¿Qué se sabe del llamado nuevo Plan de autonomía marroquí para el Sáhara Occidental?
Por Carlos C. García – NO TE OLVIDES DEL SAHARA OCCIDENTAL
Madrid (ECS). – Las informaciones difundidas por el digital marroquí Le Desk y recogidas por El País apuntan a que Marruecos ha presentado en Madrid un documento de aproximadamente 40 páginas como versión ampliada de su propuesta de autonomía para el Sáhara Occidental. El texto, según esas publicaciones, no ha sido hecho público oficialmente, pero estaría circulando en forma de resumen o extracto entre diplomáticos y negociadores.
Si lo publicado es correcto, no estamos ante un simple reajuste del plan de 2007, sino ante una propuesta institucional mucho más detallada, concebida para operar como base técnica de negociación bajo auspicio estadounidense y con supervisión de Naciones Unidas.
Una autonomía dentro del Reino
Según El País, el documento prevé la creación de una región autónoma saharaui con parlamento propio, gobierno regional, sistema judicial para materias autonómicas y competencias en ámbitos como educación, sanidad, urbanismo, pesca o economía regional. A primera vista, la arquitectura recuerda a modelos autonómicos europeos.
Sin embargo, tanto Le Desk como El País coinciden en que el Estado marroquí conservaría en exclusiva las llamadas “competencias regalianas”: defensa, relaciones exteriores, moneda, nacionalidad y símbolos de soberanía. Además, toda competencia no expresamente transferida a la región quedaría en manos del Estado central.
Eso significa que el principio de subsidiariedad operaría en sentido inverso al de muchos sistemas autonómicos europeos: en caso de duda, la competencia no sería regional, sino estatal.
El papel del Rey
Uno de los puntos más sensibles publicados hasta ahora es que el jefe del Ejecutivo autonómico sería investido por el Rey de Marruecos. Aunque el presidente contaría con legitimidad parlamentaria regional, la última palabra institucional recaería en el monarca.
Este elemento introduce una dimensión política importante: la autonomía no se configuraría como un poder soberano delegado por el pueblo saharaui, sino como una competencia concedida dentro del marco constitucional marroquí.
Referéndum nacional, no saharaui
El País señala otro aspecto clave: el eventual estatuto debería ser aprobado mediante referéndum nacional marroquí, no únicamente por los habitantes del territorio.
Si esta información es correcta, el sujeto decisor sería el conjunto del cuerpo electoral marroquí. Eso desplaza el eje del debate: la consulta no se plantearía como ejercicio de autodeterminación del pueblo saharaui, sino como validación interna de una reforma territorial del Reino.
Ese detalle, de confirmarse, es probablemente el más políticamente relevante de todo lo publicado.
Símbolos y soberanía
También se ha difundido que en el territorio autónomo solo ondearía la bandera marroquí, sin enseña propia. Puede parecer un elemento simbólico menor, pero en conflictos de soberanía los símbolos son altamente significativos. Indican quién ostenta la titularidad última del poder y quién queda subordinado en el nuevo diseño institucional.
Un plan detallado, pero no público
Lo llamativo es que, pese a hablarse de un texto de 40 páginas, el documento íntegro no ha sido publicado oficialmente. Lo que se conoce procede de filtraciones o resúmenes difundidos por medios marroquíes y recogidos por prensa internacional.
Eso plantea una pregunta política evidente: si se trata de una propuesta destinada a resolver uno de los conflictos más prolongados del continente africano, ¿por qué no hacer público el texto completo?
La transparencia es un elemento central en cualquier proceso que afecte al estatus político de un territorio.
Un punto de inflexión
Si lo publicado hasta ahora refleja fielmente el contenido del documento, el llamado plan de autonomía no redefine el conflicto, sino que lo encuadra definitivamente dentro del orden constitucional marroquí. No abre una vía hacia la autodeterminación; la sustituye por una fórmula de integración territorial bajo soberanía consolidada.
La cuestión ya no sería si hay autonomía, sino quién decide el marco en el que esa autonomía existe. Y, según lo difundido, la respuesta parece clara: no el pueblo saharaui como sujeto político diferenciado, sino el Estado marroquí en su conjunto.
Si esta es la arquitectura real del texto presentado en Madrid, el debate internacional no estará ante una negociación sobre el estatus del Sáhara Occidental, sino ante la formalización jurídica de una posición previamente definida. Y eso cambia profundamente el significado político de lo que está en juego en las próximas rondas diplomáticas.
