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23 julio 2026
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«Mohamed VI y el enigma de un reinado que encubre la ocupación del Sáhara Occidental»

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Entre el 24 y el 29 de agosto de 2025, el diario francés Le Monde ha publicado una serie de seis capítulos titulada «L’énigme Mohammed VI», con la intención de trazar un retrato del monarca marroquí en torno a sus orígenes, su estilo de gobierno, sus relaciones diplomáticas y su uso de la religión como instrumento de poder. La investigación es periodística, analítica y reveladora en muchos aspectos, pero no oculta un sesgo: examina la figura del soberano sin interrogar de raíz la cuestión que determina su permanencia en el trono y su estrategia internacional: la ocupación ilegal del Sáhara Occidental.

«Mohamed VI, el islam y los islamistas»- Le Monde

    Le Monde reconoce las sombras de un reinado marcado por el secretismo, la opacidad del majzén y la fatiga de un sistema que no ha democratizado Marruecos. Pero evita nombrar con claridad la principal herida que sostiene ese autoritarismo: la negación del derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui. Aun así, la lectura de los seis capítulos permite entender cómo el monarca ha tejido su poder en base a una mezcla de herencia dinástica, manipulación de la religión y grandes maniobras diplomáticas en las que el Sáhara siempre ocupa un lugar central.

   El primer capítulo describe el desgaste del poder real, los rumores sobre la salud del monarca y la sensación de vacío en un país gobernado por ausencias. Este “fin de reinado” no puede desligarse de la guerra reanudada en el Sáhara Occidental desde noviembre de 2020, que ha expuesto las fragilidades militares y económicas de Marruecos. Lo que Le Monde observa como un clima de incertidumbre interna es también el reflejo de un régimen que, sin la ocupación saharaui, difícilmente sobreviviría.

   El segundo episodio repasa la infancia y formación de Mohamed VI, marcada por la sombra autoritaria de su padre. Lo que recibe en herencia no es solo el aparato del majzén, sino también una doctrina colonial: la anexión del Sáhara tras la Marcha Verde de 1975, impuesta por Hassan II contra la opinión consultiva de la Corte Internacional de Justicia. Aquí se ve con claridad la continuidad dinástica en la violación del derecho internacional.

    El tercer capítulo muestra el contraste entre las promesas modernizadoras y la realidad de reformas truncadas. La gran ausencia en este análisis es que el bloqueo democrático en Marruecos se explica también por el peso del conflicto del Sáhara Occidental: un Estado que mantiene una ocupación armada y un muro de 2.700 km no puede avanzar en derechos ni en libertades. La democracia muere donde comienza el colonialismo.

    Aquí Le Monde señala con claridad el activismo internacional del monarca, subrayando la relación con Israel y la apuesta por el Sáhara como carta de negociación con Europa y Estados Unidos. El artículo refleja cómo Mohamed VI ha convertido la ocupación en su principal activo diplomático, intercambiando “apoyos” al plan de autonomía por contratos de gas, armas o inversiones. El Sáhara Occidental es presentado como moneda de cambio, no como lo que realmente es: un territorio no autónomo pendiente de descolonización según Naciones Unidas.

   El quinto episodio revela la corte de fieles que rodea al monarca, el poder invisible de consejeros y aparatos de seguridad, y el hermetismo que define la política marroquí. Esos mismos círculos son los que gestionan los contratos de saqueo de los recursos naturales saharauis, desde los fosfatos de Bucraa hasta la energía eólica en Dajla. La “corte secreta” no solo domina Rabat, también administra el expolio de un territorio ocupado.

    El último capítulo analiza el uso que hace Mohamed VI de su título de Comendador de los Creyentes para imponerse sobre el islamismo político y controlar el espacio religioso. La religión es instrumentalizada como un escudo contra las críticas y como legitimidad adicional para la ocupación. El rey se presenta como garante de la estabilidad frente al extremismo, pero omite que la injusticia colonial en el Sáhara Occidental es en sí misma un factor de radicalización y violencia en la región.

Un balance necesario

    El retrato de Le Monde confirma que Mohamed VI gobierna a través de símbolos, rituales y maniobras diplomáticas, más que mediante políticas transparentes. Un monarca rico, distante y opaco, que mantiene su poder gracias a la represión interna y al apoyo de potencias occidentales. Pero lo que la serie apenas menciona es que todo este edificio se sostiene sobre un crimen original: la ocupación del Sáhara Occidental, condenada por la ONU, rechazada por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea y resistida con dignidad por el pueblo saharaui.

    Sin la ocupación, no habría majzén. Sin la ocupación, no habría “grandes maniobras diplomáticas”. Sin la ocupación, Marruecos sería un país obligado a democratizarse. Ese es el verdadero enigma que Le Monde no se atreve a resolver: el poder de Mohamed VI descansa en una colonia que no le pertenece.


Cada capítulo se articula en torno a un eje temático:

1/6 – «Una atmósfera de fin de reinado» (24 de agosto)

Lectura del 1/6 – “Una atmósfera de fin de reinado” (24 de agosto): describe las dudas sobre su salud, sus ausencias y el desgaste de su poder interno.

    El primer capítulo de la investigación de Le Monde describe un clima de incertidumbre y de desgaste que rodea el final de reinado de Mohamed VI. El monarca, en el trono desde 1999, aparece como un soberano cada vez más ausente, marcado por problemas de salud y por largos periodos fuera del país. Esta situación ha alimentado rumores sobre su capacidad de gobernar y ha abierto la puerta a especulaciones sobre una posible sucesión. En las élites marroquíes se percibe un malestar creciente: las instituciones parecen paralizadas, las grandes reformas bloqueadas y el poder concentrado en un círculo muy reducido de consejeros y del aparato de seguridad.

El enigma de Mohamed VI, el rey de las «grandes maniobras diplomáticas» (Le Monde)

   El artículo subraya que el majzén —ese entramado de palacio, familias influyentes y aparato policial y militar heredado de Hassan II— se mantiene como la columna vertebral del sistema, pero con tensiones internas. La falta de visibilidad del rey genera una atmósfera de fin de ciclo, donde se multiplican las maniobras discretas y las lealtades se ponen a prueba. Marruecos, pese a su fachada de estabilidad, atraviesa una fase de fragilidad política en la que la distancia entre la población y la monarquía se ha ensanchado notablemente.

   En este contexto, Le Monde apunta a un contraste llamativo: mientras la propaganda oficial sigue presentando a Mohamed VI como un “rey de los pobres” y garante de modernidad, la realidad es la de un soberano ausente, rodeado de un pequeño núcleo de fieles y sin capacidad de impulsar un proyecto de futuro. La sensación de que el reino vive una “atmósfera de fin de reinado” refleja tanto la erosión del carisma real como la ausencia de un horizonte político claro para Marruecos.

2/6 – «Una juventud a la sombra de Hassan II» (25 de agosto)

LECTURA del 2/6 – “Una juventud a la sombra de Hassan II” (25 de agosto): traza su formación, marcada por la tutela paterna y la continuidad del autoritarismo.

    Este capítulo se centra en la formación de Mohamed VI y en cómo su infancia y juventud estuvieron completamente moldeadas por la figura de su padre, Hassan II. Desde muy pequeño fue educado en el Collège Royal de Rabat, un entorno diseñado para inculcar disciplina, tradición y obediencia a la autoridad, junto con un selecto grupo de futuros altos funcionarios que formaban su círculo de confianza. El propósito era claro: garantizar la continuidad del régimen autoritario, transmitiendo al príncipe heredero las claves del poder y del majzén.

    Le Monde subraya que el joven Mohamed creció bajo una vigilancia constante. Hassan II, marcado por una visión casi absolutista de la monarquía, quería preparar a su hijo no para gobernar de manera autónoma, sino para perpetuar la maquinaria del trono. Esto lo expuso a una educación rígida y elitista, donde el peso de la tradición y la sombra de su padre eran omnipresentes. Las anécdotas recogidas muestran a un príncipe más bien tímido y reservado, muy diferente del carácter autoritario y dominante de Hassan II, lo que alimentaba dudas sobre su capacidad de liderazgo.

