Hay una guerra en el Sáhara Occidental
Por Ana Q.tella
Madrid (ECS).— El pasado 7 de junio de 2026 murió un militar de 37 años en el desierto, al este del muro que parte en dos el Sáhara Occidental. Se llamaba Lehbib Mohamed Abdelaziz, mandaba la Primera Brigada de Reserva del Ejército de Liberación Popular Saharaui y era miembro del Secretariado Nacional del Frente Polisario. Lo mató un dron mientras dirigía operaciones contra posiciones marroquíes. Con él murieron otros dos combatientes. Marruecos no ha confirmado nada; se atribuye el ataque a un aparato de las Fuerzas Armadas marroquíes. La Presidencia saharaui decretó tres días de luto.
El aparato que lo mató era, con toda probabilidad, de fabricación israelí. Y eso es, en realidad, la clave de todo lo demás: explica por qué hay una guerra, por qué se ha recrudecido, quién la sostiene y por qué a tanta gente le conviene no decir que existe.
Lehbib era hijo de Mohamed Abdelaziz, uno de los fundadores del Frente Polisario en 1973, secretario general desde 1976 y presidente de la República Árabe Saharaui Democrática desde 1982 hasta su muerte en 2016. El apellido es la razón por la que su muerte haya salido en los periódicos. Pero lo que hay que contar también es que hay una guerra, que tiene una causa concreta, que mata hombres todos los años, y que hay mucho interés en que nada de eso se diga en voz alta.
No es un brote de violencia sin sentido. Es una descolonización inacabada. En junio de 1974, el Gobierno español comunicó a la ONU que organizaría un referéndum de autodeterminación en el Sáhara Occidental en un plazo de seis meses. Se redactó un estatuto y se empezó el censo. El coronel Luis Rodríguez de Viguri, encargado de prepararlo, dijo años después que fue al Sáhara con el mandato de preparar al pueblo saharaui para la independencia.
Ese referéndum asustaba a Marruecos, porque el Frente Polisario tenía el respaldo mayoritario de la población y la consulta podía hacerle perder el territorio. Hassan II ideó una maniobra para bloquearlo: llevó el caso al Tribunal Internacional de Justicia. El dictamen de La Haya, en octubre de 1975, no le dio la razón: reconoció algunos vínculos de lealtad religiosa entre tribus saharauis y el sultán, pero ningún lazo de soberanía territorial que impidiera la autodeterminación. Hassan II ignoró el dictamen y lanzó la Marcha Verde el 6 de noviembre de 1975. España, con Franco agonizando, firmó pocos días después los Acuerdos Tripartitos de Madrid y entregó la administración temporal del territorio a Marruecos y Mauritania en lugar de completar la descolonización. Empezó la ocupación y empezó la guerra.
Fue una guerra brutal desde el principio. Entre el 19 y el 21 de febrero de 1976, la aviación marroquí bombardeó con napalm el campamento de refugiados de Um Draiga (entre otros puntos), lleno de civiles desplazados de El Aaiún, Dajla y Smara, sin presencia militar. Murieron decenas de personas, entre ellas niños. Cuatro décadas más tarde, en 2015, la Audiencia Nacional española dictó auto de procesamiento por genocidio contra once altos cargos marroquíes por aquellos bombardeos, las armas prohibidas, las desapariciones y las torturas. Marruecos nunca lo ha reconocido, y casi toda la comunidad internacional ha preferido callar.
La guerra duró hasta 1991. Terminó con un alto el fuego firmado en septiembre de ese año bajo supervisión de la ONU. En realidad no fue paz, fue una pausa con una promesa. Naciones Unidas creó una misión para administrar esa pausa y cumplir la promesa. La Misión de Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental, MINURSO. Su razón de ser era organizar la consulta en la que los saharauis decidieran su futuro.
Ese referéndum no se ha celebrado nunca. Se atascó casi de inmediato en una pelea sobre quién tenía derecho a votar (en particular, si contaban los colonos marroquíes instalados en el territorio), y ahí lleva más de tres décadas. La pausa de 1991 se rompió el 13 de noviembre de 2020, cuando el ejército marroquí entró en la zona desmilitarizada de Guerguerat para desalojar a saharauis que bloqueaban la carretera hacia Mauritania. El Polisario dio por roto el alto el fuego y reanudó la lucha armada. Desde entonces hay guerra otra vez. De baja intensidad, librada a lo largo del muro, pero guerra.
La MINURSO sigue ahí, treinta y cinco años después, sin haber hecho aquello para lo que nació. Cada otoño, el Consejo de Seguridad renueva su mandato un año más. La última renovación, la resolución 2797, se aprobó el 31 de octubre de 2025.
La guerra se recrudeció desde 2020 porque Marruecos pasó a tener una superioridad tecnológica que antes no tenía: drones. Y esos drones son israelíes.
En diciembre de 2020, el presidente estadounidense Donald Trump reconoció la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental a cambio de que Marruecos normalizara sus relaciones con Israel, dentro de los llamados Acuerdos de Abraham. Fue un trueque: el territorio saharaui a cambio de una embajada israelí. En 2023, Israel dio el segundo paso y reconoció también la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental, mediante una carta de Netanyahu al rey Mohamed VI. Argelia condenó la decisión como una violación flagrante del derecho internacional y una «complicidad de dos ocupantes» (en referencia a Marruecos sobre el Sáhara e Israel sobre Palestina).
A partir de ahí, el armamento fluyó. Marruecos compró a Israel drones de reconocimiento y ataque (Hermes 900 y Hermes 450, de Elbit Systems, y munición merodeadora Harop, de Israel Aerospace Industries), con planes de fabricarlos bajo licencia en suelo marroquí. Una investigación del diario francés L’Humanité, difundida por Middle East Eye, documentó que Marruecos usó drones Hermes lanzados desde la base aérea de Smara para matar a civiles en el Sáhara.
