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La razón y el valor: la guerra del Sáhara Occidental.

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Barcelona, 07 Diciembre de 2020. – (ECSAHARAUI) 

Por Leonardo Urrutia Segura /ECS 

Este comentario gira en torno a la razón y al valor. “Haz uso de tu razón antes que de tu valor” dice el Corán. Sabias palabras. Como tantísimas contenidas en el libro sagrado de los musulmanes. Y que debieran ser tenidas muy en cuenta, porque ayudan, orientan y guían.
Pero, dicho esto y antes que nada he de dejar claro que no soy creyente. No soy devoto de ninguna religión. Pero respeto a todas las religiones que contienen sabiduría. Me gusta y me complace mucho conocerlas. Desde, precisamente, el respeto que debe emanar de la reconocida ignorancia. Respeto que extiendo a todas y cada una de las personas devotas que siguen esas religiones. Pero esas personas que las siguen y las cumplen de forma respetuosa, inteligente y consecuente. No hipócritamente.
Antepongo estas aseveraciones porque voy a hablar del Islam. Y de algún contenido del Corán. Un libro sagrado que, para mí, no es lógica y solamente, el libro sagrado y referencial de la fe mahometana, sino que es uno de los libros más maravillosamente contenedores de sabiduría. Me parece que nadie con una mínima preparación intelectual puede negar eso. Por eso he antepuesto esas aseveraciones. Porque voy a hablar del Islam y de la guerra que, por desgracia, ha tenido que reanudar el Frente Polisario.
El Frente Polisario en las primeras acciones militares de su guerra de liberación apenas contaba con combatientes. Y apenas disponía de armas. Desde su primera acción, la acción del 20 de Mayo de 1973, la acción del asalto a “El Janga”. 
Una acción contra un destacamento militar del ejército español. Una acción llevada a cabo con algunos fusiles de la segunda guerra mundial y alguna escopeta que no tuvieron necesidad de utilizar. Y una acción que acabó con el botín de 6 fusiles y 6 camellos.
La acción de “El Janga” y las sucesivas; incluso muchas de las que se han desarrollado y se desarrollan a lo largo de esta guerra, me recuerdan a las primeras y las sucesivas acciones militares de Mahoma y sus seguidores. La primera acción militar, el primer combate musulmán, se llevó a buen término por cuatro hombres. Y fue en Najda. Luego vendría el de Badr, ya con trescientos hombres. El doble de combatientes fueron los combatientes musulmanes de la batalla de Ohod. Después en Jaibar, tres mil combatientes musulmanes fueron. Y al final, en la conquista de la Meca, fueron diez mil. Posteriormente para vencer a las tribus de Hunain y Tabuk, Mahoma se acompañó de hasta treinta mil fieles. Y la cosa fue en ascenso.
Sí, si nos empeñamos podemos hacer comparaciones y establecer similitudes entre la evolución de la guerra del Sahara Occidental por parte del Frente Polisario y la lucha del más grande de los profetas en la historia de la humanidad y de sus fieles. Podemos establecer paralelismos de todo tipo y por muchas razones. Y puedo asegurar que estudiando en profundidad el Corán y conociendo bien la épica lucha de este pequeño pueblo norteafricano, pueblo hijo puro del desierto, como puro hijo del desierto fue Mahoma y sus fieles, pueden hallarse similitudes. Pero sólo en el plano bélico. Incluso si nos apuramos, también el plano ético.
Pero jamás podemos hacer comparaciones en ningún otro plano. Porque podría ofender la poliédrica esencia del mensaje del profeta. Mensaje tan hermosamente definido en el “Sermón del Adiós”. 
Sermón que vino después de cumplida la ablución (Uduu), las oraciones (As Sala). Tras haber dado las preceptivas vueltas a la Kaaba (Tawaf). Tras arrojar las simbólicas piedras contra Satán (Ha-yar). Después de la inmolación de los camellos y de los corderos (Tadhiya) y de entregar la li-mosna (Sadaqa).
Quiero decir con esto que, aunque al Rey de Marruecos se considere islámico y muchos lo consideren comendador de los creyentes. Y que su corte der besamanos le rindan muy devota pleitesía y lo consideren un ejemplo de hombre verdaderamente islámico, su comportamiento y actitud (en especial con el pueblo saharaui) hacen dudar de ello.
Y en cuanto a esa corte o Majzén habría que recordarles que para los musulmanes el concepto de religión no es el mismo concepto al que se refieren los países cristianos y europeos, por ejemplo.
Para un verdadero islámico, la religión se refiere y debe ser, sobre todo, costumbre, comportamiento justo. Y también, por supuesto, verdad y actitud, auténticas. Pero, sobre todo, higiene y decencia. En todos los planos.
Es por lo que, ahora pienso que para este Rey, es válida y adecuada la misma carta, que escribió el primer presidente de la RASD, el mártir El Ouali Mustafá Seyed, carta que resultó premonitoria. Me refiero a la carta que contiene estas palabras:
“Teme a Dios Mojtar. Envías a los hijos del pueblo mauritano a la muerte para expulsar a sus hermanos saharauis de su territorio…”. Esas fueron las palabras de la carta que El Uali escribió y envió a Mojktar Uld Dadah, aquel presidente de Mauritania, que acabó destituido tras un golpe de estado de los militares. Militares que estaban hartos de guerrear con el Polisario, para solamente recibir derrotas, para solamente recibir estacazos, a cada cual más doloroso y amargo. Sobre todo los dados en y a todo lo largo del ferrocarril por el cual transitaba, hasta el puerto, el tren minero que transportaba el hierro extraído de las minas de Zuerat.
Los militares mauritanos estaban hartos de combatir hasta en la defensa de su capital, Nuackchot. Pues hasta allí los saharauis fueron capaces de llevarles la guerra. Y llevársela de un modo comparable a la forma en que los mahometanos condujeron la guerra hasta conquistar la Meca.
Conquistada la Meca, el Profeta de Dios había cumplido su misión desde que escuchara las primeras revelaciones, desde que se refugiase con Abu Bakr en la cueva de las serpientes, huyendo de los que querían matarle. Y desde que Bohaira aquel cristiano, que tanto estimó, le estremeciera tanto hablándole de Jesús el Galileo.
Mahoma, tiempo después de la conquista de la Meca, viejecito ya se dirigió a los congregados para escucharle. El silencio, dicen que era absoluto, la voz del profeta era muy débil y sonaba emocionada. Sus palabras las repetía fuertemente Bilal, el muecín negro. Y el eco de esas palabras, suenan desde entonces, en las profundas y luminosas  noches de todos los desiertos del mundo. Quien haya vivido las noches de un desierto y conoce y respeta el Corán las oirá con solo afinar un poquito el oído.
Oirá estas palabras entre otras: “Toda la humanidad proviene de Adán y Eva. Un árabe no tiene superioridad sobre un no-árabe, ni un árabe no tiene ninguna superioridad sobre un árabe, el blanco no tiene superioridad sobre el negro, ni un negro tiene superioridad alguna sobre el blanco; ninguno tiene superioridad sobre el otro, excepto por la piedad y las buenas acciones”.

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