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12 febrero 2026
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¿Cómo hizo Emiratos Árabes para irrumpir en la élite financiera de Mauritania?

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    Nuakchot (ECS).- Los Emiratos Árabes Unidos nunca fueron un actor marginal en los conflictos regionales. Más bien, fue, y sigue siendo, el maestro en el uso del poder blando, de utilizar el dinero, el oro y los puertos para levantar su imperio más allá de sus fronteras geográficas. En Mauritania, el país silencioso tras las dunas del desierto, Abu Dhabi ha abierto un nuevo frente en su expansión mediante acuerdos presuntamente en el mercado negro, utilizándolo como puerta de entrada para consolidar su influencia y anticiparse a los futuros conflictos.

   En 2021, los Emiratos Árabes Unidos, a través de sus empresas fantasma, comenzaron a intensificar sus inversiones en Nuakchott y en la capital económica Nuadibú, suponiendo un aumento de un 220% de las inversiones emiratíes en solo dos años (Informe del FMI de 2023). Pero bajo esa apariencia de “desarrollo” las cosas sucedían de otra manera.

El lado oscuro del puerto de Nuadibú, la puerta del oro ilegal

    El puerto de Nuadibú se ha convertido en un importante punto de tránsito para el oro extraído en Darfur (Sudán), a través del Gran desierto del Sáhara hasta llegar a Dubái. Informes del Grupo de Expertos de las Naciones Unidas (Informe 2023) confirmaron que entre 3 y 5 toneladas de oro pasan anualmente por Mauritania hacia el mercado libre de impuestos de los Emiratos Árabes Unidos, con un valor de mercado que supera los 250 millones de dólares anuales.

    No fue solo el Oro; a través del puerto de Nuadibú pasaban también cargamentos de divisas y armas ligeras, formándose una supuesta red de contrabando que alimentaba los conflictos en el Sahel por un lado, mientras se blanqueaba el dinero de los EAU a través de los mercados de Dubái por otro lado.

El hijo del Sultán de Darfur visita a Mauritania: ¿Mensajero de los emiratíes?

   La visita del hijo del sultán de Darfur a Mauritania no fue una coincidencia ni una mera huida de los conflictos internos de Sudán. Este influyente sudanés, que tiene vínculos financieros con la milicia Fuerzas de Apoyo Rápido, se ha convertido, gracias al apoyo emiratí, en uno de los brazos más importantes de la red de contrabando regional. Los Emiratos Árabes Unidos le han abierto sus puertas financieras desde 2017, y los documentos de OCCRP indican que se le abrieron cuentas por valor de millones de dólares en el Emirates Islamic Bank (Informe de OCCRP, 2021).

    Cuando puso un pie en Nuakchott, llevaba algo más que dinero en efectivo: llevaba consigo un proyecto regional de contrabando de oro y una red secreta de contactos con las élites tribales y militares de Mauritania. Durante dicha visita, se discutieron varios supuestos proyectos misteriosos en los sectores pesquero y aurífero, en particular el de la empresa “Mauritania Gold”, sospechosa de contrabandear 1,2 toneladas de oro solo en 2022 (Informe de la Comisión Africana de Anticorrupción, 2023).

Emiratos Árabes Unidos: patrocinador de redes de contrabando

     Los Emiratos Árabes Unidos no sólo proporciona un refugio financiero seguro, sino que también garantiza cobertura diplomática y logística para sus redes mediante acuerdos de inversión ficticios. En 2023, los Emiratos Árabes Unidos había firmado acuerdos con Mauritania por valor de 1.500 millones de dólares (Ministerio de Economía de Mauritania, 2023), la mayoría de los cuales se asignaron a proyectos inmobiliarios y agrícolas que aún no se han implementado, según reveló una investigación de The Africa Report.

    Así como Abu Dhabi utilizó el puerto de Adén en Yemen para dominar su economía (controló el puerto a través de Dubai Ports hasta 2020), y así como apoyó la economía sumergida en Darfur a través del contrabando de oro y la financiación de las Fuerzas de Apoyo Rápido (informe de la ONU de 2022), los Emiratos Árabes Unidos están repitiendo silenciosamente y de manera calcada el mismo método en Mauritania (el aeropuerto de Nuakchott y el puerto de Nuadibú están bajo su control así como los DNI mauritanos también los tienen ellos ya que una empresa suya ofrece servicios biométricos).

Los números no mienten

    Más del 60% de las exportaciones de oro no declaradas de África Occidental se introducen de contrabando en los Emiratos Árabes Unidos (Informe de Transparencia Internacional 2022). En Mauritania, las reservas de divisas pasaron de 700 millones de dólares en 2019 a 1.800 millones de dólares en 2023 pese a la ausencia de un crecimiento real de las exportaciones (Banco Central de Mauritania).

    Los Emiratos Árabes Unidos han invertido oficialmente menos de 400 millones de dólares, lo que plantea interrogantes sobre la fuente del flujo de divisas restante (Informe de International Crisis Group 2023).

Posible escenario: entre el caos y el control silencioso

    Cuando el dinero sospechoso se infiltra en el corazón de las capitales y las redes de contrabando se entrelazan con las instituciones oficiales del Estado, la patria se convierte en un mero espacio geográfico para la gestión de intereses extranjeros. Esto es en lo que los Emiratos Árabes Unidos son expertos, como ya hicieron en Yemen, Libia y Sudán: librar guerras tras bastidores y comprar lealtades a expensas del oro traficado.

    Mauritania es sólo un nuevo eslabón de este proyecto más amplio. La visita del hijo del sultán de Darfur a Nuakchott sólo es el inicio de un proyecto mucho más amplio en el que el contrabando de oro supone exclusivamente la cara oculta  para inhabilitar la soberanía nacional. Si Nuakchott no actúa con rapidez, puede encontrarse, como antes le ocurrió al Puerto de Adén, a merced de puertos restringidos en manos de fuerzas extranjeras, mercados de divisas controlados por corredores y un ejército de lealtades que alejan al país de su soberanía.

    Lo que hoy ocurre en Mauritania es sólo la punta del iceberg de las batallas silenciosas que los Emiratos Árabes Unidos está librando en otros lugares. Cualquiera que no aprenda de las lecciones de Yemen, Libia y Sudán debería prepararse para escribir su propio capítulo del caos emiratí, con traspaso de oro ilegal, lavado de dinero y contratos de inversión que no producen más que destrucción.

El cine español se posiciona contra Nolan por rodar su nueva película en el Sahara Occidental

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El cine español se posiciona contra la decisión de Nolan de rodar su nueva película en el Sáhara Occidental, territorio ocupado por Marruecos.

