públicamente una polémica fórmula para redefinir las relaciones entre España y Marruecos que pasa por aceptar las pretensiones marroquíes sobre el Sáhara Occidental a cambio de que Rabat reconozca la españolidad de Ceuta y Melilla.

En un mensaje difundido públicamente, Tertsch sostiene que, tras los últimos acontecimientos, España debería condicionar sus relaciones con Marruecos a un acuerdo por el que «a cambio del reconocimiento de Sáhara por parte de España, Marruecos debe reconocer la incuestionable españolidad de Ceuta y Melilla y proclamar su respeto a la integridad territorial de España».

El planteamiento resulta especialmente controvertido porque convierte dos cuestiones de enorme trascendencia territorial, histórica y jurídica en elementos de una negociación bilateral. En la práctica, la propuesta de Tertsch plantea que España dé satisfacción a una de las principales reivindicaciones de Marruecos sobre el Sáhara Occidental a cambio de que Marruecos renuncie a cuestionar la soberanía española sobre Ceuta y Melilla.

El eurodiputado acompaña su propuesta de una crítica muy dura a la política española hacia Marruecos. Según Tertsch, la estrategia marroquí de «acoso y chantaje» ha conseguido durante años «constantes concesiones españolas». Por ello reclama que, si Marruecos no acepta reconocer la soberanía española sobre Ceuta y Melilla, España revise «toda su relación», incluyendo el comercio y el tránsito de vehículos y mercancías marroquíes, así como los acuerdos bilaterales.


Una propuesta difícil de conciliar con el discurso de VOX

Las declaraciones de Tertsch abren, sin embargo, una contradicción política que VOX debería aclarar. La propia formación de Santiago Abascal ha sostenido reiteradamente que Marruecos debe reconocer de manera explícita y sin reservas la soberanía española sobre Ceuta y Melilla.

En febrero de 2024, el Grupo Parlamentario VOX registró una iniciativa para exigir precisamente ese reconocimiento por parte de Marruecos y defendió que la soberanía española sobre Ceuta, Melilla y otros territorios del norte de África debía constituir la base de las relaciones bilaterales.

La formación ha mantenido además una posición frontal contra las pretensiones territoriales marroquíes. En 2023, VOX denunciaba que Marruecos desarrolla una política dirigida a incorporar Ceuta y Melilla a su territorio y reclamaba al Gobierno español medidas para proteger la soberanía nacional y la integridad territorial de España.

Incluso en 2025, VOX volvió a defender en el Congreso la necesidad de exigir a Marruecos el reconocimiento de la españolidad de Ceuta y Melilla, denunciando la utilización de la presión migratoria, las declaraciones hostiles y los mapas oficiales marroquíes que incluyen ambas ciudades como parte de Marruecos.

Por tanto, la propuesta de Tertsch no es una cuestión menor ni una simple diferencia de matiz. Si se interpreta literalmente, introduce una lógica de intercambio territorial y diplomático que merece una explicación por parte de la dirección de VOX.

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La cuestión adquiere todavía mayor relevancia porque, hasta el momento, no consta una desautorización pública de VOX a las declaraciones de Hermann Tertsch

El silencio resulta particularmente llamativo porque Tertsch no es un militante sin responsabilidades públicas: es eurodiputado de VOX y una de las voces más conocidas de la formación en el Parlamento Europeo. Además; es un hombre de confianza de Abascal.

Si VOX considera que el Sáhara Occidental no debe ser utilizado como moneda de cambio frente a Marruecos, debería decirlo claramente. Si, por el contrario, comparte la tesis de Tertsch, debería explicar por qué abandona —o modifica sustancialmente— una posición que durante años ha presentado como una defensa de la soberanía española y de los intereses nacionales.

La contradicción resulta evidente: mientras VOX ha reclamado oficialmente que Marruecos reconozca «sin reservas» la soberanía española sobre Ceuta y Melilla, Tertsch propone ahora una negociación en la que España reconozca la posición marroquí sobre el Sáhara a cambio de ese reconocimiento.

Un planteamiento que afecta directamente a Ceuta y Melilla

La propuesta del polémico eurodiputado también merece ser examinada desde la perspectiva de las dos ciudades autónomas. Marruecos ha mantenido históricamente reivindicaciones sobre Ceuta y Melilla y, en documentos oficiales, ha llegado a negar incluso la existencia de una frontera terrestre con España en relación con Melilla. VOX ha utilizado precisamente estas posiciones marroquíes para denunciar la necesidad de una política española más firme.

Por ello, presentar el reconocimiento de la soberanía española sobre Ceuta y Melilla como una contraprestación que España podría obtener a cambio de aceptar las tesis marroquíes sobre el Sáhara plantea una pregunta política de fondo: ¿está defendiendo VOX que la soberanía española sobre las ciudades autónomas debe ser objeto de una negociación con Marruecos?

Hasta ahora, la respuesta oficial de la formación había sido otra: exigir a Marruecos un reconocimiento explícito de la soberanía española y hacer de esa exigencia una condición de unas relaciones bilaterales basadas en el respeto mutuo.

El suicidio geopolítico de España respecto a sus plazas de soberanía y el Sáhara Occidental

El silencio de VOX agrava la controversia

El problema político para VOX no reside únicamente en las palabras de Hermann Tertsch, sino también en la ausencia de una respuesta pública que permita determinar si se trata de una opinión personal o de una posición que la dirección del partido está dispuesta a asumir.

Si las declaraciones de Tertsch contradicen la línea oficial de VOX, la formación debería desautorizarlas de forma inequívoca. Y si no las contradicen, los españoles tienen derecho a conocer por qué un partido que ha hecho de la defensa de la soberanía española uno de sus principales argumentos políticos contempla ahora una fórmula de intercambio vinculada al Sáhara Occidental ocupado.

Lo que no parece coherente es mantener simultáneamente dos discursos: uno institucional, en el que VOX exige a Marruecos reconocer sin condiciones la soberanía española sobre Ceuta y Melilla, y otro en el que uno de sus eurodiputados plantea obtener ese reconocimiento a cambio de que España acepte las pretensiones marroquíes sobre el Sáhara.

No basta con denunciar los chantajes de Marruecos si después se acepta la lógica de negociar cuestiones de soberanía como si fueran piezas intercambiables. Y tampoco basta con guardar silencio ante unas declaraciones que, por su contenido y por el cargo de quien las formula, afectan directamente al discurso político de la formación.

La cuestión es demasiado seria para despacharla como una opinión particular de un eurodiputado. VOX debe aclarar si comparte la propuesta de Hermann Tertsch o si la rechaza. Mientras esa aclaración no llegue, el silencio de la formación deja abierta una contradicción difícil de ignorar entre lo que VOX ha defendido oficialmente sobre Ceuta y Melilla y la fórmula planteada ahora por uno de sus representantes en Bruselas.

Tertsch propone entregar el Sáhara Occidental a Marruecos a cambio de que Rabat respete Ceuta y Melilla, mientras VOX guarda silencio

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Madrid (ECS) — El eurodiputado de VOX Hermann Tertsch ha planteado públicamente una polémica fórmula para redefinir las relaciones entre España y Marruecos que pasa por aceptar las pretensiones marroquíes sobre el Sáhara Occidental a cambio de que Rabat reconozca la españolidad de Ceuta y Melilla.

