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23 julio 2026
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Sáhara Occidental | La ONU acusa recibo de la propuesta ampliada del Frente Polisario

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Por Ana Stella


El Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, ha remitido una carta al Presidente de la República Árabe Saharaui Democrática y Secretario General del Frente Polisario, Brahim Ghali, en la que confirma la recepción de la propuesta ampliada presentada el pasado 20 de octubre sobre una posible solución política al conflicto del Sáhara Occidental.

Las estrategias de la «DIPLOMAFIA» marroquí: menos diplomacia y más mafia cuando se trata del Sáhara Occidental

Según la comunicación oficial hecha pública, el Secretario General: «ha acusado recibo de la Propuesta ampliada presentada por el Frente Polisario», «reitera la necesidad de reanudar el proceso político bajo los auspicios de las Naciones Unidas», y «enfatiza la importancia de una solución justa, duradera y mutuamente aceptable que garantice la autodeterminación del pueblo del Sáhara Occidental, conforme a las resoluciones del Consejo de Seguridad».

La propuesta ampliada del Frente Polisario se presentó en el marco de la revisión del mandato de la Misión de Naciones Unidas para el Referéndum en el Sáhara Occidental (MINURSO), cuyo objetivo permanece definido en Naciones Unidas como «facilitar la autodeterminación del pueblo del Sáhara Occidental».

Resolución 2797/2025: Cabeceras de prensa ¿Vestidas de amarillo?

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Por Mahayub Sidina


Nada más hecha pública, la contradictoria resolución 2797/2025 del Consejo de Seguridad de la ONU sobre el Sáhara Occidental, algunas cabeceras importantes, de la prensa española, daban la impresión que han sacado del armario a sus trajes amarillos. Y por poco sacaban a relucir, en las solapas de sus vestidos, lo retratos de Mohamed VI en miniatura.

El Washington Post duda que la autonomía para el Sáhara Occidental sea lo que Marruecos realmente desea

No han dejado a nadie indiferente titulares como: –“50 años después, la última colonia de África está cada vez más cerca de convertirse en una “provincia” marroquí”. -“El botín que haría grande el reinado de Mohamed VI de Marruecos: Trump le sirve en bandeja de plata el Sáhara Occidental”. -“Cambio en el Sahara Occidental”. -Y otros más…

  La ligereza con que dichos medios han tratado el contenido de la resolución, que prórroga el mandato de la MINURSO, roza el sensacionalismo. Parece una onomatopeya de las “celebraciones” de los colonos marroquíes en las zonas ocupadas del Sahara Occidental.

Los medios en cuestión, han tenido ojos solamente para el, hasta ahora inexistente, plan de autonomía marroquí. Han pasado de puntillas sobre “una solución mutuamente aceptable, consistente con los principios y objetivos de la carta de las Naciones Unidas, que garantice el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación”.

Es lamentable que cabeceras, de tal calibre, incurran en una interpretación selectiva, en consonancia con la propaganda colonial marroquí. La carrera contrarreloj, observada en Nueva York, para imponer una solución injusta fuera del marco de las Naciones Unidas, esconde otras preocupaciones mucho más serías: el futuro de la monarquía marroquí.

Con una precipitación inusual, los autores del borrador inicial pretendían, desesperadamente, extrapolar, al conflicto del Sáhara Occidental, recetas condimentadas en otras latitudes, con el fin de socavar el inalienable derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación e independencia. El chaleco salvavidas lanzado, a un monarca moribundo y a su régimen a la deriva, se ha agujereado en el intento.

Es cierto que, a pesar del lavado profundo al que ha sido sometido el borrador inicial, la resolución podría haber sido mejor. No obstante, Marruecos y sus aliados tampoco han podido salir con la suya.

 Abstracción hecha de sus deficiencias y contradicciones notorias, la resolución tiene, al menos, el mérito de haber colocado el conflicto en la delantera de la actualidad internacional. También ha conminado claramente a Marruecos que el único camino, para la solución, pasa por la negociación, con el Frente POLISARIO, único y legitimo representante del pueblo saharaui, negociación que el ocupante viene rechazando desde 2019.

Soberanía, seguridad y equilibrio en el Magreb

Sin ningún complejo, el Frente POLISARIO dijo claramente, hace bastante tiempo, que no tenía ningún inconveniente en incluir el supuesto plan de autonomía, como una opción mas, pero corresponde al pueblo, y al pueblo saharaui exclusivamente, refrendar una de ellas. Por lo cual, no se está hablando de nada nuevo. Tampoco, los malabarismos politiqueros podrían ser un motivo para prejuzgar del resultado, de un hipotético proceso de negociación que aún no ha empezado.

A lo largo de los últimos 50 años, el Consejo de Seguridad aprobó decenas de resoluciones, la mayoría por unanimidad, sobre el Sáhara Occidental. Entre ellas hay que destacar el plan de arreglo de 1990 y el Plan Baker de 2003. Todas ellas subrayan, claramente, que se trata de un problema de descolonización cuyo solución reside en el ejercicio por el pueblo saharaui de su derecho inalienable e imprescindible derecho a la autodeterminación.

Aunque el relato marroquí pretenda lo contrario, el pueblo saharaui era, es y seguirá siendo el único habilitado a determinar el futuro del territorio a través de un referéndum justo, libre y fuera de toda coacción militar o administrativa.

Si se da por hecho que una sola resolución se inclina más por la postura marroquí, existen, y no de menos, otras decenas de resoluciones que apoyan contundentemente a la postura del Frente POLISARIO y que Marruecos nunca ha querido implementar.

Salvo los USA, Francia y Sierra Leona, en la explicación del voto, los demás 12 países, que votaron a favor, se abstuvieron o no participaron, nadie apoyó la autonomía. En cambio, respaldaron el derecho de autodeterminación, la prórroga de la MINURSO y las negociaciones. Un caso atípico, el Reino Unido, dijo apoyar la autonomía y la autodeterminación a la vez.

