¿Tiene Marruecos un sistema político tan envidiable que los españoles quisieran para sí? ¿Tiene Marruecos una economía tan fuerte que puede presionar a los países que no se avienen a sus caprichos?
¿Produce algún tipo de tecnología del que hace depender las posiciones políticas de los demás países? ¿Cómo es posible que algunos líderes políticos y medios de comunicación sean tan valientes ante sus propias clases políticas y, al mismo tiempo, tan serviles ante el Majzén?
La capacidad productiva de un país determina, en gran medida, su posición en el mundo. Y, también, el volumen de sus exportaciones, si supera un determinado nivel, puede otorgarle cierta influencia en los países de destino de dichas exportaciones. La estampida de inversores, el cierre del grifo del gas o, como ocurrió hace dos meses en la guerra de Irán, el petróleo, son instrumentos recurrentes en las relaciones entre países.
Ceuta, Marruecos y el problema estructural que el gobierno de España se niega a afrontar
Basta echar un vistazo a los datos macroeconómicos de Marruecos para desechar cualquier idea sobre la posible capacidad de influencia económica marroquí en España.
En los últimos años, Marruecos se ha convertido en el mejor destino de empresas offshore en Europa, Oriente Medio y África, según la Asociación Europea de Outsourcing (EOA). Incluso en 2012, esta Asociación le dio un premio a Marruecos por ocupar ese ranking.
La lógica que explica ese puesto en el ranking es muy clara. Nadie desmonta su empresa de Teruel para llevarla a Marruecos, sino es a cambio de mayores beneficios. Beneficios que no proceden de una repentina mejora de la calidad del producto, sino de un régimen fiscal más barato, una mano de obra más barata y la ausencia total de derechos laborales, sociales y medioambientales.
La estructura del espionaje marroquí y su alcance sobre políticos, periodistas y activistas de DD.HH