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12 agosto 2026

Las mafias no tuvieron papel alguno en la crisis de Ceuta. Fue una venganza torpe de Mohamed VI

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Madrid (ECS) — La entrada masiva en Ceuta de cerca de 80.000 inmigrantes durante los últimos días de julio no fue, según dos antiguos agentes de los servicios secretos marroquíes exiliados en países occidentales, una operación impulsada por las mafias, informó el diario El Confidencial. Los espías marroquíes apuntan directamente al aparato de seguridad del reino y a una represalia por la investigación periodística que acababa de revelar el funcionamiento interno de la Dirección General de Supervisión del Territorio (DGST) y su utilización del programa de espionaje Pegasus.

La tesis que sostienen ambos exagentes es contundente: la crisis de Ceuta fue consecuencia de una decisión adoptada en las más altas instancias del poder marroquí después de que 14 medios de comunicación —trece europeos y uno israelí, Haaretz— publicaran entre el 16 y el 18 de julio una investigación que dejó al descubierto las estructuras de espionaje de la DGST.

La investigación de este Consorcio periodístico se apoyó en documentos oficiales filtrados, entre ellos una relación de teléfonos españoles sometidos a vigilancia antes de la pandemia, y en el testimonio de un antiguo miembro de los servicios secretos marroquíes, conocido con el apodo de Safir. Este exespía, según El Confidencial, que había trabajado como informático en el servicio y participado en operaciones relacionadas con Pegasus, llevaba años fuera del alcance de la prensa. De repente, su testimonio pasó a estar disponible para los periodistas.

Entre los medios participantes estaban El Confidencial, Le Monde, The Guardian, Die Zeit y Volkskrant, además de Radio France, la radio pública francesa. El trabajo fue coordinado por el equipo de investigación de Forbidden Stories y contó con la colaboración del laboratorio de ciberseguridad de Amnistía Internacional.

La respuesta oficial de Marruecos a aquellas revelaciones fue prácticamente inexistente, aunque determinados medios próximos al aparato de poder sí reaccionaron. Barlamane, un medio de comunicación del dispositivo de seguridad marroquí, calificó las informaciones de «ensañamiento editorial contra Marruecos». Le360, el núcleo duro del Majzen, publicó por su parte un extenso artículo en el que un académico anónimo ponía en cuestión la consistencia de las pruebas, sin aportar argumentos sólidos.

Chouf TV, televisión en línea del aparato de Hammouchi, optó por desacreditar a Safir. No cuestionó su existencia ni sus conocimientos informáticos, pero afirmó que había actuado movido por «resentimiento hacia sus antiguos superiores jerárquicos». Según esa misma televisión, después de abandonar Marruecos consiguió entrar «clandestinamente» en Francia.

La sucesión temporal de los acontecimientos resulta especialmente significativa para los dos antiguos agentes. La sentencia del Tribunal Supremo español del 8 de julio, que en la práctica impidió la devolución en caliente de los nadadores que alcanzaban Ceuta y Melilla, comenzó a tener días después repercusión en redes sociales. Desde cuentas anónimas aparecieron mensajes en árabe que anunciaban, sin ofrecer demasiados detalles, la existencia de un nuevo acceso migratorio hacia esas dos ciudades siempre que se llegara por mar.

A partir del 20 de julio, 48 horas después de las últimas publicaciones de la investigación, comenzaron a llegar a Ceuta alrededor de 150 nadadores diarios. La situación fue aumentando hasta que la Ciudad de Ceuta y la delegación del Gobierno adoptaron el 27 de julio una medida excepcional: publicar conjuntamente un comunicado en el que reclamaban una «respuesta extraordinaria e inmediata por parte del gobierno central». La petición, según El Confidencial, no obtuvo una reacción suficientemente rápida por parte del ejecutivo de Sánchez.