En resumidas cuentas, ha quedado patente, durante las reuniones del Consejo de Seguridad, que algunos miembros permanentes, movidos por los recursos naturales o la nostalgia colonial, han ejercido todo tipo de presiones, para imponer sus agendas nacionales, sin importarles las consecuencias para el Derecho Internacional.

No lo han conseguido, pero han dado un paso más en la erosión del orden mundial actual. La exageración, desproporcionada, del papel jugado por la diplomacia marroquí, no era más que un vano intento para dar vida propia a un títere. Los mismos poderes, que en 1975 intentaron, militarmente, arrojar el pueblo saharaui al mar, no cesan en su macabro empeño 50 años después. No lo han conseguido en aquel entonces, ni lo conseguirán nunca.

El alcance de la amenaza yihadista: estos son los grupos terroristas que están a las puertas de Bamako

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La última cifra registrada muestra un repunte sin precedentes en los ataques terroristas en al menos tres países del Sahel; Malí, Níger y Burkina Faso.


Por Lehbib Abdelhay


    Madrid (ECS).- A pesar de los esfuerzos desplegados por los líderes de las juntas militares en Mali, Burkina Faso y Níger, la violencia yihadista sigue en repunte, como consecuencia de la inestabilidad y de las políticas de los regímenes de estos tres países, que formaron una confederación llamada la Alianza de la Gourma (AES). Los países de la AES centran su estrategia en luchar contra los movimientos de Azawad en el norte de Mali en lugar de luchar contra los grupos terroristas diseminados en las regiones cercanas a las capitales de estos tres países.

    Los grupos extremistas han transformado la región africana del Sahel en uno de los focos de terrorismo más destacados del mundo. Los últimos meses han sido testigos de una expansión significativa y cuantitativa de los ataques terroristas en Mali. Para comprender esta transformación, hay que conocer la naturaleza y la composición de los principales grupos yihadistas que operan en Mali.

  • Jama’at Nusrat al-Islam (JNIM): Es una alianza entre cuatro grupos terroristas de Al Qaeda: Ansar Eddine, Al-Mourabitoun, Macina y el Emirato de Tombuctú (Brigadas del Sahara)

Jama’at Nusrat al-Islam (JNIM) es el grupo terrorista más extendido en todo el Sahel

El Grupo de Apoyo al Islam y a los Musulmanes (afiliado a Al-Qaeda), liderado por Iyad Ag Ghaly (Abu Al-Fadl), divide el Estado de Mali en seis (6) regiones militares repartidas por todo el territorio nacional de este país:

– Región de Macina (Mopti), en el centro del país, liderada por Amadou Koufa (Fulani).

– Región de Emirato del Sahara (Tombuctú), oeste del país, liderada hasta el 11 de marzo de 2025 por Talha Al Libi (Abu Hind). Ahora si líder es Abderahman al Jazairi.

– La región de Arbinda, frontera entre Burkina Faso y Mali. Su líder es Abu Hamza Al-Chenguiti (mauritano, quien murió hace una semana en un ataque entre Kidal y Tombuctú).

– Región de Menaka, en el extremo oriental de Malí. Su líder es Faknan Ag Taki (de origen tuareg).

– Región de Gao, al noreste de Malí, liderada por Hamza Tabencourt.

– Región de Kidal, la parte más septentrional del país, liderada por Sidan Ag Hita (Abou Outhmane Al Ansari), es la mano derecha de Iyad Ag Ghaly.

Además; JNIM cuenta con dos unidades de apoyo logístico: Batallón Gourma y el Batallón Mima. La función de estas dos unidades de apoyo es proporcionar medios logísticos para todas las operaciones terroristas y gestionar el expediente de los rehenes, entre otras cosas.

Estas son las principales facciones yihadistas que operan en el Sahel bajo el paraguas de Al Qaeda dirigida por el argelino Abu Oubaida Yusef Al Annabi:

– Ansar Eddine, su base principal se encuentra en Kidal y se extiende hasta Tinzawaten, frontera con Argelia. Últimamente esa facción creó cuatro nuevas unidades militares ligeras.

– Macina, también llamada Frente de Liberación de Macina. Esta facción, la mayor de todas, está dirigida por Amadou Koufa. Ese grupo controla la región que se extiende desde el suroeste de Tombuctú hasta Burkina Faso y Guinea, pasando por la región de Mopti, en el centro de Malí.

– El batallón Khaled bin Al-Walid, conocido como Ansar Eddine del sur, dirigido por Suleiman Keita. Está presente desde el este de Bamako hasta la frontera con Burkina Faso.

– La brigada del sur del Río Níger, su líder es Al Mansour Ag Alghassam. Su zona de influencia se extiende desde el sur de Tombuctú hasta Mopti, en el centro de Malí.

El alcance de las amenazas de los grupos extremistas en el Sahel

   La región fronteriza entre Níger, Burkina Faso y Mali es descrita como “el triángulo más peligroso”, donde las organizaciones terroristas son muy activas y desde esa región (Gourma – Liptako) lanzan sus ataques terroristas en los tres países.

Estas organizaciones han aumentado sus ataques, especialmente después del golpe militar en Níger en octubre de 2023. ISIS (Wilaya Sahel) se ha convertido en un actor importante en la región de las tres fronteras y comenzó a imponer su agenda y controlar grandes áreas en el noreste de Mali y el oeste de Burkina Faso.

    Las actividades terroristas y los ataques por parte del ISIS (Wiyala Sahel) se registran en su mayoría en la ciudad de Menaka, Níger y las áreas bajo su influencia en Tillaberi (oeste de Níger). Su actividad ha comenzado a extenderse a los países del Atlántico, como Benin, Togo y Costa de Marfil. Los grupos vinculados a Al-Qaeda también se están extendiendo al África subsahariana, a países de África Occidental como Benin. La actividad extremista en Benin se concentra en el norte del país, donde los grupos afiliados a Al Qaeda intentan reclutar y atraer nuevos combatientes.