Origen: El rey de Marruecos se reserva el derecho de investidura del presidente del Sáhara en el plan de autonomía
Carlos C. García – NO TE OLVIDES DEL SAHARA OCCIDENTAL
El Sáhara Occidental ante la traición del derecho: entre la ocupación, el silencio y la manipulación diplomática
Por Ana Stella
Cincuenta años después del inicio de su tragedia moderna, el Sáhara Occidental continúa siendo un territorio secuestrado entre el cálculo político, la hipocresía internacional y la inercia colonial. Lo que debía resolverse mediante un referéndum de autodeterminación se ha transformado en un proceso de absorción de facto por parte de Marruecos, sostenido por alianzas militares, intereses económicos y la pasividad de quienes un día se comprometieron a garantizar la descolonización.
Militarización del territorio ocupado
El desierto saharaui se ha convertido en un laboratorio de guerra. Marruecos ha desplegado en los territorios ocupados nuevas armas de fabricación extranjera, entre ellas drones kamikaze de tecnología israelí, ensayados sobre suelo saharaui. La ocupación no se limita ya al control policial o administrativo: se ha militarizado cada kilómetro de arena.
Esta estrategia persigue tres objetivos: consolidar la soberanía de facto, disuadir al Frente Polisario y proyectar poder regional. La militarización del Sáhara Occidental convierte un territorio pendiente de autodeterminación en un campo de pruebas donde se entierra, con cada explosión, la promesa de un referéndum libre.
Paz regional sin justicia
En paralelo, se habla de un inminente acuerdo de paz entre Marruecos y Argelia, anunciado bajo el pretexto de estabilizar el Magreb. Sin embargo, esa “paz” corre el riesgo de ser una paz sin justicia. Si se construye al margen del pueblo saharaui, no será más que una tregua entre potencias que consolidará el statu quo de la ocupación.
Argelia, históricamente defensora del derecho de autodeterminación, podría verse empujada a aceptar un pacto que debilite su posición tradicional. Estados Unidos y otras potencias impulsan esa reconciliación con fines geoestratégicos: aislar al movimiento saharaui y rifeño, reforzar los corredores energéticos y garantizar estabilidad artificial a cambio de silencio.
La historia demuestra que toda paz impuesta sin reparación acaba convertida en preludio de nuevos conflictos.
La diplomacia del borrado
En el seno de la ONU se gesta un intento de reformular la cuestión del Sáhara Occidental. El nuevo borrador del proyecto de resolución del Consejo de Seguridad pretende reducir el mandato de la MINURSO y redefinir el conflicto como una “disputa regional” en lugar de un proceso de descolonización. En esa reconfiguración semántica se esconde la trampa: al eliminar la palabra “autodeterminación”, se elimina también al sujeto político saharaui.
El plan de autonomía marroquí, promovido con insistencia, se presenta como solución “realista”. En realidad, equivale a legalizar la ocupación, anulando el derecho a decidir que consagra la Carta de las Naciones Unidas. Se quiere cerrar el expediente sin escuchar a los colonizados.
La diplomacia contemporánea se ha vuelto el arte de borrar con elegancia lo que no conviene.
España y el silencio cómplice
España, potencia administradora, asiste al drama con la serenidad del que prefiere no mirar. El gobierno evita cualquier mención directa al Sáhara Occidental, incluso cuando se le pregunta por su responsabilidad histórica. En la esfera mediática, los territorios ocupados aparecen en mapas, reportajes o programas turísticos como parte integral de Marruecos.
No se trata de un error cartográfico, sino de una operación política: borrar el conflicto de la conciencia colectiva española. Esa omisión, más que neutralidad, es complicidad. Un país que abandonó su responsabilidad en 1975 no puede pretender hoy que el asunto no le incumbe.
Marruecos y la diplomacia del poder
El reino alauí ha perfeccionado una política de influencia sostenida en tres pilares:
1. Militarización tecnológica, apoyada por socios israelíes y norteamericanos.
2. Legitimación diplomática, a través de acuerdos bilaterales que sustituyen el derecho por el pragmatismo.
3. Control informativo, orientado a presentar la ocupación como “integración territorial”.
El resultado es una ocupación moderna, disfrazada de progreso y cooperación, respaldada por la complacencia de Occidente. Marruecos ya no necesita justificar su presencia en el Sáhara: la normaliza mediante hechos consumados y un relato cuidadosamente diseñado.
Rusia, equilibrio y límites
Mientras tanto, Rusia mantiene una postura ambigua pero coherente con la legalidad internacional: reconoce las resoluciones de la ONU y el principio de autodeterminación, pero evita confrontar abiertamente a Rabat. Moscú se sitúa en una posición de equilibrio, ofreciendo respaldo diplomático al proceso onusiano y oponiéndose a soluciones unilaterales. Su actitud contrasta con la de las potencias occidentales, que privilegian la estabilidad aparente sobre la justicia real.
