EDITORIAL
Madrid (ECS),— La guerra en Oriente Medio ha entrado en una fase de máxima peligrosidad tras la ofensiva lanzada por Estados Unidos y Israel contra Irán, un movimiento que ha transformado el equilibrio estratégico regional y ha elevado la tensión internacional a niveles no vistos en décadas. Lo que comenzó como una operación presentada como “limitada” se ha convertido en una escalada militar de consecuencias imprevisibles.
En los últimos días, los ataques aéreos y el intercambio de misiles han ampliado el ámbito del conflicto más allá de los objetivos iniciales. Infraestructuras estratégicas, instalaciones militares y puntos clave para el comercio energético han sido alcanzados, mientras Teherán responde con acciones directas y a través de aliados regionales. La posibilidad de que el enfrentamiento derive en una guerra abierta de alcance regional ya no se considera remota en los principales centros de análisis geopolítico.
