Por @anaqtella
Madrid (ECS) — Un misil de crucero israelí se probó por primera vez en el sur de Marruecos entre el 3 y el 7 de agosto de 2026. Se llama Anthe, lo fabrica la empresa israelí-estadounidense Covenant Industries y está concebido para costar poco: munición de crucero barata, de la que se dispara en cantidad. La prueba se hizo en el Africa Multidomain Training and Experimentation Center (AMTEC), un campo cercano a Tan-Tan, y la adelantaron varios medios; el diario israelí Haaretz la publicó el 12 de agosto. Eso ya se sabía. Lo que no se sabía es cómo llegaron los misiles hasta allí y quién los manejó. Los aviones lo cuentan, aunque quisieran no contarlo.
La tarde del 3 de agosto, dos reactores privados bajaban sobre Tan-Tan. Eran dos Hawker 800XP de Arrow Aviation, un operador israelí con base en Tel Aviv. No transportaban armas. Traían al personal técnico, la gente que iba a operar el ensayo.
Ninguno de los dos había volado directo desde Israel. Los reactores de este tipo dejan un plan de vuelo, y un plan de vuelo con Tel Aviv en el origen y Tan-Tan en el destino es exactamente lo que se quería evitar. Así que fragmentaron el trayecto. Uno hizo escala técnica en Cerdeña a la ida y en Malta a la vuelta. El otro paró también en Cerdeña de camino y, al regresar, en Malta y en la isla griega de Mykonos. Cada aterrizaje intermedio corta el rastro y reinicia el registro, de modo que en los papeles no queda una línea recta entre Israel y Marruecos, sino una sucesión de tramos sueltos. No es una técnica nueva. En los vuelos hacia Marruecos se venía usando desde antes de los Acuerdos de Abraham.
Los misiles viajaron aparte, en un avión mucho más grande y mucho menos discreto. Un Antonov An-12 de matrícula ucraniana, operado por Motor Sich Airlines. Su recorrido es el que más dice. Salió de Tel Aviv el 3 de agosto y se reseteó en Palermo. El 4 llegó a Tan-Tan y, ese mismo día, en lugar de quedarse, despegó de nuevo y puso rumbo al norte.
Cruzó el estrecho de Gibraltar, subió por la provincia de Cádiz y tomó tierra en el Aeropuerto de Jerez de la Frontera. Se quedó estacionado los días del ejercicio. El 8 de agosto volvió a Tan-Tan. Entre el 9 y el 11 regresó a Israel con escala en Italia.
El avión que aterrizó en suelo español no era israelí: era el carguero ucraniano. Su carga, los misiles Anthe, iba a Marruecos, no a Israel. El Gobierno de Pedro Sánchez consolidó por real decreto-ley el embargo de armas a Israel el 23 de septiembre de 2025, convalidado por el Congreso el 8 de octubre. La norma prohíbe tres cosas: exportar material de defensa con destino a Israel, importarlo con origen en Israel y permitir que material militar dirigido a Israel transite por territorio español. Un avión ucraniano que traslada armamento israelí hacia Marruecos no encaja en ninguno de los tres supuestos. El decreto no llega hasta aquí.
Lo que sí queda a la vista es otra cosa. La logística de un ensayo de misiles israelí en Marruecos se apoyó en un aeropuerto español, con los servicios de tierra atendiendo a la aeronave que servía a ese programa, en el mismo momento en que el Ejecutivo presenta su política hacia Israel como una ruptura. Pero el embargo, tal como está escrito, deja fuera el uso del territorio español como retaguardia de material israelí destinado a terceros países. Qué llevaba exactamente el Antonov cuando tocó la pista de Jerez es algo que la traza no dice.
Los dos Hawker que trajeron al personal tampoco son aviones cualquiera, ya que los dos arrastran un historial en operaciones sensibles israelíes.
Uno de ellos aterrizó en Lubiana en diciembre de 2025. Según la investigación de un medio esloveno, llegó el 22 de diciembre con al menos cuatro pasajeros, y las autoridades del país identificaron después a varios como operativos de Black Cube, la firma de inteligencia privada israelí fundada por exoficiales de los servicios de seguridad. Entre ellos, el consejero delegado, Dan Zorella, y el general retirado Giora Eiland, que dirigió el Consejo de Seguridad Nacional israelí. La inteligencia eslovena, la SOVA, situó al grupo dentro de una operación de recolección de información y grabaciones encubiertas, parte de una campaña de interferencia extranjera antes de las elecciones parlamentarias de marzo de 2026. Según esa misma fuente, representantes de Black Cube habían viajado al país al menos cuatro veces en los meses previos, y uno de los encuentros se produjo cerca de la sede del SDS, el partido de Janez Janša.
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