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15 enero 2026

La diplomacia en la sombra de Marruecos en el Caribe: redes privadas y presión política contra la RASD

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Madrid (ECS).- El reportaje publicado por Africa Intelligence el 13 de enero de 2026, titulado Maroc • Les intrigantes connexions caribéennes du patron d’Africa Global Logistics Maroc, expone cómo Rabat ha desplegado, a lo largo de más de diez años, una política constante pero poco visible de penetración económica y política en el Caribe. El objetivo central de esta estrategia ha sido debilitar el reconocimiento internacional de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), sin que ello implique cambio alguno en el estatus jurídico del Sáhara Occidental, que Naciones Unidas sigue considerando un territorio no autónomo pendiente de descolonización.

Según la investigación, esta ofensiva no se articuló mediante una diplomacia tradicional ni a través de debates legales, sino mediante mecanismos de influencia indirecta: entramados empresariales, canales diplomáticos informales y vínculos personales dentro de la Comunidad del Caribe (CARICOM). En ese contexto, el texto identifica a Aziz Debbagh —actual presidente de Africa Global Logistics (AGL) Marruecos— como una pieza central de este dispositivo, responsable de tejer relaciones que desembocaron en la retirada o congelación del reconocimiento de la RASD por parte de varios Estados caribeños, algo que incluso fue celebrado públicamente por el ministro marroquí de Asuntos Exteriores, Nasser Bourita.

Africa Intelligence describe a Debbagh como el auténtico “hombre del Caribe” de Rabat durante años, actuando como intermediario privilegiado ante los quince países miembros de la CARICOM: Antigua y Barbuda, Bahamas, Barbados, Belice, Dominica, Granada, Guyana, Haití, Jamaica, Montserrat, San Cristóbal y Nieves, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, Surinam y Trinidad y Tobago. Desde 2009, la mayoría de estos Estados ha dado marcha atrás —total o parcialmente— en su reconocimiento de la RASD, un hecho político relevante que coincide con el periodo de mayor actividad de estas redes de influencia.

El artículo remarca que este cambio de postura no se explica por una revisión del derecho internacional ni por una modificación del estatus del Sáhara Occidental. Por el contrario, fue el resultado de una política sostenida de presión y seducción. Algunos gobiernos caribeños llegaron incluso a abrir consulados en los territorios ocupados del Sáhara Occidental, iniciativas carentes de valor jurídico, pero explotadas sistemáticamente por Marruecos como instrumentos de propaganda para aparentar un respaldo internacional a su ocupación.

La biografía de Aziz Debbagh permite entender el tipo de perfil elegido para este tipo de operaciones. Formado en comercio y marketing en la Manhattan University de Nueva York, ha desempeñado múltiples funciones: empresario del sector agroalimentario mediante su empresa Conagro, asesor económico, intermediario diplomático y, finalmente, directivo de una multinacional logística de primer nivel. La publicación destaca esta capacidad de moverse simultáneamente entre los ámbitos empresarial, político y diplomático como uno de sus principales activos.

El reportaje detalla asimismo sus relaciones directas con distintos ejecutivos caribeños. Debbagh llegó a asesorar a la misión de Santa Lucía ante Naciones Unidas en Nueva York con rango de embajador, y ejerció labores de representación y consultoría económica para otros países de la región, como Antigua y Barbuda o Granada. A este entramado se suma un componente familiar y consular: su hermano, Bachir Debbagh, ocupa el cargo de cónsul honorario de Santa Lucía en Marruecos y es, además, empresario inmobiliario en Estados Unidos.

Uno de los aspectos más delicados señalados por Africa Intelligence es la relación de Debbagh con los programas de “ciudadanía por inversión” (Citizenship by Investment, CBI), gestionados por la empresa Ediacaran. Estos esquemas permiten a inversores extranjeros obtener pasaportes de países caribeños —algunos catalogados como paraísos fiscales— a cambio de aportaciones económicas. Aunque legales, han sido duramente cuestionados por su falta de transparencia y por el riesgo de entrelazar intereses financieros, decisiones soberanas y alineamientos diplomáticos. Gracias a la intermediación de Debbagh, Ediacaran fue recibida en 2024 por el ministro marroquí de Cultura y participó después en la Morocco Gaming Expo, ilustrando una vez más la interconexión entre negocios, acceso al poder político y proyección internacional.

El cuadro que se dibuja no corresponde a una diplomacia institucional clásica, sino a una diplomacia paralela basada en relaciones personales, incentivos económicos y circuitos informales, particularmente activa en regiones periféricas del sistema internacional. Mientras en espacios como Naciones Unidas, los tribunales internacionales o la Unión Africana el derecho internacional sigue siendo determinante, Marruecos ha optado en el Caribe por una estrategia discreta pero eficaz, orientada a erosionar uno de los pilares simbólicos de la causa saharaui: el reconocimiento estatal de la RASD.

El caso documentado confirma que la disputa diplomática sobre el Sáhara Occidental no se desarrolla únicamente en escenarios visibles como Nueva York, Bruselas o Addis Abeba. También se libra en ámbitos menos expuestos, donde la desigualdad de poder, la dependencia económica y la influencia personal permiten modificar posiciones políticas sin debate público ni base jurídica. Una táctica que no altera el estatus legal del territorio, pero que contribuye a normalizar la ocupación marroquí mediante apoyos construidos y hechos consumados.

Consultado por el rotativo francés, Aziz Debbagh rechazó responder a las preguntas de Africa Intelligence. Su silencio contrasta con la nitidez del patrón descrito: una ofensiva diplomática encubierta en el Caribe que ayuda a explicar cómo Marruecos ha conseguido, durante la última década y media, debilitar respaldos clave a la RASD sin obtener un solo triunfo en el terreno del derecho internacional.

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