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15 enero 2026

Marruecos intensifica su actividad contra el Polisario, y aumenta las amenazas en los campamentos de refugiados saharauis

2026: El año en que el Polisario debe decidirse: posibles escenarios para el Sáhara Occidental

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Madrid (ECS).— Al inicio de un nuevo año marcado por profundas transformaciones geopolíticas y por la aceleración de conflictos y rivalidades por el control de los recursos en África, la política exterior de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) entra en 2026 bajo la exigencia —según analistas— de reordenar sus prioridades y ejecutar ajustes estratégicos inevitables.

En este escenario, Marruecos, en tanto que potencia ocupante del Sáhara Occidental, no actúa únicamente con una lógica reactiva, sino dentro de una estrategia amplia respaldada por potencias internacionales que buscan consolidar los cambios en curso sin considerar sus repercusiones sobre la seguridad regional, la economía y los equilibrios de poder. Estas dinámicas sitúan la ocupación del territorio saharaui en el centro de las decisiones diplomáticas de países como Israel, Estados Unidos y Francia, cuyos posicionamientos tienen un impacto directo sobre las contingencias del conflicto.

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De acuerdo con especialistas en relaciones internacionales y seguridad estratégica, el Frente Polisario apostará durante este año por una diplomacia de múltiples frentes, que combina realismo geopolítico y pragmatismo político. El movimiento saharaui prevé impulsar alianzas profundas que superen los marcos tradicionales de apoyo político y se orienten hacia relaciones de interés mutuo que dificulten su reversión, con el objetivo de blindar el respaldo internacional al derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación e independencia.

En paralelo, la RASD buscará fortalecer sus vínculos con países africanos y europeos, reforzar su presencia en foros multilaterales y mantener un equilibrio diplomático en América Latina y África, regiones donde el reconocimiento y la solidaridad histórica con la causa saharaui continúan desempeñando un papel relevante. Esta proyección internacional pretende fortalecer la autonomía estratégica del movimiento saharaui y mejorar su capacidad de posicionamiento en un contexto global marcado por crecientes presiones y disputas en torno al territorio.

De cara a 2026, los analistas coinciden en que el Polisario afronta un año decisivo en el que deberá conjugar acción diplomática, legitimidad jurídica y resiliencia política para consolidar avances en el terreno internacional y mantener viva la reivindicación del fin de la ocupación y la celebración de un referéndum de autodeterminación supervisado por la ONU que permita a los saharauis decidir su destino como territorio no autónomo.

Marruecos intensifica su actividad contra el Frente Polisario; ¿aumentará la tensión en los campamentos de refugiados saharauis?

Marruecos ha intensificado sus acciones hostiles contra el Frente POLISARIO en diversas áreas, desde la seguridad y lo militar hasta la diplomacia y la economía, con el objetivo de consolidar su control sobre el Sáhara Occidental y debilitar la legitimidad de la lucha del pueblo saharaui. Estas presiones externas se traducen, según expertos, en riesgos internos crecientes dentro de los campamentos de refugiados saharauis.

En el plano militar y de seguridad, Rabat ha reforzado su vigilancia mediante drones, tecnología avanzada de observación y la ampliación del muro defensivo, con el fin de neutralizar los movimientos del Ejército Saharaui y prevenir la expansión del conflicto hacia zonas estratégicas del llamado “triángulo útil”. Paralelamente, se ha intensificado el reclutamiento de supuestos agentes, periodistas e influencers, así como la presión sobre organizaciones saharauis en el extranjero.

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La presión sobre Mauritania también es notable, con un posicionamiento equilibrado, y ante la debilidad del Polisario, tiende a alinearse con Marruecos sin irritar, pasmosamente, ni a Argelia ni a los saharauis.

En el ámbito diplomático, Marruecos busca ampliar el reconocimiento internacional de su propuesta de autonomía bajo soberanía marroquí para aislar al Frente Polisario, reduciendo la capacidad de sus aliados en África y América del Sur de apoyarlo política y financieramente. Además, Rabat intenta obsesivamente vincular al Polisario con el terrorismo o con Irán, estrategia que se ha intensificado frente a la administración estadounidense.

En lo económico y administrativo, Marruecos profundizará su control sobre los recursos e infraestructuras del Sáhara Occidental, impulsando proyectos de inversión, exportaciones agrícolas y pesqueras, buscando integrar económicamente la región aunque con resultados todavía limitados.

Consecuencias internas en los campamentos de refugiados saharauis

Un alto mando de seguridad saharauis advierte, en declaraciones a este medio, que cada escalada externa genera efectos internos significativos. Entre los riesgos destacan: deterioro humanitario y escasez de recursos; fractura política interna y aparición de organizaciones alternativas que debilitan la legitimidad del Polisario; así como el aumento de redes de contrabando y economía sumergida, que pueden financiar actividades ilícitas y generar inestabilidad social.

Se estima también un alto riesgo de escalada militar prolongada, deterioro grave de la situación humanitaria por reducción de la ayuda internacional, divisiones internas dentro del Polisario y posibles operaciones terroristas en los alrededores de los campamentos.

Para la diplomacia saharaui, hay dos posibles escenarios:

El positivo: Una mejora en las relaciones de España con actores clave internacionales debilitaría la narrativa marroquí, daría visibilidad a la situación de los refugiados saharauis y podría impulsar iniciativas humanitarias y negociaciones supervisadas por la ONU. El negativo: El aumento de la militarización marroquí y el apoyo de aliados clave intensificaría el conflicto armado, reduciendo los márgenes de diálogo y agravando la crisis social y económica en Marruecos.

El conflicto ya no se limita a la confrontación militar directa, sino que se ha convertido en una compleja red de presiones diplomáticas, económicas y de seguridad, cuyas repercusiones internas afectan gravemente a los campamentos de refugiados saharauis. La resolución del conflicto dependerá de la capacidad de las partes para gestionar estas amenazas y alcanzar una solución política integral que garantice los derechos del pueblo saharaui sobre su territorio.

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