En un mensaje difundido públicamente, Tertsch sostiene que, tras los últimos acontecimientos, España debería condicionar sus relaciones con Marruecos a un acuerdo por el que «a cambio del reconocimiento de Sáhara por parte de España, Marruecos debe reconocer la incuestionable españolidad de Ceuta y Melilla y proclamar su respeto a la integridad territorial de España».

El planteamiento resulta especialmente controvertido porque convierte dos cuestiones de enorme trascendencia territorial, histórica y jurídica en elementos de una negociación bilateral. En la práctica, la propuesta de Tertsch plantea que España dé satisfacción a una de las principales reivindicaciones de Marruecos sobre el Sáhara Occidental a cambio de que Marruecos renuncie a cuestionar la soberanía española sobre Ceuta y Melilla.

El eurodiputado acompaña su propuesta de una crítica muy dura a la política española hacia Marruecos. Según Tertsch, la estrategia marroquí de «acoso y chantaje» ha conseguido durante años «constantes concesiones españolas». Por ello reclama que, si Marruecos no acepta reconocer la soberanía española sobre Ceuta y Melilla, España revise «toda su relación», incluyendo el comercio y el tránsito de vehículos y mercancías marroquíes, así como los acuerdos bilaterales.

Una propuesta difícil de conciliar con el discurso de VOX

Las declaraciones de Tertsch abren, sin embargo, una contradicción política que VOX debería aclarar. La propia formación de Santiago Abascal ha sostenido reiteradamente que Marruecos debe reconocer de manera explícita y sin reservas la soberanía española sobre Ceuta y Melilla.

En febrero de 2024, el Grupo Parlamentario VOX registró una iniciativa para exigir precisamente ese reconocimiento por parte de Marruecos y defendió que la soberanía española sobre Ceuta, Melilla y otros territorios del norte de África debía constituir la base de las relaciones bilaterales.

La formación ha mantenido además una posición frontal contra las pretensiones territoriales marroquíes. En 2023, VOX denunciaba que Marruecos desarrolla una política dirigida a incorporar Ceuta y Melilla a su territorio y reclamaba al Gobierno español medidas para proteger la soberanía nacional y la integridad territorial de España.

Incluso en 2025, VOX volvió a defender en el Congreso la necesidad de exigir a Marruecos el reconocimiento de la españolidad de Ceuta y Melilla, denunciando la utilización de la presión migratoria, las declaraciones hostiles y los mapas oficiales marroquíes que incluyen ambas ciudades como parte de Marruecos.

Por tanto, la propuesta de Tertsch no es una cuestión menor ni una simple diferencia de matiz. Si se interpreta literalmente, introduce una lógica de intercambio territorial y diplomático que merece una explicación por parte de la dirección de VOX.

La cuestión adquiere todavía mayor relevancia porque, hasta el momento, no consta una desautorización pública de VOX a las declaraciones de Hermann Tertsch

El silencio resulta particularmente llamativo porque Tertsch no es un militante sin responsabilidades públicas: es eurodiputado de VOX y una de las voces más conocidas de la formación en el Parlamento Europeo. Además; es un hombre de confianza de Abascal.

Si VOX considera que el Sáhara Occidental no debe ser utilizado como moneda de cambio frente a Marruecos, debería decirlo claramente. Si, por el contrario, comparte la tesis de Tertsch, debería explicar por qué abandona —o modifica sustancialmente— una posición que durante años ha presentado como una defensa de la soberanía española y de los intereses nacionales.

La contradicción resulta evidente: mientras VOX ha reclamado oficialmente que Marruecos reconozca «sin reservas» la soberanía española sobre Ceuta y Melilla, Tertsch propone ahora una negociación en la que España reconozca la posición marroquí sobre el Sáhara a cambio de ese reconocimiento.

Un planteamiento que afecta directamente a Ceuta y Melilla

La propuesta del polémico eurodiputado también merece ser examinada desde la perspectiva de las dos ciudades autónomas. Marruecos ha mantenido históricamente reivindicaciones sobre Ceuta y Melilla y, en documentos oficiales, ha llegado a negar incluso la existencia de una frontera terrestre con España en relación con Melilla. VOX ha utilizado precisamente estas posiciones marroquíes para denunciar la necesidad de una política española más firme.

Por ello, presentar el reconocimiento de la soberanía española sobre Ceuta y Melilla como una contraprestación que España podría obtener a cambio de aceptar las tesis marroquíes sobre el Sáhara plantea una pregunta política de fondo: ¿está defendiendo VOX que la soberanía española sobre las ciudades autónomas debe ser objeto de una negociación con Marruecos?

Hasta ahora, la respuesta oficial de la formación había sido otra: exigir a Marruecos un reconocimiento explícito de la soberanía española y hacer de esa exigencia una condición de unas relaciones bilaterales basadas en el respeto mutuo.

El silencio de VOX agrava la controversia

El problema político para VOX no reside únicamente en las palabras de Hermann Tertsch, sino también en la ausencia de una respuesta pública que permita determinar si se trata de una opinión personal o de una posición que la dirección del partido está dispuesta a asumir.

Si las declaraciones de Tertsch contradicen la línea oficial de VOX, la formación debería desautorizarlas de forma inequívoca. Y si no las contradicen, los españoles tienen derecho a conocer por qué un partido que ha hecho de la defensa de la soberanía española uno de sus principales argumentos políticos contempla ahora una fórmula de intercambio vinculada al Sáhara Occidental ocupado.

Lo que no parece coherente es mantener simultáneamente dos discursos: uno institucional, en el que VOX exige a Marruecos reconocer sin condiciones la soberanía española sobre Ceuta y Melilla, y otro en el que uno de sus eurodiputados plantea obtener ese reconocimiento a cambio de que España acepte las pretensiones marroquíes sobre el Sáhara.

No basta con denunciar los chantajes de Marruecos si después se acepta la lógica de negociar cuestiones de soberanía como si fueran piezas intercambiables. Y tampoco basta con guardar silencio ante unas declaraciones que, por su contenido y por el cargo de quien las formula, afectan directamente al discurso político de la formación.

La cuestión es demasiado seria para despacharla como una opinión particular de un eurodiputado. VOX debe aclarar si comparte la propuesta de Hermann Tertsch o si la rechaza. Mientras esa aclaración no llegue, el silencio de la formación deja abierta una contradicción difícil de ignorar entre lo que VOX ha defendido oficialmente sobre Ceuta y Melilla y la fórmula planteada ahora por uno de sus representantes en Bruselas.

La crisis de Ceuta es el resultado de una convergencia de intereses entre Marruecos, EE.UU e Israel

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Ceuta no fue solo una crisis migratoria: tres mensajes salieron del norte de Marruecos durante los días de la Fiesta del Trono

Por R.G

Madrid (ECS) — Lo ocurrido en la frontera entre Marruecos y España los días 30 y 31 de julio de 2026 no puede reducirse a una simple campaña difundida en las redes sociales, ni a jóvenes pobres que creyeron el rumor sobre la apertura de la frontera, ni siquiera a un fallo de un tribunal español que generó una esperanza repentina de llegar a Europa sin ser devuelto a Marruecos. Estos elementos explican por qué decenas de miles de marroquíes quieren marcharse. Pero, por sí solos, no explican cómo alrededor de 80.000 personas pudieron desplazarse, en un periodo extremadamente corto, hacia una de las fronteras más vigiladas y sensibles de la región y atravesarla en tal magnitud.

