El despliegue militar marroquí en el frente del Sáhara Occidental calienta el polvorín del norte de África

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Una espiral de guerra asimétrica en el Sáhara Occidental y el riesgo de un conflicto de mayor alcance

Madrid (ECS).- La tensión sigue en aumento en el Sáhara Occidental y, aunque la vía diplomática se mantiene como la apuesta, Marruecos ha comenzado a reforzar militarmente al menos nueve puntos en el muro militar con la acumulación de tropas cerca de la línea de separación. Marruecos desplazó a lo largo de esta semana más tropas a los sectores norte, centro y sur del Sáhara Occidental. En el día de hoy fueron avistados al menos un batallón en Guelta-Zemmur y en Amgala, concretamente el Cuerpo de élite del Ejército marroquí, donde el Ejército marroquí acantonó en este lugar miles de tropas.

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No se descarta una nueva aventura marroquí, que consiste en la salida de sus tropas al este del muro para atacar a las fuerzas del Ejército de Liberación Popular Saharaui (ELPS) posicionadas en los territorios liberados del Sáhara Occidental.

Paralelamente, Rabat inició este viernes un movimiento de tropas de gran envergadura en el límite del muro (línea de separación) que divide el territorio saharaui, en los que participan miles de tropas, tanques, obuses autopropulsados y blindados de apoyo, según precisó una fuente exclusiva a ECSAHARAUI. Un alto funcionario del Frente POLISARIO, no obstante, reiteró que no necesariamente se plantea una invasión total por parte de Marruecos de los territorios liberados del Sáhara Occidental y defendió que debido a los continuos ataques del Polisario, el mando militar marroquí decidió sacar a sus tropas para «mostrar músculo».

«Poco después de detectarse estos movimientos, combatientes del Ejército Popular de Liberación Saharaui (ELPS) atacaron una unidad móvil del Ejército de ocupación con el armamento adecuado», afirma una fuente militar. y agrega: «hasta el momento, no se han registrado movimientos visibles de la unidad atacada.»

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Marruecos; presa de su propia trampa en el Sáhara Occidental

Las pretensiones de Marruecos de extender su control sobre las posiciones de la Misión de Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental (MINURSO), situadas al este del muro militar, especialmente en el sector de Tifariti, representan un peligroso punto de inflexión en el conflicto. Tras la desaparición de la presencia de la ONO. «Rabat podría intentar aprovechar el vacío de seguridad para ampliar su dominio sobre los territorios administrados por el Frente Polisario», dice una fuente de alto rango a ECSaharaui.

Una aventura de estas características expondría a Marruecos a una prolongada guerra asimétrica. El Frente Polisario dispone de capacidad militar para desarrollar operaciones de guerrilla e intensificar los ataques contra posiciones militares e infraestructuras económicas críticas en los territorios ocupados del Sáhara Occidental, imponiendo así una guerra de desgaste al Ejército marroquí.

La presión tampoco se limitaría al ámbito militar. Cualquier nueva ofensiva marroquí podría reactivar las protestas y desencadenar movilizaciones e insurrecciones contra la administración de ocupación en los territorios saharauis. Sin embargo, el principal peligro reside en una posible extensión regional del conflicto. «Cualquier avance militar marroquí hacia zonas próximas a la frontera suroccidental de Argelia sería interpretado como una amenaza estratégica por Argel», escribe el diplomático argelino Amar Belani en sus redes sociales.

«Argelia ha reiterado que no busca la guerra, pero responderá con la máxima firmeza ante cualquier vulneración de sus fronteras o de su territorio. Rabat cometería un grave error si interpretara la desaparición de la MINURSO como una oportunidad para desplegar sus fuerzas hasta las proximidades de la frontera argelina. En el actual contexto de tensión bilateral, cualquier incidente fronterizo o escalada fuera de control podría desembocar en un enfrentamiento militar cuyas consecuencias superarían ampliamente el ámbito del Sáhara Occidental», agrega Belani.

El silencio europeo ante este escenario resulta especialmente preocupante, en particular el de España. Como antigua potencia colonial, España continúa siendo, conforme al derecho internacional, la potencia administradora de iure del Sáhara Occidental. Por ello, Madrid no puede eludir sus responsabilidades históricas y jurídicas amparándose en su respaldo político a Marruecos ni considerar que la desaparición de la MINURSO pone fin a dichas obligaciones.

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Además, España sería uno de los países europeos más expuestos a las consecuencias de una reanudación real de las hostilidades. La desestabilización del Sáhara Occidental podría provocar nuevas oleadas migratorias hacia Canarias y las costas de Andalucía, además de amenazar los suministros energéticos, los intereses económicos europeos y los mecanismos de cooperación en materia de seguridad con los países del Magreb.

La Unión Europea también mantiene una actitud de aparente indiferencia, pese a disponer de importantes instrumentos económicos, comerciales y diplomáticos para disuadir a Marruecos de emprender una nueva aventura militar. Francia y España, por su proximidad e influencia sobre las autoridades marroquíes, cuentan con una capacidad particular para intervenir.

«En lugar de ejercer una vigilancia injustificada sobre la cooperación militar entre Argelia y Níger, las instituciones europeas deberían prestar atención a las crecientes amenazas en el Sáhara Occidental y evitar erigirse en árbitros de Estados soberanos mientras ignoran los riesgos de una escalada regional», denuncia Belani.

Para Argel y el Frente Polisario, «la negativa de las capitales europeas a establecer límites claros a las ambiciones expansionistas de Marruecos puede convertir su respaldo político a Rabat en un estímulo implícito para nuevas acciones militares.»

Europa podría terminar pagando las consecuencias de una política de complacencia cuyos resultados no está en condiciones de controlar. Si una nueva guerra en el Sáhara Occidental desemboca en un enfrentamiento regional y en una desestabilización prolongada del norte de África, las capitales europeas difícilmente podrán alegar que no fueron advertidas.

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