Los saharauis: resistencia y memoria
Entre la propaganda y el silencio, el pueblo saharaui sigue existiendo. En los campamentos de refugiados, en la diáspora, en las ciudades ocupadas. Cada aniversario de la Unidad Nacional recuerda que la identidad saharaui no se borra con mapas ni con tratados. Medio siglo de resistencia ha demostrado que ningún muro puede encerrar una causa justa.
Su lucha no es solo política, sino moral: la de un pueblo que exige el cumplimiento de una promesa que la comunidad internacional firmó y después traicionó.
El Sáhara Occidental es hoy un espejo de la degradación del orden internacional. Se habla de paz mientras se entierra el derecho; se invoca la estabilidad mientras se legitima la injusticia. Marruecos ha logrado imponer una ocupación sofisticada, amparada por los intereses de las grandes potencias y por el silencio de España.
Pero los principios no prescriben. Ninguna ocupación, por moderna que sea, puede borrar la evidencia de un pueblo que no ha sido consultado sobre su destino. La justicia internacional no se mide por la fuerza de los tratados, sino por la fidelidad a los compromisos fundacionales: soberanía, autodeterminación y dignidad.
Mientras esos valores sigan pendientes, el conflicto del Sáhara Occidental no habrá terminado.
La iniciativa ignorada que aseguraba la paz: el proyecto del Frente POLISARIO de 2007, la única base sólida para un Magreb estable y soberano
Por Ahemd Omar
EDITORIAL
En diplomacia, como en los negocios, el valor de una idea suele depender menos de su contenido que de la firma que la respalda. La historia del conflicto del Sáhara Occidental ilustra con crudeza esa realidad. En 2007, tanto Marruecos como el Frente POLISARIO presentaron sendas propuestas políticas ante el Consejo de Seguridad. La marroquí, acompañada por un aparato de lobby bien financiado y respaldos estratégicos, fue rápidamente calificada por gobiernos occidentales como “seria y creíble”. La del Frente POLISARIO, en cambio, recibió un silencio institucional que reflejaba más geopolítica que razonamiento. Sin embargo, a la luz del derecho internacional y de la estabilidad regional, fue y sigue siendo la única propuesta con viabilidad real.
El texto del Frente POLISARIO —registrado oficialmente ante el Consejo de Seguridad el 16 de abril de 2007— no es un manifiesto ideológico, sino un diseño técnico de gobernanza. Parte de una premisa jurídica incontestable: el Sáhara Occidental es un territorio no autónomo en proceso inconcluso de descolonización, y Marruecos no tiene soberanía ni título administrativo sobre él. El documento plantea un referéndum bajo supervisión de la ONU, con tres opciones: independencia, integración o autonomía. Esta triple vía es el mecanismo estándar de resolución en contextos de descolonización, probado en Timor-Leste y Namibia.
Lo innovador y pragmático del plan reside en su visión postreferéndum. El POLISARIO ofrece a Marruecos y a los marroquíes residentes en el territorio una red de garantías de estabilidad y cooperación: reconocimiento mutuo de fronteras, acuerdos sobre recursos naturales, participación política y económica de los ciudadanos marroquíes, renuncia recíproca a indemnizaciones y establecimiento de mecanismos de seguridad conjuntos. Es, en esencia, un modelo de integración regional sin subordinación: Marruecos dejaría de ser una potencia ocupante y pasaría a ser un socio estratégico.
Desde una óptica realista, este marco transformaría los costes políticos, militares y económicos del conflicto en beneficios compartidos. Reduciría el gasto marroquí en control militar, mejoraría su reputación internacional y abriría la puerta a una cooperación energética y comercial basada en la legalidad. Para el Sáhara Occidental, consolidaría la soberanía y la legitimidad de un Estado dispuesto a contribuir activamente a la seguridad magrebí y africana.
En contraposición, la llamada “autonomía” marroquí no ofrece gobernanza verificable ni salida jurídica al contencioso. Es una fórmula de control administrativo revestida de concesión política, sin garantías para los saharauis ni beneficios tangibles para la región. Ninguna estabilidad duradera puede surgir de una ocupación ilegal, por muy maquillada que esté.
El plan del Frente POLISARIO es, por tanto, el único que convierte el conflicto en cooperación y la soberanía en seguridad compartida. No busca legitimidad mediante promesas, sino mediante resultados verificables. Si los actores internacionales decidieran medir las propuestas por su viabilidad institucional y no por la influencia del proponente, descubrirían que la solución ya existe desde 2007 —archivada, ignorada, pero intacta en su lógica.