Agencias 

   Madrid (ECS).– Christopher Nolan ha desatado un gran revuelo con el rodaje de su nueva película ‘Odisea’. El director de cine, junto con Zendaya y Matt Damon, los protagonistas, llegaron a Dajla, en el Sáhara Occidental, el pasado 17 de julio para comenzar el rodaje de la nueva producción.

Canadá se niega a reconocer la «soberanía» marroquí sobre el Sáhara Occidental

   La ONU describe al Sáhara Occidental como un «territorio no autónomo» y aclara que se encuentra «bajo ocupación marroquí». En base a esto, la noticia de rodar la película en este territorio ha provocado el enfado de varios actores españoles como Javier Bardem, Itziar Ituño, Carolina Yuste o Luis Tosar, entre otros muchos. Todos ellos, de la mano de organizaciones de derechos humanos y el Festival Internacional de Cine del Sáhara Occidental (FiSahara), han firmado un manifiesto contra el director y su decisión.

   A finales de julio, el festival declaró que Nolan no recibió autorización ninguna por parte del gobierno saharaui y que «el único consentimiento que recibió fue el de los ocupantes, Marruecos». «Estamos seguros de que si entendieran todas las implicaciones de filmar una película de alto perfil en un territorio cuyos pueblos indígenas no pueden hacer sus propias películas sobre sus historias bajo la ocupación, Nolan y su equipo se horrorizarían», asegura FiSahara.

   Todos los que han firmado el manifiesto instan al equipo de Nolan y a Universal Pictures a «rectificar» y reconocer que «no deberían haber rodado en Dajla». «Deben romper su silencio para que no sean cómplices de la ocupación ilegal del Sáhara Occidental por parte de Marruecos», expresan en el escrito.

   Por ahora, a pesar del respaldo que se le ha dado en prensa, el equipo de Nolan no ha hecho ninguna declaración acerca del asunto. De momento, las únicas declaraciones las ha dado el Ministerio de Cultura de Marruecos, que se alegra de que se promocione esta zona para otros futuros posibles rodajes.

  El cine, otro medio de comunicación, resulta un gran altavoz para condenar injusticias sociales, pero, según la directora ejecutiva de FiSahara, María Carrión, «a aquellos que encajan en la estrategia de vender la ocupación marroquí al mundo exterior, se les da un tratamiento de alfombra roja».

Marruecos, Argelia y el espejismo de una paz sin justicia en el Sáhara Occidental

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Editorial «NO TE OLVIDES DEL SAHARA OCCIDENTAL»

   Madrid (ECS).- Un artículo publicado el 5 de agosto en El País, firmado por Juan Carlos Sanz y titulado “EE UU estudia una salida basada en la economía para el conflicto del Sáhara tras medio siglo de estancamiento”, presenta el conflicto del Sáhara Occidental como una disputa regional entre Marruecos y Argelia, obviando su naturaleza como proceso de descolonización.

   El artículo habla de una nueva iniciativa diplomática y económica que involucraría a Estados Unidos en el conflicto del Sáhara Occidental, centrada en fomentar inversiones como vía alternativa a la solución política. Según El País, el discurso del rey Mohamed VI durante la Fiesta del Trono —en el que ofreció a Argelia una “solución sin vencedores ni vencidos”— coincidió con una gira de Massad Boulos, consuegro y asesor del expresidente Donald Trump, por el Magreb. Durante esta gira, Boulos visitó Argel pero canceló su escala prevista en Rabat, mientras Washington anunciaba planes para autorizar inversiones millonarias de empresas estadounidenses en sectores clave del Sáhara ocupado: energías renovables, minerales estratégicos, acuicultura y turismo.

   La Corporación de Financiación del Desarrollo Internacional de EE.UU. sería el organismo encargado de impulsar estos proyectos, en colaboración con socios marroquíes. También se citan iniciativas similares anunciadas por otros actores internacionales, como el grupo hotelero español Senator, la Agencia Francesa de Desarrollo y empresas energéticas de Emiratos Árabes Unidos, que en conjunto estudian inversiones de hasta 10.000 millones de dólares. El artículo destaca que estas operaciones económicas se producirían pese al contexto de enfrentamientos armados reanudados en 2020, y sin que afecten las sentencias del Tribunal de Justicia de la UE que invalidan acuerdos comerciales con Marruecos en el Sáhara Occidental por no contar con el consentimiento del pueblo saharaui.

   Finalmente, el texto retoma el enfoque habitual del gobierno marroquí, que insiste en una solución regional negociada con Argelia, sin reconocer al Frente Polisario como interlocutor. Según el análisis incluido en el reportaje, Marruecos contaría con el respaldo de tres de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU a su plan de autonomía. El artículo concluye subrayando el interés de Washington por fomentar la estabilidad en la región mediante el comercio y el acercamiento entre Marruecos y Argelia, obviando en gran medida el derecho internacional y el marco de descolonización establecido por la ONU para el Sáhara Occidental.

   El truco de siempre: convertir a Argelia en parte del conflicto y excluir al pueblo saharaui

   Desde hace años, Marruecos intenta presentar el contencioso del Sáhara Occidental como un “conflicto regional” con Argelia, en lugar de reconocer que enfrenta una legítima resistencia del pueblo saharaui —representado por el Frente Polisario— a su ocupación militar. Este relato borra al sujeto central del conflicto: el pueblo saharaui y su derecho a la autodeterminación.

   Cuando el rey Mohamed VI tiende “la mano a Argelia” y habla de una solución “sin vencedores ni vencidos”, no lo hace desde una posición de diálogo honesto, sino desde la pretensión de imponer unilateralmente su plan de autonomía, excluyendo al Frente Polisario de cualquier negociación. Su propuesta es clara: o se acepta el dominio marroquí camuflado de autonomía, o no hay diálogo. Eso no es una solución, sino una oferta de rendición.

Argelia: firmeza legal frente a la manipulación marroquí

    Argelia, por su parte, ha mantenido una postura firme y coherente: el conflicto del Sáhara Occidental es una cuestión de descolonización y debe resolverse mediante el ejercicio del derecho a la autodeterminación. No es parte del conflicto territorial: no reclama soberanía sobre el Sáhara, pero ofrece refugio y apoyo político al pueblo saharaui, en coherencia con los principios del Derecho Internacional. Su papel es el de observador comprometido, no el de contendiente.