    El contraste entre padre e hijo es un hilo central: Hassan II, conocido por su dureza y represión en los “años de plomo”, aparece como un monarca de hierro que ejercía un control absoluto sobre el país. Mohamed, en cambio, se percibía como un heredero más cercano a lo privado, menos dado a la política y con inclinaciones personales que no siempre coincidían con la brutalidad del sistema heredado. No obstante, al llegar al trono en 1999, esta herencia pesaría decisivamente en su estilo de gobierno, obligándolo a convivir entre las expectativas reformistas que despertaba su juventud y la pesada maquinaria autoritaria construida por su padre.

3/6 – «El monarca de las reformas inacabadas» (26 de agosto)

LECTURA del 3/6 – “El monarca de las reformas inacabadas” (26 de agosto): analiza la brecha entre las expectativas modernizadoras y las promesas incumplidas.

   Este capítulo aborda la gran paradoja del reinado de Mohamed VI: las esperanzas de apertura y modernización que suscitó al inicio de su mandato frente a la realidad de unas reformas incompletas, a menudo frustradas o revertidas.

    Cuando accedió al trono en 1999, el nuevo monarca fue recibido con entusiasmo tanto en Marruecos como en el extranjero. Frente a la imagen autoritaria de Hassan II, Mohamed VI encarnaba la promesa de un soberano joven, sensible a los problemas sociales y abierto al diálogo con los movimientos de derechos humanos. Sus primeros gestos parecieron confirmar esta esperanza: liberación de algunos presos políticos, regreso de exiliados, autorización a asociaciones críticas y, sobre todo, la creación de la Instancia Equidad y Reconciliación (IER) en 2004. Esta comisión fue la primera en el mundo árabe en reconocer oficialmente las violaciones de los “años de plomo”.

   Sin embargo, Le Monde subraya que esta apertura inicial nunca llegó a traducirse en una verdadera democratización. La IER, por ejemplo, carecía de competencias para señalar responsables directos de torturas y desapariciones. El majzén mantuvo intacta su estructura y su capacidad de control sobre la vida política y social del país. Al mismo tiempo, el monarca promovió reformas visibles en el terreno económico y de infraestructuras —autopistas, tren de alta velocidad, modernización urbana—, pero estas políticas, aunque impresionantes en imagen, convivieron con graves desigualdades sociales y una creciente concentración de la riqueza en torno a las élites vinculadas a la monarquía.

   En el ámbito político, las reformas de la Constitución de 2011, adoptadas en pleno contexto de las revueltas árabes, parecieron un paso hacia el parlamentarismo. Sin embargo, Le Monde recalca que los cambios fueron más formales que reales: el rey conservó poderes decisivos en materia de seguridad, religión, diplomacia y designación de figuras clave. El sistema continuó girando en torno a la autoridad del monarca, neutralizando cualquier tentativa de instaurar un verdadero equilibrio institucional.

    El capítulo concluye con una idea fuerte: Mohamed VI ha querido dar la imagen de un rey reformista, pero los avances se han quedado a medio camino, lo que ha generado frustración y desconfianza en amplios sectores de la sociedad marroquí. El monarca parece haber preferido preservar la estabilidad del régimen y la supremacía del majzén antes que arriesgarse a abrir un proceso genuino de democratización.

4/6 – «Rey de las grandes maniobras diplomáticas» (27 de agosto)

LECTURA del 4/6 – “Rey de las grandes maniobras diplomáticas” (27 de agosto): detalla su activismo internacional, con especial atención al Sáhara Occidental y la normalización con Israel.

   Este episodio examina cómo Mohamed VI ha convertido la diplomacia en uno de los pilares de su reinado, buscando consolidar tanto la legitimidad interna de la monarquía como el papel estratégico de Marruecos en el tablero internacional.

    El relato de Le Monde comienza destacando que el rey ha hecho del Sáhara Occidental el eje central de su política exterior. Ningún asunto concentra más esfuerzos diplomáticos y económicos que este, considerado por el majzén como “la causa nacional”. Bajo su reinado, Rabat ha desplegado un activismo incansable para lograr apoyos internacionales a su plan de autonomía y para impedir el reconocimiento de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD). Esta prioridad se refleja en los recursos destinados a la presión sobre gobiernos, organismos internacionales y medios de comunicación, así como en la estrategia de firmar acuerdos de asociación económica que incluyan, de facto, el territorio ocupado.

   Más allá del Sáhara, Mohamed VI ha buscado proyectar a Marruecos como un puente entre África, Europa y Oriente Medio. Una de sus grandes bazas fue el retorno del país a la Unión Africana en 2017, tras décadas de ausencia. Esta reintegración no estuvo exenta de polémicas, pero permitió a Rabat reforzar alianzas en el continente y abrir nuevas rutas de influencia hacia el África subsahariana, particularmente a través de bancos, empresas de telecomunicaciones y constructoras marroquíes.

    El capítulo también subraya la apuesta estratégica con Israel. En 2020, Marruecos normalizó relaciones diplomáticas con Tel Aviv, en un movimiento que Le Monde describe como pragmático pero arriesgado. Este acuerdo, auspiciado por la administración Trump, se acompañó del reconocimiento estadounidense de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental. Para Mohamed VI, fue un triunfo diplomático: consolidar la relación con Washington, atraer inversiones tecnológicas israelíes y reforzar el respaldo occidental a su causa saharaui. Sin embargo, la decisión generó malestar en sectores islamistas y en una parte de la opinión pública marroquí, tradicionalmente solidaria con Palestina.

    En el plano europeo, el rey ha cultivado relaciones privilegiadas con Francia y España, aunque marcadas por altibajos. Con París, la relación ha sido simbiótica pero también llena de tensiones: Francia es un aliado histórico, pero las divergencias sobre derechos humanos y las críticas crecientes en medios franceses han generado incomodidad en Rabat. Con Madrid, las crisis diplomáticas —como la acogida médica al líder del Polisario Brahim Ghali en 2021 o la presión migratoria en Ceuta— se han alternado con momentos de entendimiento, sobre todo en el terreno económico y en la cooperación en materia migratoria y de seguridad.

   Le Monde recuerda que la diplomacia real tiene también una dimensión de escenificación personal: Mohamed VI aparece en cumbres africanas, inaugura proyectos con líderes extranjeros y utiliza estas imágenes para contrarrestar las dudas internas sobre su salud o su ausencia de la escena nacional. En este sentido, el rey ha logrado que Marruecos sea percibido como un actor indispensable en temas de energía, seguridad y migración, reforzando la idea de que sin Rabat no hay solución en el Mediterráneo ni en el Sahel.

   El capítulo concluye resaltando la paradoja: si bien Mohamed VI ha alcanzado notables éxitos diplomáticos, sobre todo en la cuestión del Sáhara y en el plano africano, estos triunfos internacionales contrastan con los límites de su acción interna. El rey aparece así como un soberano más eficaz en la escena global que en la resolución de los problemas estructurales de su propio país.

5/6 – «El majzén y el arte de los secretos de palacio» (28 de agosto)

LECTURA del 5/6 – “El majzén y el arte de los secretos de palacio” (28 de agosto): examina el núcleo duro de su poder, los fieles que le rodean y las rivalidades internas.

   Este episodio se adentra en el núcleo duro del poder en Marruecos, el majzén, y en la manera en que Mohamed VI ha organizado y gestionado su entorno más próximo. Le Monde describe un universo cerrado, hermético y marcado por la opacidad, donde la influencia política depende menos de las instituciones que de las lealtades personales y de la capacidad de mantenerse cerca del monarca.

   El majzén no es solo un concepto histórico ligado a la corte real y a las estructuras tradicionales de autoridad; bajo Mohamed VI se ha transformado en una constelación de consejeros, altos funcionarios, empresarios y militares que orbitan en torno al palacio. Este círculo restringido concentra las decisiones estratégicas del país, relegando al gobierno y al parlamento a un papel secundario, casi decorativo. El rey escucha, filtra, arbitra, pero nunca delega del todo: su estilo de gobierno es personalista, basado en la confianza y en la discreción.