En un Magreb fragmentado y vulnerable, donde la estabilidad se ha vuelto un activo estratégico, el documento del Frente POLISARIO no es un gesto político: es un modelo de arquitectura regional avanzada. Su aplicación no solo cerraría uno de los últimos procesos de descolonización pendientes del mundo, sino que convertiría al Sáhara Occidental en el pivote de una nueva ecuación de seguridad y legalidad en África del Norte.
Ese es el mérito del plan de 2007: demostrar que, incluso frente al poder, la razón puede seguir siendo una estrategia de Estado.
El lehendakari recibe al nuevo delegado saharaui en Euskadi y despide a su predecesor
Vitoria-Gasteiz, 12 de febrero de 2026 (SPS) – El lehendakari del Gobierno Vasco, Imanol Pradales, recibió este miércoles al nuevo delegado del Frente POLISARIO en Euskadi, Mojtar Labuehi Emboiric, y despidió al anterior representante, Mohamed Fadel Ehnia, en un acto protocolario celebrado en la sede del Ejecutivo autonómico, en un acto en el que participaron también la delegada adjunta, Fatma Labeid, y el subdelegado Mohamed Ahnini.
Durante la reunión, ambas partes intercambiaron puntos de vista sobre la actualidad nacional e internacional y repasaron el estado de las relaciones entre el Gobierno y el pueblo vasco con el Gobierno y el pueblo saharaui.
Según fuentes presentes en el acto, el lehendakari reafirmó la “histórica y clara” posición del Gobierno Vasco de apoyo a la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) y su compromiso de seguir fortaleciendo los vínculos de cooperación.
Por su parte, el nuevo delegado saharaui expresó el agradecimiento del Gobierno y del pueblo saharaui a las instituciones y a la sociedad vasca por su acompañamiento permanente a la causa saharaui en los ámbitos político, humanitario y de construcción institucional. (SPS)
Sin acuerdos visibles sobre el Sáhara Occidental
Madrid (ECS). – La reunión celebrada en Madrid en febrero de 2026 sobre el Sáhara Occidental no ha producido acuerdos visibles, pero sí ha dejado una constatación clara: el conflicto está lejos de estar cerrado y vuelve a ocupar espacio real en la agenda internacional. El encuentro, impulsado por Estados Unidos, reunió a representantes de Marruecos y del Frente Polisario en un momento en el que el proceso formal de Naciones Unidas atraviesa una fase de estancamiento. No hubo declaración final, ni foto conjunta, ni anuncio de calendario. Pero el simple hecho de que se produjera el contacto ya indica que algo se mueve.
La información oficial disponible permite, además, separar con claridad los hechos confirmados de las interpretaciones interesadas. La primera confirmación institucional del encuentro llegó desde la Misión de Estados Unidos ante Naciones Unidas. Posteriormente, el asesor del presidente estadounidense para asuntos árabes y africanos confirmó la iniciativa, y finalmente el portavoz del secretario general de la ONU validó públicamente la celebración de las discusiones. Más allá de estas tres declaraciones oficiales, no hay comunicados conjuntos ni detalles sustantivos.
De esos mensajes pueden extraerse algunos elementos relevantes. En primer lugar, ninguno de los comunicados califica el encuentro como “negociaciones”, sino como “discusiones”. En segundo lugar, se confirma la presencia de seis actores: Estados Unidos, Naciones Unidas, Marruecos, el Frente Polisario, Argelia y Mauritania. En tercer lugar, se subraya que las discusiones fueron facilitadas por delegaciones de alto nivel de Estados Unidos y la ONU. Y, finalmente, tanto Washington como Naciones Unidas enmarcan el encuentro en la aplicación de la resolución 2.797 del Consejo de Seguridad. La administración estadounidense insiste, además, en la búsqueda de una solución “mutuamente aceptable” y en la necesidad de un “mejor futuro” para todos los actores regionales.
SAHARA OCCIDENTAL | El Polisario y Marruecos se encaminan hacia negociaciones tras 8 años de bloqueo
Estos datos son escasos, pero significativos. Permiten establecer una base objetiva y distinguir entre información confirmada y lecturas especulativas.
Marruecos acudió con un documento ampliado de su propuesta de autonomía, presentada originalmente en 2007. La novedad no es conceptual, sino de desarrollo: más páginas, más detalle competencial, más precisión institucional. Sin embargo, el núcleo permanece intacto. La soberanía sobre el territorio seguiría siendo marroquí y la autonomía se integraría en el marco constitucional del Reino.
