El fosfato, el Atlántico y el vacío de poder: por qué el Sáhara Occidental es el conflicto más trascendental del norte de África
Análisis | Crisis y conflictos | Edición Lehbib Abdelhay
Madrid (ECS).— Los conflictos territoriales rara vez persisten durante más de medio siglo sin razones estructurales más profundas que la mera soberanía. Cuando un conflicto sobrevive a administraciones coloniales, alianzas de la Guerra Fría y varias generaciones de marcos diplomáticos, suele significar que la geografía de los recursos subyacentes, el posicionamiento estratégico y la competencia entre grandes potencias son demasiado valiosos como para que alguna de las partes ceda. El Sáhara Occidental encaja perfectamente en esta descripción. Su longevidad no es una falta de imaginación, sino un reflejo de lo mucho que está en juego.
La continúa presión estadounidense sobre el Frente POLISARIO, que se concretó recientemente en una reunión diplomática de alto nivel, constituye el último capítulo de un conflicto que lleva décadas transformando la geopolítica del norte de África. Sin embargo, para comprender por qué Washington ejerce presión ahora —y por qué la respuesta del POLISARIO es más matizada que antes— es necesario examinar la compleja red de intereses contrapuestos que subyace a la diplomacia.
El Conflicto del Sáhara Occidental; un poco de historia
El Sáhara Occidental ocupa aproximadamente 266.000 kilómetros cuadrados de territorio desértico bañado por el Atlántico, en el extremo noroccidental del continente africano. Según el derecho internacional, sigue clasificado como territorio no autónomo pendiente de descolonización, lo que significa que su estatus político definitivo nunca se ha resuelto formalmente. Marruecos ocupa aproximadamente el 80% del territorio, mientras que el Frente Polisario controla una estrecha franja al este del muro que divide el territorio, colindante con Argelia y Mauritania.
La República Árabe Saharaui Democrática (RASD), proclamada el 27 de febrero de 1976 como el gobierno legítimo del territorio, está reconocida actualmente por 46 Estados miembros de la ONU y es miembro de pleno derecho de la Unión Africana; sin embargo, sigue sin ser reconocida por Estados Unidos ni por la gran mayoría de los gobiernos occidentales. Esta paradoja de doble legitimidad es la razón principal por la que fracasan todos los marcos de solución propuestos: la autodeterminación y la integridad territorial son irreconciliables desde el punto de vista legal y político en este contexto.
La dimensión de los recursos naturales
La importancia estratégica del Sáhara Occidental va mucho más allá del simbolismo. Diversos intereses superpuestos en materia de recursos hacen que el control del territorio sea una cuestión económica de gran trascendencia:
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Reservas de fosfato: La mina Bou Craa, ubicada en el Sáhara Occidental, territorio controlado por Marruecos, es uno de los mayores yacimientos de fosfato del mundo. Los fosfatos son la materia prima fundamental para los fertilizantes nitrogenados, lo que significa que quien controle Bou Craa tendrá una influencia considerable sobre las cadenas de suministro de producción alimentaria a nivel mundial. Marruecos ya controla aproximadamente el 70 % de las reservas mundiales conocidas de fosfato, incluyendo el Sáhara Occidental en sus cálculos territoriales, una concentración sin parangón en ninguna otra categoría de minerales críticos. Esta dinámica refleja fielmente las tendencias generales de desarrollo de proyectos de fosfato que se siguen de cerca a nivel internacional.
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Derechos de pesca: La costa atlántica alberga los caladeros más productivos del mundo. El acceso a estas aguas ha sido objeto de polémicos acuerdos entre la UE y Marruecos, que han enfrentado desafíos legales precisamente debido al estatus controvertido del territorio.
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Potencial de hidrocarburos: Si bien no se ha producido ninguna extracción comercial importante, la exploración en alta mar ha identificado posibles depósitos de hidrocarburos a lo largo de la plataforma atlántica, lo que añade una dimensión energética a largo plazo a la disputa.
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Posicionamiento marítimo: El frente atlántico del territorio proporciona una profundidad estratégica para cualquier potencia que busque proyectar influencia a través de las rutas comerciales transatlánticas y los accesos al Estrecho de Gibraltar.
El Sáhara Occidental se sitúa en la intersección de la seguridad alimentaria, la estrategia marítima atlántica y la concentración de minerales críticos. No se trata únicamente de una disputa colonial heredada que espera una resolución administrativa, sino de una competencia activa por la ventaja geopolítica en uno de los territorios fronterizos con mayor densidad de recursos del mundo.