Las mafias no tuvieron papel alguno en la crisis de Ceuta. Fue una venganza torpe de Mohamed VI

La crisis debe leerse políticamente tanto como socialmente. Y el momento en que ocurrió esa crisis no es un detalle menor.

Así transcurrieron los acontecimientos

La noche del 29 de julio, el rey Mohamed VI dirigió a los marroquíes su discurso con motivo de la Fiesta del Trono, en el que presentó un balance económico y de supuesto «desarrollo centrado en el crecimiento, la inversión, la industrialización y la estabilidad.»

Al día siguiente, otra imagen de Marruecos recorría el mundo: decenas de miles de personas, todas marroquíes, se desplazaban desde Castillejos (Fnideq) hacia Ceuta, algunos por mar y otros por tierra, en uno de los mayores movimientos colectivos registrados en la frontera hispano-marroquí.

Entre ambas imágenes no transcurrió una semana ni un mes. Solo unas horas. Y lo más significativo es que ambas escenas se desarrollaron prácticamente en el mismo espacio geográfico.

La celebración de la fiesta del Trono en M’diq y la migración desde Castillejos. M’diq y Castillejos son dos ciudades vecinas que pertenecen a la misma prefectura del norte de Marruecos.

Precisamente en esta zona se celebran tradicionalmente algunas de las ceremonias oficiales más importantes relacionadas con la Fiesta del Trono. La recepción real tiene lugar en la sede de la prefectura de M’diq-Fnideq, en M’diq, con la presencia del jefe del Gobierno, responsables de las instituciones constitucionales y altos cargos civiles, militares y de seguridad. La vecina Tetuán también está vinculada a ceremonias oficiales como el tradicional acto de lealtad, rendir pleitesía.

Es el momento en que el Estado marroquí proyecta su imagen más organizada: el rey en el centro, rodeado por las instituciones del Estado, altos funcionarios, gobernadores y representantes de la autoridad, en una escenografía destinada a expresar continuidad, disciplina y lealtad. A pocos kilómetros de este escenario oficial, Castillejos ofrecía al mundo una imagen completamente distinta. Desde allí partieron decenas de miles de ciudadanos en dirección a Ceuta.

A un lado, un Estado celebrando la estabilidad y la continuidad del régimen.

Al otro lado, los súbditos de Mohamed VI tratando de abandonar masivamente el país rumbo a Europa.

Resulta difícil encontrar una imagen política más dura que esta comparación. Por qué el momento de la Fiesta del Trono hace excepcional lo ocurrido.

Quien conoce el funcionamiento del Estado marroquí sabe que los días previos a las grandes celebraciones reales no son jornadas ordinarias para las instituciones del poder.

Antes de la Fiesta del Trono, de los discursos reales y de las grandes ceremonias, el aparato oficial entra en un modo de extremadamente particular. Las autoridades, los servicios de seguridad, el protocolo y los medios de comunicación concentran su atención en el acontecimiento real, y las ciudades que acogen actividades de la monarquía quedan sometidas a amplios dispositivos de seguridad, organización y vigilancia extrema.

Normalmente se impone una especie de calma política y mediática. Las instituciones del Estado evitan que aparezca un acontecimiento de gran magnitud que compita con la celebración real o que una crisis social o de seguridad eclipse la celebración. Por eso, que la mayor crisis fronteriza estallara precisamente durante esos días y en la misma región que acogía una parte esencial de las actividades reales es algo difícil de tratar como una simple coincidencia.

O bien los aparatos del Estado sufrieron un fallo de seguridad excepcional precisamente durante los días más sensibles del año para el régimen, o bien el nivel de control que normalmente pueden ejercer no fue aplicado durante las primeras horas de la manera que cabría esperar. En ambos casos, estamos ante un acontecimiento relevante.

La pobreza y el desempleo no comenzaron aquella noche. Y la pérdida de esperanza entre amplios sectores de la juventud marroquí no es un fenómeno de veinticuatro horas. Estos factores crearon la reserva humana dispuesta a emigrar, pero no explican por sí solos una explosión simultánea de tal magnitud.

Incluso el Parlamento Europeo, cuando afrontó una crisis similar en Ceuta en 2021, fue mucho más lejos.

En su resolución del 10 de junio de 2021, señaló que cerca de 9.000 personas habían logrado entrar en Ceuta después de que la policía marroquí relajara temporalmente el control fronterizo y afirmó expresamente que un movimiento humano de esa magnitud “difícilmente puede considerarse espontáneo”.

El Parlamento Europeo también rechazó, en su momento, el uso del control fronterizo y de la migración como instrumentos de presión política contra España.

Existe, por tanto, un precedente documentado.

Ceuta: Europa debe replantearse el poder que ha entregado a Marruecos

En la relación entre Marruecos y Europa, la migración no es únicamente una cuestión social. Es también una fuente de influencia geopolítica. Y la crisis de Ceuta de 2026 mostró esa brecha a una escala mucho mayor.

Primer mensaje: ¿quién controla las llaves de la estabilidad dentro de Marruecos? Aquí aparece la lectura más sensible.

Una fuente de seguridad conocedora del asunto ha ofrecido a ECSaharaui una interpretación en exclusiva, que según la cual lo sucedido no estaría dirigido únicamente contra España, sino que también estaría relacionado con los equilibrios de poder dentro de la cúpula de poder marroquí.

La identidad de la parte a la que alude esa fuente no puede probarse con la información pública disponible actualmente. Pero los hechos permiten extraer una conclusión más importante: la crisis mostró con claridad el valor político de quien controla realmente la seguridad, las fronteras y la información dentro de Marruecos.

La estabilidad que el régimen presenta como uno de sus principales logros no se produce únicamente mediante los discursos reales.

Existen servicios de seguridad, inteligencia, administración territorial, fuerzas auxiliares, gendarmería, policía y redes locales de vigilancia que hacen posible esa estabilidad cada día. La crisis de Ceuta mostró, en pocas horas, la otra cara de esa ecuación.

Cuando disminuye la eficacia de ese muro de seguridad, una pequeña ciudad marroquí puede convertirse en una puerta capaz de sacudir a España y a la Unión Europea.

Y de ahí emerge un mensaje interno del propio acontecimiento, independientemente de quién lo hubiera concebido: ¿quien controla los aparatos de seguridad controla una parte fundamental de la ecuación de estabilidad política en Marruecos?

En un régimen en el que el poder gira en torno al Palacio, esta capacidad adquiere todavía mayor valor durante cualquier futura recomposición de los centros de influencia. No es una cuestión de protocolo. Es una cuestión de poder.

Segundo mensaje: Europa no protege sola sus fronteras

El segundo mensaje llegó a Europa de una forma que requiere poca interpretación. Una crisis originada en Fnideq (Castillejos) se convirtió en cuestión de horas en una alerta en Madrid, en el despliegue de refuerzos militares y policiales en Ceuta y, posteriormente, en una crisis política interna europea y un debate sobre el espacio Schengen y la protección de las fronteras comunitarias. Ese es el verdadero poder que la geografía concede a Marruecos.

La Unión Europea puede construir vallas, desplegar Frontex y endurecer sus leyes de asilo. Pero continúa necesitando la cooperación de los países situados en la otra orilla del Mediterráneo. Y el régimen Marruecos lo sabe, y lo explota a su beneficio.

Esta realidad ya fue utilizada anteriormente en su relación con España. En la crisis de 2021, la llegada masiva a Ceuta se produjo en medio de un grave conflicto diplomático tras la decisión de Madrid de recibir para tratamiento médico a Brahim Ghali, líder del Frente Polisario.