En marzo de 2024 Marruecos e Israel lograron juntos que el informe anual de derechos humanos del Parlamento Europeo eliminara las referencias a las violaciones en Palestina y en el Sáhara Occidental. La enmienda salió adelante con 386 eurodiputados y con la colaboración del grupo socialista y del eurodiputado español Nacho Sánchez Amor, ponente del informe.
En toda guerra mueren combatientes. En esta también, año tras año, desde 2020.
Lehbib no es el primer comandante saharaui que un dron marroquí mata mientras dirige ataques contra el muro. En abril de 2021 murió cerca de Tifariti el jefe de la gendarmería del Polisario, Eddah Al-Bendir, en un ataque con drones. El 1 de septiembre de 2023 murió Abba Ali Hamudi, comandante de la Sexta Región Militar y miembro del Secretariado Nacional, junto a otros tres combatientes, en un bombardeo de drones cerca de Mahbes. El 7 de junio de 2026 ha muerto Lehbib Mohamed Abdelaziz, del Secretariado Nacional y entre medias una cantidad indeterminada de combatientes sin nombre.
Conviene preguntarse a quién incomoda decir que existe una guerra y que en ella mueren hombres. Incomoda a quien ha decidido que el Sáhara Occidental es un asunto cerrado y prefiere tratar cada muerto como un incidente aislado. Incomoda a los gobiernos que han apostado por Marruecos y necesitan que esto parezca un trámite diplomático cuando es una ocupación militar disputada por las armas, con tecnología israelí, en un territorio que la ONU sigue considerando pendiente de descolonización.
El 5 de mayo de 2026, el Polisario lanzó tres proyectiles contra bases militares marroquíes cerca de Smara. No hubo muertos ni daños materiales. En cuestión de días condenaron el ataque España, la Unión Europea, Estados Unidos, Francia, Bélgica, la República Checa, Liberia, Emiratos Árabes Unidos, Jordania, Kuwait, Arabia Saudí y Qatar. Varios lo llamaron «ataque terrorista». Casi todos ataron la condena al respaldo del plan de autonomía marroquí.
Un mes después, un dron mata a un comandante saharaui y a dos combatientes más. Silencio. Ninguno de esos gobiernos ha dicho una palabra. Mismo conflicto, mismo tipo de acto (fuego contra objetivos militares), trato opuesto. Tres proyectiles sin víctimas merecieron una condena; tres muertos no merecen una línea.
El caso de España es el más difícil de justificar. Fue la potencia colonial y sigue siendo, en derecho, la potencia administradora del territorio según la ONU: le corresponde la responsabilidad jurídica de una descolonización que nunca completó. En marzo de 2022, el Gobierno de Pedro Sánchez abandonó cuatro décadas de neutralidad y respaldó por carta el plan de autonomía marroquí. Desde entonces condena los ataques saharauis y calla ante los marroquíes. Tras la muerte de Lehbib, el delegado del Polisario en España, Abdulah Arabi, denunció los «dobles estándares» del Gobierno y su silencio.
La Unión Europea no está mejor situada. El 4 de octubre de 2024, el Tribunal de Justicia de la UE anuló los acuerdos comerciales y pesqueros entre la Unión y Marruecos en lo que afectaba al Sáhara Occidental, porque se habían firmado sin el consentimiento del pueblo saharaui, vulnerando el derecho de autodeterminación. La Comisión sigue buscando la forma de mantener esos acuerdos pese a la sentencia de su propio tribunal. Bruselas condena cohetes que no matan a nadie y desobedece a sus jueces para seguir pescando en aguas ocupadas.
Atacar objetivos militares en una guerra es un acto de guerra, no un crimen, lo haga quien lo haga. Si se acepta que esto es una guerra (y lo es) lo que escandaliza no es que Marruecos haya matado a un militar enemigo. Es el silencio selectivo y la negación de que la guerra existe.
Pero es que además, los muertos civiles no son simétricos ya que los drones marroquíes han matado civiles. Amnistía Internacional recogió la muerte de dos mauritanos y cuatro malienses en ataques con drones, y anotó que Marruecos los justificó como lucha contra el contrabando (lo que admite que no eran combatientes) y que no hubo investigación independiente. The Intercept entrevistó al testigo de un ataque contra un pastor que llevaba agua en su todoterreno. Adala UK documentó con nombres la muerte de dos civiles mauritanos en mayo de 2025. Las cifras totales están entre ochenta y cien muertos y heridos desde 2020.
Hablamos de drones de precisión que eligen vehículos civiles, uno a uno, lejos del combate.
Hay una guerra en el Sáhara Occidental. Empezó porque una descolonización quedó a medias en 1975 y porque una promesa de referéndum lleva más de treinta años sin cumplirse. Naciones Unidas mantiene una misión que hoy sirve para administrar la espera, no para terminarla. Marruecos sostiene su ventaja con drones israelíes, en un trueque que cambió un territorio ocupado por una embajada. En esa espera mueren hombres cuyos nombres casi nunca conocemos, y los gobiernos que se apresuran a condenar a un bando cuando dispara sin matar enmudecen cuando el otro mata.
No hace falta tomar partido para ver el problema. Basta con negarse a la mentira cómoda de que aquí no pasa nada. Pasa que hay una guerra, que tiene una causa, que la libran armas israelíes, que produce muertos, y que a demasiada gente le conviene no decirlo.
