Washington.- La reciente intervención del embajador de Estados Unidos ante Naciones Unidas, Mike Waltz, ha vuelto a situar el Sáhara Occidental en el debate político, aunque sin introducir cambios en la posición que Washington mantiene sobre este conflicto.
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Durante su comparecencia ante el Senado, Waltz aludió al Sáhara Occidental de forma breve, enmarcándolo dentro de una reflexión general sobre conflictos prolongados y el papel de las misiones internacionales. En ese contexto, afirmó que Estados Unidos no está dispuesto a otorgar “cheques en blanco” y señaló que, en ocasiones, el simple hecho de reunir a las partes implicadas puede considerarse un avance.
Las declaraciones no incluyeron referencias específicas al proceso político ni a posibles medidas para su resolución, y se produjeron sin desarrollo adicional sobre el terreno o los actores implicados.
La política estadounidense respecto al Sáhara Occidental sigue definida por la decisión adoptada en 2020, durante el primer mandato de Donald Trump, de reconocer la soberanía de Marruecos sobre el territorio, en un giro significativo respecto a la posición mantenida durante décadas.
Desde entonces, Washington ha mantenido ese reconocimiento al tiempo que continúa respaldando formalmente el proceso liderado por Naciones Unidas, incluidos los esfuerzos del enviado personal del secretario general para reactivar las negociaciones.
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Este doble enfoque ha configurado una estrategia caracterizada por el equilibrio entre un posicionamiento político claro y la referencia al marco multilateral, sin que hasta ahora se haya traducido en avances concretos en la resolución del conflicto.
En este contexto, la intervención de Waltz no incorporó menciones a elementos centrales del proceso, como la MINURSO, el referéndum de autodeterminación previsto en las resoluciones de Naciones Unidas o propuestas específicas sobre el futuro estatus del territorio.
La ausencia de estos aspectos refuerza la interpretación de que no se ha producido una redefinición de la política estadounidense, sino la continuidad de la línea mantenida en los últimos años.
De este modo, las declaraciones del embajador se sitúan dentro de un marco más amplio en el que el Sáhara Occidental continúa siendo considerado un conflicto de larga duración, sin avances sustanciales en su proceso de resolución.