Ahí está el punto central. Porque para el Polisario el debate no es cuánto margen de autogobierno puede concederse, sino quién tiene la titularidad del territorio. La organización insiste en que el Sáhara Occidental sigue siendo un territorio pendiente de descolonización y que cualquier solución debe pasar por el ejercicio del derecho de autodeterminación.
Las posiciones, por tanto, no han cambiado. Lo que sí ha cambiado es el grado de implicación estadounidense. Desde el reconocimiento de la soberanía marroquí sobre el territorio en 2020 por parte de la administración de Donald Trump, Washington introdujo un elemento nuevo en el equilibrio diplomático. Aunque formalmente respalda el proceso del Consejo de Seguridad de la ONU, ese reconocimiento político alteró el marco previo.
La reunión de Madrid confirma que Estados Unidos no se limita a observar. Quiere influir en la evolución del expediente. El motivo no es solo jurídico o histórico. El Magreb es hoy un espacio estratégico clave: energía, seguridad, rutas atlánticas, equilibrio regional. El conflicto saharaui forma parte de ese tablero.
Argelia, aunque no sea parte formal en la negociación de estatus, es pieza determinante. Apoya políticamente al Polisario y mantiene con Marruecos una relación de máxima tensión. Sin una mínima estabilidad entre Argel y Rabat, cualquier fórmula sobre el Sáhara tendrá recorrido limitado. Por eso cada movimiento diplomático en este dossier se lee también en clave regional.
España aparece como escenario y actor indirecto. La reunión se celebró en Madrid, país que fue potencia administradora hasta 1975 y cuya responsabilidad histórica sigue siendo objeto de debate. El respaldo del Gobierno de Pedro Sánchez en 2022 a la autonomía marroquí como “la base más seria y realista” modificó la tradicional posición española de equilibrio. Desde entonces, Madrid gestiona una relación compleja con Rabat y Argel, marcada además por intereses energéticos y migratorios.
Pero más allá de la diplomacia, hay una realidad sobre el terreno que no puede ignorarse. Desde la ruptura del alto el fuego en 2020, el conflicto volvió a una fase de hostilidades de baja intensidad. El Polisario anuncia regularmente acciones militares contra posiciones marroquíes a lo largo del muro que divide el territorio. No es una guerra convencional abierta, pero tampoco es una situación de paz consolidada.
A eso se suma la dimensión económica. El Sáhara Occidental tiene recursos estratégicos y proyección atlántica. La explotación de fosfatos, la pesca y los proyectos energéticos forman parte del cálculo político. Marruecos integra el territorio en su estrategia de desarrollo. El Polisario sostiene que cualquier explotación sin el consentimiento del pueblo saharaui vulnera el derecho internacional. Esta discrepancia no es retórica: ha generado litigios en tribunales europeos y afecta a acuerdos comerciales.
En Madrid no se produjo ningún avance sustancial en estos puntos. Nadie renunció a sus posiciones de fondo. Marruecos no abrió la puerta a un referéndum. El Polisario no aceptó la autonomía como solución cerrada. Naciones Unidas no fue desplazada formalmente del proceso. Y Estados Unidos no anunció una fórmula intermedia concreta.
Entonces, ¿qué representa Madrid 2026? Representa un momento de reactivación diplomática, no una solución. Confirma que el conflicto sigue siendo relevante en la agenda internacional y que ninguna de las partes lo considera definitivamente resuelto. También muestra que las potencias implicadas buscan evitar una escalada regional en un contexto de tensiones crecientes en el norte de África.
Pero el fondo del desacuerdo permanece intacto: soberanía frente a autodeterminación. Mientras esa contradicción no encuentre un punto de encaje, cualquier diálogo será necesariamente provisional.
Para el gran público conviene evitar dos simplificaciones habituales. La primera es reducir el conflicto a una rivalidad entre Marruecos y Argelia. La segunda es darlo por congelado. No es solo un pulso regional, ni está cerrado. Es un expediente jurídico y político abierto desde hace casi medio siglo.
Madrid no ha cambiado esa realidad. Lo que ha hecho es evidenciar que el statu quo tampoco satisface plenamente a nadie. Marruecos busca consolidar internacionalmente su propuesta de autonomía. El Polisario intenta mantener viva la opción de autodeterminación. Estados Unidos quiere estabilidad regional. Europa observa con cautela. Y Naciones Unidas continúa sosteniendo el marco formal.
