EDITORIAL
Madrid (ECS).- Pese a que la red diplomática saharaui mantiene representaciones y embajadas en muchos países, en la actualidad funcionan más como símbolos testimoniales que como centros de presión diplomática real, marginales, a veces deshabitados, careciendo de impacto operativo en el terreno social ni penetración estratégica en foros regionales.
La diplomacia saharaui no ha sabido aprovechar la proyección de la comunidad saharaui en el exterior como herramienta de lobby o de influencia política, especialmente en Europa, África y América Latina. Dichas representaciones se han desviado de su cometido principal, que no era más que expandir la legítima lucha del pueblo saharaui contra la ocupación, y han acabado transformadas en un botín a repartir, por lo que su impulso internacional a la causa es casi imperceptible. Por otro lado, las comunidades saharauis en el exilio, clave para la presión internacional, están desatendidas e instrumentalizadas sin resultados concretos. La desconexión entre el Ministerio y las nuevas generaciones de activistas saharauis agrava la sensación de abandono.
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Como ejemplo de la caótica situación, los variados casos de corrupción y abusos de poder que se dieron en diversas embajadas y representaciones en Europa, África y Latinoamérica no fueron atajados, lo que redundó en graves perjuicios a la red de solidaridad mundial y a la reputación del movimiento de liberación, dando margen a Marruecos para denunciar supuestos desvíos de fondos. La gestión administrativa que recae en algunas delegaciones en España carece de las más elementales normas de protección de datos así como de su clasificación y resguardo.
El Ministerio está sobrecargado de personal innecesario que genera una sobrerrepresentación contraproducente en países como España, Argelia y Francia. ¿Tantos representantes y delegados se necesitan para un pueblo exiliado que se mantiene gracias a la cooperación internacional y que apenas llega al 200 mil de nacionales? Gran parte del cuerpo diplomático saharaui continúa, imprudentemente, en manos de figuras históricas e intocables del Frente POLISARIO, muchas veces más preocupadas por la lealtad política totalitaria que por la eficacia profesional.
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