El Plan de autonomía y la cascada de reconocimientos
Marruecos formalizó su postura por primera vez en 2007 al proponer un plan de autonomía limitada bajo su propia soberanía como alternativa a la independencia total exigida por la RASD. Durante años, esta propuesta recibió un reconocimiento cortés, pero escaso respaldo activo por parte de las potencias occidentales. Esto cambió decisivamente en diciembre de 2020.
La decisión del gobierno de Trump de reconocer formalmente, en 2020, la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental representó una redefinición fundamental del panorama diplomático. Este reconocimiento no se produjo de forma aislada, sino que formó parte del marco de los Acuerdos de Abraham, en los que Marruecos acordó normalizar sus relaciones con Israel a cambio del reconocimiento estadounidense de su reivindicación territorial. Esta transacción sentó un precedente: el reconocimiento de la soberanía como moneda de cambio diplomática.
La cascada de acontecimientos que siguió transformó el mapa de alineación internacional:
| País | Posición sobre el Sáhara Occidental | Año del cambio |
|---|---|---|
| Estados Unidos | Reconocimiento formal de la soberanía marroquí | 2020 |
| Israel | Normalización con Marruecos, alineación implícita | 2020 |
| España | Respaldado el plan de autonomía como la base más seria y creíble. | 2022 |
| Francia | El presidente Macron describió el plan de autonomía como la única base para un acuerdo. | 2024 |
| Rusia | Señaló su apoyo condicional si resulta aceptable para todos los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU. | 2025 |
La respuesta de Argelia al realineamiento de Francia y España fue inmediata y contundente. Argel retiró a su embajador de París y Madrid y suspendió la cooperación en la deportación de ciudadanos argelinos desde territorio francés, una medida bilateral crucial dada la magnitud de la comunidad argelina en Francia. Esta decisión evidenció hasta qué punto el respaldo francés afectó los cálculos estratégicos de Argelia.
Resolución 2797 del Consejo de Seguridad de la ONU
La Resolución 2797 se cita con frecuencia como el pilar de la actual iniciativa diplomática. Respalda una solución política negociada y toma como referencia la propuesta de autonomía de Marruecos como marco para el diálogo. Sin embargo, cabe destacar varias distinciones importantes:
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La resolución no reconoce formalmente la soberanía marroquí sobre el territorio.
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No anula el principio fundamental de autodeterminación de la ONU para los territorios no autónomos.
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Esto confiere legitimidad institucional al enfoque de autonomía como marco inicial para las conversaciones.
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La diferencia entre «hacer referencia» y «respaldar» una propuesta tiene un peso significativo en la interpretación diplomática.
Presión de Estados Unidos: La escalada diplomática de mayo y junio de 2026
A principios de junio, el enviado personal del secretario general de la ONU para el Sáhara Occidental, Staffan de Mistura, visitó los campamentos de refugiados y se reunió con las autoridades saharauis. En esta gira, el líder del Frente POLISARIO no se reunió con el emisario de la ONU, pero si se despidió de él. Dos días después, De Mistura voló hasta Oslo y se reunió con Massad Boulos, el africanista de Trump encargado de las negociaciones sobre el Sáhara Occidental. Tras esa reunión, Boulos elogió públicamente «la respuesta constructiva del Frente POLISARIO» y recordó, en la misma comunicación, que Trump quiere una solución rápida y definitiva.
En mayo de 2026, el asesor presidencial estadounidense para asuntos árabes y africanos, Massad Boulos, se reunió directamente con el embajador de Argelia en Washington, Sabri Boukadoum. El encuentro se presentó públicamente como un reconocimiento a la participación constructiva de Argelia en el proceso de la ONU, al tiempo que transmitía el claro mensaje de Washington de que había llegado el momento de una resolución definitiva, basada en el marco establecido por la Resolución 2797.
El lenguaje diplomático empleado —en concreto, elogiando la implicación de Argelia— constituye una técnica deliberada de diplomacia coercitiva. En lugar de ejercer presión pública que generaría costes políticos internos, Washington optó por un enfoque diseñado para ofrecer una vía de diálogo que permite salvar los intereses. Además, esta estrategia refleja la dinámica más amplia de la guerra comercial entre Estados Unidos y China, donde Washington busca cada vez más consolidar su influencia diplomática en múltiples escenarios simultáneamente.