El momento actual es de movimiento contenido. Hay contactos, pero no concesiones. Hay interés diplomático, pero no redefinición del marco. Hay tensión militar de baja intensidad, pero no escalada abierta.
El futuro inmediato probablemente seguirá esa misma línea: conversaciones discretas, declaraciones medidas y ausencia de anuncios espectaculares. El conflicto del Sáhara Occidental rara vez avanza con gestos abruptos. Se mueve en equilibrios frágiles y tiempos largos.
Madrid 2026 no es un punto de inflexión histórico. Es una señal de que el expediente vuelve a activarse. Si eso desemboca en una negociación real sobre el estatus final o en una nueva fase de gestión prolongada del desacuerdo dependerá de algo muy concreto: si alguna de las partes decide modificar su línea roja.
De momento, eso no ha ocurrido. Y esa es la fotografía real del momento.
Carlos Cristóbal – Plataforma No te olvides del Sáhara Occidental
Origen: Sin acuerdos visibles sobre el Sáhara Occidental
Rusia reafirma su posición sobre el Sáhara Occidental tras la resolución 2797 del Consejo de Seguridad
El diplomático explicó que la abstención rusa se debió a que Moscú no podía respaldar un texto que considera “desequilibrado” y criticó el procedimiento seguido por Estados Unidos como país redactor. Según Solomatin, la gestión del proyecto de resolución se apartó de las prácticas habituales del Consejo de Seguridad al no buscar un consenso amplio entre sus miembros y al evitar un debate detallado sobre el contenido relativo al Sáhara Occidental. En su opinión, el marco de Naciones Unidas para la solución del conflicto sigue plenamente vigente y no puede ser revisado ni sustituido por enfoques unilaterales.
Rusia insiste en que cualquier solución duradera debe ser “justa y aceptable para todas las partes”, conforme a los principios y propósitos de la Carta de la ONU, y debe garantizar el ejercicio libre del derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui. Moscú expresó además su expectativa de que el enviado personal del Secretario General, Stéphane de Mistura, redoble sus esfuerzos para alcanzar una salida política mutuamente aceptable, dentro del marco establecido por Naciones Unidas.
Las declaraciones del embajador se producen en un momento marcado por la reactivación de contactos diplomáticos en torno al conflicto y por el debate sobre el alcance real de la última resolución del Consejo de Seguridad. La entrevista confirma que Rusia mantiene su línea tradicional: defensa del proceso político bajo los auspicios de la ONU, rechazo a enfoques considerados parciales y reafirmación del principio de autodeterminación como base ineludible de cualquier solución.
(Fuente: Entrevista a Alexey Solomatin publicada en El Messa – المساء, 10 de febrero de 2026.)
Arrancan los trabajos de la XLVIII Sesión Ordinaria del Consejo Ejecutivo de la UA
Addis Abeba (Etiopía), 11 de febrero de 2026 (SPS) – Este miércoles dieron inicio en la capital etíope de Addis Abeba, los trabajos de la Cuadragésima Octava (XLVIII) Sesión Ordinaria del Consejo Ejecutivo de la Unión Africana (UA), con la participación del Ministro de Exteriores y Asuntos Africanos saharaui, Mohamed Yeslem Beissat.
Durante la sesión inaugural, el Presidente de la Comisión de la Unión Africana (CUA), Sr. Ali Mahmoud Youssouf, repasó la evolución de la situación internacional y regional, destacando los crecientes desafíos que enfrenta el continente africano, en particular los conflictos armados, las amenazas a la seguridad y las tensiones políticas, con su impacto directo en la estabilidad y el desarrollo. El Presidente de la CUA instó a “fortalecer la acción conjunta africana y a aunar esfuerzos para afrontar estos desafíos de forma que se proteja la seguridad del continente y los intereses de su población”.
Por su parte, el Ministro de Asuntos Exteriores de Etiopía, Sr. Gideon Timotheos, reafirmó “el compromiso de su país de apoyar los esfuerzos de la Unión Africana y sus instituciones”, enfatizando que “la concertación de esfuerzos entre todas las partes interesadas es una prioridad absoluta para construir el futuro del continente; un futuro en el que todos los africanos vivan con justicia y dignidad, garantizando el acceso a todos sus derechos, en plena consonancia con el tema de la actual Cumbre Africana: “Garantizar la disponibilidad sostenible del agua y sistemas de saneamiento seguros para los lograr los objetivos de la Agenda 2063”, considerado un pilar fundamental para lograr la estabilidad y el desarrollo socioeconómico”.