   Por eso no es casual que Argel haya ignorado el discurso de Mohamed VI: el rey marroquí se dirige a quien no tiene por qué responder. El verdadero interlocutor sigue siendo el Frente Polisario, y cualquier intento de eludirlo es una maniobra para legitimar la ocupación.

  Inversiones económicas: legalmente nulas, moralmente cómplices

   El artículo de El País recoge con entusiasmo los anuncios de futuras inversiones de empresas estadounidenses, francesas y de los Emiratos en los territorios ocupados del Sáhara Occidental. Pero omite un dato fundamental: esas inversiones son ilegales, según el Derecho Internacional y la jurisprudencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE).

   Que la Corporación de Financiación del Desarrollo de EE.UU. esté supuestamente preparando inversiones en el Sáhara Occidental no solo supone una violación flagrante del Derecho Internacional, sino también un desprecio absoluto a los fallos del TJUE, que ha anulado todos los acuerdos económicos entre la UE y Marruecos que incluyan el Sáhara Occidental, por no contar con el consentimiento del pueblo saharaui.

   La ONU y el propio TJUE han sido contundentes: Marruecos no tiene soberanía sobre el Sáhara Occidental, y ningún Estado del mundo —ni siquiera EE.UU.— ha logrado legitimar esa ocupación mediante inversiones o reconocimientos unilaterales.

   Es especialmente revelador que el propio artículo reconozca que la Agencia Nacional de Seguridad de EE.UU. ha evaluado la “situación bélica sobre el terreno”, pero omite que el Frente Polisario reanudó la lucha armada en 2020 precisamente ante la falta de avances diplomáticos y la constante violación de los derechos del pueblo saharaui por parte del ocupante marroquí.

   La gira de Massad Boulos —enviado del expresidente Trump— por el Magreb, los anuncios de inversiones millonarias y las declaraciones ambiguas sobre el “fomento del comercio” buscan construir una falsa narrativa: que el desarrollo económico puede sustituir al cumplimiento del Derecho Internacional.

   La ONU sigue considerando el Sáhara Occidental como un territorio no autónomo pendiente de descolonización. Ni Trump, ni Boulos, ni la agencia estatal marroquí MAP pueden cambiar ese estatus con declaraciones o contratos.

   Pero mientras se firman acuerdos para explotar energías renovables, minerales o el turismo, Marruecos mantiene una brutal represión contra los saharauis en los territorios ocupados, niega el acceso a observadores internacionales y bloquea cualquier posibilidad de referéndum. Hablar de inversiones sin mencionar este contexto es blanquear la ocupación con dinero extranjero.

   El plan de autonomía: un callejón sin salida

   El plan de autonomía marroquí, por muy promocionado que esté por ciertas potencias, no ha sido aprobado por Naciones Unidas ni por el Consejo de Seguridad. Requiere el consentimiento del pueblo saharaui, y este ha sido clara y repetidamente expresado a favor de su derecho a la independencia, no a una autonomía bajo ocupación militar.

   El Frente Polisario ha rechazado esta propuesta porque no garantiza la autodeterminación, sino que busca institucionalizar la anexión marroquí del territorio. Y cada vez que la comunidad internacional promueve ese plan como “la única solución realista”, está apostando por la injusticia, el unilateralismo y la negación del Derecho Internacional.

Sin autodeterminación no hay solución duradera

  Ni el “diálogo regional” entre Marruecos y Argelia, ni las inversiones millonarias en un territorio ocupado, ni el apoyo parcial de algunas potencias al plan marroquí pueden borrar un hecho esencial: el Sáhara Occidental no es marroquí. Y el pueblo saharaui sigue esperando que se cumpla la promesa internacional de un referéndum de autodeterminación.

   La comunidad internacional debe dejar de construir castillos de arena sobre el espejismo económico de la ocupación. La única vía legítima, justa y duradera es aquella que pasa por escuchar al pueblo saharaui, respetar su voluntad y poner fin a medio siglo de colonización ilegal.

Artículo cedido a ECSaharaui por la PLATAFORMA «NO TE OLVIDES DEL SAHARA OCCIDENTAL»

La «mano tendida» de Mohamed VI a Argelia

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   Madrid (ECS).- En un nuevo episodio de autoengaño diplomático, los medios marroquíes han reaccionado con euforia ante un hecho tan trivial como la aparición de una lata de pintura cerca de la embajada argelina en Rabat.

   Según esta interpretación interesada, la simple renovación de la fachada del edificio sería señal inequívoca del inminente regreso del embajador de Argelia a Marruecos y del deshielo de unas relaciones bilaterales tensadas hasta el extremo. Se trata, en realidad, de una lectura forzada y reveladora de la ansiedad con la que el régimen marroquí, cada vez más aislado, busca construir el espejismo de una reconciliación con Argel sin mover un solo dedo en la dirección correcta.

   Desde Argelia, las autoridades han aclarado que la obra de mantenimiento de la embajada no guarda relación alguna con la situación diplomática, sino que se trata de unas obras de rutina, como las que se realizan periódicamente en todas sus representaciones en el extranjero. Sin embargo, la maquinaria mediática marroquí ha querido convertir una brocha y un bote de pintura en gestos políticos inexistentes, revelando una obsesión casi patológica por forzar una distensión que no se sostiene ni en gestos ni en hechos.

   El discurso pronunciado recientemente por Mohamed VI durante la Fiesta del Trono, plagado de fórmulas ambiguas y palabras envenenadas, ha sido interpretado en Rabat como una nueva “mano tendida” a Argelia. Pero detrás del lenguaje almibarado, Marruecos no ha dado ni una sola señal creíble de querer rectificar su política hostil: ni ha renunciado a su campaña de desinformación, ni ha cesado en sus provocaciones, ni ha ofrecido una disculpa por la ruptura de relaciones. El Majzén alterna el chantaje emocional con la arrogancia estratégica, en un juego que Argelia conoce bien y del que no participa.

   «Argelia no negocia con quien no muestra respeto», afirma su prensa. Y cualquier normalización de las relaciones bilaterales pasaría, en todo caso, por un proceso claro, soberano y digno, no por interpretaciones delirantes de actos administrativos o maniobras mediáticas. Marruecos, en su intento de simular una apertura que no existe, solo confirma el aislamiento creciente de su política regional y su dependencia estructural de potencias como Francia, cuyo papel hostil hacia Argelia tampoco puede ser ignorado. Mientras Rabat se aferra a símbolos vacíos, Argelia mantiene firme su soberanía y su posición basada en principios.