Sáhara Occidental | Un ataque marroquí mata a tres miembros del Frente Polisario
La República Árabe Democrática Saharaui (RASD) ha decretado tres días de luto nacional. Uno de los fallecidos es miembro del Secretariado Nacional del Frente Polisario e hijo del expresidente saharaui.
Madrid (ECS), — Al menos tres miembros del Frente Polisario, entre ellos Lehbib Mohamed Abdelaziz, miembro del Secretariado Nacional del movimiento e hijo del expresidente saharaui Mohamed Abdelaziz, han muerto este domingo en un ataque lanzado por Marruecos cerca del muro de separación en Sáhara Occidental.
Según ha informado la Presidencia saharaui, estas tres personas han muerto durante una acción militar en la zona. Sin embargo, no han especificado las circunstancias de sus muertes, ni han detallado la identidad de las otras dos personas fallecidas.
Lahbib Mohamed Abdelaziz es hijo del expresidente de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) e histórico líder del Polisario Mohamed Abdelaziz, muerto en mayo de 2016, a los 68 años tras una larga enfermedad, y que llevó la lucha por la independencia saharaui de los campos de batalla a los pasillos de la ONU.
Abdelaziz nació en 1989 en los campamentos saharauis de Tinduf (suroeste de Argelia), era licenciado en Relaciones Internacionales y se incorporó al Ejército de Liberación Popular Saharaui (que lucha por la independencia del Sáhara Occidental de Marruecos) en noviembre de 2011.
El enviado personal del Secretario General para el Sáhara Occidental llega a los campamentos de refugiados saharauis
Chahid El Hafed, 8 de junio de 2026 (SPS) – El enviado personal del Secretario General de las Naciones Unidas para el Sáhara Occidental, Staffan de Mistura, llegó ayer domingo a los campamentos de refugiados saharauis en el marco de su gira por la región.
A su llegada al aeropuerto de Tinduf fue recibido por el doctor Sidi Mohamed Omar, representante del Frente Polisario ante las Naciones Unidas y coordinador con la Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental, así como por el señor Bulahi Sid, director nacional de protocolo.
Por la parte argelina estuvieron presentes el señor Dahou Mustapha, gobernador (wali) de la wilaya de Tinduf, junto con miembros de la Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental.
Lehbib Mohamed Abdelaziz; el joven comandante militar caído en combate defendiendo el Sáhara Occidental
Madrid (ECS).— El comandante Lehbib Mohamed Abdelaziz, jefe de la Primera Brigada de Reserva y miembro del Secretariado Nacional del Frente Polisario, cayó en combate contra Marruecos el 7 de junio de 2026 junto a dos compañeros de armas mientras dirigía operaciones contra posiciones militares marroquíes en el muro militar del Sáhara Occidental.

Lehbib Mohamed Abdelaziz (1989-2026)
El Frente Polisario ha perdido a uno de sus cuadros más jóvenes y prominentes de la dirección político-militar.
Lehbib Mohamed Abdelaziz, miembro del Secretariado Nacional del Frente POLISARIO y jefe de la Primera Brigada de Reserva, cayó mártir este 7 de junio de 2026, a los 37 años, mientras dirigía una operación armadas contra el muro militar marroquí. Con él murieron dos de sus compañeros de armas.
Nacido en 1989 en los Campamentos de refugiados saharauis» donde completó la enseñanza básica, antes de viajar a Argelia para estudiar Relaciones Internacionales, carrera de la que se licenció en una universidad argelina.
En noviembre de 2011, recién graduado, se alistó en el Ejército de Liberación Popular Saharaui. En 2012 completó el curso de Fuerzas Especiales.

Entre 2017 y 2018 realizó el curso de Mando del Estado Mayor. Fue jefe de sección, luego jefe de batallón. Pasó por la administración militar como director de la Administración General del Ministerio de Defensa Nacional y miembro del Estado Mayor General.
Lehbib Mohamed Abdelaziz ha desarrollado actividades dentro de las estructuras políticas y militares del Frente Polisario. Un joven brillante ha ocupado responsabilidades en la gendarmería y posteriormente fue incorporado a órganos de dirección y defensa del movimiento saharaui. En los últimos años ha adquirido, por su incansable labor, una presencia cada vez más relevante dentro de los órganos de dirección del movimiento.
Más tarde asumió la Dirección Central de Formación. En 2024 fue nombrado jefe de la Primera Brigada de Campo. Ese mismo año, el XVI Congreso del Frente Polisario lo eligió miembro del Secretariado Nacional. Quienes sirvieron con él lo describen con las mismas palabras en cada parte: serio, disciplinado, entregado. «Trabajaba con responsabilidad y hablaba con humildad», resume el comunicado de Presidencia. No buscaba protagonismo; prefería la sencillez en el trato con sus soldados.
Lehbib Mohamed Abdelaziz estaba casado y deja tres hijos: dos niñas y un niño. Que descanse en paz. Gloria eterna a los mártires.

La ONU intensifica sus esfuerzos para desbloquear el conflicto del Sáhara Occidental con la visita de De Mistura
La visita de De Mistura a los campamentos saharauis reabre la esperanza para la autodeterminación del pueblo saharaui
Madrid, 08 Junio 26 (ECS).- El conflicto del Sáhara Occidental ya no puede entenderse únicamente como una cuestión de ocupación militar. Se ha convertido en una cuestión central para la estabilidad del norte de África y el Sahel, pero también en una prueba de la credibilidad del sistema internacional y de su compromiso con el derecho de los pueblos a decidir libremente su futuro.