El Parlamento Europeo llegó entonces a condenar el uso por parte de Marruecos de la migración y del control fronterizo como instrumento de presión. Pero, gracias a la intervención de España y Francia, Bruselas no tomó decisiones contundente contra Rabat.

Lo ocurrido en 2026 reprodujo la misma ecuación, pero a una escala mucho mayor. Y el mensaje objetivo que dejó la crisis es claro: si la parte marroquí del sistema de control migratorio deja de funcionar, aunque solo sea temporalmente, el precio no lo paga únicamente Ceuta. Lo paga España y, posteriormente, la Unión Europea.

Por eso, quien controla desde Marruecos esta frontera no negocia únicamente con Madrid. Dispone también de una herramienta que afecta a Bruselas, París, Berlín y Roma.

Tercer mensaje: España en el centro de un conflicto internacional más amplio

Existe un tercer nivel que no debe ignorarse, aunque debe tratarse con más precisión.

Durante los últimos años, España se ha convertido en uno de los gobiernos europeos más enfrentados a Israel por el Genocidio en Gaza y la cuestión palestina. También tiene desacuerdos profundos con Trump en relación con la guerra con Irán y con el uso de activos y bases vinculados a operaciones militares estadounidenses contra Teherán.

Al mismo tiempo, Marruecos mantiene profundas relaciones militares, de seguridad y estratégicas con Estados Unidos y, desde los Acuerdos de Abraham, ha desarrollado amplias relaciones militares y de seguridad con Israel.

Desde esta perspectiva, la crisis de Ceuta demostró algo importante incluso sin probar la existencia de una orden externa o de una coordinación directa: Marruecos dispone de una herramienta capaz de golpear a España en uno de sus puntos más sensibles, la migración ilegal, y cuyas consecuencias pueden trasladarse directamente al resto de Europa.

De este modo, quien controla esa herramienta se convierte en un socio importante no solo para los europeos, sino también para potencias externas que mantienen sus propios desacuerdos con Madrid.

No existe hasta ahora ningún documento público que demuestre que Washington o Tel Aviv solicitaron la apertura de la frontera o participaron en la organización de la crisis.

Presentarlo como un hecho iría más allá de lo que permiten las pruebas disponibles.

Pero la crisis sí demostró algo: la capacidad existe. Y en política internacional, la capacidad de chantajear es en sí misma un mensaje.

El mayor problema de la versión que presenta la crisis como una explosión completamente espontánea son las informaciones que comenzaron a aparecer posteriormente en España. Diversos medios, citando fuentes de inteligencia españolas, hablaron de alertas previas y de seguimiento de movimientos hacia la zona antes del estallido de la crisis.

También se mencionó la llegada de personas procedentes de distintas regiones de Marruecos al norte del país.

Algunos ministros españoles llegaron a interpretar el aumento gradual de los intentos de cruzar a nado hacia Ceuta en los días anteriores como una especie de prueba de lo que podría ocurrir después.

El Gobierno español presentó una versión más prudente y subrayó la continuidad de la cooperación con Marruecos, al tiempo que señaló el papel de las redes de tráfico, la desinformación y una reciente decisión judicial española. Pero la magnitud de la operación mantiene abierta la pregunta.

Cuando decenas de miles de personas se desplazan hacia una zona geográfica pequeña y extremadamente sensible, saber qué conocían los aparatos de seguridad y cuándo lo supieron deja de ser una cuestión secundaria. Se convierte en la pregunta central.

Lo que la crisis de Ceuta ya ha demostrado

Tal vez sea necesario mucho tiempo para conocer todos los antecedentes de la crisis, y quizá una parte de sus detalles permanezca siempre en los cajones de los servicios de seguridad e inteligencia. Pero existen cuatro conclusiones que ya no dependen de la especulación.

– La primera es que la crisis reveló la profundidad de la desesperación social entre una parte significativa de la población marroquí. Cuando aparece una señal de que el camino hacia Europa puede estar abierto, decenas de miles de personas están dispuestas a arriesgarse en cuestión de horas, contradiciendo el discurso real.

– La segunda es que el control de la migración se ha convertido en uno de los principales instrumentos de poder geopolítico de Marruecos en su relación con Europa.

– La tercera es que los aparatos que gestionan la seguridad y las fronteras dentro de Marruecos no son simples instrumentos administrativos. Su capacidad para impedir, permitir o reducir el control los convierte en parte de la propia ecuación de poder.

– Y la cuarta es que una crisis de esta magnitud, en esta región concreta y durante los días de mayor sensibilidad simbólica para el régimen, no puede analizarse como un incidente fronterizo aislado.

Entre el discurso del Trono del 29 de julio y las imágenes de Castillejos del 30 de julio aparecieron dos Marruecos en menos de veinticuatro horas.

● El Marruecos del Estado que habla de crecimiento, estabilidad y poder.

● Y el Marruecos de ciudadanos que, por decenas de miles, se dirigen hacia la primera salida disponible, huyendo de la pobreza y ma desestabilidad.

Pero detrás de esas dos imágenes apareció también una tercera realidad: las fronteras de Marruecos no son simplemente una línea que separa África de Europa. Son un instrumento de chantaje.

Quien puede controlar su apertura y su cierre no posee únicamente una llave migratoria. Posee una herramienta capaz de afectar a la estabilidad de Marruecos, a la seguridad de España y a los cálculos de Europa.

Por eso, la pregunta que debería ocupar a Madrid y Bruselas después de la crisis de Ceuta no es únicamente: ¿por qué huyeron estas personas? Sino también ¿quién posee realmente las llaves de la puerta?

Ceuta: Europa debe replantearse el poder que ha entregado a Marruecos

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Por Jadiyetu El Mohtar, diplomática saharaui


Madrid (ECS) — Lo ocurrido en Ceuta a finales de julio de 2026 no debería tratarse simplemente como una nueva crisis migratoria. La entrada de decenas de miles de personas procedentes de Marruecos ha revelado algo más preocupante: hasta qué punto Europa ha hecho depender la seguridad de sus fronteras y su estabilidad política de un Estado capaz de convertir esa dependencia en influencia para ejercer presión.

En mayo de 2021, cerca de 10.000 personas entraron en Ceuta, provocando una crisis diplomática entre Madrid y Rabat. La reacción del Parlamento Europeo fue inmediata: condenó «el uso por parte de Marruecos de los controles fronterizos y de la migración, y en particular de los menores no acompañados, como presión política contra un Estado miembro de la Unión Europea».

Cinco años después, Europa vuelve a encontrarse ante la misma situación, pero a una escala mucho mayor.

Las investigaciones sobre los acontecimientos de julio de 2026 apuntan a que la movilización no fue una mera reacción espontánea. El análisis realizado por Golden Owl, vinculada a la Universidad de Alicante, identificó una operación organizada a través de las redes sociales, con coordinadores, canales de difusión, estructuras de reclutamiento y mecanismos para ocultar la identidad de quienes estaban detrás.

Existe, además, otro elemento que merece una investigación europea independiente: los acontecimientos coincidieron con el Día del Trono en Marruecos, después de un discurso del rey sobre los avances económicos y sociales, mientras se celebraban las ceremonias de lealtad a la monarquía. Y eso no es casualidad.