El primer día de la sesión contó con numerosas intervenciones centradas en la necesidad de desarrollar las estructuras de la Unión Africana, la necesidad de invertir en la mejora de la infraestructura hídrica, y la importancia de fortalecer las políticas para el uso racional del agua ante el cambio climático y la creciente demanda de la población de un acceso equitativo y seguro a los servicios de agua y saneamiento para todos los ciudadanos.
Cabe destacar que durante esta sesión se elegirán a diez miembros del Consejo Africano de Paz y Seguridad (CPS), además de elegir y nombrar a tres miembros de la Comisión Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos y siete miembros del Comité Africano de Expertos sobre los Derechos y el Bienestar del Niño.
El Ministro de Asuntos Exteriores de la República SAharaui está acompañado por una delegación compuesta por el embajador y Representante Permanente de la RASD ante la Unión Africana y Etiopía, Lamman Baali; el Embajador y Representante Permanente Adjunto, Maalainin Lakhal; y el Agregado de Prensa y Cultura, Sr. Rguibi Abdallah.
Al margen de la sesión, la delegación saharaui mantuvo varias reuniones bilaterales con los ministros de Asuntos Exteriores de varios Estados miembros de la Unión Africana, examinando formas de fortalecer la cooperación conjunta y apoyar las cuestiones de paz y estabilidad en el continente. (SPS)
Instituto cercano a la órbita de Trump señala el uso de la inmigración como un instrumento de guerra híbrida para debilitar a OTAN, señalando directamente a Marruecos
Un informe del Hudson Institute señala el uso de la migración como herramienta política y pone el foco en Marruecos
Madrid (ECS).— No fue un documento menor el que llegó a las mesas de decisión en el Capitolio. El informe presentado ante el Congreso de Estados Unidos por el instituto conservador, cercano a la órbita de Donald Trump, Hudson Institute, ha reabierto un debate incómodo en el seno de la OTAN y de las relaciones transatlánticas: la utilización de los flujos migratorios como herramienta de presión geopolítica en el marco de lo que se denomina “guerra híbrida”.
El documento, titulado “El arma de la migración masiva: una amenaza de seguridad para Europa y Estados Unidos”, fue expuesto el 10 de febrero de 2026 por Matt Boyse, veterano diplomático con 35 años de experiencia y actual investigador principal del instituto. En su testimonio ante el Comité de Asuntos Exteriores, Boyse defendió que ciertos Estados consideran a los migrantes como “munición humana” dentro de estrategias de desestabilización dirigidas contra países occidentales.
La migración como herramienta de guerra híbrida
El informe parte de una tesis clara: regímenes considerados adversarios —con Rusia en primer plano— estarían instrumentalizando los desplazamientos masivos de población para debilitar la cohesión interna de los aliados de la OTAN. Según el documento, la “migración dirigida” genera tensiones sociales, presión presupuestaria y polarización política, elementos que pueden erosionar la estabilidad de las democracias occidentales.
Boyse sostiene que esta práctica no es nueva. Cita precedentes históricos como el uso de salidas masivas desde Alemania Oriental en 1985, el éxodo del Mariel desde Cuba en los años ochenta o incluso estrategias atribuidas a China. El concepto central es el uso del “caos” como multiplicador estratégico.
En el caso ruso, el informe recoge referencias a pensadores como Aleksandr Duguin y Vladislav Surkov, asociados a doctrinas de desestabilización indirecta, así como episodios recientes en la frontera de Finlandia y Noruega, donde Moscú habría facilitado el tránsito de migrantes hacia territorio europeo en respuesta a sanciones y ampliaciones de la OTAN.
También se analizan casos como la invasión de Ucrania —descrita como el mayor desplazamiento forzoso en Europa desde la Segunda Guerra Mundial—, la crisis siria de 2015 y el papel de Bielorrusia en la presión migratoria sobre Polonia y los países bálticos.
También señala el vínculo con la radicalización y la política interna europea. El informe añade que los flujos migratorios no gestionados pueden tener efectos políticos de largo alcance. Señala el crecimiento de partidos populistas en Europa y advierte sobre el riesgo de infiltración de redes extremistas en contextos de crisis humanitaria. En ese sentido, presenta la migración no solo como fenómeno demográfico, sino como variable estratégica en la competencia global.
Marruecos bajo el escrutinio ¿Advertencia estratégica o mensaje político?
Uno de los apartados que más atención ha generado es el dedicado a Marruecos. En varias páginas, el informe describe a Rabat como un actor que ha sabido convertir su posición geográfica en una herramienta de influencia diplomática frente a la Unión Europea.