La visita del enviado personal del secretario general de las Naciones Unidas para el Sáhara Occidental, Staffan de Mistura, a los campamentos de refugiados saharauis de Tinduf los días 7 y 8 de junio de 2026 se produce en un momento decisivo. Tras décadas de bloqueo político y promesas incumplidas, la comunidad internacional parece reconocer que la prolongación de una ocupación militar no solo perjudica la seguridad regional, sino que perpetúa una grave injusticia histórica contra el pueblo saharaui.
Más de cincuenta años después del inicio del conflicto, miles de saharauis continúan viviendo en campamentos de refugiados mientras sigue sin materializarse aquel referéndum de autodeterminación prometido por las Naciones Unidas. La cuestión del Sáhara Occidental continúa siendo uno de los procesos de descolonización inconclusos más prolongados del mundo.
Según fuentes diplomáticas, la misión de De Mistura representa una oportunidad para volver a situar en el centro del debate los derechos del pueblo saharaui y la necesidad de una solución basada en la legalidad internacional. Las resoluciones de la ONU han insistido reiteradamente en la búsqueda de una solución justa y duradera, pero dicha solución difícilmente podrá alcanzarse ignorando el principio fundamental de la autodeterminación.
El impacto negativo del giro de Trump
Uno de los mayores obstáculos para el proceso de paz durante los últimos años fue la decisión de la administración Trump de reconocer la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental en diciembre de 2020. Aquella decisión supuso una ruptura con décadas de consenso internacional y debilitó los esfuerzos de las Naciones Unidas para mantener una posición de neutralidad basada en el derecho internacional.
La decisión de Washington fue ampliamente criticada por activistas de DD.HH, juristas y defensores del derecho internacional, que consideraron que abría la puerta a la legitimación de hechos consumados en detrimento de los principios recogidos por la ONU. Lejos de acercar una solución al conflicto, aquel reconocimiento contribuyó a aumentar la desconfianza entre las partes y generó una profunda frustración entre los saharauis, que vieron cómo una potencia mundial ignoraba sus aspiraciones legítimas.
La herencia de aquella política continúa condicionando los esfuerzos diplomáticos actuales. Muchos actores internacionales consideran que recuperar un marco multilateral equilibrado es una condición indispensable para reconstruir la confianza y relanzar unas negociaciones creíbles.
En este contexto, el Frente Polisario mantiene su apoyo al proceso liderado por Naciones Unidas y a los esfuerzos de Staffan de Mistura para alcanzar una solución justa y definitiva. Las recientes declaraciones de las autoridades saharauis insisten en la necesidad de respetar el marco internacional y de impulsar una salida negociada que garantice los derechos reconocidos al pueblo saharaui.
La implicación constructiva de los Países vecinos, Mauritania y Argelia resulta esencial para cualquier avance diplomático significativo, especialmente en una región sometida a importantes desafíos de seguridad y desarrollo.
Frente a los intentos de diluir la representación política saharaui mediante fórmulas alternativas promovidas desde distintos sectores pro marroquíes en Occidente, el Frente Polisario continúa siendo reconocido por Naciones Unidas como la representación del pueblo saharaui en el proceso político. Durante décadas, el Polisario ha mantenido viva la reivindicación de autodeterminación y ha defendido la causa saharaui en los foros internacionales pese a las enormes dificultades políticas, económicas y humanitarias que afrontan los refugiados en Tinduf.
La realidad es que cualquier solución duradera exige contar con el Frente Polisario como actor central y reconocer la voluntad de los saharauis como elemento imprescindible de cualquier acuerdo futuro.
Una paz basada en la justicia
La estabilidad regional es un objetivo legítimo y necesario. Sin embargo, la experiencia demuestra que la paz duradera no puede construirse únicamente sobre consideraciones geopolíticas o de seguridad. La verdadera estabilidad surge cuando los derechos fundamentales son respetados y cuando las poblaciones afectadas participan libremente en la definición de su futuro.
La visita de Staffan de Mistura constituye una oportunidad para reactivar un proceso político estancado durante demasiado tiempo. Pero también representa una ocasión para recordar que el conflicto del Sáhara Occidental no es únicamente una cuestión estratégica para el Magreb y el Sahel: es, ante todo, una cuestión de justicia, dignidad y autodeterminación para un pueblo que lleva décadas esperando que la comunidad internacional cumpla sus compromisos.
El desafío para los próximos meses será transformar los gestos diplomáticos en avances concretos. Para ello será necesario corregir los errores de políticas pasadas, incluido el controvertido legado de la administración Trump, y devolver al proceso de paz los principios de legalidad internacional que deben guiar cualquier solución legítima y sostenible.
Marruecos se aferra a la ocupación: el Sáhara Occidental y la necesidad de una reparación histórica
Por Jorge Alejandro Suárez Saponaro
En noviembre de 2020, fuerzas marroquíes, con la finalidad de terminar con una protesta pacífica por parte de los saharauis en el paso ilegal de Guerguerat, violaron el Acuerdo Militar Nro. 1 del Plan de Arreglo de 1991. En el seno del Consejo de Seguridad, gracias a la protección de Francia y Estados Unidos, Marruecos, no sufrió ningún tipo de sanción por violar el acuerdo de paz citado.