    Uno de los nombres más influyentes es Fouad Ali El Himma, amigo de infancia del monarca y su consejero más cercano. Junto a él, destacan figuras como André Azoulay, asesor judío sefardí especializado en comunicación y relaciones internacionales, y Mohamed Mounir Majidi, secretario particular del rey, encargado de gestionar tanto su fortuna personal como parte de los negocios del palacio. Este triángulo de poder refleja el modo en que Mohamed VI gobierna: entre la política, la imagen exterior y los intereses económicos de la monarquía.

    La opacidad es un rasgo central del sistema. Le Monde subraya que el majzén funciona como un laberinto de secretos y silencios: las decisiones se toman sin transparencia, los rumores sustituyen a los comunicados oficiales, y la corte se convierte en escenario de rivalidades internas. Los ministros y altos cargos viven en permanente incertidumbre: pueden ser promocionados de un día para otro o caer en desgracia sin explicaciones. Esta imprevisibilidad refuerza la autoridad real, pues nadie fuera del círculo más íntimo puede anticipar las decisiones estratégicas del monarca.

    El artículo también destaca el uso del majzén como herramienta de control social. A través de él se canalizan favores, concesiones económicas y nombramientos, creando una red clientelar que asegura lealtades. El poder no se ejerce solo con la represión o la policía —aunque estas sean omnipresentes—, sino también con la capacidad de recompensar a quienes sirven al palacio. La corrupción, señala Le Monde, se convierte así en un lubricante del sistema.

    Otro aspecto es la gestión de la imagen del rey. El majzén se encarga de proteger la figura de Mohamed VI, construyendo un aura de inviolabilidad y cultivando el misterio en torno a su salud, sus viajes y su vida privada. La escasez de apariciones públicas y la ausencia de explicaciones oficiales alimentan la especulación, pero también refuerzan la idea de un poder inaccesible, por encima del juego político cotidiano.

  Le Monde describe este sistema como un equilibrio inestable: por un lado, garantiza la supervivencia del régimen al aislar al rey de la crítica directa; por otro, genera desconfianza, opacidad y frustración en la sociedad. El majzén aparece como un mecanismo eficaz para perpetuar la autoridad real, pero incapaz de abrir espacios de transparencia o de participación democrática.

    En conclusión, el capítulo muestra que el verdadero poder en Marruecos no reside en las instituciones oficiales, sino en el círculo invisible del majzén. Mohamed VI gobierna a través de secretos, lealtades personales y una red de intereses que mezcla política, economía y simbolismo religioso. Esta fórmula asegura la continuidad del régimen, pero también lo condena a la parálisis en términos de democratización y apertura.

6/6 – «El islam y los islamistas» (29 de agosto)

   LECTURA del 6/6 – “El islam y los islamistas” (29 de agosto): concluye la serie mostrando cómo Mohamed VI utiliza su título de Comendador de los Creyentes para consolidar su autoridad, desactivar a los islamistas y reforzar el papel de la religión como soporte del régimen.

    Este último episodio de la investigación de Le Monde pone el foco en el uso que Mohamed VI hace de su título de «Comendador de los Creyentes» (Amir al-Muminin) para legitimar su autoridad, neutralizar la oposición islamista y situarse por encima del juego político y constitucional en Marruecos. El reportaje recuerda que este título, oficializado en la Constitución de 1962 bajo Hassan II, remite a la tradición califal y confiere al monarca un aura religiosa singular en el mundo árabe-musulmán.

    El artículo arranca con un ejemplo reciente: en febrero de 2025, Mohamed VI pidió públicamente a los marroquíes que no sacrificaran carneros en la fiesta del Aid el-Adha debido a la crisis climática y económica que había reducido drásticamente el número de cabezas de ganado. La mayoría de la población acató la recomendación, una prueba del peso de su autoridad espiritual y de su capacidad de intervención en rituales colectivos. Ningún otro dirigente árabe o musulmán, recuerda Le Monde, se atrevería a dar una directriz de ese tipo.

    Históricamente, el estatuto religioso del monarca fue consolidado por el protectorado francés, cuando el mariscal Lyautey fomentó el prestigio espiritual del sultán para alejarlo de la política. Hassan II convirtió esa herencia en una herramienta de poder político, y Mohamed VI ha seguido la misma línea, manteniendo rituales como los «Dourous hassaniya» durante el ramadán, aunque con un papel más pasivo y ceremonioso.

    El texto subraya también los límites: esta legitimidad religiosa ha servido para bloquear aperturas mayores, como la introducción de la libertad de conciencia en la Constitución de 2011, una demanda de los sectores progresistas que fue rechazada por la monarquía. El islam oficial marroquí sigue siendo tolerante y pragmático, pero sin reconocer derechos como la posibilidad de abandonar la fe musulmana.

    El gran desafío, según Le Monde, no es el islam en sí, sino el islamismo en sus distintas vertientes. Mohamed VI detesta a los islamistas, “tanto su proyecto político como su manera de vivir”. En Marruecos, la corriente se divide en tres ramas: el Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD), legal e integrado en el sistema político; el movimiento Al-Adl wal-Ihsane, tolerado pero no legalizado; y los grupos yihadistas vinculados a Al-Qaida o al Estado Islámico.

    Tras los atentados de Casablanca en 2003 y el de Madrid en 2004, el régimen desplegó una doble estrategia: represión y control religioso. Miles de detenciones, juicios masivos, colaboración con la CIA en vuelos secretos, y al mismo tiempo, reorganización del campo religioso: centralización del poder en manos del rey, control de los imanes, impulso de las cofradías sufíes y creación de instituciones como el Consejo Superior de Ulemas (2009) o el Instituto de Formación de Imanes (2014). Todo ello apuntaba a construir un islam “del justo medio” y exportar este modelo hacia África como instrumento de soft power.

    El capítulo recuerda igualmente la reforma de la Moudawana (código de familia) en 2004, una modernización parcial pero importante en materia de derechos de las mujeres, aunque limitada por las resistencias sociales y judiciales. Una “Moudawana 2” está en preparación, centrada en la protección de mujeres y niños en casos de divorcio.

    En política, el rey logró desgastar al PJD, que tras sus victorias de 2011 y 2016 acabó siendo neutralizado mediante una estrategia de desgaste: vetos para formar gobierno, pérdida de popularidad con decisiones impopulares (fin de subsidios, legalización del cannabis terapéutico, refuerzo del francés en la enseñanza, normalización con Israel). El fracaso electoral de 2021, sustituido por la victoria de Aziz Akhannouch, confirmó la capacidad del palacio para absorber y luego desactivar a los islamistas.

     El artículo concluye mostrando los múltiples contrastes del monarca: un rey que se presenta como moderado y tolerante, pero que controla férreamente la religión y la política; que se inquieta por el auge de la islamofobia en Francia, pero recibe con alfombra roja a partidos franceses de extrema derecha favorables al Majzén; un monarca más cercano y “modesto” que su padre, pero mucho más rico, lejano y aficionado a reinar sin gobernar.


Un balance general

    Con esta serie, Le Monde propone una visión de conjunto en la que se dibuja el retrato de un monarca en permanente contradicción. Mohamed VI reina desde la opacidad, refugiado en un poder basado en símbolos religiosos, rituales cortesanos y maniobras diplomáticas, mientras que en el plano interno Marruecos sigue marcado por el autoritarismo del majzén y por una falta estructural de reformas.

    El balance es claro: a pesar de los gestos iniciales que hicieron pensar en un “rey de los pobres” y en una apertura modernizadora, el soberano no ha democratizado ni modernizado realmente el país. La concentración del poder en sus manos y en las de un pequeño círculo de fieles ha reforzado la dependencia de redes clientelares, del aparato de seguridad y de decisiones tomadas a puerta cerrada.

    La serie insiste en que Mohamed VI es un soberano atrapado en la herencia de Hassan II y en la maquinaria del majzén, un sistema que combina tradición, represión y pragmatismo exterior para garantizar la continuidad del régimen. El monarca proyecta al exterior la imagen de un estratega internacional y de un Comendador de los Creyentes, pero hacia dentro gobierna con una mezcla de distanciamiento personal, opacidad institucional y control férreo de la disidencia.

