La mayoría de la sociedad saharaui —especialmente el sector juvenil— combina un sentimiento de apatía y cansancio profundo, sumado a una desconfianza plena hacia la dirigencia debido a comportamientos irresponsables atribuibles a casi todos los dirigentes del Frente POLISARIO.
Madrid (ECS).— Las causas y perspectivas fueron diversas, los intentos se han reiterado, y cada vez que las ilusiones se ven truncadas y las aspiraciones se desvanecen, surgen nuevas iniciativas que no hacen sino volver a fracasar por los mismos motivos: mala gestión, errores de apreciación, estrategias improvisadas y el deficiente proceder de determinados responsables oportunistas, que no dudan en instrumentalizar una lucha existencial para acaparar beneficios sin control alguno y sin escrúpulos éticos ni morales. Como resultado, obstruyen procesos y apuestan conscientemente por el fracaso.
Frente Polisario: Cuando la tradición se convierte en traición
Con el transcurso de los años, este proceder inadecuado en la cúpula del movimiento de liberación saharaui (Frente POLISARIO) ha debilitado notablemente la cohesión interna y es responsable directo del clima de abandono y desesperanza imperantes, vaciando de contenido político e ideológico a la parte más numerosa de la población: la juventud saharaui, otrora bien formada y motivada hacia la conclusión del conflicto al ser parte ineludible y necesaria de la solución.
Ciertamente, y sin lugar a dudas, debemos admitir con pesar que la mayoría de los jóvenes, especialmente las generaciones más recientes, se han construido internamente una imagen nítida nefasta de lo que es el liderazgo del Frente POLISARIO -conocido popularmente como »Al-quiada»-, conformada por algunas de las causas que nos han conducido a la situación actual. Entre las más destacadas figuran actitudes inmaduras y visiones reduccionistas practicadas por las autoridades, que generaron recelos entre los jóvenes a la hora de implicarse en los asuntos públicos, debilitando su sentimiento patriótico y empujándolos a centrarse exclusivamente en sí mismos olvidando el bienestar colectivo. Esto los llevó a buscar por todos los medios sus propios intereses y su sustento personal, abandonando así el rearme ideológico juvenil que caracterizó históricamente al movimiento de liberación saharaui.
Desde finales del siglo XX y comienzos del XXI, varias generaciones de saharauis —con contadas excepciones— fueron marginadas políticamente como consecuencia de esa reticencia inducida y del desinterés forzado por la vida pública, así como por su inclinación hacia la salvación individual. Como resultado de esta mezcla de indiferencia y agotamiento, se produjo una ruptura en la confianza hacia el liderazgo debido a las actuaciones irresponsables de unos y otros, contradiciendo la imagen ejemplar que deberían encarnar como referentes y modelos a seguir, propios de un cuadro político que carga con la enorme responsabilidad de liberar a su país, más aún en un momento tan decisivo como el actual marcado por una guerra sin avances, y un enemigo que hace su ocupación cada vez más irreversible.
Sin embargo, un breve balance histórico pone de manifiesto que esta desviación del ideal revolucionario, posiblemente espontánea e involuntaria, tuvo su punto de partida con el alto el fuego de 1991, que trajo consigo una confusión en las prioridades, intensas disputas internas y una alarmante falta de conciencia y comprensión de la realidad por parte de la ciudadanía, especialmente entre los militares que vivieron con pasmosidad la orden de alto el fuego. Su pasividad en los asuntos públicos, el abandono de sus deberes y la aceptación del hecho consumado, sumados a una mentalidad materialista y arcaica se intensificaron y solidificaron en las décadas pasadas ante la ausencia de un poder fiscalizador y su poca conciencia democrática.
Crisis y desgaste en el Frente POLISARIO: un nuevo congreso bajo escrutinio