Madrid (ECS).- El progresivo declive de su legitimidad se refleja en la falta de mecanismos de alternancia política, la concentración del poder en un reducido grupo de dirigentes históricos prácticamente intocables y en la creciente desconexión entre el movimiento de liberación y su base social.
Brahim Ghali encara la reválida de su liderazgo en un momento decisivo para la causa saharaui
Durante décadas —más de 40 años—, los saharauis hemos soportado en silencio, con paciencia y buena fe, las decisiones inconsistentes y la actitud de nuestros líderes, pero hemos constatado con frustración que no aprenden de sus errores. La dirección del Frente POLISARIO se encuentra atrapada en una situación tan compleja que definir una estrategia resulta imposible y prever escenarios futuros es irreal debido a la incapacidad, desorientación y falta de preparación de quienes permanecen en sus cargos, ya transformados en un medio de subsistencia más que en una posición política en representación de su pueblo.
Aunque la coyuntura actual es en parte consecuencia de la colisión de dos fuerzas dominantes —el Derecho Internacional y la Realpolitik—, las decisiones erróneas nos han alejado de la independencia y debilitado políticamente hasta niveles críticos.
El alto el fuego de 1991 marcó el fin de un ciclo y el inicio de una crisis lenta pero imparable. Se cometieron tres errores estratégicos: aceptar un alto el fuego en un contexto favorable a los saharauis, aceptar el referéndum como solución para una ocupación militar otorgando a Marruecos un ilegítimo derecho de disputa cuestionable y, finalmente, no retomar la lucha armada una vez vencido el plazo prometido para el referéndum que no se llevó a cabo. Marruecos y la ONU incumplieron sus compromisos, y el Frente POLISARIO no reaccionó, lo que fue percibido como debilidad y originó un estancamiento que aún persiste.
Desde su fundación el 10 de mayo de 1973, el Frente POLISARIO nunca había enfrentado una crisis de representatividad e institucional de esta magnitud. Ni durante los años más duros de la represión marroquí, ni ante los complots políticos, se puso en riesgo tanto el futuro del pueblo saharaui como lo ha logrado ahora la mala gestión de sus líderes. Cincuenta años después, con la misma dirigencia en el poder, el Frente POLISARIO ha perdido gran parte de su credibilidad, capacidad de movilización e influencia política, tanto dentro de la sociedad saharaui como en la comunidad internacional.
Hoy es evidente que el movimiento ha desaprovechado muchas de las conquistas alcanzadas en décadas anteriores. La ausencia de un programa político claro, de una hoja de ruta definida y la incapacidad de renovación agrava la situación, evidenciando quiénes son responsables de esta decadencia. Solo falta averiguar si esta cadena de errores o dejadez llevada a cabo por esta caterva de responsables políticos es voluntaria.
XVI Congreso del POLISARIO: la confirmación de la crisis
El XVI Congreso, celebrado en enero de 2023, el primero durante la segunda guerra, fue miserablemente aprovechado y presentado como un acto de unidad nacional frente a Marruecos. Sin embargo, muchos saharauis se sintieron abandonados tras sus resultados. La historia de los congresos del Frente POLISARIO muestra un patrón: se promete un cambio durante el evento y luego, conseguido el puesto, se actúa de manera opuesta. En este último congreso, todos esperaban un giro decisivo, pero la realidad fue resignación y decepción para cientos de familias saharauis, tanto en los campamentos como en la diáspora. Por ello, la actual capacidad de influencia del Polisario es prácticamente nula entre los saharauis dondequiera que se encuentren, nadie confía en una dirigencia inamovible e ineficaz acumuladora de fracasos.
Tras la publicación de las listas del nuevo gobierno, el »cambio» se limitó a la repetición de los mismos líderes de la vieja guardia y a la reposición de »amiguetes» en puestos políticos siguiendo la misma estrategia; blindar la continuidad del »sistema polisario» sin ningún beneficio u avance para el sufrido pueblo al que representan.
El Congreso plantea problemas fundamentales: su periodicidad y el sistema de elección del Secretariado Nacional. Celebrarlo cada cuatro años carece de sentido práctico en un conflicto prolongado; períodos más cortos permitirían evaluar políticas, corregir errores y destituir responsables incompetentes. Por otro lado, el sistema de elección favorece a los miembros de la vieja guardia, perpetuando la endogamia política y bloqueando reformas, como así de hecho sucede.
Factores de riesgo
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Fragilidad institucional: la falta de reformas ha provocado parálisis en la toma de decisiones. El Secretariado Nacional opera bajo lógicas corporativas, comprometiendo la legitimidad del movimiento y bloqueando la renovación de liderazgo.
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Erosión del capital social: promesas incumplidas y ausencia de resultados generan desafección política, aumentando la distancia entre dirigentes y población y debilitando la cohesión nacional.
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Captura institucional: la estructura interna actual parece diseñada para proteger intereses de quienes buscan mantener el statu quo, limitando la capacidad del Frente POLISARIO de adaptarse a nuevos retos geopolíticos.
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Crisis de legitimidad: aunque la causa nacional sigue siendo legítima, la permanencia de líderes obsoletos sin una estrategia clara reduce la influencia internacional y amenaza con aislar a la RASD frente a la narrativa marroquí.