   El conjunto de los seis capítulos muestra a un Marruecos donde la modernización económica coexiste con graves desigualdades sociales, donde la diplomacia es utilizada para reforzar la ocupación ilegal del Sáhara Occidental, y donde la religión se instrumentaliza para frenar a los islamistas y consolidar la figura real. En este marco, Mohamed VI aparece no como un reformador frustrado, sino como el garante de un sistema inmóvil que reproduce las mismas lógicas de poder heredadas de su padre.

    En definitiva, Le Monde presenta al rey como un hombre que ha sabido mantener la estabilidad de su trono, pero al precio de hipotecar la apertura política y de prolongar un modelo de poder personalista y cerrado, en el que la incertidumbre sobre la sucesión pesa cada vez más sobre el futuro del reino.

«No Te Olvides del Sáhara Occidental»

GLOBALG.A.P. legitima la ocupación marroquí en el Sáhara Occidental con un sello de “responsabilidad”

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Partido Popular Europeo pide la exclusión del Sáhara Occidental del acuerdo comercial UE-Marruecos

    Según la investigación de Western Sahara Resource Watch (WSRW), varias compañías marroquíes que operan en Dajla, en tierras ocupadas tras la invasión de 1979, aparecen registradas en el sistema de certificación. Estas explotaciones agrícolas, propiedad de intereses vinculados a la monarquía marroquí, a políticos del majzén y a capital franco-marroquí, no solo se benefician de permisos emitidos por Rabat, sino que además son presentadas al mundo como ejemplos de agricultura “responsable”. Nada más lejos de la realidad: son el instrumento económico de una colonización prohibida por la legalidad internacional.

Tres aspectos resultan particularmente graves:

  • La legitimación de la ocupación: al certificar a estas empresas, GLOBALG.A.P. blanquea la anexión y refuerza la estrategia marroquí de integración forzosa del territorio ocupado.

  • La negación de los derechos saharauis: la población legítima, desplazada a campamentos de refugiados o sometida a represión en las zonas ocupadas, no ha dado su consentimiento ni se beneficia de estos proyectos.

  • El engaño a los consumidores europeos: los certificados falsifican el origen geográfico, situando las plantaciones en “Marruecos”, cuando en realidad se encuentran en un territorio “separado y distinto” según el derecho internacional.

La contradicción es flagrante. Mientras la Corte de Justicia de la Unión Europea (TJUE) dictaminó el 4 de octubre de 2024 que el único titular del derecho a decidir sobre los recursos del Sáhara Occidental es el pueblo saharaui, GLOBALG.A.P. opta por ignorar este principio, aplicando la legislación del ocupante marroquí como si el territorio le perteneciera. En palabras del tribunal, “el derecho a la autodeterminación pertenece al pueblo del Sáhara Occidental y no a la población general actualmente residente en el territorio, compuesta en su mayoría por colonos marroquíes”.

Resulta inaceptable que GLOBALG.A.P., que se presenta como garante de “comunidades agrícolas responsables”, equipare la noción de “población local” con los colonos trasladados ilegalmente por Marruecos. Esta lógica no solo es un fraude moral y jurídico, sino que vulnera directamente las Convenciones de Ginebra, que prohíben el traslado de población civil a territorios ocupados.

Empresas israelíes se lanzan a buscar oro en el Sáhara Occidental ocupado

La PLATAFORMA No Te Olvides del Sáhara Occidental alerta de que estos certificados engañosos están siendo utilizados para introducir en los mercados europeos productos agrícolas manchados por la ocupación, burlando las sentencias de la justicia europea y silenciando el derecho de un pueblo colonizado. Que GLOBALG.A.P. hable de “responsabilidad” mientras avala a empresas que operan en tierras robadas constituye una burla a los principios más elementales del derecho internacional.

No existe agricultura “responsable” en un territorio ocupado, ni desarrollo “sostenible” bajo represión y expolio. Lo que hay en el Sáhara Occidental ocupado son megaplantaciones que roban el agua, el suelo y el futuro al pueblo saharaui, y que sirven de excusa para atraer a miles de colonos marroquíes en un intento sistemático de cambiar la demografía y enterrar el referéndum de autodeterminación.

La PLATAFORMA exige a GLOBALG.A.P. que retire de inmediato toda certificación a empresas marroquíes en el Sáhara Occidental y que reconozca públicamente que el territorio no forma parte de Marruecos. Exigimos además a las autoridades de la Unión Europea y a las agencias de consumo que vigilen y sancionen el fraude en el etiquetado, así como a los distribuidores que cesen de comercializar productos procedentes de la ocupación.

El Sáhara Occidental no necesita sellos de “responsabilidad” dictados por empresas cómplices de la colonización. Lo que necesita es el respeto a la legalidad internacional y al derecho de su pueblo a vivir libre e independiente en su tierra.

«Mohamed VI, el islam y los islamistas»- Le Monde

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«No Te Olvides del Sáhara Occidental»

El diario francés Le Monde publica este 29 de agosto de 2025 el sexto y último episodio de su serie «El enigma Mohamed VI», firmado por Christophe Ayad y Frédéric Bobin, bajo el título «Mohammed VI, l’islam et les islamistes». Este capítulo analiza cómo el monarca marroquí utiliza su papel de Comendador de los Creyentes para reforzar su legitimidad y neutralizar a los islamistas, presentándose como el garante único de la fe y de la unidad nacional.

   Según relata Le Monde, el 26 de febrero de 2025 Mohamed VI pidió a los marroquíes que no sacrificaran corderos para la fiesta del Aïd-el-Adha, una tradición profundamente arraigada en la sociedad. El motivo: la sequía prolongada, la caída del ganado y la subida de precios. «El cumplimiento del ritual en estas condiciones difíciles podría perjudicar a los habitantes de ingresos bajos», justificó el rey en un discurso televisado.

Complot en el palacio real de Rabat: documentos filtrados

    El 7 de junio, sin embargo, el monarca protagonizó ante las cámaras un sacrificio simbólico de dos carneros —uno para su familia y otro para la comunidad—, en un gesto que mostraba que él mismo preservaba la tradición aunque dispensara a sus súbditos de cumplirla. La prensa francesa subraya que la mayoría de los marroquíes acataron la orden real, evitando un gasto que en muchos casos supera los 600 euros, cuando el salario mínimo en el país apenas roza los 300.

   Le Monde interpreta esta secuencia como una prueba de que Mohamed VI sabe utilizar su estatus religioso como instrumento político. En su condición de Comendador de los Creyentes, herencia dinástica que confiere un aura casi sagrada, puede reconfigurar prácticas religiosas a su conveniencia y presentarse como árbitro supremo de la fe. De esta forma, desactiva a los islamistas, a quienes deslegitima al acusarles de politizar el islam.

   Sin embargo, lo que el artículo apenas menciona y que desde la plataforma «No Te Olvides del Sáhara Occidental» debemos subrayar, es que esta “sacralidad” no es solo un recurso religioso, sino la coartada perfecta para blindar un régimen autoritario. Mohamed VI no utiliza el islam para proteger a su pueblo, sino para perpetuar un sistema de dominación, el majzén, que controla la vida política, económica y social del país, y que sostiene la ocupación ilegal del Sáhara Occidental.

   El islam “oficial” que promueve la monarquía marroquí se convierte en una herramienta para callar a cualquier disidencia, ya sea de corte islamista, democrático o saharaui. En nombre de la religión, se acalla la protesta, se justifica la represión y se invisibiliza la lucha del pueblo saharaui por la autodeterminación. El discurso religioso es así un mecanismo más de control colonial y de legitimación de lo ilegítimo.

   La paradoja, como señala el propio Le Monde, es que esta centralidad religiosa también refleja una fragilidad. En un país golpeado por la sequía, las desigualdades y la falta de libertades, la legitimidad del rey depende cada vez más de símbolos y rituales. La dependencia excesiva del aura sagrada del monarca pone en evidencia la falta de instituciones democráticas y de un proyecto político capaz de responder a las necesidades reales de la población.

   El sexto episodio de la serie concluye, según Le Monde, que el futuro del reino está íntimamente ligado a este equilibrio precario entre religión y política. Desde nuestra perspectiva, lo que demuestra es que Mohamed VI ha convertido el islam en un instrumento de poder personal y en un escudo para prolongar tanto la opresión interna sobre el pueblo marroquí como la ocupación colonial sobre el pueblo saharaui.