Tres días después, el 30 de julio, entre 70.000 y 80.000 personas llegaron a la ciudad española, de acuerdo con las estimaciones del gobierno. Al mismo tiempo, el aumento de la inmigración irregular coincidió con una progresiva retirada de la policía y de las fuerzas auxiliares desplegadas tanto en la frontera del Tarajal como en las playas marroquíes próximas de Castillejos (Fnideq) y Belyounech.

Los dos agentes exiliados atribuyen esa inacción a órdenes procedentes de la máxima jerarquía de la seguridad marroquí. Según su versión recogida por el rotativo español, las instrucciones partieron de Abdellatif Hammouchi, máximo responsable de la policía y de la DGST, quien a su vez recibiría indicaciones de Fouad Ali el Himma, principal consejero real.

En ese reducido círculo de poder, sostiene El Confidencial, habría surgido la decisión de permitir el paso de la población migrante como forma de expresar el malestar provocado por las investigaciones de Forbidden Stories.

Una operación de semejante magnitud no puede desarrollarse sin el conocimiento de Mohamed VI. Un episodio ocurrido el propio 30 de julio reforzó las sospechas: algunos de los jóvenes que avanzaban hacia Ceuta se cruzaron con los invitados que acudían a la recepción de la Fiesta del Trono celebrada en la residencia real de Rincón (Mdiq), situada a unos veinte kilómetros del Tarajal.

Lo que, según los dos antiguos agentes, pretendía ser una represalia limitada contra la prensa europea terminó desbordando todas las previsiones. La operación adquirió dimensiones mucho mayores de las inicialmente calculadas y la cúpula marroquí perdió el control de sus consecuencias.

El enfado de Mohamed VI

El alcance de la crisis terminó provocando, según una fuente conocedora de la vida en palacio citada por El Confidencial , el enfado de Mohamed VI con sus subordinados. El episodio había superado las previsiones y dañaba la imagen del reino precisamente durante la Fiesta del Trono, la principal celebración civil de Marruecos.

La reacción del monarca, siempre según El Confidencial, no habría pasado de la reprimenda. En la Casa Real marroquí, señala la misma fuente, es poco habitual que una crisis de estas características termine con destituciones o con responsabilidades visibles. A partir de entonces se pusieron en marcha desde el Palacio diferentes iniciativas destinadas a contener las consecuencias, tanto dentro de Marruecos como ante los gobiernos europeos. Una de las estrategias consistió en trasladar la responsabilidad hacia Argelia.

Las mafias no tuvieron papel alguno en la génesis de la operación. La explicación señalada por los dos antiguos agentes apunta al aparato de seguridad marroquí y, en último término, a una represalia vinculada al poder de Mohamed VI.

En esta ocasión, el detonante habría sido la exposición internacional de la DGST, sus mecanismos de espionaje y el uso de Pegasus. La magnitud de la respuesta habría superado, sin embargo, cualquier cálculo inicial. Y la consecuencia fue una crisis migratoria de dimensiones extraordinarias en Ceuta.

La explicación posterior basada en las mafias no encajaría, según esta reconstrucción, con la secuencia de acontecimientos ni con el comportamiento atribuido a las fuerzas de seguridad marroquíes. La tesis de los dos exagentes es otra: la operación fue una represalia política y de inteligencia que terminó descontrolándose.

Le360 llegó a titular: «Un informe de seguridad revela lo que estaba oculto: ‘manos argelinas’ dirigieron la entrada». Ese mismo medio y otros dejaron también abierta la posibilidad de utilizar la crisis de Ceuta como instrumento de negociación sobre el futuro de los «enclaves» españoles.

Posteriormente comenzaron a aparecer señales de rectificación. Desde Rabat se manifestó primero la voluntad de recibir de nuevo a quienes habían cruzado la frontera. Después, el Ministerio del Interior intentó explicar los acontecimientos atribuyéndolos a las mafias y presentó a Marruecos como un socio fiable de España.

Finalmente, una fuente diplomática anónima citada por El Confidencial aseguró que Mohamed VI ha ordenado repatriar a todos los menores no acompañados.

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