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13 enero 2026

Geopolítica: ¿Un ataque estadounidense inminente contra Irán?

El ruido mediático de las últimas 48H procede, en su mayoría, de cuentas israelíes vinculadas al lobby sionista (AIPAC) en Washington.

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Madrid (ECS).— Hace poco, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump dirigió mensajes directos a los manifestantes en Irán, instándolos a tomar el control de las instituciones; Advirtió de que cualquiera que mate a los manifestantes pagará un precio muy alto y exigió a los manifestantes documentar los nombres y exigir responsabilidades a los implicados en los asesinatos.

También anunció la cancelación de todas sus reuniones con responsables iraníes hasta que se detenga lo que calificó de «matanza absurda». Cerró con una declaración llamativa: «La ayuda está en camino».

Cuando Trump fue preguntado en Fox News sobre su afirmación de que «la ayuda para Irán está en camino» y sobre la naturaleza concreta de dicha ayuda, la respuesta del mandatario estadounidense fue breve y enigmática: «Lo siento… tendrán que descubrirlo ustedes mismos».

¿Ataque inminente?

Sin entrar en un análisis profundo, hay dos elementos que llamaron la atención y que no pueden ser ignorados. El primero es que el escenario militar, hasta el momento, carece de indicadores de peso: no hay grandes portaaviones en movimiento, ni puentes logísticos en construcción, ni concentraciones significativas de equipamiento estratégico estadounidense en Oriente Medio. Si existiera la intención de imponer una guerra contra Irán, estas señales habrían aparecido con antelación, incluso teniendo en cuenta la presencia de grandes bases estadounidenses en Catar —la base de Al Udeid— y en otros países vecinos.

El segundo es que el ruido mediático de las últimas cuarenta y ocho horas procede, en su mayoría, de cuentas israelíes o estadounidenses vinculadas al lobby sionista (AIPAC) en Washington, o de figuras pertenecientes a los halcones republicanos que viven de la necesidad de derrocar al régimen de los mulás en Teherán, como el senador Lindsey Graham.

A partir de ello, lo más probable es que Washington apueste por el frente interno iraní, y en particular por los manifestantes, para provocar una desestabilización interna que preceda a cualquier decisión de recurrir a la fuerza. Mantener la ambigüedad es una parte esencial del estilo de Donald Trump, que utiliza la imprevisibilidad de sus acciones como un arma psicológica, no solo contra los adversarios, sino incluso contra los aliados.

No obstante, el escenario más peligroso, según Axios, sigue siendo posible: que el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu logre, una vez más, arrastrar a Trump a un ataque militar contra Teherán. Este escenario no es hipotético; es exactamente lo que ocurrió en la guerra de los 12 días pasados.

Netanyahu inició la escalada y los bombardeos contra sistemas de defensa dentro del territorio iraní a través de agentes del Mosad, pero tras recuperar el régimen iraní el aliento y llegar Netanyahu a un punto de incapacidad para continuar en solitario, la Administración Trump se vio obligada a intervenir. Posteriormente, y con cierta habilidad política, Trump se apresuró a declarar el ataque como «definitivo», ya que no podía dejar sola a Israel y, al mismo tiempo, no deseaba deslizarse hacia una guerra regional a gran escala con Teherán para satisfacer los impulsos militares de Netanyahu.

Hoy, el mismo escenario podría repetirse, pero en un contexto mucho más inestable. El propio Trump parece carecer de una decisión firme desde la salida al público de los archivos de Epstein sobre delitos sexuales y explotación de menores, y de la enorme presión sobre su Administración para desviar la atención de la opinión pública estadounidense de escándalos morales de gran calado. En este contexto, todo se vuelve permisible para distraer al público: desde el secuestro de un jefe de Estado, como ocurrió en Venezuela, hasta el anuncio sin tapujos del saqueo de su petróleo, sin preocuparse por la viabilidad de ese crudo o la rentabilidad de invertir en él.

El temor es que el asunto iraní sea gestionado esta noche con la misma lógica: la política de distracción a cualquier precio, incluso si conduce a una aventura imprudente para cambiar el régimen en Teherán.

Aquí la pregunta ya no es si Washington desea la guerra con Teherán o un intento de golpe y cambio de régimen, sino hasta qué punto puede llegar el caos cuando las crisis internas se convierten en combustible de la decisión exterior. Y, más importante aún, hasta dónde puede llegar “Bibi” Netanyahu para explotar esta carta en su propio beneficio, especialmente cuando han circulado informes que señalan que Jeffrey Epstein era, en sí mismo, un agente del Mosad israelí.

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