El Sahel se ha convertido en “el epicentro del terrorismo global”

   El último informe mensual del Centro Estratégico, Defensa y Seguridad (CEDyS), un observatorio que monitorea el crecimiento de la influencia de los grupos yihadistas y su modelo operativo en la región del Sahel y Norte de África, destaca un aumento considerables de la actividad terrorista en los países de la región durante el mes de octubre, lo que refleja una clara expansión de la agenda de estas organizaciones extremistas hasta llegar a las puertas de Bamako, capital de Mali.

Tensión y asfixia económica: el avance del terrorismo en el Sahel durante octubre

El panorama del terrorismo en la región del Sahel durante el mes de octubre refleja una dinámica de asfixia económica y expansión territorial de los grupos yihadistas.

En Mali, la coalición Jama’at Nusrat al-Islam wal-Muslimin (JNIM) ha consolidado su influencia mediante estrategias de bloqueo que exponen las debilidades del Estado y socavan la legitimidad del gobierno militar. La crisis del combustible, agravada en las últimas semanas, ha paralizado gran parte de la economía y profundizado las divisiones internas.

Inicialmente concentrado en las zonas de Kayes y Nioro, el cerco se extendió hacia las principales rutas comerciales, como el eje Kayes–Bamako (a través de Senegal y Mauritania) y Sikasso–Bamako (conectado con Costa de Marfil). Según fuentes locales, más de 230 camiones cisterna han sido destruidos desde el inicio de lo que en la práctica se ha convertido en un bloqueo total del suministro de combustible.

Las operaciones del JNIM —que incluyen emboscadas, artefactos explosivos, incendios provocados y extorsión— no solo han interrumpido el transporte de hidrocarburos, obligando a las empresas privadas a retirarse, sino que también han afectado importaciones esenciales de energía, minerales y alimentos.

Dado que la mayor parte del comercio exterior maliense transita por las rutas occidentales, el objetivo de los insurgentes parece claro: mostrar la vulnerabilidad del régimen y erosionar la confianza popular en el consejo militar. Aunque algunas fuentes estiman que la caída del gobierno podría producirse en tres a cinco meses, los analistas consideran improbable la instauración de un califato islámico en Mali, por limitaciones logísticas, operativas e ideológicas. Sin embargo, varios observadores advierten que solo un milagro podría salvar al gobierno, que ya habría iniciado canales de negociación discretos con el JNIM.

La crisis se agrava por la creciente inestabilidad interna y las tensiones dentro de las fuerzas armadas, que amenazan con fracturar el aparato militar

En el plano diplomático, las relaciones entre Mali y Argelia se han mantenido tensas durante el periodo analizado. Paralelamente, el consejo militar maliense ha reavivado fricciones con Mauritania, a través de provocaciones en la franja fronteriza común. En esa “crisis silenciosa”, fuerzas de seguridad de ambos países han detenido a ciudadanos acusados de simpatizar con el otro bando, una situación que podría poner en riesgo a minorías étnicas en ambos países.

En un contexto más amplio, JNIM continúa su expansión hacia el oeste, acercándose peligrosamente a Mauritania y Senegal, lo que ha llevado al Ejército mauritano a declarar internamente un estado de máxima alerta. El ministro de Defensa mauritano y varios altos mandos se encuentran desde hace semanas en el este del país, supervisando la preparación de las tropas y monitorizando de cerca el tenso escenario de seguridad en la vecina Mali.

El cinturón golpista ha convertido el Sahel en el epicentro del terrorismo yihadista global; están en las puertas de Bamako

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Lehbib Abdelhay, experto en temas de seguridad en el Sahel


El pasado 16 de septiembre se cumplían dos años de la creación de la Alianza de Estados en el Sahel (AES) compuesta por Mali, Burkina Faso y Níger, tres países en los que se ha creado un auténtico triángulo de violencia yihadista, crisis e inestabilidad a raíz de la creciente presencia e influencia de organizaciones terroristas asentadas en sus territorios, especialmente en el área de Liptako Gourma, norte de Mali (Azawad) y la frontera de Mali con Mauritania.

   La confederación AES, lejos de haber conseguido éxitos en sus operaciones antiterroristas desde su creación, ha provocado una profunda reestructuración de los compromisos de seguridad previamente adquiridos y ha forzado a países vecinos a revisar sus estrategias a la hora de crear presión e invertir esfuerzos que satisfagan sus intereses geoestratégicos. Países como Níger, Mali o Chad han roto lazos con sus socios occidentales tradicionales como Francia, Estados Unidos y la Unión Europea, rellenando el vacío de cooperación y las estructuras de seguridad con países como Rusia, China o Turquía. Otras potencias regionales, como Argelia, Nigeria o Costa de Marfil, también se encuentran inmersas en la reedición de unas nuevas dinámicas de poder vis a vis los países de la AES que les ayuden a salvaguardar su seguridad y prevenir los focos de amenazas que asolan en su vecindario. A Occidente le sobran cada vez menos las amistades en África Occidental, buscando cumplir con las expectativas de los pocos socios preferentes que les quedan (como Mauritania o Senegal) para contrarrestar un posible acercamiento de Rusia y otros actores.

El Ejército de Argelia derriba un dron turco AKINCI cerca de la frontera con Mali

    Por su parte, la actividad terrorista en la zona no ha hecho más que aumentar en los últimos meses. La coalición Jama’a Nusrat ul-Islam wa al-Muslimin (JNIM), afiliada a Al Qaeda, ha demostrado ostentar una presencia y poder incuestionables desde el norte de Mali hasta el sur de Burkina Faso, e incluso en el Golfo de Guinea, especialmente en Togo y en Benín. El Estado Islámico en el Sahel, muy activo en su zona de operaciones (flanco oriental maliense, en Ménaka, y Níger, en Tillaberi), también se encuentra fortaleciendo su propia marca convertida desde 2022 en una wilaya más de Estado Islámico, con grandes éxitos tanto mediáticos como operativos. Su nueva estrategia es el secuestro de ciudadanos occidentales y los no occidentales.

