La estrategia agresiva de Marruecos y el respaldo de Trump no logran cerrar el conflicto del Sáhara Occidental; la autodeterminación sigue siendo el eje del conflicto
Madrid (ECS).- La estrategia diplomática desplegada por Marruecos durante los últimos años, respaldada en 2020 por el reconocimiento de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental por parte de la administración de Donald Trump, no ha conseguido resolver el conflicto ni modificar el marco jurídico establecido por Naciones Unidas. La cuestión sigue siendo un proceso de descolonización pendiente cuyo desenlace debe decidir el pueblo saharaui mediante el ejercicio de su derecho a la autodeterminación.
Durante la última década, Rabat ha intensificado una «ofensiva diplomática agresiva» destinada a consolidar la idea de que la única solución viable pasa por una autonomía bajo soberanía marroquí. Según esta estrategia, el debate internacional debe centrarse en una salida considerada «realista» por determinados actores internacionales, relegando el principio de autodeterminación reconocido por Naciones Unidas.
El Frente Polisario rechaza esa interpretación y sostiene que ninguna potencia puede decidir el futuro de un territorio cuyo estatuto jurídico definitivo continúa pendiente de descolonización. Para el movimiento de liberación saharaui, sustituir el derecho de autodeterminación por una propuesta unilateral de autonomía supone alterar el marco legal establecido por la ONU.
Las resoluciones de Naciones Unidas mantienen que el pueblo saharaui conserva el derecho a decidir libremente su futuro político. En ese contexto, la Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental (MINURSO) fue creada precisamente para organizar una consulta de autodeterminación, objetivo que continúa sin materializarse debido a la intransigencias marroquí.
El respaldo de EE.UU no modificó el marco de la ONU
Uno de los episodios más relevantes se produjo en diciembre de 2020, cuando la administración de Donald Trump reconoció la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental como parte del acuerdo de normalización de relaciones diplomáticas entre Marruecos e Israel.
Para Rabat, aquella decisión constituyó un importante éxito diplomático. Para el Frente Polisario y sus aliados africanos, representó una ruptura con décadas de consenso internacional basado en el proceso auspiciado por Naciones Unidas.
Sin embargo, el reconocimiento estadounidense no modificó el estatuto internacional del territorio ni sustituyó el proceso político de la ONU. Tampoco logró un respaldo generalizado de la comunidad internacional ni puso fin al conflicto.
Fuentes diplomáticas exclusivas consultadas por ECSaharaui desde Nueva York sostienen que «la Administración estadounidense ha intentado en los últimos meses reactivar las negociaciones impulsando un marco basado en la propuesta marroquí de autonomía, aunque manteniendo referencias al proceso de Naciones Unidas. Hasta el momento, esos esfuerzos no han producido avances significativos».
La MINURSO y la política de los hechos consumados
La continuidad de la MINURSO se ha convertido en otro de los principales puntos de fricción. Marruecos, Francia y Estados Unidos han defendido en distintos momentos una revisión del papel de la misión, argumentando que, tras décadas de presencia, no ha logrado resolver el conflicto.
Para el Frente Polisario, la MINURSO sigue representando el principal mecanismo internacional que mantiene abierto el proceso político y evita que la situación derivada de una ocupación militar se traduzca en un reconocimiento definitivo de la soberanía marroquí sobre el territorio.
Fuentes diplomáticas próximas al Polisario advierten de que cualquier modificación sustancial del mandato de la misión tendría consecuencias sobre el equilibrio regional y podría aumentar el riesgo de una escalada militar con repercusiones más amplias.
El Frente Polisario acusa igualmente a Marruecos de impulsar una política de hechos consumados mediante supuestas inversiones en infraestructuras, proyectos económicos, la apertura de consulados extranjeros en Dajla y El Aaiún y la promoción internacional del territorio como parte integrante del Reino.
Desde la perspectiva saharaui, estas iniciativas buscan consolidar sobre el terreno una realidad política antes de que exista una solución aceptada por ambas partes y conforme al derecho internacional. El Polisario sostiene además que dichas inversiones no revierten en beneficio de la población saharaui que vive bajo ocupación.
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