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20 junio 2024

Confundir semitismo por sionismo es perverso y busca justificar un genocidio

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Por Antonio Nepomuceno Moreno

Madrid (ECS) – He visto muchas películas sobre la Segunda Guerra Mundial y entiendo claramente lo que es el nazismo, lo que significó en el pasado y lo que representa ahora. No olvido ni perdono que individuos degenerados, por sentirse superiores, deseen o justifiquen acabar con la vida de otro ser humano solo por sentirse superiores, ya sea por racismo o xenofobia, en un aquelarre religioso que siempre justifica matar en nombre de Dios.

Antonio Nepomuceno Moreno | Autor del artículo de opinión.

Durante mi adolescencia, recuerdo que era perturbador asistir al colegio y encontrar en los libros de historia fotografías del horror nazi: montañas de cadáveres de personas desnutridas, cuerpos esqueléticos apilados, con sus cabezas torcidas y miradas vacías y frías, imágenes grises que mostraban la horrenda naturaleza humana, resultado del odio irracional del fascismo nazi alemán. El profesor nos advertía: «Son imágenes muy duras, quizás difíciles de procesar para vosotros, los jóvenes, pero es crucial prestar atención a estas imágenes, a la historia misma, para no repetir los errores del pasado, para estar alertas si sucede de nuevo, para evitar que la humanidad se degrade al punto de justificar estos crímenes con el supremacismo racial o ideológico». Casi medio siglo después de ver esas imágenes, aún no se han borrado de mi mente. Agradezco, en parte, las palabras de aquel profesor, que en aquel tiempo nos hizo conscientes de esa oscura parte de nuestra Europa, porque, al final, eso nos ha permitido identificar a otros fascistas que emergen con sus crímenes una vez más.

En mi vida, tres ídolos de origen judío han sido mis maestros: en primer lugar, Jesús de Nazaret, un judío que predicó la paz, la fraternidad entre todos los seres humanos y la generosidad, pilares del humanismo cristiano, enseñanzas que contrastan con las de los fascistas de antaño y de hoy. En segundo lugar, Albert Einstein, un judío que no solo demostró ser una de las mentes más brillantes, sino que también usó su inteligencia para identificar a los nuevos nazis de nuestro siglo, alertando sobre ellos y mostrando su rechazo al sionismo previo, fuente del odio fascista actual. En tercer lugar, el filósofo Spinoza, alabado por Einstein, un judío sefardí cuya obra literaria trascendió tras su muerte, ya que su filosofía estaba adelantada a su tiempo y enfrentó amenazas de muerte de comunidades judías tan extremistas como la Iglesia Católica de su época. Finalmente, Carl Marx, quien sin reservas ocupa el último lugar en mi lista, pero cuyo pensamiento político y filosófico nos señala el camino hacia un mundo justo y libre, donde todos seamos parte de un todo, en igualdad de condiciones entre hombres y mujeres, compartiendo un objetivo progresista y libre del capitalismo opresor, reemplazando la economía del odio y la envidia por una basada en el amor, la generosidad y la fraternidad entre los pueblos, defendiendo así el internacionalismo que toda persona de izquierdas considera moralmente obligatorio.

He enfatizado que mis referentes intelectuales son de origen semita, específicamente judíos. Por lo tanto, en mi caso y en el de muchos otros, es absurdo, irreal y cuestionable que se nos acuse de antisemitismo.

La situación que se vive en Gaza no es reciente; representa un abuso continuado que se extiende por décadas. Es un episodio tan prolongado que corremos el riesgo de olvidar sus orígenes, una etapa colonial de Occidente en el Medio Oriente, justificada erróneamente con la promesa de conceder a las víctimas del nazismo una patria propia.

Palestina se caracterizaba por la convivencia de tres culturas: la judía, la musulmana y la cristiana, todas con raíces semitas, ya que el origen semita no se asocia con una religión específica, sino con los pueblos originarios de Palestina. Hoy, el territorio está ocupado por colonos occidentales que, bajo el pretexto de compensación por pasadas victimizaciones, creen tener derecho a desplazar a otros pueblos, generando nuevas víctimas. Antes del colonialismo occidental, lo habitual era una Palestina multicultural.

Personas de todo el mundo llegaron reclamando tierras que no les pertenecían, cometiendo crímenes que persisten hasta hoy. Afortunadamente, las cámaras en dispositivos modernos permiten documentar estos horrores. Idealmente, el estado actual debería haberse establecido como una nación multiétnica y multicultural, en lugar de seguir el diseño sionista de una sociedad homogénea en etnia y religión, otorgando derechos a unos y negándolos a otros, incluidos los judíos antisionistas que también se oponen al estado de Israel y se consideran víctimas de este colonialismo.

Está claro que el estado de Israel y sus socios como Estados Unidos están detrás de un genocidio sin precedentes en la historia de la humanidad, donde fundamenta todo “al derecho a defenderse de Israel” más bien su derecho emanado de los vetos en la ONU por parte de EE.UU a que Israel pueda actuar impunemente asesinando a todo un pueblo, lo que se dice limpieza étnica, para aquellos que no lo sepan incluido asesinatos de cristianos palestinos, asesinatos en el presente impunes y con la complicidad de Joe Biden.

