Por Geoff D. Porter
Argel, 07 Junio.- El presidente de Argelia, Abdelmadjid Tebboune, anunció el pasado 16 de febrero que había ordenado a la empresa estatal energética Sonatrach iniciar los trabajos del proyecto del Gasoducto Transahariano tan pronto como finalice el mes de Ramadán, previsto en torno al 20 de marzo de 2026.
El anuncio se produjo tras una reunión en Argel con el presidente de Níger, el general Abdourahamane Tiani, que a su vez evidenció un acercamiento entre Argel y Niamey.
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El gasoducto propuesto conectaría las infraestructuras gasísticas de Nigeria con las redes argelinas de distribución de gas hacia Europa a través de Níger. De materializarse, ampliaría simultáneamente la capacidad de exportación de gas de Nigeria, proporcionaría a Níger, un país con escasos recursos energéticos, una fuente fiable de energía, compensaría el consumo interno de gas en Argelia e incrementaría el suministro de gas a Europa.
El proyecto, que lleva sobre la mesa un cuarto de siglo, no es imposible, aunque tampoco está exento de desafíos.
El proyecto
El Gasoducto Transahariano (TSGP, por sus siglas en inglés) tendría una longitud de 4.130 kilómetros y conectaría las infraestructuras gasísticas de Nigeria con las de Argelia. El trazado atravesaría aproximadamente 850 kilómetros de territorio nigerino.
La capacidad nominal del proyecto sería de 30.000 millones de metros cúbicos (bcm) al año.
Níger y Argelia recibirían previsiblemente porcentajes del gas transportado como pago en especie. Níger obtendría un suministro de gas muy necesario, ya que actualmente no importa gas y depende principalmente de la electricidad importada.
Por su parte, el pago en especie para Argelia compensaría el creciente consumo interno de su propia producción de gas natural, liberando así mayores volúmenes para la exportación.
Finalmente, Europa se beneficiaría previsiblemente del volumen restante de gas, que accedería al mercado europeo a través de dos gasoductos ya existentes: MEDGAZ, entre Argelia y España, y TransMed, entre Argelia e Italia.
Las falsas pistas de los detractores
El proyecto cuenta con detractores muy críticos, aunque sus argumentos constituyen falsas pistas.
En primer lugar, los críticos sostienen que el gasoducto se vería constantemente afectado por problemas de seguridad, especialmente en el tramo de Níger, donde operan organizaciones terroristas yihadistas salafistas.
Esta crítica resulta equivocada. Para empezar, el gasoducto no estará simplemente tendido sobre la arena al atravesar el Sáhara. Estará enterrado. Los únicos componentes expuestos sobre la superficie serán las estaciones de compresión.
La sección nigerina requerirá probablemente entre tres y cuatro estaciones de compresión. Estas instalaciones pueden ser reforzadas, rodeadas por muros, equipadas con tecnologías ISR (inteligencia, vigilancia y reconocimiento) y protegidas por fuerzas de seguridad estatales.
De hecho, la fortificación de estaciones de compresión en regiones de riesgo es una práctica habitual.
Además, aunque la Provincia del Sahel del Estado Islámico (ISSP) está activa en Níger, análisis recientes realizados en 2025 indican que la mayor parte de su actividad se concentra al oeste y al sur de la ruta prevista para el gasoducto.
Es cierto que se han registrado ataques aislados en zonas próximas al trazado proyectado, pero, una vez más, el gasoducto no estará simplemente tendido sobre la arena con una gran diana sobre él.
La principal vulnerabilidad serían las estaciones de compresión, aunque su protección constituiría una partida presupuestaria específica.
En segundo lugar, los críticos argumentan que el proyecto fue propuesto inicialmente en el año 2000 y que el hecho de que no se haya construido en veinticinco años demuestra que nunca llegará a realizarse. Si fuera viable, sostienen, ya estaría terminado.
Sin embargo, muchas cosas han cambiado en los últimos 25 años.
Hace dos décadas, Argelia apenas comenzaba a salir de su propia insurgencia islamista. Durante la década 2000-2010, el país estuvo centrado en combatir el terrorismo en su propio territorio sahariano.
Los cinco años siguientes estuvieron marcados por la expansión de la actividad terrorista en el Sahel, al sur de las fronteras argelinas. Esa situación ha cambiado ahora, al menos en lo que respecta a Níger.
La propia Sonatrach también ha evolucionado durante el último cuarto de siglo.
Entre 2000 y 2010 estuvo concentrada en transformarse de una compañía petrolera nacional (NOC) en una entidad híbrida entre empresa nacional y compañía energética internacional (IOC).
Posteriormente, entre 2010 y 2020, atravesó una serie de cambios de liderazgo que limitaron gravemente su capacidad de actuación, obligándola prácticamente a centrarse en mantener el statu quo.
Esa situación también ha cambiado. La dirección de Sonatrach es actualmente más estable y la empresa está enfocada en actuar como un campeón nacional y garantizar el desarrollo prudente del patrimonio natural de Argelia.
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