El enigma de Mohamed VI, el rey de las «grandes maniobras diplomáticas» (Le Monde)

El enfoque de Le Monde sobre “L’énigme Mohammed VI”

   El diario francés Le Monde ha publicado una serie de seis episodios titulada “L’énigme Mohammed VI”, entre el 24 y el 29 de agosto de 2025. Su propósito es ofrecer un retrato del monarca marroquí desde distintos ángulos —biográficos, políticos, diplomáticos y religiosos—, explorando tanto su figura personal como los mecanismos del poder en Marruecos.

   El tono general de la investigación es periodístico y analítico, con énfasis en las paradojas del reinado: un rey que heredó de Hassan II un aparato autoritario (el majzén), que en sus primeros años cultivó una imagen reformista, pero que con el tiempo se ha vuelto cada vez más opaco, personalista y dependiente de un reducido círculo de fieles y del aparato de seguridad.

Cada capítulo se articula en torno a un eje temático:

PLATAFORMA «NO TE OLVIDES DEL SAHARA OCCIDENTAL»

Este artículo de análisis, publicado por la PLATAFORMA «No Te Olvides del Sáhara Occidental», se apoya en el sexto episodio de la serie «L’énigme Mohammed VI» publicado por Le Monde el 29 de agosto de 2025.

Sáhara Occidental | El Frente POLISARIO y el Movimiento de Resistencia Nacional (NRM) de Uganda

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Por Ana Stella 

   Madrid (ECS).— El Movimiento de Resistencia Nacional (NRM) gobierna Uganda desde 1986 bajo el liderazgo de Yoweri Museveni. Es un partido de derecha, cuyos principios combinan nacionalismo, conservadurismo social y liberalismo económico. Según su perfil oficial, se opone al socialismo desde 1987, y solo por trayectoria histórica se remonta a él.

  Uganda es un país mayoritariamente cristiano. El NRM integra esos valores en su narrativa política: aboga por la unidad, el orden y una economía de mercado sustentada en principios tradicionales y religiosos.

   La relación entre el Frente Polisario y el NRM tiene base histórica y diplomática. Uganda reconoció formalmente la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) en septiembre de 1979, poco después de su fundación. Ese gesto abrió vínculos diplomáticos que han persistido.

    El 26 de agosto de 2025, el presidente del Consejo Nacional Saharaui, Hamma Salama, llegó a Kampala para participar en el congreso del NRM, representando al presidente y líder del Polisario, Brahim Ghali. Su presencia no fue simbólica. Al día siguiente destacó los lazos históricos entre ambos movimientos y su lucha compartida contra el colonialismo en África. En el mismo congreso mantuvo reuniones bilaterales con líderes de partidos africanos, lo que incluyó el apoyo político al Polisario.

   Este encuentro reafirma que la alianza entre el Polisario y el NRM obedece a una convergencia estratégica de solidaridad anticolonial y visión africana. Asimismo, desmonta la narrativa marroquí que sigue presentando al Polisario como “un movimiento comunista” para aislarlo, cuando en realidad mantiene contactos tanto con partidos progresistas como con gobiernos conservadores y confesionales en África y fuera de ella.

   Otro elemento relevante es que Uganda, bajo el NRM, forma parte desde 1964 del Movimiento de Países No Alineados (NOAL). En enero de 2024 acogió en Kampala la cumbre del movimiento, donde se condenó la ofensiva israelí en Gaza y se exigió un alto el fuego inmediato. Este dato muestra cómo el NRM articula una política exterior que combina lazos bilaterales con países como Israel en ámbitos técnicos y de seguridad, con una posición de crítica en foros multilaterales, reforzando su identidad de país no alineado. Esta doble vía permite al Polisario encontrar en Uganda un interlocutor coherente con la tradición de solidaridad del NOAL hacia causas de liberación nacional.

   El NRM es un partido cristiano conservador de derechas con gobierno hegemónico en Uganda. Su alianza con el Polisario va más allá de etiquetas ideológicas: se basa en la resistencia anticolonial africana y en el reconocimiento mutuo. El Polisario, lejos de ser de izquierdas, es un frente nacionalista cuya flexibilidad le permite tejer alianzas con actores diversos, desde movimientos progresistas hasta gobiernos de derecha.

   La colaboración en 2025 estrecha la red diplomática del Polisario y muestra que puede aliarse también con fuerzas políticas de corte tradicional. La pertenencia de Uganda al NOAL refuerza esta conexión, inscribiendo la causa saharaui en el marco más amplio de las luchas de descolonización apoyadas históricamente por el movimiento.

Sáhara Occidental | Nueva victoria para la República Saharaui en Abuja

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   Madrid (ECS).- Apoyada en la legalidad internacional, la causa saharaui continúa acumulando victorias en los foros internacionales, frustrando las maniobras del ocupante marroquí que pretende imponer una falsa “realidad colonial”. La más reciente se produjo en Abuja (Nigeria), donde la delegación militar de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) participó de manera destacada en la Cumbre de Jefes de Estado Mayor africanos, celebrada entre el 25 y el 27 de agosto.

   Invitada oficialmente por el jefe del Estado Mayor de Nigeria, general Christopher Musa, la delegación saharaui estuvo encabezada por el general Fadel Mohamed Breica, director central de inspección y cuadro del Estado Mayor saharaui. Durante el encuentro, Breica mantuvo reuniones con diversas delegaciones militares africanas, intercambiando experiencias y propuestas en materia de seguridad continental. La presencia saharaui desbarató las tentativas marroquíes de invisibilizar a la RASD: el representante del ejército de ocupación marroquí apareció incluso en una foto oficial junto al delegado saharaui, símbolo incontestable de la legitimidad de la RASD en África.

Mohamed Fadel Breica, general del ejército saharaui en la cumbre de Abuja. SPS.

    El coronel Sid Ibrahim Mulay Zain, asesor del Ministerio de Defensa saharaui, subrayó en declaraciones a la agencia APS que la participación de la RASD enriqueció los debates del foro africano, especialmente por la experiencia del Ejército de Liberación Popular Saharaui en la lucha contra el terrorismo, el narcotráfico y el crimen organizado transfronterizo. Recalcó además que la guerra de desgaste contra Marruecos no solo continúa, sino que golpea duramente la economía del ocupante.

   En paralelo, el diplomático saharaui Malainin Lakhal, representante adjunto ante la Unión Africana, celebró la creciente proyección internacional de la RASD y adelantó que su país participará en dos importantes cumbres en Addis Abeba en septiembre: el encuentro entre la UA y los países del Caribe, y la Cumbre Africana sobre el Clima. «La participación de la República Saharaui en pie de igualdad con todos los Estados miembros, incluido Marruecos, es una prueba clara de su reconocimiento real como realidad continental e internacional indiscutible», afirmó.

   Este nuevo éxito diplomático confirma lo que las Naciones Unidas han reiterado durante décadas: el Sáhara Occidental sigue siendo un territorio pendiente de descolonización y el pueblo saharaui tiene derecho inalienable a la autodeterminación y la independencia.

Partido Popular Europeo pide la exclusión del Sáhara Occidental del acuerdo comercial UE-Marruecos

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    Madrid (ECS).- La delegación española del Partido Popular Europeo (PPE), el mayor grupo político del Parlamento Europeo, ha solicitado la revisión del acuerdo comercial de la UE con Marruecos para excluir explícitamente los productos procedentes del Sáhara Occidental.

Marruecos y el fin del saqueo económico del Sáhara Occidental

     En una intervención el 17 de julio de 2025 ante la Comisión de Peticiones del Parlamento, la eurodiputada española Carmen Crespo advirtió de lo que describió como un «desequilibrio inaceptable» en el mercado de frutas y hortalizas de la UE, causado por el aumento de las importaciones marroquíes y la ausencia de garantías adecuadas para los productores de la UE. Exigió mecanismos de reciprocidad, cuotas de importación vinculantes, controles más estrictos y, sobre todo, la exclusión de los productos procedentes del Sáhara Occidental ocupado.

    Las declaraciones de Crespo se produjeron cinco días antes de que la Comisión Europea solicitara al Consejo de la UE abrir nuevas conversaciones comerciales con Marruecos, incluyendo de nuevo al Sáhara Occidental, como reveló WSRW a principios de esta semana.