EE.UU. refuerza su relación con Argelia mientras evita comprometerse con el plan marroquí en el Sáhara Occidental

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   Madrid (ECS).- Massad Boulos, asesor presidencial de Trump, no dejó dudas sobre un punto: Argelia es un socio serio, soberano y central para EE.UU. en el norte de África y el Sahel. Una afirmación que, por omisión, recuerda que la política exterior de EE.UU no está tan alineada con Rabat como ciertos medios de comunicación, sobre todo occidentales, pretenden hacer creer.

   En plena campaña mediática impulsada por Marruecos para presentar el conflicto del Sáhara Occidental como un asunto regional y económico, las recientes declaraciones del asesor presidencial estadounidense Massad Boulos en el periódico El Watan han arrojado una dosis de realidad geopolítica que conviene destacar.

   Durante su visita oficial a Argelia en representación del presidente Donald Trump y del secretario de Estado Marco Rubio, Boulos subrayó el carácter estratégico de la relación bilateral entre Argel y Washington, calificándola de «crucial» para Estados Unidos. En sus palabras, ambas partes reafirmaron «los vínculos de larga data» y su voluntad de seguir reforzando la cooperación en materia económica, diplomática y de seguridad.

   Aunque Boulos reiteró el apoyo de su país al llamado “plan de autonomía” marroquí para el Sáhara Occidental, fue cuidadoso en no alejarse del marco legal internacional. Afirmó que Estados Unidos sigue comprometida con una solución pacífica y duradera, y evitó cualquier referencia directa que contraviniera las resoluciones de la ONU que establecen el derecho del pueblo saharaui a un referéndum de autodeterminación.

  En otras palabras, Washington mantiene su ambigüedad calculada: respalda formalmente la ocupación marroquí, pero sin romper del todo con la legalidad internacional, ni reconocer oficialmente la soberanía marroquí de manera plena. Esa ambigüedad, sin embargo, sigue siendo funcional a Rabat, que la utiliza como legitimación política.

   En lo económico, el asesor estadounidense trató de calmar las tensiones recientes por la imposición de aranceles recíprocos a productos argelinos, insistiendo en que esta medida forma parte de una estrategia global para reducir el déficit comercial de EE.UU., sin que ello afecte al compromiso de profundizar en una relación bilateral “justa y recíproca”. También destacó el interés común en la lucha contra el terrorismo, la seguridad fronteriza y la estabilidad regional, en particular en el Sahel, donde Argelia ejerce un papel clave reconocido incluso por sus aliados más pragmáticos.

   Aunque evitó abordar abiertamente el trasfondo político de la gira —incluyendo la normalización marroquí con Israel o el boicot argelino a las maniobras diplomáticas del Majzén—, Boulos no dejó dudas sobre un punto: Argelia es un socio serio, soberano y central para EE.UU. en el norte de África y el Sahel. Una afirmación que, por omisión, recuerda que la política exterior estadounidense no está tan alineada con Rabat como ciertos medios pretenden hacer creer.

«En Marruecos 26 años de reinado y de desigualdades que se disparan», titula Mediapart

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«En Marruecos 26 años de reinado y de desigualdades que se disparan», titula el diario francés Mediapart su análisis con motivo del aniversario de la entronización del rey de Marruecos Mohamed VI en 1999.

Mediapart | ECS

   París (ECS).- A principios de julio, se organizó una «marcha por la dignidad» en una de las regiones más marginadas de Marruecos. Fue un duro recordatorio de las desigualdades que configuran el país y un gran desafío para la supervivencia del régimen de Mohamed VI.

   El 9 de julio, cientos de lugareños, hombres y mujeres, de una aldea situada en el corazón del Alto Atlas marroquí, el valle de Aït Bouguemez, organizaron una larga marcha, denominada «Marcha de la Dignidad». Si bien la región es una de las más hermosas del país, también es una de las más marginadas. Los manifestantes pretendían llegar a la ciudad de Azilal, a unos 100 kilómetros de distancia, para realizar una sentada frente a la oficina provincial del gobernador.

   Sus reivindicaciones son eminentemente sociales, vinculadas a necesidades muy básicas: en Aït Bouguemez, no hay carreteras, ni hospitales, ni escuelas, ni redes telefónicas, ni conexión a Internet, etc. Es la primera vez que una acción de esta naturaleza y envergadura es llevada a cabo por los habitantes de una de las regiones más aisladas del reino.

   Apodado el «Valle Feliz», Aït Bouguemez es comúnmente conocido por la belleza de sus paisajes, lo que lo convierte en un destino popular para los amantes de la escalada y el senderismo. Sus habitantes, por su parte, siguen viviendo en la Edad de Piedra…

   La situación en el «Valle Feliz» no es un caso aislado en Marruecos. La mayoría de las regiones bereberes del Medio y Alto Atlas sufren la misma suerte, consecuencia de una política social desigual que se remonta a la independencia (1956), separando, según el viejo adagio del mariscal Lyautey, al «Marruecos útil» del «Marruecos inútil» y manteniendo a este último en un estado de marginación casi estructural.

   En septiembre de 2023, el terremoto que devastó la región de Al-Haouz (casi 3.000 muertos), en el Alto Atlas, levantó el velo sobre la dura realidad de lo que también se llama «el otro Marruecos»: el aislamiento y la falta de infraestructuras habían hecho particularmente difícil el suministro de alimentos y ayuda material.

   Al día siguiente de su ascenso al trono a los 35 años, el 30 de julio de 1999, el rey Mohamed VI visitó comunidades rurales muy remotas, en particular en el Rif, una región paria del noreste, lo que se percibió, en aquel momento, como una voluntad al más alto nivel del Estado de priorizar el desarrollo endógeno, teniendo como blanco, en particular, a este «Marruecos inútil».

   «Pero 26 años después, las mismas desigualdades estructurales persisten a falta de voluntad política para ponerles fin o, al menos, limitar sus consecuencias.»

Un TGV (AVE) que atraviesa pueblos aislados

   A esta marginación se suma lo que se considera un verdadero desafío para el Estado marroquí, un desafío no solo para el desarrollo del país, sino también para la propia estabilidad del régimen: el desempleo juvenil. Las cifras oficiales son alarmantes.

   Según el informe del último censo nacional de población, que se realizó en 2024, la tasa de desempleo en Marruecos alcanzó el 21,3%, un aumento preocupante en comparación con 2014 (16,2%). Otras cifras oficiales más recientes corroboran estos datos y también ponen de relieve profundas desigualdades de género. El Alto Comisionado para la Planificación (HCP) indica que, en julio de 2025, el desempleo entre los jóvenes de 15 a 24 años alcanzó el 36,7%, con importantes disparidades de género en el acceso al mercado laboral y la educación. Presenta otra cifra alarmante: el 61% de las mujeres rurales pertenecen al grupo de jóvenes ninis (ni trabajan, ni estudian, ni se forman).