    Los ataques yihadistas de grupos como Al Qaeda (JNIM) o Estado Islámico (tanto en el Sahel como en lago Chad a través de ISWAP) están poniendo contra las cuerdas a unos regímenes militares que únicamente buscan preservar su poder y control del estado a cualquier coste, manteniendo así unos regímenes que han llegado la mayor parte de ellos a través de un golpe de estado, el último de ellos Níger en julio de 2023. Sin embargo, la imposibilidad de disminuir las dinámicas del terrorismo regional está poniendo en peligro la popularidad de estos sistemas de gobierno, lo que frecuentemente está desembocando en intentos de golpe de Estado que buscan socavar el actual régimen e instaurar una nueva autoridad.

Estos son los grupos terroristas que operan en el Sahel

    Mientras los intentos de tomar el poder fallan en su cometido, las juntas militares están optando por emplear tácticas más coercitivas, incluyendo detenciones, arrestos arbitrarios, violaciones a los derechos más básicos y castigos ejemplarizantes, en un desesperado intento de acallar las voces que ponen en duda la verdadera efectividad de los gobiernos militares afincados en el poder.

La sociedad civil, atrapada entre el fuego cruzado de grupos yihadistas y fuerzas de seguridad, enfrenta un panorama de inseguridad agravado por múltiples factores.

    No solo sufre la violencia yihadista, sino también los abusos de las fuerzas estatales, la rampante y depredadora economía criminal, que no hace más que crecer con el paso de los años y de la que cada vez más sectores de la población dependen, y los conflictos interétnicos, que juegan un papel crucial en la dinámica de los conflictos locales. Este entorno se ve agravado por los impactos del cambio climático: inundaciones, sequías y la desertificación empujan a las comunidades a migrar en busca de tierras más fértiles, aunque esto signifique someterse al control de grupos islamistas o de milicias tribales en conflicto.

    El Sahel se ha convertido en un nuevo espacio de competición geopolítica multinivel, por lo que atraviesa uno de sus momentos más críticos a su seguridad. Los focos de conflicto son numerosos y las partes que intervienen, lejos de proporcionar la protección necesaria, están inmersos en sus propias agendas e intereses, dejando a la población local sumida en una de las crisis humanitarias más graves y extensas geográficamente a las que ha podido hacer frente.

El Sahel se ha convertido en “el epicentro del terrorismo global”

   El último informe mensual del Centro Estratégico, Defensa y Seguridad (CEDyS), un observatorio que monitorea el crecimiento de la influencia de los grupos yihadistas y su modelo operativo en la región del Sahel y Norte de África, destaca un aumento considerables de la actividad terrorista en los países de la región durante el mes de octubre, lo que refleja una clara expansión de la agenda de estas organizaciones extremistas hasta llegar a las puertas de Bamako, capital de Mali.

Tensión y asfixia económica: el avance del terrorismo en el Sahel durante octubre

El panorama del terrorismo en la región del Sahel durante el mes de octubre refleja una dinámica de asfixia económica y expansión territorial de los grupos yihadistas.

En Mali, la coalición Jama’at Nusrat al-Islam wal-Muslimin (JNIM) ha consolidado su influencia mediante estrategias de bloqueo que exponen las debilidades del Estado y socavan la legitimidad del gobierno militar. La crisis del combustible, agravada en las últimas semanas, ha paralizado gran parte de la economía y profundizado las divisiones internas.

Inicialmente concentrado en las zonas de Kayes y Nioro, el cerco se extendió hacia las principales rutas comerciales, como el eje Kayes–Bamako (a través de Senegal y Mauritania) y Sikasso–Bamako (conectado con Costa de Marfil). Según fuentes locales, más de 230 camiones cisterna han sido destruidos desde el inicio de lo que en la práctica se ha convertido en un bloqueo total del suministro de combustible.

Las operaciones del JNIM —que incluyen emboscadas, artefactos explosivos, incendios provocados y extorsión— no solo han interrumpido el transporte de hidrocarburos, obligando a las empresas privadas a retirarse, sino que también han afectado importaciones esenciales de energía, minerales y alimentos.

Dado que la mayor parte del comercio exterior maliense transita por las rutas occidentales, el objetivo de los insurgentes parece claro: mostrar la vulnerabilidad del régimen y erosionar la confianza popular en el consejo militar. Aunque algunas fuentes estiman que la caída del gobierno podría producirse en tres a cinco meses, los analistas consideran improbable la instauración de un califato islámico en Mali, por limitaciones logísticas, operativas e ideológicas. Sin embargo, varios observadores advierten que solo un milagro podría salvar al gobierno, que ya habría iniciado canales de negociación discretos con el JNIM.

La crisis se agrava por la creciente inestabilidad interna y las tensiones dentro de las fuerzas armadas, que amenazan con fracturar el aparato militar

En el plano diplomático, las relaciones entre Mali y Argelia se han mantenido tensas durante el periodo analizado. Paralelamente, el consejo militar maliense ha reavivado fricciones con Mauritania, a través de provocaciones en la franja fronteriza común. En esa “crisis silenciosa”, fuerzas de seguridad de ambos países han detenido a ciudadanos acusados de simpatizar con el otro bando, una situación que podría poner en riesgo a minorías étnicas en ambos países.

En un contexto más amplio, JNIM continúa su expansión hacia el oeste, acercándose peligrosamente a Mauritania y Senegal, lo que ha llevado al Ejército mauritano a declarar internamente un estado de máxima alerta. El ministro de Defensa mauritano y varios altos mandos se encuentran desde hace semanas en el este del país, supervisando la preparación de las tropas y monitorizando de cerca el tenso escenario de seguridad en la vecina Mali.

El Washington Post duda que la autonomía para el Sáhara Occidental sea lo que Marruecos realmente desea

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Marruecos, ¿realmente desea la autonomía para el Sáhara Occidental?

Washington (ECS).- ¿Y si Marruecos no buscara en realidad la autonomía para el Sáhara Occidental? La cuestión, que puede parecer improbable dado el empeño del reino en presentarla como la única base posible para una solución al conflicto, ha sido planteada por el diario estadounidense The Washington Post, que sugiere que es el propio Marruecos quien estaría bloqueando esa opción.

