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24 junio 2026

En Marruecos, el espía de Mohamed VI que inquieta al Palacio

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Rabat persigue a un alto responsable de los servicios secretos marroquíes, protagonista y testigo de las operaciones más delicadas del régimen, actualmente refugiado en un país europeo. 

Madrid (ECS) —  La presión se intensifica sobre un cuadro de DGED marroquí. Desde 2024, este exagente de inteligencia de 55 años abandonó el reino llevándose consigo información sensible sobre el Majzén —la red de poder que gravita en torno al Palacio Real—, además de arrastrar en su huida a parte de su entorno familiar y profesional. Mehdi Hijaouy ocupó puestos de relevancia dentro del aparato de seguridad del país.

Entre marzo de 2025 y febrero de 2026, un total de 42 personas fueron investigadas, procesadas o condenadas por delitos de “estafa” y “complicidad en la asistencia a un fugitivo”. Su exesposa fue condenada en 2025 a tres años de prisión firme y deberá ser juzgada nuevamente en apelación durante este mes de junio. Entre los afectados también figuran el hermano del jefe de seguridad del príncipe heredero Moulay Hassan y varios comisarios de policía. Mientras tanto, Hijaouy permanece en un paradero desconocido.

Verano de 2024. Con la reconciliación diplomática entre Francia y Marruecos, París deja de ser un refugio seguro para Mehdi Hijaouy. El antiguo espía del rey marroquí sabe que su permanencia en la capital francesa tiene fecha de caducidad.

La decisión del presidente francés Emmanuel Macron de reconocer la soberanía marroquí sobre el territorio ocupado del Sáhara Occidental —antigua colonia española y epicentro de un conflicto de más de cuarenta años entre el Frente POLISARIO y Marruecos— marcó el final de una profunda crisis bilateral. Dicha crisis se había desencadenado tres años antes tras revelarse que el número de teléfono del mandatario francés figuraba entre los objetivos potenciales del software de espionaje israelí Pegasus, presuntamente utilizado por las autoridades marroquíes.

Para Hijaouy, antiguo alto cargo de la Dirección General de Estudios y Documentación (DGED), el servicio de inteligencia exterior marroquí, este acercamiento diplomático representó una amenaza para Hijaouy. Según diversas informaciones, la vigilancia sobre él y su familia se intensificó en Francia. Varios de sus antiguos colegas habrían seguido sus movimientos.

El 10 de septiembre de 2024, su esposa presentó una denuncia ante una comisaría del VIII distrito de París para alertar sobre vigilancias y seguimientos. En ella adjuntó fotografías de personas que identificó como agentes marroquíes observando a la familia en distintos lugares de la capital.

La situación era especialmente sensible. Hijaouy había ocupado puestos clave dentro de la DGED y posteriormente habría trabajado para Fouad Ali El Himma, consejero de Mohamed VI y una de las figuras más influyentes del aparato político y de seguridad del Palacio Real, conocido en algunos círculos como el “virrey”.

Mientras tanto, las autoridades marroquíes elaboraban un expediente judicial en su contra. Hijaouy fue acusado sucesivamente de “estafa”, “ayuda a la inmigración ilegal” y “pertenencia a una organización criminal”. En septiembre de 2024 se emitió una orden internacional de detención a través de Interpol.

Tras abandonar París y trasladarse a Madrid, Marruecos solicitó su arresto y extradición. Un juez español le retiró el pasaporte y le obligó a comparecer periódicamente ante la policía mientras se resolvía el procedimiento. Según diversas fuentes, durante un encuentro con funcionarios del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) español, Hijaouy habría comprendido que corría el riesgo de ser entregado a Rabat. Poco después desapareció nuevamente, dirigiéndose a un destino desconocido y llevándose consigo información potencialmente comprometedora sobre las estructuras de poder marroquíes.

Del servidor fiel al personaje incómodo

Considerado durante años un servidor leal de la monarquía, Mehdi Hijaouy comenzó a distanciarse del establishment marroquí cuando defendió públicamente a los hermanos Azaitar, luchadores marroquíes-alemanes de artes marciales mixtas (MMA) y amigos íntimos de Mohamed VI.

La presencia de Abu y Ottman Azaitar en el círculo privado del monarca generó malestar entre sectores institucionales del Palacio, que consideraban su influencia perjudicial. Diversos medios cercanos a los servicios de seguridad iniciaron entonces campañas críticas contra los deportistas.