La cuestión fundamental ya no es quién publicó el primer mensaje en una red social. La pregunta es quién posee la capacidad real de abrir o cerrar una frontera, reforzar su vigilancia o relajarla. Y también: ¿por qué huir de Marruecos se ha convertido en una opción atractiva para tantas personas, cuando la Unión Europea invierte millones de euros de los contribuyentes europeos para que Marruecos frene la migración hacia Europa?

Marruecos conoce desde hace décadas el valor político de las grandes movilizaciones humanas.

En 1975 utilizó una movilización de unas 350.000 personas, conocida como la Marcha Verde, para presionar a España y modificar la realidad sobre el terreno en el Sáhara Occidental, un territorio cuyo proceso de descolonización sigue sin concluir. Las circunstancias de 1975 y 2026 son diferentes, pero existe un elemento invariable: el régimen marroquí, que sigue haciendo uso de grandes movimientos de población como instrumento de presión política.

Hoy, la migración constituye una de esas herramientas.

Europa financia a Marruecos para controlar sus fronteras, combatir las redes de tráfico de personas y contener los flujos migratorios. El problema comienza cuando el actor encargado de impedir una crisis adquiere, gracias a esa función, la capacidad de elevar el coste político y económico de cualquier disminución de su cooperación y utilizarla como instrumento de presión.

Pero la migración no es la única palanca.

Marruecos posee también un importante capital de información sobre terrorismo, radicalización, narcotráfico y crimen organizado en entornos vinculados a ciudadanos marroquíes emigrados a Europa. Este elemento es una baza para Marruecos porque Europa lo considera indispensable para conocer las redes criminales y extremistas presentes en su territorio. Por ello, la cooperación deja de ser exclusivamente técnica y se convierte también en influencia. A ello se añade el caso Moroccogate.

Las investigaciones derivadas del escándalo de corrupción en el Parlamento Europeo han revelado sospechas sobre intentos marroquíes de influir en eurodiputados y personas vinculadas a las instituciones europeas mediante dinero, regalos y privilegios. Si esos intentos llegaron hasta el Parlamento Europeo, la pregunta es inevitable: ¿en qué otras instituciones podrían existir operaciones similares?

El caso Pegasus y las acusaciones de espionaje contra políticos, periodistas y personalidades europeas, especialmente en España, constituyen un asunto que aún sigue planteando graves interrogantes sobre la seguridad de las instituciones y la protección de actores políticos y mediáticos dentro de la Unión Europea.

Sería irresponsable que Europa siguiera tratando la migración, la inteligencia, la influencia política, la financiación y el espionaje como expedientes completamente independientes porque, en su conjunto, revelan un problema estratégico: Europa ha permitido la acumulación de demasiadas palancas de influencia en manos de un único socio que ha demostrado en reiteradas ocasiones que no es serio ni fiable.

Una crisis migratoria en Ceuta puede provocar alarma social, reforzar fuerzas extremistas y radicales, además de generar conflictos entre los gobiernos europeos, debilitar los convenios del espacio Schengen y alimentar campañas de desinformación. Durante la última crisis, distintos actores internacionales aprovecharon los acontecimientos para ejercer presión sobre países de la Unión Europea y contribuir a generar tensiones internas.

La pregunta, por tanto, es inevitable: ¿quién se beneficia, además de Marruecos, del uso de la migración y la seguridad como instrumentos de presión sobre Europa?

Las brechas que Marruecos puede abrir o mantener abiertas también pueden ser explotadas por países amigos, aliados o terceros actores cuyos intereses coincidan temporalmente con debilitar, dividir o presionar a Europa.

Una herramienta utilizada para obtener una concesión de España puede terminar sirviendo a otros actores interesados en erosionar la cohesión europea. Una crisis bilateral puede convertirse en una crisis de Schengen, y una presión migratoria, en combustible para campañas extranjeras de desinformación.

Europa necesita cooperar con Marruecos, no someterse a él. La geografía hace inevitable esa relación. Pero esa cooperación no puede desarrollarse a costa de la seguridad, los intereses y las leyes de la ciudadanía europea.

Conviene recordar también las sentencias sobre el Sáhara Occidental. El Tribunal de Justicia de la Unión Europea ha establecido que el territorio posee un estatuto separado y distinto del de Marruecos y ha limitado la aplicación allí de acuerdos entre la Unión y Rabat.

A pesar de ello, las instituciones europeas han buscado fórmulas para preservar sus relaciones y acuerdos con Marruecos. Surge así una contradicción: una Europa que exige respeto al Estado de derecho intenta preservar una relación estratégica incluso cuando choca con decisiones de sus propios tribunales.

Europa ha protegido durante años esa relación. Hoy, sus costes parecen mayores de lo previsto.

La cooperación no puede convertirse en dependencia

Ningún socio debería acumular la capacidad de influir simultáneamente sobre las fronteras, parte de la información de seguridad, los intereses económicos y la estabilidad política interna de ningún Estado europeo, y mucho menos del conjunto de Estados de la Unión Europea.

La pregunta que Ceuta plantea hoy a Bruselas no es si Marruecos es amigo o enemigo de Europa. Es mucho más sencilla: ¿Puede considerarse realmente equilibrada una relación cuando Europa teme las consecuencias que tendría que su socio dejara de cooperar?

Si la respuesta es no, Ceuta debería convertirse en el punto de inflexión.

Las mafias no tuvieron papel alguno en la crisis de Ceuta. Fue una venganza torpe de Mohamed VI

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Madrid (ECS) — La entrada masiva en Ceuta de cerca de 80.000 inmigrantes durante los últimos días de julio no fue, según dos antiguos agentes de los servicios secretos marroquíes exiliados en países occidentales, una operación impulsada por las mafias, informó el diario El Confidencial. Los espías marroquíes apuntan directamente al aparato de seguridad del reino y a una represalia por la investigación periodística que acababa de revelar el funcionamiento interno de la Dirección General de Supervisión del Territorio (DGST) y su utilización del programa de espionaje Pegasus.

La tesis que sostienen ambos exagentes es contundente: la crisis de Ceuta fue consecuencia de una decisión adoptada en las más altas instancias del poder marroquí después de que 14 medios de comunicación —trece europeos y uno israelí, Haaretz— publicaran entre el 16 y el 18 de julio una investigación que dejó al descubierto las estructuras de espionaje de la DGST.

La investigación de este Consorcio periodístico se apoyó en documentos oficiales filtrados, entre ellos una relación de teléfonos españoles sometidos a vigilancia antes de la pandemia, y en el testimonio de un antiguo miembro de los servicios secretos marroquíes, conocido con el apodo de Safir. Este exespía, según El Confidencial, que había trabajado como informático en el servicio y participado en operaciones relacionadas con Pegasus, llevaba años fuera del alcance de la prensa. De repente, su testimonio pasó a estar disponible para los periodistas.

Entre los medios participantes estaban El Confidencial, Le Monde, The Guardian, Die Zeit y Volkskrant, además de Radio France, la radio pública francesa. El trabajo fue coordinado por el equipo de investigación de Forbidden Stories y contó con la colaboración del laboratorio de ciberseguridad de Amnistía Internacional.

La respuesta oficial de Marruecos a aquellas revelaciones fue prácticamente inexistente, aunque determinados medios próximos al aparato de poder sí reaccionaron. Barlamane, un medio de comunicación del dispositivo de seguridad marroquí, calificó las informaciones de «ensañamiento editorial contra Marruecos». Le360, el núcleo duro del Majzen, publicó por su parte un extenso artículo en el que un académico anónimo ponía en cuestión la consistencia de las pruebas, sin aportar argumentos sólidos.