En un análisis publicado esta semana, el periódico se pregunta si la imposición del plan autonómico supondría “el fin de la crisis o el inicio de otra en Marruecos”.

La propuesta olvidada que garantizaba la paz: el plan del Frente POLISARIO de 2007, la única arquitectura viable para un Magreb estable y soberano

El Consejo de Seguridad de la ONU aprobó el pasado 31 de octubre una resolución en la que se menciona por primera vez la autonomía “bajo soberanía marroquí”, que podría representar “la solución más viable” al conflicto. Rabat celebró el texto como una victoria diplomática y un paso hacia el fin del contencioso. Sin embargo, The Washington Post duda de que la autonomía sea realmente el objetivo final de Marruecos. “Tras este aparente avance diplomático se cierne un riesgo que Rabat teme desde hace tiempo: el efecto dominó en otras regiones del reino”, indica el diario norteamericano, en referencia a zonas como el Rif.

Esta región del norte fue escenario entre 2016 y 2017 de un movimiento de protesta, conocido como el Hirak del Rif, que reclamaba más desarrollo y el fin de la desigualdad. El movimiento fue reprimido por las autoridades marroquíes. Las aspiraciones autonomistas o independentistas en el Rif se remontan a hace un siglo, cuando Abdelkrim El Khattabi intentó crear la efímera República del Rif tras su derrota ante las fuerzas españolas y francesas apoyadas por la monarquía marroquí.

El Partido Nacionalista del Rif (PNR) mantiene esa reivindicación. “Si Marruecos concede autonomía a una región en disputa, ¿por qué no al Rif? Nuestras demandas son las mismas: dignidad, igualdad y control de los recursos”, declaró al Washington Post un activista rifeño residente en Europa.

Temor a un “efecto bumerán”

Según el diario estadounidense, analistas consultados sostienen que “el palacio real teme precisamente ese efecto bumerán”. El medio recuerda que el plan de autonomía, presentado en 2007, sigue sin aplicación práctica: no se han celebrado elecciones locales ni se ha producido una verdadera transferencia de competencias. Fuentes citadas explican esta situación por el hecho de que Rabat “no quiere crear un modelo que pueda replicarse en otras regiones”.

Peligros de autonomía en la descolonización de África

“Marruecos juega a dos bandas: presenta la autonomía como solución internacional, pero la bloquea en la práctica para evitar que otras regiones, en particular el Rif o el Souss, exijan lo mismo”, afirmó un diplomático europeo consultado por el periódico.

Incluso el Frente Polisario calificó la última resolución del Consejo de Seguridad como un “regalo envenenado” de Estados Unidos a Marruecos. La organización, reconocida por la ONU como representante legítima del pueblo saharaui, rechaza el plan de autonomía y mantiene su exigencia de celebrar un referéndum de autodeterminación.

Por ahora, el principal efecto de la resolución parece haber sido reavivar las aspiraciones autonomistas en otras zonas del país. “En los callejones de Alhucemas o Nador, algunos ya susurran: si el Sáhara obtiene autonomía, ¿por qué nosotros no?”, concluye The Washington Post.

Soberanía, seguridad y equilibrio en el Magreb

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Por Ana Stella 

El Sáhara Occidental es el centro de gravedad que determina el equilibrio de poder en el Magreb. No es una cuestión simbólica ni un conflicto lejano: es el factor que define quién controla el Estrecho, quién influye en la seguridad del Mediterráneo occidental y quién puede condicionar a España en su frontera sur.

Desde el punto de vista jurídico, la situación es clara:

– Naciones Unidas no reconoce soberanía marroquí sobre el Sáhara.

– La Corte Internacional de Justicia afirmó que no existen vínculos de soberanía territorial entre Marruecos y el territorio.

– La MINURSO sigue desplegada porque la descolonización no ha concluido.

De Mistura resalta «interés de la comunidad internacional» en la resolución del conflicto del Sáhara Occidental

 Marruecos conoce este límite legal y, por eso, no basa su estrategia en el derecho, sino en la fabricación de hechos consumados mediante alianzas militares, diplomáticas y económicas que generen la impresión de irreversibilidad. Su objetivo es convertir una ocupación ilegal en una realidad políticamente aceptada.

Los Acuerdos de Abraham: territorialidad a cambio de reconocimiento

La adhesión de Marruecos a los Acuerdos de Abraham en 2020 no fue un movimiento ideológico. Fue una transacción:

– Marruecos normaliza relaciones con Israel.

– Estados Unidos reconoce políticamente la supuesta “marroquinidad” del Sáhara.

– Este reconocimiento no tiene validez jurídica internacional.

Pero sí tiene efectos prácticos:

– Refuerza la narrativa interna de “victoria”.

– Proporciona cobertura diplomática.

– Abre acceso a cooperación militar de alto nivel.

– La cooperación es operativa, no simbólica:

– Drones israelíes desplegados en el muro.

– Sistemas ISR integrados en el desierto.

– Entrenamiento militar conjunto en escenarios áridos.

Tánger, nodo estratégico del Estrecho, ha pasado a ser una pieza de interés para Washington y Tel Aviv. Esto impacta directamente la soberanía española en el Mediterráneo occidental.

Estados Unidos y el control del Estrecho

La activación de la Hoja de Ruta 2020–2030 y la implicación de AFRICOM consolidan el bloque EE. UU.–Marruecos. Para Washington, Rabat cumple tres funciones:

1. Controlar el Estrecho en un contexto de rivalidad global.

2. Proyectarse hacia el Sahel, donde actores como Rusia y grupos armados están ganando espacio.

3. Equilibrar a Argelia, aliada estratégica de Rusia e Irán.

Para Marruecos, esta alianza supone:

– Escudo diplomático occidental.

– Modernización acelerada del armamento.

– Legitimación indirecta de la ocupación del Sáhara.