    Los agricultores de la UE, y en particular los españoles, se han visto afectados negativamente por la inclusión, durante una década, de las explotaciones agrícolas marroquíes del Sáhara Occidental ocupado en el acuerdo comercial entre la UE y Marruecos.

    Crespo, quien también preside la Comisión de Pesca del Parlamento Europeo, mencionó la sentencia de octubre de 2024 del Tribunal de Justicia de la UE (TJUE), que confirmó que el Sáhara Occidental es un territorio «distinto y separado» de Marruecos, y que su inclusión en cualquier acuerdo entre la UE y Marruecos requiere el consentimiento del pueblo saharaui. Criticó la continua llegada de productos del Sáhara Occidental con etiquetas marroquíes, afirmando que esto viola el derecho internacional, engaña a los consumidores europeos y distorsiona la competencia.

Empresas israelíes se lanzan a buscar oro en el Sáhara Occidental ocupado

La declaración también exigió a Marruecos que indemnizara a la UE si se confirmase la presunta evasión fiscal, estimada por Crespo en hasta 70 millones de euros.

    El grupo del Partido Popular Europeo (PPE) se ha alineado históricamente con la postura de Marruecos sobre el Sáhara Occidental en el Parlamento Europeo, apoyando con frecuencia acuerdos aplicables al territorio ocupado a pesar de la jurisprudencia inequívoca del TJUE. El grupo se ha opuesto en general a los intentos de excluir explícitamente al Sáhara Occidental de los acuerdos comerciales o pesqueros de la UE, aunque varios de sus eurodiputados, especialmente del norte de Europa, han discrepado.

     En 2019, años después de que el Tribunal de Justicia de la UE dictaminara que aplicar dichos acuerdos al Sáhara Occidental sin el consentimiento saharaui es ilegal, el PPE apoyó abrumadoramente un acuerdo comercial revisado que incluía explícitamente al Sáhara Occidental en su ámbito de aplicación. Ese mismo acuerdo fue revocado de nuevo por el Tribunal de Justicia de la UE en octubre de 2024. Vea aquí el voto de cada eurodiputado en la votación de 2019.

    Al mismo tiempo, la mayoría de los eurodiputados, incluida la mayor parte de la delegación del PPE, rechazaron una propuesta para remitir primero el acuerdo comercial revisado al Tribunal de Justicia de la UE para su revisión judicial. Esto ocurrió a pesar de las advertencias de los agricultores españoles de que el acuerdo perjudicaría a los propios productores de frutas y hortalizas de la UE.

  “Si bien la postura actual del PPE español se presenta como una defensa de los agricultores de la UE, su reconocimiento de la postura del TJUE sobre el Sáhara Occidental es un avance positivo”, declaró Sara Eyckmans de WSRW.

   “Estas mismas sentencias también se aplican al Acuerdo de Pesca entre la UE y Marruecos. Por lo tanto, animamos al PPE español a ser coherente y a apoyar la armonización de todos los acuerdos de la UE, incluidos los de pesca, con la legalidad y con el derecho del pueblo saharaui a decidir sobre sus propias tierras y recursos”.

El Sáhara Occidental ha sido catalogado por la ONU como Territorio No Autónomo desde 1963. Marruecos lo invadió en 1975, desafiando a la ONU y a la Corte Internacional de Justicia, que no encontraron vínculos de soberanía entre Marruecos y el territorio. En diez sentencias consecutivas desde 2015, el TJUE ha sostenido que el Sáhara Occidental es independiente de Marruecos y que cualquier acuerdo que lo abarque requiere el consentimiento del pueblo saharaui, representado por el Frente Polisario.

El TJUE dictaminó por primera vez que la aplicación del Acuerdo Comercial UE-Marruecos era ilegal en el Sáhara Occidental en 2016. Una versión modificada, para la que no se solicitó ni obtuvo el consentimiento saharaui, fue nuevamente anulada en octubre de 2024, permitiéndose su aplicación solo hasta el 4 de octubre de 2025. Otras dos sentencias sobre el Sáhara Occidental se emitieron en octubre de 2024: una cancelando la aplicación del Acuerdo de Pesca UE-Marruecos en el territorio, y otra con efecto inmediato, exigiendo que los productos originarios del Sáhara Occidental se etiqueten como tales, no como «marroquíes».

La petición de los conservadores españoles de excluir al Sáhara Occidental de las relaciones comerciales entre la UE y Marruecos, de prosperar, acercaría su postura a este marco legal vinculante.

La delegación española es el tercer grupo nacional más numeroso del PPE (después de las delegaciones alemana y polaca). La delegación alemana del PPE fue clave para poner fin temporalmente a la aplicación del acuerdo pesquero de la UE en el Sáhara Occidental en una votación parlamentaria en 2011.

La rama juvenil del PPE, el YEPP, ya pidió en 2013 la exclusión del Sáhara Occidental de los acuerdos comerciales entre la UE y Marruecos.

Western Sahara Resource Watch

Marruecos expulsa del Sáhara Occidental a dos activistas estadounidenses

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El régimen marroquí ha expulsado en lo que va de año, al menos, a 27 personas, 20 de ellas españolas, del Sáhara Occidental o cuando intentaban acceder a la excolonia española, invadida por el ejército marroquí  a finales de 1975 tras la entrega del territorio por España.

Contramutis

   Madrid (ECS).- Las autoridades marroquíes han expulsado a dos activistas internacionales de Derechos Humanos de la ciudad ocupada de El Aaiún, en el Sáhara Occidental, tras una visita de dos días a Dajla, la antigua Villacisneros española, informa Francisco Carrión, en El Independiente.

Se trata de Ilaf, procedente de Estados Unidos, y Bianca, de Portugal, ambas integrantes de la Organización Internacional por la No Violencia, con sede en Washington.

ONU: El caso Gdeim Izik en el punto de mira internacional

En las últimas décadas, más de un centenar de reporteros han sido deportados del territorio, y según datos del colectivo de periodistas saharauis Equipe Media, más de 300 observadores y activistas han corrido la misma suerte. La expulsión se enmarca en un contexto de la solidaridad internacional con la lucha del pueblo saharaui por su derecho a la autodeterminación y de los esfuerzos por romper el bloqueo mediático impuesto sobre los territorios ocupados.

Encuentro con defensores saharauis

Durante su visita a Dajla, los días 22 y 23 de agosto, las activistas se reunieron con defensores de Derechos Humanos, políticos y periodistas saharauis. Entre ellos figuraban Hassan Zerwali, Bojemaa Ibrahim, Boubker El Fadil  -miembros de la sección local del Colectivo de Defensores Saharauis de Derechos Humanos en el Sáhara Occidental (CODESA)-, así como el activista Ahmed Salem Abdelbaki, del Mecanismo de Coordinación Nacional en Dajla ocupada.

En el encuentro se abordó “la situación catastrófica de los derechos humanos” en los territorios saharauis ocupados, marcada -según  CODESA- por políticas represivas sistemáticas de Marruecos. Se denunciaron detenciones arbitrarias, juicios sin garantías, restricciones a las libertades fundamentales y el saqueo sistemático de los recursos naturales, como la pesca y la agricultura, sin el consentimiento de la población saharaui y “en flagrante violación del derecho internacional”.

Las activistas recibieron documentos, testimonios y fotografías que, según la organización, evidencian el trato inhumano, la tortura y las condiciones deplorables de los presos políticos saharauis en cárceles marroquíes, lo que –afirman- contraviene los Convenios de Ginebra y el derecho internacional de los Derechos Humanos.

La agenda de Ilaf y Bianca incluía también un encuentro en El Aaiún con la expresa política y activista saharaui Mahfouda Bamba Lafkir, así como con otros defensores políticos, de derechos humanos y periodistas. Sin embargo, antes de que pudieran realizarlo, las autoridades marroquíes procedieron a expulsarlas del territorio.

Denuncian represión en el Sáhara Occidental; activista saharaui es sometido a malos tratos a manos de la Gendarmería marroquí

En un comunicado difundido desde Dajla, CODESA condena la expulsión de ambas activistas y llama a las organizaciones internacionales de derechos humanos a intensificar las visitas sobre el terreno a los territorios ocupados. Exige, la liberación inmediata e incondicional de todos los presos políticos saharauis.