El enfoque estadounidense ante el estancamiento del Sáhara Occidental se desarrolla en dos líneas paralelas:
Vía 1: Consolidación de la ocupación marroquí
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Mantener el reconocimiento de soberanía de 2020 como política establecida de Estados Unidos.
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Coordinar la alineación europea para crear un consenso multilateral.
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Presentar el plan de autonomía de Marruecos como el único marco de solución prácticamente viable.
Vía 2: Atraer a Argelia hacia el proceso de negociación
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Evitar la humillación pública que obligaría a Argel a adoptar una postura defensiva.
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Presentar la participación argelina como coherente con los marcos de la ONU, en lugar de como una capitulación.
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Explorar si un acercamiento más amplio entre Marruecos y Argelia podría estructurarse como un dividendo de estabilidad regional, dada la importancia de ambos países para la cooperación antiterrorista en el Sahel y la seguridad energética europea.
¿Por qué Argelia no puede cambiar su posición?
La resistencia de Argelia a cualquier marco que legitime la soberanía marroquí no es simplemente una muestra de obstinación diplomática, sino que está estructuralmente arraigada en su identidad política:
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El movimiento de independencia argelino fue en sí mismo una prolongada lucha anticolonial, lo que convirtió la solidaridad con las causas de la autodeterminación en un compromiso ideológico fundamental.
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El Frente Polisario se construyó en parte con apoyo material y político argelino, lo que significa que abandonar su causa requeriría reconocer un cambio fundamental en la política exterior.
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Se estima que entre 100.000 y 170.000 refugiados saharauis viven en los campamentos de Tinduf, en el suroeste de Argelia, lo que crea un entramado humanitario y político interno que no puede resolverse únicamente mediante un reposicionamiento diplomático.
- El escudo diplomático ruso se está fragmentando
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Durante décadas, Argelia contó con el poder de veto ruso en el Consejo de Seguridad de la ONU como un respaldo fiable contra las resoluciones que pudieran legitimar la soberanía marroquí. Esa garantía estructural se ha debilitado considerablemente.
En una reunión informativa de 2025, el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, indicó que Moscú podría apoyar el plan de autonomía de Marruecos con la condición de que lograra el consenso de todos los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU. El planteamiento condicional es importante: Rusia no ha abandonado a Argelia, pero ha dado a entender que su apoyo es negociable, no incondicional.
Este cambio refleja casi con toda seguridad la reorientación geopolítica de Rusia tras su aislamiento internacional después de la invasión de Ucrania en 2022. Mantener relaciones a ambos lados de la división Marruecos-Argelia beneficia los intereses rusos en el norte de África en un momento en que Moscú dispone de recursos diplomáticos limitados para destinar a causas que ya no generan beneficios estratégicos.
Para Argelia, incluso una Rusia que adopta una postura cautelosa representa un socio fundamentalmente menos fiable que la protección diplomática automática de la que gozaba anteriormente. El respaldo multilateral que permitió a Argel resistir la presión occidental durante décadas ahora muestra fisuras visibles. En consecuencia, estos cambios en la geopolítica minera están influyendo cada vez más en cómo los territorios en disputa ricos en recursos atraen la atención mundial.
La escalada militar del Frente Polisario pretende, presumiblemente, demostrar que el conflicto no puede resolverse pacíficamente mediante la diplomacia alineada con Occidente. Sin embargo, en la práctica, cada ataque consolida la simpatía occidental hacia la postura de Marruecos y proporciona a los funcionarios europeos y estadounidenses una justificación adicional para presentar el plan de autonomía como un compromiso que preserva la estabilidad. La paradoja de la escalada es real: la acción militar del Polisario, destinada a forzar la situación, podría estar acelerando precisamente el consenso internacional que busca impedir.
Mapa de alineación tal como está actualmente:
| Alimentación externa | Alineamiento de Marruecos | Alineamiento de Argelia |
|---|---|---|
| Estados Unidos | Fuerte (reconocimiento de 2020) | Compromiso diplomático únicamente |
| Francia | Fuerte (respaldo de Macron para 2024) | Actualmente tenso |
| España | Cambio de moderado a fuerte (cambio de 2022) | Neutral |
| Rusia | Condicional/Cobertura | Históricamente fuerte, ahora se está debilitando. |
| Porcelana | Compromiso económico neutral | Compromiso económico |
| Unión Africana | Dividido | Apoya la autodeterminación |