Los hermanos Azaitar eran percibidos como figuras alejadas de los códigos tradicionales de la corte marroquí. Apodados en ocasiones los “gánsteres del Ferrari”, fueron objeto de reproches por exhibir vehículos de lujo, relojes exclusivos y un estilo de vida ostentoso en redes sociales. Sin embargo, Mohamed VI mantuvo su cercanía con ellos.

En diciembre de 2021, Hijaouy defendió públicamente a los hermanos Azaitar en diversos medios de comunicación, argumentando que podían contribuir a la formación de las fuerzas de seguridad marroquíes en disciplinas de combate. La propuesta nunca prosperó.

Una carta privada para el rey

Dos años más tarde, Hijaouy volvió a desafiar los canales tradicionales de poder al enviar directamente al monarca un “Libro Blanco” dedicado a la inteligencia y la seguridad del futuro. El documento, compuesto por artículos, propuestas y recomendaciones estratégicas, pretendía ofrecer una reflexión sobre la evolución de los servicios de inteligencia. No se sabe si Mohamed VI llegó a leerlo. Sin embargo, la iniciativa fue interpretada por algunos sectores de la corte como una afrenta o incluso como una maniobra política.

En un entorno donde la influencia se mide por el acceso directo al soberano, este gesto contribuyó a aislar aún más a Hijaouy y alimentó especulaciones sobre posibles luchas internas de poder.

Formación en los servicios secretos

Nacido en Alemania hace 53 años, Mehdi Hijaouy procede de una familia vinculada a las fuerzas armadas marroquíes. Su padre fue agregado militar y cercano al rey Hassan II, mientras que uno de sus tíos murió durante la guerra de Yom Kipur combatiendo junto a los ejércitos árabes en el frente del Golán.

Ingresó en la DGED en 1994 y fue ascendiendo progresivamente hasta alcanzar el rango de administrador general. Durante su carrera recibió formación en servicios de inteligencia extranjeros y, según diversas fuentes, participó en programas de capacitación con organismos israelíes a comienzos de la década de 2000. En 2005 dirigía el servicio de operaciones y la oficina de seguridad interna de la DGED. Participó en desplazamientos oficiales del rey por África y desarrolló misiones en Francia, España y los países del Benelux.

Según conocedores de la materia, una de las prioridades de la inteligencia marroquí era la defensa de la posición del reino sobre el Sáhara Occidental, considerada una cuestión estratégica fundamental para el Estado.

El caso Pegasus

Tras abandonar la DGED, Hijaouy pasó a trabajar desde 2017 junto al consejero real encargado de la coordinación de los servicios de seguridad. De acuerdo con diversas fuentes, siguió teniendo acceso a información sensible relacionada con asuntos como Pegasus, el software espía que supuestamente habría sido utilizado para vigilar a miles de personas, entre ellas dirigentes extranjeros. Marruecos ha rechazado reiteradamente estas acusaciones.

Las autoridades marroquíes intentan minimizar actualmente la importancia de Hijaouy dentro de la estructura de inteligencia, presentándolo como un antiguo agente de rango secundario apartado de la DGED años atrás.

Sin embargo, expertos como Claude Moniquet, director del Centro Europeo de Inteligencia y Seguridad, sostienen que Hijaouy desempeñó funciones de primer nivel dentro del servicio exterior marroquí y que estuvo estrechamente vinculado a los principales responsables de la seguridad del reino.

La cuestión de si Hijaouy participó en actividades empresariales irregulares sigue siendo objeto de controversia. Algunos medios marroquíes destacan sus relaciones con empresarios de reputación controvertida.

Por el contrario, su abogado, el jurista francés William Bourdon, sostiene que se trata de un caso eminentemente político. En una solicitud dirigida a Interpol, Bourdon pidió la retirada de la notificación roja y de los datos personales de su cliente, argumentando que este fue objeto de represalias por denunciar presuntas prácticas de corrupción, reclamar reformas en los servicios de inteligencia y criticar el uso abusivo de tecnologías de vigilancia.

Según esta interpretación, sus posiciones públicas le habrían granjeado la enemistad de algunos de los responsables más poderosos del aparato estatal marroquí y contribuido a convertirlo en una figura incómoda para determinados sectores del régimen.

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