Los saharauis hace largo tiempo que sufren verdaderos desaires y un comportamiento cómplice ante los abusos de la potencia ocupante hace décadas. Vemos a España, potencia administradora de iure y desde los acuerdos de Madrid de 1975, se ha desentendido de los saharauis y del conflicto, en el marco de una política de contención de su vecino marroquí, con un resultado. A nuestro entender, que perjudican seriamente los intereses españoles en el Norte de África y en la seguridad de su “flanco sur”. La justicia de la Unión Europea se pronunció en reiteradas oportunidades, dejando en claro que los recursos naturales son propiedad del pueblo saharaui, titular del derecho de autodeterminación. Vale la pena recordar 1992 y 1994 la Asamblea en sucesivas resoluciones (resoluciones 48/46, de 10 de diciembre de 1992, y 49/40, de 9 de diciembre de 1994) señaló que el saqueo y explotación de los recursos naturales de los TNA constituyen una amenaza a la integridad y prosperidad de dichos territorios, además de Sahara Occidental conformar graves violaciones a las obligaciones adquiridas a la luz de la Carta de las Naciones Unidas.
El antecedente jurídico a la cuestión, lo entramos en a través de la Res 46/64 de la Asamblea General que regula concretamente el principio de soberanía de los pueblos coloniales sobre sus recursos naturales. La resolución reitera que la explotación y el saqueo de los recursos marinos y demás recursos naturales de los territorios coloniales y no autónomos por parte de intereses económicos extranjeros, en violación de las resoluciones pertinentes de las Naciones Unidas, constituyen una grave amenaza a la integridad y prosperidad de esos territorios.
Mientras que miles de saharauis sobreviven como pueden en los campos de refugiados y en las zonas liberadas, agregándose que otros miles viven como ciudadanos de segunda en la zona ocupada, las riquezas de su patria, son objeto del expolio por parte de la potencia ocupante, con clara complicidad de los “paladines” de la democracia en Occidente. Dichos gobiernos, son los que poco o nada hacen, para que la MINURSO, la misión de paz de Naciones Unidas, tenga facultades de monitoreo de derechos humanos. La indiferencia de la comunidad internacional, o por lo menos gran parte de ella, permitió que la desaparición forzada de cientos de saharauis, en las zonas ocupadas, las torturas, la existencia de presos políticos, como conocer el destino de los soldados saharauis que cayeron prisioneros, quedaran sin respuesta, y menos una sanción.
La violencia contra la mujer saharaui
Los saharauis, en las zonas ocupadas, llevan a cabo acciones de resistencia pacífica, siendo objeto de una dura represión, siendo el ejemplo más evidente, el desmantelamiento del Campamento de Gdeim Izik. Mientras que los dirigentes europeos, nos hablan de derechos de la mujer, en los hechos, poco y nada hacen. Así observamos con estupor, el caso de Sultana Jaya, en noviembre de 2021, su vivienda fue allanada sin orden judicial por parte de paramilitares marroquíes, agregándose un hecho gravísimo, la violación, junto a su hermana y los violentos golpes contra su madre de ochenta años. Fue un verdadero escándalo internacional. La jurisprudencia internacional, ha sido muy clara en los casos de violación en los países u/o territorios sujetos a ocupación militar, los han reconocido como “tratos crueles, inhumanos o degradantes” y por ende punibles, como crímenes de guerra.
Recordemos que el Sahara Occidental, es un territorio sujeto a ocupación y por ende le son aplicables las reglas de los Convenios de Ginebra. Finalmente cabe agregar: La violación como tortura es aquella infligida intencionadamente sobre una persona por un funcionario público u otra persona provocando dolores y sufrimientos graves, por un funcionario público u otra persona en el ejercicio de sus funciones públicas, a instigación suya, o con su consentimiento o aquiescencia, con el fin de obtener de ella o de un tercero información o una confesión, de castigarla por un acto que haya cometido, o se sospeche que ha cometido, o de intimidar o coaccionar a esa persona o a otras, o por cualquier razón basada en cualquier tipo de discriminación. (Crímenes de género en el derecho penal internacional. Buenos Aires, 2010).
El caso de Aminetu Haidar, es otro ejemplo, de violencia de género, contra la mujer saharaui. Padeció ser presa política, por su activismo a favor de los derechos humanos y ahora el estado español, luego de dieciséis años de residencia en España, a sabiendas que la potencia ocupante marroquí, la expulsó del Sahara Occidental, en abierta violación a los derechos humanos. El gobierno del Dr. Pedro Sánchez, olvida que, para Naciones Unidas, el Sahara Occidental, es un territorio sujeto a un proceso de descolonización, donde España, es la potencia administradora de iure. Por ende, la Sra. Haidar, merece la protección del estado español. No es un pedido antojadizo, sino que forma parte de las responsabilidades que tiene España como potencia administradora.
Presos políticos. Un drama silenciado
La violación a los derechos humanos de los saharauis, están a la orden del día. Brahim Ismaili, preso y juzgado por un tribunal militar marroquí, por ser parte de las protestas de Gdeim Izik, padece de un tumor, está detenido en condiciones deplorable, agregándose la falta de atención médica adecuada. La lista es larga de los detenidos por participar en una protesta social, siendo juzgados de manera ilegal, por tribunales ad hoc, fuera del territorio saharaui ocupado. El Derecho Internacional reconoce que el territorio ocupado no tiene ningún deber legal de obediencia al Estado ocupante, si bien dicho Estado puede establecer algunas normas que permitan cierta subordinación, en el marco de las Convenciones de Ginebra, y deben ser distintas a las normas vigentes al territorio ocupado.
El Estado ocupante es responsable de garantizar el bienestar de la población del territorio ocupado, mantener los servicios públicos esenciales, la educación y la salud de la población. Las obligaciones del Estado ocupante incluyen la imposibilidad de modificar el estatuto de los funcionarios, respetar la legislación vigente, garantizar el funcionamiento de la Cruz Roja y sus sociedades, y los organismos de protección civil. Marruecos, desmanteló las instituciones existentes en el Sahara Español.