El Sáhara Occidental, antigua colonia española, fue ocupado ilegalmente por Marruecos en 1975. La ONU lo considera un territorio no autónomo pendiente de descolonización y múltiples organismos internacionales denuncian violaciones sistemáticas de Derechos Humanos contra la población saharaui, indica F. Carrión.

Que no se conozca lo que ocurre en el Sáhara Occidental ocupado

Sobre las expulsión de las dos activistas internacionales  de DDHH, el Mecanismo de Coordinación de la Lucha (Sección de El Aaiún ocupado), compuesto por varias ONG saharauis en las zonas ocupadas, ha condenado “este acto cobarde”, que “refleja la mentalidad de la ocupación de impedir que todas las voces libres conozcan la realidad del territorio ocupado del Sahara Occidental”, informa Sahara Press Service (SPS).

En un comunicado esta organización afirma que “lo sucedido refleja el temor del régimen de ocupación marroquí a que se conozca la firme resistencia del pueblo saharaui ante la represión en las zonas ocupadas, e insta a las organizaciones internacionales de Derechos Humanos y a los organismos de la ONU  “a intervenir urgentemente para poner fin a estas prácticas represivas, permitir que las delegaciones internacionales desempeñen sus funciones con total libertad y transparencia, y a  los presos políticos saharauis, en particular al grupo Gdim Izik”.

El comunicado señala que los presos políticos saharauis, con condenas arbitrarias, incluida la cadena perpetua, sufren duras condiciones de reclusión  y un “trato inhumano degradante”.

Las autoridades marroquíes han expulsado en lo que va de año, al menos, a 27 personas entre defensoras de DDHH y periodistas (9)- , 20 de ellas españolas, del Sáhara Occidental o cuando intentaban acceder a la excolonia española, invadida por el ejército marroquí  a finales de 1975 tras la entrega del territorio por España.

No se puede condenar la ocupación israelí en Palestina y, al mismo tiempo, justificar o legitimar la ocupación marroquí en el Sáhara Occidental

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Marruecos e Israel, dos caras del mismo crimen colonial.

PLATAFORMA «No Te Olvides del Sáhara Occidental»


Madrid (ECS).- En Palestina y en el Sáhara Occidental, la historia se repite: dos pueblos despojados de su tierra, sometidos a muros, represión y colonización. Marruecos e Israel aparecen aquí como dos caras de la misma moneda, unidos por una estrategia común de ocupación y hechos consumados, y respaldados por la hipocresía internacional. Denunciar a uno y legitimar al otro no es coherencia: es complicidad.

   La ocupación israelí en Palestina y la marroquí en el Sáhara Occidental comparten muros, colonización y represión; dos proyectos coloniales gemelos que la comunidad internacional no puede condenar a medias sin caer en la hipocresía.

    El corazón del reproche está en una contradicción evidente: no se puede condenar la ocupación israelí en Palestina y, al mismo tiempo, justificar o legitimar la ocupación marroquí en el Sáhara Occidental. Quien se proclame solidario con el pueblo palestino debe serlo también con el pueblo saharaui, porque ambos resisten contra un mismo modelo de colonialismo armado.

La presencia israelí en el Sáhara Occidental y su impacto en el ámbito militar

    Marruecos e Israel son, en muchos sentidos, reflejos el uno del otro. Ambos niegan derechos nacionales a pueblos enteros, ambos levantan muros de vergüenza, ambos convierten la ocupación en negocio. Israel trocea Cisjordania con un muro de apartheid y encierra a los palestinos en bantustanes; Marruecos mantiene en el Sáhara Occidental el muro militar más largo del mundo después de la Muralla China, plagado de minas antipersona y diseñado para dividir a las familias saharauis. Dos muros, un mismo propósito: encerrar a los pueblos colonizados y blindar el saqueo de sus recursos.

   La alianza entre Rabat y Tel Aviv no es simbólica, es material y letal. Israel ha suministrado a Marruecos tecnologías de espionaje, sistemas de vigilancia y drones militares que hoy se emplean contra los combatientes y la población saharaui desde que la guerra se reanudó en noviembre de 2020. Las mismas armas que arrasan Gaza se prueban en el desierto del Sáhara Occidental. La ocupación de Palestina y la ocupación del Sáhara se alimentan entre sí.

    Tampoco es casualidad que ambos regímenes sostengan sus crímenes en la mentira. Israel niega la existencia misma del pueblo palestino para justificar la colonización; Marruecos inventa derechos históricos falsos sobre el Sáhara para encubrir lo que no es más que una anexión ilegal. La propaganda, en ambos casos, busca borrar al colonizado y presentarse como dueño legítimo de lo ajeno.

La hipocresía internacional es clamorosa. Gobiernos y partidos que se manifiestan contra Israel en Gaza firman contratos con Rabat, apoyan el plan de autonomía marroquí y callan ante la represión en El Aaiún o Dajla. No hay coherencia posible en condenar el “Gran Israel” y aplaudir al “Gran Marruecos”. Esa doble vara de medir convierte los discursos sobre derechos humanos en pura complicidad con el colonialismo.

    La convergencia entre Marruecos e Israel va incluso más allá del terreno militar. Ambos regímenes han convertido el saqueo económico en pilar de sus ocupaciones: Israel controla el agua, la tierra fértil y los recursos naturales palestinos, mientras Marruecos saquea los fosfatos de Bucraa, los caladeros pesqueros y la energía eólica del Sáhara Occidental ocupado. En ambos casos, las empresas extranjeras se convierten en cómplices, generando beneficios para los ocupantes a costa de la miseria de los pueblos colonizados.

    A ello se suma la represión sistemática contra quienes se atreven a resistir. En Palestina, Israel mantiene a miles de presos políticos, incluso niños, en sus cárceles. En el Sáhara Occidental, Marruecos encarcela a decenas de activistas saharauis, como los del grupo de Gdeim Izik, condenados en juicios farsa basados en confesiones arrancadas bajo tortura. Son dos caras de la misma estrategia: quebrar la dignidad de quienes reclaman sus derechos nacionales.

El negocio de las armas: Israel, España y Marruecos

    Pero quizás el elemento más revelador es la colonización de población. Israel expulsa y desplaza a los palestinos mientras construye colonias para asentar a sus propios ciudadanos en tierras robadas, buscando borrar a los habitantes originarios a base de hechos consumados. Marruecos hace lo mismo en el Sáhara Occidental: tras la “Marcha Verde”, promovió la llegada masiva de colonos marroquíes a las ciudades ocupadas, hasta convertir a los saharauis en minoría en su propio país. Esta política de sustitución demográfica es una forma de genocidio silencioso, diseñada para diluir la identidad nacional y hacer imposible la autodeterminación.

    La conclusión es clara: Palestina y el Sáhara Occidental forman parte de una misma lucha. Sus pueblos comparten la herida de la ocupación, el muro, el exilio y la represión, pero también la fuerza de la resistencia y la esperanza de la autodeterminación. Defender la causa palestina y silenciar la saharaui no es solidaridad, es incoherencia. Quien de verdad quiera estar contra el colonialismo debe estarlo en todas partes: en Gaza, en Cisjordania y en el Sáhara Occidental.

Porque la justicia no admite excepciones. No hay “ocupaciones buenas” ni “ocupaciones tolerables”. El colonialismo siempre es crimen, y la solidaridad debe ser indivisible. Hoy, apoyar al pueblo palestino exige también defender al pueblo saharaui. Y mañana, cuando ambos pueblos sean libres, podremos decir que la coherencia militante venció a la hipocresía y que la verdad se impuso sobre la mentira colonial.

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El enigma de Mohamed VI, el rey de las «grandes maniobras diplomáticas» (Le Monde)

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Le Monde: «Mohamed VI, rey de las grandes maniobras diplomáticas» – El diario francés presenta al monarca como un estratega en la escena internacional, especialmente en torno al Sáhara Occidental y su acercamiento a Israel.