Chouf TV, televisión en línea del aparato de Hammouchi, optó por desacreditar a Safir. No cuestionó su existencia ni sus conocimientos informáticos, pero afirmó que había actuado movido por «resentimiento hacia sus antiguos superiores jerárquicos». Según esa misma televisión, después de abandonar Marruecos consiguió entrar «clandestinamente» en Francia.

La sucesión temporal de los acontecimientos resulta especialmente significativa para los dos antiguos agentes. La sentencia del Tribunal Supremo español del 8 de julio, que en la práctica impidió la devolución en caliente de los nadadores que alcanzaban Ceuta y Melilla, comenzó a tener días después repercusión en redes sociales. Desde cuentas anónimas aparecieron mensajes en árabe que anunciaban, sin ofrecer demasiados detalles, la existencia de un nuevo acceso migratorio hacia esas dos ciudades siempre que se llegara por mar.

A partir del 20 de julio, 48 horas después de las últimas publicaciones de la investigación, comenzaron a llegar a Ceuta alrededor de 150 nadadores diarios. La situación fue aumentando hasta que la Ciudad de Ceuta y la delegación del Gobierno adoptaron el 27 de julio una medida excepcional: publicar conjuntamente un comunicado en el que reclamaban una «respuesta extraordinaria e inmediata por parte del gobierno central». La petición, según El Confidencial, no obtuvo una reacción suficientemente rápida por parte del ejecutivo de Sánchez.

Tres días después, el 30 de julio, entre 70.000 y 80.000 personas llegaron a la ciudad española, de acuerdo con las estimaciones del gobierno. Al mismo tiempo, el aumento de la inmigración irregular coincidió con una progresiva retirada de la policía y de las fuerzas auxiliares desplegadas tanto en la frontera del Tarajal como en las playas marroquíes próximas de Castillejos (Fnideq) y Belyounech.

Los dos agentes exiliados atribuyen esa inacción a órdenes procedentes de la máxima jerarquía de la seguridad marroquí. Según su versión recogida por el rotativo español, las instrucciones partieron de Abdellatif Hammouchi, máximo responsable de la policía y de la DGST, quien a su vez recibiría indicaciones de Fouad Ali el Himma, principal consejero real.

En ese reducido círculo de poder, sostiene El Confidencial, habría surgido la decisión de permitir el paso de la población migrante como forma de expresar el malestar provocado por las investigaciones de Forbidden Stories.

Una operación de semejante magnitud no puede desarrollarse sin el conocimiento de Mohamed VI. Un episodio ocurrido el propio 30 de julio reforzó las sospechas: algunos de los jóvenes que avanzaban hacia Ceuta se cruzaron con los invitados que acudían a la recepción de la Fiesta del Trono celebrada en la residencia real de Rincón (Mdiq), situada a unos veinte kilómetros del Tarajal.

Lo que, según los dos antiguos agentes, pretendía ser una represalia limitada contra la prensa europea terminó desbordando todas las previsiones. La operación adquirió dimensiones mucho mayores de las inicialmente calculadas y la cúpula marroquí perdió el control de sus consecuencias.

El enfado de Mohamed VI

El alcance de la crisis terminó provocando, según una fuente conocedora de la vida en palacio citada por El Confidencial , el enfado de Mohamed VI con sus subordinados. El episodio había superado las previsiones y dañaba la imagen del reino precisamente durante la Fiesta del Trono, la principal celebración civil de Marruecos.

La reacción del monarca, siempre según El Confidencial, no habría pasado de la reprimenda. En la Casa Real marroquí, señala la misma fuente, es poco habitual que una crisis de estas características termine con destituciones o con responsabilidades visibles. A partir de entonces se pusieron en marcha desde el Palacio diferentes iniciativas destinadas a contener las consecuencias, tanto dentro de Marruecos como ante los gobiernos europeos. Una de las estrategias consistió en trasladar la responsabilidad hacia Argelia.

Las mafias no tuvieron papel alguno en la génesis de la operación. La explicación señalada por los dos antiguos agentes apunta al aparato de seguridad marroquí y, en último término, a una represalia vinculada al poder de Mohamed VI.

En esta ocasión, el detonante habría sido la exposición internacional de la DGST, sus mecanismos de espionaje y el uso de Pegasus. La magnitud de la respuesta habría superado, sin embargo, cualquier cálculo inicial. Y la consecuencia fue una crisis migratoria de dimensiones extraordinarias en Ceuta.

La explicación posterior basada en las mafias no encajaría, según esta reconstrucción, con la secuencia de acontecimientos ni con el comportamiento atribuido a las fuerzas de seguridad marroquíes. La tesis de los dos exagentes es otra: la operación fue una represalia política y de inteligencia que terminó descontrolándose.

Le360 llegó a titular: «Un informe de seguridad revela lo que estaba oculto: ‘manos argelinas’ dirigieron la entrada». Ese mismo medio y otros dejaron también abierta la posibilidad de utilizar la crisis de Ceuta como instrumento de negociación sobre el futuro de los «enclaves» españoles.

Posteriormente comenzaron a aparecer señales de rectificación. Desde Rabat se manifestó primero la voluntad de recibir de nuevo a quienes habían cruzado la frontera. Después, el Ministerio del Interior intentó explicar los acontecimientos atribuyéndolos a las mafias y presentó a Marruecos como un socio fiable de España.

Finalmente, una fuente diplomática anónima citada por El Confidencial aseguró que Mohamed VI ha ordenado repatriar a todos los menores no acompañados.

El suicidio geopolítico de España respecto a sus plazas de soberanía y el Sáhara Occidental

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  • España debe cambiar su política en relación a Marruecos, asumiendo los riesgos que ello conlleva. Rabat busca por medio de una estrategia sin tiempo terminar absorbiendo las plazas de soberanía españolas.

  • El camino del actual gobierno español, abre las puertas para nuevas pérdidas territoriales para España, lo que, sin ninguna duda, el actual rumbo, llevará a España a cometer un verdadero “suicidio geopolítico”.

Por el Dr. Jorge Alejandro Suárez Saponaro

Madrid (ECS) – El gobierno español está empecinado una política de “contención” hacia Marruecos, que está llevando a España a un callejón sin salida. Los incidentes del 30 de julio de 2026 en Ceuta, el hostigamiento de patrullas marroquíes hacia pescadores españoles, en aguas que están bajo jurisdicción de Madrid, el claro objetivo de avanzar en aguas de las Canarias, a los fines de hacerse con potenciales recursos mineros y energéticos marinos, pone en evidencia que Rabat, a través de una estrategia de hechos consumados y explotando hábilmente la debilidad de los políticos españoles, avanza lentamente hacia dos grandes objetivos: obligar a España a negociar sobre el futuro de las plazas de soberanía de Ceuta y Melilla, y los espacios marítimos en torno a Canarias y el Sáhara Occidental. Siempre bajo la amenaza de recurrir a la fuerza.

La crisis de Ceuta, fue a nuestro juicio, una clara maniobra de Marruecos para medir la reacción española, ante una posible “Marcha Verde”. La famosa “carta” del presidente español, Pedro Sánchez, donde avalaba el plan de autonomía marroquí como solución al conflicto del Sáhara.