El activismo saharaui, en las zonas ocupadas, a través de distintos mecanismos de protesta, está claramente legitimada por el Derecho Internacional. Recordemos que los métodos empleados por los activistas son todos pacíficos, pero la respuesta siempre es la misma, con una dura represión, la prohibición de organizar asociaciones pro derechos humanos, condenar a los barrios poblados por saharauis, a vivir bajo un estado policial. La Liga para la Protección de los Presos Saharauis en las Cárceles Marroquíes, ha realizado constantes denuncias en los últimos meses, sobre malos tratos, torturas, falta de atención médica, agregándose las constantes huelgas de hambre, la única arma que tienen los presos políticos saharauis para hacer oír su voz. El gobierno de Pedro Sánchez, teóricamente progresista y sensible a la temática de los derechos humanos, guarda silencio sobre lo que pasa en tierras saharauis. En este contexto de contradicciones, si muestra especial preocupación por el conflicto palestino israelí, más precisamente sobre la guerra desatada entre el grupo Hamás e Israel el pasado mes de octubre de 2023. Realmente difícil de comprender.
La guerra silenciada
En noviembre de 2020, las fuerzas saharauis, luego que Marruecos violara el acuerdo de paz, con el desmantelamiento de la protesta de Guerguerat, “manu militari”, estallaron las hostilidades, reconocidas desde la misma Secretaría General de Naciones Unidas. Las fuerzas saharauis, se limitan acciones de pequeña escala, con duelos de artillería, golpes con fuerzas móviles y fuego de mortero. El estado de movilización, le permitió al gobierno saharaui, alinear a la población en una causa nacional. La respuesta de Rabat ha sido también limitada, a fin de no entrar en una escalada con Argelia. La guerra de Ucrania, llevó a países europeos, acercarse con el régimen de Argel, para buscar fuentes alternativas de energía. Esto refuerza el papel de Argelia en el Norte de África, como factor de estabilidad. Una guerra abierta entre Marruecos y Argelia, perjudica los intereses occidentales en el área.
Rabat, buscaría escalar el conflicto, especialmente para que Mauritania reaccione, y quite el apoyo, no oficial a la República Saharaui. No en vano por medio del uso de drones, atacó blancos civiles, donde argelinos y mauritanos perdieron la vida. La escalada hacia una guerra abierta, por ahora queda descartado. Los cambios geopolíticos llegaron al África, y Marruecos se convierte en un bastión de intereses occidentales. Los golpes de Estado en Malí, Guinea, Burkina y Níger, alejaron a dichos países de sus lazos con Francia y en menor medida con Estados Unidos. En este panorama, Mauritania, tiene un rol relevante, por su papel en el conflicto saharaui. Neutral, controla de facto la localidad de La Güera, con anuencia de la República Saharaui, a los fines de crear un “cordón” de seguridad.
El paso ilegal de Guerguerat juega un papel de “polo de atracción geopolítica” para incrementar la dependencia económica de Mauritania respecto a Marruecos. Nuakchot, consciente de su debilidad, encontró en China un socio ideal, tanto en el plano económico, como militar, dado que las modestas fuerzas mauritanas han recibido material chino, especialmente para su pequeña fuerza naval. El mantenimiento del control de las zonas liberadas por parte de la República Saharaui, se vincula con la propia seguridad de Mauritania, de mantener alejado a Marruecos, que mantiene un claro interés expansionista.
Argelia, principal apoyo para los saharauis, plantea no solo construir un centro minero, sino también industrial, con una red ferroviaria, que posiblemente se conecte con puertos mediterráneos. Quienes llevaron a cabo las obras, es un consorcio chino, formado por China International Water&Electric, Heyday Solar y Metallurgical Of China, y la empresa pública argelina Feraal. Los intereses de Argel, indican que es preciso impedir que Marruecos ocupe las zonas liberadas, intención que tenía antes de 2020, cuando comenzó a cuestionar el estatus de dichas zonas, respecto al Plan de Arreglo de 1991, con el objetivo de mantener alejadas las fuerzas de Rabat de un área estratégica como Tinduf. Por otro lado, la liberación de las zonas ocupadas, abre perspectivas muy alentadoras para los argelinos, teniendo una vía de salida para la producción minera de Tinduf, que beneficiaría ampliamente a la República Saharaui. Por ende, es muy poco probable que Argelia, le retire el apoyo al Frente Polisario/ República Saharaui.
La República Saharaui, precisa que dos actores claves como Mauritania y Argelia, mantengan su apoyo. A fin de cuentas, le proveen “profundidad estratégica”. Es posible que el liderazgo del Polisario, apueste a los cambios geopolíticos, donde claramente las potencias occidentales, están en pleno retroceso en África. Los cambios políticos en la región de la franja del Sahel, abrieron las puertas a una creciente presencia rusa y china. En el seno de los BRICS, el foro que aglutina a China, Rusia, Brasil, India y Sudáfrica, este último país, es especialmente crítico con la ocupación marroquí, lo que permitió en la cumbre de agosto de 2023, que se aprobara un comunicado, muy moderado, pero por lo menos, colocó en agenda la crisis del Sahara Occidental, exigiendo una solución de la controversia. El ingreso de Etiopía, a los BRICS, abre nuevas perspectivas para los saharauis, dado que Addis Abeba, reconoció la República Saharaui en 1979 y ambos estados forman parte de la Unión Africana
Marruecos se aferra a la ocupación, por muchos motivos, entre ellos el factor interno, dado que el conflicto justifica la represión interna, la exaltación nacionalista y refuerza el rol del rey, distrae a la opinión pública de la pobreza y corrupción, y además el expolio de los recursos pesqueros y mineros, financian la economía marroquí. España apoya la ocupación veladamente, a sabiendas que la pérdida del Sahara, significará un conflicto abierto por Canarias, Ceuta y Melilla. Rabat precisa los conflictos externos como válvula de escape, ante una situación doméstica no muy halagüeña.
