En una polémica entrevista publicada hoy por El Independiente y firmada por Francisco Carrión, la eurodiputada de La Francia Insumisa, Rima Hassan, de origen palestino, declara: “No puedo aceptar que se diga que lo que vive el pueblo palestino es exactamente lo mismo que vive el pueblo saharaui”. Sus palabras han causado indignación en el movimiento de solidaridad con el Sáhara Occidental, tanto por minimizar los paralelismos entre dos ocupaciones coloniales, como por repetir de forma acrítica argumentos de propaganda marroquí.
En sus declaraciones, Hassan añade que “la Corte Internacional de Justicia reconoce que existían vínculos históricos, culturales y jurídicos con Marruecos, lo que no ocurre con los palestinos y los israelíes”. Este es, sin duda, el punto más grave y engañoso de la entrevista.
La Opinión Consultiva de la Corte Internacional de Justicia del 16 de octubre de 1975 examinó si existían lazos de soberanía entre Marruecos y el Sáhara Occidental en el momento de la colonización española. La conclusión fue categórica: no existían vínculos de soberanía territorial que pudieran modificar el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación.
La CIJ reconoció únicamente “ciertas formas de lealtad” de algunas tribus saharauis hacia el sultán de Marruecos, de carácter religioso o personal, pero nunca de soberanía política ni territorial. Por eso, en su párrafo final, la Corte subrayó que esos vínculos no afectaban en nada al derecho de autodeterminación del pueblo saharaui, un principio consagrado por la Resolución 1514 (XV) de la Asamblea General de la ONU.
¿Por qué los decoloniales como el PIR callan sobre la colonización del Sáhara Occidental?
La prueba es que, inmediatamente después de ese dictamen, la Asamblea General aprobó la Resolución 3458B (1975), que reafirmó el derecho del pueblo saharaui a decidir su futuro sin reconocer ninguna soberanía marroquí. Marruecos, incapaz de aceptar este veredicto, respondió con la invasión militar y la llamada “Marcha Verde”, en flagrante violación del derecho internacional.
Utilizar hoy ese dictamen como hace Rima Hassan para justificar la ocupación es una falsificación. La CIJ nunca avaló la anexión marroquí; al contrario, la deslegitimó. Y aquí la comparación con Palestina se hace aún más clara: en ambos casos, se trata de pueblos sometidos a una ocupación militar ilegal, avalada únicamente por la fuerza y la complicidad de potencias extranjeras, nunca por el derecho.
A la objeción de Rima Hassan, punto por punto
Cuando una representante pública afirma que “no puede aceptar” que Palestina y el Sáhara Occidental vivan lo mismo, conviene responder con hechos, derecho internacional y memoria. Esta réplica no busca una polémica estéril, sino desmontar, con rigor y sin rodeos, las coartadas que blanquean una ocupación y relativizan la otra. Porque sí: ambas son ocupaciones coloniales que niegan el derecho a la autodeterminación, implantan colonos, reprimen a la población originaria y se sostienen sobre la complicidad internacional.
“No es lo mismo.”
Nadie dice que lo sea en la escala del horror ni en la forma concreta de la violencia. Lo que decimos es que la estructura jurídica y política es la misma: ocupación, colonización, negación de la autodeterminación, represión y expolio con cobertura internacional. Esa matriz común es lo que hace comparables ambos casos.
“La CIJ reconoció vínculos con Marruecos.”
La CIJ no reconoció soberanía marroquí. Dijo lo contrario: que no había lazos de soberanía y que cualquier vínculo tribal no afecta al derecho del pueblo saharaui a decidir libremente. Repetir el mantra de los “lazos” sin la cláusula esencial es desinformar.
“Es un conflicto regional.”
Es un caso de descolonización, no una pelea entre Argel y Rabat. Ese etiquetado sirve para diluir responsabilidades y sacar al pueblo saharaui —el único titular del derecho— de la ecuación. En Palestina, ¿aceptaría usted que lo llamaran “conflicto regional” entre Israel y sus vecinos para relativizar el derecho palestino?
“Hacen falta negociaciones.”
Desde luego. Pero con quien corresponde: con el pueblo saharaui, a través de su representante reconocido por la ONU, el Frente Polisario, y con garantías para que el resultado no eluda la autodeterminación. Negociar sin ese anclaje jurídico equivaldría a legitimar la anexión.
Por qué importa decir “sí, se parecen”
Porque los argumentos que niegan la similitud debilitan ambas causas. Si se admite que en Palestina hay ocupación colonial y derecho a la autodeterminación, pero se relativiza lo mismo en el Sáhara, se está aceptando un doble rasero que las potencias conocen y explotan. Y viceversa: si se tolera el expolio saharaui, se normaliza la impunidad que también mata en Gaza.
La solidaridad no es un buffet libre. No se elige la causa con mejor hashtag ni la que genera más coste político al adversario doméstico. Se defiende el derecho internacional para todos: para Palestina y para el Sáhara Occidental.
A quienes militan por Palestina en Europa: no regalen a Rabat el argumento de que el Sáhara es “otra cosa”. A los partidos que se dicen de izquierdas: coherencia; no hay anticolonialismo a la carta. Y a las y los responsables que temen perder votos si dicen la verdad: el derecho internacional no se negocia.
Señora Hassan, usted sabe —porque su propia causa lo enseña— que un pueblo no desaparece por decreto. El saharaui tampoco. No pedimos que “elija bando” entre Marruecos y Argelia; pedimos que elija el derecho. Y el derecho dice que Palestina y el Sáhara Occidental están bajo ocupación y que sólo la autodeterminación real, no un eufemismo, puede cerrar estas heridas.
ANEXO: Cinco coincidencias entre Palestina y el Sáhara Occidental
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Ocupación y desposesión colonial. Tanto Palestina como el Sáhara Occidental son territorios reconocidos por la ONU como pendientes de descolonización. En ambos casos, la potencia ocupante (Israel en Palestina, Marruecos en el Sáhara) impone su presencia por la fuerza, despojando al pueblo autóctono de sus tierras y recursos.
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Colonización demográfica. En Palestina, asentamientos ilegales multiplicados en Cisjordania; en el Sáhara Occidental, la política planificada de Marruecos para trasladar cientos de miles de colonos al territorio ocupado. En ambos escenarios, el objetivo es alterar la composición demográfica y hacer inviable la autodeterminación.
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Represión sistemática. Arrestos arbitrarios, tortura, desapariciones forzadas, juicios amañados. La lista de abusos es idéntica. Desde Sultana Khaya hasta Ahed Tamimi, los ocupantes criminalizan la resistencia y tratan de quebrar la dignidad de quienes defienden su derecho.
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Expolio de recursos naturales. En Palestina, el agua y la tierra fértil son apropiadas por Israel; en el Sáhara Occidental, Marruecos saquea fosfatos, pesca y arena en violación de las sentencias del Tribunal de Justicia de la Unión Europea. En ambos casos, las potencias extranjeras se benefician de la ocupación a costa de los pueblos colonizados.
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Complicidad internacional. Israel cuenta con el respaldo de Estados Unidos y de la UE, mientras que Marruecos recibe la protección de Francia, España y también de Washington. La hipocresía es evidente: se condena la ocupación en un caso, pero se tolera y hasta se legitima en el otro.