Madrid (ECS).— Marruecos atraviesa ya una etapa que muchos interpretan como final de reinado, aunque Mohamed VI, de 62 años, no esté gravemente enfermo. Su prolongada ausencia de la vida pública —viajes, convalecencias y largas estancias en el extranjero— ha reforzado la percepción de un monarca distante. En este contexto, su hijo Moulay Hassan, de 22 años, aparece como heredero natural, pese a que todavía ha asumido pocas funciones institucionales y mantiene un perfil discreto.
La estabilidad del país, sostenida por la monarquía en lo político y religioso, contrasta con las profundas desigualdades sociales y con una represión que ha aumentado en los últimos años, especialmente contra movimientos juveniles y disidencias. Aunque las críticas hacia el rey rara vez se expresan abiertamente, la maquinaria de seguridad sigue actuando con firmeza y el sistema no avanza hacia una auténtica monarquía parlamentaria, según explicó Ignacio Cembrero en un análisis publicado recientemente en el Confidencial.
En paralelo, el entorno cercano del monarca ha cambiado. Viejas amistades influyentes han quedado relegadas y nuevos acompañantes discretos se han convertido en figuras de confianza. Sin embargo, el poder real continúa muy concentrado en un pequeño círculo, donde destacan colaboradores como Fouad Ali El Himma y altos responsables de seguridad, como Abdellatif Hammouchi y Yassine Mansouri, pese a recientes tensiones y conflictos internos en los servicios secretos.
«Mohamed VI y el enigma de un reinado que encubre la ocupación del Sáhara Occidental»