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02 agosto 2026

La estructura del espionaje marroquí y su alcance sobre políticos, periodistas y activistas de DD.HH

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Madrid, 30 jul (ECS).- Una investigación periodística internacional coordinada por Forbidden Stories, con la participación de El Confidencial y otros 14 medios de comunicación, revela nuevos detalles sobre el funcionamiento del aparato de inteligencia marroquí y señala el presunto uso de herramientas de espionaje digital contra miles de periodistas, activistas, defensores de derechos humanos, dirigentes políticos y personalidades internacionales.

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El trabajo, integrado en el proyecto Pegasus Project, se apoya en testimonios de antiguos miembros de los servicios secretos marroquíes, documentos oficiales, filtraciones, análisis técnicos y verificaciones realizadas por el Laboratorio de Seguridad de Amnistía Internacional. La investigación sitúa a la Dirección General de Vigilancia del Territorio (DGST), el poderoso servicio secreto interior de Marruecos, como una pieza central de un sistema de vigilancia que combina métodos tradicionales con tecnología avanzada.

Según la investigación publicada por El Confidencial, la estructura de espionaje marroquí estaría dirigida desde los niveles más altos del Estado y vinculada al entorno del Palacio Real de Rabat. Entre las figuras señaladas aparecen Fouad Ali El Himma, consejero real y una de las personas más cercanas al rey Mohamed VI, y Abdellatif Hammouchi, director de la DGST, considerado uno de los hombres fuertes del aparato de seguridad marroquí.

La investigación también menciona la participación de Yassine Mansouri, responsable de la Dirección General de Estudios y Documentación (DGED), el servicio de inteligencia exterior marroquí, y del ministro de Asuntos Exteriores, Nasser Bourita, dentro de la estrategia política y diplomática del reino.

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La crisis de Ceuta y el espionaje a dirigentes españoles

Uno de los episodios centrales del reportaje se sitúa en la crisis diplomática entre España y Marruecos de mayo de 2021, cuando más de 10.000 personas entraron irregularmente en Ceuta después de que Marruecos abriera su frontera con la ciudad autónoma.

El desencadenante oficial fue la acogida en España del líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, quien fue tratado en un hospital de Logroño tras enfermar de covid. Sin embargo, según documentos del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) analizados por la investigación, Rabat habría interpretado aquella situación como una oportunidad para presionar a España en relación con la soberanía del Sáhara Occidental.

La investigación sostiene que la estrategia marroquí habría sido coordinada por el entorno de El Himma y Hammouchi, con el objetivo de lograr un cambio de posición del Gobierno español sobre el conflicto del Sáhara.

En ese contexto, el reportaje de El Confidencial afirma que los teléfonos del presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, y de varios ministros de su Ejecutivo —incluidos responsables de Exteriores, Interior y Defensa— fueron objeto de ataques con el programa espía Pegasus.

Según la investigación, el teléfono de Sánchez habría sufrido dos infecciones, una en 2020 y otra en mayo de 2021, tras la crisis de Ceuta. En una de ellas se habrían extraído gigabytes de información del dispositivo. Posteriormente, en marzo de 2022, el Gobierno español modificó su posición histórica sobre el Sáhara Occidental mediante una carta de Sánchez al rey Mohamed VI en la que apoyaba la propuesta marroquí de autonomía para el territorio.

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La DGST, el centro operativo del espionaje

La investigación describe a la DGST como el núcleo operativo desde el que se ejecutarían campañas de vigilancia contra objetivos considerados una amenaza para la estabilidad del régimen.

Según antiguos miembros de los servicios secretos citados por el reportaje, la misión principal del organismo es proteger la continuidad de la monarquía y controlar cualquier movimiento político, social o mediático que pueda cuestionar al Estado.

Las fuentes consultadas describen una combinación de técnicas tradicionales —seguimientos, infiltración de redes personales, escuchas telefónicas e informadores locales conocidos como moqadem— con herramientas tecnológicas capaces de acceder a teléfonos móviles y comunicaciones privadas.

El reportaje señala que la vigilancia no se habría limitado a territorio marroquí y que también habría alcanzado a personas relacionadas con el Sáhara Occidental, activistas rifeños, periodistas críticos y miembros de organizaciones internacionales.