– La legalidad no cambia. La correlación de fuerzas, sí.

Turquía y Emiratos: influencia sin bandera

La instalación de Baykar / Atlas Defense en Ben Slimane no supone autonomía militar marroquí, sino dependencia tecnológica:

Software turco.

Comunicaciones turcas.

Sensores turcos.

Marruecos opera plataformas, pero no controla sus claves internas.

Turquía gana influencia militar en el Magreb y el Sahel.

Por su parte, Emiratos Árabes Unidos no busca territorio:

busca infraestructura y corredores logísticos.

Gobierna mediante apalancamiento, no ocupación.

Argelia contrapone este escenario con:

– Autonomía energética y militar.

– Alianza con Rusia.

– Defensa firme del derecho de autodeterminación saharaui.

– El resultado no es negociación.

– Es equilibrio estratégico.

La economía marroquí: expansión sin autonomía

La ampliación de Renault hasta 2030 se presenta como industrialización.

Pero la gobernanza sigue estando fuera de Marruecos:

Decisiones estratégicas en París.

Tecnología europea.

Marruecos ensambla, no diseña ni controla.

Incluso el futuro eléctrico depende de minerales, baterías y energía que Rabat no produce.

Existe crecimiento.

No existe soberanía industrial.

Renovación de la misión de la ONU para referéndum en el Sáhara Occidental un año más

La frontera como herramienta de presión

España no controla su frontera sur; la gestiona. Quien controla los flujos es Marruecos.

Dos rutas son decisivas:

1. Mediterráneo Occidental → Ceuta, Melilla, Península.

2. Atlántica → Canarias (la más mortal del mundo).

El cruce en parapente hacia Ceuta resume la relación: España abre la puerta. Marruecos decide si se toca el timbre.

El túnel del Estrecho: riesgo de dependencia estructural

El proyecto Tarifa–Tánger (8.500 millones) se presenta como integración. Pero sin soberanía fronteriza real, no sería integración. Sería subordinación física.

No solo transportaría mercancías. Transportaría presión demográfica y capacidad de condicionamiento interno.

El Magreb no es un escenario externo para España.

Es el espacio donde se decide su soberanía, su seguridad y su posición en el Mediterráneo.

Ahí convergen:

La disputa territorial del Sáhara.

El despliegue militar de EE. UU. e Israel en Tánger.

La proyección turca y emiratí.

La autonomía estratégica argelina.

La presión migratoria constante sobre territorios españoles.

La cuestión no es si España puede actuar. Tiene legitimidad histórica, capacidad política y medios.

La verdadera pregunta es:

¿España ejercerá su soberanía, o seguirá reduciéndose a administrarla en los papeles?

El tiempo para decidir se está acortando. La geopolítica no espera.

La Marcha Verde: la rendición de un Estado y la traición a un pueblo que confió en España

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Por Ana Stella


Cada aniversario de la Marcha Verde devuelve a la memoria uno de los episodios más deshonrosos de la historia contemporánea española. El Sáhara Occidental no fue una colonia tardía ni un territorio ajeno a nuestra vida nacional: fue administrado como una provincia, con ayuntamientos, representantes en las Cortes, documentación española y una población que compartía idioma, escuelas, cultura y en muchos casos servicio militar. El compromiso del Estado era claro: culminar el proceso de descolonización mediante un referéndum de autodeterminación reconocido y supervisado por Naciones Unidas. El pueblo saharaui confió en esa palabra.

En 1974, España informó oficialmente a la ONU que organizaría ese referéndum. El censo fue elaborado con presencia internacional y la administración civil se preparó para la transición democrática del territorio. El coronel Luis Rodríguez de Viguri, secretario general del Gobierno del Sáhara, lo expresó sin ambigüedad: “Yo fui al Sáhara en 1974 con el mandato expreso de preparar al pueblo saharaui para la independencia.”

Pero mientras España avanzaba hacia una salida ordenada, Marruecos percibió un riesgo: un referéndum libre confirmaría que la voluntad mayoritaria era la independencia. Por eso el rey Hassan II llevó el caso al Tribunal Internacional de Justicia intentando obtener un título territorial. El TIJ, sin embargo, dictaminó el 16 de octubre de 1975 que no existía soberanía marroquí ni mauritana sobre el Sáhara Occidental. Solo reconoció vínculos de lealtad de carácter religioso que no constituyen reclamación territorial.

La conclusión era inequívoca: el Sáhara Occidental era un territorio pendiente de descolonización basado en la voluntad de su pueblo.

Sin embargo, el mismo día del dictamen, Hassan II anunció la Marcha Verde, presentándola como si el Tribunal hubiera legitimado sus aspiraciones. Fue una operación política cuidadosamente construida para ofrecer la imagen de una conquista inevitable. Pero la Marcha Verde no llegó a entrar realmente en el Sáhara. La frontera se mantuvo cerrada. España había minado las rutas y dado órdenes claras: si se cruzaba la línea, se abriría fuego. Marruecos lo sabía. No arriesgó el paso.

La imagen de cientos de miles de civiles avanzando hacia el desierto fue un acto teatral y calculado, no una ocupación territorial. Rodríguez de Viguri reveló un detalle casi borrado de la memoria colectiva: “En la cabecera de la Marcha Verde ondeaban banderas estadounidenses.”

Un golpe silenciado para Marruecos en la ONU: Argelia gana terreno en la cuestión del Sáhara Occidental

La maniobra fue diplomática, psicológica y mediática: forzar a un Estado debilitado por la agonía de Franco, por divisiones internas en el Ejército y por la incertidumbre de la Transición, a retirarse sin conflicto armado. La entrada efectiva en el territorio no la hicieron los civiles de la Marcha Verde, sino las tropas marroquíes, días después, respaldadas por la firma de los Acuerdos Tripartitos de Madrid del 14 de noviembre de 1975. Esos acuerdos, como recordó en 2002 el asesor jurídico de la ONU, no transfirieron soberanía, porque España no podía ceder lo que no le pertenecía. La soberanía seguía sin determinar. La descolonización quedó interrumpida. Y el pueblo saharaui quedó expuesto.