El silencio guardado por Sánchez en la Internacional Socialista respecto al drama saharaui, pone en evidencia que el actual gobierno español es funcional al reino alauita, aún, cuando ello es contrario a los intereses de España. Ejemplo de ello, la crisis con Argelia, donde Madrid, por ser funcional a los intereses marroquíes, evita llegar a un acuerdo con la potencia magrebí, en materia energética. La posibilidad de tener una hipótesis de confluencia con Argel, hubiera permitido a España, contar con un actor de peso, que puede servir de factor de “moderación” para las presiones marroquíes. Otro actor clave en este drama, es Mauritania, donde tampoco España, ha hecho un esfuerzo significativo, para incrementar su peso político, y reducir las maniobras de Rabat en dicho país africano.

Las llamadas “Plazas de Soberanía» españolas está conformado por las comunidades autónomas de Melilla, Ceuta y los siguientes territorios: islote de Perejil, Peñón de Vélez de la Gomera, las islas Alhucemas, Chafarinas. El islote de Perejil, hace dos décadas fue escenario de un incidente, donde dos gendarmes marroquíes, izaron la bandera de su país.

España reaccionó con energía y envío una fuerza militar, que bajo estrictas normas de empeñamiento, recuperó la isla, y los intrusos fueron devueltos al suelo marroquí. Este no fue el único incidente sobre las plazas de soberanía españolas. En agosto de 2012, cuando la guarnición española se había retirado – dado que no tiene carácter permanente – en el Peñón de Vélez de la Gomera, un grupo de activistas marroquíes, llevaron a cabo una toma temporaria. En la Bahía de Alhucemas, cientos de inmigrantes africanos protagonizaron otro incidente, dado que exigían refugiarse en España, con el intento de establecerse en las islas del mismo nombre. Finalmente, Rabat y Madrid, llegaron a un acuerdo sobre el reparto de inmigrantes. Las islas Chafarinas también fueron noticia, cuando una empresa marroquí, instaló una piscifactoría en aguas cercanas. La fiscalía española especializada en Medio Ambiente, en octubre de 2021, archivó las actuaciones, dado que dicha instalación, estaba fuera de las aguas jurisdiccionales. No obstante, el Ministerio de Exteriores español había elevado una protesta, pero fueron desoídas por Marruecos, dado que no reconoce la existencia de aguas territoriales españolas en torno a las plazas de soberanía.

Plazas de soberanía bajo la constante presión marroquí y la indiferencia del gobierno español

El gobierno de Sánchez, parece que va en otra dirección, que la llevada en 2002, en el islote de Perejil, ante la política de hechos consumados de Marruecos y su negativa a reconocer los derechos españoles sobre las plazas de soberanía, especialmente Ceuta y Melilla.

El reclamo sobre los “presidios” como señala la prensa marroquí a Ceuta y Melilla, viene de tiempos de la independencia de Marruecos, en el marco de la teoría del Gran Marruecos. No hace mucho, en 2020. el entonces primer ministro marroquí Saadedine El Othmani, no tiene dudas sobre los presuntos derechos sobre Ceuta y Melilla, y exige reabrir el asunto en algún momento con España. Esta declaración fue coincidente con el pedido de Trump, de normalizar las relaciones entre Rabat e Israel, a cambio de reconocer la soberanía marroquí sobre las zonas ocupadas del Sáhara Occidental.

El gobierno español, luego de las declaraciones del primer ministro marroquí, convocó a la embajadora marroquí Karima Benyaich, a los fines de hacerle llegar una protesta diplomática. Naciones Unidas nunca incluyó estos territorios como territorios a descolonizar, a pesar que Rabat intentó ponerlos en la agenda del Comité de Descolonización. Ceuta quedó en manos españolas por un tratado con Portugal en 1668. En 1415, dicha ciudad fue conquistada por tropas lusas, hasta que finalmente quedó en manos españolas. Melilla es territorio español desde 1565 y por sucesivos tratados entre Marruecos y España, el sultán reconoció la soberanía hispana sobre dicho enclave. Asimismo, las ciudades citadas como las otras plazas de soberanía, no fueron incorporadas en el régimen del Protectorado marroquí. Lo que deja bien en claro, que no estamos ante una situación colonial, como pretende hacer valer Rabat.

La cuestión del reclamo marroquí sobre las plazas de soberanía españolas, tiene que ver con la geopolítica. La presencia de los enclaves españoles, limita el margen de maniobra y la influencia que puede tener Marruecos como país ribereño del Estrecho de Gibraltar. En esta área de alto valor, dado que conecta el Mediterráneo como el Atlántico, interactúan tres actores: Gran Bretaña, España y Marruecos, y también podríamos incluir a los Estados Unidos. Esta política de “divide y reinarás” garantiza que no exista un actor hegemónico en dicha zona. Marruecos lo sabe, pero ello no impide, dado su interés de convertirse en una potencia regional, utiliza este diferendo, fabricado por el mismo Rabat, como “moneda de cambio” frente a España, para obtener ventajas en diversas cuestiones, y especialmente para mantener alejado a Madrid, de la cuestión del Sáhara Occidental.

Marruecos, a lo largo de estos años, por medio de incidentes calculados, ha logrado de alguna u otra manera, identificar las vulnerabilidades de España de Sánchez. El gobierno de Pedro Sánchez, sin ninguna duda, con su política, ha sido funcional al juego marroquí. El presidente español, intentó mostrar la postura de su gobierno en torno al Sáhara Occidental, como una victoria, al considerar que las relaciones con Marruecos serían más sólidas y estaría garantizada la integridad territorial de España, especialmente en torno a Ceuta y Melilla. En los hechos Marruecos, tiene una estrategia definida, de presionar sobre dichas ciudades. Ejemplo de ello es la creación de una nueva región militar con sede en Alhucemas, a 90 km de Melilla, que, desde el discurso oficial, es para enfrentar la migración ilegal y el contrabando. En medios especializados, la construcción de la nueva base en la nueva región militar, incluye el despliegue de sistemas de defensa antiaéreos de largo alcance. Ello dista mucho de operaciones de vigilancia de fronteras para prevenir ilícitos. Otra base de defensa aérea se construye a 200 km de Ceuta, para el despliegue de sistemas antiaéreos chinos Sky Dragon. Vale la pena recordar que las principales fuerzas de infantería de marina marroquí, tienen base en Alhucemas. Llegado el caso la captura de las llamadas “plazas menores” no es desde el punto de vista militar un obstáculo insalvable.

Rabat mantiene un clima de conflicto, siempre latente con España. Ejemplo de ello, es no reconocer las fronteras marítimas con las plazas de soberanía. La presión fronteriza es constante, a través de grupos migratorios, siendo explotado hábilmente por Marruecos como moneda de cambio y obtener concesiones a la Unión Europea. En 2018, Rabat cerró la frontera con Melilla y en 2019, emitió directivas a sus funcionarios para que no ingresen a España vía Ceuta o Melilla. Las autoridades marroquíes, han buscado por diversos medios generar perjuicios a la economía de las ciudades autónomas españolas e intentar que los medios de comunicación, muestren a dichos enclaves como un dolor de cabeza para España y factor de conflicto. Desde el punto de vista político, los enclaves no tienen la gravitación que deberían tener en la política española, por su valor estratégico.

