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21 abril 2024

Marruecos y la ocupación del Sáhara Occidental; ceguera estratégica y huida hacia delante

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Salem Abdelhay. Ali Mohamed

ECS. Madrid. | Después de Mauritania, le ha tocado el turno a Túnez. El régimen marroquí sigue molestándose con todo aquel que trate de cumplir con el derecho internacional. La continua ocupación marroquí de la República Saharaui se erige cada vez más en el horizonte como la verdadera y única fuente de tensiones en la región causante de tantos enfrentamientos, y en consecuencia, el obstáculo que impide la integración y normal desarrollo económico, político y social del bloque del Magreb, así como un elemento que altera las relaciones bilaterales de Marruecos con otros estados, a los que amenaza y chantajea a cambio de su silencio respecto a su ilegal ocupación. Los vecinos más directos; Argelia, España y Mauritania ya han sufrido los pataleos diplomáticos y acciones hostiles de un estado paria que insiste contra toda lógica jurídica en legitimar su ocupación militar que ningún país le reconoce. De la enérgica reacción irracional marroquí amenazando a un estado soberano como lo es Túnez por acoger al presidente saharaui, se revelan profundas heridas en Rabat en torno a la cuestión del Sáhara Occidental.

La reanudación de la guerra en el Sáhara Occidental tras la invasión marroquí en El Guerguerat, sur de la República Saharaui, impuso un nuevo status quo en el conflicto, si antes dependíamos de la aletargada acción onusiana para desestancar el conflicto, con el reestallido de la guerra tenemos la variable de la impredecibilidad e incertidumbre que tantas pesadillas provoca en el seno de los regímenes dictatoriales debido a su intrínseca inestabilidad. Ciertamente, la guerra ha abierto una nueva dimensión otorgando así una nueva oportunidad a la comunidad internacional para reparar los errores del pasado y aplicar lo dispuesto en las resoluciones para concluir la descolonización del mayor territorio no autónomo del mundo y la última colonia africana, el Sáhara Occidental. El apetito expansionista de un régimen anacrónico que se mantiene contra viento y marea es incompatible con las obligaciones de un estado sujeto del derecho internacional. En este sentido cabría recordar que según una resolución de la ONU de 1979, Marruecos es la potencia ocupante del Sáhara Occidental, siendo autor de un crimen internacional en curso, además Marruecos violó la carta de las Naciones Unidas al negar el derecho del pueblo saharaui a decidir libremente su futuro, violó el acuerdo de la Unión del Magreb Árabe de 1989 que estipulaba la realización de un referéndum de autodeterminación en el Sáhara Occidental, y es el mismo Marruecos el que también violó los acuerdos del alto el fuego firmados en 1991 con el Frente POLISARIO auspiciados por la ONU, y por último pisotea innumerables derechos humanos. ¿No se están dando las condiciones adecuadas para que la comunidad internacional recurra a instrumentos de presión políticos, económicos y comerciales contra Marruecos como solicitó el Parlamento Europeo en 1994 para que cumpla con sus obligaciones internacionales en el Sáhara Occidental?