Hemos sido educados para reconocer esos desmanes de la historia, al menos a mí me lo enseñaron en mi juventud, no sé si las nuevas generaciones puedan verlo, creo que sí, esta guerra no llegó con los atentados de Hamas, atentados perpetrado en suelo ocupado por Israel, para aquellos que al momento piensan que condenamos la carnicería de Israel sobre gaza incluido Cisjordania (donde Hamas no tiene autoridad), para aquellos que quieren confundir, diré que tanto yo como los responsable de la izquierda española condenamos el anterior atentado de octubre sobre personas inocentes que acudía a un festival de música, casualmente con personas de un concepto de la paz y unidad carente del gobierno israelí, personas que fueron asesinadas y que en parte no eran enemigos del pueblo palestino, la norma es acusarnos de ser antisemitas y de ser parte de aquellos que con el odio asesinan a personas inocentes, incluido animales, por tanto vuestra necedad de acusarnos de antisemitas se disipa como el las moléculas de hidrógeno en el aire.

El artículo continúa después…

Cuando se nos acusa de ser antisemitas, cosa incierta, no se contempla para nada que hay una fuerza judía con conciencia que rechaza este atroz comportamiento de Israel, en Estados Unidos ha sido uno de los núcleos judíos más activos contra este genocidio, siendo incluso víctimas de la represión del presidente Biden, como no también en Israel se ha reprimido a muchos judíos que rechazan frontalmente esta gran barbaridad que nos recuerda mucho el holocausto judío de la Alemania NAZI, pienso que muchos de estos judíos, incluso sienten una gran vergüenza de que un dirigente de origen polaco, venido de la vieja Europa propicie unos de los episodios más vergonzantes de nuestra historia en nombre del judaísmo.

Hay que seguir empujando al PSOE, al tibio Sánchez, no sólo es necesario reconocer al estado palestino, porque al fin de cuentas es tan sólo una formalidad que no va a cambiar la realidad de los masacrados palestinos, por tanto queda ser valientes y romper sin miedo y con valentía con un estado genocida como es el actual estado de Israel, un estado que representa a los sionistas, al estado colonial establecido por occidente para controlar oriente medio, nada que ver con el judaísmo, eso es en sí la escusa, usar las víctimas del holocausto para tener un frente colonizador por parte de occidente en oriente medio, sobre todo por parte de EEUU, de ahí su apoyo incondicional muy a pesar del sangriento destino del pueblo palestino, la diáspora judía rechaza de pleno el estado de Israel, va contra la fe judía de los judíos, sus creencias más nucleares donde creen que el estado de Israel no tendrá cabida hasta la venida del próximo mesías, donde no por ende tiene que conformarse con sangre y fuego como hacen estos asesinos en la actualidad, en este sentido los propios judíos de todo el mundo son víctimas de estos colonos venidos de todo el mundo, con rasgos muy diversos que nada tienen que ver como los rasgos semitas, la imagen de Jesús de Nazaret que presenta la religión cristiana occidental es la de un hombre con cabello dorado y ojos azules, una figura que refleja los ideales de los nacionalismos cristianos occidentales. Sin embargo, esta representación dista mucho de la realidad histórica. El verdadero Jesús tenía una tez oscura, era de origen semita, con cabello y ojos oscuros, características que comparte con los palestinos contemporáneos.

Sea como sea, reconocer al pueblo palestino hoy en día representa el inicio de un cambio; es el primer paso para normalizar la tranquilidad y la paz en Oriente Medio. Esta es una meta anhelada y defendida por la izquierda global: la paz como fundamento para brindar justicia a aquellos perseguidos y asesinados por regímenes movidos únicamente por el odio racista y xenófobo.

No es casualidad que todos los Nazis de nuestro nuevo siglo se alineen con los Nazis de nuestra nueva era (el sionismo), en el pasado los judíos fueron víctimas de estos que ahora apoyan a Netanyahu, dejando muy claro que nada tienen que ver estos colonos occidentales con el judaísmo, prueba de ello es que muchos de ellos se cambiaron sus apellidos de origen occidental por el de origen judío, es en sí una estafa, donde vuelven a ser víctimas de este holocausto los verdaderos judíos, parte de los pueblos originarios de Palestina, nos encontramos a un Netanyahu con rasgos europeos, polacos, a un sinfín de colonos muy distante de esos rasgos semitas, donde abusan y discriminan a los mismo judíos que son originarios de Palestina y que nunca reconocieron el estado de Israel.

Las guerras del mañana son las injusticias del presente, a día de hoy crecen esas injusticias, una de las expresiones de los sionistas en nuestro tiempo es que hay que asesinar a toda Palestina, si fuese necesario para ellos incluso usar la bomba atómica, pues piensan y creen que no pueden dejar vivos a los niños gazaties, pues puede que en el mañana quieran vengarse de sus padres asesinados, declaraciones de rabinos sionistas y partidos de extrema derecha israelí.

Lo ideal habría sido un único estado, con culturas unidas antes de la llegada de los colonos sionistas a Israel, un estado que fortaleciera la diversidad y enfrentara los desafíos del siglo actual. Einstein lo veía así; intentaron involucrarlo debido a su gran popularidad, pero él supo diferenciar entre fascistas y humanistas. Se mantuvo firme en sus ideas y su fe en el socialismo, en el camino universal hacia un mundo mejor, más allá de religiones y nacionalismos. Albert Einstein, siendo judío, identificó al sionismo como otro enemigo emergente de los judíos, cuyo origen mostraba similitudes con el fascismo nazi, algo que ahora, claramente, somos testigos.

En este punto, a aquellos que se sientan tentados de llamarme antisemita, les diré que si así fuera, también tendrían que decir lo mismo de un judío como Albert Einstein. Ni yo soy antisemita, ni lo fue mi maestro en vida; simplemente sabemos diferenciar entre asesinos y pacifistas.

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