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22 junio 2026

Frente Polisario: Cuando la tradición se convierte en traición

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Más de medio siglo después de su creación, concebido para enfrentar la ocupación, el movimiento parece más interesado en ocupar cargos de por vida, logrando únicamente congelar la revolución en el tiempo.


Han transcurrido más de cinco décadas desde la fundación del Frente Polisario como movimiento de liberación nacional, luchando y abogando por la autodeterminación del pueblo saharaui frente a la agresiva ocupación marroquí. No obstante, dada la coyuntura actual del conflicto y considerando las acciones realizadas o por realizar por la parte saharaui, es pertinente cuestionar si el Polisario contemporáneo, dirigido por un liderazgo anquilosado, sigue siendo un instrumento de liberación o se ha convertido en un obstáculo frente a las aspiraciones del pueblo saharaui hacia la libertad e independencia.

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La respuesta resulta clara y dolorosa: el Polisario lleva años atrapado en su propia inercia, conducido por una cúpula fosilizada en las cuevas de Rabuni. Han convertido el exilio en una rutina y el estancamiento en una estrategia política. El liderazgo actual, que se aferran al poder con obstinación, ha confundido resistencia con inacción y fidelidad a la causa con una lealtad autoritaria hacia dirigentes que ocupan sus cargos por más tiempo del que muchos saharauis llevan de vida. Gobiernan convencidos de que la solución les llegará del cielo sin esfuerzo alguno; si esto fuera cierto o no, lo que sí es evidente es que el cielo se ha transformado, lamentablemente, en el verdadero regulador del Frente Polisario.

¿Qué sentido tiene que la mayoría de las sucesiones sean abruptas? No resulta aceptable ni es del agrado de nadie que la única estrategia de renovación consista en esperar funerales.

La repetición invariable de los mismos nombres cada cuatro años, durante los Congresos que designan al presidente y su gobierno, se asemeja a un torneo en el que los títulos se revalidan tanto como los eslóganes. Estos Congresos se asemejan más a una competencia de retórica vacía, donde se exige acción externa mientras se rechaza toda reforma interna; todo intento de renovación ha terminado archivado junto a las resoluciones ineficaces de la ONU.

El mantenimiento de esta dirigencia no solo erosiona la legitimidad interna —reflejada en el hecho de que el actual presidente haya obtenido un 69 % de aprobación en el último de estos Congresos—, sino que también mina la confianza del pueblo saharaui y de otros actores en la viabilidad de cualquier solución bajo la actual estructura del Polisario.

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El pueblo saharaui, un pueblo históricamente castigado, no merece seguir soportando el precio del inmovilismo. La lucha por liberar la República Saharaui no puede continuar subordinada a una cúpula incapaz de regenerarse, de interpretar los tiempos ni de articular una estrategia distinta al ‘más de lo mismo’, basada en lemas revolucionarios gastados, arengas nacionalistas y proclamas que no trascienden el ámbito retórico.

El mundo se está transformando. La burbuja ideológica en la que permanecen encerrados desde 1975 requiere aire fresco. La geopolítica es distinta; Marruecos, aún a contracorriente, ha movido sus fichas con agresividad diplomática en múltiples frente. Mientras tanto, el Polisario sigue repitiendo consignas de los años 70, sin una hoja de ruta definida ni una visión renovadora que permita sacar al conflicto y a la República Saharaui del estancamiento regresivo en que se encuentran.

Medio siglo después de su creación, concebido para enfrentar la ocupación, el movimiento parece más interesado en ocupar cargos de por vida, logrando únicamente congelar la revolución en el tiempo. A pesar de ello, persisten, desgastados, con sus consignas obsoletas, comunicados repetitivos y congresos previsibles, mientras los leales permanecen sin voz. Esos sí permanecen fieles a la causa nacional, a sus mártires y a los principios que los llevaron a unirse al movimiento de liberación.

La causa saharaui es legítima, histórica y digna. La ocupación del Sáhara Occidental por Marruecos es ilegal, denunciada y confirmada por la ONU desde 1979. El pueblo y la causa saharaui merecen un liderazgo a la altura de sus aspiraciones. Mantenerse atrapados en un ciclo de dirigentes perpetuos incrementará progresivamente la irrelevancia.

El Frente Polisario, en su forma actual, debe dejar de ser un museo de cargos vitalicios y atreverse valientemente, por primera vez en décadas, a dar un paso hacia adelante, permitiendo que otros materialicen los principios que predica, y que los nietos de los actuales dirigentes puedan vivir libres y desarrollarse en igualdad de condiciones junto a otros niños en su propio país. Debe reformarse profundamente, o permanecerá como una estructura envejecida, aferrada al símbolo de la revolución pero vacía de contenido transformador. De no hacerlo, no será Marruecos quien extinga las aspiraciones de independencia del pueblo saharaui, sino la propia torpe dirigencia con su perpetuidad imprudente, traicionando no solo el pasado de lucha, sino también el futuro de libertad e independencia que se proclama como horizonte.

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