La ceguera estratégica de Marruecos solo tiene cabida en las ansias de sus políticos y ministros en contentar al pequeño rey imprudente, esta misma ceguera se refleja en el hecho de que Rabat interpreta erróneamente a los saharauis creyendo que no pueden avanzar más allá del muro militar cuando en realidad controlan el curso, intensidad y localización de la guerra con armas clásicas y convencionales e infringiéndole costes todos los días. Todas las guerras van de costes; coste social, económico, político y diplomático, de los cuales los que mayor relevancia adquieren son los tres últimos. Sale victorioso por tanto aquel que más costes soporta. Respecto a la dimensión económica, las arcas de Marruecos no aguantarán por mucho tiempo antes de descalabrar, con una guerra abierta en concurso con inflación creciente además de una deuda exterior en cifras récord, pudiéndose considerar esto último como la evidencia de graves problemas de financiación, además de que la acción jurídica del Frente POLISARIO defendiendo los recursos naturales saharauis alterará el comercio, divisa y PIB marroquí al destruir la llamada »economía de colonización». A todo esto hay que sumarle la crisis energética en la que está sumido desde que Argelia le cerró el grifo del gas y le declaró la guerra económica con una estrategia »a fuego lento» que pasa por esperar a que Rabat se desangre económicamente comprando GNL. En relación al aspecto político y diplomático, el coste va de mantener a los aliados unidos, y lejos de este principio, superan la decena los enfrentamientos y tensiones en los que está sumido Marruecos con otros países, incluso los supuestamente aliados, registrando un desgaste diplomático sin precedentes y sin victoria definitiva alguna en plena descomposición y reformación de bloques como resultado de la guerra en Ucrania, logrando únicamente quedar más aislado, pues ningún país ha seguido el tuit de Trump en el que citaba una supuesta soberanía marroquí. Como coste social se señala también la ardua tarea de mantener la moral de tu ejército, en cambio, tres cuartas partes de las tropas marroquíes están destinadas al Sáhara Occidental, y éstas se encuentran parapetadas en el muro militar que divide el país bajo órdenes estrictas de no salir al exterior de los atrincheramientos subterráneos, limitándose a esperar los misiles saharauis o alguna operación terrestre, lo que psicológicamente es extenuante. Con esta estrategia, el Frente POLISARIO aboga por la lentitud y costes para el enemigo, de ahí que en un año y medio de guerra aún no se hayan ejecutado ataques de gran envergadura en las ciudades ocupadas ni tomado aún posiciones. Es lo que tiene dominar la guerra de desgaste; sangrar económica y militarmente al adversario durante más tiempo.

De la ‘realpolitik’ que regía sobre la cuestión saharaui dominada por intereses económicos, hemos pasado actualmente a la ‘ambiguitypolitik’ dominada por el miedo a lo desconocido y la confusión; declaraciones contradictorias pidiendo el alto el fuego, ridículo contorsionismo jurídico-diplomático y diplomacia declaratoria exigiendo negociaciones de paz obviando que una de las partes, Marruecos, no muestra voluntad alguna y boicotea todas las oportunidades y esfuerzos, algo que sabe bien la ONU y la UE. Por lo tanto, estos ejercicios de presunto interés por el pueblo saharaui, en el fondo no son más que argumentos a favor del mantenimiento de la ocupación militar en la medida en que son declaraciones en línea con la posición marroquí, ya que técnicamente lo único que piden es el regreso al statu quo anterior que favorece a la potencia ocupante y sus aliados en el pillaje colonial. ¿Para qué sirve pedir y presionar negociaciones a un estado que niega obsesivamente la existencia del que ocupa y no muestra signo alguno de compromiso y voluntad para concluir el proceso de descolonización pacíficamente? ¿Qué sentido tiene presionar a Marruecos para negociar sobre el futuro del pueblo saharaui si su política exterior se basa en suprimir a los saharauis y a la República Saharaui? ¿Desde cuándo la potencia ocupante de un territorio se le otorga el derecho de negociar sobre un territorio que no le pertenece?. La UE y varios países impotentes de la cuenca mediterránea son perfectamente conscientes de la importancia de tener un Magreb estable por imperativos de seguridad nacional y por inteligencia económica, y esto solo puede lograrse acabando con la vigente ocupación de uno de sus miembros por otro. ¿Qué sería de la UE con un Magreb plenamente integrado y cohesionado, pudiéndole suministrar el doble de gas (Argelia) y fertilizantes (República Saharaui) en un momento como éste en el que escasean?

Sabemos por la historiografía que el régimen marroquí vincula su existencia a la ocupación del Sáhara Occidental, y por la misma historiografía sabemos también que Mauritania acabó muy mal parada tras enfrentarse a los saharauis, y como se puede comprobar, la cuestión del Sáhara Occidental va poco a poco agujereando a la economía marroquí así como su capacidad de influencia diplomática al mostrar su punto más débil, sin embargo, un Marruecos cegado e intransigente huye hacia delante y evita la puerta de la legalidad internacional, por lo que es inevitable preguntarse ¿Qué será de Marruecos cuando acabe la guerra? ¿Quién financiará su raquítica economía y reconstrucción? ¿Se abrirá una nueva ventana de oportunidad con la entronización del sucesor de Mohamed VI?

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