PLATAFORMA «No Te Olvides del Sáhara Occidental»

    París (ECS).- El diario francés Le Monde publicó el 27 de agosto de 2025 el cuarto episodio de su serie de verano «El enigma Mohamed VI», titulado «Mohammed VI, roi des grandes manœuvres diplomatiques» (Mohamed VI, el rey de las grandes maniobras diplomáticas). En este capítulo, el periódico destaca el activismo desplegado por el monarca en la escena internacional en los últimos años, presentándole como un estratega hábil en dos dosieres particularmente sensibles: el del Sáhara Occidental y el del acercamiento con Israel.

    El relato arranca con imágenes de lujo cuidadosamente escenificadas. El 28 de octubre de 2024, Emmanuel Macron es recibido en Rabat con todos los honores: alfombras rojas, caballería, fanfarrias y un cortejo que recuerda los grandes fastos monárquicos. Le Monde describe aquella escena como símbolo de la reconciliación entre Francia y Marruecos tras tres años de tensiones, pero subraya que el equilibrio entre ambos Estados ha cambiado profundamente.

«Le Monde» sostiene que Mohamed VI gobierna mediante «el arte de los secretos de palacio», apoyándose en el Majzén y en un reducido círculo de fieles

    Detrás de ese despliegue se encontraba una cesión política de gran calado. Francia, tras largas vacilaciones, aceptó reconocer la supuesta «soberanía marroquí» sobre el Sáhara Occidental. El periódico presenta este gesto como un “regalo diplomático” fruto de la estrategia de presión impuesta por Rabat desde 2021, que incluyó la congelación de las relaciones oficiales, la suspensión de proyectos de cooperación y una intensa campaña mediática contra París.

     El artículo señala que la decisión de Emmanuel Macron estuvo influida por el fracaso de su acercamiento a Argelia. Ante la imposibilidad de recomponer la relación franco-argelina, París recalibró su política magrebí hacia Marruecos. Una carta enviada al rey en julio de 2024 selló esta orientación y abrió la vía a la visita oficial de octubre. Para Rabat, fue una victoria diplomática obtenida tras años de pulso.

    Le Monde recuerda igualmente el episodio del software espía Pegasus, que en 2021 envenenó la relación bilateral al descubrirse que Emmanuel Macron estaba entre las posibles víctimas. El escándalo generó una ruptura personal con Mohamed VI, hasta el punto de que el monarca se negó durante meses a responder las llamadas del presidente francés. Solo gestos simbólicos, como la visita de las hermanas del rey a Brigitte Macron en 2024, permitieron preparar el terreno para la reconciliación.

    El periódico también destaca cómo esta crisis reveló un nacionalismo marroquí exacerbado. Incluso figuras públicas cercanas al rey, como el actor Jamel Debbouze, fueron sancionadas por no mostrar la suficiente lealtad. Su caso, tras aparecer con una camiseta mitad francesa mitad marroquí en el Mundial de 2022, terminó con la cancelación del festival Marrakech du Rire. El mensaje era inequívoco: la fidelidad debía dirigirse primero al rey y al Estado marroquí.

   Más allá de la relación con Francia, el artículo encadena otros éxitos diplomáticos de Rabat: el respaldo de Estados Unidos, España y Alemania a la propuesta marroquí de autonomía para el Sáhara Occidental. En todos los casos, Mohamed VI se mostró inflexible, situando la cuestión saharaui como criterio determinante para distinguir a los “verdaderos amigos” del reino. La diplomacia con Israel, consolidada tras los acuerdos de Abraham en 2020, completa esta estrategia.

    La cooperación con Tel Aviv ha fortalecido al ejército marroquí en sectores clave como los drones o los sistemas de defensa antimisiles. Le Monde apunta que, para Mohamed VI, el Sáhara Occidental prima sobre Gaza: aunque la represión israelí en Palestina generó manifestaciones masivas en Marruecos, el régimen prefirió preservar la alianza estratégica con Israel. Así, el monarca aparece como un estratega que antepone el control territorial al respeto de la solidaridad popular.

Complot en el palacio real de Rabat: documentos filtrados

    Finalmente, el artículo subraya la proyección africana de Marruecos. Desde su regreso a la Unión Africana en 2017, Mohamed VI ha desplegado una diplomacia económica y religiosa en el continente, buscando apoyos a su reivindicación sobre el Sáhara Occidental. La imagen internacional del reino, afirma el diario, se ha visto reforzada, aunque a costa de intensificar la rivalidad con Argelia y de acentuar la fractura regional.


 La mirada crítica de la PLATAFORMA «No Te Olvides del Sáhara Occidental»

    Ahora bien, lo que Le Monde presenta como éxitos diplomáticos deben entenderse en su verdadera dimensión. Detrás de los fastos de Estado y de los reconocimientos arrancados por la fuerza, lo que existe es la continuación de una ocupación ilegal del Sáhara Occidental, que viola las resoluciones de la ONU y niega al pueblo saharaui su derecho inalienable a la autodeterminación. La diplomacia marroquí no es sinónimo de apertura ni de modernidad, sino de chantaje, de instrumentalización de la migración y de la seguridad, y de alianzas con potencias que legitiman la represión y el saqueo de recursos.

Este artículo de análisis, publicado por la PLATAFORMA «No Te Olvides del Sáhara Occidental», se apoya en el cuarto episodio de la serie «L’énigme Mohammed VI» publicado por Le Monde el 27 de agosto de 2025.

EUCOCO 2025: París, escenario de la solidaridad saharaui, a pesar de la posición hostil de Macron en el Sáhara Occidental

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Los días 28 y 29 de noviembre de 2025, París acogerá la 49.ª Conferencia Europea de Apoyo y Solidaridad con el Pueblo Saharaui (EUCOCO).

   París (ECS).- Este encuentro anual, verdadera brújula del movimiento internacional solidario con el Sáhara Occidental, adquiere este año una resonancia particular: se trata de responder a las traiciones de los poderosos y de recordar, frente a las renuncias, el inquebrantable derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación y a la independencia.

Portugal | La 48º Conferencia Europea de Apoyo y Solidaridad con el Pueblo Saharaui (EUCOCO)

    Porque mientras la sociedad civil europea, juristas, expertos y militantes llegados de todo el mundo se reunirán para defender la causa saharaui, el Elíseo se hunde en una postura vergonzosa.

   Siguiendo la senda ya marcada por Donald Trump, Emmanuel Macron ha dado un paso más en la sumisión, al reconocer unilateralmente –y en flagrante violación del derecho internacional– la supuesta soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental. Este gesto, aplaudido por Rabat y por la entidad israelí, no hace sino confirmar la duplicidad y el neocolonialismo asumido de la presidencia francesa.

    Frente a ello, la EUCOCO será más que una conferencia: será un acto político fuerte, un contrapoder moral y militante. Entre los muros del Senado y después en la Bolsa de Trabajo, la Francia de las conciencias libres responderá a la Francia oficial de las complicidades.

   La conferencia denunciará con fuerza esta alianza malsana París-Rabat-Tel Aviv, que pisotea las resoluciones de la ONU y desprecia el derecho de los pueblos a decidir por sí mismos.

Portugal | Parlamentarios y sindicalistas por la independencia del Sáhara Occidental

   Más allá de los debates, se tratará de reafirmar los fundamentos inmutables del derecho: la lucha saharaui, encabezada por el Frente Polisario, es una lucha legítima y justa, como lo fue la guerra de liberación nacional argelina. Los mismos principios, los mismos sacrificios, la misma dignidad. EUCOCO recordará que la memoria de los pueblos nunca olvida las traiciones, pero siempre magnifica las resistencias.

   Y mientras Macron desfila en la escena internacional con sus grandes palabras vacías, esta conferencia encarnará la palabra viva de los pueblos solidarios. Aquellos que rechazan la resignación.

   Aquellos que se niegan a que un pueblo sea sacrificado en el altar de los intereses económicos y de los pequeños cálculos diplomáticos.

    El 29 de noviembre, la Plaza de la República será el punto culminante: una concentración popular en la que el eco del Sáhara libre se unirá al de Palestina, dos causas hermanas, dos luchas indisociables contra la ocupación y la dominación colonial.

    En París, en noviembre, no serán los discursos de un presidente fallido los que marquen la fecha, sino el impulso irreprimible de una solidaridad internacional que, contra viento y marea, mantiene viva la llama de la libertad saharaui.