   «En 2023 se registraron casi 300.000 abandonos escolares, sobre todo en zonas rurales y regiones de habla bereber.»

   «Es el fracaso de un modelo de desarrollo que genera más desigualdad que crecimiento o empleo», enfatiza el economista y sociólogo Najib Akesbi, contactado, vía telefónica, por Mediapart. «Tenemos una alta tasa de inversión: 30%. Sin embargo, no tiene un impacto positivo en términos de riqueza y empleo. ¿Por qué?». El investigador ve varias razones.

   «En primer lugar, la mayor parte de estas inversiones se destina a obras de construcción y obras públicas, sectores donde los empleos son efímeros y no reducen en absoluto las desigualdades que erosionan el país», explica. «La imagen más simbólica es la del TGV que atraviesa pueblos aislados. Por no hablar de los estadios faraónicos que estamos construyendo y que se usarán muy poco».

   Autor de «Marruecos: Una economía bajo un techo de cristal» (publicado por la Revista Marroquí de Ciencias Políticas y Sociales, 2023), un libro aclamado sobre la relación entre la naturaleza del régimen político y la situación económica, Akesbi añade que «un sistema de gobierno debe tomar decisiones basadas en la demanda del mayor número de personas, y para que estas decisiones sean eficaces, los responsables deben rendir cuentas. No se trata de una dilución de responsabilidades, como ocurre en Marruecos».

   Otra paradoja: debido a un sistema educativo inadecuado, el desempleo afecta principalmente a los jóvenes graduados. Junto con la justicia y la salud, la educación pública es uno de los proyectos menos exitosos de la era Mohamed VI. La arabización llevada a cabo a partir de la década de 1980 por el rey Hassan II (1929-1999), por razones menos pedagógicas que ideológicas, debilitó la educación pública y favoreció una educación de dos niveles: instituciones privadas y «misiones extranjeras» para las familias adineradas y de clase media (15%); educación pública, que continúa deteriorándose, para el 85% restante.

   Esta realidad ya había sido advertida en 2015 por el propio Mohamed VI en un discurso pronunciado hace diez años: «Debemos ser serios y realistas y dirigirnos a los marroquíes con franqueza, preguntándoles: ¿por qué tantos matriculan a sus hijos en centros de misiones extranjeras y escuelas privadas, a pesar de sus exorbitantes costes? La respuesta es clara: buscan una educación abierta y de calidad, basada en el pensamiento crítico y el aprendizaje de idiomas, una educación que les permita acceder al mercado laboral y a la fuerza laboral».

   El abandono escolar también figura entre los desafíos que Marruecos no ha abordado: en 2023 se registraron casi 300.000 abandonos escolares, sobre todo en zonas rurales y regiones de habla bereber. El deseo de irse de Marruecos a Europa se convierte entonces en un «horizonte» y un objetivo de vida para miles, incluso millones, de jóvenes marroquíes.

    Aquellos que deciden “arreglárselas” socioprofesionalmente quedándose en Marruecos se ven obligados a enfrentarse al nepotismo y al clientelismo casi institucionalizado, un fenómeno que los marroquíes resumen en dos palabras: “Bac Sahbi” (“tu padre es mi amigo”).

Atmósfera polar

   En Marruecos, Mohamed VI no solo reina y gobierna. También es un empresario exitoso y controla un gigante llamado Al Mada, que engloba a varios grupos y empresas que invierten en sectores estratégicos de la economía marroquí: banca, telecomunicaciones, construcción, minería de metales preciosos, supermercados, energía solar, etc. Esta alianza entre la política y el dinero fue fuertemente denunciada por jóvenes manifestantes durante la «Primavera Árabe» de 2011, al igual que la expansión y el papel del séquito real.

   Encarnado por el poderoso jefe de la policía y el contraespionaje, Abdellatif Hammouchi, y dos antiguos compañeros de clase de Mohamed VI en el Colegio Real, Fouad Ali El Himma (consejero real) y Yassine Mansouri (jefe de la Dirección General de Estudios y Documentación, DGED, equivalente a la CNI española), el séquito real ejerce una influencia considerable en las decisiones de palacio y, en los últimos años, se ha fortalecido a medida que persisten las especulaciones sobre la salud del monarca. Para este «serallo», la proximidad al epicentro del poder siempre ha sido una lucha constante.

   En 2024, un exagente de la DGED, Mehdi Hijaouy, abandonó discretamente Marruecos rumbo a España y luego a Suiza, antes de desaparecer en Europa. Se dice que poseía información altamente sensible sobre figuras influyentes del círculo íntimo del rey. Un año antes, incluso le envió un «Libro Blanco sobre Inteligencia, Seguridad y Defensa Nacional» en el que proponía la creación de una «Dirección de Estrategia y Cooperación Internacional«, una de cuyas misiones sería «coordinar y evaluar la información de inteligencia».

    En otras palabras, proponía el establecimiento de un mecanismo para controlar la DGED. Inmediatamente se convirtió en el enemigo jurado del círculo íntimo: se emitió una orden de arresto internacional contra el exagente secreto por «fraude», para localizarlo y posiblemente extraditarlo a Marruecos. A su vez, Hijaouy contactó con dos abogados franceses, William Bourdon y Vincent Brengarth, «enemigos de Marruecos», según la prensa cercana al régimen. ¿Su misión? Abortar la orden de arresto para que su cliente pudiera viajar con mayor libertad por Europa, especialmente en Francia.

    Este caso, que se asemeja a un thriller con implicaciones políticas y de seguridad, apenas comienza y promete estar lleno de giros inesperados. Se desarrolla en un ambiente de posicionamiento y despiadadas luchas de poder para estar, el Día D, «en el lugar correcto en el momento correcto».

NOTA: Este análisis fue publicado originalmente en Mediapart. Reproducido por ECSaharaui con traducción al español  

Canadá se niega a reconocer la «soberanía» marroquí sobre el Sáhara Occidental

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   Madrid (ECS).- Si bien las fiestas nacionales suelen conmemorarse con la presencia de un ministro marroquí, ninguna figura política del gobierno de Marruecos asistió a la celebración oficial del Día nacional de la embajada de Canadá de este año en Rabat, según informó el digital Africa Intelligence.