La retirada española no fue una derrota militar. Fue una decisión política. Así lo dijo Antonio Carro, ministro de la Presidencia, en 1978: “No ocurrió lo peor. Tampoco diré que lo mejor. Fue lo menos malo.” Ese “menos malo” significó la dispersión de un pueblo entero. Significó bombardeos sobre columnas de refugiados en Um Dreiga y Tifariti. Significó el inicio de una guerra de dieciséis años. Y significó el nacimiento de los campamentos de Tinduf, donde más de 200.000 saharauis viven desde entonces.

Mientras tanto, en la otra orilla, algunos oficiales españoles fueron condecorados por Marruecos después de la entrega. Rodríguez de Viguri lo resumió con amargura: “Que yo sepa, nadie las ha devuelto.”

Desde entonces, casi nada ha cambiado en lo esencial. La ONU sigue considerando el Sáhara Occidental un territorio no autónomo. España sigue siendo potencia administradora de iure.

Marruecos es una potencia ocupante. Los tribunales europeos han reiterado entre 2016 y 2021 que el Sáhara no forma parte de Marruecos y que cualquier actividad económica en el territorio requiere el consentimiento del pueblo saharaui, representado internacionalmente por el Frente Polisario.

No hay ambigüedad legal. No hay vacío jurídico. No hay olvido posible.

La descolonización no se ha completado. Y el mecanismo sigue siendo el mismo que en 1974: el referéndum con opción de independencia. La Marcha Verde no fue una victoria de Marruecos. Fue la capitulación de un Estado que no estuvo a la altura de su palabra y de su responsabilidad. Fue la traición a un pueblo que confió en España porque España le había pedido confianza.

La historia no puede borrarse. Pero sus consecuencias sí pueden corregirse. España no debe mirar al pasado con culpa, sino al presente con responsabilidad. Se trata de derecho, de memoria y de honor. Y el honor, cuando se pierde, solo puede recuperarse cumpliendo la palabra.

De Mistura resalta «interés de la comunidad internacional» en la resolución del conflicto del Sáhara Occidental

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Nueva York (ECS) – ONU


Stefan de Mistura, Enviado Personal del Secretario General de las Naciones Unidas para el Sáhara Occidental, interviene desde Bruselas después de la adopción de la Resolución 2797. Explica que esta resolución es importante porque muestra una energía renovada de la comunidad internacional para intentar avanzar en la resolución del conflicto que dura cinco décadas.

La ONU renueva el mandato, Marruecos renueva la propaganda

Aclara que la resolución no impone una solución. Solo marca un marco de negociación. Señala que Marruecos deberá presentar una versión actualizada de su plan de autonomía, y que el Frente Polisario y otros actores también podrán presentar propuestas. Subraya que negociar no significa aceptar, y que la clave será la participación en las conversaciones.

Concluye destacando la extensión del mandato de la MINURSO hasta 2026, lo que permite mantener un entorno estable mientras se desarrolla la fase de negociación. Indica que, a partir de ahora, comienza el trabajo real y que será necesario compromiso constante de todas las partes.

Idea clave; Hay negociación, no decisión. La solución no está definida. La autonomía marroquí es una propuesta, no un resultado. El proceso sigue en manos de la ONU y el conflicto permanece abierto.

La ONU renueva el mandato, Marruecos renueva la propaganda

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Por Ana Stella


La aprobación de la Resolución 2797 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas sobre el Sáhara Occidental, el 30 de octubre de 2025, ha sido presentada por Marruecos y parte de la prensa internacional como una confirmación de su plan de autonomía. Sin embargo, el texto adoptado no reconoce soberanía alguna sobre el territorio, ni avala el proyecto marroquí, ni altera el estatus jurídico del Sáhara Occidental, que continúa siendo un territorio pendiente de descolonización. El análisis de las fuentes diplomáticas junto con las reacciones oficiales saharauis, revela un escenario de continuidad política maquillada de avance, donde la ambigüedad lingüística se ha convertido en herramienta para perpetuar el bloqueo.

1. Un texto ambiguo presentado como victoria

La Resolución 2797 renueva el mandato de la MINURSO hasta octubre de 2026 y reitera el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación. Sin embargo, evita toda referencia a mecanismos, plazos o compromisos verificables que garanticen la celebración del referéndum acordado en 1991. La inclusión de la “propuesta de autonomía” marroquí se limita a una mención formal como “base para la negociación”, junto con la del Frente POLISARIO. En términos jurídicos, no constituye aprobación, reconocimiento ni modificación del estatus internacional del territorio.

Pese a ello, Marruecos ha promovido la idea de una “autonomía aprobada”, transformando un texto diplomático neutro en instrumento propagandístico para uso interno. Esta operación comunicativa reproduce un patrón recurrente: la apropiación del lenguaje de la ONU para justificar un control territorial que sigue siendo ilegal bajo el derecho internacional.

2. El papel de los Estados y la fragmentación diplomática

Las reacciones de los Estados miembros reflejan el desgaste del proceso. Rusia y China se abstuvieron, cuestionando la falta de transparencia en la redacción del borrador estadounidense. Argelia, que mantiene su posición como principal apoyo político del Frente POLISARIO, reiteró que el Sáhara Occidental es el último territorio colonial de África y que el derecho a la autodeterminación es innegociable.

Varios países europeos —entre ellos Dinamarca— dejaron constancia de que su voto favorable no implica reconocimiento de soberanía marroquí.

En el plano regional, el presidente saharaui Brahim Gali subrayó que “los factores decisivos en la resolución del conflicto siguen siendo el pueblo saharaui y su Ejército de Liberación”, recordando que sin voluntad política real, ninguna resolución logrará alterar la realidad sobre el terreno.

