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17 abril 2026

La República Saharaui, factor de equilibrio y estabilidad en la región norteafricana

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Mustafa Kettab | Diplomático saharaui encargado de Medio Oriente


Madrid (ECS).- En estos días conmemoramos el día del anuncio fundacional de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), e inevitablemente las memorias resurgen con fuerza en el horizonte simultáneamente junto a un vaivén de sentimientos, evocando los acontecimientos vividos durante estas cinco décadas, con sus momentos dulces y amargos, con sus alegrías y tristezas, con sus dificultades y retos. Recordamos los sacrificios y los logros alcanzados, y nos detenemos observando con respeto, aprecio y consideración las almas de nuestros mártires, hombres y mujeres que no dudaron ni un instante en dar lo más valioso que tenían por nuestra República, para lograr la plena soberanía sobre todo nuestro territorio nacional y por fortalecer sus instituciones nacionales tanto en el interior como en el exterior.

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La conmemoración llega mientras atravesamos una etapa de serias negociaciones con el ocupante marroquí, que ha ido variando su posición y deslizándose de la terminología que rige el conflicto; que si desde una operación de seguridad que no superaba los siete días al “expediente cerrado”, luego al “referéndum confirmatorio” a través del plan de arreglo de la ONU y la Unión Africana, y finalmente a la propuesta de autonomía y nada más que autonomía.

Pese a que las discusiones actuales las lidera la primera potencia del mundo, EE.UU, aquella que nos fue hostil durante los últimos cincuenta años y brindó todo el apoyo posible a los ocupantes de nuestra tierra. No obstante, hoy dirige con demasiado ímpetu la búsqueda de una solución definitiva a esa ocupación por parte de Marruecos. Por lo que me pregunto; ¿Por qué? ¿Cuál es el secreto detrás de este inusitado interés?

Sé que hay muchas respuestas a mis preguntas, algunas más verosímiles que otras, pero la que sostengo entre todas ellas es el factor de la fuerza interna saharaui, es decir, la fuerza del derecho y la la voluntad de aferrarse a el, así como la firmeza y la resistencia de un pueblo que quiere vivir libremente.

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Recuerdo que en épocas anteriores erigimos el lema: “La República Árabe Saharaui Democrática es un factor de equilibrio y estabilidad en la región”. Al observar lo que sucede en África Occidental —tanto la guerra que el ocupante marroquí volvió a encender con sus provocaciones en 2020, la inestabilidad en la región del Sahel y el Sahara, el recelo que ha generado en la región e incluso en todo el continente la normalización marroquí con los sionistas, y las tensiones en Libia— confirmo que nuestro lema no pudo ser más acorde y que el liderazgo actuó con visión y determinación.

Esa visión, que proclamaba que la República Árabe Saharaui Democrática constituye un factor de equilibrio y estabilidad en la región, fue recogida por los sabios del continente africano, quienes creen que nuestro continente no se construye sobre la expansión, ni sobre los caprichos de los gobernantes ni orientado al servicio de agendas externas. Por ello reconocieron al Estado saharaui y lo defendieron en todas las ocasiones, ya sea en las cumbres multilaterales o en conferencias internacionales.

Asimismo, ha quedado claro para propios y extraños que la arrogancia y el expansionismo marroquí, basados en afirmaciones falsas como el mito de “las fronteras legítimas” o el de un “imperio de doce siglos”, así como sus políticas mafiosas, no serán frenados salvo que se le pongan límites y se le obligue a respetar los acuerdos africanos que establecen el respeto de las fronteras heredadas tras la independencia, así como a cumplir con la legalidad internacional que rechaza la agresión, prohíbe la anexión de territorios por la fuerza y condena las violaciones de derechos humanos.

Ya han transcurrido cincuenta años de existencia del Estado saharaui, durante los cuales ha acumulado logros y victorias que nos hacen sentir orgullosos de lo conseguido por nuestro pueblo, especialmente cuando recordamos que los enemigos quisieron enterrarnos vivos al decidir repartirse nuestra tierra como si fuera una granja de animales, o cuando rememoramos las declaraciones de algunas potencias del mundo de entonces que apoyaron la ocupación y se alinearon con ella.

Cincuenta años después de las palabras del entonces secretario de Estado estadounidense, Henry Kissinger, en su encuentro con el entonces rey de Marruecos, Hassan II, el 15 de octubre de 1974, cuando, complaciente y alentador con el monarca expansionista, dijo: “¿cómo se puede reclamar el derecho a la autodeterminación? ¿Autodeterminación para quién? ¿Para treinta o cuarenta mil personas que tal vez ni siquiera sepan realmente dónde viven?” Ojalá que ese sionista arrogante siguiera vivo solo para ver cómo la administración de su propio país se involucra hoy en una intensa búsqueda de una solución que garantice la autodeterminación según la resolución 2797 de la ONU, y que sea negociada —junto con sus vecinos— con los representantes de aquellos beduinos.

Y la República Árabe Saharaui Democrática, de la que dijimos, afirmamos y demostramos que es un factor de equilibrio y estabilidad en el noroeste de África, se alza hoy orgullosa, con su bandera ondeando en Addis Abeba como miembro fundador de pleno derecho de la Unión Africana, y con más de 54 misiones diplomáticas repartidas por el mundo.

Se trata verdaderamente de un cincuentenario de orgullo, dignidad, lealtad, sinceridad, continuidad y firmeza en el objetivo, pese a las dificultades, las presiones y las debilidades inherentes a todo lo humano, ya sea por causas internas o externas. La verdad incuestionable es que celebramos el aniversario del nacimiento de un Estado indispensable para la construcción de una región magrebí estable y armoniosa. Hoy la encontramos plenamente consolidada, con sus instituciones ejecutivas, legislativas y judiciales, con su ejército defensor de su soberanía y con sus compromisos internacionales.

Viva la República Árabe Saharaui Democrática, factor de equilibrio y estabilidad en la región..

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Nuestra campaña se centra en promover la justicia, la paz y los derechos humanos en el Sáhara Occidental. Creemos firmemente en la importancia de comprender el origen y la complejidad de este conflicto para poder abordarlo de manera efectiva y trabajar hacia una solución que respete los derechos y la dignidad de todas las partes involucradas.

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