Los intereses de Francia y Estados Unidos, están vinculados también a intereses económicos, y dado que Marruecos, es uno de los últimos países pro occidentales en África. La pérdida del Sahara Occidental, incidiría directamente en la estabilidad de la monarquía y su peculiar régimen de equilibrios internos. Razones políticas lo llevan a no reconocer los combates en los muros defensivos, por lo menos abiertamente. Mantiene una postura defensiva y en el plano internacional busca el reconocimiento de la ocupación e imponer el plan de autonomía como única solución. La única opción que queda es seguir manteniendo la presión militar, que no permita que el conflicto del Sahara Occidental caiga completamente en el olvido. La pregunta del millón, hasta cuándo durará esta situación.
La deuda con los saharauis
La República Saharaui libró una guerra de liberación por más de una década, con un ejército regular. En las zonas ocupadas, a pesar de la violencia de la ocupación, los movimientos saharauis, siempre se manifestaron pacíficamente. La respuesta siempre ha sido la indiferencia y un proceso de paz congelado por más de dos décadas. España que tiene un rol central en la resolución del conflicto, es rehén de la presión marroquí, como también indirectamente de Francia, aliado de Rabat. Estados Unidos, busca mantener como pueda aliados en África, que cada vez son menos. Egipto, viejo aliado de Washington, mantiene sus vínculos, pero con una visión de mayor autonomía, incorporándose al espacio BRICS en agosto de 2023. Francia, el gran perdedor, tuvo que replegarse del Sahel, y veremos por cuánto tiempo más, mantendrá su influencia en Senegal, Costa de Marfil, Togo, Camerún, por citar los países de la Françafrique.
El desarrollo económico a futuro del área de Tinduf, alimentará el interés de un Sahara Occidental unificado e independiente, agregándose el interés mauritano, de mantener lejos a Rabat de sus fronteras. Occidente se retira de África. No cabe duda que su injerencia ha sido un rotundo fracaso. Los países de la región del Sahel, azotados por el terrorismo, encuentran en Rusia y China como aliados para promover el desarrollo y seguridad. Tarde o temprano los aliados de las antiguas potencias coloniales quedarán rodeados por países que tiene una agenda geopolítica muy distinta. Marruecos corres ese riesgo, ante un evidente fortalecimiento de Argelia como actor de peso con proyección no solo en el Magreb sino en el Mediterráneo Occidental. La crisis energética derivada de la guerra de Ucrania y los conflictos en Próximo Oriente, ponen en valor al citado país norteafricano, cuyo papel en la situación del Sahara Occidental es fundamental.
El resultado de la guerra de Ucrania, incidirá en el tablero global. África tomó nota de su papel en el mundo que se viene, de carácter multipolar, y ello abre una tímida luz de esperanza para el conflicto saharaui, y Rabat deberá tenerlo en cuenta, que no puede vivir eternamente aislado de sus vecinos y ser funcional a la política “divide y reinarás” en la Unión Africana azuzada desde la Vieja Europa, funcional a los intereses franceses.
La comunidad internacional está en deuda con los saharauis, por tantos años de olvido, complicidad con el expolio de sus riquezas y las violaciones a los derechos humanos. La devolución de los territorios ocupados a la República Saharaui, sin ninguna duda será parte de la reparación histórica, que Occidente, le debe al pueblo saharaui desde hace cinco décadas.
El Frente Polisario declara tres días de luto tras la caída, en combate, de un líder militar en un ataque de Marruecos
Madrid (ECS).— El comandante Lehbib Mohamed Abdelaziz, jefe de la Primera Brigada de Reserva y miembro del Secretariado Nacional del Frente Polisario, cayó en combate el 7 de junio de 2026 junto a dos compañeros de armas mientras dirigía operaciones contra posiciones marroquíes en el muro militar del Sáhara Occidental, según informa SPS.
La noticia fue confirmada por el Ministerio de Defensa Nacional saharaui y difundida a través de los canales oficiales. La Presidencia de la República Saharaui ha anunciado un luto nacional de tres días, a partir de las 20:00 horas de este domingo 7 de junio de 2026, tras la caída en combate del comandante, miembro del Secretariado Nacional del Frente POLISARIO y jefe de la Primera Brigada de Reserva.
Lehbib Mohamed Abdelaziz (1989-2026)
El Frente Polisario ha perdido a uno de sus cuadros más jóvenes de la dirección político-militar. Lehbib Mohamed Abdelaziz, miembro del Secretariado Nacional del Frente POLISARIO y jefe de la Primera Brigada de Reserva, cayó mártir este 7 de junio de 2026, a los 37 años, mientras dirigía una acción contra el muro militar marroquí. Con él murieron dos de sus compañeros de armas.
Nacido en 1989 en los Campamentos de la Dignidad» donde completó la enseñanza básica y memorizó el Corán, antes de viajar a Argelia para estudiar Relaciones Internacionales, carrera de la que se licenció en una universidad argelina.
En noviembre de 2011, recién graduado, se alistó en el Ejército de Liberación Popular Saharaui.
En 2012 completó el curso de Fuerzas Especiales. Entre 2017 y 2018 realizó el curso de Mando del Estado Mayor. Fue jefe de sección, luego jefe de batallón. Pasó por la administración militar como director de la Administración General del Ministerio de Defensa Nacional y miembro del Estado Mayor General. Más tarde asumió la Dirección Central de Formación.