3. Los foros internacionales y la persistencia jurídica

El Noveno Foro Europeo de Solidaridad con el Pueblo Saharaui, celebrado en Viena, reafirmó la ilegalidad de los acuerdos comerciales entre la Unión Europea y Marruecos que incluyen al Sáhara Occidental, recordando las reiteradas sentencias del Tribunal de Justicia de la UE. El foro denunció además el uso del lenguaje diplomático como herramienta de erosión del principio de autodeterminación.

Por su parte, el Ministerio de Asuntos Exteriores saharaui reconoció los esfuerzos de Argelia y de los países que defendieron una redacción equilibrada, señalando que, aunque el texto final no cumple las expectativas del Frente POLISARIO, mantiene la vigencia del derecho internacional frente a las pretensiones de anexión.

4. La represión en los territorios ocupados

La realidad sobre el terreno continúa siendo incompatible con la retórica diplomática.

Organizaciones saharauis documentan detenciones arbitrarias, torturas y persecución de periodistas que intentan informar desde El Aaiún o Smara. Estas denuncias refuerzan la percepción de que la MINURSO —privada de mandato para supervisar los derechos humanos— se ha convertido en un instrumento de contención más que de protección.

Mientras el Consejo de Seguridad debate la terminología de las resoluciones, en el Sáhara ocupado se mantiene un régimen de represión que desmiente cualquier avance político real.

5. Diplomacia de mantenimiento: la estabilidad como sustituto de la justicia

La Resolución 2797 se inscribe en la tendencia de los últimos años: priorizar la “estabilidad regional” sobre el cumplimiento del derecho internacional. El Consejo de Seguridad actúa más como gestor del statu quo que como garante del proceso de descolonización. La ambigüedad calculada del texto permite a cada actor presentar su propia lectura. Para Marruecos, simboliza el respaldo de la comunidad internacional; para el Frente POLISARIO, la confirmación de que la autodeterminación sigue reconocida. En la práctica, sin embargo, el conflicto se mantiene congelado.

La Resolución 2797 no aprueba la autonomía marroquí, no concede soberanía y no introduce ningún cambio estructural en el proceso político. Su principal efecto es prolongar la apariencia de diálogo mientras el territorio sigue bajo ocupación y la población saharaui continúa privada de su derecho a decidir.

Desde una perspectiva jurídica y política, se trata de una resolución de mantenimiento, no de solución. El Consejo de Seguridad preserva el equilibrio diplomático, pero a costa de la credibilidad del propio sistema multilateral. Mientras tanto, el pueblo saharaui —el único sujeto legítimo de autodeterminación— mantiene su resistencia, convencido de que ninguna maniobra lingüística puede sustituir la justicia histórica pendiente.

La Resolución camaleónica

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Por HAMUDI B

Opinión

Madrid (ECS).— La Resolución 2797 del Consejo de Seguridad de la ONU nace marcada por un evidente sesgo estadounidense, arrogante y alejado de la historia y el contexto del conflicto saharaui. Al alinearse con la postura francesa —empeñada en difundir información sesgada y manipular los hechos sobre el terreno—, la administración norteamericana ha contribuido a consolidar una visión parcial y complaciente con los intereses de Marruecos.

  Sin embargo, el Pueblo Saharaui, liderado por su único y legítimo representante, el Frente Polisario —reconocido nuevamente en el propio texto de la resolución—, ha demostrado a la camarilla que domina el Consejo que nada a contracorriente. Una vez más, este pueblo luchador ha recordado al mundo que su causa cuenta históricamente con aliados firmes y comprometidos.

Una resolución a medida

  La aprobación de esta resolución puede leerse como una victoria simbólica para el Pueblo Saharaui, que ha resistido con determinación frente a las maniobras diplomáticas de las grandes potencias. La propuesta estadounidense fue modificada hasta en tres ocasiones antes de su inclusión final, tras un proceso de negociación donde pesaron más los intereses geoestratégicos y capitalistas que el compromiso con la justicia y la autodeterminación.

  El resultado es una resolución camaleónica: cambia de color según el ángulo desde el que se mire, adoptando la forma que conviene a cada una de las partes implicadas en el conflicto.

Retos para ambas partes

  La próxima etapa será decisiva. El Pueblo Saharaui deberá actuar con sabiduría y paciencia frente a los nuevos vientos “trumpistas”, que previsiblemente intensificarán el apoyo a Marruecos y su política de negación de derechos.

  Por su parte, Marruecos enfrenta una encrucijada: a las crisis internas —como las disputas por la sucesión del trono y el creciente descontento popular— se suma ahora la obligación de presentar un proyecto detallado de su llamada “autonomía fantasma”.

  El Frente Polisario, en cambio, ya ha presentado una propuesta concreta y coherente con las recomendaciones de la resolución. Si Marruecos no cumple con la misma exigencia, arrastrará a sus aliados al descrédito.

La posición de Argelia y la hipocresía del Consejo de Seguridad 

  Argelia, al abstenerse en la votación, ha ejercido una suerte de veto simbólico, marcando distancia frente a lo que considera una farsa diplomática. Así, no se verá involucrada en los debates o reuniones derivadas de las recomendaciones de la Resolución 2797.

  No cabe duda de que la élite dominante del Consejo de Seguridad actúa con el único fin de proteger a Marruecos y salvaguardar sus intereses estratégicos en la región. Pero como reza la sabiduría popular saharaui: “quien no está contigo, no te sostendrá”.

La lucha continúa

  Esta no es la primera resolución ni será la última mientras el Pueblo Saharaui no obtenga justicia plena ni el goce de sus derechos legítimos. Somos los hijos de esta tierra y seguiremos defendiendo, luchando y resistiendo mientras existan la arena y la roca.

  Ayer fuimos ocupados bajo la protección de las mismas potencias internacionales que hoy amparan a Marruecos. Pese a las duras condiciones y la escasez de medios, jamás lograron ocupar nuestras mentes ni doblegar nuestro espíritu.

  Hoy, con un Estado reconocido dentro de la Unión Africana, con embajadas y representaciones internacionales, y con un movimiento de solidaridad global sin precedentes, es imposible que Marruecos logre aquello con lo que alguna vez soñó.