Por Lehbib Abdelhay
Madrid (ECS).— Durante mucho tiempo, la región de África Occidental y el Sahel fue vista como un modelo de “islam moderado y tolerante”, gracias a la presencia histórica de las grandes órdenes sufíes, en particular la Tiyaniyya y la Qadiriyya, y a su papel en la conformación de un tejido social y espiritual que trascendía las tribus y las fronteras del Estado. Las zawiyas parecían un verdadero “válvula de seguridad” contra el extremismo y una sólida fortaleza cultural.
Hoy, la realidad en Malí, Níger, Burkina Faso y el norte de Nigeria impone una pregunta urgente: ¿Cómo se derrumbó tan rápidamente esta fortaleza frente a la expansión de los movimientos salafistas yihadistas (como Boko Haram, el Grupo de Apoyo al Islam y a los Musulmanes y el Estado Islámico en el Gran Sáhara)? ¿Y por qué las antiguas estructuras sufíes fracasaron en “proteger” a sus sociedades del deslizamiento hacia la radicalización?
Este análisis sostiene que el retroceso del papel sufí no fue únicamente resultado de la presencia yihadista, sino la consecuencia de acumulaciones históricas y de crisis estructurales dentro de las propias órdenes sufíes, que les hicieron perder su inmunidad y su capacidad de resistencia en un momento de transformación tempestuosa.
