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27 febrero 2026

27 de febrero de 2026: 50 años de la República Árabe Saharaui Democrática

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Por Ana Stella


Madrid (ECS)— El 27 de febrero de 1976, en Bir Lehlu, en pleno desierto del Sáhara Occidental, el Frente Polisario proclamó la República Árabe Saharaui Democrática. No había reconocimiento internacional consolidado, no había garantías sobre lo que vendría después. Había, en cambio, una determinación colectiva e inquebrantable, la de que el pueblo saharaui no sería repartido ni silenciado sin ejercer su derecho inalienable a decidir su propio destino. En aquel acto, y con aquella claridad de propósito, nació un Estado.

Cincuenta años después, ese Estado sigue en pie.

El contexto de la proclamación

Para entender lo que significó aquel 27 de febrero, es necesario situarse en el momento exacto en que ocurrió. La Marcha Verde, organizada por Hassan II, había movilizado a 350.000 civiles marroquíes hacia el territorio con el objetivo de forzar su anexión. España, en plena agonía institucional, negoció a espaldas del pueblo saharaui. Los Acuerdos de Madrid repartieron el territorio entre Marruecos y Mauritania como si sus habitantes no existieran, como si el derecho internacional pudiera suspenderse por conveniencia.

El pueblo saharaui no aceptó ese reparto.

Mientras las tropas ocupaban el territorio y miles de saharauis emprendían un éxodo forzado hacia el oeste de Argelia, el Frente Polisario tomó la decisión que definiría las décadas siguientes, proclamar la RASD como expresión formal y jurídica de la voluntad de un pueblo que se negaba a desaparecer. Fue, en el sentido más literal, un acto de resistencia convertido en acto de Estado.

Lo que la RASD construyó

Proclamar una república en el exilio es una cosa. Sostenerla durante cincuenta años es otra completamente distinta.

Desde los primeros meses, los campamentos de refugiados en la región de Tinduf se convirtieron en el espacio donde la RASD tendría que demostrar que su existencia no era solo simbólica. Lo que ocurrió allí no tiene fácil comparación. Se construyeron escuelas, centros de salud y estructuras administrativas en condiciones de desierto extremo. Se formaron médicos, ingenieros, juristas, maestros y diplomáticos. Se organizó una sociedad que, pese al exilio y a las condiciones materiales severas, mantuvo una cohesión y una identidad cultural que el tiempo no ha erosionado.

Los hombres saharauis sostuvieron esa construcción desde dos frentes inseparables. En el frente militar, los combatientes del Ejército de Liberación Popular Saharaui enfrentaron durante años a uno de los ejércitos mejor equipados del continente, defendiendo con sus vidas la existencia misma del proyecto nacional. Combatieron en condiciones extremas, con recursos limitados y frente a una superioridad material evidente, y lo hicieron con una convicción que no dependía de la correlación de fuerzas sino de la justicia de la causa. Su sacrificio no fue solo militar, fue el sostén armado sin el cual ninguna proclamación política habría podido perdurar. En el frente civil y diplomático, otros tantos hombres construyeron las instituciones, representaron a la RASD ante el mundo y mantuvieron viva la causa en los foros internacionales donde se decidía su reconocimiento.

Las mujeres saharauis ocuparon desde el principio un papel igualmente central en esa construcción. Sostuvieron la vida comunitaria, gestionaron los campamentos, educaron a las nuevas generaciones y asumieron responsabilidades de liderazgo con una determinación que forma parte indisociable de la identidad de la RASD como proyecto político y social.

La RASD en el mundo

Decenas de Estados en África, Hispanoamérica y Asia han reconocido la RASD como Estado soberano, lo que la sitúa en una posición de legitimidad internacional que pocos movimientos de liberación nacional han alcanzado. El ingreso en la Unión Africana en 1984 fue el hito más visible de ese proceso, Marruecos abandonó la organización como respuesta y no regresó hasta 2017, más de treinta años después, con la RASD todavía presente como miembro de pleno derecho.

El Sáhara Occidental sigue figurando en la lista de territorios no autónomos de Naciones Unidas, pendiente de descolonización. Esa condición es el reconocimiento formal de que el proceso de autodeterminación no ha concluido y de que la responsabilidad de completarlo sigue siendo una obligación vigente. Marruecos lleva décadas intentando que esa condición desaparezca o se reinterprete. No lo ha conseguido.

El derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui no es una reclamación política. Es una conclusión derivada del derecho internacional vigente, de las resoluciones del Consejo de Seguridad y de los principios que regulan los procesos de descolonización. El referéndum acordado en el alto el fuego de 1991 no se ha celebrado, pero el compromiso de celebrarlo no ha desaparecido. Y la RASD ha mantenido esa exigencia con una firmeza que ninguna presión ha logrado doblegar.

Cincuenta años: memoria, reconocimiento y futuro

El 27 de febrero de 2026 es una fecha que merece ser conmemorada con la profundidad que corresponde a su significado real.

Es una fecha de memoria para honrar a quienes proclamaron la RASD sabiendo que el camino sería largo, a los combatientes que durante años pusieron el cuerpo entre la ocupación y la supervivencia del pueblo saharaui, a quienes cayeron en el campo de batalla defendiendo lo que ningún acuerdo les había querido reconocer, y a quienes han sostenido los campamentos con una dignidad que el mundo no siempre ha reconocido como merece.

Es una fecha de reconocimiento hacia las mujeres que construyeron una sociedad en el desierto, hacia los jóvenes que han heredado una causa y la han hecho suya, hacia todos los que dentro y fuera del territorio ocupado han mantenido viva la llama de un proyecto que muchos daban por extinguido.

Y es una fecha que mira hacia adelante. La RASD llega a su quincuagésimo aniversario con instituciones sólidas, presencia internacional activa, una generación joven formada y comprometida, y la razón jurídica e histórica intacta. El territorio sigue ocupado y la solución definitiva aún no ha llegado, pero el pueblo saharaui sigue siendo sujeto político activo de su propio destino. Eso es algo que cincuenta años de ocupación no han podido cambiar.

El 27 de febrero de 2026 no es solo una efeméride. Es la prueba de que la RASD no fue un gesto pasajero, sino la fundación duradera de un proyecto nacional que tiene pasado, tiene presente y, con la misma determinación que animó aquel día en Bir Lehlu, tendrá futuro.

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