Más de medio siglo después de su creación, concebido para enfrentar la ocupación, el movimiento parece más interesado en ocupar cargos de por vida, logrando únicamente congelar la revolución en el tiempo.
Han transcurrido más de cinco décadas desde la fundación del Frente Polisario como movimiento de liberación nacional, luchando y abogando por la autodeterminación del pueblo saharaui frente a la agresiva ocupación marroquí. No obstante, dada la coyuntura actual del conflicto y considerando las acciones realizadas o por realizar por la parte saharaui, es pertinente cuestionar si el Polisario contemporáneo, dirigido por un liderazgo anquilosado, sigue siendo un instrumento de liberación o se ha convertido en un obstáculo frente a las aspiraciones del pueblo saharaui hacia la libertad e independencia.
Crisis y desgaste en el Frente POLISARIO: un nuevo congreso bajo escrutinio
La respuesta resulta clara y dolorosa: el Polisario lleva años atrapado en su propia inercia, conducido por una cúpula fosilizada en las cuevas de Rabuni. Han convertido el exilio en una rutina y el estancamiento en una estrategia política. El liderazgo actual, que se aferran al poder con obstinación, ha confundido resistencia con inacción y fidelidad a la causa con una lealtad autoritaria hacia dirigentes que ocupan sus cargos por más tiempo del que muchos saharauis llevan de vida. Gobiernan convencidos de que la solución les llegará del cielo sin esfuerzo alguno; si esto fuera cierto o no, lo que sí es evidente es que el cielo se ha transformado, lamentablemente, en el verdadero regulador del Frente Polisario.
¿Qué sentido tiene que la mayoría de las sucesiones sean abruptas? No resulta aceptable ni es del agrado de nadie que la única estrategia de renovación consista en esperar funerales.
La repetición invariable de los mismos nombres cada cuatro años, durante los Congresos que designan al presidente y su gobierno, se asemeja a un torneo en el que los títulos se revalidan tanto como los eslóganes. Estos Congresos se asemejan más a una competencia de retórica vacía, donde se exige acción externa mientras se rechaza toda reforma interna; todo intento de renovación ha terminado archivado junto a las resoluciones ineficaces de la ONU.
El mantenimiento de esta dirigencia no solo erosiona la legitimidad interna —reflejada en el hecho de que el actual presidente haya obtenido un 69 % de aprobación en el último de estos Congresos—, sino que también mina la confianza del pueblo saharaui y de otros actores en la viabilidad de cualquier solución bajo la actual estructura del Polisario.
Brahim Ghali encara la reválida de su liderazgo en un momento decisivo para la causa saharaui