Por Ana Stella
Madrid (ECS) — Ceuta ha vuelto a caer. Lo advirtió Rubén Pulido desde febrero de este año, cuando casi nadie miraba hacia la frontera sur, y ha ocurrido exactamente como lo predijo: una invasión en toda regla. En apenas doce días han entrado ilegalmente más de 2.000 personas, con una jornada, la del 30 de julio, en la que la Guardia Civil llegó a estimar más de 5.000 los intentos de entrada en solo veinticuatro horas (la prensa marroquí habla incluso de decenas de miles movilizándose hacia la frontera). El CETI, desbordado. La Policía Nacional y la Guardia Civil, sobrepasadas. Y una ciudad española de 83.000 habitantes viendo cómo, en una sola semana, entra el equivalente al 2% de su población.
Esto es una invasión. Y no es la primera.
Más de 1.500 personas entraron a nado en la última semana, según el propio presidente de Ceuta. Interior maneja entre 1.500 y 2.000 «en los últimos días».
El 30 de julio, día de mayor afluencia, la Guardia Civil estimó más de 5.000 entradas en 24 horas, con centenares cruzando también a pie por el espigón del Tarajal.
El CETI tiene capacidad ordinaria para unas 270 plazas de adultos; hoy alberga a más de 550 de forma permanente, con centenares acampados fuera esperando a ser registrados.
Ritmo sostenido de más de 200 entradas diarias por mar durante las jornadas previas.
La inmensa mayoría son jóvenes marroquíes que proceden del sur y cruzan a nado.
Quien quiera entender lo que pasa tiene que mirar cuatro años atrás. En la madrugada del 17 de mayo de 2021, la gendarmería marroquí se apartó de la frontera y dejó pasar. En cuarenta y ocho horas entraron en Ceuta entre 8.000 y 10.000 inmigrantes (el propio Ministerio del Interior fue incapaz de dar una cifra exacta, y algunas estimaciones la elevan a 12.000-15.000), entre ellos unos 1.500 menores. El Ejército tuvo que desplegarse en una ciudad española por un asunto de fronteras.
¿La excusa oficial de Rabat? Que sus gendarmes estaban «cansados tras el Ramadán». La razón real la verbalizó su propio ministro Mustafá Ramid sin ningún problema: España había acogido al líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, y «el precio por subestimar a Marruecos» había que pagarlo. Lo dijeron ellos. Usaron a miles de personas como proyectiles contra una frontera europea para castigar una decisión diplomática de Madrid.
Y ese es el patrón: Marruecos abre y cierra el grifo según lo que quiera arrancarle a España. Chantaje y extorsión. Lo reconoce hasta la propia Guardia Civil.
La sentencia del Supremo
El 8 de julio, el Tribunal Supremo (sentencia 814/2026) dictaminó que las devoluciones en caliente no pueden aplicarse a quien entra a nado, porque (según su razonamiento) quien cruza por mar no supera «un elemento de contención fronterizo». Esto quiere decir que entrar nadando garantiza que no te devuelven. El mensaje se ha extendido como un reguero de pólvora por todo Marruecos, y lo saben. Por eso casi todos cruzan a nado.
El acuerdo de última hora: devolución, sí; «en caliente», no