Las Palmas (ECS).- Un año más, el poder político y económico de Canarias se ha arrodillado simbólicamente ante el monarca alauí. Con motivo del 26º aniversario de la coronación de Mohamed VI, el Consulado de Marruecos organizó en el lujoso Hotel Santa Catalina (Las Palmas) una cena oficial que congregó a más de 160 figuras del ámbito institucional, empresarial y mediático del archipiélago.
La cónsul general marroquí, Fatiha El Kamouri, presidió el acto y volvió a hablar de “fraternidad histórica” entre Marruecos y España, pese a las constantes agresiones políticas del Majzén, la ocupación ilegal del Sáhara Occidental y los chantajes migratorios a los que Rabat somete regularmente a las islas. Pidió “reforzar la cooperación” en áreas como innovación, seguridad y migración, ejes habituales del discurso marroquí cuando busca legitimidad en foros internacionales.
Entre los representantes españoles no faltaron altos cargos del PSOE y del pacto CC‑PP en Canarias. La consejera de Sanidad, Esther Monzón, y el delegado del Gobierno, Anselmo Pestana, participaron activamente en el evento, elogiando “el excelente momento de las relaciones bilaterales”. Ni una sola mención al Sáhara Occidental, ni al espionaje con Pegasus, ni al uso instrumental de menores en Ceuta o las redes de narcotráfico desde el norte de África.
La velada se celebró en el Royal Hideaway Hotel Santa Catalina, uno de los entornos más exclusivos de la ciudad, que fue decorado con motivos típicos marroquíes y ofreció un menú de alta cocina del reino alauí. Lejos de la diplomacia discreta, la escena fue un acto de ostentación, en el que los intereses económicos y geoestratégicos primaron sobre cualquier consideración ética o soberana.
El Gobierno de Canarias, al igual que el Gobierno central, vuelve a situarse en la estela marcada por Madrid: silencio cómplice ante las violaciones de derechos humanos cometidas por Marruecos, participación activa en actos que blanquean al régimen de Rabat y subordinación a su narrativa territorial.