Entre los objetivos mencionados aparecen también integrantes de la MINURSO, la misión de Naciones Unidas para el Sáhara Occidental, cuya actividad sería objeto de seguimiento mediante sistemas de vigilancia instalados en lugares estratégicos, según las fuentes citadas por la investigación.

La investigación explica que Pegasus, desarrollado por la empresa israelí NSO Group, habría sido utilizado como una herramienta reservada para operaciones consideradas prioritarias.

Según testimonios recogidos por el consorcio periodístico, los servicios marroquíes habrían recurrido primero a métodos convencionales y posteriormente al software israelí cuando otras técnicas no permitían obtener la información buscada.

El programa permite, según las investigaciones técnicas previas sobre Pegasus, acceder a mensajes, fotografías, documentos, llamadas, ubicación, micrófono y cámara del dispositivo infectado.

El reportaje sostiene que Marruecos no habría adquirido directamente Pegasus de NSO Group, sino mediante intermediarios como la empresa emiratí FSSYS Al Fahad y su filial marroquí FSSYS Maroc, que habrían facilitado la relación comercial y técnica.

También menciona el papel de la compañía de telecomunicaciones Maroc Telecom, señalada por las fuentes consultadas por su presunta colaboración en determinados procesos de interceptación. La empresa no respondió a las preguntas planteadas por la investigación.

Periodistas, activistas y defensores de derechos humanos entre los objetivos

La investigación recuerda que Marruecos ya había aparecido en 2021 en las revelaciones iniciales del Pegasus Project, cuando Forbidden Stories y Amnistía Internacional identificaron miles de números potencialmente seleccionados para vigilancia.

Entre los casos analizados destaca el del periodista marroquí Omar Radi, uno de los principales críticos del Gobierno de Rabat. Según la investigación, Radi habría sido sometido durante años a vigilancia física, escuchas, seguimiento de su entorno y espionaje digital.

Amnistía Internacional confirmó en 2020 la presencia de Pegasus en su teléfono. Posteriormente, Radi fue detenido y condenado en 2021 a seis años de prisión por delitos de violación y espionaje, una sentencia denunciada por organizaciones como Human Rights Watch y Reporteros Sin Fronteras por considerar que el proceso no contó con garantías suficientes.

Otro de los nombres citados es el del historiador y activista Maati Monjib, defensor de la libertad de prensa en Marruecos, así como el abogado Abdessadak El Bouchattaoui, representante legal de manifestantes del movimiento Hirak del Rif.

La investigación también menciona a activistas saharauis y rifeños como parte de los colectivos que habrían sido objeto de vigilancia, especialmente aquellos relacionados con movimientos de protesta, derechos humanos y demandas políticas en territorios considerados sensibles para Rabat.

El consorcio periodístico sostiene que el modelo de espionaje marroquí combina la inteligencia interior de la DGST con la acción exterior de la DGED, permitiendo operaciones fuera de las fronteras del país.

Además del caso español, la investigación menciona posibles objetivos internacionales como el presidente francés Emmanuel Macron, cuya inclusión en anteriores investigaciones sobre Pegasus generó una crisis política en Francia.

Los periodistas señalan que las pruebas recopiladas fueron contrastadas mediante análisis forenses, documentos oficiales, imágenes, información empresarial y testimonios de antiguos miembros de los servicios secretos.

Las autoridades marroquíes, organismos oficiales y empresas citadas fueron consultados por el consorcio antes de la publicación. Según la investigación, varias instituciones no respondieron a las preguntas enviadas o rechazaron las acusaciones.

El reportaje forma parte de una amplia investigación internacional impulsada por Forbidden Stories, con participación de medios como El ConfidencialLe MondeThe Guardian, Der SpiegelDie ZeitHaaretzRadio France y otros socios internacionales, con apoyo técnico del Laboratorio de Seguridad de Amnistía Internacional.

La investigación vuelve a situar el uso de tecnologías de vigilancia como Pegasus en el centro del debate internacional sobre los límites del espionaje estatal, la protección de periodistas y activistas y la supervisión democrática de los servicios de inteligencia.

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