La necesidad de Marruecos de conflictos como mecanismo de supervivencia de su régimen

Históricamente, los conflictos externos, han sido explotados con habilidad por el régimen marroquí, como válvula de escape para lidiar con el frente interno. La población marroquí, ha estado sometida a una narrativa, dado que los medios están directa o indirectamente controlados por el régimen, y esto se extiende a las comunidades marroquíes en Europa y la misma España. Por ende, llegado el caso, puede ser un factor de problemas a resolver, especialmente en los enclaves. Rabat maniobra con habilidad para neutralizar a España y privarla de apoyos en caso de un conflicto de mayores dimensiones. En el marco de la guerra de Ucrania, Marruecos no condenó la invasión y mantuvo relaciones cordiales con Rusia, en un intento que decante por un mayor apoyo a su rival argelino. Ello no ha impedido que, en las últimos dos años, accedió por pedido de Estados Unidos, de entregar stocks de repuestos de tanques T72 en servicio en el Ejército marroquí, a las fuerzas ucranianas. El objetivo es que la Casa Blanca siga considerando a Marruecos como un aliado clave en el Magreb y de alguna manera, mantener el statu quo en el Sáhara Occidental.

Estados Unidos, no desea que haya un actor dominante en la zona de los Estrechos, mantener la situación del Sáhara Occidental, evitando que un cambio implique una victoria política de Marruecos, y ello tenga otro tipo de consecuencias. El objetivo es mantener el control sobre la política de Rabat en la región, evitando que el fosfato, sea utilizado como “arma” por Marruecos, fuera de la influencia de los intereses de Washington. España como miembro de la OTAN, está supeditada también a los dictados de la Casa Blanca, y, por ende, mantiene una política de apaciguamiento hacia el vecino magrebí. Ello incluye no involucrarse en la cuestión saharaui.

En su carrera por el liderazgo regional frente Argelia, Marruecos, ha realizado importantes inversiones en materia militar. Debe ser motivo de preocupación las inversiones en materia de ciberseguridad, drones, defensa antiaérea, tanques, artillería, y vigilancia, especialmente al contar con un satélite de observación militar, lanzado en 2017. En materia naval el esfuerzo, ha permitido convertir una fuerza naval, similar a un guardacostas, a una fuerza con cierta capacidad oceánica. Las fuerzas terrestres marroquíes han estrechado mucho la brecha tecnológica que las separaba del ejército español. En el mismo sentido pasa con la Fuerza Aérea.

En el caso del conflicto del Sahara Occidental. Las fuerzas saharauis volvieron a las armas, librando una guerra de muy pequeña escala, con el objetivo de visibilizar el conflicto, algo que ha tenido un resultado exiguo, pero por lo menos, tanto Naciones Unidas, como Estados Unidos, siguen sosteniendo, aunque de manera formal, que la salida del conflicto es en base a negociaciones entre las partes en conflicto. La reacción de Marruecos ha sido moderada, limitándose a operaciones de represalia, que ha tenido su costo en vidas civiles, generando tensiones con Mauritania y especialmente con Argelia. El alza de los costos de la energía, los embargos y sanciones en materia de petróleo que afectan a Rusia, abrieron las puertas para que Argel, sea un actor clave en el abastecimiento de energía a Europa. Los argelinos ahora se han convertido en un actor de peso, que llevó a Francia a reconocerlo e impulsar un acercamiento. El gran aliado de Marruecos, se ha ido muy mal parado de Malí, su influencia en África está apagándose ante el ingreso de dos grandes actores: China y Rusia.

Rabat en el marco de la delimitación de sus espacios marítimos, como los del Sáhara Occidental, es posible que abra las puertas para nuevos conflictos con España, buscando obtener beneficios. El último fallo del Tribunal de Justicia Europeo, relativo a los recursos naturales, sin ninguna duda limitan seriamente la posibilidad de llamar a empresas a explorar las aguas saharauis, detentadas por Rabat, pero ello no impide por medio de presiones, y cierta coacción, intente que los europeos, no cumplan con el fallo, agregándose que el tímido apoyo a Ucrania, también pueda ser empleado como “moneda de cambio” en sus intereses sobre el conflicto saharaui.

España está en una posición defensiva. Su gobierno es funcional a Marruecos. A pesar de algunos gestos, tolera la política marroquí hacia las plazas de soberanía. El escenario de una “Marcha Verde” sobre las plazas de soberanía, es poco probable, pero debe ser motivo de atención la creciente presión demográfica sobre ambas ciudades, y los intentos de perjudicar sus economías, a través de acciones indirectas. Hasta ahora, la maniobra de Rabat sobre España, ha tenido éxito. El problema, es que los líderes españoles, creen que, cediendo a las presiones marroquíes, evitan un conflicto de mayor magnitud. Ellos no perciben la visión de Rabat, el accionar de la política española, es vista como debilidad, y pronto subirán la apuesta. La estrategia de Madrid frente a Marruecos, tuvo como resultado, la pérdida de negociar acuerdos ventajosos en materia de energía con Argelia, el incremento de la presión marroquí sobre las plazas de soberanía, el aceptar las condiciones que pretende hacer valer Rabat sobre el tema Sahara.

España debe cambiar su política en relación a Marruecos, asumiendo los riesgos que ello conlleva. Rabat busca por medio de una estrategia sin tiempo terminar absorbiendo las plazas de soberanía españolas, dado que ello implica, tener un mayor peso en el área de los Estrechos, mejorando su posición frente a Estados Unidos e imponer o por lo menos lograr un apoyo decisivo para hacer valer su solución unilateral sobre el conflicto saharaui. El camino del actual gobierno español, abre las puertas para nuevas pérdidas territoriales para España, lo que, sin ninguna duda, el actual rumbo, llevará a España a cometer un verdadero “suicidio geopolítico”.

La embajada de Marruecos en España mantiene mapa de su país con Ceuta y Melilla incluidos

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El mapa de Marruecos reflejado en la página web de la embajada del reino en España incluye a los enclaves españoles de Ceuta y a Melilla

Por Sidi Maatala

Madrid 10 Agosto (ECS). – Sánchez cedió ante Marruecos por el Sáhara Occidental para cerrar la crisis diplomática con Rabat, desatada en diciembre de 2020 tras la declaración de Trump de reconocer la soberanía marroquí sobre el territorio de la antigua colonia española.

Tras esta decisión adoptada el 18 de marzo de 2022, la embajadora de Marruecos, la polémica Karina Benyaich regresó a su puesto en Madrid y ambos países han organizado visitas y han fortalecido sus relaciones, aunque no hubo resultados positivos para el lado español hasta el momento. Y cuatro años después, Marruecos volvió a enviar a sus ciudadanos. Esta vez unos 80.000 inmigrantes entraron de forma irregular por el Tarajal y el Espigón.

En este contexto, el mapa de Marruecos reflejado en la página web de su embajada en España sigue incluyendo a las dos ciudades españolas de Ceuta y a Melilla. También el territorio ocupado del Sáhara Occidental.

La web de la embajada de Marruecos en Madrid divide en dos colores su territorio de los del resto de países vecinos. Aplica la misma tonalidad (un amarillo suave) a Mauritania, Argelia y España, incluida las Islas Canarias, pero no a las dos ciudades autónomas españolas, y menos al Sáhara Occidental, que ocupa desde la salida de España en 1975.

Respecto al Sáhara Occidental, la embajada destaca en su web que el Ministerio de Asuntos Exteriores de Marruecos aprecia altamente las posiciones positivas y los compromisos constructivos de España sobre la cuestión del Sáhara Occidental ocupado, contenidos en el mensaje dirigido, en 2022, al rey Mohamed VI por el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez.