Madrid (ECS)- La inauguración en Marruecos de la primera fábrica de drones de ataque del norte de África supone un salto cualitativo en la transformación militar que vive el Magreb. Según reveló Ginés Soriano en Infodefensa.com, la compañía israelí Bluebird Aero Systems, filial de Israel Aerospace Industries (IAI), ya ha puesto en marcha una planta en Benslimane, a escasos 35 kilómetros de Casablanca, destinada a producir el dron suicida SpyX. Se trata de la primera infraestructura de este tipo instalada fuera de Israel en toda la región, un gesto que subraya el grado de confianza y alineamiento estratégico entre Rabat y Tel Aviv.
La instalación no es solo un centro de ensamblaje. Incluye transferencia tecnológica y formación especializada para ingenieros marroquíes, un elemento que transforma a Marruecos en un actor capaz de generar capacidades ofensivas avanzadas sin depender exclusivamente de proveedores extranjeros. El SpyX, según detalla el artículo, es un dron de ataque con 90 minutos de autonomía, 50 kilómetros de alcance, motor eléctrico para reducir la firma acústica y capacidad para portar distintas ojivas. Su diseño responde a la lógica de la guerra contemporánea, marcada por ataques de precisión, bajos costes operativos y un uso intensivo de plataformas no tripuladas.
Todo esto encaja dentro de la alianza sellada entre ambos países a partir de los Acuerdos de Abraham de 2020, impulsados por la administración Trump. El reconocimiento estadounidense de la supuesta soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental fue la pieza central de ese acuerdo, abriendo una etapa de cooperación militar sin precedentes que se formalizó en 2021. Desde entonces, Marruecos e Israel han estrechado vínculos en inteligencia, ciberseguridad, vigilancia fronteriza y desarrollo de sistemas de ataque. La planta de Benslimane es uno de sus frutos más visibles.
El reportaje recuerda que esta evolución no puede comprenderse sin la reanudación del conflicto en el Sáhara Occidental. Desde la ruptura del alto el fuego en 2020, Marruecos ha apostado por un rearme acelerado mientras persiste la ocupación. Aunque el Consejo de Seguridad ha mencionado por primera vez la posibilidad de una autonomía, el derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui sigue plenamente vigente, lo que confirma que el conflicto continúa abierto. En este contexto, disponer de drones de ataque producidos localmente refuerza a Rabat en un escenario de tensión sostenida.
El esfuerzo marroquí se enmarca además en un programa de industrialización militar mucho más amplio. En los últimos meses, el país ha avanzado en la instalación de una planta de drones turcos Baykar y en la puesta en marcha de líneas de producción de blindados de la india Tata Advanced Systems Limited. Todo ello ocurre mientras el presupuesto de defensa se eleva a 157.171 millones de dirhams —unos 14.700 millones de euros— para 2026, un incremento del 17,7% respecto al año anterior. La apuesta es inequívoca: Marruecos quiere convertirse en un polo regional de producción armamentística.
La presencia de Israel en este proceso no es menor. Con su apoyo, Rabat adquiere una capacidad ofensiva inédita en el Magreb, un hecho que inevitablemente reordena el equilibrio militar con Argelia, potencia regional cuyo desarrollo militar depende en buena parte de Rusia. La producción local de drones de ataque también altera la ecuación en el Sáhara Occidental, donde Marruecos ya ha empleado plataformas similares en operaciones documentadas por organizaciones de derechos humanos saharauis e internacionales.
La apertura de la planta de Benslimane, en definitiva, no es un episodio aislado. Es un indicador del rumbo estratégico que Marruecos sigue desde hace cinco años: consolidar alianzas con actores decisivos, reforzar su industria militar y ganar margen de maniobra en un conflicto colonial que sigue sin resolución. En un Magreb cada vez más tensionado, este desarrollo refuerza la militarización regional y añade un nuevo vector de presión sobre el pueblo saharaui, cuya lucha por la autodeterminación continúa enfrentándose a un paisaje militar profundamente transformado.
En los últimos años, el Atlántico noroccidental africano —la franja marítima comprendida entre Canarias, Marruecos y el Sáhara Occidental ocupado— se ha consolidado como uno de los corredores estratégicos más sensibles del hemisferio occidental. Lo que antaño era un espacio periférico, hoy concentra intereses militares, energéticos y geopolíticos que se superponen sobre un territorio que continúa, jurídicamente, en proceso de descolonización. En este contexto, cada movimiento militar adquiere una lectura más amplia que trasciende la rutina operativa.
La reciente salida de un bombardero estratégico estadounidense B-52H desde la Base Aérea de Morón, en el sur de España, para un vuelo de largo alcance que lo situó en las proximidades atlánticas del Sáhara Occidental, ilustra esta dinámica. Aunque la misión forma parte de los habituales despliegues de la “Bomber Task Force” de la Fuerza Aérea de EE. UU., su trayectoria—pasando por las Islas Canarias y operando en un corredor donde confluyen intereses de la OTAN, Marruecos y la potencia administradora de facto—refleja un cambio estructural: la creciente militarización de un espacio donde la legalidad internacional sigue claramente definida, pero políticamente contestada.
El Atlántico sahariano es hoy un punto de fricción geopolítica. Marruecos ha intensificado su presencia militar en el litoral del territorio ocupado, impulsando además proyectos energéticos e infraestructuras portuarias que pretenden normalizar una soberanía no reconocida por la ONU. Paralelamente, potencias globales y actores de la OTAN utilizan el corredor atlántico para ejercicios navales, patrullas aéreas estratégicas y maniobras de preparación en escenarios de “alta intensidad”. A ello se suma la importancia creciente de las rutas marítimas que conectan África occidental con Europa y América, atravesadas por cables submarinos, recursos fósiles y áreas potenciales para energías renovables.
En este tablero, el Sáhara Occidental sigue siendo un territorio no autónomo pendiente de descolonización. La presencia militar internacional —sea a través de vuelos estratégicos, maniobras conjuntas o despliegues navales— se superpone a una realidad jurídica que exige la celebración de un referéndum de autodeterminación. Ninguna potencia puede alterar ese marco, pero la acumulación de intereses y la competencia por el control marítimo crean una atmósfera en la que Marruecos busca legitimidad a través de hechos consumados.
La militarización del Atlántico no puede analizarse sin considerar a la población saharaui, que se encuentra atrapada entre un escenario de ocupación terrestre y una creciente presión geoestratégica sobre sus aguas y su fachada oceánica. Para el Frente Polisario, este espacio marítimo forma parte integral del territorio nacional saharaui, y su control futuro es inseparable del ejercicio pleno de la soberanía. Para la comunidad internacional, la estabilidad regional depende de un marco político basado en el derecho internacional, no en la fuerza o en la ocupación prolongada.
El reciente episodio del B-52 no es un hecho aislado, sino un síntoma. El Atlántico frente al Sáhara Occidental se está convirtiendo en una pieza clave de la arquitectura de seguridad del sur global y de la proyección militar de las grandes potencias. En un territorio cuya descolonización lleva medio siglo bloqueada, esta tendencia debería encender señales de alarma: el riesgo de que la creciente presión militar termine consolidando dinámicas contrarias al derecho internacional o reforzando posiciones de ocupación indignas de legitimidad.
Mientras el Sáhara Occidental siga siendo un territorio pendiente de un proceso de autodeterminación, cualquier militarización adicional —sea marroquí, regional o internacional— solo subraya la necesidad urgente de una solución política justa, conforme al Derecho Internacional y a los derechos inalienables del pueblo saharaui. Sin esa base, el Atlántico sahariano corre el riesgo de convertirse en un escenario más donde la fuerza pretenda sustituir a la legalidad.
Madrid (ECS).— El presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, participará los días 24 y 25 de noviembre en la cumbre Unión Europea–Unión Africana que se celebra en Luanda (Angola), según ha informado el Diario Público. El encuentro dejará una imagen políticamente significativa: Sánchez coincidirá con Brahim Ghali, presidente de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) y líder del Frente Polisario, por primera vez desde el cambio de posición español sobre el Sáhara Occidental en 2022.
La presencia de Ghali se debe a que la UA reconoce a la RASD como miembro fundador. El dirigente saharaui estuvo en Luanda hace diez días, invitado por el presidente angoleño João Lourenço, en el marco del fortalecimiento de las relaciones bilaterales.
Sánchez y el líder saharaui no coincidían desde la última cumbre UE-UA celebrada en Bruselas en febrero de 2022, cuando conversaron brevemente. Un mes después, el Gobierno español avaló en una carta al rey Mohamed VI el plan marroquí de autonomía para el Sáhara Occidental, lo que supuso un giro histórico en la posición tradicional de España y desencadenó el rechazo parlamentario y la ruptura de relaciones del Polisario con Madrid.
La crisis hispano-marroquí de 2021 marcó el contexto previo: la acogida médica de Ghali en Logroño provocó protestas de Rabat y una crisis migratoria en Ceuta, con la entrada masiva de miles de personas. Las tensiones derivaron en la salida de la ministra Arancha González Laya y, más tarde, en la normalización diplomática tras la misiva de Sánchez a Mohamed VI.
La RASD cuenta con el reconocimiento de 82 países —principalmente africanos y latinoamericanos—, mientras que Marruecos abandonó la UA en 1984 por su admisión, regresando en 2017. La coincidencia en Luanda llega tras una reciente resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que avala parcialmente el plan marroquí, mientras el Polisario mantiene su exigencia de un referéndum de autodeterminación.
Madrid (ECS).— El Frente Polisario denunciará ante la Justicia de la Unión Europea el nuevo acuerdo comercial entre la UE y Marruecos, impulsado por España y Francia y negociado de forma discreta el pasado septiembre. El movimiento saharaui sostiene que el pacto vulnera las sentencias del Tribunal de Justicia de la UE (TJUE), que en 2024 anuló los acuerdos previos por incluir al Sáhara Occidental sin el consentimiento de su población.
El Polisario, que mantiene desde hace medio siglo un conflicto con Marruecos por la antigua colonia española, recurrirá de nuevo a los tribunales europeos con el apoyo del bufete Gilles Devers, según informó El Confidencial citando al representante del Frente POLISARIO en Bruselas.
Diplomáticos independientes consideran probable que vuelva a lograr una victoria judicial, aunque los procesos podrían tardar varios años.
El acuerdo, en vigor provisional desde el 3 de octubre sin ratificación parlamentaria, no garantiza el consentimiento saharaui y mantiene un etiquetado que evita mencionar explícitamente el origen saharaui de los productos, incumpliendo los criterios fijados por Luxemburgo. El Parlamento Europeo aún no se ha pronunciado, pero su comisión de Comercio Internacional ha cuestionado duramente la actuación de la Comisión Europea.
A pesar de las sentencias, Bruselas prepara además un nuevo pacto pesquero con Marruecos. España ha presionado para mantener la cooperación con Rabat, incluso por encima de los fallos del TJUE, según declaraciones previas del ministro de Agricultura, Luis Planas.
En paralelo, el proceso político sigue bajo impulso de Estados Unidos y Naciones Unidas. El Polisario mantiene su disposición a negociar sin condiciones previas, defendiendo el derecho a la autodeterminación. Marruecos, por su parte, actualizará su plan de autonomía, que la ONU considera ahora la base para relanzar las conversaciones.
El enviado especial, Staffan de Mistura, espera que las negociaciones arranquen en 2026, mientras persisten los enfrentamientos de baja intensidad en el muro defensivo del Sáhara Occidental desde 2020.
Según la popular aplicación FlightRadar, un bombardero estadounidense voló frente a las costas del Sáhara Occidental ocupado.
Madrid (ECS).— Un bombardero estratégico B-52H Stratofortress de la Fuerza Aérea de EE. UU. despegó desde la Base Aérea de Morón y sobrevoló la zona próxima a la costa de Marruecos y el Sáhara Occidental, después de cruzar el archipiélago canario.
Captura de FlightRadar donde se muestra el bombardero estadounidense B-52H Stratofortress muy cerca del Sáhara Occidental.
La plataforma de seguimiento aéreo FlightRadar registró el miércoles el paso de un B-52H muy cerca del territorio del Sáhara Occidental. El bombardero llegó hasta las aguas próximas a la ciudad de Dajla (antigua Villa Cisneros), antes de dar media vuelta y regresar a su base en Morón de la Frontera, en el sur de Andalucía. La maniobra llega en un contexto marcado por un notable despliegue de políticos y funcionarios estadounidenses en la región.
Por el momento, no se ha informado del propósito de esta inusual maniobra del poderoso bombardero estadounidense.
El B-52H está diseñado para realizar misiones de larga duración, superando los 14.000 kilómetros sin repostaje en vuelo. Puede alcanzar una velocidad máxima de 1.000 km/h y transportar hasta treinta y dos toneladas de municiones, incluidas bombas guiadas de alta precisión. El avión está equipado con radares avanzados y sofisticados sistemas de comunicación, lo que le permite operar eficazmente en entornos complejos y variados.
En un movimiento que subraya la creciente tensión en África Occidental, el bombardero estratégicos B-52H Stratofortress de la Fuerza Aérea de Estados Unidos no ha realizado en ningún momento una simulación de lanzamiento de misiles y bombas en espacio aéreo del Sáhara Occidental ni en otro espacio aéreo del África del Norte.
Sin embargo, según fuentes familiarizadas con el asunto, el B-52H ejecutó maniobra que imita una situación de combate. Aunque las armas nunca fueron liberadas.
ECS. Madrid. | Desde que Marruecos violase los acuerdos del alto el fuego en Noviembre de 2020, desatándose así la Segunda Guerra del Liberación del Sáhara Occidental trastornando los equilibrios de poder en la región, produciendo numerosos cambios geopolíticos de gran repercusión que presagian el advenimiento de profundas transformaciones.
En un pequeño rincón en África Occidental, la histórica decisión de la República Saharaui de cejar en su compromiso del alto el fuego tras ser éste reiteradamente violado por Rabat, fue una decisión cuyas ondas de choque traspasaron Marruecos, zarandeando el mapa geopolítico y las relaciones entre varios países.
Con una guerra en continua fase incremental entre Marruecos y la RASD (República Saharaui), las relaciones argelino-marroquíes ya inexistentes no hacen sino escalar peligrosamente, la guerra de Ucrania ha despertado la estrategia otanista para el flanco sur de Europa y la nueva configuración global energética, harán que surja un nuevo orden de gobernanza.
Los complejos desafíos de seguridad que se viven en estos momentos son de hecho el comienzo de grandes cambios. La región del norte de África y Sahel ocupa desde hace quince años un lugar importante en los escenarios de enfrentamiento entre la AlianzaAtlántica y el eje Moscú-Pekín por el control de los inmensos recursos energéticos y mineros que abundan en esta región, así como el control de las rutas internacionales. Y aquí, la descolonización del Sáhara Occidental juega un papel crucial al estar en el vértice de la formación del «Nuevo Magreb Árabe», y en consecuencia; la clave para el pleno desarrollo económico de la región que impide la ocupación marroquí sostenida por los EE.UU, la UE e Israel junto a las monarquías del Golfo.
En este inflamado escenario, es de destacar que hay dos actores cuyas posiciones, suceda lo que suceda, son inamovibles; la República Saharaui continuará la guerra hasta llegar a una solución definitiva, y Argelia defenderá siempre el derecho de autodeterminación del pueblo saharaui contra viento y marea. Por lo tanto, no habrá estabilidad, prosperidad, desarrollo y buenas relaciones hasta que no se tengan en cuenta los legítimos derechos del pueblo saharaui sobre su tierra y recursos naturales, todo lo contrario son soluciones contorsionistas que solo traerán violencia. Este es un punto que parecen ignorar los estrategas de Occidente en su habitual huida hacia delante.
Esta política contorsionista con el derecho internacional afecta incluso a los intereses de los estados que la apoyan y promueven. Tal es el caso de España, que confunde su política de vecindad con su política exterior para el Norte de África.
Economía marroquí y ruptura con la ocupación saharaui
EDITORIAL
ECS. Madrid. | El régimen marroquí, vive una crisis estructural sin precedentes, pues jamás durante el reinado de Mohamed VI el país magrebí había acumulado tantos contratiempos simultáneamente, que no hacen sino agudizar su situación; crisis política, social y económica, grave sequía, guerra en el Sáhara Occidental, desavenencias en el Palacio Real por la sucesión del trono, ruptura con Argelia y un rey que gobierna desde la distancia ajeno a la realidad de su Reino. Este peligroso cóctel que puede llevar a Rabat a precipitarse para imponer un nuevo statu quo en la región coincidiendo con el impasse actual en el conflicto, pues en estos últimos meses ha acantonado tropas en distintos sectores en el centro y sur del Sáhara Occidental, así como maquinaria, nuevos aeródromos y pistas de aterrizaje.
Marruecos, que justifica su ocupación del Sáhara Occidental con un relato que no tiene otro sentido que el de apropiarse de la riqueza de un territorio que no le pertenece, que nunca le ha pertenecido y que tarde o temprano perderá. Cualquier guerra que genere dinero para costearla proporciona una razón importante para la consecución de la victoria, pero si los gastos de la guerra provocan el debilitamiento de quienes la libran con la consecuente erosión de su economía, éstos pueden ser derrotados e incluso ser arrastrados a la rendición. Por lo que la acumulación de costes es la dirección correcta y el objetivo que la guerra de liberación debe alcanzar en su fase actual.
La energía: solar, eólica, el petróleo y el gas, la agricultura y la pesca son elementos extremadamente importantes y esenciales para el mantenimiento de la anexión y del ejército de ocupación, por lo tanto, si son elementos objetivos que sirven para perpetuar la ocupación marroquí, se convierten automáticamente en objetivos legítimos de la lucha armada del pueblo saharaui tal y como lo son en la batalla jurídica. Pero antes, echemos un vistazo más de cerca de lo que se trata éste robo sistemático de bienes y recursos saharauis, que reproduce una diabólica retroalimentación entre ocupación y beneficios económicos, para tener claro que solamente la erradicación del componente económico de la invasión ilegal del Sáhara Occidental hará ceder al régimen marroquí.
«Energía: el Talón de Aquiles de la ocupación
Las dos principales empresas exportadoras de petróleo de Marruecos son Cepsa y Repsol, multinacionales españolas. Casi medio millón de toneladas de productos derivados del petróleo se desembarcaron en los puertos de El Aaiún y Dajla. Los productos derivados del petróleo son esenciales para que Marruecos mantenga su ocupación del territorio y se utilizan principalmente como combustible para vehículos, motores y cargueros que participan en el saqueo del territorio saharaui, o son utilizados con fines militares por el ejército invasor marroquí. Estos transportes los realizan principalmente dos navieras, Wisby Tankers, empresa sueca cuyos petroleros enarbolan pabellón noruego y, la más implicada, la empresa francesa Sogetran, que por sí sola transportó un tercio del total del petróleo enviado al Sáhara Occidental.
En cuanto al gas, la exportación total al Sáhara Occidental en forma de GLP la lidera principalmente los Países Bajos, que es el mayor proveedor de gas, pero también los Estados Unidos, Francia, Croacia, España, Bélgica, Italia y la República Democrática del Congo. El gas importado se utiliza para apoyar la infraestructura y las industrias de la ocupación ilegal del Sáhara Occidental. Las principales empresas involucradas en el transporte son: BW Epic Kosan, filial del gigante BW Group, una multinacional noruega especializada en el transporte marítimo de hidrocarburos, Wisdom Marine Group que es empresa taiwanesa, y Stealth Corp, una naviera griega.
La electricidad es otro de los elementos más esenciales en la economía colonial y clave para sus operaciones militares en desierto abierto y remoto. Marruecos, que se presenta internacionalmente como un campeón en materia de energías renovables pese a que solo el 8% de su consumo total es limpio, está en proceso de instalar un gran proyecto energético en las tierras ocupadas del Sáhara Occidental. Es decir, el mantra de la energía renovable solo es posible manteniendo la ocupación. Y es Nareva, la empresa de energía eólica propiedad del holding Al-Mada (antiguamente SNI) perteneciente a la familia real marroquí, la propietaria de los grandes parques eólicos. Estos parques eólicos incluyen Tarfaya, con una capacidad instalada de 300 MW, y Aftissat, ubicado a 50 km al sur de la ciudad de Bojador ocupado, con una capacidad de 200 MW. También está el parque Foum El Oued, uno de los primeros parques eólicos puestos en marcha por Nareva cerca de El Aaiún con una capacidad para 50,6 MW. En la construcción de parques eólicos participan varias empresas extranjeras, siendo las más importantes GE Renewable Energy, filial de la gigante estadounidense General Electric, así como la británica Windhoist, la estatal italiana Enel y la germano-española Siemens Gamesa. Todos estos parques eólicos están gestionados por EEM (Energie Eolienne du Maroc), que a su vez pertenece a Nareva. Toda esta energía generada es utilizada por las industrias que saquean los recursos no renovables del territorio saharaui y brindan oportunidades de empleo atrayendo a más colonos de Marruecos. Además, fue Alcatel Submarine Networks, filial francesa de la multinacional Nokia, la que tendió los cables de telecomunicaciones desde Dajla ocupada hasta el fondo marino.
La electricidad producida también podría exportarse al extranjero, en particular a la Unión Europea, que la necesita con urgencia dada la incompetencia de los líderes europeos sujetos al dictado de Bruselas emitido desde Washington. Tanto Reino Unido como España y Francia apoyan a Marruecos en esta aventura de exportación de energía verde manchada de sangre saharaui.
Refugiados saharauis observan un desfile militar en Tifariti. MOHAMED MESSARA / EFE
Producto de su invasión, Marruecos cuenta con el potencial solar del Sáhara Occidental. Para ello, están operativas dos plantas de energía solar fotovoltaica llamadas »Noor» con una capacidad combinada de 100 MW. Una con capacidad para 80 MW en la capital El Aaiún y otra de 20 MW en Bojador, que fueron construidas como parte de proyecto NOOR PV I, llevado a cabo por un consorcio liderado por ACWA Power (Arabia Saudita), en asociación con Shapoorji Palloni (India), Chint Group (China), Sterling & Wilson (India) y Astroenergy (filial de Chint Group).
El cemento también es crucial para la construcción, ya sea para uso gubernamental, militar o civil. Tan solo en El Aaiún ocupado están asentadas tres fábricas de cemento: La alemana Heidelberg Cement, la mayor productora de cemento alemán, clasificada como el 2º grupo cementero más grande, y ejerce su control sobre las empresas CIMAR (Ciments du Maroc) y CIMSUD (filial del grupo Anouar Invest). Esta última unidad tiene una capacidad de producción de 500.000 toneladas anuales y fue construida por otra empresa alemana, Thyssen Krupp. La multinacional franco-suiza Lafarge Holcim también líder en el mercado cementero mundial posee una unidad de trituración de 200.000 toneladas al año. El Clinker, sustancia que se usa para elaborar el cemento, procede de Portugal.
«Agricultura y pesca: Los mercados más sólidos
Dajla, la antigua Villacisneros, es principal proveedor de productos del mar a nivel nacional e incluso en varios mercados extranjeros, incluida la UE. Los puertos de la capital administrativa El Aaiún y el de la capital económica, Dajla, están gestionados por la Société d’exploitation des ports SA (Marsa Maroc), que es propiedad del Májzen marroquí en un 60% y cotiza en la Bolsa de Valores de Casablanca.
Grandes cantidades de productos pesqueros se transportan en camiones cuya propiedad se oculta o encubre cuidadosamente en viajes de ida y vuelta entre los puertos de Dajla y El Aaiún hacia los puertos de Marruecos. Flotas enteras se utilizan para exportar fosfatos, arena, harina y aceite de pescado, así como pescado congelado y productos agrícolas. Hallamos por ejemplo la francesa CMA CGM, especializada en el transporte marítimo en contenedores con base en Marsella, que sirve en particular al puerto de Dajla y permite la exportación de pescado congelado a Europa.
El rey de Marruecos también ha intensificado la agricultura mediante la realización de concursos públicos destinados a atraer nuevos colonos para cultivar en las tierras saharauis. Marruecos es el primer exportador, fuera del continente europeo, que abastece de tomates saharauis al mercado de la Comunidad Europea. Así, los productos saharauis de hortalizas en general y tomates en particular exportados ilegalmente a la UE seguirán aumentado pese a la sentencia del TJUE que anulará los acuerdos UE-Marruecos por considerar que el Sáhara Occidental no pertenecía a Marruecos. La brecha ilegal de El Guerguerat en el sur de los territorios saharauis ocupados canaliza gran parte de las hortalizas saharauis en camiones a través del paso que conecta con Mauritania. Es igualmente importante señalar que la operatividad y libre tráfico de este paso fronterizo producto del expansionismo por la fuerza militar ha sido posible mediante la inexplicable complicidad de las autoridades mauritanas, que pese a que reconocen la República Saharaui, violan su integridad territorial con impunidad pasmosa en un acto que echa por tierra su supuesta neutralidad meramente declaratoria.
«La brecha ilegal de El Guerguerat y sus implicaciones estratégicas
Geográficamente, Marruecos se encuentra aislado del África Occidental por sus dos rivales, Argelia al este, que mantiene cerrada sus fronteras compartidas, y la República Saharaui al sur, que mantiene ocupada militarmente, por lo que carece de ningún paso o conexión terrestre hacia dicha región. En el contexto de la ocupación, El Guerguerat era estratégica para los saharauis, hasta 2020, porque era la única salida al Atlántico y hacia la ciudad fantasma de La Güera, así como por la cercanía con la capital económica de Mauritania, Nuadibú. En tanto es así, la ilegal anexión marroquí con la posterior construcción de un nuevo muro y bases militares en El Guerguerat tiene un significado eminentemente económico; Otorga a Marruecos el anhelado acceso al mercado del CEDEAO del que ya forma parte su gran rival, Argelia, que sí comparte frontera natural con Mauritania y poseen ruta terrestre. Rabat es consciente de que el acceso al mercado del CEDEAO solo puede ser posible anexándose la brecha ilegal de El Guerguerat, paso fronterizo que conecta con Mauritania a través del punto PK-55, que se encuentra en el extremo sur de los territorios de la República Saharaui, por tanto es la única vía del territorio que le permitiría comercializar sus productos con los países del África Occidental y del Sahel, y competir así con las rutas argelino-mauritanas como Tinduf-Zuérat y Nuakchott-Uargla.
Se trata de la única carretera terrestre que conecta Marruecos a través de la República Saharaui y Mauritania con las profundidades del África Occidental, evitando además grandes costes en transportes marítimos al facilitar una ruta terrestre directa desde el puerto mediterráneo de Tánger hasta Dakar. Rabat logra sortear así su encapsulamiento geográfico por décadas y refuerza su ocupación del Sáhara Occidental al convertir la brecha de El Guerguerat en condición indispensable y razón de existencia de dicha ruta. Actualmente, del paso fronterizo ilegal de El Guerguerat depende gran parte del comercio UE-África ya que Marruecos es el principal socio comercial de la UE en la región norteafricana, además mantiene a Nuakchott dependiente de la ruta por la gran exportación de hortalizas, insumos de primera necesidad y material electrónico que recibe. En el mismo sentido, para mantener a Mauritania alejada de cualquier posicionamiento a favor de la República Saharaui, amenaza continuamente con invadir La Güera con la finalidad de construir un puerto marítimo que haga competencia al puerto de Nuadibú, ciudad mauritana portuaria de mayor actividad.
«Economía marroquí y ruptura con la ocupación saharaui
¿Qué peso tiene Marruecos en el escenario mundial? Lo vemos reflejado en los microestados y monarquías del Golfo conservadoras que abrieron consulados en los territorios ocupados. Si en el mundo capitalista, la potencia y peso de los países se mide por su PIB, Marruecos, deficiente en recursos naturales, gran parte de su riqueza proviene del saqueo sistemático de los recursos naturales saharauis, y la otra parte de su «agricultura» norteña centrada en la producción de sustancias ilícitas y el consiguiente tráfico a escala mundial, en particular hacia Europa y Latinoamérica, el «turismo» sexual practicado a escala industrial en conocidos hoteles, el chantaje con la inmigración para la obtención de las subvenciones europeas que se le asignan desde décadas para, supuestamente, vigilar e impedir la entrada de inmigrantes en Europa, y que por alguna extraña razón no cesa.
Como se puede apreciar, para Marruecos es económicamente ineficiente hacer la guerra; El mantenimiento del statu quo en las regiones anexadas revierte en beneficios millonarios a los que es difícil renunciar voluntariamente, además mantiene tres cuartas partes de su ejército en la región que ocupa con los correspondientes gastos de transporte y mantenimiento, sus acciones se limitan a esporádicos ataque con drones diez veces más costosos que el objetivo atacado. Como mucho, se prevén algunas operaciones especiales puntuales para reforzar su presencia en el territorio y disuadir.
Los ingresos de Marruecos por la exportación de recursos naturales saharauis siguen constituyendo un importante superávit financiero que supera las necesidades de su ejército, asegura la compra de armamento y refuerza la maquinaria militar dirigida a la guerra contra el pueblo saharaui para consolidar la prolongación de sus actividades ilícitas y el posterior desgaste del Polisario, sin mencionar el enriquecimiento de sus generales que los mantiene distraídos de los golpes militares.
Habrá entonces que generar las condiciones favorables para la insostenibilidad del mantenimiento de su presencia militar a través de la generación de costes, poniendo de esta manera en jaque a su »economía de colonización», revertir la rentabilidad económica que ofrece la ocupación en la medida en que ésta se ha convertido en el núcleo esencial de su permanencia ilegal. El ELPS podrá cambiar las reglas del juego si golpea enclaves y emplazamientos cruciales de la columna vertebral económica como ya hizo durante la primera guerra.
El futuro de toda guerra es un tratado de paz, y el primero de las partes contendientes que hable de dicho tratado es el que está más exhausto de proseguir la guerra, bien porque el perjuicio es mayor aún saliendo victorioso, o bien por la insostenibilidad de la misma ante el elevado número de problemas que genera para los estados, muy en particular sobre su economía. Hassán II ya lo comprobó.En vista de la macabra burla diplomática y el más que justificado mutismo del régimen marroquí sobre un conflicto que tiene perdido y que no quiere remover demasiado, solamente una escalada bélica podrá hacerlo claudicar para que vuelva a mirar hacia su interior y reoriente sus energías hacia la construcción de su sueño de grandeza dentro de sus fronteras internacionalmente reconocidas.
En diplomacia, como en los negocios, el valor de una idea suele depender menos de su contenido que de la firma que la respalda. La historia del conflicto del Sáhara Occidental ilustra con crudeza esa realidad. En 2007, tanto Marruecos como el Frente POLISARIO presentaron sendas propuestas políticas ante el Consejo de Seguridad. La marroquí, acompañada por un aparato de lobby bien financiado y respaldos estratégicos, fue rápidamente calificada por gobiernos occidentales como “seria y creíble”. La del Frente POLISARIO, en cambio, recibió un silencio institucional que reflejaba más geopolítica que razonamiento. Sin embargo, a la luz del derecho internacional y de la estabilidad regional, fue y sigue siendo la única propuesta con viabilidad real.
El texto del Frente POLISARIO —registrado oficialmente ante el Consejo de Seguridad el 16 de abril de 2007— no es un manifiesto ideológico, sino un diseño técnico de gobernanza. Parte de una premisa jurídica incontestable: el Sáhara Occidental es un territorio no autónomo en proceso inconcluso de descolonización, y Marruecos no tiene soberanía ni título administrativo sobre él. El documento plantea un referéndum bajo supervisión de la ONU, con tres opciones: independencia, integración o autonomía. Esta triple vía es el mecanismo estándar de resolución en contextos de descolonización, probado en Timor-Leste y Namibia.
Lo innovador y pragmático del plan reside en su visión postreferéndum. El POLISARIO ofrece a Marruecos y a los marroquíes residentes en el territorio una red de garantías de estabilidad y cooperación: reconocimiento mutuo de fronteras, acuerdos sobre recursos naturales, participación política y económica de los ciudadanos marroquíes, renuncia recíproca a indemnizaciones y establecimiento de mecanismos de seguridad conjuntos. Es, en esencia, un modelo de integración regional sin subordinación: Marruecos dejaría de ser una potencia ocupante y pasaría a ser un socio estratégico.
Desde una óptica realista, este marco transformaría los costes políticos, militares y económicos del conflicto en beneficios compartidos. Reduciría el gasto marroquí en control militar, mejoraría su reputación internacional y abriría la puerta a una cooperación energética y comercial basada en la legalidad. Para el Sáhara Occidental, consolidaría la soberanía y la legitimidad de un Estado dispuesto a contribuir activamente a la seguridad magrebí y africana.
En contraposición, la llamada “autonomía” marroquí no ofrece gobernanza verificable ni salida jurídica al contencioso. Es una fórmula de control administrativo revestida de concesión política, sin garantías para los saharauis ni beneficios tangibles para la región. Ninguna estabilidad duradera puede surgir de una ocupación ilegal, por muy maquillada que esté.
El plan del Frente POLISARIO es, por tanto, el único que convierte el conflicto en cooperación y la soberanía en seguridad compartida. No busca legitimidad mediante promesas, sino mediante resultados verificables. Si los actores internacionales decidieran medir las propuestas por su viabilidad institucional y no por la influencia del proponente, descubrirían que la solución ya existe desde 2007 —archivada, ignorada, pero intacta en su lógica.
En un Magreb fragmentado y vulnerable, donde la estabilidad se ha vuelto un activo estratégico, el documento del Frente POLISARIO no es un gesto político: es un modelo de arquitectura regional avanzada. Su aplicación no solo cerraría uno de los últimos procesos de descolonización pendientes del mundo, sino que convertiría al Sáhara Occidental en el pivote de una nueva ecuación de seguridad y legalidad en África del Norte.
Ese es el mérito del plan de 2007: demostrar que, incluso frente al poder, la razón puede seguir siendo una estrategia de Estado.
Madrid 17 de Noviembre (ECS).- El PP, gracias al respaldo de Vox y Sumar, ha sacado adelante este lunes una iniciativa en el Congreso de los Diputados por la que se insta al Gobierno de Pedro Sánchez a que respete sus compromisos de ayuda a los refugiados saharauis y que respete las resoluciones de la ONU en todas sus decisiones relativas al Sáhara Occidental.
Con esta iniciativa, la Comisión de Cooperación Internacional del Congreso aprobó este lunes una iniciativa que insta al Gobierno español a restablecer su responsabilidad histórica con el Sáhara Occidental, garantizar el respeto a las resoluciones de la ONU y cumplir la partida extraordinaria de 7 millones de euros destinada a la población refugiada en los campamentos de Tinduf.
La proposición, presentada por el PP y respaldada por Vox y Sumar, salió adelante con 24 votos a favor y la abstención del PSOE. Los grupos reclamaron más recursos ante la grave situación humanitaria en los campamentos y denunciaron el abandono político que sufren las familias saharauis desde que España cambió unilateralmente su postura para alinearse con Marruecos.
El diputado popular Carmelo Barrio subrayó que España mantiene responsabilidades “históricas y morales” con el pueblo saharaui y criticó al Gobierno por haber roto la “neutralidad activa”, especialmente al cumplirse 50 años de la Marcha Verde y del Acuerdo Tripartito de Madrid, origen de la actual ocupación marroquí.
Desde Sumar, Juan Antonio Valero denunció las “lapidarias” consecuencias de la descolonización inconclusa, las altas tasas de desnutrición en los campamentos y rechazó el plan de autonomía marroquí, que “niega el derecho a la autodeterminación”.
Vox, por su parte, acusó al PSOE de “traición” al pueblo saharaui por haber avalado el giro hacia Rabat.
El socialista David Serrada defendió que la posición del Gobierno es “coherente” y basada en una solución “mutuamente aceptable” bajo la ONU, pero rechazó la iniciativa por considerarla “una maniobra de confrontación política”. El resultado deja un mensaje claro desde el Congreso: España debe recuperar su papel en la defensa del derecho inalienable del pueblo saharaui a la autodeterminación y garantizar sin fisuras la asistencia humanitaria a los refugiados.
El Sahel turbulento, una advertencia sobre la urgencia de una solución justa en el Sáhara Occidental
EDITORIAL
Mientras el Sahel atraviesa la mayor transformación geopolítica de las últimas décadas, el conflicto del Sahara Occidental, a menudo marginado en las agendas internacionales, vuelve a situarse en el centro del tablero africano. Y lo hace con un dato clave: el nuevo equilibrio regional refuerza las posiciones del Frente Polisario y abre espacios inéditos para la causa saharaui.
La expansión de grupos armados de corte yihadista y la fragilidad estatal en el Sahel demuestran lo que el Frente POLISARIO ha señalado durante años que la inestabilidad regional se agrava cuando los conflictos de descolonización quedan irresueltos. La ocupación del Sáhara Occidental no solo viola el derecho internacional; alimenta tensiones, militarizaciones y rivalidades que pueden desbordar fácilmente las fronteras del Magreb y del Sahel. Una solución basada en la autodeterminación real del pueblo saharaui no es solo una cuestión de justicia: es una condición para la estabilidad regional.
El Polisario espera que los cambios en el Sahel refuerzan su demanda de un referéndum en el Sáhara Occidental
El Frente Polisario espera que la reconfiguración geopolítica en el Sahel, marcada por la salida de fuerzas occidentales, el ascenso de nuevos gobiernos y la entrada de nuevos actores internacionales, “subraya la urgencia” de resolver el conflicto del Sáhara Occidental mediante un referéndum de autodeterminación, tal como establecen las resoluciones de la ONU.
Los responsables del Polisario afirman que la inestabilidad regional “pone de manifiesto los riesgos de mantener un conflicto sin resolver” y denuncian que, en su opinión, el estancamiento actual en el Sáhara Occidental se debe a “la falta de voluntad de Marruecos para aceptar una solución que respete el derecho internacional”.
“El Sahel demuestra las consecuencias de ignorar los conflictos de fondo”
Según Crisis Group, la crisis de seguridad en Malí, Burkina Faso y Níger “evidencia cómo las tensiones no resueltas pueden desbordar fronteras”. Durante años el Frente POLISARIO ha advertido que el Magreb y el Sahel están conectados. Si la comunidad internacional desea estabilidad regional, debe empezar por permitir que el pueblo saharaui ejerza el derecho a decidir su futuro.
Críticas a Rabat y preocupación por el bloqueo diplomático
El movimiento saharaui insistió en que no percibe avances en el proceso liderado por el enviado especial de la ONU, Staffan de Mistura, debido —según su valoración— al “bloqueo sistemático” de Marruecos. Fuentes diplomáticas saharauis indicaron que la “parálisis” del Consejo de Seguridad es mayor ahora que Rusia y países africanos aliados han ganado peso en la región, favoreciendo un escenario más complejo para la toma de decisiones. El Polisario también denunció el aumento de la presencia militar marroquí en el territorio que saharaui, y aseguró que desde 2020 se mantiene un “estado de guerra de baja intensidad” a lo largo del muro marroquí, algo que Rabat niega.
Apoyo argelino y nuevo equilibrio africano
Los responsables saharauis consideran que los últimos alineamientos en el Sahel, especialmente la cooperación militar entre Argelia y los países de la Alianza de Estados del Sahel (AES), excepto Mali, “refuerzan la posición de quienes defienden la descolonización del Sáhara Occidental”, aunque evitan vincular directamente la cuestión saharaui con los cambios de gobierno en la región.
Al mismo tiempo, recuerdan que varios Estados africanos mantienen su reconocimiento de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) y que, pese al acercamiento de algunos países a la postura marroquí, “la Unión Africana sigue considerando el conflicto como un caso de descolonización pendiente”.
Argelia, apoya a los saharauis. El gobierno plantea no solo construir un centro minero, sino también industrial, con una red ferroviaria, que posiblemente se conecte con puertos mediterráneos. Quienes llevaron a cabo las obras en Gara Djbeilat, es un consorcio chino, formado por China International Water&Electric, Heyday Solar y Metallurgical Of China, y la empresa pública argelina Feraal.
La República Saharaui, necesita que dos actores claves como Mauritania y Argelia, mantengan su apoyo. A fin de cuentas, le proveen “profundidad estratégica”. Es posible que el liderazgo del Polisario, apueste a los cambios geopolíticos, donde claramente las potencias occidentales, están en pleno retroceso en África. Los cambios políticos en la región de la franja del Sahel, abrieron las puertas a una creciente presencia rusa y china. En el seno de los BRICS, el foro que aglutina a China, Rusia, Brasil, India y Sudáfrica, este último país, es especialmente crítico con la ocupación marroquí, lo que permitió en la cumbre de agosto de 2023, que se aprobara un comunicado, muy moderado, pero por lo menos, colocó en agenda la crisis del Sáhara Occidental, exigiendo una solución de la controversia. El ingreso de Etiopía, a los BRICS, abre nuevas perspectivas para los saharauis, dado que Addis Abeba, reconoció la República Saharaui en 1979 y ambos estados forman parte de la Unión Africana.
Llamado a la ONU y a la comunidad internacional
El Polisario reiteró su llamado a Naciones Unidas para “asumir su responsabilidad histórica” y avanzar hacia un mecanismo vinculante que permita celebrar el referéndum acordado en 1991. Marruecos sostiene que la única solución viable es su propuesta de autonomía bajo soberanía marroquí, presentada en 2007 y respaldada por varios países. El Polisario rechaza esa opción y afirma que solo aceptará una consulta que incluya la independencia como alternativa.
Rabat, buscaría escalar el conflicto, especialmente para que Mauritania reaccione, y quite el apoyo, no oficial a la República Saharaui. No en vano por medio del uso de drones, ataca siempre blancos civiles, donde argelinos y mauritanos perdieron la vida. La escalada hacia una guerra abierta, por ahora queda descartado. Los cambios geopolíticos llegaron al África, y Marruecos se convierte en un bastión de intereses occidentales para sobrevivir. Los golpes de Estado en Malí, Guinea, Burkina y Níger, alejaron a dichos países de sus lazos con Francia y en menor medida con Estados Unidos.
En este panorama, Mauritania, tiene un rol relevante, por su papel en el conflicto saharaui. Neutral, controla de facto la localidad de La Güera, con anuencia de la República Saharaui, a los fines de crear un “cordón” de seguridad. El paso ilegal de Guerguerat juega un papel de “polo de atracción geopolítica”para incrementar la dependencia económica de Mauritania respecto a Marruecos. Nuakchot, consciente de su debilidad, encontró en China un socio ideal, tanto en el plano económico, como militar, dado que las modestas fuerzas mauritanas han recibido material chino, especialmente para su pequeña fuerza naval. El mantenimiento del control de las zonas liberadas por parte de la República Saharaui, se vincula con la propia seguridad de Mauritania, de mantener alejado a Marruecos, que mantiene un claro interés expansionista.
Marruecos se aferra a la ocupación, por muchos motivos, entre ellos el factor interno, dado que el conflicto justifica la represión interna, la exaltación nacionalista y refuerza el rol del rey, distrae a la opinión pública de la pobreza y corrupción, y además el expolio de los recursos pesqueros y mineros, financian la economía marroquí. España apoya la ocupación veladamente, a sabiendas que la pérdida del Sáhara Occidental, significará un conflicto abierto por Canarias, Ceuta y Melilla.
Rabat precisa los conflictos externos como válvula de escape, ante una situación doméstica no muy halagüeña. Los intereses de Francia y Estados Unidos, están vinculados también a intereses económicos, y dado que Marruecos, es uno de los últimos países pro occidentales en África. La pérdida del Sáhara Occidental, incidiría directamente en la estabilidad de la monarquía y su peculiar régimen de equilibrios internos. Razones políticas lo llevan a no reconocer los combates en los muros defensivos, por lo menos abiertamente. Mantiene una postura defensiva y en el plano internacional busca el reconocimiento de la ocupación e imponer el plan de autonomía como única solución.
La deuda con los saharauis
España que tiene un rol central en la resolución del conflicto, es rehén de la presión y, a veces, el chantaje marroquí, como también indirectamente de Francia, aliado de Rabat. Estados Unidos, busca mantener como pueda aliados en África, que cada vez son menos. Egipto, viejo aliado de Washington, mantiene sus vínculos, pero con una visión de mayor autonomía, incorporándose al espacio BRICS en agosto de 2023. Francia, el gran perdedor, tuvo que replegarse del Sahel, y veremos por cuánto tiempo más, mantendrá su influencia en Senegal, Costa de Marfil, Togo, Camerún, por citar los países de la Françafrique.
El resultado de la guerra de Ucrania y Oriente Medio, incidirá en el tablero global. El Norte de África toma nota de su papel en el mundo que se viene, de carácter multipolar, y ello abre una tímida luz de esperanza para el conflicto saharaui, y Rabat deberá tener en cuenta, que no puede vivir eternamente aislado de sus vecinos y ser funcional a la política “divide y reinarás” en la Unión Africana, funcional a los intereses franceses.