Una ausencia notable de figuras del régimen marroquí

  Si bien la tradición dicta que el reino moviliza a sus ministros para participar en las festividades nacionales de las embajadas extranjeras, la embajadora de Canadá en Marruecos, Isabelle Valois, se encontró sola en la celebración en honor a su país el 3 de julio de 2025 en Rabat. No estuvo presente ningún líder político prominente.

  Y con razón, las relaciones entre Rabat y Ottawa atraviesan un período turbulento. En el centro de la disputa se encuentra la postura oficial de Canadá sobre el conflicto del Sáhara Occidental, que coincide con las resoluciones de la ONU que prevén un referéndum de autodeterminación. Considerada hostil por el régimen marroquí, esta postura ahora lleva a Rabat a condicionar sus relaciones con sus socios al apoyo de estos a su plan de autonomía.

  Antes de la salida del ex primer ministro canadiense Justin Trudeau en el primer trimestre de 2025, el rey Mohamed VI le envió una carta invitándolo a reconsiderar su postura con respecto al Sáhara Occidental. Desde el nombramiento de Mark Carney como jefe del gobierno canadiense, no se ha producido ningún cambio.

   Esta carta no fue la primera. Ya en 2022, durante un discurso pronunciado con motivo del 49.º aniversario de la Marcha Verde, en el que Mohamed VI convirtió la cuestión del Sáhara Occidental en el «centro de acción» de la diplomacia marroquí, se enviaron misivas a todos los ministerios de Asuntos Exteriores occidentales, incluido el de Canadá, instándolos a apoyar su su ocupación del Sáhara Occidental. Sin embargo, esta carta no provocó ningún cambio en el gobierno entonces liderado por Trudeau.

   En junio de 2024, sin embargo, las autoridades canadienses anunciaron que autorizarían a sus empresas a invertir en el Sáhara Occidental, pero sin garantizarles cobertura consular (AI, 20/06/24).

   Esta ausencia contrasta marcadamente con la diplomacia protocolaria observada en Rabat y Casablanca durante las fiestas nacionales de otras cancillerías. En la celebración estadounidense en Rabat, Leila Benali, ministra de Transición Energética, y Abdessamad Kayouh, ministro de Transporte y Logística, estuvieron a la vanguardia. En el consulado de Casablanca, el gobernador, Mohamed Mhidia, representó al reino. Las celebraciones oficiales del Reino Unido adquirieron una dimensión especial este año, con la destacada participación de Nadia Fettah Alaoui, ministra de Economía, tras el apoyo anunciado por el Reino Unido a la postura marroquí a principios de junio.

Operaciones especiales: La Armada argelina compra las lanchas patrulleras BK-16E

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Agencias

     Madrid (ECS).- Una licitación pública en Rusia ha confirmado silenciosamente una nueva adquisición importante para la marina argelina: la compra de al menos cinco lanchas rápidas BK-16E, un modelo diseñado para operaciones especiales y defensa costera.

    Publicado el 4 de agosto de 2025 en la plataforma rusa Rostender, este anuncio se refiere al suministro de sistemas de radionavegación para las unidades BK-16E. Los detalles de los documentos no dejan lugar a dudas: el equipo se divide en cinco lotes, probablemente correspondientes a cinco buques con destino a Argelia. Hasta el momento, ningún anuncio oficial había confirmado este pedido. Por lo tanto, esta es la primera confirmación de código abierto sobre la inminente incorporación de estas unidades a la flota argelina.

   Este pedido supone una importante modernización para las fuerzas navales argelinas, que ya contaban con lanchas patrulleras BK-10M diseñadas para el despliegue rápido de tropas. Con el BK-16E, Argelia apuesta por un modelo más versátil, mejor armado y con mayor autonomía y capacidad de transporte.

 Una lancha diseñada para misiones especiales

   El BK-16E es la versión de exportación del barco rápido ruso BK-16, desarrollado por el Astillero Rybinsk, filial del grupo Kalashnikov. Diseñado para operar en entornos costeros, fluviales y portuarios, este buque es especialmente adecuado para las necesidades de las unidades de fuerzas especiales.

Misiones principales:
– Inserción y extracción de comandos
– Patrullas costeras y vigilancia portuaria
– Apoyo al desembarco
– Antisabotaje y antipiratería
– Evacuación de heridos o rehenes

 Características técnicas

Presupuesto

Detalles del BK-16E (versión de exportación)

Longitud

~18 metros (16,8 m sin superestructuras)

Ancho

~4 metros

Cambio

~26,6 toneladas

Velocidad máxima

Hasta 45 nudos (≈ 83 km/h)

Autonomía

Aproximadamente 400 millas náuticas a velocidad de crucero

Capacidad

2 tripulantes + 19 pasajeros

Armamento

Torreta controlada a distancia (granada de 12,7 mm o 40 mm)

Motorización

2 motores diésel de 1.200 caballos cada uno

Protección

Armadura ligera, acristalamiento balístico opcional.

Sistemas integrados

GPS, radar, AIS, comunicaciones tácticas

Una flota en constante modernización

    Argelia continúa así la modernización discreta pero sostenida de sus fuerzas navales. En los últimos años, ha diversificado sus proveedores (China, Rusia, Italia), a la vez que ha consolidado su experiencia local. La elección del BK-16E confirma la orientación rusa de ciertos segmentos clave de la armada, en particular para operaciones de alta reactividad.

   En un contexto regional marcado por las tensiones persistentes en el Mediterráneo occidental, la lucha contra el contrabando y las redes armadas en las zonas costeras del Sahel, estos nuevos buques ofrecen una valiosa capacidad de reacción rápida.

   La discreción de esta adquisición contrasta con su importancia estratégica. El BK-16E podría convertirse, a medio plazo, en una de las principales herramientas de intervención rápida de la Armada argelina. Más rápido, mejor armado y con mayor autonomía que el BK-10M, refuerza la capacidad del país para proteger sus costas y desplegar sus fuerzas especiales a lo largo de todo su litoral.

Nota: Fuente es el foro argelino militar Menadefense

Una historia mal contada: lo que ‘El País’ no dice sobre las mujeres saharauis

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Por Victoria G. Corera

    Madrid (ECS).- El diario El País ha publicado el 3 de agosto de 2025 un artículo titulado “El viaje de ida sin vuelta de Safia”, firmado por Trinidad Deiros Bronte, en el que acusa al Frente Polisario de “impedir durante años” que mujeres saharauis regresen a España desde los campamentos de refugiados de Tinduf. A través de testimonios vagos y sin verificación independiente, el reportaje sugiere que decenas —e incluso “más de un centenar”— de jóvenes estarían retenidas contra su voluntad por el Polisario o por sus propias familias.

