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17 julio 2026

El Mundial que Sánchez le regaló a Marruecos

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Por Ana Stella

Madrid (ECS).— El plan que convirtió a Marruecos en coanfitrión del Mundial 2030 se pactó en 2018, cinco años antes de que la candidatura tripartita se hiciera oficial. Así lo indican los mensajes entre Luis Rubiales, entonces presidente de la Real Federación Española de Fútbol, y la embajadora marroquí en Madrid, Karima Benyaich, publicados el 15 de julio por The Objective. Según esos mensajes, en junio de 2018 Rubiales ya le aseguraba a la embajadora que organizarían un Mundial juntos, con Portugal, y ella lo celebraba. La candidatura ibérica perdió su carácter exclusivo antes de nacer.

El 13 de septiembre de 2018, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, y Rubiales se reunieron con Pedro Sánchez en La Moncloa para plantearle el proyecto a tres. En octubre, según los mensajes que el mismo diario publicó en 2024, Sánchez informaba a Rubiales de que Portugal ya había aceptado y de que solo esperaba la respuesta de Mohamed VI. El 19 de noviembre, Sánchez viajó a Rabat y anunció oficialmente la invitación a Marruecos para una candidatura conjunta. Ni entonces ni después ha explicado el Gobierno qué obtuvo España a cambio de compartir su Mundial con la potencia que ocupa el Sáhara Occidental.

El plan quedó aparcado unos años. La candidatura se presentó en junio de 2021 solo con España y Portugal, en un acto con Felipe VI y los jefes de ambos gobiernos. Marruecos volvió a entrar en 2022, justo después de que Sánchez cerrara la crisis bilateral abierta por el espionaje con Pegasus a su propio teléfono y enviara a Mohamed VI la carta en la que asumía el plan de autonomía marroquí para el Sáhara. La incorporación al Mundial fue parte del mismo ciclo de concesiones.

Mientras se pactaba el Mundial, Rabat espiaba

Lo que se sabe ahora añade otra capa a aquel 2018. Una investigación internacional coordinada por Forbidden Stories, publicada el 16 de julio con la participación de El Confidencial, Le Monde, The Guardian, Die Zeit, Der Spiegel y Haaretz, revela que la inteligencia interior marroquí (la DGST) intentó infiltrarse con Pegasus en 250 números de teléfono españoles entre mayo de 2018 y junio de 2019. Es decir, en los mismos meses en que Moncloa, Rubiales y la embajada marroquí cerraban el pacto del Mundial, Rabat tenía a España como objetivo de espionaje masivo, dos años antes de los ataques confirmados contra el teléfono de Sánchez.

El detalle es contra quién iba dirigido. Aunque Marruecos presenta la cooperación antiterrorista como su gran aportación a España, la lista de objetivos de 2018 y 2019 apenas incluye a nadie relacionado con el yihadismo. La DGST concentró sus esfuerzos en vigilar a opositores al régimen de Mohamed VI: activistas rifeños y saharauis establecidos en España. La misma investigación documenta que entre los objetivos potenciales figuraban también integrantes de la MINURSO, la misión de la ONU para el referéndum del Sáhara Occidental, y que el hotel donde se alojan sus miembros en El Aaiún habría sido equipado con dispositivos de vigilancia cuya información se procesaba localmente antes de enviarse a Rabat.

Cuando en 2022 el Gobierno reveló en mayo que los teléfonos de Sánchez y varios ministros habían sido infectados, ya se habían celebrado dos cumbres secretas con Marruecos, en Málaga y Marrakech, para enterrar la crisis. Dos meses después de esas cumbres llegó la carta de Sánchez asumiendo el plan de autonomía. Según informes del CNI recogidos por la prensa, el objetivo marroquí del espionaje era precisamente forzar el reconocimiento de su posición sobre el Sáhara. Y en ese mismo ciclo, Marruecos volvió a entrar en la candidatura mundialista que había quedado aparcada. El país espiado cedió en todo; el país espía cobró en todo.

El error del Bid Book

Con Marruecos ya dentro, su federación presionó para incluir el futuro Gran Estadio Hassan II de Casablanca entre los candidatos a la final. La RFEF, entonces dirigida de forma interina por Pedro Rocha, accedió: el documento técnico de la candidatura remitido a la FIFA a finales de 2024 incluyó el estadio marroquí con la etiqueta de partido inaugural o final, una mención que iba a estar reservada al Bernabéu y al Camp Nou. Esa línea del Bid Book es la grieta por la que Marruecos intenta ahora colarse.

Rabat ha construido su ofensiva sobre el pilar económico: Mohamed VI garantiza a la FIFA financiación sin límite para terminar el Hassan II, proyectado para 115.000 espectadores, lo que lo convertiría en el estadio más grande del mundo. El pilar diplomático: según fuentes de la propia parte marroquí recogidas por The Objective, Rabat asegura tener de su lado 22 de los 37 votos del Consejo de la FIFA que decidirá la sede, los correspondientes a las confederaciones de África, Asia, Norteamérica y Oceanía. La cifra la difunde el interesado y nadie la ha verificado, pero el mapa de apoyos que describe es plausible: el presidente de la federación marroquí, Fouzi Lekjaa, es uno de los hombres fuertes de la FIFA y próximo a Infantino, y la organización abrió en 2025 su oficina para África en Rabat.

A ello se suma Washington. Fuentes de la Federación Española citadas por la cadena COPE sostienen que Donald Trump presiona de forma clara para que la final se juegue en Marruecos, al que su administración trata como socio preferente. No hay prueba documental de esa gestión, pero el precedente existe: Trump admitió públicamente haber hablado con Infantino sobre una decisión disciplinaria durante el Mundial de 2026. En la diplomacia española la final ya se da por perdida y se baraja el Camp Nou como última carta frente a Casablanca.

Lo que está en juego no es un partido

El resultado, sea cual sea, deja una lección que va más allá del fútbol. España invitó a Marruecos en 2018 sin contrapartida conocida, aceptó su regreso en 2022 en plena rendición diplomática sobre el Sáhara y cedió en 2024 la puerta técnica a la final. Marruecos, en cambio, ha tratado el Mundial desde el primer día como lo que es: un instrumento de Estado. La misma monarquía que ocupa el Sáhara Occidental, que prueba drones kamikaze israelíes sobre el territorio y que acaba de acordar con AFRICOM un centro militar en Tan Tan usará la mayor vitrina deportiva del planeta para presentarse como potencia moderna y confiable. Y España, que puso el Mundial sobre la mesa, aspira hoy a quedarse con las migajas de su propia candidatura.

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