En 2024 fue nombrado jefe de la Primera Brigada de Campo. Ese mismo año, el XVI Congreso del Frente Polisario lo eligió miembro del Secretariado Nacional.
Quienes sirvieron con él lo describen con las mismas palabras en cada parte: serio, disciplinado, entregado. «Trabajaba con responsabilidad y hablaba con humildad», resume el comunicado de Presidencia. No buscaba protagonismo; prefería la sencillez en el trato con sus soldados.
Lehbib Mohamed Abdelaziz estaba casado y deja tres hijos: dos niñas y un niño.
Que descanse en paz. Gloria eterna a los mártires.
Argelia impulsa el Gasoducto Transahariano para llevar gas nigeriano a Europa a través del Sáhara
Por Geoff D. Porter
Argel, 07 Junio.- El presidente de Argelia, Abdelmadjid Tebboune, anunció el pasado 16 de febrero que había ordenado a la empresa estatal energética Sonatrach iniciar los trabajos del proyecto del Gasoducto Transahariano tan pronto como finalice el mes de Ramadán, previsto en torno al 20 de marzo de 2026.
El anuncio se produjo tras una reunión en Argel con el presidente de Níger, el general Abdourahamane Tiani, que a su vez evidenció un acercamiento entre Argel y Niamey.
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El gasoducto propuesto conectaría las infraestructuras gasísticas de Nigeria con las redes argelinas de distribución de gas hacia Europa a través de Níger. De materializarse, ampliaría simultáneamente la capacidad de exportación de gas de Nigeria, proporcionaría a Níger, un país con escasos recursos energéticos, una fuente fiable de energía, compensaría el consumo interno de gas en Argelia e incrementaría el suministro de gas a Europa.
El proyecto, que lleva sobre la mesa un cuarto de siglo, no es imposible, aunque tampoco está exento de desafíos.
El proyecto
El Gasoducto Transahariano (TSGP, por sus siglas en inglés) tendría una longitud de 4.130 kilómetros y conectaría las infraestructuras gasísticas de Nigeria con las de Argelia. El trazado atravesaría aproximadamente 850 kilómetros de territorio nigerino.
La capacidad nominal del proyecto sería de 30.000 millones de metros cúbicos (bcm) al año.
Níger y Argelia recibirían previsiblemente porcentajes del gas transportado como pago en especie. Níger obtendría un suministro de gas muy necesario, ya que actualmente no importa gas y depende principalmente de la electricidad importada.
Por su parte, el pago en especie para Argelia compensaría el creciente consumo interno de su propia producción de gas natural, liberando así mayores volúmenes para la exportación.
Finalmente, Europa se beneficiaría previsiblemente del volumen restante de gas, que accedería al mercado europeo a través de dos gasoductos ya existentes: MEDGAZ, entre Argelia y España, y TransMed, entre Argelia e Italia.
Las falsas pistas de los detractores
El proyecto cuenta con detractores muy críticos, aunque sus argumentos constituyen falsas pistas.
En primer lugar, los críticos sostienen que el gasoducto se vería constantemente afectado por problemas de seguridad, especialmente en el tramo de Níger, donde operan organizaciones terroristas yihadistas salafistas.
Esta crítica resulta equivocada. Para empezar, el gasoducto no estará simplemente tendido sobre la arena al atravesar el Sáhara. Estará enterrado. Los únicos componentes expuestos sobre la superficie serán las estaciones de compresión.
La sección nigerina requerirá probablemente entre tres y cuatro estaciones de compresión. Estas instalaciones pueden ser reforzadas, rodeadas por muros, equipadas con tecnologías ISR (inteligencia, vigilancia y reconocimiento) y protegidas por fuerzas de seguridad estatales.
De hecho, la fortificación de estaciones de compresión en regiones de riesgo es una práctica habitual.
Además, aunque la Provincia del Sahel del Estado Islámico (ISSP) está activa en Níger, análisis recientes realizados en 2025 indican que la mayor parte de su actividad se concentra al oeste y al sur de la ruta prevista para el gasoducto.
Es cierto que se han registrado ataques aislados en zonas próximas al trazado proyectado, pero, una vez más, el gasoducto no estará simplemente tendido sobre la arena con una gran diana sobre él.
La principal vulnerabilidad serían las estaciones de compresión, aunque su protección constituiría una partida presupuestaria específica.
En segundo lugar, los críticos argumentan que el proyecto fue propuesto inicialmente en el año 2000 y que el hecho de que no se haya construido en veinticinco años demuestra que nunca llegará a realizarse. Si fuera viable, sostienen, ya estaría terminado.
Sin embargo, muchas cosas han cambiado en los últimos 25 años.
Hace dos décadas, Argelia apenas comenzaba a salir de su propia insurgencia islamista. Durante la década 2000-2010, el país estuvo centrado en combatir el terrorismo en su propio territorio sahariano.
Los cinco años siguientes estuvieron marcados por la expansión de la actividad terrorista en el Sahel, al sur de las fronteras argelinas. Esa situación ha cambiado ahora, al menos en lo que respecta a Níger.
La propia Sonatrach también ha evolucionado durante el último cuarto de siglo.
Entre 2000 y 2010 estuvo concentrada en transformarse de una compañía petrolera nacional (NOC) en una entidad híbrida entre empresa nacional y compañía energética internacional (IOC).
Posteriormente, entre 2010 y 2020, atravesó una serie de cambios de liderazgo que limitaron gravemente su capacidad de actuación, obligándola prácticamente a centrarse en mantener el statu quo.
Esa situación también ha cambiado. La dirección de Sonatrach es actualmente más estable y la empresa está enfocada en actuar como un campeón nacional y garantizar el desarrollo prudente del patrimonio natural de Argelia.
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