   Este tipo de relatos no es nuevo. Se ha repetido, una y otra vez, en medios españoles e internacionales que, con notable ligereza, presentan una realidad profundamente compleja en forma de denuncia moral, diseñada para conmover, indignar y culpabilizar a un único actor: el Frente Polisario. No hay contexto. No hay cifras verificables. No hay perspectiva jurídica. Y, sobre todo, no hay respeto por el derecho del pueblo saharaui a decidir su destino colectivo y sus valores culturales.

1. ¿Quién impide realmente la salida de una joven saharaui? La realidad detrás de la acusación

   Acusar al Frente Polisario de “retener” a mujeres saharauis en los campamentos de Tinduf es no solo una manipulación mediática, sino una tergiversación total del marco jurídico y político que rige la vida de un pueblo refugiado y bajo ocupación.

   Las personas saharauis refugiadas no poseen pasaportes internacionalmente reconocidos de la RASD. Para viajar necesitan documentación expedida por Argelia, país que las acoge bajo estatus de refugiadas. Pero no basta con el permiso argelino: toda persona refugiada saharaui que quiera salir del país necesita una autorización de salida tramitada por la embajada saharaui en Argel, que actúa como estructura administrativa y política del Estado saharaui en el exilio.

   Este procedimiento responde a una realidad específica: el pueblo saharaui vive desplazado y en lucha por su autodeterminación, y ha creado un sistema institucional propio que regula la vida colectiva, incluyendo los desplazamientos. Estas normas no responden al derecho occidental, sino a un entramado de legislación nacional, usos tradicionales y un contexto político singular. Ignorarlo es caer en el paternalismo o en la manipulación.

    ¿Puede criticarse ese sistema desde la óptica de los derechos individuales? Por supuesto, como puede criticarse la legislación de cualquier otro Estado. Pero transformar un procedimiento administrativo —compartido entre Argelia y la RASD— en una acusación unilateral contra el Polisario, sin contexto ni matices, es una forma encubierta de criminalización política. Es alimentar la narrativa de que los saharauis “oprimen a su propia gente”, mientras se silencia que el verdadero opresor es Marruecos, que ocupa su territorio desde hace casi medio siglo.

2. Las familias saharauis también tienen voz y decisiones. No todo es represión institucional

   En muchos de los casos citados (como el de “Safia”), los conflictos no son con el Frente Polisario como institución política, sino con las propias familias de origen, que pueden oponerse —por razones culturales, religiosas o emocionales— a que sus hijas permanezcan en España o se independicen. Esto es frecuente en sociedades tradicionales, donde la autonomía personal está en tensión con estructuras sociales más conservadoras. Ocurre en Marruecos, en Irán, en Pakistán… y también entre comunidades saharauis exiliadas, sin que eso justifique ni criminalice a toda una organización política.

Las familias, especialmente en contextos comunitarios como los campamentos saharauis, siguen ejerciendo un papel fuerte en las decisiones sobre el futuro de las hijas, incluso cuando son mayores de edad. Esto no es exclusivo del Sáhara: lo vemos también en familias migrantes de origen marroquí, argelino o senegalés viviendo en Europa. El conflicto entre la autoridad familiar y la voluntad individual no es una “opresión institucional”, sino una dinámica que debe abordarse desde el diálogo intercultural, el feminismo descolonial y la mediación, no desde el señalamiento propagandístico.

3. ¿Cuántos casos hay? ¿Dónde están los datos? ¿Y las otras voces saharauis?

El artículo de El País alude a “más de un centenar” de mujeres en situaciones similares. Pero no aporta ni una sola lista, ni una base de datos, ni testimonios directos contrastados por ONGs independientes. La única fuente que se menciona es la Fundación Gabriel Larralde, que actúa desde hace años como interlocutor hostil al Polisario, con vínculos informales con sectores pro-marroquíes. ¿Dónde están las cifras verificadas por organismos internacionales? ¿Dónde están los testimonios de las propias jóvenes, no de sus familias españolas?

Además, el texto no da voz a ninguna mujer saharaui residente en los campamentos, ni a organizaciones feministas saharauis, ni a responsables de la RASD. En cambio, la narrativa se construye desde el punto de vista de españoles “acogedores” que afirman que las jóvenes son “rehenes” de sus orígenes. Es decir: se plantea un relato paternalista, donde las saharauis adultas son tratadas como menores incapaces, sin agencia, sin contexto ni contradicción. Esa mirada es profundamente colonial.

4. ¿Dónde está el contexto político y legal? ¿Por qué se invisibiliza la ocupación?

El artículo omite un dato esencial: las jóvenes de las que habla son refugiadas porque Marruecos ocupa ilegalmente su país desde 1975. La comunidad internacional reconoce al Sáhara Occidental como territorio no autónomo pendiente de descolonización, y al Frente Polisario como representante legítimo del pueblo saharaui.

¿Por qué El País no menciona una sola vez la palabra “ocupación”? ¿Por qué no informa sobre las mujeres saharauis que son encarceladas, torturadas o desaparecidas en los territorios ocupados, como Sultana Jaya o Nazha El Khalidi? ¿Por qué se ignora por completo el contexto político de represión y exilio? Presentar a Argelia y a los campamentos como cárceles, mientras se blanquea el rol del ocupante marroquí, es una manipulación estructural.

5. El programa Vacaciones en Paz no es adopción ni migración encubierta

Otro aspecto manipulado es el sentido del programa Vacaciones en Paz, presentado en el artículo como una especie de vínculo afectivo que justificaría el derecho de las jóvenes a quedarse en España. Pero este programa no es una vía migratoria ni un acuerdo de tutela permanente. Se trata de una iniciativa solidaria con un objetivo muy claro: acoger temporalmente a menores saharauis durante el verano, siempre con el compromiso de regresar a los campamentos.

Convertir ese programa en excusa para reclamar la custodia, el arraigo o la “libertad” de las jóvenes no solo distorsiona su naturaleza, sino que pone en riesgo su legitimidad como herramienta humanitaria. Y sobre todo, abre la puerta a discursos que cuestionan el derecho de las familias refugiadas a educar y orientar a sus hijos según sus valores. La solidaridad no puede convertirse en tutela colonial.

6. ¿Y si el problema no es el Polisario, sino el racismo y el doble rasero?

