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21 junio 2026

Sáhara Occidental | El mundial de kitesurf de Dajla lleva el nombre del príncipe marroquí

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Por Ana Stella


Madrid (ECS).- Cada octubre, la bahía de Dajla (la antigua Villa Cisneros, ocupada por Marruecos desde 1975) acoge un mundial de kitesurf que lleva el nombre del heredero al trono marroquí. El «Prince Moulay El Hassan GKA Kite-Surf World Tour Dakhla» se celebra bajo el Alto Patrocinio de Mohamed VI y bajo la égida de la federación internacional World Sailing. La 15ª edición tuvo lugar del 6 al 12 de octubre de 2025. El Ministerio de Juventud y Deportes marroquí lo patrocina desde la primera. Y los propios organizadores no se molestan en disimular: presentan el certamen como una herramienta para promocionar «el destino Dajla/Marruecos».

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El kitesurf, las dunas y el marisco no son un fin, son el maquillaje. Detrás hay una política de Estado para convertir un territorio ocupado y pendiente de descolonización, según la ONU, en un escaparate turístico que normalice la ocupación ante la opinión pública europea. El número de visitantes al Sáhara Occidental bajo control marroquí pasó de 490.297 en 2019 a 743.133 en 2025, según datos del propio Ministerio de Turismo de la potencia ocupante.

El campeonato lo monta Dakhla Attitude, uno de los mayores complejos de kitesurf de la laguna, levantado en territorio ocupado. Lo creó Rachid Roussafi, presentado en el sector como el pionero que «descubrió» el spot y abrió el primer campamento de la zona. Hoy ese mismo complejo opera como centro oficial de la marca alemana de kitesurf Duotone (Duotone Pro Center).

Los establecimientos de lujo de la bahía pertenecen, en buena parte, a la élite económica ligada al palacio marroquí. El más conocido, La Crique, está vinculado al empresario Idris Sanoussi, primo de la embajadora de Marruecos en Madrid. Son negocios que operan sobre recursos que el Tribunal de Justicia de la Unión Europea ha reconocido que pertenecen al pueblo saharaui, no a Rabat.

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La maquinaria de creadores de contenido que acompaña a esta ofensiva ya fue documentada a comienzos de 2025 por El Independiente (en el trabajo de Sara S. Bas y Francisco Carrión) y, más tarde, por Rubén Pulido en Epoch Times. Ambos describieron los viajes pagados por la Oficina Nacional de Turismo de Marruecos, las invitaciones a youtubers e instagramers españoles y la coartada repetida de los participantes («vamos por turismo, no a hacer política»). No hace falta repetirlo, basta con saber que existe y que sigue funcionando.

Lo que esos viajes ocultan se entiende mejor mirando lo que le pasa a quien intenta ir por su cuenta. Rama Jutglar, youtuber de viajes granadino conocido por su canal Ramilla de Aventura, quiso llegar a El Aaiún y a Dajla en febrero de 2025 para conocer la realidad del pueblo saharaui. La policía marroquí de paisano le impidió bajar del autobús con un aviso: sabían que no iba como turista. Cuando intentó volar a Dajla vía Casablanca, le retiraron el pasaporte durante doce horas y le obligaron a comprar de su bolsillo un billete de vuelta a España para recuperarlo.

El mismo trato han recibido otros periodistas porque la regla es que quien viene a promocionar entra con alfombra roja; quien viene a mirar, sale deportado. Es la misma profesión, el mismo destino y dos tratos opuestos, y esa diferencia es la confesión involuntaria de lo que Marruecos no quiere que se vea.

El blanqueo no termina en las redes de los influencers. Está incrustado en la infraestructura del viaje. Una investigación de la BBC constató que Expedia, Booking y Trivago sitúan los hoteles del Sáhara Occidental como ubicados en Marruecos. Airbnb rectificó el año pasado y retiró esa referencia tras la presión de las campañas de solidaridad, lo que demuestra que cambiar el rótulo es posible cuando hay voluntad.

Las aerolíneas marcan la misma línea divisoria. Ryanair presentó Dajla como «el decimotercer aeropuerto de su red marroquí» al abrir en enero de 2025 sus rutas desde Madrid y Lanzarote. Transavia France amplió sus conexiones en alianza estratégica con la oficina de turismo marroquí, y turoperadores como FRAM o Bourse des Voyages ya venden la ciudad en catálogo como Marruecos. Frente a todos ellos, una excepción significativa: Binter Canarias, que vuela a Dajla y El Aaiún, se refiere a la zona como Sáhara Occidental.

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«No vamos por política»

En Dajla, mientras los campamentos de kitesurf sirven cócteles a 35 kilómetros del centro, la población saharaui vive bajo vigilancia permanente, detenciones y un apagón informativo que impide que su voz salga al exterior. Esa es la letra pequeña que no aparece en ningún catálogo. El deporte, las marcas y los influencers que cantan las maravillas de la «perla del sur» no están vendiendo unas vacaciones baratas. Están vendiendo la idea de que la ocupación ya es un paisaje normal. Y no lo es.

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