El documento recuerda los acontecimientos de 2021, cuando miles de migrantes cruzaron hacia Ceuta y Melilla en un contexto de tensión diplomática entre Madrid y Rabat tras la acogida en España del líder del Frente Polisario, Brahim Ghali. Según el análisis del Hudson Institute, aquel episodio evidenció la capacidad de Marruecos para utilizar la gestión migratoria como instrumento de presión política y chantaje.
El informe sostiene que esta estrategia habría contribuido a un giro histórico en la postura española sobre el Sáhara Occidental, culminando con el respaldo del Gobierno de Pedro Sánchez a la propuesta marroquí de autonomía como solución al conflicto.
Asimismo, se subraya el flujo de miles de millones de euros procedentes de la Comisión Europea hacia países de tránsito, con Marruecos entre los principales beneficiarios, en concepto de cooperación y control fronterizo. El texto sugiere que Europa, en la práctica, externaliza la gestión migratoria a cambio de incentivos financieros, configurando una relación de interdependencia compleja.
Más allá del contenido técnico, la publicación del informe y su presentación formal ante el Congreso estadounidense no pasan desapercibidas en el actual contexto geopolítico. Marruecos es considerado un socio clave de Washington en el norte de África, pero también un actor autónomo que ha reforzado su peso regional en los últimos años.
Algunos analistas interpretan que el énfasis puesto en el “caso marroquí” podría formar parte de un mensaje político más amplio. En un momento de reajustes estratégicos en el Mediterráneo occidental y el Sahel, Washington parece subrayar que la cooperación en materia migratoria y de seguridad debe alinearse con los intereses y prioridades atlánticas.
El informe concluye instando al Congreso a tratar la migración instrumentalizada como un asunto de seguridad nacional y no únicamente como una cuestión humanitaria o fronteriza. La pregunta que queda abierta es si este documento representa simplemente una reflexión académica sobre la guerra híbrida o si constituye también una herramienta de presión diplomática en un tablero donde las alianzas se redefinen constantemente.
En cualquier caso, el debate ya está sobre la mesa: la migración ha dejado de ser solo un fenómeno social para convertirse en una variable central de la competencia estratégica global.
Crisis Group revela que las negociaciones sobre el Sáhara Occidental se celebraron en un formato 4+2, con EE.UU y la ONU como mediadores
Madrid (ECS).- Según un análisis de International Crisis Group, elaborado por Ricardo Fabiani, las recientes conversaciones sobre el Sáhara Occidental han introducido cambios significativos tanto en el formato como en el equilibrio diplomático del proceso. Sin embargo, persisten profundas divergencias que dificultan prever avances sustanciales en el corto plazo.
Uno de los elementos más sensibles sigue siendo el referéndum de autodeterminación. Mientras Argelia y el Frente Polisario insisten en que cualquier solución debe incluir una consulta en la que la independencia figure como opción, Marruecos rechaza tajantemente esa posibilidad. Rabat sostiene que su propuesta de autonomía constituye, en sí misma, una forma válida de autodeterminación. Reducir esta brecha conceptual será, previsiblemente, una tarea compleja para los mediadores.
SAHARA OCCIDENTAL | El Polisario y Marruecos se encaminan hacia negociaciones tras 8 años de bloqueo
Las conversaciones celebradas los días 8 y 9 de febrero en Madrid, en la residencia del embajador de Estados Unidos en Madrid, marcaron el primer encuentro público entre representantes marroquíes y argelinos desde la ruptura de relaciones diplomáticas en 2021. También fueron las primeras negociaciones directas desde 2019 entre el Frente Polisario y Marruecos. En esta ocasión participaron delegaciones ministeriales de Marruecos, el Frente Polisario, Argelia y Mauritania, configurando un formato cuatripartito inédito, según Crisis Group.
El papel de Estados Unidos fue especialmente destacado. Washington no solo acogió las reuniones, sino que asumió un liderazgo visible, con la participación del asesor principal para Asuntos Árabes y Africanos, Massad Boulos, y del embajador ante la ONU, Mike Waltz. La ONU, representada por el enviado personal del Secretario General para el Sáhara Occidental, Staffan de Mistura, actuó como copatrocinadora, aunque con menor protagonismo que en rondas anteriores.
Este nuevo formato supuso un cambio relevante. Hasta ahora, agrega ICG, Argelia y Mauritania habían participado únicamente como “observadores regionales”. En Madrid, en cambio, intervinieron como actores de pleno derecho, pese a que Argelia ha sostenido tradicionalmente que el conflicto es un asunto de descolonización que debe resolverse entre Marruecos y el Polisario.
Washington mueve ficha para desbloquear el contencioso del Sáhara Occidental