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30 agosto 2025

Argelia se enfrenta hoy en Francia a tres lobbies: los nostálgicos de la “Argelia francesa”, los pro-israelíes y los pro-marroquíes

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Por Riyad Hamadi – TSA

Argelia se enfrenta hoy en Francia a una alianza estratégica conformada por tres poderosos lobbies: los nostálgicos de la “Argelia francesa”, los pro-israelíes y los pro-marroquíes.

   Tras una pausa veraniega, la campaña antiargelina se ha reactivado esta semana en Francia con la vuelta de los medios y de la clase política. Las cadenas del grupo Bolloré han retomado la ofensiva con las mismas temáticas —inmigración argelina, Boualem Sansal, etc.— y con un objetivo claro: provocar una ruptura entre Francia y Argelia.

  En los dos últimos años, el discurso antiargelino ha alcanzado un nivel de virulencia pocas veces visto. Lo que antes se limitaba a ataques de la extrema derecha en torno a la inmigración, ha adquirido una amplitud inédita desde la crisis franco-argelina de julio de 2024.

    La escalada se intensificó con la llegada de Bruno Retailleau al Ministerio del Interior en septiembre de 2023. Ambicioso y con aspiraciones presidenciales, Retailleau ha convertido el “dossier argelino” en trampolín político, multiplicando ataques contra Argel. En este marco, ha sido apoyado por la derecha, la extrema derecha y una parte de Renaissance, el partido de Emmanuel Macron. Un parlamentario franco-argelino lo resume así: «Para existir políticamente en Francia, hay que atacar a Argelia y a los musulmanes».

    El trasfondo es el deterioro acelerado de las relaciones entre París y Argel, especialmente después de que Macron reconociera en julio de 2024 la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental. Otros episodios lo agravaron: la detención en Argel del escritor de extrema derecha Boualem Sansal en noviembre de 2024, la expulsión de diplomáticos, la detención en Francia de un agente consular argelino y el caso de varios influencers, entre ellos Amir DZ.

   Retailleau ha encontrado terreno fértil en un contexto de fragilidad política de Macron —marcado por derrotas electorales, crisis económica y popularidad en caída—, y no duda en utilizar el viejo argumento del supuesto rechazo de Argel a readmitir a sus nacionales con orden de expulsión (OQTF), aunque los datos oficiales lo desmientan. Para contentar a la extrema derecha, insiste en que Argelia pretende “humillar” a Francia, alimentando un discurso que conecta con los nostálgicos de la Argelia colonial.

   Los medios de la galaxia Bolloré amplifican este relato, ofreciendo tribunas a figuras hostiles a Argelia. «Hoy quienes odian a Argelia hablan a cara descubierta, los medios les han abierto las puertas», señala un especialista franco-argelino.

   La ofensiva ha desbordado ya lo bilateral. La hostilidad hacia Argelia converge con los intereses de los lobbies pro-israelíes y pro-marroquíes. Según analistas, estos buscan influir en la posición argelina sobre Palestina y aislarla internacionalmente. La guerra en Gaza desde octubre de 2023 ha reforzado esa ofensiva: medios y comentaristas hostiles justifican las operaciones israelíes y, por efecto reflejo, atacan a Argelia por su apoyo histórico a Palestina.

   La deriva llega a extremos. Olivier Pardot, abogado de Netanyahu y de Éric Zemmour, llegó a declarar: «Argelia es el Irán del Magreb, hay que combatirla todos los días, hay que hacerla caer». Al mismo tiempo, alabó a Marruecos y defendió abiertamente la “marroquinidad” del Sáhara Occidental, confirmando la convergencia entre extrema derecha francesa, redes pro-marroquíes y pro-israelíes.

   No solo Argelia sufre este acoso: Sudáfrica, que ha llevado a Netanyahu ante la Corte Penal Internacional, también es objeto de represalias. Lo mismo ocurre con otros Estados africanos solidarios con Palestina y con el Sáhara Occidental.

   Lejos de ser coyuntural, la campaña antiargelina responde a la unión de varios intereses: la extrema derecha francesa que instrumentaliza la inmigración, los medios afines al sionismo, los nostálgicos de la Argelia colonial y el lobby pro-marroquí decidido a debilitar a Argel.

   Paradójicamente, esta convergencia hostil confirma el peso estratégico de Argelia. Como resume un especialista: «Es una batalla entre colonialistas y anticolonialistas».

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