El problema de fondo no es la libertad individual. Es el modo en que se ejerce una doble vara de medir. Si una joven española decide volver a Marruecos, nadie publica una portada preguntando si fue presionada por su familia. Si una mujer saharaui se queda en Argelia, se asume que fue obligada. Cuando es Marruecos quien detiene a activistas saharauis, se oculta. Cuando el Polisario es acusado, se amplifica sin contraste.

Hay una diferencia entre preocuparse por los derechos humanos y usarlos como arma política para deslegitimar a un pueblo en resistencia. Si de verdad se quiere defender a las mujeres saharauis, se debe empezar por respetarlas: no como víctimas eternas, sino como ciudadanas, militantes, líderes, madres, hijas… diversas, complejas, y con voz propia.

Conclusión:

El artículo de El País no defiende la libertad de las mujeres saharauis: la instrumentaliza. Oculta el contexto, borra la ocupación, niega la voz saharaui y demoniza al único representante legítimo del pueblo exiliado. Lo que necesitamos no son reportajes emocionales sin rigor, sino una prensa responsable que denuncie todas las injusticias, incluida la más grave de todas: la ocupación militar del Sáhara Occidental.

NOTA: Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quien la emite y no representa necesariamente el pensamiento de este medio.

“Autoproclamado Estado saharaui”: una fórmula tramposa para deslegitimar lo legítimo

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“Desmontando bulos contra el pueblo saharaui y el Frente Polisario” – 3

    Madrid (ECS).-. Una de las expresiones más repetidas —y más insidiosas— en los medios internacionales y ciertos discursos diplomáticos es la que se refiere a la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) como el “autoproclamado Estado saharaui”. Esta fórmula, que pretende neutralidad informativa, es en realidad profundamente ideológica: sirve para sembrar dudas sobre la legitimidad del Estado saharaui y para ocultar el hecho esencial de que se trata de un Estado reconocido internacionalmente y con una base jurídica y política sólida.

En el artículo de la imagen, publicado en el día de hoy en EL PAÍS, se comprueba como la expresión se utiliza para desprestigiar al existente estado saharaui, la RASD, que ejerce funciones de gobierno en los campamentos y los territorios liberados del Sáhara Occidental, y mantiene relaciones diplomáticas con numerosos países y organismos.

Todos los Estados son, en el fondo, “autoproclamados”

En primer lugar, conviene recordar una verdad básica del Derecho Internacional: no existe una autoridad superior que “autorice” la creación de un Estado. La aparición de nuevos Estados se basa en un acto de voluntad política de una comunidad humana que se considera con derecho a la autodeterminación. Así ha sido en todos los casos: desde Estados Unidos en 1776, pasando por la mayoría de repúblicas africanas tras la descolonización, hasta Sudán del Sur en 2011. En ese sentido, todos los Estados del mundo son, técnicamente, autoproclamados.

El acto de proclamación —como el que hizo el Frente Polisario el 27 de febrero de 1976, en Bir Lehlu— es solo una etapa de un proceso más amplio que implica el ejercicio de soberanía, la constitución de instituciones, y eventualmente el reconocimiento internacional. Es decir: lo que diferencia a un “Estado fallido” o ficticio de un Estado real no es cómo se proclama, sino cómo actúa y cómo es reconocido.

La RASD es un Estado reconocido por decenas de países y por la Unión Africana

Desde su proclamación, la República Árabe Saharaui Democrática ha sido reconocida por más de 80 Estados de todo el mundo, especialmente de África, América Latina y Asia. Además, desde 1984 es miembro fundador y de pleno derecho de la Unión Africana (UA), donde ocupa un escaño en igualdad de condiciones con Marruecos, que solo pudo regresar a la organización en 2017 tras haberla abandonado precisamente por el reconocimiento a la RASD.

Ese dato es crucial: un Estado que es miembro de una organización internacional intergubernamental como la UA no puede seguir siendo llamado “autoproclamado” sin incurrir en manipulación semántica. Sería tanto como llamar “autoproclamado” al Estado de Palestina, que es miembro observador de la ONU o a Kosovo, reconocido por una parte de la comunidad internacional.

El derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui está reconocido por la ONU

La legitimidad del Estado saharaui no se basa solo en su reconocimiento internacional. Se fundamenta también en el derecho a la autodeterminación reconocido por la Asamblea General de la ONU al pueblo del Sáhara Occidental, un territorio que sigue inscrito como territorio no autónomo pendiente de descolonización. Desde 1979, la ONU considera al Frente Polisario como el “representante legítimo del pueblo saharaui” (resolución A/RES/34/37), y reconoce que Marruecos no tiene soberanía sobre el Sáhara Occidental, tal como reiteran también las sentencias del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) y la Opinión Consultiva de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de 1975.

En este marco jurídico, la creación de la RASD es un acto de autodeterminación y una expresión política de un pueblo colonizado que fue abandonado por España sin culminar el proceso de descolonización. Llamarla “autoproclamada” es un intento burdo de deslegitimar la única institucionalidad saharaui reconocida, mientras se normaliza la ocupación militar ilegal de Marruecos.

Doble vara de medir: ¿por qué no se aplica el mismo término a otros Estados?

Lo más revelador es que el adjetivo “autoproclamado” no se utiliza para otros Estados cuya existencia fue fruto de una declaración unilateral. Nadie se refiere a “el autoproclamado Estado de Israel” ni al “autoproclamado Kosovo”, ni siquiera al “autoproclamado Sudán del Sur”. El uso del término parece reservado para entidades incómodas para el statu quo internacional, o que desafían intereses geoestratégicos de potencias aliadas del ocupante.

Esta doble vara de medir forma parte de una narrativa más amplia que busca normalizar la ocupación ilegal del Sáhara Occidental por parte de Marruecos y silenciar la resistencia legítima del pueblo saharaui, institucionalizada en la RASD y representada por el Frente Polisario. Es un lenguaje que blanquea la colonización y criminaliza la autodeterminación.


Conclusión:

La República Árabe Saharaui Democrática no es “autoproclamada” en un sentido peyorativo, sino proclamada como lo han sido todos los Estados, y reconocida como tal por decenas de países y por la Unión Africana. La insistencia en este término, sin aplicarlo a otros Estados en situaciones similares o más controvertidas, revela una clara intencionalidad política y mediática. Usarlo sin cuestionamiento es asumir el marco narrativo del ocupante. Por respeto al Derecho Internacional y a la verdad histórica, dejemos de repetir “autoproclamado” cuando hablamos del Estado saharaui. Lo que merece ser dicho es: el Estado saharaui, proclamado y reconocido.

Cedido a ECSaharaui por la PLATAFORMA «NO TE OLVIDES DEL SAHARA OCCIDENTAL»